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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 febrero 2012 7 19 /02 /febrero /2012 23:01

Logotipo SMTHG scTeoría Unificada de la Geografía: w de los Fundamentos de la Teoría del Conocimiento Geográfico. Ensayo, 2012 (I).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http:espacio-geografico.over-blog.es/

04 ene 12.

 

Introducción.

 

Al considerar el pensamiento abreviado más sencillo, a la vez que el más general y esencial, acerca de la unidad de la Geografía como ciencia, podemos decir que la Geografía es unidad e identidad en la síntesis lógica, dada la dialéctica de la contradicción entre su antítesis y su tesis.

 

Nada, a la vez, más vago, por exacto que ello sea.  De ahí que tal enunciado tenga que precisarse ampliando el contenido de los conceptos: y, en primer lugar, establecer que la unidad e identidad de la Geografía como síntesis lógica, constituye una operación discursiva, un razonamiento o deducción en la lógica formal de un silogismo.  De modo que por tal síntesis, no debe entenderse un mero agregado mecánico de elementos diversos, a manera de una “síntesis combinatoria”.

 

De ello se sigue la necesidad de entender la dialéctica de la contradicción: esto es, primero, el encontrarse con la diferencia en lo que sólo pareciera idéntico a sí mismo; luego, segundo, reconocer en tal diferencia (en este caso), dos opuestos que aún contrarios entre sí, son complementarios e interdependientes; para, en una tercera fase, reconocer que esos contrarios, negándose mutuamente, constituyen la antítesis y la tesis que afirma la identidad, en este caso, de la Geografía.

 

Reconocer el carácter antitético que surge por oposición a una primera afirmación de identidad o tesis, es lo que permitirá la lógica dialéctica de la síntesis.  En ello radica el movimiento del objeto, pues es la tesis, enfrentada a la antítesis, lo que cuestiona y obliga al desarrollo.

 

Es pues, en la síntesis, en donde se obtiene una nueva identidad de ese objeto en movimiento, en este caso, la Geografía.

 

Ahora, a lo anterior, debe precisarse el contenido ya de la tesis, como de su antítesis.  Y desde el primer momento, en una primera identidad de la Geografía, ya observamos el juicio lógico que afirmaba en ella el estudio del espacio terrestre dado en el mapa.  De donde Eratóstenes introduce el término de “Geografía”.(de ge, o gea, la esfera terrestre en la diosa de la Tierra; y grafía, dibujo descriptivo, mapa en este caso), entendiéndose por ello entonces, la ciencia del estudio de la Tierra en sus mapas o representación de su espacio.

 

Y a ello se opuso, dos siglos después, el juicio antitético enunciado por Estrabón, de ser ésta, más bien, a su juicio, la ciencia del estudio de “la historia en el lugar” (el fenómeno social en ese espacio terrestre).  Así surgió, entonces, la contradicción fundamental de la Geografía; misma que implicó, en consecuencia, veinte siglos en resolverse, para, en su solución de síntesis lógica que ofrecemos aquí, dar lugar a una nueva identidad de la Geografía, siendo inherente a ello su unidad, su integridad, y su desarrollo.

 

Y ya así lo entendíamos desde 1980 cuando hacíamos nuestra investigación de tesis de Licenciatura en Geografía: “Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento” (1983).  En ella, finalmente, lo expusimos bajo el capítulo de: “La contradicción fundamental de la Geografía como ciencia, y el problema de su teoría unificada”[1].

 

Ahora bien, debemos decirlo, el reconocimiento de esos opuestos de la Geografía como el estudio del espacio terrestre dado en el mapa, o de la Geografía cono el estudio del fenómeno histórico-social dado en los lugares, no fue atributo nuestro; en primer lugar, ya estaba ahí enunciado por el mismo Estrabón; y en segundo lugar, ese reconocimiento de los opuestos, era entendido generalizadamente.  Lo que hizo la diferencia en el tratamiento del problema, fue que, mientras otros autores veían en ello sólo una “dualidad” de la Geografía, nosotros veíamos en esa dualidad una contradicción dialéctica.

 

Finalmente, se enunciaba así la contradicción teórica fundamental “que opera como motor del desarrollo histórico de la Geografía”[2]; la negación en el objeto de estudio, entre los fenómenos (naturales y sociales), y el espacio[a].

 

Incluso, ya desde entonces, explicábamos esos veinte siglos (años más años menos) de esfuerzos de pensamiento para su solución, en la indefinición científica del concepto de espacio.

 

Nosotros ya decíamos ahí: “En esta tesis no se ha de discutir con amplitud el problema de la teoría unificada, hasta aquí sólo se ha señalado en su esencial fundamento.  La razón principal que evita su discusión, es el que primero debe resolverse el problema el problema de la teoría del espacio geográfico…”[3].  Y entonces, hubieron de transcurrir treinta años, para que, definido el concepto de espacio geográfico y la esencia de su teoría, volviésemos al tema de la teoría unificada.

 

Habíamos dejado la solución a un futuro indefinido, llegamos a pensar que sería asunto de otra generación en un futuro más lejano del desarrollo de la Geografía.  Sin embargo, con un placer intelectual infinito, ese problema de veinte siglos del cual ya bosquejábamos su solución desde 1981, y luego expusimos en la tesis: “La teoría unificada de la geografía, que ha de hacer de la contradicción fundamental de esta ciencia, una contradicción no-antagónica, hará volver la mirada hacia las relaciones internas de la geografía, al estudio de esta ciencia por sus propias contradicciones internas; es decir, por el estudio de las contradicciones y relaciones de los objetos materiales de la naturaleza inorgánica, orgánica, y social, como formas discretas de espacio y su interacción física con el espacio mismo como cualidad transitoria continua”[4].  Y nos ha tocado a nosotros mismos –así lo creemos–, el resolverlo.  Y no podía ser casualmente, pues antes nos ha tocado resolver, también, el problema que condicionaba esta teoría unificada: la teoría del espacio geográfico.

 

La unidad de la Geografía, hemos dicho, se cifra en la síntesis, lo cual le ha implicado a sus analistas teóricos, definir la naturaleza de ésta, y de hecho, elegir entre entenderla como una “síntesis combinatoria”, o entenderla como una “síntesis lógica”.

 

El problema de la unidad de la Geografía se planteó casi desde su origen, al disentir Estrabón, en el siglo I ane, con un espíritu de historiador, del concepto de Geografía tal cual lo había introducido su autor, Eratóstenes, en el siglo III ane, en un espíritu de físico-matemático.  Pero en el origen mismo del desarrollo de las ciencias, cuando apenas comenzaba su diferenciación en el deslinde de sus objetos de estudio objetivamente dados, esa polémica no fue definitoria, y realmente no podía serlo: la geografía podía confundirse con las demás ciencias, como las demás ciencias podían confundirse entre sí.

 

Con el Renacimiento luego del siglo XV, y más aún con el momento de la Ilustración luego de la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, fue entonces que el problema comenzó a plantearse como algo definitorio conforme la especialización cada vez mayor de las ciencias, y ya para el siglo XIX, por exclusión, se le planteó, entonces, como una necesidad, a la Geografía.

 

La primera solución se pretendió ver en el Todo de Karl Ritter, y a semejanza del Cosmos de Alejandro de Humboldt.  Y ese fue el modelo durante la primera mitad del siglo XIX, insostenible luego de la muerte de ambos personajes en 1859.

 

Se planteó entonces un par de soluciones a la unidad de la Geografía: la de una ciencia de los fenómenos sociales en los lugares, en función de los naturales, con F. Ratzel; y la de una ciencia de los fenómenos naturales en los lugares, en función de los sociales, con Ferdinand Von Richthoffen; con la históricamente evidente insuficiencia de una u otra propuesta (y más aún, de donde de la primera, se incurría en el llamado “determinismo geográfico”, como una anticientífica explicación de lo social, determinado por lo natural).

 

Ello llevó a que en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, Vidal de la Blache replanteara el problema.  Para éste, la Geografía era una ciencia de la localización.

 

Mientras que la solución funcionalista lo que hacía era escindir a la Geografía, algo que habría en común a los dos casos funcionales y que en consecuencia daba su identidad, era el concepto de lugar.  La localización y el lugar, eran categorías que siempre habían estado ahí en el conocimiento geográfico a lo largo de la historia, de manera más persistente y fundamental que cualquier otro concepto vinculado a los fenómenos naturales o sociales; y con ello, como categorías espaciales, por primera vez en un siglo, se replanteaba en nuevos términos la unidad de la Geografía en torno al concepto del espacio terrestre.  Sólo que un espacio pobremente definido, no tanto por lo limitado de sus propiedades dadas por un número de categorías muy restringido, como, esencialmente, porque esas categorías apenas aproximaban a la esencialidad del verdadero objeto de estudio.

 

Treinta años después, Alfred Hettner fue más a esa esencialidad: la unidad no estaba dada por un objeto de estudio vagamente definido por un conjunto limitado de categorías particulares, en donde estas parecían ser el objeto mismo, sino por un abstracción y generalización mayor de éstas en un concepto o categoría esencial: el espacio como tal.  Sólo que, aún Hettner, tuvo que caracterizar al espacio geográfico como corografía y la región, donde las propiedades de éste quedaban dadas aún por las propiedades espaciales particulares mismas de los fenómenos naturales y sociales, cuya causa radicaba en los fenómenos mismos.

 

En la insuficiencia aún, se seguía intentando, desde el planteamiento de Emmanuel de Martonne de principios del siglo XX, de la Geografía como <<ciencia de los fenómenos naturales y sociales considerados en su distribución, en sus causas y relaciones>>, la unidad de la Geografía como una “síntesis combinatoria”, o como “sistema de ciencia”.  Mismas que, cuanto más se hacía científicamente insostenible, para la misma época de los años setenta del siglo XX, dio lugar al opuesto: la negación de la unidad de la geografía; la afirmación de que tal unidad era un mito (Alan Reynaud, 1976).

 

Casi medio siglo después de Hettner, en 1976, al tiempo que se afirmaba por Alan Reynaud que la unidad de la Geografía era un mito, en sentido opuesto, A.M. Riábchikov intenta superar la causalidad de los fenómenos, mediante la generalización de éstos en la idea de los antiguos Elementos griegos, analizando de ellos, los balances de energía.  De manera semejante, y simultáneamente, Carlos Sáenz de la Calzada plantea la misma idea en los términos de las transiciones de unos Elementos a otros.

