Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog

Presentación Del Blog

  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
  • Contacto

Buscar

Archivos

17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:01

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.

  Narrativa, 2005 (1/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 16 ago 10.

 

 

Prefacio

 

El presente trabajo, ha sido elaborado con doble fin: 1) realizar un ejercicio académico con los estudiantes de la materia de Lógica, y 2) formar parte de la acreditación del curso: “Pensamiento Crítico y Creativo” de la Maestría en Educación.

 

Se había pensado en lo primero mucho antes de iniciado el curso de Maestría, cuando en el período vacacional imaginábamos lo que haríamos para el siguiente curso; pero ciertamente, no como se presenta ahora; como una narrativa entre escolástas; sino analizando los juicios lógicos de un caso jurídico real; de ahí que su título original fuera “Los juicios del Juicio”; es decir, los juicios lógicos, del Juicio jurídico.  Y no pudiendo conseguir al momento que se redacta esta historia las actas jurídicas que nos permitieran recrear una historia realista, hubimos de apelar a la historia universal, y nos remitimos a la época en que la silogística es llevada a sus extremos: la Baja Edad Media, durante el escolasticismo; de modo que esta narrativa, pasó de ser de “los juicios lógicos del Juicio jurídico”, a “los juicios lógicos, del juicio inherente a la racionalidad”.

 

Ello, para los fines de la materia del posgrado, podría traducirse literalmente entonces como: “los juicios lógicos con fundamento teórico y explicativos de la necesidad” (y más aun, “de la necesidad como condición de la libertad”), pasando a ser así, en la totalidad de ese enunciado, lo que entendemos por “pensamiento crítico y creativo”; lo que de manera resumida definimos inicialmente con el título de: “El Destino y la Libertad”.  Pero luego descubrimos algo literariamente más fino escondido en todo ello, y que le daba un mejor título: “Sociedad de Monjes”; que parece aludir al período histórico en que se ubica la narrativa, más no es exactamente por ello, y de ahí lo fino del título, sino porque, buscando las analogías entre la crisis del medioevo y su neoplatonismo, con la crisis actual, lo que más impacta en el ánimo, en lo emocional, es justo eso: una sociedad que es por igual, “monacal” (de monos, uno), esto es, de “seres solos”, de “hombres solos”, que dicho en su sentido amplio ha de entenderse propiamente, como una “sociedad de seres humanos solos” (involucrando lo mismo al monje que a la monja, al hombre que a la mujer), en que, como tales, en su aislamiento y soledad dadas por razones siempre trágicas, pierden su calidad humana sin expectativas de sublimidad, hundiéndose en lo abyecto de las mezquindades y envidias inherentes al culto del ego, es decir, de ese “egoísmo” del profundo individualismo actual, y en sí de toda esa cultura de la “contracultura” del posmodernismo y su enajenación y alienación social.

 

Ciertamente la narrativa, por su contenido filosófico y nuestra falta de dotes literarias, nos quedó involuntariamente “muy elevada”, pero valga como ejemplo del intento por una expresión del pensamiento crítico (del pensamiento esencialmente formado de juicios lógicos relativos a un marco teórico estricto) y creativo (del pensamiento que explica las condiciones de necesidad), como se demuestra en el contexto de la siguiente narrativa.

 

En ese contexto, lo que se presenta es apenas el argumento general de lo que habrá de ser una historia más elaborada principalmente en lo literario, intentando suavizar u ocultando de hecho el didactismo, hasta aquí casi en primer plano, con el interés de comprender lo esencialmente histórico-filosófico; se presenta por lo tanto hasta ahí donde nos fue posible por razones de tiempo dejarla presentable en la idea más completa, estableciendo el propósito del análisis silogístico (tema esencial del curso de Lógica y su Segunda Unidad, que al momento de presentar este trabajo en la Maestría, a la vez, se está desarrollando en clase)

 

Al respecto, de manera particular, debe mencionarse que en la disputatio que se narra discutiendo una de las tesis de Averroes, los nombres de los personajes corresponden a los principales escolástas entre 1270 y 1277, y que en el diálogo (casi soliloquio) de la parte final del texto, entre los personajes principales en el cual se discute los conceptos de “pensamiento crítico” y “pensamiento creativo”, los personajes concretos son los cinco mencionados por Jacques Boisvert en “La Formación del Pensamiento Crítico”, traducidos a los nombres de los mismos escolástas.

