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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 23:05

Editorial

  Satelites-de-Observacion-Solar.jpg

El geógrafo observando el espacio terrestre desde los Satélites de Observación Helisoférica.

El geógrafo del futuro está destinado a ser un observador desde los más diversos satélites artificiales de exploración del espacio terrestre.  Uno de ellos, de los más esenciales, ha resultado ser el Satélite de Observación Heliosférico (SOHO), interactuando con el campo magnético terrestre.

 

*

 

En tres años de publicación de este Blog, de 2009 a 2012, no sólo filogenética, sino ontogenéticamente, hicimos el mismo recorrido de tres décadas, de 1979 al 2010, desde nuestro egreso del Colegio de Geografía; como llenamos el vacío de tres lustros, de 1994 a 2009, en que estuvimos fuera del escenario geográfico.  En 1994, todo lo dejamos en la discusión del espacio geográfico como objeto de estudio, el cual ya daba muestras de ser aceptado institucionalmente, lo cual significaba el poder avanzar colectivamente en un propósito esencial para el desarrollo de la Geografía como ciencia.  Fue entonces que se combinaron dos hechos fatales: 1) la crisis económico-social e 1994-1995, y 2) el maquinado plagio de ideas; y la resultante fue, en lugar del avance colectivo por el desarrollo de la Geografía como ciencia, el hundimiento en la inmoralidad y el oscurantismo de la comunidad de los geógrafos en México.

 

Paradójicamente, ambas cosas se sumaron con tal fuerza, que los efectos de una (la crisis), anuló los efectos de la otra (el plagio de ideas y el oscurantismo), y todo se hizo una sola quietud en la tenebrosa oscuridad, al servicio de los intereses de la clase social temerosa de los cambios; oscuridad que en lo personal, intelectualmente, logramos  dejarla atrás, entre 2003 y 2007.  Y entonces empezó la lucha de nuevo para hacer de la geografía una ciencia al servicio de la clase proletaria, que finalmente anhela los procesos de transformación.

 

Esa lucha tiene sus raíces históricas.  Entre Posidonio y Estrabón se introdujo una diferencia en el pensamiento geográfico que venía de muchos siglos atrás como el conocimiento dado en los mapas (en lo cual estaba subyacente el verdadero objeto de estudio de la geografía: el espacio terrestre), y esa diferencia en la cual se destacaba la consideración de los fenómenos (principalmente el histórico-social), Estrabón la llevó a la contraposición entre dos maneras de entender la geografía: la físico-matemática (espacista), principalmente representada por Eratóstenes; y la historicista-narrativa (fenomenista), principalmente representada por Estrabón.

 

Esa contrariedad entre dos posiciones teóricas (una con el apoyo del fundamento de lo históricamente dado; y otra con el apoyo del Imperio Romano), estuvo siempre ahí en forma velada durante toda la Edad Media, y luego del Renacimiento y con ello del renacer de la ciencia misma, al dar inicio la época conocida como de la Ilustración, tal contrariedad desemboca en una abierta contradicción que se hace plenamente manifiesta al inicio del siglo XIX, dominando, a partir d entonces, el criterio fenomenista; con el cual se llega justo a fines del siglo XX.

 

El curso del siglo XX conoció el proceso de la geografía en su elevación como verdadera ciencia moderna, en función de varios momentos históricos de abstracción y generalización de los conceptos de espacio (el cual para entonces deja de estar subyacente), y de los fenómenos; proceso en el cual, al autor de estas líneas le tocó, no sólo descubrir tal proceso, sino agregar a él en su último momento, en la generalización de una teoría única de la geografía dada en la formalización teórica del espacio terrestre, como teoría de los estados de espacio.

 

La ciencia de la geografía quedó plenamente determinada y fundamentada como una ciencia del estudio del espacio terrestre, y la posición de la geografía como ciencia de los fenómenos, quedó subsumida en ello, en tanto la consideración de éstos  como estados de espacio.  Un resabio de aquella geografía decimonónica, es ahora la que hemos caracterizado como “geografía literaria”; y en estas dos nuevas formas de hacer la geografía, se fragua el geógrafo del futuro.

 

*

Cuatro-Elementos-de-Empedocles.jpgFilosofía de la Geografía.

 

[____]  “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (3/4)

 

     

009-Mapa-de-Estrabon-Simple.jpgHistoria General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los, Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón (3/)

  

 

SIG Google EarthFilosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo. (3/10)

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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 23:04

Cuatro Elementos de Empédocles“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: Dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

La Satisfactoria Tesis: la geografía de los estados de espacio,

es una geografía basada en la dialéctica de los elementos genésicos.