 

Si bien el compañero José C. Martínez nava todavía hasta 1995, trató de explorar la alternativa de Riábchikov dando un estudio causal distinto para el espacio terrestre; por la parte del autor de estas líneas, decidimos explorar lo que, para fines de los años setenta y aún durante los ochenta del siglo XX, resultaba algo más que complejo: la realidad y naturaleza del espacio como tal.  EN el conjunto de las ciencias vinculadas a ello, el espacio como un “algo” era inconcebible; más aún, en el ámbito de nuestro marco teórico en la dialéctica materialista, ello resultaba en metafísica.

 

No obstante, con el avance de las ciencias vinculadas al asunto del espacio, lo que ya de tiempo atrás se sospechaba (por ejemplo, con Kósiriev), comenzó a adquirir visos de verificación de hipótesis en la transición de los años noventa del siglo XX, a la primera década del siglo XXI.  Ahora, finalmente, los fenómenos naturales y sociales así generalizados en los Elementos, adquieren una abstracción y generalización todavía mayor: los estados de espacio.

 

La unidad de la Geografía como una síntesis lógica, se da precisamente en la síntesis del espacio terrestre, primero, como una abstracción y generalización en los estados de espacio; y, segundo, como una subsunción de la antítesis de los fenómenos, a la tesis del espacio.

 

Ese enunciado abreviado que exponíamos al principio en su forma más generalizada, tiene, pues, un desarrollo; involucrando los conceptos geográficos más concretos; que expresa toda la complejidad del problema:

 

La Geografía es la síntesis lógica del movimiento en el cual la antítesis de los fenómenos dados en la Relación Geográfica, se desarrolla y se transforma en la dialéctica de la contradicción, en la tesis del espacio dado en el mapa; puesto que es la subsunción de la antítesis en la tesis, en la dialéctica de la contradicción, dada mediante un proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en estados de espacio, en el análisis cualitativo-cuantitativo del espacio terrestre.

 

Si tratamos de simplificar ese complejo entimema, la tesis a sustentar es que: la unidad e identidad de la Geografía, es reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre.

 

La hipótesis en esa subsunción de la Relación Geográfica al Mapa; de verificarse, demostrará la veracidad de la tesis: la transformación de los fenómenos naturales y sociales en estados de espacio.

 

La premisa antecedente tiene un enunciado complejo correspondiente:

 

Toda síntesis lógica en Geografía, es subsunción de la antítesis en la tesis, en la dialéctica de la contradicción mediante un proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en estados de espacio, en el análisis cualitativo-cuantitativo del espacio terrestre.

 

Lo esencial en esta premisa, es demostrar históricamente, ese proceso de abstracción y generalización de los fenómenos en estados de espacio, por demás, en un proceso de subsunción.  Esto último corresponde a una operación lógica en una inferencia mediata, misma que queda expuesta en el siguiente silogismo:

 

Todo reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre en la ciencia de la Geografía, es la síntesis lógico-histórica de los fenómenos concretos dados en la Relación Geográfica, en los estados de espacio abstraídos y generalizados en el Mapa.

 

La unidad e identidad de la Geografía es reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre.

 

Luego entonces, la unidad e identidad de la Geografía, es la síntesis lógico-histórica de los fenómenos concretos dados en la Relación Geográfica, en los estados de espacio abstractos y generalizados dados en el Mapa.

 

En este ensayo trataremos, pues, con el contenido de cada premisa (antecedente y de tesis), y de su consiguiente (hipotético), procurando su argumentación demostrativa.

 

De acuerdo con las leyes de la lógica, si ambas premisas son verdaderas, su consiguiente será verdadero.  Demostrada la veracidad por consiguiente, ello confirmará la veracidad de la tesis.

 

Por lo tanto, el presente ensayo lo dividimos en tres apartados, correspondiendo cada uno de los cuales a la argumentación demostrativa de juicio con que se enuncia cada premisa y su consiguiente.

 

La premisa antecedente tiene, en el fondo, una solución filosófica dada desde Hegel (la síntesis como resultado de la subsunción de la antítesis en la tesis), y ésta se suele dar por ya demostrada; en ella, que la antítesis se identifique con los fenómenos, como la tesis con el espacio, no es algo que se ponga en discusión, sino, por lo contrario, algo amplia e históricamente aceptado en distintas formas de interpretación en la discusión teórico geográfica misma.

 

La premisa de tesis: <<La unidad e identidad de la Geografía es reflejo de la unidad e identidad del espacio terrestre>>, es una afirmación categórica que, primero, la distingue de los criterios de la síntesis como la mecánica combinación de las cosas; y, segundo, afirma la posibilidad real de la unidad e identidad de la Geografía en esa síntesis lógica de los fenómenos y el espacio, lo cual, en su enunciado correspondiente de acuerdo con la estructura del silogismo, se demuestra en la verificación de la hipótesis.

 

Que hayamos planteado el problema de la unidad e identidad de la Geografía en nuestra tesis de licenciatura sustentada en 1983 (nuestra “Biblia”); que la solución al mismo la hayamos visto ya desde entonces condicionado a mayor claridad en el “a” de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico, en su objeto de estudio dado en la teoría del espacio geográfico; y que esa esclarecimiento la hayamos elaborado con suma celeridad entre 2009 y 2011, luego de un vacío de casi quince años, ; y pudiendo hacerlo, primero, gracias a los avances al respecto en el conjunto de las ciencias; segundo, debido al análisis, ahora ya en la historicidad, de nuestro propio momento histórico, entendiendo el proceso de generalización teórica que nos correspondió hacer, y con ello, aportando precisamente a dicha teoría de nuestro objeto de estudio con el concepto de “estados de espacio”, entendido éste como abstracción y generalización teórica de los fenómenos (incluso de éstos generalizados en los Elementos), nos permite decir de este ensayo acerca de la teoría unificada de la Geografía; en el contexto de los límites que ya entonces vimos en “nuestra Biblia”; que el mismo constituye , en su consecuencia, el “w” de los fundamentos de la teoría del conocimiento geográfico; con el cual consumamos nuestro trabajo profesional en geografía teórica.  Ahora la Geografía, es lo sustentado en la plena y completa coherencia lógica dada entre ese ay w.

 

 

I  La Síntesis Lógica de la Relación Geográfica en el Mapa.

 

1        Dialéctica de la síntesis lógica.

 

a)       Antecedentes y abolición

de la vieja contradicción.

 

Se ha querido ver, desde la definición de Geografía de Emannuel de Martonne, la unidad de esta ciencia en la “síntesis”.  Y la síntesis, comúnmente se toma como el método de la sistematización del conocimiento, opuesto al análisis; y, más aún, como una oposición que llega a hacer independiente lo uno de lo otro.

 

Más allá del carácter estático y mecánico con que por lo regular se manejan estas categorías, en su consideración dialéctica, dinámica, la síntesis, más que como “lo opuesto” al análisis, es un momento más del desarrollo del análisis mismo.

 

Si por análisis lo que se entiende es la división y clasificación de las partes de un todo; la síntesis representa el momento opuesto: la integración, la unión del todo antes dividido.

 

Así, esa geografía, nuevamente en una consideración mecanicista que en su análisis resulta en una profusa división y clasificación de las ciencias particulares, no podía entenderse en su síntesis sino como la reintegración del conjunto de esas ciencias.  De ello surgió la idea de entender a la Geografía como la “síntesis de un sistema de ciencias”.  Ello, per sé, no es incorrecto, pero sólo es válido en términos de una visión estática y mecánica de lo que significan.  Pudiera decirse que es incorrecto, pero sólo en términos relativos, es decir, en relación con la visión dinámica y dialéctica.

 

Por lo tanto, en una consideración dialéctica, la Geografía, primero, necesariamente es una síntesis; pero, segundo, como síntesis, lo habrá de ser como reflejo de lo que sintetiza su objeto de estudio miso, entendido ya no como la síntesis de los fenómenos (y por ello de las ciencias como lo externo a ella), sino como la síntesis del espacio terrestre (y por ello, como síntesis de sí misma, de su internalidad); y tercero, esa síntesis no se entiende como la simple integración a manera de un agregado o simple combinación de elementos diferentes, sino como la nueva identidad deducida que aparece, como lo dijera Marx, de abolir; por lo tanto, de dejar sin valor; todo lo anterior; es decir, la contradicción antes existente entre los fenómenos y el espacio, afín a otra identidad entonces superada.

 

Desde la época de Emmanuel de Martonne, estaba en el ambiente la idea de la unidad de la Geografía como la “síntesis de las ciencias” (o de sus fenómenos objetos de estudio).  Pero, para mediados de los años setenta, era ya clara la insuficiencia metodológico científica  de tal propuesta; y de ello derivaron, entonces, dos soluciones: 1) la de declara que la unidad de la Geografía no podía desprenderse como reflejo de un objeto de estudio, vago e impreciso, sino de su método; y que para dicho método, carecía de sentido plantearse tal unidad, y por lo mismo, en consecuencia, esta unidad era un mito; y 2) la solución obvia de avanzar en el desarrollo positivo (que implicó, en una conclusión objetiva, independiente de los resultados de Hettner), retomar indirectamente al mismo Hettner y su idea del espacio y las regiones, buscando en ello una continuidad teórica.

 

Comenzó entonces, a partir de mediados de los años setenta a principios de los años ochenta del siglo pasado, un difícil proceso de abolición de la vieja identidad que se sintetizaba en la contradicción milenaria (y de ahí en parte la dificultad), de los fenómenos o el espacio (la “historia en los lugares” de Estrabón; o los “lugares y su grafía o mapas” de Eratóstenes), difícil proceso de abolición que dura ya treinta años.

 

En ese proceso, este ensayo aporta los elementos teóricos esenciales y fundamentales para culminar la transición a una nueva identidad, dada en una nueva síntesis lógica; y para entender la misma, deberemos explicarla tanto en el proceso de abolición de la vieja contradicción, como en el movimiento y desarrollo de la nueva contradicción, simultáneamente en el proceso de abstracción y generalización, así como de deducción lógica, que implica toda síntesis de esta naturaleza.

 

Resumamos, pues, primero, el proceso de abolición de la vieja contradicción.

