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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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29 mayo 2011 7 29 /05 /mayo /2011 23:01

Eje del Mal, 2001 G. Bush "¡Salvemos a la Patria!"

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 27 may 11.

 

La palabra “Patria”,  a lo que se refiere, es al patrimonio, al legado del patriarca o padre, a la heredad, y en ese sentido, a la propiedad.  Así, “¡Salvemos a la Patria!”, dicho de manera semejante, es “¡Salvemos la Propiedad”!  Luego entonces, ese no es asunto de nosotros los desarrapados de estas tierras, que nada poseemos de ellas; ni sus mares, ni sus playas, ni sus bosques ni montañas, ni sus valles, ni lagos, ni ríos, ni aires ni cielos, nada, simplemente nada, ni en sueños.

 

La Patria, la propiedad de este país, es sólo de los que se la han apropiado; de los que pueden disfrutar de su magnificencia, de esos que hoy se apuran ya a ensayar la manera de no perder lo que ya se ve inevitable.  Y al llamado de “¡Salvemos la Propiedad!”, presurosos concurren priistas, panistas, y hasta buena parte de perrediatas y aliados incondicionales de cada uno. Pero, ¿quién ha lanzado tal llamado?  Al momento no estamos del todo seguros, pero hasta donde hay información –como tenía que ser–, tal llamamiento ha venido de los verdaderos y grandes dueños de estas tierras: los banqueros.

 

“¡Salvemos la Propiedad!”, claman los amos y señores de estas tierras, y piden la nominación de un gobierno por consenso para Michoacán; y no porque les interese una Entidad Federativa particular, sino por algo que por demás han hecho evidente: este sistema se acabó, no hay cómo imaginar ya un proceso electoral para el próximo año en las elecciones presidenciales del 2012, y ahora ensayan una posible solución para “salvar a la Patria”, temeroso de su propio y último recurso en el golpe de Estado diferido que llevan en práctica, que si hoy ya tiene en su haber 40,000 muertos, declarado formalmente el estado de excepción, a ello nos sumaremos, inevitablemente, varias decenas o centenas de miles más.

 

La patriótica propuesta, pues, nos ha revelado muchas cosas, sobre todo, el que, efectivamente, esto se acabó, y enhorabuena.  Por definición, entonces, el estallido social es inminente.  La sociedad carece de memoria histórica, era necesario, históricamente, que reviviera extraído del siglo XIX lo que es el conservadurismo déspota y retrógrada del PAN, y hoy su poder sólo es viable vía el golpe de Estado.  El PRI, viéndose nuevamente como alternativa, es sólo ya la ratificación del fracaso social; y el PRD, aún salvadas sus contradicciones, parece ser que resulta que ahora ya es tarde. El mensaje está siendo, el que, de no aceptar el consenso, no habrá más remedio que el golpe de Estado.

 

Y el problema no es ese, eso está en la naturaleza de los dueños de estas tierras, no podrían hacer otra cosa, no esperemos nada menos que ello.  El problema está en lo que debemos hacer los desarrapados y esos del PRD y otros que realmente respondan a sus intereses.  Y lo primero, sin rodeos, es disponerse a morir.  Luego, en esos que dicen representar sus intereses, en esos con verdadero sentido de estadistas, estará la enorme responsabilidad histórica de la Proclama, el llamamiento por lo que se quiere, por lo que se necesita, y el Plan de Insurrección.

 

Y todo esto, de aquí “a que deje de serlo”, será teoría, mera teoría sociopolítica; en todos los casos, la historia enseña que los procesos sociales se dan en estos pasos necesarios e inevitables, y estamos ya sobre los últimos.  Vayamos entendiendo ahora, que el problema tampoco es ya dejar de reconocer la validez del sistema, sino entender aquello con lo que lo sustituiremos.

 

Que el actual sistema ya no es válido, está en el hecho de que ya no satisface las necesidades más básicas de la sociedad, pues no produce, por no entrar en crisis (impide que la economía “se caliente”), pero, como consecuencia, no da empleo, y por ello, socialmente, se derrumba; pero su tragedia está en que, si produce, sólo genera sobreproducción y con ello las crisis económicas, que de cualquier manera producen su derrumbe.

 

En consecuencia, necesitamos un régimen económico-social en el cual se produzca y haya empleo y trabajo para todos.  Un régimen económico-social en el cual se cumpla el principio de que el que no trabaje no coma; pero donde la responsabilidad de que ese trabajo exista, recaiga en el Estado como su obligación básica; a la vez de que éste, de la oportunidad de que todo el mundo pueda prepararse y desarrollar sus capacidades, y así, donde cada cual obtenga un salario humanamente digno de acuerdo al trabajo que realice, y con arreglo a sus verdaderas capacidades.

 

Un régimen económico-social en el cual, por lo tanto, se produzca, pero que ello no implique sobreproducción y crisis económica.  Un régimen económico-social en el cual, por lo tanto, no exista una economía de mercado; es decir, una economía basada en la producción especulativa en el excedente de mercancías; sino una economía planificada, en la cual, en función de lo que se ha de distribuir, tanto para el consumo interno como externo, se produzca estrictamente lo necesario.  Un régimen económico-social en el cual, en consecuencia; y aquí es donde está el verdeado problema, más que por operatividad, por simple prejuicio de quien ha sido alienado por décadas; la propiedad, el patrimonio, la heredad de esta tierra de todos y de todo cuanto en ella produce para todos, no esté más en propiedad privada, sino que pase a ser social, en manos del Estado.

 

Un Estado que cuanto más esté allí en la plaza, en el “plantón” como le decimos en México, o en “la acampada” como le llaman en España, más realmente democrático será, en un pueblo realmente libre.  Por eso, quienes participamos en esas marchas populares y “plantones” o “acampadas”, no queremos que éstas acaben ya nunca.

 


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