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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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27 enero 2013 7 27 /01 /enero /2013 23:04

Espacio Geográfico Sector TridimensionalQué es la Geografía: Los Problemas Contemporáneos.  (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

 

Los problemas actuales de la geografía, considerados en su estructura formal como ciencia, son hoy en día, en su campo de investigación en geografía teórica, el elaborar, finalmente, la formalización teórica de su teoría del espacio geográfico o terrestre (problema en que, por los años 2012 a 2013, el autor de estas líneas está).  Por otra parte, el atraso en nuestra ciencia es tal, que no hay, o por lo menos desconocemos, otros trabajos sobre geografía teórica.

 

En su campo de geografía aplicada, abolida la “geografía fenomenista” de la “mucha ciencia”, la “nueva” geografía aplicada no es otra que las soluciones posibles a problemas económico-sociales a través de todas las herramientas y elementos para el análisis espacial, desde el mapa y la fotografía aérea, hasta las imágenes de satélite y de sensores remotos en rayos “x”, “infrarrojos”, etc.  Es decir, no se trata de hacer “geografía económica”, sino de hacer geografía, análisis espacial, aplicado en interés de los estudios de los economistas, los ecologistas, los agrónomos, etc, y finalmente en interés de la sociedad.

 

En el campo de la geografía operativa, hoy todo eso se resuelve mediante empresas privadas en las que todo lo que se hace por especialistas en ingeniería y ciencias (menos geógrafos), es una geografía muy avanzada, de altos conocimientos técnicos y científicos, pero que, en consecuencia, se presentan como empresas de cartografía”, de “geomática”, de “sensores remotos y análisis espacial”, sintiéndose ajenos a la geografía, o apenas vagamente relacionados.  De ahí que la problemática a resolver, es, primero, el poder considerar a todo eso como geografía (verdaderamente fuente de empleo productivo para el geógrafo científica y físico-matemáticamente formado), y segundo, el empezar a dar coherencia lógica de todo ello en una teoría geográfica del espacio terrestre.

 

En el siglo XVIII, en México, los problemas de la geografía se centraron en el levantamiento cartográfico general; buena parte del siglo XIX, la geografía fue a cartografía a la producción minera, y a partir de la segunda mitad del mismo y principios del siglo XX, se extendió a las necesidades del desarrollo urbano obstaculizado por las inundaciones y condiciones meteorológicas del Valle de México.

 

Hasta ahí, fue la geografía (la cartografía, el análisis espacial), aplicada a ciertas necesidades y soluciones.  A partir de los años cuarenta del siglo XX, se dio esa inversión en donde la aplicación (el ámbito del problema, no lo que se aplicaba), resultaba ser la geografía.

 

Desde siempre, la geografía, la ciencia del espacio terrestre, estuvo vinculada a las exploraciones en extensión, al conocimiento de ese vasto espacio que se iba plasmando en el desarrollo cartográfico.  La geografía estuvo presente siempre en esas hazañas, hasta que, precisamente en esos años cuarenta en que empezó el desarrollo de la “Era Espacial” (la cohetería y la navegación en la exosfera con la cosmonáutica y la astronáutica), esa geografía contemporánea ya no estuvo presente en ello.  No sólo había desviado su rumbo del estudio del espacio al estudio de los fenómenos, sino –sin poder eludir su posición frente al problema del espacio–, juzgó que el espacio estratosférico y la exosfera misma ya no era espacio geográfico o terrestre.

 

Al recuperar la geografía como ciencia del espacio y al determinar la realidad y naturaleza del mismo, nos levó a la consideración  de que el espacio terrestre, es una determinación del campo de gravedad de la Tierra, que encuentra sus límites superiores en su interacción con el espacio lunar, determinado, a su vez, por el campo de gravedad lunar; luego entonces, la estratósfera, la exosfera hasta la magnetosfera, forman parte del espacio terrestre, y la geografía necesita volver a hacer presencia en ello.

 

En el plano teórico, la geografía contemporánea enfrenta el intento de descrédito de los antiguos “geógrafos fenomenistas” (hoy “geógrafos literarios”), haciéndole ver como una geografía reducida a la “Geografía Matemática” de la antigua división y clasificación fenomenista, y como tal, una mezcla de Astronomía de Posición, Geodesia y Geofísica…; la paradoja es que todo ello es verdad, con la única diferencia esencial, de que, en vez de ser una burda área de la “geografía fenomenista” de antaño, ello son los fundamentos teóricos y metodológicos del estudio del espacio terrestre tridimensional.  La teoría del espacio geográfico, por lo que todo ello es en su base y en lo que todo ello desemboca, no está de en ninguna de esas otras ciencias antecedentes del conocimiento geográfico.  Ninguna de ellas estudia el espacio terrestre como tal, ni la geografía estudia la geometría de precisión de la geodesia, ni las formas físicas de la Tierra en los términos en que lo hace la geofísica.  La geografía encuentra su propia originalidad y unidad teórica, en el estudio del espacio terrestre, cuyas propiedades están determinadas por los estados de espacio.

