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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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15 noviembre 2010 1 15 /11 /noviembre /2010 00:01

Las Comunidades de la Ciencia

y de la Geografía en México.

  Artículo 2010 (1/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 15 nov 10.

 

Introducción.

 

Este es un tema de ciencia básica poco estudiado en México, y, respecto de la ciencia de la Geografía, total y absolutamente inexplorado.  Ello no es casual: en este tipo de estudios se incide sobre lo más susceptible entre los intelectuales e investigadores en el campo de la ciencia; esto es, en la unicedad de la ciencia, y en las condiciones de igualdad para producir conocimientos.

 

La fachada y estructura a la vista, es que la ciencia es una, y existen todas las condiciones de igualdad para todos para producir conocimientos en ella, y sólo depende de las capacidades de cada cual.  Pero nada más falso; y exponer esta tramoya, si no se ha de hacer para remozarla, se considera como un acto de deslealtad, tanto por los que mantienen el poder y el control de las cosas, como por los que se ven afectados en sus intereses, e incluso por los que, confundidos, no han desentrañado la complejidad del fenómeno.

 

Nosotros, como todos, pasamos por ese proceso de comprensión del funcionamiento de lo que parece ser sólo una misma comunidad, dado que en su mecánica, todo opera en la simulación, a valores entendidos.  Tardamos en comprenderlo; realmente lo entendimos a cabalidad hasta 1988 o finalmente 1990, con motivo de la temática tratada en el II Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y de la Tecnología; y tanto por los trabajos del Congreso, como, principalmente, por mi presencia circunstancial, por lo menos en una de las reuniones extracongreso; una cena en la que, por un lado departían los investigadores renombrados, y por otro, literalmente, los vasallos; es decir, los Becarios y ayudantes de investigadores, entre los que, a saber cómo siendo yo totalmente ajeno a ello, de pronto estaba yo ahí entre los Becarios, escuchando lo que sería una de sus conversaciones comunes, pero que para mi fue totalmente reveladora.  Lo que trataban, dejaba a la vista sin reserva alguna toda la suerte de intrigas palaciegas, la mecánica con que un grupúsculo u otro de investigadores y sus vasallos operaban alianzas o descréditos en la lucha por sus intereses mezquinos, en tanto todo ello únicamente tenía que ver con posiciones de poder, caso omiso de cualquier consideración de la investigación científica.  Y nada de eso se trasluce a la vista del profano, para el que todo discurre en plena paz y armonía en un esfuerzo colectivo, común y único, en aras del desarrollo de la ciencia.

 

Entonces entendí por qué el proceso de nuestra “proscripción” desde tres o cinco años atrás: simple y llanamente, no encajábamos en el juego de valores entendidos; no sólo éramos unos insubordinados por naturaleza, sino que no dábamos claras muestras de rendir pleitesía poniéndonos al servicio de algún grupo de poder.  En esa lucha palaciega de la ciencia, o ya dicho en particular, de la Geografía institucional, en nuestra posición utopista por la ciencia, no sólo no éramos útiles ni para Dios ni para el diablo, sino que, peor aún, afectábamos a los intereses meramente de poder de ambos por igual.  El hecho es que, ello lo entendimos ya muy tarde, cuando ya no había “remedio” alguno; y qué bueno que fue así, porque con ello quedamos obligados a una posición, cuya justificación nos hizo teorizar, y entendimos algo más profundo aún.

 

Si la comunidad de geografía no era, como por mucho tiempo equivocadamente lo supusimos –y, lo repetimos, de manera afortunada–, un comunidad única, monolítica, trabajando en función de la ciencia de la Geografía; sino un mundo de fracciones operando por los intereses más mezquinos y baladíes ajenos a la ciencia en sí; entonces, en qué lugar habíamos quedado nosotros.  Esto es, por un lado, cuál era el significado de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc; que habíamos fundado en 1989; pero, por otro lado, cuál era entonces, el significado de nuestra “proscripción”.

 

Si la SMTHG había significado una maravillosa utopía en el ámbito de la comunidad de geógrafos, que difícilmente, en esas condiciones, podría ir a más; nuestra “proscripción” personal era sólo un hecho fortuito.  La SMTHG como un pretendido esfuerzo colectivo generalizable podía dejar de pensar y hacer, pero nosotros no.  Y así, nuestra “personalidad física”, se hizo idéntica a la SMTHG, que se convirtió sólo en nuestra “personalidad moral”.  Y el asunto se redujo a entender, entonces, desde dónde, en el campo de la estructura del trabajo científico, necesariamente, operábamos.

 

Y, decíamos, delimitar y justificar el ámbito de nuestro trabajo geográfico, nos llevó a descubrir algo muy interesante ya desde aquellos años de principios de la década de los noventa, que está ahí, a la vista de todos, pero a la vez, con una naturaleza insospechada, y que es el complemento exacto para entender la revolución científica que se ha empezado a operar con la creación de la Internet (1996), y del surgimiento de los blogs (1997) en ella.  Bolgs que hasta el año 2003 a 2005 fueron principalmente de usufructo de los jóvenes en el intercambio de fruslerías, pero que, a partir de entonces, comenzaron a ser el ámbito ideal de un tipo de investigadores; nosotros entre ellos, creando nuestro Blog “Espacio Geográfico”, a mediados de 2009.  Esos jóvenes ahora han migrado a algo más propio a ellos: los “chats” abiertos, o lo que se han dado en llamar las “redes sociales”, como el Twitter, o el “Facebook”, entre otras.

 

El complejo y comprometedor fenómeno de las comunidades en la ciencia, en particular de nuestro interés, en la Geografía en México, va más allá de aquellas fracciones en el seno de la geografía “oficial” institucional, dependientes de ciertos intereses inconfesables ajenos a la ciencia misma; se diferencia, aún más, de esa comunidad institucional dependiente u “oficial”, una comunidad de geógrafos de suyo independientes (la mayoría anodinos, o alienados con la geografía “oficial” institucional sin involucrase para nada con ella; pero, a la vez, un reducido grupo en ésta, operando en la “proscripción”, significando una muy especial comunidad, por definición, de “desconocidos” entre sí).

 

Más aún, en esa lógica de las cosas, tuvimos que reconocer un ámbito más de la comunidad de saberes, que en tanto sistemáticos pudieran denominarse como comunidades científicas, pero sobre lo que haremos reservas, en tanto algunos de esos saberes, no tienen que ver con el conocimiento de la verdad en términos de la ciencia.

 

De ello, pues, tratará este desconcertante trabajo, en el que por primera vez hablaremos de cosas totalmente extrañas al geógrafo en general, por las que no sólo definimos nuestro ámbito de trabajo geográfico, sino por las que, por exclusión, se determina el ámbito de trabajo del geógrafo institucional; lo que por demás, no dejará de serle de cierto impacto, tal cual ocurre con el lugar en que nos coloca toda revolución.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Sociología de la Geografía
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