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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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17 febrero 2013 7 17 /02 /febrero /2013 23:02

El Geógrafo, Van der Meer¿Por qué el geógrafo se hace cualquier especialista, y no geógrafo? (1/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

Febrero, 12.

 

La conclusión es que el geógrafo; ese geógrafo concreto de hoy, siglo XXI, es un sujeto que está totalmente perdido.  Es, por lo que hace, un cuasi-geólogo, un para-meteorólogo, un habilitado-edafólogo, un pseudo-bioecólogo, un no-ecónomo, un pretenso-demógrafo, un aparente-etnólogo, y un et sig.

 

Sin duda son todos excelentes geólogos, meteorólogos, edafólogos, biólogos, ecónomos, et sig; aún sin serlo por formación (cómo podría yo negárselo, no sólo por respeto y porque conozco su dedicación en ello, sino porque yo soy total y absolutamente ignorante en todo ello, y en realidad, no tendría por qué saber de todo lo cual); cuanto mejores son en esas especialidades, sin duda, mejor es lo que hacen…; aun cuando menos se ve en ello al geógrafo (y acerca de sus conocimientos en geografía, es de lo que estoy absolutamente cierto que no saben –cuando indefectiblemente deberían saberlo–, y sólo creen saberlo, inmersos en la confusión de que lo que hacen, por decirse geógrafos, eso es geografía; de modo que la geografía; su “geografía”, en consecuencia, lo es todo).

 

Hasta mi generación, hasta fines de los años setenta, a todos los geógrafos del mundo así se nos formó, en esa idea, y se aceptaba, y con ciertos cuestionamientos, no obstante se creía correcta, porque hasta ahí estaban los desarrollos de los fundamentos teóricos de la geografía.

 

Pero en la década de los ochenta, esos cuestionamientos encontraron los fundamentos teóricos en una lógica sólida y consistente.  Si en la década de los ochenta, el geógrafo seguía siendo un falso-otro especialista, ello era aún perfectamente entendible, no tanto por la inercia de las cosas, como por la falta aún de concreción teórica de las nuevas ideas.

 

Hacia el final de esa década, justo a partir del último año, y ya en la década de los noventa, la situación teórica completó su giro.  El geógrafo del “viejo estilo” comenzó a ser ya no justificable o entendible, ni aceptable en su labor.  Ahora sí, si aún existía, era ya por la inercia de la formación y de los lentos cambios generacionales, que por falta de formación teórica y científica en las que había que ponerse a trabajar y a partir de lo cual edificar, ya no lo-otro que resultaba ser sólo una mera aplicación de conocimientos geográficos, sino lo propio, la geografía misma.

 

Lo-otro en que el geógrafo derivaba, era, como ya lo hacía ver David Harvey desde 1969 en su obra “Explicación en Geografía” (traducida al español con el título de “Teorías, Leyes y Modelos en Geografía”, 1983), era sólo modelos aplicados (en particular, subraya Harvey, modelos analógicos).

 

Harvey ya criticaba que el geógrafo se perdiera en esa multitud de modelos aplicados, justo porque el geógrafo no entendiendo esa función analógica de los mismos, acababa confundiendo al modelo con la geografía, incluso –dice Harvey en un eufemismo–, obtuviera o no resultados de ello (el problema en el eufemismo es que, cómo iba a saber el geógrafo qué resultados obtenía, si ni siquiera estaba consciente de estar aplicando un modelo analógico; justo por lo que acababa creyendo que lo que hacía, era la geografía misma; es decir, que la geografía era precisamente aquello que hacía, y a tal grado la confusión, que, más aún, el propio Instituto de Geografía se dividió y clasificó sus Departamentos por esas aplicaciones, tomadas como la Geografía y sus “ramas”)*.

