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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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7 junio 2010 1 07 /06 /junio /2010 08:00

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

La Unidad de la Geografía,

Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo.

  Ponencia al XI Congreso Nacional de Geografía,

México, 1987.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”; Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 07 jun 10.

 

Comentario Preliminar.

 

Si se revisa en los Bancos de Información disponibles a través de Internet mediante un buscador, el concepto “XI Congreso Nacional de Geografía” (en la forma en que se escriba), el resultado será casi nulo; y si no lo es en su totalidad, es porque, recursivamente, se volverá a esta fuente, en la cual decimos que la información acerca de dicho Congreso es nula.

 

“Algo” ocurrió en 1987 en el ámbito de la Geografía en México, que constituye un vacío absoluto.  Se puede encontrar información, de una u otra forma, sobre casi todos los congresos nacionales de Geografía; pero acerca del XI Congreso no hay una sola mención (que no se la de este Blog, para enterarnos de que acerca del XI Congreso no se hace ninguna mención).  Pudiera decirse que, en mucho, para empezar, porque las Memorias de dicho evento, ni siquiera se imprimieron.

 

Las computadoras personales se habían introducido en México apenas cinco años atrás, y apenas para 1987 si acaso había los primeros procesadores de texto enormemente rudimentarios, y las impresoras eran aún de impacto con muy baja resolución; esto es, no cabría pensar en la posibilidad de su edición “en disco”, como luego se puso en práctica, si mal no recordamos, cuando el XV Congreso en 1995.

 

El argumento que se nos dio a la falta de edición de la Memoria del XI Congreso Nacional de Geografía en México de 1987, fue simple: no hubo presupuesto; algo, evidentemente, no-creíble.  ¿No tuvo presupuesto la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística?, ¿no lo tuvo el Instituto de Geografía?, ¿no lo tuvo el gobierno del Distrito Federal en donde se efectuó el Congreso?, ¿no hubo manera de reunir un presupuesto mínimo entre todas estas instituciones que normalmente en otras ocasiones lo habían hecho?; por no considerar ya al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (NEGI), o a las sociedades y colegiados profesionales.  En otras ocasiones se habían impreso gruesas Memorias y hasta en dos tomos. Pero si el presupuesto no fue la verdadera causa de la no-impresión de la Memoria del evento, entonces, ¿qué ocurrió?  Eso quedó como un gran misterio en la historia de la Geografía en México, que dura ya veintidos años sin que a nadie más que a nosotros nos interese saber qué ocurrió.  Quede ahí, pues, como interesante tarea para los historiadores de la ciencia.

 

Queda la especulación; ¿acaso las señales de la crisis económica que se produjo el año siguiente?, una hipótesis válida.  Queda la especulación, y en ello, sin duda, una que no puede tomarse sino como una descomunal jactancia de nuestra parte, pero hipótesis, a su vez, válida: ¿la causa pudo haber sido, acaso, las ponencias que presentamos?

 

La ponencia, “La Contradicción Teórico-Cognoscitiva Fundamental del Pensamiento Geográfico”, que insertamos en el número anterior a éste, en una curiosidad profundamente significativa, la editamos con una vieja máquina de escribir mecánica, una clásica “Remington” (o si bien nos fue, con una portátil de la que quizá ya para entonces disponíamos).  Dicha ponencia fue el límite del pasado, pues la ponencia que ahora transcribimos aquí, fue, ahora, la primera que editamos usando una máquina computadora, hoy ya también, la clásica “Comodoro 64”.  Esta otra ponencia, en consecuencia, tan sólo por su hechura, representativa del inicio del futuro; el indicador de la apertura de la nueva etapa de la historia, que con el contenido de ambos trabajos, se manifestaba en el campo de la Geografía, y en la que nos tocó ser protagonistas.

