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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:03

L iteratura capitularLa Tragedia de Parecerros.  Cuento Corto, 2012 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

06 feb 12.

 

Con quien deseaba encontrarme era con mi hermosa vecina, por eso estaba ahí, en mi ventana, esperaba verla asomarse a su balcón, llegar a su casa, o salir a alguna parte; el asunto era no sólo verla para recrearme y disfrutar estéticamente de su belleza, sino para intentar hacerme de ella.  Si aceptaba, bien, comenzaría una nueva etapa de la vida, aun cuando no tenía ni la menor idea de cómo sostenerla económicamente; si me rechazaba, bien, descansaría, no me quedaría en la vida con el “si hubiera”, y “a lo mejor hubiera aceptado”; pero, a la vez, me daría tiempo para resolver lo económico.  La parte difícil de aceptarse, estaba en que, además, tenía que aceptar el irnos del pueblo; ahí no había ya opción alguna; más de un año intentándolo desde que llegué, y nada.

 


Parecerros

 

Pero ni señales de ella, debía estar con todo el pueblo en el valle de la cañada, en el ritual del aniversario de la tragedia haciéndole desde muy temprano ofrendas al “Cerro del Niño”, y tendría que ir a buscarla por ahí e invitarle a platicar.  En verdad, por la naturaleza de las cosas, desearía que me aceptara, pero, a la vez, tengo la mejor disposición a que me rechace, y un oculto deseo de que así sea, porque ni con qué sostener en lo económico una familia.

 

El caso es que, en lo que vamos al “Cerro del Niño”, les platico su historia, que precisamente lo que hizo la tragedia.

 

De ello voy a presentar un informe, aun cuando ya no sé si a la Sociedad Geológica y al Instituto de Geología, o a la Sociedad Internacional de Antropología.

 

Por muchos años en que se ha extraído la plata, de hecho, ya por cinco siglos; por el procedimiento de ello, se tritura la mena, o sea la roca con el filón de minerales, y se lava el residuo; luego éste se decanta y deposita en lo que se llama el escorial, formando aquellos cerros artificiales, muy cónicos y puntiagudos que se ven allá.  Así hubiera estudiado en vez de geología, Ingeniería de Minas, creo que no hubiera adivinado lo que iba a pasar.

 

Para que se entienda la historia, aquí la geología es como si hablásemos de “ginecología”; y la Ingeniería de Minas, como si nos refiriésemos a la “técnica de partos”.  Por eso el nombre del pueblo, de “Parecerros”.  Las actas originales más antiguas lo nombran “Santa Cruz…” de no sé qué, pero por la actividad minera y sus resultados, se cuenta que alguna vez vino algún importante de la ciudad, y cuando se le explicó el proceso mismo que yo les he platicado ahora, éste expresó que eso era como si los cerros estuviesen pariendo cerros.  Fue tan alegórica su expresión, que de ahí nació hace mucho lo de “Parecerros”, y así se quedó.

 

Ahora, como se ve, es un lugar de montañas artificiales.  Quizá por ello también sea aquel estribillo de la canción religiosa de que “si piensas que la montaña se mueva, se moverá…, se moverá…”, que hoy ya no se canta aquí por lo que pasó.

 

Y bueno, pues lo que pasó aquí justo hace un año, a poco de que llegase yo nuevamente al pueblo, fue que en esta época de lluvias torrenciales, se desgajó un cerro, que estaba por esa parte, llamado “Cerro del Tesoro”, y arrastró un escorial en su base que se precipitó hacia el río haciéndose un gigantesco lodazal, sobre el cual se deslizó la colada de derrubios del deslave del Cerro del Tesoro.  Y la cosa no paró ahí, el peso y el empuje del material rompieron un portal, llamado “El Saltito”, y entonces corrió una gran avalancha pendiente abajo por la cañada, arrastrando una pequeña comunidad de ganaderos en la parte baja donde la cañada se abre en un pequeño valle, antes de de la caída de lo que se llama “El Saltón”, un portal de mayor altura; y ahí, en su fondo, fue a parar todo el material, tanto del escorial, como de los derrubios de “El Tesoro”, formando ahora, de manera natural, un nuevo cero cónico.

 

La gente, cuando la tragedia, estaba ahí, acongojada, muda; como ahora en este ritual de ofrenda al pie de “El Niño”, viendo cómo la montaña; quién lo iba a pensar; se había movido arrastrando a la gente del valle…  Era un silencio sepulcral aquel mismo día, y una consternación absoluta.  Entonces una señora, con un gran sentido maternal, dijo unas palabras, hizo un razonamiento como que se esparció en todos los presentes en los que se hizo un gran alivio de conciencia: “Era la montaña del escorial,…, un niño; y los niños son así…, inocente…, qué le vamos a hacer…”.


 


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