 

Luego de una larga historia del proceso empírico espontáneo del conocimiento de esa faceta de la Tierra que se pierde en los tiempos, Eratóstenes, en el siglo III ane, elabora la primera gran síntesis de ese saber, en lo que él denomina: Geografía, dando lugar, con ello, en una primera gran identidad al entender dicho conocimiento como el dado por la grafía de la Tierra, es decir, por el dibujo descriptivo, como el inicial conocimiento científico de la misma, en sus mapas.

 

Poco después, Estrabón, en el siglo I ane, critica la “estrechez” “fisista” y “matematicista” del concepto de Eratóstenes, y hace ver, en lo que sólo parecía idéntico a sí mismo, su desdoblamiento en lo diferente: si bien el conocimiento geográfico tenía qué ver con los lugares, éstos no podían ser –en palabras que tomamos de Paul Claval–, a manera del “espacio vacío de los geómetras”.  En ellos, a decir de Estrabón, reinaba el hombre, y la geografía debía referirse a éste, y más aún, dicho de una manera evidentemente subjetivista por él mismo, sólo a aquello digno de importancia.  Y el mismo Estrabón que no sólo planteó la diferencia y su contrariedad, hizo desde el primer momento en ello la contradicción, es decir, la exclusicón o negación de un opuesto por el otro.

 

Y luego de más de veinte siglos del movimiento y desarrollo de la Geografía bajo esa contradicción, generados nuevos elementos del conocimiento acerca de la Tierra, a los geógrafos se nos ha planteado la necesidad de una nueva síntesis lógica del conocimiento al respecto.  La solución de aquella negación en la contradicción, no estaba en la exclusión, no era ésta una contradicción antagónica (como ya bien lo veíamos desde 1981 y así lo enunciamos en nuestra tesis de licenciatura en 1983), sino que su solución debía darse por el proceso lógico deductivo en la subsunción (o asimilación) de un opuesto en el otro; en la asimilación del opuesto antitético, en el de la tesis esencial y objetiva; en la subsunción de los fenómenos en el espacio , del “hombre en los lugares”, de la Relación Geográfica, en el Mapa; dando lugar, en cuya síntesis, a una nueva identidad de la Geografía  como ciencia.

 

 

I,1  b)  Movimiento y desarrollo

de la nueva contradicción.

 

Materialista dialécticamente, todo cuanto existe, existe dado en una contradicción, y ésta, no siempre evidente.

 

La vieja contradicción que movió a la Geografía por más de veinte siglos, dada entre los fenómenos o el espacio, se ha resuelto; como aquí lo demostraremos, en la subsunción de los fenómenos dados en la Relación Geográfica, en el espacio dado en el Mapa; y en dicha síntesis, lo que ha quedado en el desarrollo positivo como tesis en el Mapa, es el estudio del espacio terrestre; y he ahí, en ello, la nueva identidad de la Geografía.

 

Pero, justo en esa nueva identidad por la que la Geografía parece ser ahora única, e indivisa en múltiples y diferentes formas, está contenida realmente una diferencia de contrarios.  Dialécticamente tiene que ser así, o esta ciencia ya no se movería, permanecería estática, siempre una y la misma.  Sin embargo, en el objeto de estudio ahora plenamente definido, subyace una contradicción que mueve a la ciencia como reflejo del movimiento mismo del objeto de estudio.  Sólo que esa contradicción, ahora, es fácilmente entendible como no-antagónica.

 

La Geografía en esa identidad como ciencia del espacio terrestre como su objeto de estudio, contiene este una notable diferencia: lo pleno, y lo vacuo, mismos que se manifiestan en diferentes formas, como lo discreto y lo continuo, o como la substancia y el campo.  En su interdependencia, forman una contrariedad, y de ahí que el movimiento del espacio lo veamos precisamente en la unidad y lucha entre estos opuestos, formando una contradicción no-antagónica; es decir, en donde un opuesto, para ser, no sólo no excluye al otro, sino lo presupone.

 

El espacio, como una contradicción o como una unidad de opuestos, es eso, una unidad de lo pleno y lo vacuo (y sus derivados); el espacio se manifiesta así.  Pero cuando tenemos que traducir esas categorías generales del espacio, como categorías de “espacio terrestre”, lo pleno es –helo ahí de nuevo–, los fenómenos; y lo vacuo, es lo que en esencia es: el espacio en su propiedad más general y esencial.

 

Pero he aquí que los fenómenos como formas discretas o continuas de espacio, en la teoría del espacio, ya no importan como fenómenos; los fenómenos sólo son ahora, en general, una forma dada del espacio, pero, en particular, formas de estados de espacio.  La consideración de los mismos ya no ha de ser por las leyes que rigen a esos fenómenos como tales, sino por las leyes y propiedades de lo que, como estados de espacio, significan[b].

 

Por su parte, lo vacuo como forma general y esencial del espacio, puede considerarse como “estado de espacio general y esencial”.  Aquí vuelve a cuento aquella expresión de Paul Claval de que el geógrafo no estudia el “espacio vacío de los geómetras”; por lo que sólo expresaba un ferviente deseo que, a la larga, fue su contrario: el geógrafo sí estudia ese espacio; más aún, es la forma original y esencial de que lo estudia en cuanto al espacio (a pesar del desconcierto que lo nuevo pueda causar).

 

La pregunta clave aquí, está en cuanto a cómo se operó toda esa afirmación anterior en la “piedra angular” que ha significado la categoría de estado de espacio.

 

El concepto de “estado de espacio” estuvo desde el primer momento, tomado intrascendentemente de alguna lectura de los autores soviéticos que no recordamos, en donde sólo se mencionaba sin mayor explicación, pero igualmente inmanejable por nosotros en ese momento, y luego, por mucho tiempo, por lo que no lo retomamos sino mucho después.  Y estuvo ahí con el misterio de algo cuyas propiedades le darían el lugar de “piedra angular”, pero las cuales no entendíamos realmente con cierta plenitud, sino hasta tiempos muy recientes.

 

Y es que entender la importancia del concepto de “estado de espacio”, estuvo vinculado a entender la importancia del desarrollo positivo de la Geografía desde Vidal de la Blache a nuestros días, en torno al desarrollo del concepto de espacio como objeto de estudio de esta ciencia.

 

Y entonces entendimos que en ese desarrollo positivo se habían dado tres generalizaciones teóricas fundamentales: 1) de Hettner (1927), generalizando las propiedades particulares vidaleanas del espacio, en el espacio mismo como objeto de estudio; 2) de A.M. Riábchikov-Carlos Sáenz de la Calzada-José C. Martínez Nava (1976-1995), generalizando los fenómenos en los Elementos; y 3) la nuestra, el autor de este ensayo, en una generalización doble: del espacio hettneriano corográfico y regional, en el espacio como el vacuum (1981); y de los fenómenos-Elementos, en “estados de espacio” (1995-2011).

 

Fue esa generalización doble la que permitió hacer converger en la teoría del espacio geográfico, la categoría, ahora esencial, de los “estados de espacio”, redondeando la teoría misma.

 

La contradicción ahora, es, entonces, interna, en el desarrollo positivo de la teoría del espacio geográfico.  Antes que negar la unidad e integridad e la Geografía, antes que eludirla en calidad de mito y aceptar una condición incoherente y desmembradora de esta ciencia, ahora, la síntesis lógica en la contradicción dialéctica, contribuye a su unidad, integridad y desarrollo.

 

 

I,2  a)  La preparación de las síntesis

en el análisis cualitativo-cuantitativo.

 

El análisis, como en cierto modo observa Fichte, se refiere ciertamente a la división y clasificación de los elementos en un todo, pero donde ese todo está formado de la unidad tesis-antítesis, de donde surge la síntesis, así, como una forma desarrollada del análisis.

 

 Nos referiremos en este apartado a la preparación de la nueva síntesis lógico-geográfica, entonces, en el análisis cualitativo-cuantitativo de la nueva unidad de contrarios dada en la relación plenista-vacuista del espacio terrestre, entendiendo en ello la forma en que se da la unidad de la Geografía.

 

El análisis cualitativo en la vieja contradicción, era la descripción de los procesos estables de cada uno de los fenómenos, ahora, en la nueva síntesis, es la descripción de los procesos estables de los estados de espacio.  Es decir, no se trata ahora de describir un bosque por la asociación de cierto tipo de vegetación; sino por el conjunto de sus propiedades espaciales; desde las básicas como su longitud, superficie, volumen; a las propiedades derivadas o de funciones, como el perímetro o la densidad; hasta propiedades complejas como el movimiento de su distribución diferencial en el tiempo.

 

No se trata del estudio del fenómeno social en la descripción de los procesos estables de una urbe, sino del estudio de las correlaciones, de los principios, de las leyes y propiedades del espacio aplicadas a la urbe y sus elementos entendidos en un forma más generalizada, como estados de espacio.

 

Un desconcierto aquí, puede darse al considerar que en ello se está incurriendo en reduccionismo; es decir, en pretender entender un fenómeno no con sus leyes propias, sino, en este caso, con las leyes físico-matemáticas del espacio.  Pero tal reduccionismo es inexistente, pues lo esencial del conocimiento geográfico ahora, no es la pretensión del estudio de los fenómenos, sino del estudio de las propiedades espaciales de formas discretas o continuas de espacio, es decir, de estados de espacio entendidos bajo sus propias leyes, abstracción hecha de sus atributos como fenómenos naturales o sociales que en tanto tal, es objeto de estudio de sus ciencias correspondientes y bajo sus propias leyes.

 

En la vieja contradicción el análisis cualitativo no sólo preparaba en ese sentido de la descripción de lo estable, la investigación del objeto de estudio en aquel entonces entendido (los fenómenos), sino, en la mayoría de los casos, se quedaba ahí, haciendo de la Geografía un saber puramente descriptivo y desmembrado, incoherente en una amplia diversidad de unidad posible de fenómenos; que, cuando intentaba superar la pura descripción, entonces se especializaba cada vez tanto más; en una descripción explicativa provocando el rompimiento de una unidad e identidad en una mayor y más profunda desmembración, hasta el punto en que, o se afirmaba que esa otra especialidad (antepuesta la partícula “geo” a su nombre), era también geografía; o el último vestigio que quedaba de ella era el mapa.

