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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 marzo 2013 7 17 /03 /marzo /2013 23:02

Siendo Malos por Buena Voluntad (aun cuando Sócrates diga que no, que al fin él nunca sabe nada).  Narrativa. (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

06 abr 12.

 

Recurramos a la analogía del Teatro Geográfico.  La geografía “posmodernista” no es el proscenio (espacio vacío), no es la escenografía (los fenómenos), no es el “ámbito” (el conjunto escenográfico incluyendo bastidores), no es el teatro en sí…, sino los actores y la obra.

 

Se le puede preguntar a un estudiante de cualquier ciencia, qué estudia (cuál es su objeto de estudio), y éste responderá seguro, con absoluta convicción y consistencia lógica.  Pero si de igual manera se le pregunta a un estudiante de geografía, ahora ya por lo menos responde con cierta seguridad que lo que estudia, es el espacio geográfico.  Antes de los años ochenta del siglo XX, o no sabía responder, o respondía que estudiaba todos los fenómenos naturales y sociales y sus relaciones (sic).  Era, pues, un conocimiento acerca de su propio objeto de estudio, aún instalado en lo empírico y concreto, sin ningún desarrollo teórico abstracto propio al despliegue de la ciencia.  Pero si bien en el objeto “espacio geográfico” ya hay seguridad, en cuanto a la definición del concepto; esto es, por cuanto a su esencia y contenido como un “espacio socialmente construido”; hay aún una absoluta inconsistencia lógica respecto de la ciencia como el necesario conocimiento objetivo del mundo.

 

_ Jóvenes –preguntaba alguien a unos estudiantes de geografía de la segunda década del siglo XXI–, ustedes, ¿qué es lo que estudian?...

_  El espacio geográfico –respondieron casi en coro.

_ Ah, bien, interesante –respondió contenido su interlocutor–, eso suena aparentemente muy lógicamente consistente en la historia de lo geográfico.

 

Y aquellos estudiantes se le quedaron viendo con extrañeza, pues, para ellos, qué tenía de sorprendente el hecho de la consistencia lógica del concepto de “espacio geográfico”, con la idea histórica de lo geográfico; para ellos eso era un asunto muy natural y lógico.  Y aquel personaje que les preguntaba, comprendiendo que en aquellos jóvenes posiblemente no hubiera la referencia histórica, agregó: “…y es que en mis tiempos de estudiante, allá por los años setenta del siglo XX, o no se sabía realmente qué se estudiaba, o se decía que se estudiaban los fenómenos y sus relaciones en la superficie terrestre.  Pero, díganme, ¿qué es eso del “espacio geográfico”?

 

_ Ah, pues es –respondió una estudiante con firmeza–, el “espacio socialmente construido”, es el “espacio humanizado”.

_   Ah, bien, es interesante, yo hubiera creído otra cosa –dijo aquel anciano–; es decir, yo hubiera pensado que fuese el espacio terrestre objetivamente dado, es decir, que para existir, no necesita de ser humanizado, ese que se muestra en los mapas, preexistente a la sociedad humana misma…

_   Es que ese espacio existe –dijo uno de ellos–, pero es el espacio físico…

_   ¿Entonces el “espacio geográfico” es algo –como ustedes dicen–, “socialmente construido” en ese espacio físico?

_   ¡Ajá!, sí, así es…

_   Pero entonces –les volvió a cuestionar el anciano– eso “socialmente construido” en tanto espacio, qué es.

_   Pues es el “ámbito” de las relaciones de la naturaleza y la sociedad –respondió una joven con sincero ánimo aclaratorio.

_   Pero, entonces –dijo pensativo el viejo– ustedes estudian ese “ámbito”, por sus propiedades y leyes, o estudian los fenómenos naturales y sociales mismos, o estudian las relaciones.

 

Los jóvenes se quedaron un tanto desconcertados, esa reflexión de viejo que haciéndoles platica parecía consultarles, hasta les parecía tonta, absurda, pues cómo separar por un lado el “ámbito”, por otro “los fenómenos” y por otro “las relaciones”, cuando éstas hacían aquello.  No, en este punto no lo podían entender, y más bien rieron con indulgencia considerando que el pobre viejo decía cosas disparatadas y no podía entender nada.

 

¡Ah, anciano!, bien sabía lo que hacía, a dónde iba y conducía con espontaneidad el pensamiento de esos jóvenes.

 

_   Es que veo –dijo el anciano acompañándoles en sus risas– que su mapa no es una representación de la realidad objetiva, sino la construcción mental de un pliego que se desenvuelve conforme “la sociedad lo construye” con arreglo a lo económico-social.

     El mapa, por sus simples coordenadas, aún sin representación alguna de nada que no sean esas magnitudes de latitud y longitud, es un “ámbito”…, ¿no es así?...

 

Entonces esos jóvenes aún con la sonrisa en los labios, se quedaron pensativos…; ¡ah, viejo ladino!, los tenía atrapados.

 

_   En ese mapa –continuó el anciano–, si bien sólo por su canevá, no hay más fenómeno que el vacío, el fenómeno de un “ámbito” o el fenómeno del espacio mismo.  Luego podemos poner una diversidad dada de fenómenos naturales y sociales particulares…, pero éstos vienen por separado, no?...  Y luego podemos estudiar, entre otras propiedades, sus relaciones.

     ¿Qué estudian, pues –y el viejo volvió al punto–, el “ámbito” (el vacío o espacio), las relaciones entre los fenómenos, o los fenómenos en sí mismos?

 

Ahora, lo que había parecido un absurdo y una tontería, dejaba de serlo, tenía una lógica; pero la respuesta en los jóvenes había involucrado todo a la vez, y de ahí que no vieran el armazón de las partes y su lógica; de modo que, nuevamente, su respuesta no podía ser sino que, lo que estudiaban, era todo ello: “ámbito”, fenómenos, y relaciones.

 

Y es que, para ellos, al “ámbito” por sí solo, qué le podían estudiar; y estudiar los fenómenos en sí mismos los hacía pasar por los diversos especialistas en dichos fenómenos; de modo que la identidad geográfica estaba en considerar las relaciones entre los fenómenos, mismos que hacen o construyen ese “ámbito”.

 

_   Pues veo que la geografía –comentó el viejo con aire reflexivo a la confirmación de la respuesta de los jóvenes–, adoptó finalmente las ideas del buen Kant…; creo que se estaba mejor con Comte, por lo menos esa “geografía fenomenista” conservaba la objetividad; pero, sí, si bien se “avanza hacia atrás”, ciertamente lo que dijo el buen Don Emmanuel, que bien tuvo que ver con la geografía, no fue cualquier cosa…

     Con que, entonces, finalmente, no estudian un espacio físico objetivamente dado; sino que, por espacio socialmente construido, ustedes estudian “la subjetividad de las relaciones”, como bien lo explica Nicola Abbagnano asentando el principio fundamental del kantismo.

 

Para esas afirmaciones los jóvenes no tenían ningún elemento de juicio.  El viejo los ubicaba como kantianos, y ellos no podían tener la más remota idea de lo que ello significaba; y que su “espacio socialmente construido” fuese una “subjetividad de relaciones”, resultaba confuso.  Esas relaciones económico-sociales, para ello, eran objetivas, ahí estaban, qué tenían de subjetivas.  Se hacía difícil que entendieran que en ese “espacio socialmente construido” por el cual se estudiaban esas relaciones, éstas eran, como lo contenido y no como lo dado, resultado de la trascendencia de las ideas kantianas.


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