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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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6 julio 2014 7 06 /07 /julio /2014 16:04

1822-Agustin-I.jpgLos Pronunciamientos de Insurrección en México desde 1821.  El Plan de Iguala, 1821.  (1/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

24 jun 14.

 

El Plan de Iguala propuesto por Agustín de Iturbide al mando de las tropas realistas del virreinato español, a Vicente Guerrero al mando de las tropas insurgentes que se mantenía en pie de lucha hacía ya poco más de una década, como es sabido, propició el fin de la colonia española en la entonces llamada Nueva España; como tal, en su excepcionalidad, pertenece más al análisis de la Guerra de Independencia que a un pronunciamiento que en cualquier momento puede ocurrir, dadas las justificaciones, en el contexto de un mismo orden de cosas.  De ahí que mencionamos el Plan de Iguala tan sólo como punto de referencia de un nuevo orden de cosas (de un nuevo Estado), respecto del cual habrán de producirse, por diversas razones, una serie de pronunciamientos de insurrección con los que, como veremos, se buscaba, en términos generales, consumar lo que se dio en llamar como: “la verdadera libertad”.

 

Dicha “verdadera libertad”, si bien tenía necesariamente un carácter político, en su esencia se refería al rompimiento con la economía-política virreinal eminentemente bajo el monopolio no sólo de la metrópoli, de España, sino del mismo rey de España, pero consigna para ganar la esencia del modo de producción capitalista naciente en América: la libertad de producir, de vender y de comprar por cualquier ciudadano común, sin taxativas del Estado.  Es decir que, la “verdadera libertad”, era en su esencia, la economía-política llamada: de libre competencia, que implicaba esa libertad de mercado y de comercio.

 

Participaron en aquella lucha de independencia los campesinos, descendientes de las etnias árido-mesoamericanas, sometidas desde el siglo XVI a la esclavitud en el repartimiento y la encomienda, lo que para fines del siglo XVIII se había convertido en las haciendas feudales de renta en trabajo.  Y en esas luchas, estuvieron bajo la dirección e intereses históricos de la primitiva burguesía mexicana naciente, que empujó las reformas borbonas de Carlos III más allá de una modernización que se operaba en la teoría económica mercantilista, impulsando el modelo de la fisiocracia, que reclamaba la apropiación del territorio y de sus recursos naturales, en el sentimiento criollo nacionalista.  Se formó así, de los hacendados criollos, la burguesía nacional capitalista destinada a romper con todos los resabios feudales de la monarquía virreinal.

 

Pero las aspiraciones y anhelos de esta burguesía nacionalista de un capitalismo criollo no podían sino chocar en un enfrentamiento violento, con los intereses de los hacendados monárquico-feudales, principalmente de los llamados peninsulares, no obstante también, de buena parte de criollos con sueños virreinales.

 

Expulsados los españoles, con el mismo mecanismo iturbidista que implicaba el Plan de Iguala (esa tácita toma del poder por los mismos viejos realistas, pero ya ahora en un México independiente), quedó expuesto un estado de transición.  Esos criollos con sueños virreinales en la figura de Agustín de Iturbide, entendieron que podían hacerse del poder en una monarquía propia; es decir, ya no virreinal, sino de su propio imperio, y fue ello la pérfida esencia del Plan de Iguala.

 

Vicente Guerrero tenía que reconocer (en la correlación de fuerzas), la necesidad de esa transición, pero, en ese mismo acto, predestinar la necesidad del pronunciamiento, más tarde o más temprano, de la burguesía capitalista criolla progresista que él representaba, contra la burguesía capitalista criolla conservadora, de aires imperiales, detrás de Iturbide.

 

Todo lo que Iturbide forzó para la proclamación de su efímero Imperio, fue lo que los viejos insurgentes como Vicente Guerrero o Guadalupe Victoria, forzaron para justificar su pronunciamiento de insurrección por la república, no obstante haya tenido que verse envuelta en la trapacería del voluble hacendado Antonio López de Santa Anna.

 

Así, a un año de consumada la Independencia, y a unos meses de proclamado el para entonces ya ridículo Imperio Monárquico de Agustín I, tuvo lugar, en 1822, el Pronunciamiento de Veracruz.

 

 

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