 

La manera en que ahora, en la nueva contradicción dialéctica, el análisis cualitativo contribuye a la integración y a la unidad e identidad de la geografía, está en que, su descripción del espacio por sus estados, no sólo prepara la investigación de su objeto de estudio propio, sino el que, trascendiendo a una descripción explicativa que por sus propiedades espaciales se expresan en el mapa, profundiza en el conocimiento de las facetas y propiedades del mismo objeto de estudio, propiciando la integridad, y la unidad e identidad de la Geografía.

 

Y si el análisis cualitativo describe por excelencia lo estable, el análisis cuantitativo ha de describir los procesos variables.  Luego, si en algún aspecto se revela el atraso y acientificidad de aquella geografía de la vieja contradicción, es en el análisis cuantitativo, para el que esa vieja geografía no sólo no estaba preparad, sino para el que carecía de elementos; o, cuanto más las intentaba poner en juego, más evidencia sus limitaciones.

 

Nuevamente hay que decirlo, desde el punto de vista dialéctico materialista, lo cuantitativo, sólo es un momento del desarrollo de lo cualitativo; o dicho de otra forma, lo cuantitativo no es sino lo cualitativo desplegado.  Hay pues, una unidad dialéctica indisoluble entre ambos momentos del conocimiento.  Y así, ello explica el por qué lo cuantitativo estuvo desde el primer momento en el origen de todas y cada una de las ciencias, incluyendo a la Geografía en manos de Eratóstenes.  Lo que ocurrió después, precisamente a partir de Estrabón, fue la confusión.  Una confusión natural y explicable en cierto modo en su tiempo, pero no sólo y inaceptable para el siglo XXI, sino confusión que se hizo culto deliberado y perverso, hacia los años setenta del siglo XX.

 

Los teóricos de la Geografía de entonces, en una ignorancia supina, ya porque deberían saber lo que no sabían, ya porque lo que “no sabían” (o decían no saber), estaba siendo ocultado y sujeto a deliberada confusión: descalificaba el trabajo cuantitativo, primero, haciéndolo ver como una pasajera “moda” más en geografía; y segundo, atribuyéndolo de manera absoluta al positivismo, filosofía que ciertamente había hecho de lo cuantitativo principio científico absoluto, y luego refutada toda ella de conjunto.

 

Cuando en Estados Unidos se había empezado a desarrollar lo cuantitativo en geografía en los años cincuenta; en México, por ejemplo, en nuestra experiencia viva, no se comenzó a discutir su posibilidad sino hasta los años setenta sin que finalmente tuviera seguimiento.

 

Finalmente, dada la dominante exclusión de lo cuantitativo en la vieja geografía, tenemos que decir que la manera en que lo cuantitativo habrá de contribuir  la integridad, unidad e identidad de lo propio, es decir, de las propiedades espaciales de los estados de espacio; y más aún, de sus procesos variables que escapan a la empírica percepción sensible (y en ello, todo, absolutamente todo, está por hacerse).

 

 

I,2  b)  La preparación de la síntesis

en la abstracción y generalización.

 

La integridad, unidad e identidad de la Geografía en la nueva síntesis objetiva e históricamente dada, vino, insospechadamente, de los procesos de abstracción y generalización, como un par de procesos dialécticos presente en toda síntesis, pero de manera especial, de necesidad en la solución de este problema histórico en Geografía.

 

La abstracción es un momento del desarrollo de lo concreto, en tanto que la generalización lo es de lo particular.  En la vieja geografía siempre se buscó la solución a su problemática teórica, precisamente en lo opuesto a estos desarrollos dialécticos; es decir, buscando la unidad en lo concreto y particular; y justo ello es lo que hizo tan especial entender aquello opuesto.

 

Si lo concreto y particular se refiere a los fenómenos (al conjunto de las ciencias particulares), y ello sólo contribuía una y otra vez al proceso de desmembración y pérdida de identidad de la geografía; descubrir la necesidad de lo opuesto, no sólo por forma en cuanto a la condición de la síntesis, sino por su contenido en cuanto a qué y cómo podría ser esa abstracción y generalización, fue de trascendental importancia en la elaboración de la nueva síntesis histórica.

 

Aquella vieja geografía que era realmente todo lo que ella misma criticaba (a semejanza de la clásica fuga del ladrón que en el tropel de la persecución se suma a la muchedumbre gritando a la vez: <<¡agárrenlo!>>, señalando a lo indefinido): mecanicista, positivista, empírica, descriptivista, enciclopédica, reduccionista; sólo podía ser superada con los fundamentos de la dialéctica materialista, con el pensamiento marxista; y lo cual, para más, estaba ocurriendo, luego de 1990, en un momento histórico de derrumbe del bloque socialista y el reflujo de su teoría.  Pero, entre tanto, maduró el avance del conjunto de las ciencias, nuestro pensamiento geográfico, nuestra formación filosófica; y con ello, en l oportunidad de volver a la reflexión teórico-geográfica en el Blog “Espacio Geográfico, Revista Electrónica de Geografía Teórica”, nos tocó descubrir ese proceso de abstracción y generalización que ha dado la nueva síntesis, en la unidad e identidad de la Geografía.

 

Así, si los fenómenos era lo concreto, en el proceso de abstracción había que separar de “algo”, y reelaborar el concepto; y sucedió que en realidad ese concepto abstracto ya estaba ahí, aun cuando inintelegible; lo que faltaba, era descubrir el proceso de cómo se llegaba a él: al concepto de “estados de espacio”.  Y eso fue lo que descubrimos al hacer el análisis histórico de nuestra propia historia, desde sus antecedentes hasta sus consecuentes.

 

Mencionamos esto aquí como antecedentes, de acuerdo con la naturaleza  de los argumentos que corresponden a esta premisa; a su contenido nos referiremos específicamente en el tercer capítulo de este ensayo.

 

El geógrafo no estudia los fenómenos, sino –como lo expresara Emmanuel de Martonne– “considerados en su distribución y relaciones”, por la sola, simple y sencilla razón de que estos existen; dado que, “si la geografía tiene que ver con los diversos formas de movimiento de la materia (objetos, fenómenos o procesos de l naturaleza y sociedad), sólo lo es en tanto que determinantes de las propiedades espaciales…”[5]; o dicho más específica y concretamente; si la geografía estudia los fenómenos, es sólo por cuanto estos existen; en tanto todo lo que existe, existe tanto en el tiempo como en el espacio y determina sus propiedades.  En ese sentido, interesándonos descubrir las causas de los efectos, siendo la naturaleza del espacio un efecto, éste lo es teniendo como causa a los fenómenos en tanto estados de espacio.  No debemos pues, perdernos indefinidamente en las causas, sino aclarar éstas explayándonos en la explicación de los efectos, que es lo que, de manera científica, como conocimiento nuevo, interesa esencialmente.

 

No obstante, si estudiamos el fenómeno natural o social como causa por sus propiedades concretas, no podremos descubrir nada acerca de sus determinaciones espaciales; de ahí que de dichos fenómenos tuviese que generalizarse y separarse su faceta espacial, de donde son tomdos como estados de espacio, y una vez ubicados en tales propiedades y leyes, analizar cómo opera causalmente en propiedades del espacio más generales y esenciales.

 

De un bosque mixto, de pinos, fresnos y encinos, geográficamente no nos interesará ni siquiera en esa abstracción general como “árboles”, mucho menos en su naturaleza, o las aves que los anidan y las ardillas que juguetean correteándose en la enramada.  Dicho bosque en tanto estado de espacio, sólo será la extensión de un volumen tridimensional plenista con un cierto grado de densidad (o simple relación funcional de su masa en relación a su volumen), entre otras relaciones semejantes, como su movimiento o transformación, y la manera en que, sólo con ello, determina en sus relaciones físicas externas sobre las propiedades de un espacio más general y esencial[c], el llamado “espacio regional”.

 

Esa dirección del trabajo de investigación geográfica hacia la abstracción y generalización, sólo lo es respecto de los fenómenos concretos y particulares; pero, dialécticamente, al mismo tiempo, significará una concreción y particularización respecto de la naturaleza y propiedades del espacio.  En su esencia, esto es lo que definimos en el origen como el espacio geográfico: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta".


_________


[1]        Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía: Fundamentos de su Teoría del Conocimiento; Tesis, UNAM; México, 1983; p.39.

[2]       Ibid. p.40.

[a]        Ibid. p.40

[3]       Ibid. p.41

[4]        Ibid. p.41.

[b]       Ciertamente el geógrafo, acostumbrado a que todo el conocimiento le viene dado, y sin una formación en la real investigación científica, preguntará que cuáles leyes y cuáles propiedades.  Y, para su desconcierto, habrá que decirle que, si bien algo hay ya de eso en general, todo ello está por investigarse.

[5]        Ibid. p.131.

[c]       Ciertamente, a un geógrafo fenomenista que “se habilita” de biólogo, tal solución le parecerá una “simplificación” (y en realidad lo es respecto a la biología).  Pero a un biólogo, esa solución le parecerá justo lo que busca y espera del geógrafo en su análisis espacial.

  



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12 febrero 2012 7 12 /02 /febrero /2012 23:10
Editorial
Juana-Ines-de-Asbaje-y-Ramirez-de-Santillana--1651-1695--.jpg 
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1648-1695), en la imagen, entre sus dieciséis y dieciocho años de edad (aproximadamente 1666), en la época en que era dama de la corte de la virreina, uno o dos años antes de ingresar al convento; e igualmente, a dos o tres años en que, después, en 1689, escribiera su Primero Sueño: expresión literaria del conocimiento, entre otros aspectos, geográficos.
El origen de la Geografía moderna en México, entonces Nueva España, entre los siglos XVII a XVIII, da comienzo: primero, con una mujer; y segundo, en la exquisitez de la obra literaria.  Ella es Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, y su obra más destacada, el Primero Sueño.
Cualquiera que quisiese participar de la cultura universal y del pensamiento científico que con el inicio de la Ilustración daba a su vez comienzo, ya fuese mujer u hombre, tenía que hacerse a los hábitos eclesiales; lo mismo lo fue en ella, que en su lejano pariente de un siglo después, José Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799).

