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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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24 febrero 2011 4 24 /02 /febrero /2011 00:01

Geopolítica del Eje del MalPara Entender el Siglo XXI.  Artículo, 2010 (1/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

La Tierra, ≈19ºφN, 99ºλW; 24 feb 11.

 

 

Introducción.

 

Esta página dedicada a la Política y la Geopolítica, debe tener como un antecedente necesario, una visión histórica, por lo menos, de la historia contemporánea del siglo XX, por lo que este artículo, precisamente, lo dedicamos a ello haciendo la síntesis de lo más significativo de dicho siglo, a partir de cuyos acontecimientos se desprende todo el análisis político actual, y en cuyos hechos se elabora la teoría geopolítica.

 

El punto de partida para todo análisis histórico, es considerar la estructura objetiva del conjunto de los hechos definiendo las etapas de su desarrollo.  Así, histórico-políticamente, el siglo XX se desarrolla en el curso de cuatro etapas, la primera de las cuales se inicia con los relevantes acontecimientos de 1905-1906, que tienen lugar tanto en México como en Rusia: el inicio de las revoluciones sociales en las cuales el proletariado es ahora el protagonista.

 

De 1905 a 1920 se desarrolla una primera etapa caracterizada por las revoluciones en México, Rusia y la I Guerra Mundial.  De 1920 a 1945, en una segunda etapa, tiene lugar, con el inicio de la década de los veinte, el Tratado de Versalles, y con él, el nuevo reparto del mundo y la creación de un nuevo orden internacional; junto con ello, lo mismo se da la aparición del fascismo, que la integración de la Sociedad de las Naciones; y hacia el final de la década de los veinte, el crak de 1929, la gran depresión o la gran crisis económica de 1929-1933; pero año último, al mismo tiempo, de la aparición del nazismo, y poco después –se ha dicho así–, con el golpe de Estado de Francisco Franco en España, el ensayo de la II Guerra Mundial con la Guerra Civil Española, tras la cual se habrá de iniciar aquella.

 

La tercera etapa de este período histórico, ocurre de 1945 a 1995, es la posguerra a la II Guerra Mundial, que luego de una década de paz en cuyo lapso se crea la Organización de Naciones Unidas, y se redefinen los nuevos contendientes entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, se da lugar a un nuevo período, que será conocido como del período de la Guerra Fría, que por su importancia particular habremos de descomponer en una serie de subperíodos.

 

Luego de 1995 hasta nuestros días (2010), transcurre la cuarta etapa histórica que constituye ya nuestro momento histórico al hacer este análisis, entendible sólo en función de todos los antecedentes dados durante el siglo XX.

 

Es una historia político-social de lo más esencial y relevante, en función de lo que ha sido, con evidencia objetiva, determinante en el acontecer y en el desarrollo humano.  Subyacente a ello puede haber, y hay, muchas otras historias de segmentos particulares de la vida de la sociedad, unas igualmente reales y objetivas; como lo que pudiera decirse, por ejemplo, de la historia de la religión; pero hay muchas otras historias no-evidentes, cuya realidad y objetividad, por lo menos, quedan en duda, cuando no todo ello es franca superchería; es el caso, por ejemplo, de lo que se pueda decir acerca de una multiplicidad de organizaciones esotéricas e iniciáticas que a partir de vínculos demiúrgicos interpretan el mundo y mesiánicamente se asumen sus salvadores; o la historia de la “Gran Conspiración”, de la cual, no obstante ciertamente existen esos grupos de poder oscuros con esos delirios (como mafias de muchos otros tipos), pero de ahí a que sean los que determinan las relaciones histórico-sociales del mundo, hay más de fantasía por asociación de hechos que realidad objetiva; parte de esas singulares historias que de manera especial caracteriza el período posterior a la II Guerra Mundial, es el vínculo a lo extraterrestre; en medio de un misterio cuasi esotérico, aun cuando con evidencias empíricas objetivas crecientes en el curso de las décadas, y con mucho, tampoco determinante de las relaciones histórico-sociales.  En este artículo, lo real y objetivamente determinante de dichas relaciones, es la lucha de clases sociales, el conflicto de intereses históricamente dados entre una clase social que ya es negación histórica del desarrollo de la humanidad: la burguesía, y otra clase social que es afirmación de la historia humana misma: el proletariado.