 

Entre fines del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, el pensamiento geográfico avanzó en el método científico elaborando las dos primeras abstracciones y generalizaciones teóricas sobre os conceptos que estaban involucrados en la contradicción dialéctica histórica esencial de la geografía: de un lado, el espacio, y en el opuesto, los fenómenos.

 

Al iniciar la segunda mitad del siglo XX, impensadamente comenzó el proceso que llevaría, en los años setenta, a la tercera abstracción y generalización de dichos conceptos esenciales.  Este tercer momento histórico tuvo dos variantes: 1) la dada por Alexandr Maximovich Riábchikov; y 2) la dada por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, que ahora tratamos.

 

Hay en ambas propuestas una generalización con variantes de nombre: lo que está en la teoría de Sáenz de la Calzada, son directamente los cuatro elementos de Empédocles: tierra, aire, agua y fuego; que en Riábchikov reciben el nombre de “fases”, pero que, en ambos casos representan la litosfera, atmosfera, hidrosfera y energía solar.  Ambas teorías están referidas, en general, a la teoría de los elementos, y en dicha teoría de os elementos, el problema central radica en la transformación de unos en otros.

 

Remitiremos a los esquemas ya de Empédocles, o bien a la variante de éste expuesta por Aristóteles en su Meteorológica.  La “vuelta” a la teoría de los elementos, por supuesto, no debe entenderse como un recurso metodológico literal, tal cual, sino que ha de entenderse en términos de la tercera abstracción y generalización dada históricamente en el pensamiento geográfico, por la cual se suple el pretendido estudio de los fenómenos particulares, por un estado general de los mismos denominado históricamente como “elemento”; y, a la vez, el espacio se resuelve como la “espacialidad de las cosas” en la teoría del continuum einsteniano, y esto es, pues, el aspecto esencial de dicho planteamiento.

 

En los Fundamentos de la Geografía Médica, del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, éste expone, ya desde los años cincuenta, la manera en que se transforman unos elementos en otros, de donde es necesario volver a los esquemas de Empédocles del siglo V ane, y de Aristóteles, del siglo IV ane.

 

El esquema de Empédocles es el siguiente:

 

Cuatro Elementos de Empédocles 

Esquema de los Cuatro Elementos y sus Cualidades, de Empédocles de Agrigento (s.V ane).

[Fuente: Sáenz de la Calzada, Carlos; Los Fundamentos de la Geografía Médica en México; (copias); p.18]

 

El esquema de Aristóteles da, primero, un giro a la derecha en 90° al esquema de Empédocles, y luego una inversión en 180°, quedando de la siguiente manera:

 

Cuatro-Elementos-de-Aristoteles.jpg 

Esquema de los Cuatro Elementos y sus Cualidades, expuesto por Aristóteles en su Meteorológica, s.IV ane.

[Fuente: Sáenz de la Calzada, Carlos; Los Fundamentos de la Geografía Médica en México; (copias); p.18]

 

Inherente a los elementos como formas de movimiento físico de la materia, al fuego –explica el Dr. Sáenz–, son las cualidades (o propiedades particulares) de calor y seco; a la tierra, seco y frío; al agua, húmedo y frío; y al aire, calor y húmedo.  Si bien se ve, tales cualidades en sus combinaciones, están dadas sólo por dos factores: la temperatura (o el campo térmico), y la humedad (como estado sustancial molecular discreto).  La base material de dichos elementos y sus cualidades en el organismo humano, se daba en los humores (sangre, flema, bilis amarilla, y bilis negra); prescindiremos de esto último dado que no es nuestro propósito  el particularizar, sino, en lo opuesto, el generalizar, y en ese sentido, respecto del organismo humano, los humores equivalen al concepto generalizador de los “sustratos portadores”.

 

En esencia, pues, los elementos “contrariamente unidos”, dialécticamente en consecuencia, se transforman unos en otros a través de sus cualidades o propiedades: el fuego en aire a través del calor (el sustrato portador serían las moléculas); el aire en agua a través de la humedad (el sustrato portador los será la condensación); el agua en tierra mediante el frío (y el sustrato portador lo será el hielo); y la tierra en fuego mediante la sequedad (donde el sustrato portador sería el material combustible).  El ápeiron, la quintaesencia, o el éter, sólo opera en abstracto (sin hacer alusión a él), como sistema de referencia: él es el lugar de las cosas.

