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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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23 junio 2013 7 23 /06 /junio /2013 22:04

    Mapa-Romano.jpgQué es la Geografía: la Geografía en el Imperio Romano 2. (15/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

 

 

 

 

La segunda causa del declive del pensamiento materialista y científico ante el predominio del pensamiento filosófico idealista, está en que éste derivó de Platón, en forma de neoplatonismo, al mezclarse con el pitagorismo y el estoicismo, principalmente.  En geografía, las influencias del estoicismo, pasó del filósofo Panecio (185-110 ane), al geógrafo Posidonio (150 ane-35 dne), y de éste, al geógrafo Estrabón (68 ane-25 dne), discípulos directos uno del otro.

 

El nombre de estoicismo viene de stoa, o pórtico, que alude al pórtico adornado con ramas donde Zenón impartía sus conocimientos, los cuales se resumen en los siguientes principios: 1) el filósofo debe permanecer impasible en su emociones; 2) luego, lo digno en el filósofo es la actitud contemplativa; 3) se debe propugnar por una vuelta a la naturaleza, o por el “vivir conforme a la naturaleza”; 4) el principio socrático de “conócete a ti mismo” es para el individuo, lo que “el conocimiento de importancia” lo es para la sociedad.  El estoicismo no llega al extremo de Platón, de no reconocer una realidad objetivamente existente fuera del pensamiento, pero considera que de ello sólo una parte es digna de importancia, y con Aristóteles, pretende absorber en la autoridad de éste lo que quedaba de la filosofía materialista con Epicuro y Lucrecio Caro.  Ptolomeo (90-158), será el último pensador excepcional de la ciencia que venía desde la Grecia helenística…, y que “vivió para contarlo”; luego de él, todo pensador de la ciencia comenzó a ser eliminado físicamente, y fue Hipatya, una mujer matemática, la primera en ser asesinada en el año 415, por las hordas de San Jerónimo en Alejandría.  El Imperio Romano mismo se derrumbaría apenas poco más de medio siglo después (476).

 

Es bajo esas condiciones y en su ambiente, que se produce la llamada “Geografía Romana”, expresada en una cartografía que va, precisamente, de Estrabón, a la circunstancial recopilación que hace Macrobio en el siglo V.

 

Erwin Raiz, en su valiosa obra titulada Cartografía, al referirse a la historia de ésta, trata el tema con el título de “Cartografía Romana”.  Él, en una interpretación de la historia, atribuye las diferencias entre la antigua cartografía griega proyectiva y la nueva cartografía romana elaborada libremente, a una simple “diferencia  de mentalidad”; cuando hemos visto que en ella, lo que realmente está en el fondo, es una diferencia de interés político-social e ideológico, que distorsiona el interés científico geográfico.  Los romanos –apunta Erwin Raiz– “no practicaban la geografía matemática”[1], cuando en realidad, lo que hay que decir, es que los romanos, no practicaban la geografía científica (independientemente de que fuese matemática o no); y continúa Raiz: “Ellos necesitaban un mapa de índole práctica, para fines militares y administrativos”[2]; pero, dicho así, pareciera justificar esa cartografía romana y el absurdo en que derivó; en el fondo, pues, es justificar una pretendida “geografía” no-científica, validada, supuesta y falsamente, por su “utilidad práctica”, cuando los fines militares y administrativos, como los geológicos o los meteorológicos, etc, requieren, como toda ciencia, de una geografía y trabajo cartográfico de la mayor precisión.

 

Esta interpretación muy limitada y deficiente (quizá producto –más allá de lo ideológico– de una de las primeras interpretaciones), lleva a decir a Erwin Raiz que, como consecuencia del “desprecio” a la geografía de una cartografía proyectiva, los romanos “volvieron al antiguo mapa del disco de los geógrafos jónicos, como más adecuado a sus propósitos”[3].  Y, efectivamente, ello en parte es verdad: hubo una involución, pero no en plural referido a “los geógrafos jónicos”, los cuales no son pocos, se esparcen más allá del siglo V de Anaximandro, quien es el único que hace, en el origen del conocimiento geográfico, esa representación de disco e su Perimetrón; luego, ningún otro geógrafo, ni jónico, ni alejandrino, interpretará así el espacio terrestre.  Esa afirmación de Raiz, pues, se vuelve un descrédito a la geografía científica en general (lo cual parece esconder intereses ideológicos, que se hacen más manifiestos, cuando Raiz justifica la cartografía medieval cristiana como “una idea expresionista y simbólica de profundo sentido artístico[4], haciendo de la anticiencia oscurantista “arte”; o como cuando exalta la figura de San Jerónimo, ese mismo que instigó a la turba a matar a Hipatya, llamándolo “el gran padre de la iglesia”).

 

El caso es que caracteriza a la cartografía de la llamada Geografía Romana, la aparición de los denominados mapas “Orbis Terrarum” (en forma de disco), como la interpretación, en su traducción, de “todo el mundo”, bajo el Imperio Romano.

 

Amnosius Theodsius, llamado “Macrobio” (”gran vida”), quien vivió entre fines del siglo IV y principios del siglo V (aprox. 360-390), dejó inserto en una de sus obras, mapas del período de la geografía del Imperio Romano, por los cuales, incluso, se conoce de éstos, pues todo los mapas de esa época se perdieron.  Dicho tipo de mapas van desde el “Orbis Terrarum” reconstruido que presenta Erwin Raiz de principios del período, al mapa ya conocido como del tipo de “T en O”, en los cuales se hace la máxima abstracción y generalización teologal, por la que se muestra cómo “Dios creó el mundo, no sólo con perfecta simetría…”, sino con el simbolismo de la cruz cristiana, con lo cual se llega al extremo de lo subjetivo en geografía.

 

Así, la geografía, que con Estrabón se puso al servicio de los intereses del Imperio, al final, con los mapas de “T en O”, se puso al servicio de los intereses teológicos del clero cristiano.

 


[1]       Raiz, Erwin; Cartografía; Editorial Omega, México, p.23.

[2]       Ibid. p.23

[3]       Ibid. p.23

[4]       Ibid. p.25 (subrayado nuestro).

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