 

Si lo que hicimos fue la causa, con todo y la jactancia o lo presuntuoso, ello no haría más que subrayar lo que desde el primer momento y siempre hemos atribuido, particularmente a esta segunda ponencia, de ser la consumación de una teoría (y en proporción inversa, la refutación de su contraparte); y eso explicaría con suficiencia los hechos, mismos que marcaron no sólo el fin de una etapa de transición, sino el inicio de un nuevo momento histórico.

 

Una idea esencial que se enuncian en tal ponencia, es la de “la diversidad del espacio”, diversidad dada no sólo por sus determinaciones relativas, sino, principalmente, por las transiciones infinitas de sus estados de espacio.

 

La esencia de nuestro método ha sido siempre partir del análisis filosófico, distinguiendo nuestro planteamiento marxista dialéctico materialista, de todos los demás.  Y ese explícito análisis, fue siempre un jaque a los planteamientos de la teoría burguesa sustentada invariablemente en toda suerte de posiciones filosóficas idealistas.

 

 

Ensayo.

 

Resumen.

 

La Geografía, disciplina de conocimientos acerca de la faceta espacial de la realidad, guarda su unidad en la propia diversidad infinita del espacio del cual es reflejo.

 

Esta es la solución dada sobre la base de la concepción filosófica dialéctico materialista del mundo, a nuestro parecer.

 

En la historia de la geografía, se han presentado tres momentos para dar respuesta a este problema: 1) en la Antigüedad, entre los siglos III-I ane; 2) en el Renacimiento, siglos XV-XVII, y 3) en la Época Contemporánea, de fines del siglo XVIII a nuestros días.

 

En la Antigüedad la solución se intentó sobre las propuestas filosóficas de Heráclito, demócrito, y el epicureismo; en la geografía de Eratóstenes e Hiparco; y sobre las propuestas filosóficas parmenideano-sofista-zenónicas del estoicismo, en la geografía, principalmente, de Estrabón.

 

En el Renacimiento, el nuevo intento se fincó sobre el empirismo y racionalismo materialista baconiano-cartesiano, expresado en la geografía de Varenio de una parte, o de Mercator, de la otra.

 

La solución al problema de la unidad de la Geografía en la Época Contemporánea, se ha tratado de resolver sobre los planteamientos filosóficos kantiano-comtianos, en oposición a la solución marxista dialéctico materialista.

 

El problema de la unidad de la Geografía no es un problema simplemente mecánico, de yuxtaposición y coordinación de los conocimientos, ni de subjetiva solución artificial meramente convencional.  El problema de la unidad de la Geografía, es un problema sujeto a ciertas leyes objetivas del desarrollo de la ciencia, las cuales surgen en dos campos: las leyes de las condicionantes externas; económicas, sociales y políticas; y las leyes internas; de la lógica, dialéctica o gnoseología de la ciencia misma.

 

Exponemos, en consecuencia, en este breve trabajo, la síntesis del problema de la unidad de la Geografía en tres momentos históricos en que se ha intentado, siendo el último, sobre la base de la dialéctica materialista, el que exprese de manera más completa, este que fue siempre, tan esencial y complejo problema de la Geografía.

 

La unidad de la Geografía radica, no en el pensamiento de ningún gran autor, sino simplemente en la diversidad infinita del espacio, del cual es reflejo.

 

Dicho en general, la unidad de la ciencia es un reflejo elaborado en el pensamiento humano, de la unidad material del mundo; pero la cual consiste, a su vez, en la diversidad infinita de la realidad objetiva.  Así, la ciencia es, a la vez, diversidad de ciencias reflejo cada una de ellas, de esa diversidad infinita de la realidad objetiva.

 

El espacio es parte de la multiplicidad de la realidad objetiva, y la Geografía, como parte de la variedad de la ciencia, es reflejo de esa parte de la multiplicidad de la realidad objetiva.

 

El espacio en lo particular, guarda su propia unidad en su diversidad infinita objetiva y concreta; es, por lo tanto, que la Geografía, ciencia del reflejo de la faceta espacial de la realidad, contiene su unidad en la propia diversidad infinita del espacio, del cual es reflejo.