Todo lo que sabemos hoy del espacio terrestre, se inició con la observación del movimiento de rotación de la Tierra, entendido en un principio por su efecto aparente en el movimiento de la esfera celeste.  Para cuando Juana Inés de Asbaje a fines del siglo XVII trata con el fenómeno, hacía ya un siglo de aceptada la idea copernicana, que implicaba la necesaria rotación de la Tierra; pero luego de Juana Inés de Asbaje, tendrán que transcurrir dos siglos, para que tal movimiento planetario fuese científicamente demostrado con León Foucault (1819-1868), y su experimento del Péndulo bajo la Cúpula del Panteón de París, en 1851.
Por tal razón, y no sólo por la influencias de Góngora y los afanes literarios barrocos, Juana Inés de Asbaje trata el fenómeno de la rotación de la Tierra por su inverso en el movimiento aparente, descrito en su poema Primero Sueño (1689), del que hacemos aquí su extracto, con el cual dio inicio el pensamiento geográfico científico ilustrado o moderno, en México.

*
Geografía Teórica.
Atlas; enlabuhardillaFilosofía de la Geografía:
[___]  Comentario a, El Mito de la Unidad de la Geografía, 1976, de Alan Reynaud.  Artículo, 2012.
Historia de la Geografía en México:
[___]  Juana Inés de Asbaje y Ramírez, Primero Sueño: EL Movimiento Aparente de Rotación de la Tierra.  Artículo, 2012 (1/2).

Geografía Aplicada.
El Por Qué del Dónde 3
[___]  La Metodología de Investigación en Geografía Aplicada, Desde…: La Síntesis Geográfica, 1981 (antecedentes).  Investigación, 2012 (6/…).

Geografía Operativa.
Operación de un Contrato
[___]  Un Portafolios de Trabajos Geográficos: Distribución de Nueva Tecnología.  Artículo, 2012 (3/).


Filosofía.
Ícono Filosofía-copia-1
[___]  Comentario a, La Sagrada Familia, o la Crítica de la Crítica Crítica, 1844 Marx-Engels.  Artículo, 2012.


Exopolítica.
OVNI-Semejante-al-de-Meztitla.jpg
[___]  Cronistas Autóctonos Terrícolas.  Artículo, 2012.


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12 febrero 2012 7 12 /02 /febrero /2012 23:06

Topografía de Cosmas Comentario a, El Mito de la Unidad de la Geografía, 1976, Alan Reynaud.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

13 feb 12.

 

 

En la revista española de geografía, GeoCrítica, de la Universidad de Barcelona, en su número 2, de marzo de 1976, se reprodujo el trabajo de Alan Reynaud: “El Mito de la Unidad de la Geografía[1], el cual es la segunda parte de su libro, “La Geografía, Entre el Mito y la Ciencia”, 1974.  Esto es, que, lo que en ello se dijo, lo fue dicho un año antes de nuestro ingreso a los estudios superiores de Geografía, y publicado por esta revista en español, cuando cursábamos apenas el cuarto semestre de la carrera.  Y no obstante, dicho trabajo no lo conocimos sino hasta unos años después, a fines de la década, cuando preparábamos ya nuestra tesis de Licenciatura.  En ese momento, este trabajo era un documento acerca de los fundamentos teóricos o de la filosofía de la Geografía; treinta y cinco años después, no sólo por el tiempo transcurrido, , sino esencialmente por la superación de su contenido, , es un interesante documento acerca de la discusión de los fundamentos teóricos, como historia de la Geografía.

 

Hoy tenemos un firme convencimiento del espacio como objeto de estudio de la Geografía, y de su método como un conjunto  de categorías que son reflejo de sus propiedades.  Sin embargo, lo que al respecto se pensaba en aquel primer lustro de los años setenta, se aprecia del conjunto de epígrafes que Reynaud expone al empezar su trabajo, entre ellos, reza uno: “Ya que la Geografía se defina más bien por su método que por su objeto, todo parece ser materia geográfica” (Max Derrau); si bien esa es una idea que viene desde 1902 expuesta por el mismo Emmanuel de Martonne, que lo generaliza a todas las ciencias: “La ciencias se diferencian por sus métodos.  Por su método es como el geógrafo debe presentarse al estudiar hechos que interesan igualmente al geólogo, al botánico, al zoólogo, al economista, al estadístico, al etnógrafo”[2]; o, dice otro epígrafe: “El geógrafo no debe aplicar su perspectiva espacial a todo” (Brian Berry).

 

Así, una geografía que se define más que por un objeto propio de estudio, por la manera de operar un método que, por el fenómeno considerado resultará ser el método de cualquier otra ciencia no era sino el fundamento subjetivista más arbitrario para que la geografía lo fuese todo, y nada a la vez.  Y el problema, para principios de los años setenta del siglo XX, no era ni la imprecisa vaguedad, ni mucho menos la ausencia del concepto acerca del objeto de estudio: el espacio terrestre, sino la absurda negación explícita en el aplicar la perspectiva espacial a todo.

 

Alan Reynaud empieza su texto señalando que, “la geografía se basa en una paradoja…, su originalidad fundamental y su característica exclusiva residen en la síntesis”[3]; pero por la cual no se estaba entendiendo el procedimiento lógico de la subsunción de la antítesis en la tesis mediante el silogismo, sino la reunión lo más ordenada y sistemática del Todo, en lo que el mismo Reynaud denominaría como el “Plan por Archivos”, la mera síntesis combinatoria, bajo los capítulos de cada fenómeno.  “Y sin embargo –dice el mismo Reynaud citando a Oliver Dollfus, negándose ciegamente a la “necia realidad”–, es un trabajo completamente distinto el que se le pide al geógrafo… <<las relaciones entre la localización, la organización, y la diferenciación espacial>>”[4].  Esa “síntesis” geográfica es lo que nosotros denominamos críticamente como “ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias”, reflejo de una reunión mecánica de conocimientos diferentes, que lleva a Reynaud a citar a J.A. May: “continuamente renace de sus cenizas, desde que el mismo Heráclito reprocha a la Periégesis de Hecateo de Mileto, que no fuera otra cosa que <<una colección de hechos dispares y sin relación alguna entre sí>>”.  Todo ello condenado en la excelente caricatura de Grot de ese año, 1976, en donde la “síntesis” es sólo la simple mezcla alquímica del Todo en manos de la “ciencia” del geógrafo.

 

La-Sintesis-Combinatoria-y-la-Unidad-de-la-Geografia--Gro.JPG 

[Fuente: GeoCrítica, Nº2, Universidad de Barcelona1976; en "Las Nuevas Geografías"; Salvat Editores, Colección Temas Clásicos Nº 70; México, 1982; p.21]

 

 

Ya Reynaud apunta en la dirección correcta y hace la pregunta acerca de si esa indefinición ante el objeto de estudio, será incapacidad de los geógrafos; reconoce que no puede ser así, pero ciertamente se extraña de la impotencia generalizada; y entonces hace una reflexión clave: “¿No se producirá más bien una impotencia teórica de la que algunas personas van tomando conciencia progresivamente?”[5].  Y ciertamente, hacia mediados de los años setenta, recogiendo una cita que expresa con toda nitidez la magnitud del problema que se vivía, Reynaud asentaba: “A menudo, los geógrafos han intentado definir, si no el objeto, si al menos los caracteres de su ciencia”[6], y esa era una impotencia teórica real: en el conjunto de las ciencias involucradas (filosofía, física, cosmología), incluso en la filosofía dialéctica materialista, había aún una situación confusa al respecto de ese concepto que era el espacio.  Y ello era lo que generaba una variada gama de posibles soluciones.

 

El mejor enunciado acerca de la unidad de la Geografía dados esos caracteres empíricamente dados, fue expuesto por Georges Kish en trabajo: “Subcampos Geográficos y su Unidad”, 1968; en donde, con pleno fundamento dialéctico materialista éste dice: “El hombre y la naturaleza son inseparables, y, del mismo modo, la geografía no puede quedar separada en dos ramas distintas, consagrada una de ellas al estudio de los fenómenos terrestres naturales, y la otra al estudio de los fenómenos humanos”[7].  Postulado absolutamente cierto en tanto una ciencia es reflejo objetivo de su objeto de estudio; pero pretender aún el decimonónico estudio del Todo, no sólo era un despropósito, sino que ello conducía directamente a su solución en el concepto de síntesis, el que, por demás, no se veía una abstracción y generalización en la subsunción lógica de la antítesis en la tesis; es decir, en donde no se entendía como síntesis lógica; sino sólo se entendía como un mero acto combinatorio.

 

La síntesis, no lógica o dialéctica, sino mecánicamente en una solución combinatoria (para lo que el mismo Reynaud expone una matriz para la correspondencia de pares semejantes), no podía sino concluir necesariamente en el absurdo, haciendo de la Geografía una pretendida ciencia aparte, de lo cual Henry Baulig fue su mejor e hiperbólico exponente.  “Para muchos geógrafos –citando nosotros a Reynaud que hace sarcasmo de aquel–, la geografía no es una ciencia como las demás.  Tiene ese algo que hace de ella una ciencia aparte.  No un conocimiento, porque la geografía es el conocimiento supremo –y finalmente Reynaud mismo, seguidamente, cita a Baulig–, <<quizá una categoría nueva de la inteligencia a la que el espíritu occidental, y sólo él, acaba de acceder>>, en el límite de una especie de revelación”[8].  Poco falta para que se afirme que el geógrafo está en la Tierra, para remediar todo lo que a Dios le quedó mal en el acto de la creación.

 

Así, ante tales absurdos en los que se desemboca en la infructuosa búsqueda de una identidad dada en los fundamentos de su unidad, Alan Reynaud concluye, atrapado en las limitaciones teóricas necesarias de su época: “la unidad de la geografía es, pues, como hemos visto, un mito el cual procede ante todo de una interpretación etnológica”[9].



[1]        Reynaud, Alan; El Mito de la Unidad de la Geografía; en “GeoCrítica” Nº 2; Editorial Universidad de Barcelona, España; marzo, 1976.

[2]        Ibid. p.14.

[3]        Ibid. p.3.

[4]        Ibid. p..6; en Dollfus: “El Análisis Geográfico”, París, 1971.

[5]        Ibid. p.8 (subrayado suyo).

[6]        Ibid. p.22.

[7]        Ibid. p.22.

[8]        Ibid. p.26 (subrayados suyos).

[9]        Ibid. p.37.

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12 febrero 2012 7 12 /02 /febrero /2012 23:02

Marx-Engels.jpgComentario a, La Sagrada Familia, 1845; de Marx-Engels.  Artículo, 2012

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espaio-geografico.over-blog.es/

13 feb 12.

