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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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25 agosto 2013 7 25 /08 /agosto /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial. 1 El Amor y la Libertad (4/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

 

1        El Amor y la Libertad.

 

a)      El problema del amor y la libertad.

 

El amor (de ad, hasta; y morem, muerte; <<contigo hasta la muerte>>), es, sin duda, uno de los sentimientos más poderosos del ser humano.  Su experiencia real no es transferible, y de ahí que las formas de su expresión sean infinitas.

 

Para los efectos de esta exposición, identificaremos ese poderoso sentimiento con el máximo valor moral humano: la libertad.

 

Si bien el amor puede referirnos a varios aspectos, como el amor filial (a la familia), el amor fraterno (a las amistades), el amor propio (la autoestima),el amor a Dios (la mística), o el amor erótico (el amor entre los sexos), de todos ellos nos limitaremos a hablar aquí de de ese último, referido a la finalidad reproductiva, y, por lo tanto, al aspecto biosocial y el más irracional de las variantes de ese sentimiento.  En todas esas formas del amor, el fin último es la libertad.  El amor a los  hijos se consuma en su libertad, el amor a las amistades se cifra en su libertad, el amor propio cristaliza en la decisión de luchar por ser libres, el amor a Dios es precisamente el amor a la libertad misma; y así, el amor erótico debe entenderse, en su placer, como o una expresión de la libertad; pero más aún, el amor erótico como el pasional amor al otro, se constituye en esencia como el otorgamiento mutuo de la libertad.

 

Si se reflexiona en el hecho de cómo entender qué es la libertad, se derivará necesariamente a una de tres opciones que se han dado en la historia de la filosofía: 1) en que libertad es autodeterminación, es decir, el que cada cual pueda hacer lo que quiera y como quiera; 2) en que la libertad es posibilidad de la voluntad, esto es, el que si nos proponemos ser libres lo seremos, bastando para ello la voluntad suficiente, de modo que mi libertad sea hasta ahí donde es la libertad del otro; y 3) en que la libertad es conciencia de la necesidad, es decir, entendiendo por esa condición de necesidad, la solución de los problemas que la obstaculizan e impiden su realización, ganándose cada vez más, incluso históricamente, en grados de libertad.

 

En la primera solución existen dos objeciones: el que  el único ser con capacidad autodeterminativa absoluta en su libertad, será Dios (lo que hace a esta opción una solución metafísica teísta),; y que esa autodeterminación entre los humanos, se equipararía al caos.

 

En cuanto a la segunda opción, más allá del fundamento filosófico existencialista, esa es la base del derecho en el ejercicio de la libertad de nuestra sociedad actual.  Pero la objeción que encuentra, en el orden filosófico, es que, dada su expresión jurídica, cómo puede hablarse de libertad, ahí donde reina el principio de coerción; de ello resulta, pues, en los hechos, una “libertad a medias”.  Aquí la libertad no es absoluta, sino relativa, en tanto bajo coerción, que por definición niega la idea misma de la libertad.

 

Así, existe la tercera opción de la libertad como conciencia de la necesidad, que surge en el pensamiento materialista de la época de la Ilustración, con B. Spinosa, es retomado en su sentido idealista filosófico por Hegel, y replanteado en forma dialéctico-materialista por Marx.  Para Espinosa, bastaba el acto de conciencia de la necesidad para alcanzar la libertad, pero Marx observó que por más conciencia que  el esclavo tuviera de aquello que lo sometía, seguiría siendo esclavo en tanto no luchara por romper sus cadenas.  En consecuencia, para Marx, el acto de conciencia supone, incluso, la lucha por la libertad, superando lo que se le  opone.

 

Por supuesto, en este ensayo, compartimos esta tercera opción; y si en ella equiparamos el amor a la libertad, tendremos que entender, a su vez, el amor, como esa conciencia de la necesidad.  O, dicho de otra forma, para que el amor sea como libertad, no basta que se exprese como sentimiento (en el ideal platónico), sino que, para realmente ser, tiene que luchar para derribar todo cuanto le niega y se le opone.

 

En las otras opciones, el amor como libertad, o no pasa de ser una idea irrealizable, o se convierte en un asunto de negocio y de convenio de derechos.

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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