 

Este principio, el principio del reflejo de la realidad objetiva, contiene a la ley más general del desarrollo de la ciencia.  Sobre su enunciado, este desarrollo de la ciencia se ejecuta en una subordinación de unas ciencias en otras; de acuerdo con los principios o leyes generales de su lógica interna del reflejo de la etapas  del desarrollo de la naturaleza; del reflejo del desarrollo de las formas de movimiento y su sustrato portador; del reflejo del movimiento del conocimiento de lo abstracto a lo concreto; y del reflejo del movimiento del conocimiento de lo general a lo particular.

 

A su vez, el desarrollo de la ciencia está sujeta a ciertos principios o leyes  generales externas a ella o condicionantes, relativas al mundo de la producción, que impone ciertas necesidades sociales y creatividad tecnológica; es decir, cierto desarrollo de medios y elementos de producción.

 

Parte de esas leyes económico-sociales, tienen carácter político-administrativo, las que al igual que las leyes del movimiento del conocimiento de lo abstracto a lo concreto, de lo general a lo particular, o de lo simple a lo complejo, dirigen el desarrollo de la ciencia.

 

*

 

Considerando estos dos grupos de leyes, internas y externas, en el desarrollo de la ciencia en cada momento histórico, se han dado en el curso de la historia, tres intentos para la solución del problema de la unidad de la Geografía.

 

El primero de ellos se dio en la Antigüedad entre los siglos III-I ane, bajo las concepciones filosóficas de Heráclito, Demócrito, y del epicureismo, en la geografía de Eratóstenes; y bajo las concepciones filosóficas de Parménides, Zenón, y del estoicismo, en la geografía de Estabón.

 

Estos pensadores en su aportación geográfica, partían: Eratóstenes, del reflejo del espacio terrestre (a partir de la teoría del espacio de ese momento), y su naturaleza primaria; y Estrabón, con base en los postulados del estoicismo consistentes en guardar una actitud contemplativa y de vivir conforme a la naturaleza, partía, por su lado, de la jerarquización de todo aquello que era a su juicio digno de estudio.

 

En ese ambiente de la Antigüedad bajo el Imperio Romano, surgió por primera vez el problema de la unidad de ese saber denominado por Eratóstenes como “Geografía”; el que Estrabón modificaba criticando el “fisismo” (o naturalismo), y el “matematicismo”, de Eratóstenes, para darle un contenido antropocentrista y ecuménico.

 

Estrabón pretendió haber resuelto el problema con su crítica de dos siglos después a Eratóstenes, contenida en los Prolegómenos a su “Geografía”, con el respaldo a su autoridad dada por el Imperio.

 

El segundo momento para la solución al problema de la unidad de la Geografía, se dio entre los siglos XV-XVII, en pleno Renacimiento, entre las obras de Mercator y Varenio.

 

El planteamiento vareniano no era un planteamiento objetivo, esclarecido a partir de una definición del objeto de estudio de la Geografía como reflejo de una faceta de la realidad; sino dado en función de establecer subjetivamente el campo enciclopédico de estudios de esta disciplina de conocimientos.

 

Influía en el pensamiento geográfico de Varenio, los sistemas empirista de Bacon, y racionalista de Descartes, que por entonces penetraban todo el quehacer científico.

 

Las “afecciones”, como Varenio llamaba a las propiedades de los fenómenos que sistematizaba, le daban la jerarquía por influencia baconiana; el propio sistema de conocimientos jerarquizado daría la importancia del método, por influencia cartesiana.

 

Favoreció al predominio de la obra de Varenio, el conflicto surgido de la especialización del conocimiento geodésico, a cuya esfera de estudios pasó, con las nuevas teorías de la forma y dimensiones de la Tierra, el problema del cálculo de las proyecciones cartográficas, que dejó con serias limitaciones el estilo de la geografía ptoloméico-meractoriana; limitación esencialmente centrada en la no-profundización más esencial de su propio objeto de estudio, el cual ya no podría ser en sí la representación cartográfica, sino algo que estaría en el fondo de ello, y que habría que abstraer y generalizar, lo cual no se ha estado consiguiendo sino hasta nuestros días, a pesar de algunos adelantos visionarios como los de Hettner.

