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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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18 agosto 2013 7 18 /08 /agosto /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Introducción (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

Hasta los años noventa, pudimos notar un alto grado de eticidad en la mujer en su relación para con el hombre.  Luego tendió a perderse ese carácter, a pesar de que la respuesta masculina se fue equiparando cada vez más a la de la mujer, aun cuando, ciertamente, con un dejo, más de halago que de convicción ético-estética, lo que es fácil entender ya como reacción a la nueva actitud de la mujer, ya como consecuencia de la ausencia de fundamentos teóricos en el conocimiento ético-estético.

 

El resultado final hacia los primeros años de la segunda década del siglo XXI, es que lo ético-estético existente de manera natural en la mujer (sin que tuviera que ser consciente de ello), se ha perdido, y en el hombre, si en algo se había ganado en esa ética-estética, no pasó de ser en calidad de un halago como reacción, que, más aún, sin respuesta positiva, ahora todo ello en su conjunto se muestra en un rechazo mutuo.

 

Finalmente, paralelo a ello, se van incrementando los homicidios de mujeres en el argumento de “por ser mujer” (los llamados “feminicidios”), y la agresión violenta a la mujer por el hombre, ya desde el ámbito de la educación básica (en inglés, el llamado “bullying”, o acoso escolar), mucho del cual no ocurre bajo una actitud sumisa y resignada e indefensa de la mujer, sino en una circunstancia de desafío a la masculinidad, que tanto tiende a incrementarse, como a ocurrir cada vez a menor edad.

 

Al final, socialmente, todo ello ya no es un asunto de educación moral de los jóvenes, sino el reflejo en ellos de una descomposición social generalizada ya no corregible vía su moralización, sino mediante una reorganización social absoluta y de fondo.  Pero, volviendo al ámbito biológico natural en que hemos venido tratando este problema, ciertamente cabe aún considerar una función moral en los jóvenes, tal que marque nuevos rumbos de manera consciente.  Planteado aquí en términos de una ética nicomaqueana, la sola lectura y una reflexión por superficial que fuese, hará cumplir el propósito “periquín-plumífero”.

 

Una aparente dificultad se atraviesa en este propósito nicomaqueano: la inexperiencia, y por lo tanto el desconocimiento en los jóvenes veinteañeros, de lo que es el amor.  Pero ello es sólo aparente, ciertamente es un poderoso sentimiento que debe dejarse a su tiempo en la experiencia propia.  Pero el amor, para efectos prácticos en el tratamiento en este artículo, es equivalente al concepto de libertad, si bien en donde se pierde la parte erótica, pero no su esencia ético-estética, que es la que nos interesa, tanto de una libertad que se quiere por uno mismo para sí mismo, pero de la que se debe estar consciente de que se gana para sí, para uno mismo, en la medida y proporción en que se gana, especialmente, para los demás.

 

De ahí que un primer punto que se analiza es el del concepto de libertad.  Luego de tres posibles opciones en ello: 1) la libertad por autodeterminación, la libertad por posible voluntad, y la libertad como consciencia de la necesidad, tomamos partido por este último concepto, que se analiza en el segundo punto (ciertamente, en un fuerte choque ideológico entre la modernidad que compartimos, y la “posmodernidad” de los jóvenes de hoy.

 

Pero es en esa conciencia de la necesidad por la que debe ocurrir, consecuentemente con la naturaleza de las cosas, el acto de femenina entrega y sumisión, como el acto de masculina apropiación o posesión, que, paradójicamente, ello es lo que causa la verdadera emancipación femenina; lo cual trataremos en el tercer punto.  Y ello implica la conciencia de un proceso de identidad femenino-masculina, la cual tratamos en el cuarto punto, que en su forma más espontánea, no pasa de ser en la atracción mutua en la emotividad y sexualidad; que quizá hace atisbos de identidad en los sentimientos e intelectualidad; pero que ya dificulta su planteamiento en el plano ideológico de la interpretación y comprensión del mundo, y mucho menos en la identidad de los valores y la percepción estética cuya apreciación debe contar con el fundamento teórico.

 

Al final, en un quinto punto, volvemos al principio: a la necesidad esencial para comprender este problema, de distinguir las relaciones entre la mujer y el hombre, por un lado en el ámbito social, consciente, racional, que se entiende en las leyes económico-políticas; de las relaciones entre dichos sexos en su condición biológica natural, espontánea, inconsciente, hasta irracional, comprensible apenas en lo más racional, por sus leyes ético-estéticas; y el grave error esencial, de proyectar unas en otras.

 

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