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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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15 noviembre 2010 1 15 /11 /noviembre /2010 00:03

Las Comunidades de la Ciencia

y de la Geografía en México.

  Artículo 2010 (3/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 22 nov 10.

 

La comunidad institucional “oficial” de la geografía en México,

y su función de validación del conocimiento.

 

Cuando elaboramos nuestra tesis de Maestría en Educación Superior, una dificultad con el asesor que nos fue designado, un pedagogo “posmodernista”, estuvo precisamente en el punto de si lo que estábamos haciendo era verificación de un conocimiento o aporte nuevo, o una mera validación de algo.  Nosotros sosteníamos lo primero en función de la verificación de nuestra hipótesis, pero la opinión gramsciano-frankfurtiana y “neomarxista” de aquel (realmente una variedad neopositivista), en un relativismo extremo, era que el conocimiento científico no se verifica, sino sólo se valida (es decir, para éste, no existe el conocimiento verdadero, todo es relativo en función de que depende del sujeto, y, por lo tanto, la validación del conocimiento se establece como una especie de consenso entre la comunidad “científica”).

 

Lo que se debatía ahí, era justamente el conflicto ideológico entre las posiciones de dos comunidades en el ámbito del hacer científico, en donde la posición “oficial”, nos pretendía reducir a lo suyo: la mera validación del conocimiento.  Mas el problema se resolvía con mucha sencillez: el problema de la validación del conocimiento, es sólo asunto dentro de su marco teórico ideológico “posmodernista”, que, obviamente, nosotros no compartíamos; pero el problema de la verificación del conocimiento, es asunto del marco teórico del riguroso método científico de la modernidad, dado en nosotros en la dialéctica materialista.

 

El método científico de la modernidad nació allá entre los siglos XV a XVIII, entre el Renacimiento y la Revolución Industrial, impulsado por la burguesía revolucionaria del capitalismo naciente que luchaba contra los resabios feudales de las monarquías que aun subsistieron hasta el período de la Ilustración, y de ahí que la Revolución Francesa fuese su máximo logro político histórico.  Al pasar al siglo XIX comenzó su descomposición, y a partir de mediados del mismo, con la aparición de Marx y Engels, esa burguesía anteriormente progresista, al igual que el sistema capitalista, se convirtió en su contrario; ahora luchaba ya por conservar sus privilegios, contra nuevas fuerzas progresistas más avanzadas: el proletariado, dirigido por la teoría del comunismo.

 

La ciencia en las manos de una burguesía antes progresista, dio un vuelco a quedar ahora en manos de una burguesía conservadora y reaccionaria, y la ciencia se tergiversó, elaborándose todo tipo de sistemas filosóficos que permitiesen simular el verdadero método científico, y entre los cuales, el más eficaz resultó ser la filosofía positivista; que de su forma clásica derivó al llamado empirocriticismo o empirismo lógico de fines del siglo XIX, y luego al neopositivismo de principios del siglo XX en adelante.  El llamado “neomarxismo”, de la escuela de Frankfurt, es en realidad una variante, y contemporáneamente la más eficaz, de ello mismo.

 

Para fines del siglo XX, en el extremo de la incapacidad ya del capitalismo para ir a más, aún sin un sistema social socialista oponiéndosele en la práctica, ha evidenciado el que ha dado de sí todo lo que podía dar, y hoy, en el curso del inicio del siglo XXI, se encuentra sumido en la más grave crisis, y última, de su historia.  Apoderada desde siempre de las universidades, si en ellas en un principio fraguó la ciencia y el progreso, hoy esas universidades vertiginosamente se convierten el ámbito más tenebroso de la difusión del oscurantismo.

 

Que hayamos sido “proscritos” de ese ámbito universitario, no sólo no tiene nada de extraño; es algo consecuente con lo mismo que le ocurrió a Marx; sino más aún, era algo obligado, y afortunado.  Pero ello pone de manifiesto, precisamente, que allí se origina la diferencia entre dos comunidades fundamentales: la “oficial” institucional, dependiente de los criterios y necesidades de la clase social en el poder; y la comunidad “no-oficial” independiente, y hasta “proscrita”.  En aquella (y nuestra referencia es la comunidad de geografía), se simula el hacer de la ciencia, luego se apropia, incluso mediante el descarado plagio, del conocimiento venido de otro ámbito, que mientras está allí, es como si no existiese, y mediante su “oficialidad” institucional, lo valida haciéndolo aparecer como aporte propio.

 

Y estas afirmaciones no son especulativas, no son sin fundamento y pruebas, en la ciencia de la geografía en México, hemos vivido abiertamente ese proceso en el curso de los últimos treinta años.  De ahí que quien hoy esté por una ciencia progresista, antes que incurrir en esas prácticas de apropiación de los conocimientos mediante la trapacería del plagio, debe procurar con particular énfasis la cita textual, la referencia bibliográfica clásica, y el otorgamiento de los créditos.  Ciertamente, algo difícil en un medio ultraconservador, de espíritus timoratos y pusilánimes; pero es que la ciencia revolucionaria y progresista no se define sino, precisamente, en esa lucha.

 


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