Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

24 febrero 2013 7 24 /02 /febrero /2013 23:01

Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; TesiLa Primera Tesis de Geografía Teórica en México: “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento”, 1983, de Luis Ignacio Hernández Iriberri; en su XXX Aniversario.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

22 feb 13.

 

 

 

 

                              Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesi  Geografía; Fundamento de su Teoría del Conocimiento; Tesi

 

Portada y Carátula de la Tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983; primera tesis en geografía teórica en México.

En sus dedicatorias (más allá de la obligatoriedad moral con lo debido), no olvidamos “a nuestros profesores y maestros todos”, y entre dichas dedicatorias, tributamos dichas como “un homenaje en memoria de todos y cada uno de los pensadores de los que en ella se hace mención, quienes con sus aportaciones, han contribuido al incesante desarrollo del conocimiento humano”.

 

*

 

En 1985 viajamos a Cuba llevando varios ejemplares de nuestra tesis de titulación en Licenciatura en Geografía, con la idea de obsequiarla tanto a la Escuela de Geografía como al Instituto de Geografía de allá: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983, de la cual aún hoy, y ya lo será por siempre, nos sentimos profundamente satisfechos en todo sentido, intelectual, moral, estéticamente.  El primer lugar visitado fue la Escuela de Geografía, en Alamar.  Al ponerla en manos del Director de dicha institución, lo primero que hizo fue detenerse en la lectura de los dos epígrafes en que resumíamos el espíritu de todo el documento: el primero citando a John D. Bernal acerca de que la verdadera lucha está en superar las ideas preestablecidas; y el segundo, citando a K.A. Timiriasev, acerca del carácter e importancia de la hipótesis y la verdad.  Eso bastó para que, con una sonrisa, se pusiera de relieve la identidad ideológica, recibiéndonosla gustosamente.

 

No necesitábamos explicitar en ella nuestro marco teórico gnoseológico, se evidenciaba fácilmente, no obstante debimos hacerlo desde el primer momento; y, sin embargo, no lo hicimos sino hasta tratar con el primer apartado del Cap. IV: “…la teoría del conocimiento conectado a la ciencia geográfica, se apoya en la teoría materialista…” (p.159), et sig.

 

Estuvo ahí, en esas formas que revelaban una deficiente instrucción en los protocolos para la elaboración de una tesis cuya lógica fue enteramente intuitiva, algo esencial que acompaña a esta efeméride: en dicho documento no se habló acerca de la dialéctica materialista, sino, por primera vez, explícitamente, se usaba la dialéctica materialista como método, tanto de investigación, como de exposición en geografía.  Antes, implícitamente ya se había hecho por muchos otros, no sólo desde fines del siglo XIX en Rusia por Krasnov o Chizhov, o en el siglo XX por Lukashevich, sino en “occidente” (a nuestro parecer, y algo que habría que estudiarse más documentadamente), por el mismo Alfred Hettner, aún inmerso en la Alemania nazi; así como en México, por eminentes profesores como el Dr. Jorge A. Vivó, antiguo miembro del Partido Comunista Cubano; por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, antiguo miembro del Partido Comunista Español; como por el Dr. Ángel Bassols Batalla, hasta donde nos parece que así fue, notable miembro del Frente de Liberación Nacional en México de los años sesenta.  Así, nuestra tesis aquí en memoria, representa, además, la introducción explícita de la dialéctica materialista en Geografía.

 

La geografía en los años setenta era ya un infernal caos; hasta la década anterior había discurrido aún con cierto romanticismo, con más contenido de un discurso del Olimpo que de argumentación científica; se hablaba de “tipos de geografía”, de “corrientes”, de “modelos”, y a cual más aportaba alguna ingeniosa ocurrencia.  La geografía era, como nos lo exponía Pierre George en una conferencia ofrecida en el Instituto de Geografía, <<lo que el geógrafo hace>> (referir la idea de la “ingeniosa ocurrencia”, no es, pues, un adjetivo para descalificar, sino una caracterización cruda de aquella realidad).  No había, en lo absoluto, ni orden ni concierto; literalmente dicho, y no sin que suene curioso, nadie sabía exactamente, qué era la Geografía (pero ni en México, ni en el mundo); en sus definiciones, el verdadero objeto de estudio estaba siempre subyacente.

