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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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3 junio 2010 4 03 /06 /junio /2010 08:07

Lamina-17Un Criterio del Papel de la Geografía,

en las Políticas de Planificación

en la Exploración Petrolera en México.

 Tesis, Maestría en Geografía, 1986 (7/13).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 24 jun 10.

 

 

Integración e Interpretación de la Cartografia.

Elementos fundamentales de planificación.

 

Hemos llegado a este capitulo en donde, después de analizar las bases geográficas, legales, administrativas, para la planificación del recursos petrolero, y considerar la industria petrolera y su circunstancia histórica, pasaremos a definir concretamente el papel de la geografía en esta industria.

 

Nuestra hipótesis planteaba que dicho papel se centraba en las políticas de “planificación” o programación sectorial de regulación económica, en los que la geografía intervendría mediante la “descripción calificada” o análisis de los indicadores geográficos; que como hemos visto, no es otra cosa que el reconocimiento de una suma de factores naturales que condicionan el desarrollo de la prospección petrolera; pero no pese, sino a través de una integración cartográfica, en la que dicho análisis cobra un sentido eminentemente geográfico y en el que esta disciplina de conocimientos verdaderamente trasciende en su importancia como una ciencia útil en él  proceso productivo.

 

La demostración de ello es lo que aquí nos pro­ponemos de manera concreta, y para ello recurriremos primero, a considerar los aspectos que esencialmente involucran la pla­nificación, para que en ese marco veamos el papel de la geografía; después nos circunscribiremos a mostrar dicho papel, que como en otro lugar ya hemos consignado, le ha aportado a nuestra disciplina de conocimientos una presencia científica.

 

Así pues, en su forma más generalizada y esen­cial. la verdadera planificación; esa que académicamente se nos ha mostrado como el acto integral del conocimiento de nuestra totalidad natural, económica y social, y su ordenamiento en tales o cuales perspectivas; se reduce a los siguientes puntos:

 

1)      un inventario de recursos tanto naturales como sociales,

2)      un política económica,

3)      una armonía entre la producción y la distribución

4)      un ciclo de producción,

5)      un ritmo de producción, y

6)      un balance.

 

Está claro que no se puede realizar la planifi­cación integral de algo que se conoce parcial e incompletamen­te, y mucho menos si no se conoce. Este es el papel del inventario de recursos, que en México es algo que está lejos de ser no sólo completo, sino incluso ordenado y seguro o real, que incluso escapa de las manos del Estado.

 

La política económica es el eje fundamental de la planificación, indica a que se debe dirigir la economía en forma proporcional y en interés de la sociedad. Su máxima ex­presión está condicionada a atender los intereses de la clase social mayoritaria: el proletariado, formado por quienes son los verdaderos productores de la riqueza, el campesinado y los obreros.

 

En un País como México, en donde el Estado es un aparato subordinado a los intereses de la clase minoritaria, la burguesía, formada por los grandes inversionistas industriales y comerciantes, a fin de savalguardar sus intereses, es evidente que la política económica se subordina a las necesidades de los consorcios financieros, comerciales, industriales, y el precepto de encausar la economía en forma proporcional y en interés de la sociedad, se convierte, cuando no en ficción, en demagogia.  El Estado planifica para la burguesía en nombre de la sociedad en su conjunto.

 

La planificación es esencialmente una categoría económica, de ahí que fundamentalmente conlleve el concepto de armonía entre la producción y distribución. Y esto hace que quede sujeta a un proceso científico condicionado a determina­das leyes objetivas del desarrollo social: la ley del desarro­llo planificado de la economía nacional, que expresa la necesidad de organizar de manera planificada la economía nacional, misma que se finca en la ley del valor, la ley del desarrollo preferente de la producción de medios de producción, la ley de acumulación de capital, la ley de circulación del dinero (que depende de la masa de mercancía en circulación, del nivel de precios de las mercancías y de la velocidad de circulación del dinero), la ley de correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, y la ley de producción y apropiación de plusvalía o ley fundamental para nuestro caso, del capitalismo, entre otras.

 

Basta preguntarnos: ¿las políticas de planificación en México pueden atenerse a todo esto y dar lugar a una planificación como comúnmente la tenemos conocida, es decir integral?

 

No cabe la duda, pero en todo caso, la respuesta contundente es, no. Y no, porque ello no puede ser en un sistema económico social que se caracteriza por la anarquía en la producción y en la distribución, sujeta a los intereses del capi­talismo comerciante.

 

Visto todo lo anterior, es evidente la imposibilidad de establecer con rigor un ciclo de producción, esto no puede  interesar al capitalista que entre más produzca mas gana; de tal modo que a su vez, un ritmo de producción solo puede ser concebido en incremento constante y no en regulación armónica en relación con determinados intereses sociales.

 

Finalmente, si hay un balance determinado que pueda hacerse, éste solo puede ser: la planificación integral no existe en el sistema económico social capitalista.

 

Pero en tanto la planificación solo puede entenderse como tal, en cuanto integral, no cabe hablar de planificaciones sui qeneris en el capitalismo; sino exactamente de lo que son: meras programaciones sectoriales de regulación económica.

 

Sin embargo, antes de abordar las características de esto ultimo conviene revisar el otro aspecto de los elementos fundamentales de planificación: el desarrollo histórico del problema mismo de planificación como intento en esta sociedad.

 

Sin pretender un análisis exhaustivo, habremos de reunir a la generalización del problema a través de una gran periodizacion.

 

Partamos de considerar que la ley del desarro­llo planificado de la sociedad, encuentra ya su simiente en el sistema capitalista y que se demuestra como ley en tanto su necesidad, que inicia su expresión en la promulgación sucesiva de ordenamientos legales y en su juridificacion, que se gesta desde los programas revolucionarios; sea como ejemplo, el programa del Partido Liberal Mexicano de 1906, que plantea toda una reestructuración social.

 

No obstante, es importante destacar que estos proyectos estaban condicionados a la lucha política y por tan­to carecían de sistematización.  Sean pues tan sólo como una demostración de la ley del desarrollo planificado de la sociedad.

 

Consumada la revolución de 1910-1917, lo que confirma dicha ley es la puesta en práctica de manera inmedia­ta de una política por lo menos tendiente a la planificación, a través de lo que entre 1917 y 1934 funcionó como Departamen­to de Contraloría, abocada a mejorar la Administración Pública.  Lo que entre otras cosas, muestra que el acto de planificación comienza y termina en la Administración.

 



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