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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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13 abril 2011 3 13 /04 /abril /2011 23:04

Eje del Mal, 2001 G. BushLa Teoría Geopolítica del "Choque de Civilizaciones" y la Propuesta Geoestratégica Político-Militar Denominada: "Gestión de los Imperativos Geoestratégicos"* Estudio Nº 7 (1/4)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teorica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

La Tierra, 1 (φN, λW); 14 abr 11.

 

 

Resumen

 

En una secuencia de lo general a lo particular, hemos visto (Estudio Nº 5) la teoría e historia de la Geopolítica, y en ello, lo que pudiésemos llamar las teorías geopolíticas clásicas; luego (Estudio Nº 6), la correlación entre la geopolítica y la geoestrategia, y en ello las etapas geoestratégicas político-militares del imperialismo norteamericano durante la Guerra Fría, todo ello, inmerso en la teoría geopolítica de los “Contrapesos” de Spykman.

 

Ahora analizaremos la propuesta que quedó inmersa en ese período inmediato de transición de la posguerra fría a la situación actual, en un momento dado conocido como “El Tercer Orden”: en la propuesta de Huntington de la geopolítica del “Choque de las Civilizaciones”, el planteamiento de la “Gestión de los Imperativos Geoestratégicos”, de Zbigniew Brezezinski, expuesto en su trabajo: El Gran Tablero Mundial**; geoestrategia, en su enunciado, de acuerdo a los nuevos tiempos, conciliadora y de lenguaje administrativo y no militar, que sólo sirvió de “fundamento teórico” a lo que vino inmediatamente después con el “Plan de los Estados Unidos para el Nuevo Siglo”: la geopolítica del “Eje del Mal” y su geoestrategia del “Ataque Preventivo”.

 

 

El Choque de Civilizaciones

 

El Choque de Civilizaciones es primero, en 1993, un artículo de Samuel Philips Huntington, que luego se desarrolla como un libro a cuyo título se agrega El Choque de Civilizaciones y la Reconfiguración del Orden Mundial, 1996; trabajo este último estructurado en cinco partes: primera, en la que expone cómo el momento actual representa la confrontación histórica nunca antes vista; segunda, en la que muestra el equilibrio del pasado; tercera, en la cual expone la evolución de las culturas emergentes; hasta llegar a la cuarta parte en que expone la confrontación actual entre “occidente” y el islam; para terminar en una quinta parte describiendo el escenario de un nuevo orden mundial.

 

Así, Huntington plantea que el origen del conflicto en el mundo de la posguerra fría ya no será principalmente ideológico o económico, sino cultural, “Las líneas de fractura entre civilizaciones, serán las líneas de batalla del futuro” asienta dicho autor, y afirma profético y no sin razón: “Si el desarrollo económico chino continúa durante otra década, cosa que parece posible, y si China mantiene su unidad durante el período sucesorio, cosa que parece probable, los países del este asiático y el mundo tendrán que reaccionar ante el papel cada vez más seguro de sí mismo de este actor, el más grande en la historia de la humanidad”[1].

 

Justo una década después, vemos que el desarrollo económico chino fue posible y continuó, y que China ha mantenido su unidad política, por lo cual se explica entonces la reacción de los “países del este” frente a la actitud de China como potencia.

 

 

La Supremacía Global de los Estados Unidos

 

Sin reserva alguna, a apenas pasado un lustro de derrotada la Unión Soviética, Zbigniew Brezezinski, consejero de seguridad nacional de la presidencia de los Estados Unidos entre 1977 y 1981, en el período del gobierno de James Carter; y durante transición al desarrollo de la geoestrategia del “Enfrentamiento Directo” que luego de 1980 se agudiza bajo el gobierno de Ronald Regan; publica su obra geopolítica aquí comentada.

 

Obra “concluyente de los intereses estratégicos de los Estados Unidos en el mundo de la posguerra fría”[2], dice de ella, y muy ciertamente, Samuel P. Huntington, pues en realidad sintetiza claramente los objetivos de su nueva geopolítica.

