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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial. 1 El Amor y la Libertad (5/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

 

1        El Amor y la Libertad.

 

 

b)      El concepto de libertad en la relación biosocial.

 

Al partir del concepto de libertad entendido como la conciencia de la necesidad, que, como hemos visto, en Marx es la <<conciencia de lucha en la necesidad>>, consideremos, pues, la relación biosocial que supone el trato entre las dos grandes segmentaciones del ser humano, es decir, el trato entre mujeres y hombres.

 

Si hemos asentado el concepto de biosocial, es para especificar una relación compleja, de por lo menos dos componentes: la naturaleza biológica de los seres humanos, tratable en términos de su conducta en tal sentido: natural, y por la que debemos decir, sin reservas, en su conducta animal (en ese sentido aristotélico del “zoon politikon, o animal racional, pero en donde deliberadamente suprimimos precisamente la parte racional); y la naturaleza o esencia social de los mismos, tratable en términos de su conducta moral, que es la forma racional más elevada de las relaciones sociales.

 

Nos hemos de referir, en consecuencia, a la conciencia de la lucha en la necesidad de nuestras relaciones sexuales (naturales, animales, irracionales), determinadas por nuestras relaciones morales (humanas, racionales).  Lo que ello establece, para decirlo en pocas palabras, es esa situación extraña (que suena a moralina pero que no tiene nada que ver con ello), en el deber ser en nuestras relaciones sexuales (eróticas).  Ese deber ser, es precisamente la conciencia de la necesidad que para superarla realmente en la libertad (para que verdaderamente se realice en la libertad), debe, como condición primera de toda condición, ser consciente de su naturaleza misma; esto es, racionalizar el hecho, pero para dejarlo ser en su naturaleza, en la naturaleza de su primitiva conducta animal, entendiendo, primero, que debe ser así, y segundo –en lo que aquí nos centraremos, en cómo debe ser, entrañando la paradoja desconcertante de la necesidad, para que se realice en su libertad.

 

Eso último es el problema de esencia (justo eso es lo tan escabroso en este asunto, como lo fundamentalmente necesario a entender); la paradoja desconcertante de la necesidad; pero no entendida ésta como el acto sexual en sí (que no tendría nada de paradójico ni desconcertante), sino algo que se presenta como necesario en él mismo, y que, no obstante, ningún sexo lo resuelve en consecuencia, cometiendo ambos el error de trasladar equívocamente, ya las relaciones sexuales (naturales, biológicas, irracionales, animales), a las relaciones sociales (morales, racionales, originando el “machismo”), o ya las relaciones sociales (de la conducta consciente), a las relaciones sexuales (de la conducta inconsciente, dando lugar al “feminismo”).

 

Digámoslo ahora desde aquí, en bruto, tal cual es esa paradoja, aun cuando por su crudeza se rechace –que justo es lo que socialmente está ocurriendo–, esperando que en la argumentación subsiguiente podamos elaborar la argumentación demostrativa, y convincente, más clara.

 

Así, de lo que se trata en la relación sexual erótica, es de la más brutal posesión masculina, que se apropia, que hace de su propiedad y su pertenencia, que se adueña, que domina; y que en contraparte se da la más bella y delicada entrega femenina, que se da, que se regala, que se obsequia a sí misma en la más absoluta sumisión y por voluntad propia, en una suma de erótica esclavitud.

 

Mientras ello es así en lo biológico natural, la libertad –y he ahí lo paradójico– se realiza.  El problema se presenta cuando a esa relación bilógica natural que es así, se traslada la relación social en donde la conducta moral impone la dignificación del individuo, y hace incluso inaceptable el acto sexual mismo expuesto así; pero que siendo una necesidad, este se efectúa en lo insatisfactorio de una normatividad que no le corresponde, cuando no, incluso, se vuelve mero acto de conveniencia y comercio.  Y todo ello, cuando antes, en el equívoco opuesto, se ha hecho lo inverso: se ha trasladado a la relación social (esencialmente de relaciones morales), las características de las relaciones sexuales (de posesión, de dominio).

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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