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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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21 noviembre 2011 1 21 /11 /noviembre /2011 00:02

Espacio Terrestre; EstructuraLa Tercera Generalización del Espacio y los Fenómenos en la Geografía Contemporánea.  Ensayo, 2011 (2/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/; 28 nov 11.

 

El investigador mexicano geógrafo José Martínez Nava, pocos años después que Sáenz de la Calzada, luego de 1985, siguiendo a Riábchikov y con fundamento en la dialéctica materialista, trató de acabar de excluir  los fenómenos, retomando lo vigente de las ideas de aquel y la intención teórica de su interpretación como teoría del espacio.

 

El intento –como hemos dicho en otro artículo– fue un camino tortuoso al espacio, el quinto Elemento griego, la “quintaesencia”, reconocida por siglos como el éter, identificado éste al vacío.

 

En el estudio de los balances de energía, se iría desde el Elemento con la energía desplegada en una masa en reposo nula (“Fuego”; la energía solar, tectonogénica, y finalmente tecnógena); ocurriendo todo ello necesariamente, en el quinto Elemento (éter), o espacio.  Y en este punto, la teoría habría de enfrentar nuevamente, otra vez en lo recurrente de esta historia, en el problema del éter y del vacío, ya desconociéndolo metafísicamente como “la nada”, ya objetiva y materialistamente aceptándolo como  una forma más de energía (hoy en día conocida como “energía de punto cero”), convergiendo con nuestra teoría enunciada en 1981 y desarrollada en el curso de esa década. Del objeto de estudio de la Geografía como el espacio, y y el estudio de la naturaleza y estructura  de éste en los estados de espacio.

 

Por lo que al autor de estas líneas toca, nos saltamos el desarrollo lógico de la generalización de los fenómenos en los Elementos, porque nos encontramos con una categoría más general y esencial: el espacio, aun cuando incidir directamente en el concepto  de espacio apenas a principios de los años ochenta del siglo pasado, era simplemente algo, en el mejor de los casos, en general, muy próximo a la “ciencia-ficción”.  Pero, peor aún, en el análisis crítico marxista en función del cual hemos expresado nuestro pensamiento, ello nos ponía en el filo de la metafísica, pues el espacio en la filosofía dialéctico materialista, no era mas que “las propiedades espaciales de los cuerpos”, es decir, su geometría.

 

En el Diccionario de Filosofía de Foroba publicado por Editorial Progreso en ruso en 1980, y en español en 1984*, en el artículo sobre “Tiempo y Espacio”, se dice: “Tiempo y Espacio: formas fundamentales de existencia de la materia.  La filosofía se interesa, ante todo, por el problema de la relación del tiempo y el espacio con la materia; es decir, son reales el tiempo y el espacio, o constituyen puras abstracciones que sólo existen en la conciencia.  Los filósofos idealistas niegan la dependencia del tiempo  y espacio respecto de la materia y los consideran como formas de la conciencia individual (Berkeley, Hume, Mach), o como formas apriorísticas de la contemplación sensorial (Kant), o como categorías del espíritu absoluto (Hegel).  El materialismo subraya el carácter objetivo del tiempo y espacio”[16].

 

Interrumpamos de momento aquí la cita para puntualizar un comentario necesario antes de ir a lo esencial. 1) la materia existe sólo en el tiempo y el espacio, no independientemente de ellos; 2) filosóficamente, el problema es la relación de tiempo y espacio con la materia (con la realidad objetiva); 3) para el idealismo, tiempo y espacio son puramente abstracciones del pensamiento; para el materialismo, tiempo y espacio son reales, es decir, existen objetivamente; pero, 4) el desarrollo de la categoría de lo abstracto, no es lo objetivo, sino lo concreto, de modo que en el pensamiento materialista  aún de los años ochenta del siglo pasado, tiempo y espacio podían reconocerse plenamente objetivos, realmente existentes; pero éstos no correspondían a “una cosa” llamada tiempo, o a “una cosa” llamada espacio; es decir, que esas categorías no se entendían entonces como reflejo de lo concreto, de un objeto o cosa concreta.  O, dicho de otro modo, esos conceptos en su abstracción de la realidad objetiva, no volvían a lo concreto en calidad de “una cosa” en sí mismos, sino se quedaban sólo como propiedades de las demás cosas.  Esto es, que lo pensado abstracto (lo subjetivo), refleja sólo propiedades de la geometría de lo pensado concreto (lo objetivo), y así, el espacio era sólo real, objetivo, como “la espacialidad de las cosas”, y no –como hemos dicho– como algo en sí mismo.

 

Pero, continuando con la cita de Foroba: “El espacio expresa el orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente…, hasta el siglo XX, los naturalistas identificaban el espacio con el vacío de los cuerpos…”[17].  Detengámonos aquí nuevamente.

 

*        Que actualizaba el Diccionario de Rosental e Iudin de 1965, o el de Blumberg de 1971.

[16]      Op. Cit. (v. Tiempo y Espacio).

[17]      Ibid.


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