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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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14 abril 2013 7 14 /04 /abril /2013 22:04

009 Mapa de EstrabónQué es la Geografía: la Geografía en el Imperio Romano 1. (14/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

09 ene 13.

 

En todas las épocas y en todos los casos, es fundamental considerar las determinantes filosóficas del pensamiento geográfico; pero si en algún momento ello lo es de particular importancia para poder entender los acontecimientos, ese es precisamente el período del Imperio Romano durante los primeros cinco siglos de nuestra era.

 

Para poder entender la geografía en el Imperio Romano durante esos cinco siglos de la dictadura, se hace necesario, entender, primero, las causas del declinamiento en el pensamiento científico materialista, y luego, en segundo lugar, las causas del predominio que adquiere el pensamiento filosófico idealista en su forma del neoplatonismo.

 

La Geografía de Estrabón (hacia el año 19 de nuestra era), expresaba y satisfacía sobradamente el conocimiento de esas dos razones: critica éste la cientificidad de la geografía de “Eratóstenes y sus secuaces” (Hiparco, Aristarco, Crates y Apolodoro); y pone la geografía, fundada en la interpretación estoicista del mundo, al servicio de los intereses ideológicos del Imperio; y de ahí que ésta haya sido favorecida e investida de toda autoridad.

 

Pero la geografía de Estrabón no es una elaboración aislada de pensamiento, sino un directo producto de su tiempo; justo en el punto medio entre el origen de un pensamiento filosófico idealista metafísico del estoicismo y del neoplatonismo, y en la convergencia de ello con el cristianismo y las consecuencias últimas y concretas de ello; y de ahí que la obra de Estrabón sea el inicio de la decadencia que se despliega en el curso de los siguientes cinco siglos en el período llamado de la “geografía en el Imperio Romano”.

 

Las causas del declinamiento de la geografía como ciencia, por supuesto, son las mismas que las del declinamiento general que llevó al oscurantismo del siglo VI.

 

El pensamiento científico materialista, que caracterizó durante cuatro siglos la llamada “filosofía presocrática”, desde Tales de Mileto a Demócrito de Abdera, del siglo VII ane al IV ane, tuvo sus continuadores por los siguientes cuatro siglos, a Aristóteles, Epicuro y Lucrecio Caro, entre los siglos IV ane y siglo I ane.  Así, de casi dos filósofos promedio por siglo, éstos se disminuyen a poco menos de la mitad en el período postsocrático.  Acerca de las causas de su decaimiento, puede referirse una, general y esencial: el “Logos”, que en Heráclito era más que el dixi o el dictium, lo dicho, la palabra, la razón, la ley; el dictavi o dictatium, lo dictado, el designio, pero no por razón divina, sino como la ley natural, o la condición de necesidad material y objetiva en un Universo eterno y eternamente cambiante; en el resto de los filósofos, particularmente los idealistas del período postsocrático, ese “Logos”, era la “razón divina” misma, incluso más allá de Zeus, pues Zeus mismo se sometía a ella, dictada por el Moros, el verdadero Dios supremo no visto: el Destino.

 

En realidad, establecer esa diferencia en el “Logos” es tan sutil, que en la dialéctica materialista tal concepto se omite explícitamente, suplido precisamente por la categoría de necesidad, tal como es entendida por Heráclito.

 

Así, en ese mundo politeísta en donde en algún momento los dioses se habían mezclado y convivido con los seres humanos hacía entre diez y 15 siglos atrás, ahora eran sólo parte de un mundo ultraterreno, metafísico, representado exclusivamente por las ideas, consideradas tan reales como la realidad material misma. Al parecer, el “Logos” como “razón divina”, fue una, por lo menos tácita, concesión del pensamiento materialista postsocrático; ni Aristóteles, ni Epicuro, ni Lucrecio, si bien no aceptaban en su filosofía la Idea Absoluta, tampoco la sometían a una crítica explícita.  Y ello favoreció la creciente influencia del idealismo metafísico de Parménides, de Pitágoras, de Georgias, y final y principalmente, de Platón, ya en el período postsocrático.

 

El pensamiento filosófico materialista, fundamento del pensamiento científico, derivó en las ciencias particulares.  Hacia la época de Aristóteles, los discípulos de los filósofos, eran nuevos filósofos; pero los discípulos de éste último ya no lo fueron necesariamente; más aun, Aristóteles organizó el Liceo conforme la diversificación de las ciencias especiales.  Estrabón critica a Eratóstenes de no saber de filosofía; pero en un Eratóstenes de un siglo después de Aristóteles, por lo que, efectivamente, podía no saber de ello, pero tampoco tenía por qué saberlo…, exactamente igual que el que lo critica por ello, Estrabón, que tampoco hacía filosofía, no obstante su filiación al estoicismo.  Uno de los discípulos de Aristóteles propiamente filósofo, fue Aristoxceno, cuya principal trabajo fue el conocimiento de Pitágoras y Platón.  Y así, en lo que el materialismo como filosofía se hacía fundamento del conocimiento de las ciencias particulares, el idealismo, en diversas variantes (pitagórico, platónico, estóico, escéptico, cínico, cirenáico, gnóstico y ecléctico), dominó el pensamiento filosófico cada vez más hacia fines de esa era.

 

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