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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:18

Espacio Terrestre; Estructura La Causalidad del Espacio Geográfico

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http/espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 23 nov 09.


Problema clave, dado que es uno de los cinco criterios del conocimiento científico o conocimiento verdadero: 1) la objetividad, 2) la causalidad, 3) la demostración con arreglo a las leyes de la lógica, 4) la verificación en la práctica histórico-social, y 5) la predicción científica.

 

En la historia de la filosofía, sólo un autor ha puesto en entredicho la unívoca relación causa-efecto: David Hume (1711-1776), seguidor del empirismo idealista, negando la posibilidad de conocer la causa objetiva, y considerando que tal relación es convencional, dada por la costumbre; y de él se ha originado el indeterminismo actual.

 

Fuera de ello, aceptaremos que a todo efecto precede una causa objetivamente dada, y que tal causa, de la que Aristóteles hacía una clasificación muy elaborada, hoy en día, la causalidad se reduce a aquella directa e inmediata, o causa específica; y la indirecta y mediata, o causa completa.

 

El papel esencial de la causa es la determinación del efecto; es decir, que el efecto será, y sólo será, en función de la causa específica dada.  Ciertamente, por ejemplo, el calentamiento de algo como efecto, puede tener como causa, ya que lo aproximemos a una flama, ya que lo frotemos con otro objeto, e incluso, en un momento dado, el que lo sometamos a fuertes presiones; pero responder a cuál de todas esas causas posibles es la real, es establecer la causalidad específica.  O dicho de otro modo, que un fenómeno no podrá explicarse sino en función de su causa específica.

 

Hablar, entonces, de la causalidad del espacio geográfico, será hablar de las determinaciones del mismo y de sus propiedades; esto es, de por qué el espacio geográfico en función de sus propiedades, es lo que es.  Para explicar lo anterior, como ejemplo, tratemos de hacer la pregunta sobre la más elemental relación causal del espacio, en función de una de sus propiedades fundamentales, la localización: ¿Por qué, cuál es la causa de la localización?  He ahí una pregunta sobre una causalidad del espacio, de nuestro interés en particular, geográfico; pero proyéctese este ejemplo a la diversidad de propiedades espaciales, y se construirá una Geografía con un objeto de estudio propio y una identidad propia.

 

Otra forma de preguntarlo, es: ¿Qué determina una localización?  Y la respuesta es simple: una o más magnitudes, en función del origen de un sistema de referencia.  Un valor de magnitud en el caso de un espacio lineal o unidimensional; dos valores de magnitudes en el caso de un espacio plano o bidimensional; tres para un espacio tridimensional, y así sucesivamente.

 

Si la localización se refiere a un objeto o fenómeno concreto, por ejemplo, un árbol; la causa de la localización de un árbol, por lo tanto, causa espacial, será la determinación dada por una magnitud respecto a un origen, o la intersección de dos o más magnitudes según la referencia de espacio.  El geógrafo fenomenista, inequívocamente, atribuirá la causalidad de esa localización concreta, el árbol, no a la causalidad espacial, sino a la causalidad dada por la conexión y relación universal de los fenómenos: esto es, que el árbol está ahí, dada una relación clima-suelo-vegetación; pero, evidentemente, lo cual no es una causalidad del espacio propiamente dicha.

 

Una relación causal geográfico-espacista más compleja, pudiera establecerse en la pregunta: ¿Cuál es la causa que determina las condiciones climáticas generales de la Tierra?

 

El geógrafo fenomenista, sin más, referirá el conjunto de los estados promedio de la atmósfera en la relación principal de los fenómenos de temperatura-precipitación.  Pero no es ese el camino de la geografía espacista.  En ésta, el “clima” no es un estado promedio de la atmósfera, sino un grado de inclinación del espacio geográfico con respecto al plano de la eclíptica, pues la palabra “clima” en griego, quiere decir precisamente eso: inclinación (de ahí derivan palabras como “clisímetro”, medidor de inclinaciones o pendientes).

 

Así estaba planteada la Geografía hasta la época de Eratóstenes, y continuada luego por Ptolomeo (100-170), quienes llamaban a esas determinaciones climáticas “esfrágidas”; lo que en la geografía fenomenista equivale a las zonas latitudinales tropical, templada, fría, y polar.  Ahí lo que importa en geografía en el estudio causal específico, es precisamente la determinación de las “esfrágidas” como espacios continuos (aquí ya no como lo discreto); y en el estudio de la causalidad completa, el conjunto complejo de relaciones de estados de espacio así determinados.

