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15 noviembre 2010 1 15 /11 /noviembre /2010 00:02

Las Comunidades de la Ciencia

y de la Geografía en México.

  Artículo 2010 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 18 nov 10.

 

Las comunidades de geógrafos.

 

Inesperadamente, a principios de 2008, estuvimos recibiendo correos de una organización denominada algo así como “Pista 17” o “Pista 21”, en fin, algo que por su título no entendimos, pero que por su contenido, se refería a la organización del trabajo de la ciencia independiente o no “oficial”, invitándosenos a ciertos foros a presentar lo nuestro.  Por supuesto, puros autores desconocidos, y no sólo porque pertenecían a otras disciplinas de conocimientos, sino porque aún en ellas sus nombres no sonaban.

 

Consideramos por un tiempo esas invitaciones sin acceder a ninguna, no tanto por pensar en una alternativa posible, como por entender más ampliamente de qué trataba todo aquello; y luego de un tiempo, declinamos explícitamente, cesando, finalmente, toda comunicación.

 

Desde la primera reflexión acerca de aquellas invitaciones, concluimos que había en ello un contrasentido: aquello era una especie de “institucionalización de la ciencia no-institucional”.  No obstante, había, también, cierta lógica: esa “institucionalización”, no imponía ningún tipo alineamiento de dependencia a ciertos intereses.  Aún así, no aceptamos participar en tal proyecto, dado un argumento más, y de hecho, nuestro argumento de esencia: ello es tanto como crearnos “nuestro mundo aparte”, pero, junto con ello, promover un laissez faire, laissez passer, ante la ciencia “oficial” institucional.

 

Con ello, lo que estamos planteando, es que hay en el fondo, un conflicto de intereses entre la comunidad “oficial” institucional de la Geografía, y la comunidad independiente de la misma.  Y un conflicto, por demás, esencialísimo, determinante del hacer de toda la ciencia: un conflicto ideológico entre el oscurantismo propio de una, la comunidad “oficial”; frente a la ilustración propia de la otra, la comunidad independiente; un conflicto entre el conservadurismo misoneísta de aquella, ante los anhelos de cambio y de progreso de ésta; un conflicto, pues, de las posiciones ideológicas reaccionarias de la clase social burguesa en el idealismo de una; contra las posiciones ideológicas revolucionarias de la clase social proletaria en el materialismo dialéctico y el marxismo, de la otra.  En nuestra persona, eso se expresó abiertamente desde el primer momento cuando estudiantes en la Facultad, y, antes que atenuándose, radicalizándose, por lo que ello fue la causa esencial de nuestra obligada y afortunada “proscripción”.

 

La existencia de ambas comunidades de la geografía en México, no es pues, casual, un accidente; sino el reflejo de la lucha ideológica de las clases sociales en este país.  Por eso, de lo que se trata, no es de hacer “un mundo aparte” para la geografía independiente, sino de cuestionar, desde ella, ya como individuos, ya desde sus propias organizaciones como la SMTHG que no alinea ni impone dependencias, el hacer reaccionario, oscurantista y acientífico, de la geografía “oficial” institucional.  Es, ciertamente, una lucha descomunalmente desigual; así ha sido en todas las ciencias a lo largo de la historia de las mismas; pero cuando la hemos enfrentado básicamente solos como tantos otros en la historia, por tantos años, ello nos deja, con un gran significado, profundamente satisfechos.  Finalmente se ha avanzado por donde hemos dicho.

 

Pero existe en la ciencia en general, no sólo las comunidades del saber “oficial” institucional y del saber independiente; sino, también, y de manera por demás interesante, la comunidad del saber esotérico (del gr. esoterikós, interno, reservado), conocido como de la “ciencia oculta” (n el concepto de ciencia como saber, mas no como demostración del hecho como verdadero).  Un ámbito iniciático, del que, por definición, desconocemos sus contribuciones concretas, allegándonos apenas unos escasos documentos, pero esenciales para comprender su importancia, no obstante sumida en el misterio para el que, como nosotros, nos movemos en el mundo de lo exotérico (del gr. ex, fuera; y esotéricos, interno, reservado).

 

Tres grandes comunidades, en tres grandes mundos; donde, por definición, tanto la comunidad ocultista, esotérica, hace “su mundo aparte” y no le interesa nada de lo que está fuera de él; como también el “mundo aparte” de la comunidad “oficial” institucional, prepotente, más que por los conocimientos que en ella se generan, por la posición política que ostenta favorecida por responder a los intereses de la clase social burguesa en el poder.  Donde, entre ambas, la comunidad independiente se divide entre los que la organizan para hacer “su mundo aparte” como remedo de las otras dos comunidades, y los que, organizados o no, hacen de la ciencia un mundo único y someten a crítica todo lo que la obstruye, desde lo que la oculta, hasta lo que la distorsiona, y no concede ni al ocultismo esotérico, ni a la “oficialidad” institucional.

 

Frente a esos “mundos aparte” que tratan a toda costa de disociarse y negar toda relación mutua considerándose autosuficientes, está esa parte crítica de la comunidad independiente, por demás, que, como en nuestro caso, en una posición abiertamente materialista dialéctica en la que nosotros nos definimos; antes que negar toda relación entre los mundos de dichas comunidades, la preestablece como condición fundamental del proceso del conocimiento.  Y de ahí la necesidad de su crítica tanto al pensamiento idealista metafísico mágico-religioso del esoterismo, como al pensamiento subjetivista idealista de la “oficialidad” institucional.

 

Aquí comienza lo extraño y lo complejo, lo desconcertante cuando se aborda esta temática por primera vez.  Es por ello necesario el ejemplo, que a manera de símil, nos establezca la idea de las relaciones entre las comunidades.  Tal ejemplo puede darse con la analogía en las relaciones dadas entre la investigación teórica, la investigación aplicada, y la investigación operativa (misma a la que nos hemos referido en otro trabajo).  Ese mismo juego de ideas ocurre entre el saber esotérico, la ciencia independiente, y la ciencia “oficial” institucional.

 

En el saber esotérico se está en el límite del conocimiento (independientemente de los métodos de su obtención), tanto más o menos especulativo, cuanto más o menos fundado o correspondiente con la ciencia positiva[*].  Está en el papel que juega la ciencia-ficción y conviene tomarla por ello.  Esto es, como ese conocimiento conjetural en el que, con fundamento científico riguroso, se imaginan posibilidades derivadas de ello (tomadas por fantásticas).  Cuando la ciencia independiente tiene la capacidad de abrevar en ello para hacerlo en algunos de sus aportes parte de lo suyo (la más de las veces sin reconocerlo), pero ahora fundando esos conocimientos en dicha ciencia positiva moderna e ilustrada, elabora un conocimiento verdadero, y ya no especulativo, acerca de dicho saber.  Y es bajo esta condición de transición, y sólo bajo esta condición de transición, que puede pasar, y pasa, a la ciencia “oficial” institucional (de ahí que esta última no reconozca su relación con la primera); la que, por último…, y he aquí lo nuevo y desconcertante, se limita –si bien no en todos los casos sino en algunos muy puntuales– sólo a reproducirla…, y validarla; sin que tampoco, y mucho menos, lo reconozca así.  En esta última, no generalizando, sino al contrario, siendo muy puntuales en los casos, no se crea conocimiento, sólo se valida el ya existente en otros ámbitos.

 



[*] Es decir, la ciencia que se funda en la vigencia de los elementos de su propio desarrollo.  Nada que ver con el “cientificismo” de la filosofía positivista comtiana.

 



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