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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:38

Los Métodos

de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (38).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica,

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 02 dic 10.

 

 

c)      Trayectoria y perspectivas de la enseñanza de la geografía

 en sus dos escuelas fundamentales de pensamiento.

 

Haciendo la crítica a la geografía actual, hemos indicado en el inciso anterior, ya la trayectoria de la geografía fenomenista, y aquí nos circunscribiremos a sus perspectivas.

 

Tales perspectivas las podemos deducir de dos líneas que de hecho se están ya siguiendo con lógica previsible: 1) la tendencia propiamente desmembradora, compuesta por ese grupo de geógrafos más conservadores, que no ve en el desmembramiento, una “absorción de la geografía por otras especialidades”, y contra lo que, no obstante, lucha, rescatando las viejas teorías ambientalistas en las que trata de conjugar lo que ya es un verdadero prejuicio histórico: la relación naturaleza-sociedad; y 2) la tendencia, que aun cuando en la corriente desmembradora, pretende dar una salida más consecuente en la “unidad” de la “geografía radical”, compuesta por la parte progresista de los geógrafos actuales, cuyas posiciones avanzadas están tratando de ser fundadas en el marxismo, y siguiendo el ejemplo, principalmente, de la geografía soviética.

 

Si esta segunda tendencia está destinada al fracaso, ya no se diga la primera, que aún apela al acientífico pasado; y creemos que esa tendencia de la “geografía radical” (con sus propias variantes en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, y más recientemente esbozándose en México), está destinada al fracaso, es porque en general, constituye la respuesta natural de la pequeña burguesía intelectual tan efímera como su posición, que descubre la lucha de clases y la explotación del hombre por el hombre desde las aulas y cubículos de investigación.

 

Esta tendencia se compone de geógrafos avanzados, a no dudar, que han accesado a la literatura revolucionaria de nuestro tiempo, y que buscan en la trinchera de la ciencia geográfica, descargar su conciencia.  Les mortifica y apena inconscientemente el ser miembros de una clase social privilegiada, y en ese sentido se sienten comprometidos –y es es la condición de la geografía que profesan, una geografía comprometida– con la clase social explotada, y que tiene en sus manos el futuro.

 

Son intelectuales que han confundido el carácter departido en la ciencia, con las manifestaciones políticas obligadas para el quehacer científico.  Han confundido el compromiso explícito de la ciencia en su conjunto, respecto de una posición política.  Y, en esa extremización propia del infantilismo de izquierda pequeñoburgués, este grupo de geógrafos excluye de una posición avanzada en la ciencia, a todo aquel investigador, catedrático, estudiante, que no se manifieste públicamente con su posición y acción política, atacándolos y criticándolos de “burgueses”.

 

Las raíces en México de estas posiciones “radicales” extremas, arrancan del quehacer geográfico económico, a través del cual han penetrado en Geografía las teorías del marxismo, en donde una buena partes de geógrafos cree que el marxismo y su método, el materialismo dialéctico, sólo tiene que ver con la problemática socio-económica.

 

Con esto, esta tendencia económico-sociologista en geografía, encuentra un sólido y consistente fundamento teórico-metodológico cognoscitivo, por lo que, la causa de un previsible fracaso no está ahí, como en el caso de la “geografía ambientalista” con fundamento en el positivismo lógico, sino en una deformación de la teoría marxista; enana concepción estructural-funcionalista, cuyos principales ideólogos externos a la geografía, son Luis Althusser, Michel Foucoult, y Herbert Marcus[a], que a través de la escuela francesa han influido en México.

 

Por otra parte, de la tendencia espacista, es poco lo que se puede decir, pues de ella hay una ausencia casi total en las aulas; y hace mucho tiempo que hubiera sido desterrada del saber geográfico, a no ser porque ella es, precisa e históricamente, la que le da contenido científico y una verdadera identidad propia; no es casual, por ello, una agudización reciente y cada vez mayor, de la polémica entre la tendencia económico-sociologista, y esta otra, que dan en llamar “analítica”, pero que incluso en México, va más allá que la inconsecuente tendencia “analítica” en la consideración del espacio; del que dichos “geógrafos analistas” no han sabido hacer, como en nuestro caso, aún suficiente abstracción y generalización; de modo tal que quien esto expone, no se identifica con esa tendencia que, por demás, aún hace concesiones de importancia, como el aceptar la categorización de “espacio social”.