 

No tuvimos tiempo para más, el trabajo de esta narrativa para una actividad académica con los estudiantes de Lógica en la Licenciatura, en sí mismo pretende expresar los propósitos del pensamiento crítico y creativo.

 

 

Introducción.

 

La caída del Imperio Romano, y con él del régimen esclavista; de ese esclavismo no dado por propia voluntad deificando y confiriendo libertad al otro, a la alteridad, incluso a la alteridad reconocida como el “otro Yo”, al alter ego, humanizando; sino de ese esclavismo impuesto por la fuerza sometiendo y subyugando al otro contra su voluntad y despojándolo de su condición humana, no puede entenderse sin la Guerra de las Galias; primero de su conquista por Julio Cesar en el siglo I ane, dominando a los “pueblos bárbaros” tras el Limes romano, entre ellos, principalmente el de los francos; luego por su pérdida en manos de los romanos para pasar reconquistada temporalmente ahora nuevamente en manos de los francos con las invasiones del siglo IV (355) primero, y de la Confederación Franca después (en el 358), recuperadas casi de inmediato por Juliano “El Apóstata”; y en consecuencia, el posterior nacimiento del régimen feudal con el inicio mismo del siglo V.  Asimismo, más tarde el Sacro Imperio Romano fundado hacia fines del siglo X (962), tampoco podrá entenderse.  Luego de tres siglos, tras el reinado de Clodoveo desde el 481 que elimina el último gobierno fantasmal romano en las Galias, convertido él poco después (496) al cristianismo como agradecimiento al dominio que logró sobre los burgundios y Alarico II, rey de los visigodos, inicia un nuevo período histórico, prácticamente con el inicio mismo del siglo VI (509), con el reinado “haragán” de los francos Merovingios hasta la muerte de Dagoberto I hacia mediados del siglo VII (639), tras el cual arriba al trono la dinastía de los Carolingios (Carlovingios) con Pipino, dinastía reinante desde las Galias ahora por tres siglos en el nuevo imperio, hasta el reinado del Luis V en el siglo X (987).  Fue este el período histórico conocido como la Alta Edad Media, cuyo pensamiento era la Patrística Neoplatónica expresada en el Cristianismo, realmente como fundamentación del mismo; por la cual se establecía la doctrina de la emanación mística del mundo material, tanto más imperfecto cuanto más alejado de Dios y tanto más perfecto y cuasi divino, tanto más retornado a éste gracias a la capacidad del éxtasis humano; todo ello, a partir del principio espiritual, por el carácter absoluto de la trascendencia divina inefable cuya verdad era revelada al conocimiento mediante un saber oculto ab antiquo.

 

Esta historia tiene en todo ello apenas sus remotos antecedentes, pues su real contexto histórico estará en los acontecimientos de la siguiente etapa histórica, misma que se prepara ya con el papel protagónico de Carlomagno de los siglos VIII-IX (768-814), esto es, desde dos siglos antes al momento exacto de nuestra historia: la Baja Edad Media, del siglo XI, hasta el fin del medioevo mismo en el siglo XV (1453), convencionalmente establecido así con la caída de Constantinopla.

 

A la Baja Edad Media caracterizó entonces el pensamiento –fundado en el neoplatonismo– ahora del llamado Escolasticismo, “cuyos primeros doctores que se recuerdan son el benedictino Alcuino (735-804), maestro de filosofía en la Escuela de Palacio creada por Carlomagno, [la Escuela Palatina, cuyo modelo se propaga rápidamente; de donde el escolasticismo toma su nombre]; y Rábano Maure (776-856), originario de Maguncia, que fue discípulo de Alcuino y sucesor suyo en la enseñanza”[1].  Y no casualmente el escolasticismo habrá de surgir a partir de las extraordinarias discusiones sobre las implicaciones del acto de creación divina (el pensamiento creativo de Dios) dadas en la polémica doctrinal de la predestinación: Gottschalk (819-868), monje de la abadía de Fulda: <<Hay una predestinación –decía él– para los elegidos y otra para los réprobos>>; Rábano Maure y Hincmaro de Reims: <<No, la predestinación –respondían éstos– es una, para todos por igual, y como condición de necesidad>>.  Pero en la polémica interviene además otro pensador: Juan Escoto Eriugena (810-877): <<Sí, en efecto, la predestinación –dice éste coincidiendo con Maure e Hincmaro– es una, mas esta predestinación es coincidente con la presencia divina y por lo tanto consistente no en la necesidad –y ahí difería con éstos– sino en la libertad; pues el ser humano no es resultado excedente del simple desbordamiento de Dios, sino Dios mismo, el cual no puede ser sino Libertad>>, dando lugar a una nueva herejía.  La polémica doctrinal dio con ello un giro inesperado; ya no se trataba de determinar la unicidad o dualidad de la predestinación; ahora se trataba de determinar si Dios era causa necesaria y fatal de las cosas; o si Dios, siendo Uno con el ser humano, entonces no hubiese causa que precediese la voluntad del hombre, la voluntad de Dios sería su propia voluntad, con lo que la predestinación quedaría anulada.  Y sutilmente, no sólo la predestinación será anulada, sino con ello Dios mismo también, pues el destino del ser humano (ya no su predestinación), no será otro que el destino que el ser humano mismo quiera y pueda.

