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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 22:02

01-Atrapado-y-sin-Salida.jpg“Periquín Plumero”, o la ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.   Introducción (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

05 jul 13.

 

Introducción.

 

Durante los años setenta, al calor de aquellas luchas en que hombres y mujeres participábamos al unísono por la “igualdad”, la “liberación femenina”, o “la emancipación de la mujer”, etc; ya desde entonces definido como marxista sempiterno (palabra elegante que quiere decir, “eternos”), pero en aquellos tiempos, se entiende, de un marxismo, si no vulgar, sí bastante primigenio, buscaba los fundamentos teóricos de ello, correctamente por sus causas, en la economía política, es decir, en cómo el modo de producción económico-social, determina sobre la vida social y la historia misma; y entendíamos plenamente la justedad de esas luchas, pues la lucha por la emancipación de la mujer, es la lucha por la emancipación de la sociedad;  y diremos con Marx y Engels: “el proletariado no puede emanciparse, sino a condición de emancipar a todo la sociedad”[1].

 

Pero el problema real, de fondo, consistía en entender, aún en un nevo estado de cosas, bajo una nueva organización social: 1) en qué consistía en esencia (no por la revolución y una nueva sociedad efectiva y mucho menos por las manifestaciones del fenómeno dado en aquellas luchas como tales), esa emancipación, y 2) cómo lograrla (más allá de solazarnos con aquellas maravillosas minifaldas).

 

Por esos tiempos, éramos ya estudiantes de a Facultad, y aquello que para nosotros apenas unos años atrás, desde el 68, era sólo un problema teórico formal, pronto, con nuestro matrimonio, se nos transformó en un vivo problema de necesidad de solución práctica.  Y por más vuelta que le dimos a la economía-política e incluso a teoría social y política, todo ello resultó insuficiente para poder explicar ese aspecto esencial, de en qué consistía esa emancipación de la mujer y cómo lograrlo.

 

Una década después, ya a principios de los años noventa, resolver ese problema se hizo un asunto vital (y aquí le doy un trato personal, pero es evidente que ello era un problema generalizable a toda una época y una generación biosocial).  Mientras hubo el dinero suficiente como para disipar las contrariedades de la vida, ese problema estuvo ahí latente, inmerso en el marasmo de insuficiencias teóricas.  Pero bastó la crisis económica de 1994-1995, para que ello se sumara al descomunal desastre no sólo personal, sino social.

 

Dada la necesidad y su urgencia, no encontrando fuentes de donde abrevar una explicación a la situación, nos pusimos a teorizar por cuenta propia.

 

Por entonces, segundo lustro de los años noventa, impartíamos cursos  en la Escuela Particular Normal Superior del Estado de Morelos, en cuyos grupos dominaban numéricamente las mujeres.  Durante los años 95 y 96, nos elaboramos intuitiva y espontáneamente a partir de la experiencia propia, la posible explicación del problema centrado en la relación entre los sexos (palabra que quiere decir, “segmentos” o “separaciones”, en este caso, de la humanidad en dos seres con órganos biológicos y funciones distintas), relación sexual o entre los sexos, o sea, relación entre esos segmentos, por la cual no debe entenderse reducidamente el puro acto reproductivo, sino, rompiendo prejuicios, todas las relaciones de todo tipo entre la mujer y el hombre en tanto su condición biológica natural, y en donde las relaciones sociales constituyen un factor externo.

 

Dicho énfasis último no es un rebuscamiento del problema, sino, como la experiencia nos lo hacía ver, un aspecto esencial para la comprensión del fenómeno.  En otras palabras, para entender el problema de la emancipación de la mujer como parte de la emancipación del proletariado y de la sociedad, por un momento, didácticamente, omitamos ese factor externo de las determinaciones sociales, y analicemos y juzguemos el caso exclusivamente por las condiciones biológico-naturales entre la mujer y el hombre.

 

Hicimos pues, con aquellos grupos de estudiantes ya de los años 1997-1998; primero tímidamente, como es lógico suponer, y luego ya de manera muy explícita y directa, un ejercicio de reflexión sobre el punto esencial e todo esto, que en ese momento nosotros mismos entendíamos apenas vagamente de manera intuitiva.

 

Primero, en la presencia de todo el grupo académico, hacíamos a las mujeres dos preguntas: 1) si en nombre del amor (lo que entendiesen por ello, que sería un máximo valor), ¿estarían dispuestas a entregarse en esclavitud (por lo que ello exactamente debe entenderse), al hombre que amasen?; y, 2) si, en nombre del amor, ¿desearían en esclavitud al hombre que amasen?

 

Piénsese en ello, dese una respuesta, y confrontémoslo más adelante.  Debo decir que nuestra hipótesis se verificó tantas veces hicimos el ejercicio, por lo que, en general, esas respuestas pudiéramos anticiparlas de nuestra parte, incluso, aderezadas de los sentimientos y las causas de los mismos que les envuelven.

 

Luego, en las mismas condiciones, hacíamos exactamente las dos mismas preguntas a los hombres, ahora, respecto de la mujer.  En ambos casos se verificaba lo esperado (con lógicas excepciones), que respondían a nuestro intuitivo sentir.

 

En ese último año en que estuvimos en dicha institución, 1999, circunstancialmente se nos dejó un curso de Filosofía para estudiantes de Bachillerato.  El programa comprendía todos los temas generales de la filosofía: su historia, la teoría del conocimiento, la lógica, la ética y la estética.  Y he ahí que ese curso nos sirvió: primero, para acabar de entender la lógica; y segundo, sorprendentemente, para darnos cuenta de que ese problema esencial de la emancipación social que pasa por la emancipación de la mujer, si bien tenía una determinación económico-política, su solución, en esencia (que sólo podrá ser así en una nueva sociedad socialista), pertenecía al campo de lo ético-estético.

 



[1]        Marx-Engels; Manifiesto del Partido Comunista; Editorial

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