 

Reinhardd Federmann, en su trabajo, La Alquimia, va a referir al ápeiron según la literatura hermética, como “la piedra que no es piedra alguna”, la “tintura”, el “elixir”, la “materia prima” o con el nombre más conocido de, lapis philosophrum o “piedra filosofal”.  Y para los fines de esta disertación en una generalización final a la que debemos llegar, resulta de enorme importancia citar un pasaje de Federmann: “Este elemento llamado materia prima y también <<tierra virgen>> y <<leche virgen>>, corresponde al caos, al desorden, y sólo se sabe de él que está formado por los cuatro elementos…, que los alquimistas llamaban <<esencias>>…  Además, estas cuatro esencias deben contener asimismo una quinta, la quinta essentia, la quintaesencia, o sea, la <<piedra>>”.[1].

 

Está ahí toda la teoría del espacio (luego, ésta es la verdadera “piedra filosofal”), que es finalmente a lo que queremos llegar; y para ello basta operar una abstracción y generalización superior sobre la base de los elementos.

 

La materia prima, el ápeiron, “está formado por los cuatro elementos o esencias…, estos mismos deben contener a la quintaesencia…”.  Está expuesto ahí, con toda su profundidad, la esencia del espacio: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”, tal como la hemos definido nosotros.  En lo “contrariamente unido”, el espacio está formado por los cuatro elementos, y éstos, a su vez, contienen al espacio.

 

Nada nos limita ya, pues, para hacer esa generalización, la cuarta abstracción y generalización históricamente dada en el pensamiento geográfico en la búsqueda de la síntesis del espacio y los fenómenos.  Y llamaremos a los elementos, entonces, como “estados de espacio” (lo son, en tanto contienen al mismo), incluyendo al quinto elemento, que como “materia prima” es por definición y exclusión, el “estado de espacio” más general y esencial” (la génesis en el caos, como interpretación del vacío, precisamente en el horror vacui), en tanto contiene a los otros cuatro elementos, y cada uno de ellos lo contienen a él.

 

Los estados de espacio tienen, a su vez, sus cualidades o propiedades esenciales (propiedades de espacio), a través de cuyas transformaciones de unos estados de espacio en otros, se opera su transformación.  En ellos, quedan como sustratos portadores ahora, los elementos en calidad de unidades morfométricas o geoformas.  Lo que ha de interesar al geógrafo, sin embargo, son las propiedades de espacio y sus transformaciones, y ya no, en tanto tales, los sustratos portadores de las mismas, las cuales se generalizan como formas continuas (campos), o discretas (sustancias), de los estados de espacio.

 



[1]        Federmann, Reinhard; La Alquimia; Editorial Bruguera, Barcelona, 1974; p. 43.

 

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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 23:03

009 Mapa de Estrabón SimpleEstudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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16 dic 12.

 

 

Es así como Estrabón prende a Aristarco y a Crates, quienes no haciendo caso del exhorto de Eratóstenes, se enfrascaron en algo que, visto a la distancia, puede mover incluso a sana e indulgente risa.  Homero ha dicho que los etíopes son “los últimos hombres divididos en dos partes, así los del poniente como los del Sol naciente”[1]; y simplemente, así como lo narra Estrabón, mueve a risa, pues tanto Crates como Aristarco, a pesar de la aparente evidencia empírica en la frase, buscan esa división en una segmentación oriente-poniente, de modo que se tiene a los etíopes del norte y los del sur; cuando, a lo que Homero se refiere, aparentemente es a la ubicación de los etíopes según una segmentación norte-sur, dada por el río Nilo, de modo que se tiene así a los etíopes del “poniente, como los del Sol naciente”.

 

Ignacio Granero, traductor y compilador de las notas del texto de Estrabón, expone en una de ellas al respecto,, citando a Bérard: “Antiguos y modernos han buscado mil explicaciones a este texto bien claro…”[2], y dicho autor no lo explica, pero nos da una pista: en la Antigüedad, mapas como el de Anaximandro, el de Hecateo o el de Herodoto, muestran el río Nilo desde su naciente  en la parte centro-occidental de África, fluyendo primero de occidente a oriente, y luego, más allá de Etiopía, doblando sur-norte, y propiamente en Egipto.  Incluso remitiéndonos al mismo mapa de Estrabón, el Nilo nace ahora de varios afluentes  en el extremo sur, que convergen en Meore, y justo a partir de ahí, centro de Etiopía, el Nilo hace una especie de gran meandro doblando hacia el occidente primero, y luego en otra gran curva virando al oriente.  Sólo poco antes de llegar a Siena comienza a fluir sur-norte, ya en Egipto.