 

Y si ello ya no era ni entendible ni aceptable en los años noventa del siglo XX (acaso sólo para la ya vieja generación formada en el “viejo estilo” de la creencia en el estudio de los fenómenos; y ni así, pues científicamente estaba ya obligada a avanzar en la nueva teoría demostrada y aceptada, incluso “oficialmente” desde fines de 1989: el estudio del espacio terrestre), al inicio ya de la segunda década del siglo XXI, la continuada formación del geógrafo en ello resulta en una puerilidad perfectamente absurda.

 

Harvey –el inglés David Harvey y no yo–, y ya desde 1969 (es decir, hace poco más de cuarenta años y no por lo dicho hoy en el 2012 en este Blog), exponía –ciertamente con un fundamento positivista, pero justo en general– que todo ese mal trabajo del geógrafo, derivaba de su falta de formación en la ciencia y en el método de la ciencia; lo cual, desde todo punto de vista, en los hechos, ha sido, y aún es, cierto (lo hemos dicho siempre, desde nuestros años de estudiante en los setenta, aún sin saber de Harvey, de cuya obra nos hicimos hacia 1985).

 

Algo muy interesante en ese “viejo estilo”, no obstante, hay en esta reflexión.  Cuando referimos al geógrafo cuasi-geólogo, al geógrafo para-meteorólogo, al geógrafo habilitado-edafólogo, al geógrafo pseudo-bioecólogo, al geógrafo no-ecónomo, et sig; trabajando en sus modelos aplicados analógicos sin saber que eso hacen y creyendo que eso que hacen es La Geografía, hay algo que finalmente sí es un resultado, pero del cual aún hay que hacer un proceso de abstracción y generalización.

 

Del geógrafo cuasi-geólogo, se forma la litogeomorfología; del geógrafo para-meteorólogo, se forma la climatología (o, en una terminología hartshorniana no utilizada, la “atmosfo-geomorfología”); del geógrafo habilitado-edafólogo, se formó la agroclimatología (la “edafogeomeorfología”); del geógrafo pseudo-bioecólogo, se formó la geobiología (la “fitogeomorfología”); del geógrafo no-ecónomo, se formó la geoeconomía (la “economogeomorfología”), y et sig.  El problema, y esa es la aberración, es que de ello como modelo analógico, el geógrafo no ha extraído o abstraído y generalizado para la geografía, sino, al contrario, se ha subsumido a la geografía en el resultado concreto y particular de tales modelos, haciendo de la geografía, entonces, geomorfología, climatología, agroclimtología, geobotánica, geoeconomía (por limitarnos a los ejemplos).

 

Hay un ligero descargo en ello: todo ese hacer geográfico, lo fue en geografía aplicada, y esa abstracción y generalización, es función del geógrafo teórico, cualquiera que se aun geógrafo teórico, pero, obviamente, más aún del geógrafo teórico institucional.  Sin embargo, el problema es, justamente, que institucionalmente, ese geógrafo no lo ha habido.  Aún en la “poroscripción” por designio del “Tribunal del Santo Oficio Geográfico”, ello es también nuestra responsabilidad…, pero misma que nosotros siempre  hemos puesto a salvo.  El descargo, no obstante, es ligero, porque, como hace ver Harvey, el modelo aplicado analógico se elabora, primero, sabiendo que eso es: un modelo analógico aplicado; y segundo, que como tal, sirve para extraer teoría y hacer la ciencia propia.  Si nada de ello se había dado, ahora se explica, con ello, en los hechos, qué es el obstruso oscurantismo.

 



*        Hasta 1978, los Congresos Nacionales de Geografía se titulaban “Congresos Nacionales de Geografía Aplicada”, esos primeros ocho congresos pertenecieron a toda una época en que así fue necesario al desarrollo de la geografía en México.  Pero a partir de ahí, aún bajo la dirección del Dr, Jorge A. Vivó, a los siguientes Congresos se les suprimió el carácter de “aplicado”, generalizando sus trabajos tanto a la geografía teórica, como operativa.

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Divulgación Científico-Geográfica
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