 

La Sagrada Familia (1845), es el primer trabajo conjunto entre Marx y Engels.  Es quizá, el documento de más difícil lectura de las obra marxista, dadas dos cosas: 1) el estar redactado en un contexto muy concreto y específico; y 2) su carácter irónico y sarcástico en su crítica.


La obra está dirigida a la crítica del pensamiento hegeliano compartido por los hermanos Bauer y otros seguidores, dado en los que Bruno Bauer, que denominaba como la “filosofía crítica trascendental”; de donde se entiende, entonces, el complemento del título de la obra de Marx y Engels: “La Sagrada Familia, o Crítica de la Crítica Crítica”.  Esto es, la crítica a la “crítica trascendental” de los “hermanos Bauer y consortes”, que enclavados en la metafísica hegeliana, se encontraba en estado de entredicho crítico.


Engels escribe los primeros cuatro capítulos y el sexto, en donde Marx hace algunas glosas al Capítulo IV; de modo que los Capítulos V y VI-IX, son redactados por Marx.  Y hay que leer el título del Capítulo I: <<”La Crítica Critica Bajo Forma de Maestro Encuadernador”>> o La Crítica Crítica como el Señor Reichardt>>, para empezar a ver la complejidad de la lectura.


Por decirlo así, esa crítica baueriana en Reichardt, en crisis, en cuestionamiento, recibe como primer crítica de Engels, el que “se considere muy por encima de la masa…”, y su conmiseración por ésta.

Ello se dice en forma irónica, y de ahí en adelante ese es el contexto de la obra.  Reichardt, el “Maestro Encuadernador”, es criticado por su “socialismo de conmiseración”.  Engels va criticando así ese lenguaje místico del humanismo cristiano de ese primer miembro de la “Sagrada Familia”, en su burguesa interpretación del mundo, que, en un pretendido lenguaje simple, quiere hacerse llegar al vulgo, a la masa.


Lo esencial ahí, es la observación de Engels de que no es la misericordia de ese humanismo cristiano que desciende al vulgo dando su luz, lo que emancipa a éste, sino que la fuerza de esa liberación, radica en la misma masa proletaria.  Engels había descubierto ello desde su trabajo anterior: “La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra”, y ahora lo aplicaba aquí en la crítica a Reichardt.


Luego, en el Capítulo II ”La <<Crítica Crítica>> del <<Molinero>>…, o la Crítica al Señor Jules Faucher”, Engels ataca esa interpretación burguesa metafísica en su subjetivismo por el cual la historia debe ser como la “Sagrada Familia” lo piensa, y no realmente como es.  Así, la Crítica Trascendental de Bauer, se convierte en un documento embaucador de las masas, en que, abanderando su emancipación, la conduce a las ergástulas.  Es una obra alienante, “que ha engendrado por sí misma la estupidez de la masa, lo antagónico en ella…”[1].  Y es ello lo que explica la devastadora crítica de Marx y Engels al trabajo de Bauer.


Y e acuerdo entre Marx y Engels para la redacción de La Sagrada Familia, fue esa crítica irónica y ese sarcasmo, pues de igual manera procede Marx en el resto de la obra.


Tal crítica a la Critica crítica del “hegelianismo de izquierda”, es la crítica a la interpretación burguesa de la historia y de la sociedad, alrevezada y plagada de prejuicios.  El trabajo –ciertamente una lectura “pesada”– muestra en la crítica a la minucia de detalles, filosóficos, económicos, políticos o jurídicos, la manera en que se va perfilando ya la teoría marxista en la lucha ideológica contra el orden establecido.

 


[1]        Marx-Engels; La Sagrada Familia; Editorial Grijalbo, 2ª edición; México, 1967; p.29 (subrayados suyos).


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12 febrero 2012 7 12 /02 /febrero /2012 23:01

Mensaje-Pioner.jpgCronistas Autóctonos Terrícolas.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignaio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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13 feb 12.

 

 

No tenemos más que los antecedentes ed las experiencias de encuentros entre culturas humanas diferentes, esos encuentros ya son un problema serio; pero cuando esas culturas en sus diferencias más allá de lo que extrictamente de manera natural las distinguen, se hace en los distintos desarrollos científico-técnicos, o de lo que en general se denomina, civilización; ello hace de los encuentros entre culturas y civilizaciones algo riesgoso hata lo catastrófico, dado en la conquista, el dominio de unas por otras, hasta la esapariión o extinción de la sojuzgada.

Por sólo referir algunos casos en la larga historia humana plagda de esas conquistas y sometimientos, mencionaremos el encuentro anglo-indio del siglo XIX como un ejemplo, y el hispano-mesoamericano del siglo XVI en otro ejemplo.  Tales encuentros bajo notables dierencias entre civilizaciones, terminaron, si no es que más correctamene entendido por razones económico-políticas, ya estaba todo predestiado a ello, en la conquista colonial.  La diferencia entre un proceso y otro, fue la disposición del conquistador al exterminio, y ésta fue mayor, en aquellos conquistadores con menos desarrollo civilizatorio.  Y así, mientras que Inglaterra ya había transitado plenamente al capitalismo fundado en aquellos principios de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” de 1789, fraguados desde las luchas de Guillermo de Orange en 1548 o de Oliverio Cromwell de 1688; España, a prinipios del siglo XVI, arrastraba ese siglo de atraso hundida aún en los resabios feudales.

No obstante, ello operó en el mometo militar del encuentro, esto es, en unafase intermedia, entre el momento diplomático del mismo y el momento del inicio de la coloia;  parte última en la cual se dieron los esfuerzos por el rescate tras el desastre bélico.

Pero el encuentro con otra cultura, que para empezar ni siquiera sea humaa, con una notabilisima diferencia científico-técnica, alienta las esperanzas de un encuentro pacífico, que se resuelva en la diplomacia misma.

La “montañas flotantes”, ahora no sólo sobre el mar, sino en el cielo, han sido divisadas; como en mesoamérica, con mucha anticipación a 1519 en que lo “teules” bajaron e incursionaron tierra adentro, desde treinta años antes; los “fernandinos” cronistas autóctonos* terrícolas (a manera de los historiadores de indias, han comenzado ya hace tiempo a narrar los hechos, cuayas consecuencias apenas se ven insinuadas en los “presagios” del emperador.

Ello nos lleva a la reflexión acerca de qué tanto sabe el otro acerca de nosotros; y aceptando la hipótesis de Dänieken, deben cnocernos bien, en todas nuestras lenguas.  Pero, qué tanto el otro, corresponde o no, al equivalente a las diferentes órdenes monásticas del incio del período virreinal.

Al parecer, el otro, el alien, no es uno, sino varios, y ¿ese alien es distinto entre sí a manera de las diferencias entre los franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas?  Y en su posible diferencia entre sí, ¿hay funciones ditintas qu convergen a un fin?, o ¿hay acaso tareas semejantes enre los distintos?  ¿Hay una lucha entre ellos por la conquista…?  ¿Hay un proceso de conquista…; o, ¿cuál es la lógica del monitoreo? (acaso es en la hipótesis de Salvador Freixedo de la “granja terrestre”); ¿a qué fase se va a pasar?, ¿cuál ha de ser ahora la enseñanza?

*        Se refiere ello al simil con los cronistas de indias Fernando de Albarado Tezozomoc (1520-1610), y Fernando de Alva Ixtlixochitl (1575-1650).


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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:10

Editorial

Mapa Ideográfico; Estrategas Analizando un Plano 

Mapa Ideográfico del Posclásico Mesoamericano

(Códice Florentino)

“Estrategas Analizando un Plano”.  Los mapas mesoamericanos más antiguos no son ni los de las Relaciones Geográficas del siglo XVI, ni los que pudieran ser rescatables de los códices mandados a elaborar por los primeros franciscanos; ni siquiera lo rescatable de entre los sobrevivientes quince códices prehispánicos, los cuales son sólo del período postclásico (ss.IX-XV).  El verdadero avance cartográfico debió darse ya desde el llamado período preclásico, a partir de mediados del siglo III ane, al clásico (ss.I-VIII dne), luego del cual, esa cartografía debió volver de lo hierático a lo demótico, declinando cada vez más.

[Fuente: Cartografía Histórica del Encuentro de Dos Mundos; INEGI, México-IGN, España; México, 1992; p.107]

 

Los avances cartográficos se reflejan en sus elementos de abstracción de la realidad que representan, y de los elementos de control en el mapa, como la orientación o la escala (por no considerar en un momento dado posible, el uso de coordenadas).  La expresión de esas posibles máximos avances del conocimiento geográfico mesoamericano se perdieron; debieron darse en el llamado período clásico, en el curso de los primeros seiscientos años de nuestra era.

 

De los mapas ideográficos, como los pocos prehispánicos del período postclásico, no es posible deducir la naturaleza de lo que pudo haber sido la cartografía del clásico, pues todos los elementos cartográficos a partir del siglo IX evidencian un conocimiento del dominio popular en la representación del espacio terrestre, en una fidelidad que tiende no a la abstracción, sino a lo concreto.

 

Hacia el siglo VI ane se comienza a poblar la región central de México, siendo Teotihuacan el emplazamiento más importante, empezado a construir a partir de mediados del siglo III ane.  Su sola concepción teórica cosmográfica, no es posible entenderla al plasmarla en tierra, sin una cartografía de un alto nivel de fidelidad en lo abstracto, incluso, particularmente por cuanto a los elementos de control del espacio, como se evidencia en la orientación y en la escala necesaria.  Más aún, esa correlación escenificada en tal sitio arqueológico, induce a considerar que es posible ya en ese pueblo, el conocimiento de la esfericidad de la Tierra (siguiendo la misma lógica que llevó del plano circular de Anaximandro, a la esfera de Aristóteles); y ciertas llamadas “Marcas”, encontradas en las cumbres de los cerros próximos en una lógica geodésica vinculada a Teotihuacan, evidencian, por sí solas, que, por lo menos, ya comenzaba a enfrentarse el problema de la curvatura del espacio terrestre, y, en consecuencia, el de la latitud del lugar.

 

*

Geografía Teórica.

Átomos y Vacío

 

Filosofía de la Geografía.