 

En la teoría del espacio, esa causalidad fenomenista de lo concreto, se refiere, por una parte, a la causalidad de lo discreto (o de los estados de espacio discretos o plenos); y por otra parte, a que ha de ocurrir en el estudio de la causalidad ya no específica, sino de la causalidad completa.  Sólo que, cuando el geógrafo desconoce u omite la causalidad específica, no establece la relación unívoca causa-efecto espacial; y razón por la cual, su análisis causal acaba identificándose con el análisis causal dado en las ciencias especiales del fenómeno dado.  Es decir, que la causa específica espacial elemental de la localización, acabará confundiéndola y suplantándola a su vez, por la causa específica de un fenómeno, determinado por otros.  Ahí, la causalidad completa espacial, omisa, quedará extraviada.

 

Una forma más de referirnos a este interesante problema de la geografía teórica, es que, mientras para el geógrafo fenomenista la causalidad específica dada en la relación causa-efecto entre los fenómenos lo es todo; la relación causa-efecto entre los fenómenos para el especialista en un fenómeno dado, es, apenas, a su vez, la determinación causal específica; sólo que para éste, queda aún por delante la investigación acerca de la causalidad completa.  Ahí donde el geógrafo fenomenista se detiene, es donde el especialista en los fenómenos empieza.  Pero ocurre que, cuando éste geógrafo pretende ir a más, por definición, abandona la geografía habilitándose en otro especialista (o aduciendo que el otro especialista es un”geógrafo superespecializado” en una rama de la Geografía o en una “ciencia geográfica”..., sólo que no lo sabe).

 

La investigación causal espacista, por su parte, a más de definir su causalidad específica con propiedad, está en posibilidad de desarrollar una investigación en la causalidad completa, precisamente en esa relación entre los fenómenos, pero en donde los mismos son tratados en términos de estados de espacio.  Y esto no es, como fácilmente pudiera confundirse si se ve con ligereza, lo que se conoce como “reduccionismo”; es decir, el querer estudiar los fenómenos mediante esas relaciones físico-matemáticas espacistas, cuando sus leyes reales son de otro orden, ya biológico o social, por decir algo.  Y no es reduccionismo, simplemente porque no se pretende el estudio del fenómeno dado en tanto tal, como lo abordaría su especialista con las propias leyes inherentes al fenómeno, sino tan sólo en una de sus facetas como objeto material de la realidad, en su causalidad, propiedades y leyes espaciales.

 

El fenómeno es de suyo, efecto, en tanto está determinado por la esencia, misma que, de suyo, es causa. Podemos decir que cuando definimos al espacio terrestre como objeto de estudio, éste se constituye en nuestro fenómeno propio de investigación acerca de sus causas y su esencia.  El fenómeno es forma, una manifestación secundaria.  La esencia es contenido, lo primario.  El fenómeno es lo histórico; la esencia, lo lógico.  Así, el geógrafo fenomenista, que no define un estudio de esencia, se confunde y toma los efectos por las causas; la forma por el contenido, lo histórico por lo lógico; y, en suma, el fenómeno por la esencia.

 

Cuando el objeto de estudio es el espacio (lo esencial, el contenido, lo lógico, la causa), y los fenómenos en calidad de estados de espacio sólo son atributos del espacio por los cuales se determinan sus propiedades (los fenómenos, la forma, lo histórico, el efecto); el geógrafo fenomenista que sólo trata con los fenómenos como tales, no trabaja ni con una causalidad específica, ni, mucho menos, con causas completas, sino sólo con efectos.  La causalidad en geografía, es la causalidad del espacio terrestre, y éste sólo puede ser tratado en las propias leyes y teorías del espacio.

 

Así, sin los estudios suficientes de la causalidad espacial específica, no será posible concebir los estudios de mayor grado de complejidad dados en la posible causalidad espacial completa.

 

Es en función de verdaderos estudios causales espaciales, que la Geografía hasta ahora aún entendida como un compendio de curiosidades acerca de este mundo, habrá de transitar, entonces, a la Geografía científica que el siglo XXI reclama.

 


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Comentarios

vdfdrgerger 03/15/2017 22:24

cha

foca 03/15/2017 22:23

esto es feo