 

Ahora el proletariado, en una lucha que le lleva ya siglo y medio, tiene el papel histórico frente a la burguesía, que antes la burguesía, en una lucha que le llevó tres siglos, lo tuvo frente al señorío monárquico feudal; o que antes los jefes tribales y sus feudos, en una lucha que les llevó cinco siglos, lo tuvieron frente al Imperio y los señores esclavistas que los sometían.  Es la historia de la lucha por la emancipación humana, con el ser humano liberándose a sí mismo, en un complejo proceso en que él mismo se ha convertido una y otra vez en su propio opresor.  Cabe esperar; la teoría afirma que así deberá ser, aun cuando la primeras experiencias no lo han confirmado del todo –y en todo caso es asunto de superar la experiencia–, pues si bien en el socialismo no se espera una igualdad social absoluta en tanto aún prevalecen las mismas clases sociales con la diferencia de quién tiene el poder, en su seno, antes que propiciarse el proceso de abolición y extinción de las condiciones que generan la existencia de las mismas, algunos aspectos determinantes, más aún, se han reforzado; pero, no obstante, reiteramos, cabe esperar que emancipado el proletariado del yugo del capital, y extinguida la burguesía en un proceso histórico dado, simultáneamente el proletariado se verá extinguido a sí mismo, y finalmente florecerá una sociedad sin clases sociales.

 

Lo anterior ya no es utopía, como lo fue hasta la primera mitad del siglo XIX, sino es teoría viva y compleja práctica histórico-social de lucha concreta por ello, pletórica de aciertos y reveces del proletariado en su lucha, que marcha en la dirección única del progreso histórico.

 

Hay, no obstante, una dificultad especial.  Marx, Lenin, explicaron que mientras las condiciones feudales nacieron y se desarrollaron en el seno del régimen esclavista; o que mientras las condiciones capitalistas nacieron y se desarrollaron en el seno del régimen feudal; las condiciones socialistas no nacen ni se desarrollan del todo en el seno del régimen capitalista; luego entonces, superar esta dificultad, no sólo supone el acto revolucionario común en todos los casos (como la toma de Roma por Odoacro, o las revoluciones burguesas dirigidas primero por Guillermo de Orange, o después por Oliverio Cromwell, o más tarde culminando con la Revolución Francesa de 1789 para acabar consolidando el régimen capitalista), ni sólo supone la instauración de facto, en el proceso mismo (como si de la nada), de las condiciones del régimen socialista; las cuales, sine qua non, son básicamente tres: 1) la abolición de la propiedad privada de los medios sociales de producción (tierras, fábricas, medios de transporte y comunicación); 2) el establecimiento del Estado socialista, en la condición del proceso de extinción de sí mismo heredando una sociedad autogestiva; y 3) la generación de las condiciones por las cuales la burguesía (y con ello el proletariado como clase social misma) entrará en un proceso de extinción.  La objeción del desarrollo del socialismo desde el seno mismo del capitalismo, supone aún, algo grave y delicado: de no ocurrir en corto plazo ya, lo que estará en juego –si no es que ya lo está, y que de continuar las mismas condiciones del capital, será irreversible luego de mediados del siglo– será la extinción de la especie humana en la impotencia del capitalismo para resolver las necesidades de ella; de su población creciente, de la evidencia de su mayor orden de complejidad en la organización social mundial, del desarrollo tecnológico necesario y el necesario equilibrio y estabilización de la naturaleza y sus recursos.

 

Este problema se detectó plenamente ya desde los años setenta del siglo XX, pero entonces no sólo se veía lejano este momento, sino había optimismo en el desarrollo del orden socialista.  Con el derrumbe de éste al terminar la década de los años ochenta, desapareció todo espejismo y quedó a la vista de todos esa angustiante realidad.  En su solución no hay teoría que valga, ni de “socialista” alguno, ni mucho menos de la intelligentisia burguesa.  Su pasmo, más bien, es ya evidente: la solución no es otra, que el derrumbe del capitalismo; y ese es el gran problema real; lo saben, pero no ocurrirá por la buena voluntad de nadie, pues antes al contrario, poderosos intereses como nunca antes en la historia, tiran en sentido opuesto…, y condenan a la humanidad.

 

Y como lo dijera Marx en una carta dirigida a Kugelman con motivo de los acontecimientos de la Comuna de París, en las condiciones hacia el final del siglo XIX, <<no queda más que confiar en la iniciativa histórica de las masas>>.

 


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