 

En un principio, nuestra tesis trató de ser un esfuerzo para poner orden teórico, con fundamento lógico a todo aquello así dado y tal cual lo habíamos recibido; y la sorpresa fue que eso no sólo no se podía, y de ahí el caos, sino que, por las mismas razones, en el rigor científico, no se debía, pues se desembocaba necesariamente en el absurdo de una especie de “ciencia de las ciencias”.

 

Que la hipótesis inicial de intentar poner orden y fundamento a la geografía dada fue una hipótesis fallida, falsa, fue de trascendental importancia: nos dejó abierto el camino totalmente a lo nuevo.

 

En la aplicación de la dialéctica materialista como método, siguiendo los procedimientos usados por Marx, de la categoría fundamental de “relación” con que habíamos trabajado aquella hipótesis falsa, pasamos a examinar, precisamente, aquello que detectamos que estaba en común en todos los casos, si bien de manera oculta: el espacio.  Y como la barra de un imán que se coloca debajo de un vidrio cubierto del caos de limaduras de hierro, en aquel 1981, el orden de una geografía como ciencia se nos trazó de inmediato.

 

Terminó allí una era de dos siglos de la “geografía fenomenista” (desde Humboldt y Ritter), y se abrió una nueva época para esta ciencia: nuevamente, la de la “geografía espacista”.  Es decir, como lo apuntábamos en la tesis, todo lo que pudiese verse como “nuevo”, era sólo por ser un geografía bien olvidada que rescatábamos de la historia, siendo ésta, precisamente, el lado científico de la geografía.

 

Por quince años, de 1994 a 1009, un tenebroso grupo de poder reaccionario, plagió y distorsionó la teoría propuesta, nuevamente envolvió y revolvió todo en su pretensión del estudio de los fenómenos; pero esa retrógrada posición hoy es ya historia, apenas viva en los resabios de una “posmoderna” “geografía literaria” (donde la tragedia para esta ciencia, es que, no obstante, sea la “geografía” institucional y dominante).

 

A pesar de todo, en lo personal, celebramos este XXX Aniversario de nuestra tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, 1983 (sustentada el 24 de febrero de 1983), con un curioso como notable descubrimiento.

 

En cama, convaleciente, por no más que, literalemente dicho, un cansancio extremo, ya recuperándonos, al despertar del día 19 de febrero, pensábamos en que estábamos próximos a concluir con la exposición de los antecedentes de nuestra teoría del espacio en geografía, y que, en consecuencia, tocaba su lugar a la exposición directa de la misma.  Más aún, nos pusimos a pensar en lo que seguiría; y disponiendo ya de una teoría del espacio en geografía plenamente fundamentada, tendría que ser corroborada en estudios particulares concretos.  Momentáneamente exploramos la idea de por dónde podría ir esa aplicación inicial de la teoría, y derivamos a la idea, necesaria, de que tendría que aplicarse al origen y estructura del espacio terrestre.

 

Ese origen lo radicamos en la teoría de G.N. Katterfeld acerca de la formación simultánea del sistema Tierra-Luna; y en uno de esos “chispazos” de pensamiento, nos pusimos a considerar ya no sólo los aspectos cualitativos proporcionales de la geografía de la Tierra con la geografía de la Luna dados ya en Katterfeld, sino la posible proporcionalidad cuantitativa.  Pero el asunto en esencia, consistió en lo siguiente: una “lunografía”, es una geografía de la Luna, equivalente a decir, <<estudio del espacio lunar>>, tal cual el <<estudio del espacio terrestre>>; sólo que, en ambos casos, el estudio de su espacio, es geografía; y caímos en cuenta, entonces, del contenido distinto para las categorías de “espacio terrestre” y “espacio geográfico”.

 

La categoría de “espacio terrestre”, es exclusivamente para la geografía de la Tierra; como “espacio lunar” para la geografía de la Luna.  Pero la categoría de “espacio geográfico”, aplicable a ambos casos, corresponde, entonces, a una categoría universal del conocimiento dado en la ciencia geográfica, aplicable desde la ubicación de los objeto sobre una mesa, al estudio de la ubicación de las cosas en cualquier astro del Universo.

 

Treinta años después, ese aporte principal de nuestra tesis; el espacio geográfico como su objeto de estudio, que tan cierta como equívocamente, tratábamos de manera indistinta como espacio terrestre –y de ahí lo curioso y paradójico–, ahora, ese aporte de hace treinta años, lo hemos podido fundamentar teóricamente elevándolo a rango de categoría universal.

Compartir este post
Repost0

Comentarios