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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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6 diciembre 2010 1 06 /12 /diciembre /2010 00:01

2012 De los Fenómenos a los Estados de EspacioLos “Estados de Espacio”

en la Teoría del Espacio Geográfico.

  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 6 dic 10.

 

En física y química se define el estado de la materia[a] como una sustancia en la cual, modificando la temperatura o presión que le afecte, puede experimentar transformaciones en fases denominadas estados de agregación de la substancia, de las cuales las más conocidas son cuatro[b]: 1) sólido, 2) líquido, 3) gaseoso, y 4) plasma.

 

En las proximidades del cero absoluto, se supone un estado de la sustancia formado del llamado “helio-4”, con un comportamiento cuántico (en determinadas condiciones se comporta como un supersólido, y en otras, inversamente, como un superfluido).  Un estado de la sustancia, poco conocido, planteado teóricamente desde 1924 por Einstein y Bose, es el estado “BEC”, o “condensado Einstein-Bose”, que se forma a bajas temperaturas extremas, en las cuales los átomos, bajo leyes cuánticas, quedan inmovilizados, y no obstante su comportamiento es el de un superfluido de viscosidad casi nula.  En esas cercanías de la temperatura de los 0º absolutos, se supone que debe aparecer una variante teórica del estado de la sustancia BEC, conocido como estado de “condensado fermiónico”, cuya característica es la superfluidez.  Considerando las condiciones de presión, igualmente se suponen estados de las sustancia particulares en el campo de la física cuántica.  Otros estados complejos de la materia están relacionados a los estados de campo como, por ejemplo, el vacío.

 

Pero en los estados comunes de las sustancias, lo que conocemos simplemente como lo tangible, está asociado tanto a condiciones de bajas temperaturas, pero ya no extremas como en los casos de los “condensados de helio-4, BEC y fermiónico”, como a estructuras rígidas determinadas por la conformación de sus redes moleculares o cristalinas en las que se presenta cierto movimiento.   A medida que las condiciones de temperatura se elevan, las sustancias sólidas tienden a desestructurarse rompiéndose sus redes cristalinas, perdiendo su cualidad de forma, y haciéndose fluidos, dando la transición a los líquidos.  A mayor temperatura aún, las estructuras moleculares se rompen y disipan creándose el estado gaseoso de la sustancia.  En condiciones de altas temperaturas extremas, incluso los átomos se ionizan con la pérdida de sus electrones, formándose una sustancia formada de cargas negativas (electrones), y cargas positivas (cationes), libres.

 

Puede verse sin dificultad, que en los cambios de estado de la sustancia, entre ellos se dan transiciones conocidas como “estados de fases” de la sustancia, las cuales pasan, como lo sabemos desde nuestros estudios primarios, por la fusión o liquefacción en la transición del sólido al líquido; e inversamente, por la solidificación.  Se darán estados de fase de la sustancia por la evaporación en la transición del líquido al gas, e inversamente, por la condensación en el paso del gas al líquido.  Finalmente, tanto el estado sólido puede transitar en estados de fase al gas en lo que se conoce como sublimación, como el gas pasar al sólido mediante la cristalización.

 

Hasta aquí, todo ello es física, pero pasará de ello a lo geográfico, a través de la teoría del espacio.  Visionariamente, aun cuando sólo viendo y rescatando del pasado, ya el Dr. Carlos Saénz de la Calzada nos decía que “algún día sería bueno elaborar una geografía cuyos capítulos fuesen la tierra, el aire, el agua y el fuego”, y con ello apuntaba en lo correcto, pero sólo en la dirección a Empédocles; el asunto ha sido, ciertamente como él lo planteaba, pero invirtiendo luego la dirección y llevándolo todo al futuro, a la geografía que habría que hacer a partir del recate de la historia de aquellos elementos de la ciencia griega, a la ciencia proyectada sobre la base de lo que acerca de ellos tenemos en la ciencia moderna y contemporánea, y por lo tanto, geográficamente, en tanto la consideración de los estados elementales del espacio terrestre.  En lo más general de la teoría del espacio, los estados de la sustancia, independientemente de su naturaleza, son considerados en las categorías de las propiedades del espacio, como estados discretos o continuos de la materia.  Al estado de la sustancia le será inherente, a su vez, el estado discreto de espacio; como al estado del campo, le será lo propio como el estado continuo del espacio[c].

 

Es pues así, que esas propiedades físicas en la conformación y en las transiciones de los estados de las sustancias (y de los campos), a su vez, pasan de su consideración física a la geográfica, cuando las leyes de los estados de la sustancia se aplican consistentemente a los estados de espacio[d].

 

Esto es, que, un estado de la sustancia; en una categorización física; es a la vez, en lo más general, un estado de espacio, en una categorización geográfica.  Lo que un sólido es para un físico, será, por ejemplo, una roca para el geólogo; pero, igualmente, a la vez, será un estado discreto de espacio para el geógrafo.  Lo que un gas es para el físico, es un estado de la atmósfera para el meteorólogo, como un estado discreto de espacio para el geógrafo.  Lo que un líquido es para el físico, es un cuerpo de agua para el hidrólogo u oceanógrafo, como un estado discreto de espacio para el geógrafo.