 

Finalmente, un tercer intento para fundamentar la unidad de la Geografía, se ha dado del siglo XVIII a nuestros días, siguiendo la obra humboldtiano-ritteriana, de corte enciclopédico, bajo las influencias hegeliano-kantiano-positivistas; dando lugar a una unidad de la Geografía fincada en un criterio subjetivista en la definición del objeto de estudio de la Geografía.

 

Se ha opuesto a esta definición subjetivista, aun cuando con grandes limitaciones, la obra de Hettner, principalmente, aún bajo las mismas influencias kantianas; y sólo más tarde, e igualmente endebles, las de Hartshorn y Schafer, entre otros, que han prescindido de un análisis dialéctico materialista de la historia y de la lógica de la geografía.

 

Nosotros, argumentando ese análisis dialéctico materialista fundado en las lees internas del desarrollo de las ciencia, dadas en la teoría del reflejo objetivo de la realidad objetiva, exponemos en este breve ensayo la tesis de que la unidad de la Geografía radica en la materialidad del espacio y su propia diversidad infinita, dada en su naturaleza de una forma continua de la materia, o bien enana forma discreta de la misma.

 

*

 

Como conclusión: desde 1982, en el I Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, y posteriormente en los IX y X Congresos, hasta llegar a este XI Congreso Nacional de Geografía en 1987, hemos asentado como premisas el que: 1) históricamente han existido dos corrientes fundamentales del pensamiento geográfico; una sobre el estudio del espacio (hasta ahora subyacente en sus diversas manifestaciones); y la otra sobre el estudio de los fenómenos en el espacio, entendido como lugar, región, territorio; 2) que la Geografía es una disciplina de conocimientos acerca del espacio (no de las relaciones natrales y sociales, ni de la planificación); 3) que la Geografía es una ciencia única, íntegra y en desarrollo, y de ninguna manera una síntesis de un sistema de ciencias; 4) por lo tanto, ni deviene segregada de la filosofía, ni de su seno se han separado nunca ninguna ciencia especial que diera lugar a su disgregación; 5) que es en torno a la teoría del espacio que ha de darse la unidad de estas dos grandes manifestaciones del quehacer geográfico: el fenomenista, y el análisis espacial; 6) que en razón de lo anterior, es, en consecuencia, una disciplina de conocimientos físico-matemática; 7) que, como tal, es una ciencia natural inorgánica como lo es el espacio, y no una ciencia de síntesis de un sistema de ciencias; 8) que en tanto no ha dado coherencia a todo un sistema teórico-metodológico, el cual necesariamente ha desarrollado a lo largo de su historia aún no plenamente rescatada, es una disciplina de conocimientos que aún se encuentra en un estado precientífico (sólo con trabajos como estos, de reflexión teórica, y exhaustivas indagaciones historiográficas y no de un exclusivo practicismo ciego o empirismo estrecho, es como se vislumbra un proceso de ascenso a la categoría contemporánea de ciencia), y, 9) que en la dialéctica de su desarrollo, la histórica contradicción: <<espacio-naturaleza/sociedad>>, no es una contradicción antagónica, sino una contradicción en cuya solución tanto la sociedad, parte de la naturaleza misma, su estadio más desarrollado y avanzado; como lo que conocemos como la propia naturaleza  en sí, son manifestación de los posibles e infinitos estados de espacio, de esencia continua o discreta.

 

Ahora, como consiguiente, la nueva contradicción que subyace en el movimiento del saber geográfico, se ha de exponer mediante los opuestos continuo-discreto, en el estudio de las transiciones de unos estados de espacio en otros, en una Geografía única.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Ponencias Congresos
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