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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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15 marzo 2015 7 15 /03 /marzo /2015 23:04

Cap.-I-Historia--Saenz-de-la-Calzada--1954.jpg“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954.  (4/4)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

 

Una maravillosa síntesis: la geografía de los estados de espacio,

es la geografía única.

 

La categoría de estados de espacio, hemos dicho, ha sido la solución simultánea a los conceptos d espacio y fenómenos, y en ella se expresa ahora la noción esencial de la preocupación centenaria del pensamiento geográfico: la geografía única.

 

Cap. I Historia; Sáenz de la Calzada, 1954

 
Facsímil del Inicio del Capítulo I de la Historia de la Geografía Médica en México, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, con el trascendental epígrafe que expresa la dialéctica materialista en su consideración geográfica: "Agua, Tierra, Fuego y Aire, que contrariamente unidos y unidamente contrarios, en lucha están, divididos", citado del auto sacramentel: La Vida es Sueño, de Calderón de la Barca ("clik" en la imagen para ampliar).

 

 

 

De hecho, la categoría de elemento agrigentino en el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada ya había resuelto de la misma manera; en ella estaban ya de forma simultánea, abstraídas y generalizadas las categorías de espacio y fenómenos; sólo que en la categoría de los elementos no se reconocía la existencia del vacío, por lo que el mundo era un continuum, cuyas propiedades geométricas expresaban sus propiedades espaciales.  Y no obstante, en ellos se conservan aún las paradojas de la identidad y el movimiento, lo cual supone, para ambas, no sólo la discontinuidad de lo que se identifica como lo mismo no obstante su rompimiento, sino la discretud que identifica lo diferente; así como la separabilidad de lo discreto que garantice su movimiento independiente; y esa condición ha sido siempre, históricamente, el vacío.

 

De los pasajes de la historia de la alquimia narrados por Reinhard Fesermann, obtuvimos una idea tan filosóficamente provechosa, como geográficamente extraordinaria, para nuestros fines de la teoría espacista.  En el contexto del encriptamiento del conocimiento d la alquimia, Fesermann interpeta el enunciado de “la piedra que no es piedra alguna”, como el lapis philosophorum.  Pero en el contexto mismo de la teoría de los elementos en que Fesermann lo expresa, tal enunciado es equivalente al ápeiron (lo indefinido); y esto va a tener una esencial importancia para entender la geografía de los estados de espacio como la geografía única, en tanto ello constituye la esencialidad del espacio.

 

En u n lenguaje moderno, “la piedra que no es piedra alguna”, puede traducirse como <<la sustancia material que no es sustancia material alguna>>: el vacío.

 

Para el sentido común, el vacío se entiende como “la ausencia de algo”, de donde, en consecuencia, lo que ha quedado, es “nada de ese algo” que estaba o pusiese estar ahí.   Pero esta idea conduce directamente al error de asociar el vacío con “la nada”, ya no de “algo”, sino de “la nada en general”; de donde el vacío resulta en una noción metafísica, en la cual el vacío ya no sólo es le “vacío de algo sustancial”, sino el vacío de la materia misma.  Y es esa “ausencia de materia”, lo que lo convierte en aquello que está más allá de lo físico y de la realidad objetiva, formando parte de un mundo sobrenatural.

 

Justo es esta falsa asociación del sentido común lo que condujo al materialismo dialéctico hasta fines del siglo XX, a negar la existencia del vacío y a adoptar la idea del paradójico continumm.  Ese fue el falso fundamento para argumentar en contra de la geografía espacista de Krasnov, Chizov, Lukashevisch, De la Blache, y Hettner.  Y, con base en ese continumm, esa fue la geografía de las “fases” de Riábchikov, como de los elementos, de Carlos Sáenz de la Calzada.

