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Thursday 24 february 2011 4 24 /02 /Feb /2011 01:02

Geopolítica del Eje del MalPara Entender el Siglo XXI.  Artículo, 2010 (2/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

La Tierra, ≈19ºφN, 99ºλW; 28 feb 11.

 

 

Los Antecedentes Inmediatos del siglo XX.

 

En una carta de Engels dirigida a Adolphe Sorge (fechada en Londres en 1874), con motivo de la salida de éste de la Internacional que para entonces veía agotado ya su prestigio, Engels escribe un pasaje desconcertante: “la Internacional ha caducado en su vieja forma.  Para crear la nueva Internacional a semejanza de la vieja, para crear una alianza de todos los partidos proletarios de todos los países, sería necesario que se produjese una represión general del movimiento obrero análoga a la de los años 1849-1864.  Pero el mundo proletario es ahora demasiado grande, demasiado extenso para que eso sea posible”[1].

 

La cita es extraordinariamente interesante por dos razones: 1) la necesidad de la represión para lograr la cohesión del proletariado internacional, lo cual el mismo Engels no cree posible dado lo numeroso y extenso que es ya el movimiento proletario; y, 2) la caducidad de la Internacional en su vieja forma.  En 1874 en que Engels redactaba esa carta, éste veía con toda certeza ya el fin de una época histórica, pero lo que no podía imaginar, era que aquello que veía como necesidad aun cuando imposible, finalmente ocurriría: esa represión general al proletariado, alienado con el patrioterismo chauvinista, dada finalmente con la I Guerra Mundial entre 1914-1918.

 

Pero, ciertamente, con la caducidad de la Internacional en su vieja forma, terminaba una época; el nuevo momento histórico estaría ahora dominado por la llamada pax bizmarquiana (1882-1891).

 

Pero esa pax bizmarquiana fue el caldo de cultivo de las condiciones que determinaron los acontecimientos y características del siglo XX: el surgimiento de los movimientos unificadores del paneslavismo, del pangermanismo, y del irredentismo, como movimientos nacionalistas en los cuales se fraguaría el extremo patrioterista del chauvinismo, condición sin igual que caracterizará la nueva gran represión en la guerra internacional; y el colonialismo, como condición de necesidad para el capitalismo monopolista que vivía la II Revolución Industrial[a], y que buscaba acaparar fuentes de materias primas y mercado.

 

Parte de ese período estuvo con la sucesión de Bizmark a Guillermo II, cuyo nuevo período se caracterizará por el inicio de las guerras locales como entre China y Japón, Italia y Etiopía, o Estados Unidos y España.  En 1905 todo estaba preparado, y comenzó la gran represión y su respuesta en la nueva unificación del proletariado.

 

 

I Etapa: 1905-1920.

 

La II Revolución Industrial que impulsaba adelantos y el desarrollo del capitalismo, por un lado chocaba con los resabios de la formación económico-social feudal, pero por otro, se resolvía con una descomunal explotación del trabajo asalariado.  Con ello se explica el movimiento proletario de principios del siglo.  El proletariado estaba interesado no sólo en terminar con el rezago feudal de la sociedad, sino en erradicar la explotación capitalista.  Para principios del siglo XX el proletariado había pasado ya por una amplia experiencia histórica de organización y asimilación de su propia teoría para la reorganización social: la teoría del comunismo, y la combinación de esos factores, determinaron los acontecimientos de ese momento histórico.

 

En Rusia, en 1883, justo a la muerte de Marx, se crea el primer grupo marxista que se organiza en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), con el cual surge el movimiento revolucionario de 1905, que impulsa los cambios del zarismo autocrático que se ve obligado a abrirse a una organización más democrática de la Duma de Estado, más aún tras su derrota en la guerra con Japón.  Prácticamente, esa insurrección en Rusia ocurre al mismo tiempo que en México se inicia la revolución proletaria anarquista de 1906 convocada por el Partido Liberal Mexicano dirigido por el magonismo.

 

Estas luchas revolucionarias del proletariado continuaron en permanente agitación.  La lucha proletaria anarquista en México se prolongó hasta converger en 1910 con la revolución democrática burguesa maderista de 1910, y ello se proyectó hasta 1917 con la derrota del movimiento proletario anarquista y el triunfo de la revolución democrático-burguesa.

 

En ese lapso se desencadenó la I Guerra Mundial de 1914-1918 (la gran represión al proletariado que Engels había anunciado y creía imposible).  Las luchas internas del capitalismo por el colonialismo y la apertura de mercados a principios del siglo XX eran ya a tal punto intensas, que sus guerras locales desembocaron necesariamente en la guerra internacional. México no intervino, pero sí afectó directamente en el movimiento proletario en Rusia, que –como lo predijera Engels– bajo aquella gran represión, se reorganiza, y así se condujo directamente a su Revolución Democrática de febrero de 1917.

