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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 agosto 2010 2 17 /08 /agosto /2010 08:02

Clich--Literatura

Sociedad de Monjes.

  Narrativa, 2005 (2/5).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 19 ago 10.

 

 

Entre el Claustro de Tours y el Arbotante de Ligugé.

 

Es el monasterio de San Martín de Tours, uno de aquellos en donde se conservaban desde antiguo las bibliotecas y se copiaban los textos, de un monaquismo de inspiración benedictina por iniciativa de San Bonifacio; monasterio elegido por Alcuino para fundar una Escuela Palatina más, una Escuela al estilo de la primera escuela fundada en el Palacio de Carlomagno por el mismo Alcuino; la Escuela Palatina de Tours que fue de tanta fama, si no es que más, como las de Tréveris, Maguncia, Orleáns, Lyon, o Metz; y afamada por su Academia en las Siete Artes Liberales, particularmente destacada por su formación en la Lógica del trivium; gramática, retórica y dialéctica; más que en la Física del cuadrivium; aritmética, geometría, música y astronomía.

 

Luis –¡ah!, cualquier Luis, ¡quién no se llamaba “Luis” en Aquisgrán el corazón del Sacro Imperio Romano Germánico!–; de no ser un Luis de alcurnia cuya estirpe fuera dinástica teniendo en su origen genealógico al Emperador del Sacro Imperio Luis el Piadoso, o a Luis el Germánico, Rey de Alemania; o a Luis II a su vez Emperador; o a Luis Rey de Sajonia; o a Luis el Niño Rey de Alemania; o a Luis II; a Luis III, Luis IV, Luis V; todos ellos Reyes de Francia; ¡bha!, llamarse Luis sin real heráldica, era pura presuntuosidad.  A un Luis cualquiera de estos últimos es al que nos referimos en esta historia.  Y pues bien, decíamos, Luis, es un aspirante a Diácono benedictino recién llegado como Seminarista Mayor a la Escuela Palatina en la abadía de Tours, interesado en instruirse en la Lógica del Trivium; buen retórico, mejor que gramático, pero más interesado en especializarse en la dialéctica.

 

Contrastaba impresionantemente el hábito profundamente negro de capucha y holgadísimas mangas del Seminarista benedictino del monasterio de Tours cargando un libro y entresaliendo de sus dedos un rosario; contra el elegantísimo y resplandeciente atavío blanco, a la vez de holgadas mangas, y a sus pies adornado con un vista dorada espaciada de otra lila más ancha que remataba al filo del atuendo, de elegante capela del mismo color que el largo peto azul rey coronado por un enorme cameo al pecho, de la monja jerónima a su vez aspirante a Diaconisa del convento próximo de Ligugé, y de la cual, absurdamente, el profano aspirante a clérigo se había enamorado sólo de verla, sumiéndose en un inconfesable infierno sobre la tierra..., mas no menos de lo que ella a su vez lo estaba, sobrecogida de una profunda angustia y consternación, orando fervientemente en su celda para no caer en tentación.

 

Acaso era como si ambos se tuviesen admiración mutua cual si fuesen dioses a los que recíprocamente se entregaban con arrobada y plena fe mística.  Ella se encerraba en su celda a rezar, él hacía otro tanto, pero cavilando en vez de rezar, la manera de justificar sus actos arrebatados por la pasión, maquinando la manera de poderlos realizar.

 

Entre tanto, él, en esos momentos históricos de terrible confusión y caos como lo fue el largo fin de la Edad Media entre el s.XIII y el s.XV, el profano panteista por naturaleza, haciendo en el disimulo fe estoicista del argumento nominalista, es decir, resignándose estóicamente a pasar por nominalista siendo panteista, había empezado la rutina de la Lectio y la Disputatio de sus seminarios escolares.

 

_ El neoplatonismo –comenzaba así su disertación el docto escolástico Siger, que llegaba con cierto desparpajo, con su cabellera alborotada y procedía a una larga introducción, que por demás Luis valoró enormemente, pues le permitió conocer el pensamiento del maestro y ubicarse él mismo: había que disimular, no se mostraría más como realmente era-, fue fundado en el s.III de nuestra era cristiana por Ammonio Sacca en Alejandría, hasta el cierre de la Academia de Atenas, ordenado por Justiniano en el año 529.  Mas corrompido por la cultura oriental, nacieron de él la gnosis, el hermetismo, la astrología y la magia, y así se llegó a la filosofía carismática o teúrgia en la comunicación del mago con la divinidad.

_ Si me permitís deciros padre, creo que lo que caracteriza a los neoplatónicos –agregaba conocedor Simón, un seminarista hueco que deseaba hacerse notar y sobresalir por su puro complejo de inferioridad en aquella reunión para el ejercicio de la disputatio-, es la revisión o relectura de Platón desde un punto de vista religioso, rechazando el antropomorfismo teológico cristiano, siendo gran aberración ésta, para ellos, de hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza, sin entender que ello es justo al revez...