 

Nuestra teoría del espacio geográfico nació del modelo analógico con la cristalografía, tomando de éste sólo su base geométrica y ciertos indicios, como los Puntos de Red, que descartándolos en un principio, luego los encontramos referidos, en nuestra analogía, en los Puntos Báricos de Riábchikov, precisamente en los puntos de cruces de los frentes con las corrientes marinas (sin importarnos ni el frente como fenómeno meteorológico, ni las corrientes marinas como fenómeno oceanográfico, sino sólo los estados de espacio) de cuyas interacciones regulares forman Puntos de Red de una eratosténica esfrágida (o zona tridimensional del espacio geográfico), todo lo cual, en ninguno de sus aspectos, es objeto de tratamiento por ninguna de las ciencias a las que se pretende limitar el planteamiento de la geografía científica contemporánea.

 

Si la geografía es la ciencia del estudio del espacio terrestre, la historia del conocimiento  de este espacio mostrará como ninguna otra cosa, la esencia de la historia misma de la geografía, y la historia del conocimiento del espacio terrestre no es otro que la historia de los mapas, de la cartografía.  Los problemas teóricos esenciales de la geografía en cada época histórica, han quedado plasmados en sus mapas, y hoy, esta “nueva geografía”; en entredicho con las comillas, por ser tan sólo la vieja geografía bien olvidada; está por hacer la nueva cartografía  del espacio terrestre de esta época, y plasmar en ella el problema teórico esencial de su tiempo.  Esa historia de los mapas, esa historia de la Cartografía, no debe verse, pues, como algo distinto a la historia de la Geografía, sino, por lo contrario, justo lo que hace la esencialidad de la historia de esta ciencia.

 

La necesidad de un cuerpo único de teoría  como reflejo de la unidad material espacial continuo-discreta del mundo, es algo que en los últimos treinta años hemos venido resolviendo, y es algo ya prácticamente definido.  Pero frente a ello, y no ajeno a posiciones ideológicas en la interpretación del mundo, e intereses de clase sociales, hay, en el fondo, un hecho real –hasta cierto punto desconcertante– en cuanto al carácter de la geografía como ciencia moderna: en el siglo de la Ilustración, ese siglo XVIII en donde prácticamente surgió la ciencia moderna en todos sus casos particulares (por lo menos en los básicos, de los cuales la Geografía forma parte), la Geografía, a pesar de los trabajos de Mercator, de Sanson, de Buche, que muestran un carácter axiomático, hipotético-deductivo, no logró consolidar  su estatus de ciencia rigurosa…; pero aún en el siglo XXI, una geografía hipotético-deductiva no existe (apenas y puede ser vislumbrada en nuestros trabajos en forma teórica).  El geógrafo, por los últimos tres siglos, no se ha formado en el método de la ciencia.  Su trabajo, a pesar de todo lo que se diga, es aún eminente empírico, descriptivo, enciclopédico, subjetivista.  Es ajeno a toda noción de la lógica y al desarrollo de hipótesis, leyes y teorías, no hace una investigación causal dirigida a algo propio; su observación se centra en el hacer del otro; no mide, no experimenta, y sólo se limita a una vaga “aplicación” sin fundamento alguno, pues no está buscando en el modelo aplicado de comprobación, ni en el modelo analógico, la solución a sus teorías propias.  Se reduce meramente al análisis cualitativo de lo concreto (y para más, por lo concreto del otro), creyendo que los fundamentos científicos de éste, son los suyos, desconociendo, e incluso rechazando conscientemente, el análisis cuantitativo, por supuesto, sin saber ni entender a qué ni cómo aplicarlo (y todo esto ya lo habíamos expuesto desde el XI Congreso nacional de Geografía en México, desde 1987.  Si no se ha avanzado en ello, no sino por la acción oscurantista deliberada de reaccionarios grupos de poder.  Así, al geógrafo actual, le hace falta, de manera total y absoluta, una formación en el método de la ciencia.

 

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Comentarios

hola 09/17/2019 09:51

hola