 

No es casual, tampoco, la agudización de la polémica, toda vez que, sin concesiones, hemos puesto al Hombre como un objeto más de la realidad objetiva, y con el debido respeto, pues éste es tratado, primero, como ser social, y segundo, bajo las leyes y teorías propias correspondientes a su estudio e interpretación, sin reduccionismo alguno, sin pretender entenderlo bajo las leyes y teorías biológicas ni “ecologistas”, ni mucho menos mecánicamente a través de la física.  Es decir, reconociendo su importancia y su papel de agente dinámico de la transformación de medio geográfico, mismo que determina el espacio que constituye el objeto de nuestro estudio.

 

Mientras que los geógrafos económico-sociales hacen de su saber geográfico un saber antropocéntrico en un sistema de referencia regional (espacial), nosotros, sin pretender tampoco una actitud copernicana en geografía, hacemos de nuestro saber geográfico, un saber espacial, en un sistema de referencia conformado de las relaciones naturaleza-sociedad (o medio geográfico); en donde el Hombre pasa a ser así, tan sólo un elemento más, necesario y suficiente a describir, del sistema de referencia del espacio geográfico.

 

Si las perspectivas a largo plazo para aquella tendencia, hemos dicho, es estar condenada al fracaso; las perspectivas para la “tendencia” –si así se le quiere ver– de esta corriente de pensamiento históricamente dada, que nosotros hemos denominado como espacista, son, a su vez, a largo plazo, a través de un paso intermedio necesario y natural, a manera de la tendencia “analítica”, que conforme vaya dando respuesta a las necesidades económico-sociales concretas, como lo ha venido siendo en sus necesidades cartográficas, pasará a lo que finalmente el contenido hipotético-deductivo dicte.

 

Quiere decir que, con la pervivencia de esta corriente de pensamiento geográfico, para entonces, en relación con la condena al fracaso de la otra, la geografía fenomenista, ¿esta última habrá de quedar excluida del quehacer y pensar geográfico?  Nosotros respondemos contundentemente a esta cuestionante: No.

 

Ambas constituyen la superviviencia de las dos escuelas fundamentales del pensamiento geográfico en una indisoluble unidad y lucha de contrarios no antagónicos, cuya solución está, en la medida en que la Geografía encuentre en la teoría metodológica cognoscitiva espacial (que incluye su sistema de referencia), su unidad e integridad[b].

 

Así, cuanto más se extinga el polo de la dualidad de las relaciones naturaleza-sociedad, en un sistema de referencia espacial; el polo opuesto constituido por el espacio, no tendrá razón de ser considerado como tal, como un opuesto; sino como un objeto de estudio único en indisoluble vínculo con su sistema de referencia, que permite entender su movimiento y desarrollo.  Quedará dada, por consiguiente, una solución semejante para ambas tendencias históricamente dadas y hasta ahora en contradicción[c].



[a] He aquí aún la imprecisión en los fundamentos más contemporáneos de la teoría del conocimiento en Geografía: aún no ubicábamos a la Escuela de Frankfurt, y subestimábamos al “posmodernismo” como un snobismo de la época y pasajero.

[b] Nos referimos aquí al hecho de que esa geografía fenomenista no continuará existiendo tal cual ha sido, estudiosa de los fenómenos; sino que, dialécticamente, en la solución de la contradicción no-antagónica por subsunción, ésta se transformará, formado parte de una Geografía única en los estudios de los estados de espacio.

[c] Veinticinco años después, al transcribir el mecanografiado de estos apuntes y volver a reflexionar sobre ello y particularmente las predicciones que hacíamos, se hace inevitable esta nota al pie: 1) no nos equivocamos; 2) la geografía fenomenista en general, fracasó; 3) la geografía fenomenista en su forma de “geografía radical”, también fracasó, y mucho antes de lo que pudiéramos haber imaginado; 4) la transición a través de una “geografía analítica”, que suponía un proceso más largo, no ocurrió así por peculiaridades propias de los azares de la historia, en este caso, nuestra salida del escenario, y con ello la usurpación de la teoría y el plagio de nuestras ideas, que se vieron así, “oficializadas” e institucionalizadas en un corto lapso, infinitamente menor al que nos pudimos haber imaginado; y 5) la solución a la contradicción fundamental de la Geografía, vive hoy su propio momento histórico; en la medida en que las nuevas generaciones entiendan la teoría científica del espacio geográfico, el proceso de subsunción empezará, y todo lo demás será cuestión de tiempo. En los últimos cuarenta años, hemos vivido un extraordinario momento en la historia de la ciencia de la Geografía; la próxima década, la segunda del siglo XXI, le toca a la nueva generación, cuya misión bien pudiera ser el culminar este proceso.

 



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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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