 

El objetivo geoestratégico de los Estados Unidos ahora –dice Brezezinski–, es llegar a consolidarse como el primer imperio verdaderamente global de la historia.  Es decir, que ya se conceptúan como tal, desde el momento en que, dice dicho autor y no sin razón, la desaparición de la URSS dejó a los Estados Unidos en una posición única: la de primer potencia global.

 

Esto es, consumar su poder absoluto, su supremacía global de la cual dice el autor: “la supremacía global de los Estados Unidos recuerda en cierto modo, a la de los viejos imperios”[3], para ello, coincidiendo con Huntington, dice, “es esencial que no se produzca el surgimiento de ningún aspirante al poder euroasiático capaz de dominar Euroasia y, por lo tanto, también de desafiar a los Estados Unidos”[4].

 

La “supremacía global”, el máximo poder mundial o soberanía mundial, se expresa en la dirección efectiva que esa soberanía ejerce sobre los demás países, sometiéndolos a sus intereses.  A esa dirección o gobierno, es a lo que se denomina hegemonía.  “La hegemonía es tan vieja como la humanidad”[5] dice el autor de la obra, y ese es un argumento, evidente e históricamente falso, pues, por lo menos durante un millón de años, la vida de la humanidad en la comunidad primitiva, tal hegemonía no existió; ésta aparece sólo con el surgimiento de las grandes civilizaciones y con ello el desarrollo de los imperios.  Pero ese argumento de Brezezinski, lo que persigue es la justificación “natural” de la propia hegemonía estadounidense.

 

El autor en cuestión, niega que los Estados Unidos sean un “imperio”, pues, dice él, “los imperios basaban su poder en una jerarquía de vasallos, tributarios, protectorados y colonias, y solían considerar como bárbaros a los que se encontraban en el exterior”[6].  Llama a esta una “terminología anacrónica”; y dice que Estados Unidos no es un imperio, porque no es una estructura jerárquica del tipo que él ha dicho; en abierta negación a lo evidente, dado por el conjunto de países tributarios económicamente endeudados de América Latina, por la situación de los vasallos “Territorios de la Commonwealth” de los Estados Unidos: que con distintos estatus, son, Puerto Rico, las Islas Marianas, Atlón Johnston, Guam, Islas Wake, Islas Midway, Islas Vírgenes, y Samoa; más los territorios intervenidos y ocupados neocolonialmente como Granada, Afganistán, o Irak.

 

La tibia, hasta lo ingenuo, o lo hipócrita hasta lo desvergonzado, de la propuesta geoestratégica de Brezesinski publicada en 1997, se expresó en el hecho de: “la manera en que los Estados Unidos <<gestionen>> Eurasia resulta crucial”[7]; por más que el concepto de gestionar se enuncie entre esos corchetes especiales, donde por gestión se entienda la imposición hegemónica, la “gestión geoestratégica” resultará de una candidez abrumadora frente a lo que cuatro años después cristalizará en el “Ataque Preventivo”: la verdadera <<gestión>> norteamericana.

 

El control territorial, la posesión geográfica de puntos cruciales, o “ejes en un sistema de control imperial” como lo enuncia Brezezinski, han formado siempre e invariablemente, a pesar de lo que dicho autor diga tratando de disfrazar el carácter imperial de la política estadounidense, el conjunto de elementos geoestratégicos en juego en toda geopolítica.  Por eso, ello lo atribuirá sólo a la política del estilo de los viejos imperios, como –dice él, poniendo un ejemplo–, del ruso ante el punto crucial del oleoducto checheno.

 

Brezezinski dice también que una geopolítica global ha desplazado a la regional, pero ello lo hace para ocultar sus movimientos tácticos en Medio Oriente y su proyección al Asia Central, lo cual queda revelado cuando expresa: “el punto de partida para la formulación de la geoestrategia estadounidense para la gestión a largo plazo de los intereses geopolíticos estadounidenses en Eurasia debe centrarse en los jugadores clave y en una adecuada evaluación del terreno”[8].