 

El concepto de “la piedra que no es piedra alguna”, es la expresión del reconocimiento de la materialidad del vacío.   El vacío es algo que existe materialmente sin ser sustancia, como una forma más, de las infinitas formas de movimiento de la materia; y más aún, como la “materia prima” de cuya transformación a derivado todo lo demás.  El vacío, pues, tiene las características de un campo físico especial, que dialécticamente, a su vez, da el atributo de condición o firma de existencia para ciertas magnitudes de dimensionalidad de las cosas y en calidad de campo o sustancia; es decir, tanto por sus propiedades espaciales es posible diferenciarlas, como por aquellas mismas por las cuales es posible entender su movimiento.  EL espacio como la propiedad esencial del estado de espacio vacío, es, entonces, esa “dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.

 

Los elementos de Empédocles retomados por el Dr.  Carlos Sáenz de la Calzada, abstraídos y generalizados como estados de espacio, ya no son, geográficamente, ni la litosfera, ni la atmosfera, ni la hidrosfera, ni la energía solar transferida a la biosfera; los estados de espacio no son, tampoco, las geoformas o unidades morfológicas de cada una de esas esferas del medio natural; los estados de espacio no son, mucho menos, los fenómenos naturales y sociales como tales.    Los estados de espacio, como abstracción y generalización históricamente dada de todo ello, dialécticamente son ello mismo, contiene a todos y cada uno de esos aspectos, y a la vez, no es nada de ello, pues, al mismo tiempo, es más que todo ello.

 

“Hacer una geografía basada en los cuatro elementos…”, tarea que nos fue asignada por el Dr. Carlos Sáenz de la calzada hace ya casi treinta y cinco años, ciertamente da lugar a una fructífera geografía, pero que, en esencia, es una de las expresiones de la “geografía fenomenista” misma dada desde mediados del siglo XIX con Ratzel o Richthofen hasta fines del siglo XX.

 

Sin embargo, apenas se considera el quinto elemento históricamente mencionado, el ápeiron (que en realidad fue el segundo cronológicamente dado), esa “geografía fenomenista” se convierte esencialmente en “geografía espacista”, devolviéndonos a la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico.  Pero al introducir por nuestra parte la categoría de “estados de espacio”, con ello abstraemos y generalizamos aún más los cuatro elementos y los subsumimos en el quinto elemento como categorías de espacio; y, como consecuencia de ello, una geografía más entre las múltiples “geografías”, se convierte en una geografía que, finalmente, es la geografía única.

 

 

Conclusión.

 

La idea de la geografía basada en teoría de los elementos del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, elaborada por él desde mediados de los años cincuenta del siglo XX luego de escuchar –da cuenta él mismo– un curso de “Antropogeografía” impartido por el Dr. Jorge A. Vivó, fue, al final de todo, una idea profundamente trascendente; es decir, que dialécticamente se superó a sí misma dados sus propios fundamentos.

 

Esa “geografía basada en la teoría de los elementos contrariamente unidos…”, abstraídos y generalizados tales elementos agrigentinos en la categoría de los “estados de espacio”, da lugar a la plena geografía única como ciencia del estudio del espacio.

 

Trazado nuestro trágico destino, final e ineluctablemente, “no olvidamos los estudios históricos aplicados al campo geográfico”, y como consecuencia, no pudimos sino sentir por necesidad, el interés por “hacer una geografía basada en los cuatro elementos <<contrariamente unidos>>”.  Resultó que no eran cuatro, sino, puesta más atención en la historia, cinco.

 

Con los cuatro elementos de Empédocles, bien podíamos hacer una geografía en el lineamiento fenomenista; pero al existir un quinto elemento, la quintaesencia, el espacio, volvía a hacerse presente la contradicción histórica esencial del pensamiento geográfico; y entonces, a ello no quedaba sino resolver trascendentemente.

 

Si en una generalización mayor se identifican los cuatro elementos como estados de espacio, éstos, por definición, se subsumen como propiedades particulares de la quintaesencia; y entonces  la geografía aparece como una geografía única, y sólo estudiosa del espacio.

 

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