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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 enero 2013 7 20 /01 /enero /2013 23:02

D Harvey (pablotaricco.blogspot.comLas Cajitas Detrás del Geógrafo D. Harvey

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

05 nov 12.

 

 

 

Determinado y definido el objeto de estudio; determinado y definido el método hasta su axiomatización; descubierto el proceso histórico de abstracción y generalización de los conceptos de “espacio” y “fenómenos”, e introducida en una lógica consistente con ello, la categoría de “estados de espacio”; determinado y definido el carácter de su síntesis; determinado y definido en función de ello su teoría unificada, y a su vez, en función de ello precisada  su clasificación en el cuadro de la clasificación de las ciencias como una ciencia única, producto de un cierto grado de conocimientos antecedentes necesarios, y ella a su vez, antecedentes necesarios de otras ciencias; quedaba por delante el siguiente paso: formalizar la teoría científica de su objeto de estudio, la teoría del espacio geográfico o terrestre.

 

Entonces, entre otros materiales, tuvimos que volver al de David Harvey: Teorías, Leyes y Modelos en Geografía, 1983 (publicado originalmente en inglés con el título de “Explanation in Geogrphy”, 1969); un buen trabajo explicativo en la parte que corresponde a ello, acerca de los elementos de formalización de una teoría científica.  Hasta entonces, nunca habíamos tenido necesidad de ello.

 

Hicimos un comentario bibliográfico general a las primeras partes de su obra, y a manera de análisis crítico, tratamos con las partes significativas  restantes, ahí donde aborda la “teoría de la teoría”.  Luego nos dispusimos a mostrar dicho documento en nuestro Blog, y para ilustrarlo, intentamos una búsqueda de Harvey en la Red.  Y lo encontramos, entre otras muchas imágenes, posado en el sillón de su mesa de trabajo, y apareciendo en la imagen, detrás de él, un misterioso armario de pequeñas cajitas.  Ello, de golpe, nos trajo a la memoria la anécdota de geografía teórica que aquí narraremos.

 

Era el año 1979, éramos aún pasantes de la Licenciatura en Geografía, preparábamos apenas nuestra tesis, cuyo propósito era dar un orden lógico, con fundamento científico suficiente, a esa geografía en que habíamos sido formados, y que, de buen grado, la asumíamos así necesariamente; quedaba en ello, hacerle avanzar, propiciar su desarrollo elaborada más rigurosamente su lógica.

 

Recién egresados, un primer empleo como profesionales, se nos dio como docentes en el relativamente reciente Colegio de Bachilleres, para impartir el curso de Ciencias de la Tierra (la Geografía en esa institución en ese entonces).  Y, con convencimiento propio, comenzamos así nuestra recreación en la enseñanza –como diría la crítica de Heráclito–, de la “mucha ciencia”.

 

Terminó el año escolar y calendario, y se invitó por la Coordinación (no todo el plantel), a un convivio de fin de año en el domicilio de algún profesor.  Se invitó al mismo a algunos funcionarios de la Dirección General, y ya ahí reunidos y departiendo, uno de tales directivos ubicado próximo a mí, haciéndonos platica, incidió de lleno, ni más ni menos, en esa crítica –hasta entonces exclusivamente dada en forma externa a los geógrafos, por aquellos que “no podían entendernos”, sobre el problema esencial de la Geografía: <<A mi me cuesta trabajo entender –dijo más o menos aquel directivo con enorme perspicacia–, cómo es la Geografía; me imagino a los geógrafos ante un anaquel lleno de cajitas en que clasifican y guardan todos los fenómenos, y cuando necesitan de uno van y abren esa cajita, y cuando necesitan de otro van y abren esa otra cajita>>…  Ahí estaba, habíamos recibido sutilmente la primera crítica, el primer cuestionamiento a nuestro ser profesional.  Cómo es que podía haber una ciencia tal, con tal mecanismo de conocimientos tan pobre, y más aún, que se asumiera como ciencia.

 

Disponíamos, para entonces, pertrecho teórico, del que nos habíamos hecho personalmente durante todos nuestros estudios , por lo menos en lo histórico; y salvamos la situación dignamente trayendo a cuento desde Estrabón a Jaldun, y de éste a Varenio, enfatizando con la autoridad de Ritter y el ampliamente conocido Humboldt, y justificamos así, con cierta lógica histórica, el asunto – ya criticado desde Heráclito como “la mucha ciencia”– de las cajitas.  Pero en el fondo, cierto era, en tal lógica histórica, no había, a su vez, correspondientemente, una lógica teórica.  Si aquel directivo se dejó adormecer por nuestro extenso discurso histórico que parecía dar amplios fundamentos, o si a pesar del “suficiente argumento histórico demostrativo” aún veía la ausencia de lo teórico, es algo que ya no se dejó ver, más allá de mostrar una actitud condescendiente, abrumado de datos históricos que obnubilaban los fundamentos teóricos.  No obstante, nosotros estábamos plenamente conscientes, tanto del artilugio, como de las limitaciones, pero justo ello era por entonces el motivo de nuestra investigación de tesis.

 

Un año después, justo (a fines de 1980 en que reportamos al Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, director de nuestra investigación de tesis, la falsedad de la hipótesis investigada), las cajitas del armario detrás del geógrafo Harvey y todo su artilugio histórico dejaban de ser sólo de la crítica externa al geógrafo (de esos que por no ser geógrafos “no nos entienden”), para empezar a ser autocrítica; la crítica interna y del propio geógrafo más o menos bien entendido en la materia, a lo que se reconocía no sólo infundado teóricamente, sino en la imposibilidad de darle una lógica en términos de una ciencia.  Y todo, impensadamente, comenzó a dar un giro.

 

Durante 1981 rehicimos la investigación, y hacia el último tercio del año, nos replanteamos la interpretación histórica sobre la base de otra categoría esencial (el primer intento lo habíamos hecho sobre la base de la categoría de relación), ahora sobre la base de la categoría de espacio; y así, justo otro año más después, teníamos ya la base de la “nueva teoría”, que, en realidad, como lo anotamos desde nuestra tesis, todo lo que tenía de “nueva”, era ser sólo la vieja teoría bien olvidada.

 

Treinta años después, estamos culminando dicha vieja teoría de la Geografía que aún hoy se sigue viendo de soslayo, con la realmente nueva formalización de la teoría del espacio geográfico; poniendo fin así, a la demostración rigurosa de la totalidad del conjunto de sus fundamentos teóricos necesarios y esenciales como ciencia moderna.

 

Y a todo esto…, ¿será la “mucha ciencia”? o, ¿qué habrá en el misterioso armario de las cajitas detrás del geógrafo “fenomenísta” (a pesar de su Explanation in Geography), David Harvey?

 

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