[___]   Descripción Geográfica y Análisis de lo Concreto.  Artículo, 2012.

[___]  De qué Hablamos cuando Hablamos de lo que Hablamos (es decir, de Geografía).  Artículo, 2012.

 

Geografía Aplicada.

Mapa-Pintura de Huaxtepec, s.XVI

 

[___]  La Metodología de Investigación en Geografía Aplicada, Desde…: Relación de las Cuatro Villas, en las Relaciones Geográficas del Siglo XVI.  Investigación, 2012 (5/…).

 

 

Geografía Operativa.

Constitución Notarial

 

[___]  Un Portafolios de Trabajos Geográficos: Control de Ventas.  Artículo, 2012 (2/7).

 

 

 


Filosofía.

Ícono Filosofía-copia-1

 

[___]  Federico Engels y la Dialéctica Materialista.  Artículo, 2012.

 

 

 

 


Literatura.

L iteratura capitular

 

[___]  La Tragedia de Parecerros.  Cuento Corto, 2012 (3/3).

 

 


Exopolítica.

Tren-de-Aterrizaje-OVNI.jpg

 

[___]  El "Pueblo Elegido": ¿Atributo Otorgado, Falsa Interpretación Humana, o Factor Externo Asociado?  Articulo, 2012 (2/2).

 

 

 



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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:09

Theatro Americano, 1746; José Antonio Villaseñor y SánchDescripción Geográfica y Análisis de lo Concreto.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

06 feb 12.

 

Etimológicamente se entiende a la Geografía como una ciencia del “dibujo de la Tierra” (de ge, o gea, diosa de la Tierra; y grafía, trazo, dibujo), dibujo que de suyo implica una descripción.  De modo que el dibujo de la Tierra dado como el Mapa o Carta Geográfica, es la descripción en geografía, misma que adquiere una doble importancia: 1) como definición de la naturaleza de la Geografía, y 2) como etapa primera y necesaria de dos grandes etapas, de toda investigación científica (siendo la segunda etapa, la de la explicación y síntesis).  Veremos que el Mapa es en sí una síntesis del conocimiento, pero éste, a su vez, en su análisis e interpretación, es una descripción que prepara una síntesis mayor del conocimiento geográfico.

 

Examinemos la primera circunstancia: la de la descripción gráfica como definición de la Geografía.  Resulta evidente que en el lenguaje aún limitado de la ciencia del siglo III ane, cuando Eratóstenes definió así a esta disciplina de conocimientos, el concepto de “descripción”, debía tener un mayor contenido y extensión que como lo entendemos en la actualidad, altamente restringido.

 

La “descripción” en la ciencia de la época de Eratóstenes, tenía el amplio contenido del concepto de “ciencia” misma actual, y su extensión comprendía todo lo dado a la percepción sensible.

 

La clave de la naturaleza de la geografía está ahí: en el conocimiento de todo lo dado a la percepción sensible.  Lo que se entienda por ello, dará lugar a una de dos corrientes de pensamiento: el espacismo, o el fenomenismo.  Cuando por el todo dado a la precepción sensible se entiende el estudio y conocimiento de la vastedad no sólo de la extensión (el espacio continuo), sino de lo extendido (las formas de espacio discreto), por su sola localización y distribución tal como lo entendió Eratóstenes, se tiene la “geografía espacista”.  Cuando por todo ello lo que se entiende es el estudio y conocimiento en sí mismo de cada cosa de todo cuanto existe, entonces aparece la “geografía fenomenista”, tal como la entendió Estrabón.

 

La segunda circunstancia, la descripción dada como etapa necesaria de toda investigación científica, se refiere a un aspecto del método de conocimiento.  Metodológicamente la descripción se refiere a la enumeración tanto de lo observado directamente, así como de los datos del experimento, refiriéndose a los aspectos cualitativos y estables de lo dado.  Constituye así, la base de los conocimientos que preparan la etapa de la investigación causal o explicativa, misma que en el proceso de generalización y abstracción descubre los procesos cuantitativos o variables, no dados directamente a la precepción sensible.

 

Así, la descripción geográfica se refiere al análisis cualitativo de lo concreto, que en la “geografía espacista” se refiere a la separación de las propiedades estables de los estados de espacio concretos; en tanto que la descripción geográfica en la “geografía fenomensita”, se refiere, por su parte, a la separación de las propiedades estables de los fenómenos naturales y sociales concretos.  Pero fenómenos naturales y sociales, y estados de espacio concretos, tienen en común ser lo mismo con distinto grado de generalización y abstracción, y, por lo tanto, siendo categorías que, aun cuando semejantes, expresan contenidos y extensión diferentes.

 

Haciendo, pues, diferencia entre ambas categorías; no obstante nos podamos referir en común a su descripción, que en la Antigüedad se denominó simplemente así: Descripciones; pero que en la Edad Media dieron en denominarla Summas; o en la Época Moderna, en su origen renacentista, se conocieron como Maravillas o Relaciones Geográficas, así denominadas durante la Ilustración y hasta el romanticismo del siglo XIX; y ya más recientemente, en el siglo XX, comenzaron a ser llamadas Síntesis Geográficas; las cuales, con la introducción de la cibernética, reciben el nombre de Bases de Datos Alfanuméricas.

 

Esa no es, pues, toda la Geografía, sino sólo su parte inicial, la descriptiva, y como tal, apenas a partir de ahí, sobre su base, la verdadera ciencia de la geografía ha de comenzar.

 

A partir de aquí dejará de interesarnos esa ya vieja descripción geográfica fenomenista que se pierde cada vez más  en el análisis de lo concreto por lo concreto mismo, para comenzar a replantear la descripción geográfica espacista en el análisis de lo concreto mismo, pero en la categoría de estados de espacio, para el entendimiento de las propiedades del espacio terrestre.

 

Y así, finalmente, el análisis geográfico de lo concreto dado en los estados de espacio, tiene como propiedad esencial el omitir los atributos particulares de los mismos en tanto fenómenos naturales o sociales.  De este modo, la geografía: 1) no es un estudio descriptivo de los fenómenos; 2) por lo tanto, no pretende, de ello, una explicación del fenómeno, consecuentemente con arreglo a sus propias leyes; pero, 3) mucho menos ha de pretender una explicación de los fenómenos con arreglo a otras leyes que no son las propias, incurriendo con ello en una posición reduccionista; y, en consecuencia, 4) ha de describir el fenómeno por sus propiedades espaciales más generales, en la categoría de estados de espacio; y, 5) ello ha de ser así, con arreglo a las leyes del espacio mismo.

 

Antes de K. Ritter y A. de Humboldt, que llevaron la descripción geográfica fenomenista en el análisis de lo concreto por lo concreto mismo, hasta sus últimas consecuencias, ya en la época romanticista de la primera mitad del siglo XIX; poco antes, en el momento cimero de la Ilustración en la segunda mitad del siglo XVIII, el mexicano José Antonio de Alzate y Ramírez, en un breve trabajo de 1772, “El Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarlo”*, planteó por primera vez la acertada relación entre le análisis de lo concreto en la descripción geográfica contenida entonces en la Relación Geográfica, y su abstracta síntesis espacial cartográfica (acerca de lo cual, una década después, a su vez, teorizó el español Tomás López de Vergara).

 

No se trata, pues, de “superar” el “descriptivismo” en geografía eludiéndolo u omitiéndolo, sino dimensionándolo correctamente tanto como propiedad en la definición etimológica de la Geografía, como necesaria etapa en el proceso metodológico de investigación científica.



*        Cuyo estudio a manera de de los fundamentos filosóficos materialista y dialécticos en la ilustración novohispana, fue motivo de la tesis para el doctorado en Filosofía del autor de estas líneas: “La Dialéctica y el Materialismo en <<El Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarlo>>, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez” (2009).

 



 

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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:05

Federico-Engels--1820-1895-.JPGFederico Engels, y la Dialéctica Materialista.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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06 feb 12.

 

Federico Engels (1820-1895), fue copartícipe con Carlos Marx, en la elaboración de la doctrina del marxismo, es decir, de la creación de la economía política y de la teoría del socialismo científico, con fundamento ambas en la filosofía del materialismo dialéctico por ellos mismos desarrollada.

 

Así como Marx hizo la crítica de Hegel, Engels hizo la crítica de Schellin, “Schellin y la Revelación”, 1842; uno de los idealistas clásicos alemanes, junto con Kant, Fichte y Hegel.  Engels, alemán radicado en Inglaterra, observa las condiciones de vida de la clase obrera en el país más adentrado en el desarrollo del capitalismo, y de ahí que en sus primeros trabajos, preparados previo a entrar en amistad con Marx, fueron. 1) “Bosquejo para una Crítica de la Economía Política”, 1844; y 2) “La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra”, 1845; trabajos en los cuales, ya desde ese momento, Engels descubre en el proletariado a la clase social depositaria de las futuras transformaciones sociales.

 

El Prefacio a la segunda edición (1892) de “La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra” (1845), es profundamente ilustrativo, no sólo por el tiempo transcurrido entre la primera y la segunda edición, que deja ver cómo en ese lapso el mundo cambia notablemente; sino por cómo Engels muestra que en ese mundo cambiante, la esencia del capitalismo, no obstante sus adecuaciones, se mantiene la misma: la inmoralidad disfrazada del capital, la condición colonial de unos países, destinados a absorber la producción de las potencias imperiales. El cómo los adelantos tecnológicos en manos del capital contribuyen a la depauperación del proletariado más allá, incluso, de toda frontera, el inacabable proceso de apertura al mercado de China; la renovación, una y otra vez, del truk-system (o pago del salario, ya con mercancía de tiendas de los mismos patrones; o los “vales” para la adquisición de mercancía como complemento del salario); la corrupción sindical para poner a estas organizaciones colaboracionistamente a su servicio; y, en todos los casos, manteniendo al proletariado en la miseria.

 

En 1845 toda esa inmoralidad estaba representada por Inglaterra; para 1892, Engels expone cómo ésta ha comenzado a perder el monopolio de la bajeza en la condición humana, y con Estados Unidos al frente, varios países desarrollados más, marchan alegres a la putrefacción, que no pareciera tener límite, pues un siglo después, apenas y puede ser creíble el grado de descomposición moral (más que su ruina económica o su cinismo político), en la cual se ha hundido ya el capitalismo.