 

Así, diremos coloquialmente, “la geopolítica es la geopolítica”, y simples giros del lenguaje no lograrán ocultar su realidad.  Y así, es vano que Brezezinski, al enunciar sus “imperativos de la geoestrategia global”, diga que usando “una terminología de la era más brutal de los antiguos imperios”[9], pueda ocultar que es la propia y actual de los Estados Unidos:

 

 

1      “Impedir choques entre vasallos y mantener su dependencia en términos de seguridad (Puerto Rico, UAM, Islas Vírgenes, etc)

 

2      Mantener a los tributarios obedientes y protegidos (América Latina principalmente, pero también entre tales tributarios, Europa hasta los países escandinavos, Corea del Sur y Japón; Asia Central, Medio Oriente, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda, y Suráfrica)

 

3      Impedir la unión de los bárbaros”[10] (Rusia, China, Irán, India)

 

 

Ahora el asunto es cómo esos países vasallos dependientes, tributarios obedientes, y bárbaros, Brezezinski los hará participar en su “Tablero Mundial”, en calidad de “jugadores geoestratégicos” (rivales), o “pivotes geopolíticos” (territorios o puntos geográficos en calidad de “piedras angulares”, que como factores importantes podrían modificar las situaciones)

 

Tales “jugadores geoestratégicos” son pues, cinco países, en el orden que él los menciona: 1) Francia, 2) Alemania, 3) Rusia, 4) China, y 5) India.

 

[Se ofrecen mapa (con adecuaciones del autor)]

  

Hace a continuación un análisis acerca de cada uno de ellos y de sus relaciones entre sí, que en 1997, puede responder, visto casi una década después, ya a una realidad como él la veía, pero también a una desvirtuación deliberada, razón por la cual ello lo dejamos aquí de lado en su detalle, extrayendo entre líneas lo esencial, por lo cual, el objetivo geoestratégico real, es –como el mismo Huntington ya lo explicitara–, el control de China, misma a la que se refiere en dos líneas muy sesgadamente diciendo acerca de ella: “Una cuestión geoestratégica de importancia crucial es la que plantea la emergencia de China como gran potencia”[11]; y el objetivo geoestratégico que ella supone, pasa primero por el dominio territorial de Medio Oriente y Asia Central; segundo, por el control de Rusia y su división con la Unión Europea, y más aun, con la misma China e incluso Irán (y acaso con la neutralización de la India); y tercero, el sometimiento de la Unión Europea.

 

Esa interpretación se basa en algo que Brezezinski en 1997 trata como “algo secundario”, tan sólo, usando sus propias palabras, como “un posible desafío”, “parte de los problemas de esta inestable región”[12]: el fundamentalismo islámico, como él lo llama.  Y dicho autor ya desde entonces traza la línea de provocación, cuando dice que ese desafío vendría: “Mediante la explotación de la hostilidad religiosa al American way of life...”[13].  Obviamente, en su libro lo deja establecido no como resultado de la provocación, sino como algo que emanaría instigado por los países islámicos mismos, contra los Estados Unidos. 



*   Estudio N° 7 Línea de Investigación Geográfica; mayo de 2006.

** Brezezinski, Zbigniew; El Gran Tablero Mundial; Editorial Paidós, Colección Estado y Sociedad Nº 63; México, 1997.

[1] Huntington, Samuel P; El Choque de Civilizaciones y la Reconfigración del Orden Mundial; Piados, Barcelona, 1997.

[2]       Ibid. v. Contraportada

[3] Ibid. p.19

[4]       Ibid. p.12

[5]       Ibid. p.13

[6]       Ibid. p.19.

[7]       Ibid. p.39.

[8]       Ibid. p.48.

[9]       Ibid. p.48.

[10]       Ibid. p.48

[11]       Ibid. p.61

[12]       Ibid. pp.60-61

[13]       Ibid. p.61 (subrayado suyo)

 



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