_ Dios, si seguimos a los neoplatónicos –continuó el doctor escoalsta-, ha de ser la hipóstasis (la esencia) de un ser trascendente de manera absoluta, de modo que lo hace inefable, inalcanzable e inexpresable.  En suma, que la filosofía neoplatónica, no obstante lo dicho, nos ha legado un aspecto fundamental: el misticismo cristiano.

_ Cierto es, padre –dijo Luis, que detectaba en el maestro inclinaciones por el realismo medieval y optaba por pasar como semejante y no ya como diferente-, y corrija su venerable mi error si en ello hay fallo; en ello hay tres hipóstasis: 1) Dios; 2) luego de Él emana (mas no se “crea”) la segunda hipóstasis, el espíritu (intelecto, la mente); y 3) el alma, el principio de la vida eterna y espiritual, ausente en las plantas y los animales.  La materia, que contiene el mal y la imperfección, no posee propiamente existencia, sólo existe el alma que la genera... –el Doctor hizo un tiempo para responder o comentar algo, no estaba de todo de acuerdo en lo dicho por Luis y ese lapso fue aprovechado para la intervención de Pedro, que ligero de pensamiento lo hacía más a manera de una reflexión en voz alta que como una proposición.

_ Entonces el hombre –dijo así Pedro-, próximo al mundo material como en lo posible de Dios, está entre el ser y el no-ser...

_ Así es –dijo por fin Siger-, aunque su corporeidad pertenezca completamente al mundo ilusorio de las cosas, su alma puede, si lo desea con fuerza, prescindir de la materia e iniciar un proceso de regreso hacia Dios: eso es justo el misticismo.

_ La materia es oscuridad..., un puro no-ser... –repitió aquel que gustaba de exteriorizar su pensamiento sin más propósito.

 

Ahí estaba la esencia, el corazón palpitante del escolasticismo en sus raíces.  No tardó mucho para que de esas sesiones de Seminario, es decir, del semillero de los futuros doctos, se planteara un problema que estaba ahí permanentemente más de fondo: el problema del pensamiento crítico, es decir, el pensamiento como sólo puede ser el pensamiento: a base de juicios lógicos, acerca de la creación la emanación, o identidad Dios-Humano.  O dicho de otra manera en la variante del primigenio problema panteista herético planteado por Juan Escoto Eriugena: si Dios crea, y si lo hace con algún sentido, Dios creativamente traza el destino de los seres; si no queremos pensar que lo hace para arrojarlos inmediatamente como desechos para los cuales no tiene ningún propósito.  Los seres nacen pues, predestinados; mas Dios no crea, sino Él; más que plotina o neoplatónicamente emanante, es Uno con lo humano, lo humano panteístcamente coincidente con la presencia divina; es consistente pues, no en la necesidad sino en la libertad.  Los seres no son entonces un acto volitivo de Dios (una necesidad), sino Dios mismo (la Libertad)

 

De ahí que ya Plotino en el s.III propusiera que el concepto de creación (un acto libre y voluntario, no necesario de la divinidad trascendente que otorga existencia al Universo ex nihilo -a partir de la nada-, y que plantea el problema adicional de la responsabilidad de Dios respecto de su obra imperfecta: es decir, a ¿por qué el mal?); fuese sustituido por el de emanación, pues en ésta, ocurre un proceso no voluntario, espontáneo y necesario al mismo tiempo, mediante el cual el mundo <<mana de Dios por sobreabundancia>> sin su intervención directa.  Aquí la predestinación no ocurre, sin embargo Dios está presente en lo espontáneo y necesario simultáneamente.  De donde Dios no creativo sino emanante es destino, y como tal –según Plotino-, condición de necesidad, y ésta a su vez, explicación del mal; pero no predestinación, sino acto espontáneo.

 

Juan Escoto Eriugena criticando la posición de la predestinación como condición de necesidad, proponía así que la predestinación es una, mas no propiamente emanante y espontánea, sino coincidente con lo humano, y por lo tanto, predestinación consistente no en la necesidad, sino en la libertad.

 

Mas era éste un sagaz artilugio del pensamiento para, haciendo a Dios Uno con lo humano, lo humano predestinándose, trazando por sí mismo su propio destino, reclamaba de libertad: nacía allí el pensamiento humanista.  Y este pensamiento de Juan Escoto Eriugena habría de desarrollarse en el curso de los cinco siglos siguientes..

 

Luis, como afanado servidor de la clerecía del Monasterio de Tours, tenía como una de sus encomiendas el trasiego de productos entre éste y el Convento Jerónimo de Ligugé a poca distancia, a menos de una jornada entre ambos.

 

Allí conoció a Lilium, una aspirante a Diaconisa aplicada en los mismos afanes que él, y a la que conoció precisamente un día de tantos en una entrega, en que ella quedó destinada a asistir a la Sor en la recepción los bienes terrenales y las artes que intercambiaban semana a semana ambas abadías.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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