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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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21 noviembre 2011 1 21 /11 /noviembre /2011 00:01

Los-Cuatro-Elementos-y-su-Transformacion.jpgLa Tercera Generalización del Espacio y los Fenómenos en la Geografía Contemporánea.  Ensayo, 2011 (1/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/; 21 nov 11.

 

Al definir al espacio, en particular terrestre como el objeto de estudio de la Geografía, ello no fue como consecuencia de un acuerdo convencional, ni de la “genial” idea de nadie, tal definición no ha sido dada en términos subjetivos algunos, sino muy por el contrario, ha sido el brillante resultado  que corona todos los siglos de la historia de esta ciencia, de la búsqueda objetiva de su objeto de estudio.

 

La Geografía, como todas las ciencias, es un reflejo objetivo de una faceta del mundo material, de la realidad objetiva; pero esa faceta, definirla, entendiendo primero cuál era (lo que consumió veinticinco siglos), y luego descifras su naturaleza (en lo cual llevamos ya un siglo), no ha sido, pues, sencillo.  La Geografía tuvo que esperar hasta fines del siglo XIX y principios del XX, a la alta especialización de todas las ciencias, para que, finalmente, separadas de la Geografía, se le planteara a ella misma la necesidad de la definición de su propio objeto de estudio.  Y entonces tuvo que entrar en la reflexión , abstrayendo y generalizando la teoría a partir de su propia historia, descifrando en la cartografía lo que constituía su trabajo esencial, mediante el cual interpreta esa faceta peculiar de la realidad misma acerca de lo que, como concepto, es su reflejo objetivo: el espacio terrestre.

 

Luego ha tenido que empezar a resolver la naturaleza, y estructura de ese espacio, en consonancia con las investigaciones y avances  de las ciencias afines y próximas al mismo objeto de estudio de la Geografía; pero ello, a decir verdad, apenas recién lo hemos empezado a plantear nosotros mismos; solos, aislados, con las dificultades materiales técnicas y económicas de siempre, desde unos meses atrás a la fecha de este artículo.

 

No será casual que ahora la reacción oscurantista muy “posmoderna”, inmersa en el idealismo subjetivo, comience a plantear <<que siempre no, que el espacio terrestre no es el objeto de estudio de la Geografía>>, a pesar de que gustosa lo proclamó en forma subjetiva durante los últimos quince años.  Pero no hay marcha a atrás, en el desarrollo positivo de la ciencia objetiva, no hay marcha a atrás, y esa posición se hundirá cada vez más en el absurdo.

 

Esa evolución positiva, el que la ciencia avanza sobre los logros vigentes y objetivos de su propio desarrollo, constituye la fuerza misma de la ciencia, y el haber alcanzado por la Geografía la definición de espacio terrestre en el objeto de estudio y ahora ensaya a entender su naturaleza, se expresa precisamente en ese histórico y objetivo desarrollo positivo.

 

A fines del siglo XIX Vidal de la Blache enunció que el objeto de estudio de la Geografía se refería a la localización, apenas una de las propiedades más generales y esenciales de espacio.  Sobre esa base, iniciando, por otra parte, el desecho cada vez más explícito del estudio de los fenómenos, Emmanuel de Martonne a principios del siglo XX, agregó que el objeto era establecer el estudio de los fenómenos naturales y sociales, pero sólo considerados en su distribución y relaciones.  No obstante, sin poder desprenderse de los fenómenos como tales, concedió aún en su definición el que el estudio de los fenómenos comprendía sus propias causas.

 

Al concluir el primer tercio del siglo XX, Alfred Hettner, uno de los primeros geógrafos de carrera, sobre la base de lo vigente en lo hecho por De la Blache y De Martonne, abstrajo y generalizó los desarrollos teóricos dados hasta entonces en el concepto de espacio como síntesis en la definición del objeto de estudio de la Geografía, excluyendo un poco más el tratamiento de los fenómenos como tales.

 

La Geografía había llegado, así, a la concreción de sus esfuerzos teóricos e históricos por definir su real y propio objeto de estudio, y luego de ello, la Geografía, necesariamente, pasó a abordar el problema de la naturaleza y estructura de ese espacio.  Empezó con Hettner mismo, que la refirió como lo corgráfico regional, que implicaba aún la descripción fenomenista de los lugares.

 

Casi medio siglo después, en 1976, el geógrafo soviético A.M. Riábchikov, sobre la vigencia de los desarrollos teóricos de los autores antes mencionados, planteó que el objeto de estudio consistía en establecer el balance de energía , ya no entre los fenómenos; que era lo que constituía el esfuerzo de desecho; sino entre los agrigentinos Elementos griegos (Tierra, Agua, Aire)*, donde el “Fuego”, era la energía, ya solar, tectonogénica, o tecnógena.  Con ello, así como Hettner principalmente había generalizado una serie de propiedades particulares del espacio en el espacio en sí, ahora Riábchikov, principalmente, generalizó los fenómenos particulares en los Elementos.  Con ello, de hecho, los fenómenos particulares como tales se excluían de la Geografía, aun cuando éstos se consideraban en calidad de fenómenos generalizados en los Elementos.

 

*        Propuesta que –hemos dicho en otro lugar– dos o tres años después nos hizo en México  el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, independientemente de la idea de Riábchikov, pero que no juzgamos conducente.


 

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