 

La parte un tanto más difícil de entender, es que, por ejemplo, el suelo; también física, es decir, naturaleza, pero misma que ya constituye un movimiento de la materia de otro orden de complejidad, que implica el salto de la física a la química.  Una asociación de vegetación, también es física; es decir, es naturaleza; pero una naturaleza cuya forma de movimiento de su materia es de tal orden de complejidad, que implica un salto mayor de la física a la biología, a través de la química; así, una asociación de vegetación no puede tratarse mediante las leyes de la física, que si bien le es aplicable y nos daría una interpretación posible (y en ese sentido “válida” exclusivamente para la comprensión del fenómeno en tanto físico), ésta sería muy limitada, “reducida”, del fenómeno, si se quisiera deducir de ello leyes biológicas; por lo que él mismo debe ser tratado en términos de sus propias leyes en la biología misma.  No obstante, para el geógrafo, esa sustancia natural (un boque mixto, por ejemplo), pero independientemente de cual sea dicha sustancia, constituirá un estado discreto de espacio; y en ese sentido, no habrá en ello una “reducción” o particularización del fenómeno a otras leyes que no le son propias, sino, por lo contrario, habrá una generalización a leyes que le son perfectamente aplicables y válidas, en tanto –y sólo en tanto– el objeto de estudio es el espacio, y no tal sustancia natural, objeto de estudio de otra ciencia.

 

Y si ya en los casos anteriores hay esa complejidad, mayor aún se presenta ésta cuando nos planteamos el caso de la sociedad[e].  Más absurdo es aún pensar en el reduccionismo físico, por más que en el movimiento social haya fuerzas, energías, masas, velocidades, etc., de lo cual sólo podemos deducir leyes físicas mismas y nunca un entendimiento, de ello, de la esencia del fenómeno social.  Pero, geográficamente, en términos de la teoría del espacio, el fenómeno social no nos interesa tampoco por sí mismo, como lo sería para el sociólogo; en ello, en tal fenómeno, lo que vemos es sólo un estado de espacio, no un “reduccionismo” físico en el que pretendamos conocer del fenómeno social por leyes que no le sean propias, sino una generalización geográfica en la que el fenómeno nos interesa exclusivamente por sus propiedades de espacio.

 

Al geógrafo fenomenista actual, esto le podrá parecer muy simple, una burda simplificación del objeto de estudio de la Geografía, objeto que para él es esa complejidad en la “totalidad” de la relación de la naturaleza y la sociedad; de la sociedad como un “constructo” en un “geo-ecosistema” en calidad de “espacio social” o “humanizado”; pero, inversamente, tanto como a nosotros como geógrafos espacistas (o simplemente geógrafos), nos parece un vasto campo inexplorado de investigación, justo, del verdadero objeto propio de estudio de la Geografía: el espacio, en particular, terrestre (así reconocido incluso por los mismos geógrafos fenomenistas en su mar de contradicciones).

 

Esa generalización, ciertamente, no sólo supone romper con ancestrales prejuicios, sino supone esa abstracción teórica por la cual; en estrictas categorías geográfico espaciales; un estado de espacio tiene una forma y estructura dada, cierta cohesión, cierto volumen, resistencia o fluidez, y con ello, en la misma consistencia categorial, cierta viscosidad.  Es decir, el espacio, el espacio como tal, ese hecho, fenómeno u objeto físico considerado en su realidad objetiva y en su propia naturaleza que los geógrafos hemos concluido que constituye nuestro objeto de estudio; aparte de las categorías geográfico-matemáticas en otro lugar consideradas; dimensionalidad, localización, distancia, el movimiento o comportamiento de un estado de espacio en función de otro, cuya comprensión estará, y sólo estará, en la aplicación de las leyes de las derivadas (sin esto, geógrafos, con la más absoluta fuerza de convicción os digo, simplemente no hay geografía, y no digo geografía científica solamente, sino realmente geografía.  Lo demás acerca de los fenómenos, etc., no es sino pamplinería parvularia descriptivista acerca de lo que otros hacen).  Y esta geografía espacista implica, pues, el estudio y conocimiento, además, de estas propiedades físicas entre muchas otras más de ellas.

 

Podemos ir declarando ya, pues, extinta, esa geografía fenomenista (habrán aún los que continúen en ello, y será una condición necesaria por razones de conocimiento divulgativo); y si un polo de la contradicción ha desaparecido, su opuesto, determinado por ello, carece también ahora de sentido y deja de ser propio, así, hablar de una “geografía espacista”; ahora es el momento de una Geografía única: la Geografía ciencia del estudio del espacio.

 



[a] Entre los físicos hay poco cuidado en el manejo de las categorías de “materia” o de “sustancia” y “campo”, que desde el punto de vista filosófico son de crucial importancia distinguir, pues tanto la sustancia como el campo son materia, formas de la materia, o más propiamente dicho, del movimiento de la materia; el vacío mismo, por ejemplo, será una forma de la materia o del movimiento de la materia con cualidades propias del campo; es decir, en donde no por la ausenta de sustancia, se considere la ausencia de materia.

[b] Desde los años sesenta tuvimos conocimiento de un planteamiento de un autor soviético (probablemente Piotr Leonidovich Kapitsa –al que vagamente recordamos por ese último apellido–) acerca de la existencia de siete estados de la materia, pero documento que desafortunadamente nunca conseguimos.  Sin embargo, es muy factible que un quinto estado más de la sustancia considerado ahí, fuese el planteado teóricamente por Einstein y Bose en 1924, y al que se conoce como “Condensado Einstein-Bose” o simplemente “BEC”.

[c] Y por lo dicho en este parágrafo, se podrá entender la importancia de la distinción filosófico-física de las categorías de “materia”, como de “sustancia” y “campo”.

[d] Es importante aquí considerar la consistencia lógica de las aplicaciones, pues el riesgo es pensar que se está incurriendo en alguna forma de “reduccionismo”, cuando, en todo caso, lo que se está haciendo, es exactamente lo inverso, es decir, una generalización de las leyes que se aplican en lo particular en los estados de la sustancia, a las leyes más generales del los estados de espacio, que hacen abstracción de casos particulares, por ejemplo, en el tipo de sustancia.

[e] Y no tanto por la “dificultad” en sí de la teoría, sino por los prejuicios a desarraigar.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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