 

Trata esta historia pues, de las tribulaciones humanas a la desaparición de toda una etapa del desarrollo de la humanidad y su reemplazo por otra totalmente distinta, esto es, del inicio de esa transición de la Baja Edad Media al Renacimiento, de la desaparición del régimen feudal a la aparición del régimen capitalista.  Trata esta historia en su esencia, de esa lucha a muerte más allá de donde se flagelan las espadas, en otro lugar muy distinto de donde son heridos los caballos y ruedan los jinetes a la muerte atravesados por las lanzas.   Trata de esa lucha dada en las ideas,  cuyo escenario es el claustro y cuyas armas la palabra, el discursi, la disputatio de las ideas entre los escolásticos conceptualistas, nominalistas y realistas medievales, frente al surgimiento del Humanismo y el  pensamiento panteísta.

 

Y esta disputatio neoplatónica tenía como principal mérito los desarrollos de la Lógica Formal aristotélica, en donde los escolástas hicieron sus más importantes contribuciones.   Una contienda pues, no para cualquiera; como no para cualquiera es el otro campo de batalla; lo que para unos es adarga y ensangrentada lanza en ristre, para los otros es papel y entintada péñola en mano; lo que para unos es el grito de guerra en el bramido más feroz, para los otros, ese grito de guerra es tan sólo la proposición teórica misma en la palabra más categorizada.  Mas en ambos campos de batalla el resultado es exactamente el mismo: la lucha a muerte; se lucha, y el que lucha sabe, debe saber, que en ello le va la libertad, y la vida misma en juego.

 

Casos excepcionales hay, como del filósofo estoico Marco Aurelio acuchillando con la espada en el campo de lo militar, a la vez que escribe de su filosófico estoico pensamiento; o el militar Cayo Julio Cesar tomando la pluma para escribir sus postrimeros “Comentarios de la Guerra de las Galias” a la vez que comanda militarmente sus Legiones.

 

Esta historia no es de esas excepciones, sino de la intensa lucha de lo más abstracto: las ideas categorizadas; el rigorismo para evitar la ignoratio elenchi, esto es, la “suplantación de tesis”, en la que se considera idéntico lo que es distinto y se demuestra lo demostrado y no lo que ha de demostrarse, a manera de las variantes del sofisma en el argumento ad hominem.   El rigorismo para evitar los errores en los fundamentos de la demostración, como en el “falso antecedente”, el petito principii o proposición de un principio que no puede ser demostrado independientemente de la tesis que se debe demostrar; o evitar el circulus indemostrando o “círculo vicioso”.  El rigorismo para evitar los errores en el procedimiento de la demostración, como en la falta de la conexión lógica real, por el cual el “luego entonces” como apariencia verbal, non sequitur, es decir, no se sigue de los fundamentos; o el saltus in concludendo, el salto al sacar la conclusión; el quarternio terminorum, el introducir en el término medio conceptos aparentemente iguales pero de distinto significado, ya sea por simple expresión verbal, por fallacia secundum dictionem; o por error de pensamiento o fllacia extra dictionem.  El rigorismo para evitar pues los errores en el razonamiento y precisar el contenido y extensión de los conceptos.

 

Y todo ello, allí, en el escenario del oscuro y resonante claustro en la Academia Palatina; o allí donde un parapeto es la mazmorra misma, allí donde el calabozo de la más sórdida ergástula es incapaz de doblegar al galeote de la más poderosa de las armas: las ideas.   Esta es la historia, hela aquí...

 



[1] De Ruggeiro, Guido; Sumario de Historia de la Filosofía; Editorial Claridad, Buenos Aires, 1948, p.127 (Corchetes nuestros)

 



Compartir este post

Repost0

Comentarios