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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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24 febrero 2011 4 24 /02 /febrero /2011 00:06

Geopolítica del Eje del MalPara Entender el Siglo XXI.  Artículo, 2010 (6/6).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

    14 mar 11.

 

Habíamos dicho más arriba que George Bush, en un discurso en West Point a principios del año 2001, había anunciado la “Etapa Geoestratégica Político-Militar de la Guerra Preventiva”, y que con ello, en el extremo de la política del “enfrentamiento directo”, se daban ahora la libertad de atacar unilateralmente; y cuya esencia geopolítica era el enunciado de la existencia de un “Eje del Mal”.  Unos meses después (y muy consistentemente con todo lo que se venía planteando en geoestrategia y geopolítica), en septiembre de ese mismo 2001 ocurren los acontecimientos de las Torres Gemelas de New York (puesto en evidencia como un acto terrorista de Estado en un autoatentado para justificar lo que seguiría).   Lo que siguió luego, fue la invasión a Afganistán, y el recrudecimiento del conflicto palestino-israelí.  Comenzaba así la nueva etapa, la etapa del momento o situación actual.  Poco después, en 2003, vino la invasión a Irak por los Estados Unidos, y de entonces a 2010, el centro de la atención se dirigió a China, y vinculada a ella, los acontecimientos de Corea del Norte, del conflicto Indo-pakistaní, de los países del centro de Asia, y especialmente, de Irán.

 

El mapa geopolítico del “Eje del Mal”, muestra a China como parte del mismo; más aún, Estados Unidos no tuvo reservas en declararlo así explícitamente en la lista que ofreció de sus integrantes.  Incluso fue provocada cuando el ejército norteamericano bombardeó “por error” la embajada China en Irak.

 

Si la situación actual está caracterizada por la relación Estados Unidos-China, ello difícilmente puede creerse como un problema suscitado de pronto en el segundo lustro de la última década, donde en realidad sólo se manifiesta ya cada vez más abiertamente.  La “carrera económica” del desarrollo de los Tratados Comerciales de las potencias imperiales, enfrentó, ya activamente desde la segunda mitad de los años noventa, un tercer actor: China, pero la que en realidad ya estaba ahí potencialmente desde los años ochenta.  Esto es, que, todo cuanto ha ocurrido en el curso de los años noventa y primera década de los dos mil, gira, geoestratégicamente, en torno a la relación Estados Unidos-China.

 

Como quiera que la compleja historia de China, finamente, para los propósitos de este artículo sobre la situación actual, nos interesa retomarla del momento de la reforma que se operaba en el régimen de Mao Tse Tung a su muerte (1976), a partir de 1977 con el arribo al poder de Hua Kuofeng, entre cuyos ministros estaba Deng Xiaopimg, a cargo del Comité Militar.  En 1980 Kuofeng es sustituido en el poder por Yaobang y Ziyang, quienes impulsan un cambio en la política económica, a la que denominaron, de “Las Cuatro Modernizaciones” (en la industria, en la agricultura, en la ciencia y tecnología, y en las fuerzas armadas), en un modelo económico que dejaba de ser socialista, y al que, por su parte, no sin cierto eufemismo para cubrir las apariencias, llamaron: “economía socialista de mercado”, conocida ampliamente con el lema de “Un País, Dos Sistemas”; evidentemente, una incongruencia que disfrazaba una vuelta al capitalismo.  No obstante, ello detonó el crecimiento al ritmo del 10% anual por toda la década de los años ochenta.  Obviamente, ello no fue producto del capitalismo en abstracto, sino de la misma “magia” que operó en la recuperación de Alemania o de Japón tras la II Guerra Mundial: los créditos y las inversiones.

 

Esa apertura en lo económico, parecía anunciar su equivalente en una apertura en lo político, y aquí es donde estuvo la diferencia y lo extraño y complejo en el entendimiento de China.  Quienes creyeron en ello, más aún en la dinámica de la Perestroika, fueron reprimidos en 1986, lo que favorece la apertura económica y las inversiones extranjeras.  Volvió el capitalismo, y con él, todos sus vicios, la injusticia y la desigualdad social.

 

Diez años después, en 1995, se inicia la guerra comercial Estados Unidos-China (empezando por las amenazas en las tarifas de importación de Estados Unidos, a lo que China responde de manera equivalente; para 2003, estando ya China en la OMC, se recrudeció el conflicto arancelario del acero).  En 1997 Jiang Zeming arriba al poder, y se anuncia la vuelta a la privatización de las 370,000 empresas estatales, que empleaban a 70 millones de personas, con lo que la esencia socialista se pierde.  Para el año 2001, ya se había privatizado el 50% de ellas.

 

En 2002, el poder pasa de Jiang Zeming a Hu Jintao, y en ese tránsito, China se integra a la Organización Mundial del Comercio (OMC), y se aplica la medida que completa el viraje al capitalismo: Zeming anuncia que la nueva China se funda ahora en los empresarios y financistas.  Se rompe así, el compromiso del Estado para con la sociedad en su conjunto.  El resultado fue la paradoja del “Partido Comunista” Chino, en manos de los capitalistas.

 

Las relaciones conflictivas Estados Unidos-China, que hasta el final de la década de los setenta fue en la contradicción capitalismo-socialismo; a partir del inicio de la década de los ochenta, se transformó en una contradicción simple entre potencias económicas capitalistas en una guerra comercial, o simple lucha de mercado, misma que, ciertamente, conforme el desarrollo de China, ello va inclinando el fiel de la balanza a su favor, lo que en proporción inversa, amenaza el dominio capitalista tanto de la Unión Europea, como de los estados Unidos, que a partir de fines de 2008 comienzan a vivir una crisis económica permanente, que para el cumplimiento de su ciclo en el 2012, amenaza ya con una gran crisis final que puede traducirse como desencadenamiento de la guerra comercial en guerra armada, y cuyos escarceos han empezado a verse ya hacia fines de este año 2010, con la agudización del conflicto entre las Coreas, e incluso el lanzamiento de un misil de China lanzado por un submarino (al parecer sin estallar), sobre la zona costera del pacífico de los Estados Unidos.  Por lo demás, el potencial de mano de obra de China, por un lado, y el agotamiento de los tratados comerciales de la economía monopolizada por Estados Unidos y la Unión Europea por otra parte; donde, al finalizar el año 2010, comienza a verse la expansión de las revueltas sociales por todo tipo de insatisfacciones; inexorablemente condena a éstos, y proyecta a aquella en corto plazo como la futura gran potencia económica y política mundial, que en función del abasto energético y su seguridad fronteriza centro-asiática, tendrá a Rusia como su gran aliada histórica.

 

Un factor más de relevante importancia que surge en estos últimos días del 2010, es el detonante de lo que, irremisiblemente, habrá de ser una reconversión tecnológica generalizada: finalmente, a iniciativa de Japón, se introducen al mercado los automóviles eléctricos, lo que marca así, el fin de una Era, la Era del Petróleo, abriendo la perspectiva del uso de todo tipo de energías alternativas, hasta la llamada “energía libre”, de “punto cero”, o energía del vacío.  Quizá, y pensándola bien, muy seguramente, la idea sea adelantar a China en la ley económica de la cuota de ganancia; y, en todo caso, ello dará un margen de vida al capitalismo occidental pero no por mucho tiempo; por último, todo se sumará para su fin.

 


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