 

En Rusia, las luchas proletarias iniciadas en 1905, se prolongaron incesantemente hasta febrero de 1917, en que, dirigido el movimiento proletario por el socialismo, cae el zar Nicolás II, se nombra un primer Gobierno Provisional que a su vez pronto se deshace, y ocupa el poder Alejandro Kerensky integrando un segundo Gobierno Provisional, que se enfrenta al intento del golpe de Estado de Kornilov, y a las exigencias del Soviet de Petrogrado del retiro de la guerra de Rusia y la democratización de la Duma con la participación de los representantes de los Soviets.  Entre febrero y octubre de 1917, Lenin, dirigente de la Revolución, gira la consigna de “Todo el Poder a los Soviets”, y en una insurrección por asalto, los bolcheviques se hacen del poder.  El Gobierno de Kerensky a su vez se derrumba, y aparecía el primer Estado socialista de la historia.  A diferencia de México, en Rusia era derrotada la democracia burguesa y triunfaban los socialistas.

 

 

II Etapa: 1920-1945.

 

La siguiente etapa histórica estuvo caracterizada en su inicio, por el surgimiento del fascismo con Mussolini en Italia en 1919, y la formación de la Sociedad de las Naciones en 1920.  Ese año terminaba la guerra civil en Rusia, que más bien fue una guerra de intervención internacional, de la que aquella salió triunfante.  Lo significativo, pues, desde 1920, es que a partir de entonces, el movimiento de la historia quedará determinado por la contradicción, ya no del imperialismo capitalista monopólico entre sí, sino ahora entre el naciente proyecto del proletariado en el Estado socialista, frente al viejo proyecto burgués del Estado capitalista[b]; en 1922, Hitler da a conocer su proyecto nacional-socialista (el nazismo), y en 1923 intentó un golpe de Estado fallido.

 

El Estado proletario socialista comenzaba a desarrollarse bajo la dirección de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, pero pronto, en 1924, éste muere cuando apenas comenzaba la integración de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), y es sucedido en el poder por José Vissariónovich, Stalin.

 

Pero el segundo lustro de los años veinte dieron una cima al capitalismo, que estalla con el llamado “crak de 1929”, la gran crisis económica del sistema.  Para 1925 en Estados Unidos se funda el Ku-klux-Klan, y en Europa aún continuaba a la vista la destrucción de las ciudades durante la I Guerra Mundial terminada siete años atrás, y con ello la crisis social generalizada; no obstante en ese segundo lustro, de manera acelerada en una política económica consumista, se dio la recuperación, que, finalmente, en un descenso de exportaciones, se genera la sobreproducción y se choca con la crisis de 1929.

 

Entonces ocurre lo vergonzante; en las sociedades capitalistas, la burguesía, ante sus temores por el progreso y el “avance del comunismo”, acoge como salvación tanto al fascismo como al nazismo, que, por lo demás, ambos habían ganado un ascendiente entre las masas nuevamente con el argumento del nacionalismo chauvinista que hacía renacer su identidad.  El capitalismo había dado de sí todo lo que podía, a partir de entonces, conservarse en el poder sería sólo por acto de fuerza mostrando la verdadera naturaleza del imperialismo, representado en las figuras de Mussolini y Hitler.

 

En Italia, Mussolini marcha sobre Roma y al final se hace del poder.  Hitler sale de prisión, el nazismo es legalizado, y al final, a la muerte de Hindenburg en 1934, Hitler se hace del poder.

 

Desde 1933, se ha iniciado el rearme, que Alemania lo hace con emisión monetaria sin respaldo (las “Letras del Estado”), pero que en última instancia, se pagaría con el despojo a los judíos iniciado en 1938; y la Sociedad de Naciones comienza a mostrar su inutilidad.

 

En 1936 tiene lugar en China la Larga Marcha de Mao Tse Tung, y poco después el inicio de la invasión japonesa en Manchuria; a su vez, ocurre el golpe de Estado de Francisco Franco en España, preludio de la guerra internacional que se aproximaba.  La Guerra Civil Española estaba en marcha y no terminaría sino hasta 1939.  En este último año, Alemania se apodera del Corredor de Danzing, y se inicia la II Guerra Mundial que concluirá hasta 1945.

 



[1] Engels, F; Engels a F.A. Sorge; 12-17 de Septiembre de 1874; en “Marx-Engels, Obras Escogidas”, II Tomo; Editorial Progreso, Moscú, 1971; p.480.

[a] Esa carta de Engels a Sorge de 1874, tiene un complemento interesante en el hecho de que, un año antes, en 1873, se ha inventado la Maquina de Escribir, que referimos dado que, cuyo equivalente a fines del siglo XX, será la invención de la computadora; ambos elementos tecnológicos determinantes de cambios sociales.

[b] Esta contradicción no es producto de un “error histórico”, como han llegado a afirmar los historiadores y analistas burgueses (como, a pesar de todo, no lo fue tampoco ni el fascismo de Mussolini, ni el nazismo de Hitler), sino una contradicción histórica sobresaturada de propaganda anticomunista (no casualmente), generadora de enormes prejuicios no sólo acerca del socialismo y el comunismo en general, sino acerca de sus protagonistas, en particular de la figura de Stalin, analizado siempre fuera de su contexto histórico; por lo que un análisis, particularmente del papel histórico de Stalin, se hace obligado para redondear la comprensión de esta contradicción histórica fundamental que determina nuestro momento actual, y a lo que le dedicaremos artículo aparte.

 



Por Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - Publicado en: Geopolítica
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