 

Como en la historia de la ranita que sumergida en un balde con agua que poco a poco se calienta hasta el hervor, y a la cual se va resignando hasta su muerte sin hacer el menor intento por saltar; así, para el año 2012, pareciera ser ya la condición de la sociedad, para la que esa inmundicia moral es su forma aceptada de vida.

 

Engels, en carta a A. Sorge en 1874, entendiendo la salida de éste de la I Internacional, le dice: “la vieja Internacional ha dejado de existir”, y previó, con dudas en lo razonablemente no-creíble, el colapso de esa sociedad en una gran represión; no obstante, dada luego en la locura de la I Guerra Mundial, de la que grandes masas obreras fueron víctima; tras ese colapso en el que dudaba, de darse, auguraría el surgimiento el surgimiento de una nueva lucha proletaria internacional; misma que ocurrió con el triunfo de la Revolución Socialista en Rusia de 1917.

 

A veces, viéndose la decadencia actual y la capacidad autodestructiva en manos demenciales que han perdido toda noción de la realidad, se pierde toda esperanza y ya sólo se puede augurar el gran colapso final de nuestra civilización.  Acaso sólo el optimismo a que nos obliga el pensamiento marxista de confiar en las masas proletarias, nos impone el considerar que, tras la próxima gran represión ya a la vista, un gran estallido de lucha proletaria internacional, por último, pondrá fin a este oprobioso e inhumano orden social.

 

En esa misma carta a Sorge, Engels ya sólo veía una real alternativa en la futura asimilación del marxismo por el movimiento proletario internacional.  Como la historia lo hizo ver, ocurrió aquello en lo que menos creía que pudiera ocurrir; y aquello en lo que confiaba, no sólo no ha sucedido entre las masas, sino hoy, en la práctica, se encuentra totalmente olvidado, tras veinte años del derrumbe de los estados socialistas.  La confusión, y el caos inmediato que ya se vislumbra, es enorme; y sólo una profunda reflexión acerca de las nuevas condiciones económico-políticas y sociales, a la luz del materialismo dialéctico, a la luz del marxismo como el pensamiento de Marx y Engels, podrá alumbrar los nuevos derroteros de la humanidad.

 


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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:03

L iteratura capitularLa Tragedia de Parecerros.  Cuento Corto, 2012 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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06 feb 12.

 

Con quien deseaba encontrarme era con mi hermosa vecina, por eso estaba ahí, en mi ventana, esperaba verla asomarse a su balcón, llegar a su casa, o salir a alguna parte; el asunto era no sólo verla para recrearme y disfrutar estéticamente de su belleza, sino para intentar hacerme de ella.  Si aceptaba, bien, comenzaría una nueva etapa de la vida, aun cuando no tenía ni la menor idea de cómo sostenerla económicamente; si me rechazaba, bien, descansaría, no me quedaría en la vida con el “si hubiera”, y “a lo mejor hubiera aceptado”; pero, a la vez, me daría tiempo para resolver lo económico.  La parte difícil de aceptarse, estaba en que, además, tenía que aceptar el irnos del pueblo; ahí no había ya opción alguna; más de un año intentándolo desde que llegué, y nada.

 


Parecerros

 

Pero ni señales de ella, debía estar con todo el pueblo en el valle de la cañada, en el ritual del aniversario de la tragedia haciéndole desde muy temprano ofrendas al “Cerro del Niño”, y tendría que ir a buscarla por ahí e invitarle a platicar.  En verdad, por la naturaleza de las cosas, desearía que me aceptara, pero, a la vez, tengo la mejor disposición a que me rechace, y un oculto deseo de que así sea, porque ni con qué sostener en lo económico una familia.

 

El caso es que, en lo que vamos al “Cerro del Niño”, les platico su historia, que precisamente lo que hizo la tragedia.

 

De ello voy a presentar un informe, aun cuando ya no sé si a la Sociedad Geológica y al Instituto de Geología, o a la Sociedad Internacional de Antropología.

 

Por muchos años en que se ha extraído la plata, de hecho, ya por cinco siglos; por el procedimiento de ello, se tritura la mena, o sea la roca con el filón de minerales, y se lava el residuo; luego éste se decanta y deposita en lo que se llama el escorial, formando aquellos cerros artificiales, muy cónicos y puntiagudos que se ven allá.  Así hubiera estudiado en vez de geología, Ingeniería de Minas, creo que no hubiera adivinado lo que iba a pasar.

 

Para que se entienda la historia, aquí la geología es como si hablásemos de “ginecología”; y la Ingeniería de Minas, como si nos refiriésemos a la “técnica de partos”.  Por eso el nombre del pueblo, de “Parecerros”.  Las actas originales más antiguas lo nombran “Santa Cruz…” de no sé qué, pero por la actividad minera y sus resultados, se cuenta que alguna vez vino algún importante de la ciudad, y cuando se le explicó el proceso mismo que yo les he platicado ahora, éste expresó que eso era como si los cerros estuviesen pariendo cerros.  Fue tan alegórica su expresión, que de ahí nació hace mucho lo de “Parecerros”, y así se quedó.

 

Ahora, como se ve, es un lugar de montañas artificiales.  Quizá por ello también sea aquel estribillo de la canción religiosa de que “si piensas que la montaña se mueva, se moverá…, se moverá…”, que hoy ya no se canta aquí por lo que pasó.

 

Y bueno, pues lo que pasó aquí justo hace un año, a poco de que llegase yo nuevamente al pueblo, fue que en esta época de lluvias torrenciales, se desgajó un cerro, que estaba por esa parte, llamado “Cerro del Tesoro”, y arrastró un escorial en su base que se precipitó hacia el río haciéndose un gigantesco lodazal, sobre el cual se deslizó la colada de derrubios del deslave del Cerro del Tesoro.  Y la cosa no paró ahí, el peso y el empuje del material rompieron un portal, llamado “El Saltito”, y entonces corrió una gran avalancha pendiente abajo por la cañada, arrastrando una pequeña comunidad de ganaderos en la parte baja donde la cañada se abre en un pequeño valle, antes de de la caída de lo que se llama “El Saltón”, un portal de mayor altura; y ahí, en su fondo, fue a parar todo el material, tanto del escorial, como de los derrubios de “El Tesoro”, formando ahora, de manera natural, un nuevo cero cónico.

 

La gente, cuando la tragedia, estaba ahí, acongojada, muda; como ahora en este ritual de ofrenda al pie de “El Niño”, viendo cómo la montaña; quién lo iba a pensar; se había movido arrastrando a la gente del valle…  Era un silencio sepulcral aquel mismo día, y una consternación absoluta.  Entonces una señora, con un gran sentido maternal, dijo unas palabras, hizo un razonamiento como que se esparció en todos los presentes en los que se hizo un gran alivio de conciencia: “Era la montaña del escorial,…, un niño; y los niños son así…, inocente…, qué le vamos a hacer…”.


 


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5 febrero 2012 7 05 /02 /febrero /2012 23:02

OVNI-de-Jose-de-Balderas--Espana--1967.jpgEl “Pueblo Elegido”: ¿Atributo Real Otorgado, Falsa Interpretación Humana, o Factor Externo Asociado?  Artículo, 2012 (2/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

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06 feb 12.

 

No hay señales particulares en este proceso de un arribo ante ningún “Pueblo Elegido”, hay, en general, a la vista de todas las sociedades del planeta, un condicionamiento a “algo normal” y no adverso (independientemente, dicho de momento, de si es estrategia con un fin perverso o no, pues ello no se puede establecer).

 

Se ha pasado de las pequeñas luces aisladas moviéndose lenta y zigzagueantemente en el cielo nocturno de los años cincuenta a sesenta del siglo XX; a una serie de casos de “contacto” (con todo lo que en ello pueda haber de falso o verdadero), y “poses para la foto” de “Platillos Voladores” en pleno día, de los años setenta a ochenta; para empezar a dar lugar a avistamientos tanto más frecuentes, como masivos y de objetos de formas diversas, dominantemente esferas, pero en un sinnúmero de casos de reporte tanto nocturnos como diurnos, de objetos de las formas más irregulares y extraños en cuanto a su naturaleza material, todo ello entre los años noventa del siglo pasado, a la primera década del dosmil.

 

Al iniciar la segunda década del siglo XXI, a esos avistamientos masivos de esferas, les ha acompañado una serie de eventos extraños: desde bólidos, hasta gigantescas espirales en el cielo, y una serie de imágenes holográficas impactantes.  Ciertamente, ocurriendo ya todo ello cuando las capacidades tecnológicas humanas hacen de una buena parte de esos artefactos, sin duda, manufactura y origen humana, incluso como una tecnología manipulada década atrás, desde los mismos años cincuenta.  Más aún, de nos ser por cierta experiencia y los casos ocurridos fuera de la atmosfera y extraños a los mismos astronautas de la Estación Espacial Internacional, bien pondríamos en duda toda esa “historia de ovnis”.

 

Ahora –con las reservas naturales del caso–, de pronto, comenzaron a ser más frecuentes los reportes y videograbaciones de extraños seres que parecen estar coexistiendo con nosotros (en la lógica de manifestarse con una energía fuera del rango de la “ventana óptica”, y captables, por lo tanto, no en una fotografía por luz refleja, sino en una imagen digital); y por su asociación con mitos y leyendas antiguas (las cuales no surgen de la nada), bien esa coexistencia viene desde tiempos antiguos; de modo que es de ahí de donde se desprende la interesante hipótesis de que otras especies inteligentes no necesariamente “extraterrestres”, han evolucionado aquí mismo, y quizá estemos empezando a entrar en relación (y posible conflicto); aparte de ese contacto, además, sí posiblemente “extraterrestre”.

 

Siguiendo el curso de esa tendencia general, bien podemos afirmar que en esta década, y no más allá de la próxima, ese encuentro abierto con otras, o por lo menos una, civilización no-humana (terrestre o extraterrestre) tendrá lugar.  Acaso hay un factor que determine  ese encuentro en lo inmediato, en el curso de los próximos tres o cuatro años: la necesidad del “providencial” encuentro ante una crisis social humana generalizada ya a la vista; pero, más aún, que quizá afecte a la forma de vida de alguna otra civilización no-humana coexistente en el mismo planeta.

 

Ocurra ello o no, de cualquier manera son estos los años en que la historia de la humanidad dará un vuelco.

 


 

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