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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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18 septiembre 2011 7 18 /09 /septiembre /2011 23:03

Ícono Filosofía-copia-1Una Curiosa Demostración de la Existencia de Dios, pero, al Final, la Objetivamente Verdadera.  Ensayo (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra; 1 (jN, lW); 03 oct 11.

 

El infierno, medida para intimidar a los dioses, no es un asunto para cualquiera a pesar de todo, debiéndolo ser.  Ser acusado de soberbia y atemorizados con el infierno, y los posibles dioses comienzan a descartarse desde el momento en que no se cuestionan sobre la soberbia, no pudiendo entender que nadie escapa de la soberbia, como nadie escapa a la gravitación universal, a ese sentimiento de arrogancia en la superioridad para desde ahí, con ello, enfrentar el mundo.

 

Quien más vano en lo omnisupremo que aquella deidad que no quiere ver en su creación su propia perfección. Sino el más indigno vasallaje de súbdito del Reino de los Cielos.  Acaso sólo Satanás.  Y Satanás como un Dios caído confundiendo las cosas; porque en su soberbia malentendida, ha querido ver su perfección en sí mismo, y no mediada en la otredad en la que ha de reconocerse.

 

Pero Dios, en la humildad más absoluta, ubicándose como negación ante su creación para que sea ésta la que se afirme, sin que más nadie lo pueda hacer como Él, ¿no es acaso una presunción de supremacía en esa condición?

 

La única aparente manera de no incurrir en soberbia, es no desear nada y omitir la voluntad propia; dejarlo todo en la contemplación de la gracia de Dios.  Pero es sólo aparente manera, porque esa supuesta no-soberbia, no es mas que una forma más de la misma: la presunción de estar despojado de ella, en el privilegio del éxtasis, de la unión realizada en Dios.  Quizá, en consecuencia, la mayor soberbia de todas.

 

Así, frete al éxtasis como la supuesta ausencia de soberbia en la unión con Dios, se acusa de la mayor soberbia , en consecuencia, a la negación de Dios; a esa actitud del Ángel caído  que no sólo desea todo para sí, sino que aplica en ello toda su propia voluntad.  Satanás, Lucifer, ¿hace ello por vana presunción, o por necesidad?  Exactamente lo mismo se puede plantear para el sujeto arrobado en el éxtasis: ¿ello es presunción vana, o necesidad?  Es evidente que el sujeto en éxtasis, sólo hace conciencia de su realidad en Dios; se afirma en éste negándose a sí mismo.  Es decir, es exactamente lo opuesto al que, negando a Dios, por lo contrario, se afirma a sí mismo.  El problema es, pues, identificar la existencia o no de la necesidad.

 

El problema de esa soberbia no es, pues, la soberbia misma, al fin, una manera positiva o virtuosa de ser con todo y el dejo de lo arrogante que pudiera haber en ello, sino, en consecuencia, una actitud moral, algo que sólo se da frente al otro en tanto juzgado por éste.  Y así, es la relación de un deseo para sí, respecto del deseo en el otro en función de aspirar a más, a un progreso; adquiriendo su carácter negativo, de pecado, como presunción vana, vacua, que no responde  ala necesidad.

 

A menos que Dios sea inmanencia que no necesita conciencia de sí mismo, el sujeto arrobado en el la inconciencia misma de éxtasis, y así en unión con Dios, tendría razón de ser.

 

Pero si Dios es el Gran Hacedor, si el ser humano es el producto del trabajo del Demiurgo artesano, Dios, en la conciencia de sí mismo, necesita  de la afirmación de sí en el ser humano; y particularmente en la conciencia de éste como su negación; así, no ha de ser el ser humano el que se juzgue indigno de Dios, o se de en la inconciencia del éxtasis, lo cual no cumple el propósito, pues ello sigue siendo encimismamiento de Dios.  De este modo, la afirmación de Dios ha de ser en la afirmación del ser humano en sí mismo; tanto como el ser humano necesita, en consecuencia, para la afirmación de sí, de la negación de Dios como lo inverso del éxtasis.

 

La conciencia de Dios en la solución de esa necesidad, es lo que lo emancipa, es decir, lo que lo hace ser lo que es; exactamente igual que la conciencia de esa necesidad en el ser humano, es la solución que lo libera, haciéndolo un ser humano real.

 

Puede decirse, así, que la soberbia de Dios, se niega como tal en la mediación por su necesidad del ser humano como afirmación; e, inversamente, la soberbia humana (esa satisfecha afirmación con orgullo de sí), se niega como tal, en la mediación por su necesidad de Dios como negación.  Hay razón para ser soberbio: es la satisfecha afirmación con orgullo de sí.

 

Así, no se trata de no ser soberbio, sino de serlo, pero no en una presunción vana, sino en su forma mediada por la necesidad.  La arrogancia, el orgullo, el honor, no ha de estar en uno, sino en aquello que lo expresa a uno.  No en lo que vanamente diga uno de sí, sino en lo que, mediadamente, los actos o los hechos digan de uno; y ellos habrían de ser lo mismo que hacemos en el alter ego, idéntico a la creación en la otredad, así sea ésta la creación misma del concepto de Dios, para reconocer en ello el reflejo de nuestra objetivamente verdaera existancia como dioses, y de la humanidad misma como el verdadero y único Dios realmente existente.

 


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía
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