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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:04

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espcio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

Redactamos este ensayo durante la semana de publicación, con fecha 15 de octubre de 2012, de una Edición Especial en la Bitácora, de “Espacio Geográfico”, en donde narramos la constante expansión de la “Mare Nostrum”, desde el Mar Egeo, hasta la “Mar Vacui” en un radio de 320,000 km desde el centro de la Tierra.  En las lecturas de apoyo que hicimos para tal redacción, nos encontramos con la fascinante hazaña cuasi-realidad, cuasi-mito, de la expedición de los Argonautas (por el nombre dado a su navío), y, en consecuencia, del mito de Argos, llamado el “Panoptes”, en cuyo homenaje se nombra el navío.  Y, pues, ahora, en la lectura de apoyo para hablar de la teoría de los elementos dada en La Alquimia, de Reinham Federmann, nos encontramos que éste también se remite, aun cuando con otro propósito, a la leyenda mítica del objetivo de la expedición de los argonautas: el vellocino de oro (justamente por el oro, propósito esencial de la alquimia, cuyo procedimiento de transmutación –según Federmann– estaba escrito en el reverso de la piel del Aries, el vellocino).  De todo ello, lo que ahora quedó en nuestro centro de interés, está el gigante Argos, llamado el “Panoptes”.  A nuestro parecer, si quisiéramos remitirnos al origen mítico, ya no hasta el de la Geografía como ciencia en la diosa Gea, sino en el posterior y práctico hacer mismo de la geografía, su simbolismo mítico está en la naturaleza del gigante Argos, dado en su pseudónimo: “el que todo lo ve”.  La Geografía es así, tiene esa cualidad panóptica que hace su propia complejidad.

 

Así, esa complejidad de “hacer una geografía basada en la teoría de los elementos”, no sólo estaba en el dictamen, sino en el reconocer el lugar del ápeiron en el conjunto de los mismos, en la insuficiencia de la generalización en la categoría de los “fenómenos”.

 

A ese respecto, dicho restringidamente a su área de especialización expuesta en su “Geografía Médica en México a Través de la Historia” (1971), al final de su Introducción, dice el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: “El problema no es fácil por las numerosas y tan variadas facetas que presenta; requiere, en consecuencia, aportaciones de muy distintas especialidades, y por tanto, será fácil objetar al geógrafo que (de) lo que trata, (es de) la intromisión en campos extraños a su especialidad”[1].

 

Y en 1971, justo una década antes de que el pensamiento geográfico diese un vuelco, Sáenz de la Calzada retoma un pasaje de Vidal de la Blache en el que, si por una parte pareciera justificar esa “geografía de los fenómenos”, por otra parte, más sutil, apenas visible en aquella primera abstracción y generalización teórica que De la Blache estaba haciendo en la categorización del espacio en geografía, éste –citado por Sáenz de la Calzada– asentaba: “En la complejidad de los fenómenos que se entrecruzan en la naturaleza, no debe haber una sola manera de abordar el estudio de los hechos; es conveniente que sean examinados desde ángulos distintos.  Y si la Geografía toma a su cargo ciertos datos que llevan otra estampilla, no hay nada en esta apropiación que se pueda tachar de anticientífico”[2].

 

Hasta 1980, nunca hubiéramos hecho esos subrayados en tal cita.  ¿A qué se referiría el examen de las cosas desde “ángulos distintos”?; ¿cuáles son esos “ciertos datos” a cargo del geógrafo?; ¿Cuál es la “estampilla” propia?  Hasta ese momento, esos conceptos nos representaban un vacío de contenido.  Sólo luego de 1981 estábamos en posibilidad de poder empezar a entender, y para 1987 esos conceptos tenían ya determinada una extensión y contenido propio: los “ángulos distintos” son los de los “cien ojos de Panóptes”; Argo observa incesantemente a Ío (en este caso los fenómenos), no por ellos mismos (no admirando la belleza, ni mucho menos desando a Ío, sino simplemente porque la tiene a su cargo por dictado de Hera), sino por su hacer, por sus movimientos, por su comportamiento, específicamente a instrucciones de Hera, para saber dónde está en cada momento; los “ciertos datos” a cargo del geógrafo son, pues, el lugar y los movimientos de Ío en la previsión de los riesgos de su acercamiento a Zeus y la toma de medidas del caso por Hera; la “estampilla” propia de la geografía, pues, es la dada por esas propiedades expuestas en lo mas general y esencial: el espacio.  No es que De la Blache nos estuviese revelando en un saber iniciático con conceptos crípticos, es que le mismo De la Blache, hace un siglo, no entendía, ni podía entender esto tal cual hoy, 2012, lo apuntamos.  No obstante ya era vislumbrado así por él y otros, incluso aún con más preclaridad, como Krásnov, Chizov, Lukashévich, y Hettner.

 

A nuestra actitud de estudiantes renuentes a hacer esta tarea ya desde 1978 y hasta ahora elaborada y expuesta, el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada nos obsequió su libro La Geografía Médica en México a Través de su Historia (1971), en el cual nos anotó una dedicatoria, en la que, en lo esencial, por supuesto referido al autor de estas líneas, se lee: “…con la esperanza de que no olvide los estudios históricos aplicados al campo geográfico”.

 

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza

 

Dedicatoria-de-Carlos-Saenz-de-la-Calzada--1980.jpg

Facsímil de la dedicatoria del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada a nuestra persona, en su libro La Geografía Médica en México a Través de su Historia (1971).

 

Cierto, ante nuestra necedad, qué le quedaba más, que recurrir a Élpiz.  Y ni Esquilo, ni Sófocles, ni Eurípides, ni los tres juntos, podrían haber urdido una trama con la elusión más clara del dictatum predestinado en la tarea asignada, que impensadamente, al final, ineluctablemente, se cumple.

 

Satisficimos sus esperanzas, nunca olvidamos los estudios históricos aplicados a lo geográfico, y sabiendo él de antemano las consecuencias de ello, lo que tenía que suceder, sucedió: no sólo “elaboramos una geografía sobre la base de la teoría de los elementos”, sino que ahora, en un proceso dialéctico de abstracción y generalización, estamos haciendo de ella a La Geografía misma.

 



[1]        Sáenz de la Calzada, Carlos; La Geografía Médica en México a Través de la Historia; Editorial Pax-México; México, 1971; p. 10.

[2]        Ibid. p.10 (subrayado nuestro).

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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