 

Crates y Aristarco, pues, según esto, estaban en lo correcto al hablar de los etíopes del norte y del sur, y no, como dice Homero, del poniente y del Sol naciente.  Sólo que hay un hecho más en la confusión: Crates habla de los etíopes del Antecos, más al sur; y Aristarco habla sólo de los etíopes del sur más allá de Siena, al sur del Nilo, que allí dobla en dirección oriente-poniente.



[1]        Ibid. p.57.

[2]        Ibid. p.306 (nota II,233).

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8 marzo 2015 7 08 /03 /marzo /2015 23:02

Elementos--Euclides.jpgLa Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo:  La Axiomatización y el Camino de la Ciencia.  (3/10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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09 dic 12.

  

 

    b)      La Axiomatización.

 

Las ciencias rigurosas no nacen de “la nada”, tienen una historia que se remonta siglos atrás.  En esa historia opera un conocimiento empírico, espontáneo, acerca de algo específico, acerca de una faceta dada de la realidad objetiva, tratando de explicar sus causas.

 

En ese proceso histórico, inicialmente algo se establece como postulado; es decir, algo se establece acerca de ese objeto de conocimiento, que no requiere de demostración, no porque no la implique, sino porque en su enunciado se establece un hecho de evidencia dado empíricamente por la práctica histórico-social de mucho tiempo.

 

Pero tales postulados, un conjunto muy breve de enunciados, tiene un carácter preeminentemente fundamental, en tanto que sobre su base se erigirá toda la sistematización de ese conocimiento científico especial.  La definición de los postulados es, pues, el inicio de un conocimiento sistemático riguroso, que en general recibe el nombre de axiomatización (del gr. axioma, proposición, algo acerca de lo que parece justo), con lo cual se refiere el carácter esencialmente radicado en la lógica, en lo inferencial, en lo deductivo.

 

De ese modo, del conjunto de postulados, ha de derivarse (deducirse), un breve conjunto de principios, entendiéndose por éstos, precisamente, el origen de dicho conocimiento científico por sus causas más generales y esenciales, que equivalen a las regularidades dadas en ese conocimiento, y por lo tanto, a sus leyes fundamentales.

 

Luego, sobre la base de tales principios, se establece el conjunto de axiomas o proposiciones a partir de los cuales se habrá de deducir todo el conocimiento posterior.  Como los postulados y los principios, por su naturaleza, no requieren demostrarse en tanto que son hechos de evidencia empírica e históricamente dados.  Sólo que, el conjunto de axiomas, establece de suyo, la base de la lógica misma del sistema de conocimientos dados acerca de un objeto de estudio.

 

A partir de ellos, sobre la base de esa lógica; no sólo como estructura de pensamiento, sino incluso como criterios de la verdad; se deduce lo que se denominan, los teoremas de una ciencia.

 

El concepto de teorema (del gr. theorema, investigación), es ya el enunciado de n juicio de tesis, algo que debe ser demostrado; de modo que en los postulados, principios y axiomas, el teorema tiene su premisa de antecedente.  Así, lo que se deduzca de esos antecedentes y la tesis que se sustenta en el enunciado del teorema, establecerá la hipótesis (del gr. hipo, debajo; y thesis, juicio indemostrado), de cuya verificación en los hechos, se obtendrá esa demostración del teorema, con lo cual, como establece su traducción etimológica, se inicia la investigación rigurosa.

 

Tal es el legado del alejandrino Euclides (330-275), autor de la obra Elementos; considerado, por ella, el fundador de la matemática científica; quien fue contemporáneo de los discípulos de Aristóteles, y de los geógrafos inmediatamente anteriores a Eratóstenes (y quien introduce el nombre de “Geografía” para ese tipo de conocimientos, logrando determinar el perímetro de la Tierra).

 

De la obra de Euclides se sigue el que el conocimiento científico, es precisamente aquel que se deriva el uno del otro de manera lógica o deductivamente.

 

 

b)      El Camino de la Ciencia.

 

Si el método de la ciencia es el camino para llegar a un fin, ese fin es el conocimiento verdadero, y ese camino, en su forma más contemporánea, se representa como un Diagrama de Flujo.

 

El procedimiento que lleva al conocimiento de la verdad, implica una serie de operaciones mentales con las que todo cerebro humano trabaja de manera cotidiana, intuitiva y espontáneamente, sin conciencia del hecho, de modo que aprender el método de la ciencia, básicamente consiste en hacer conciencia teórico-práctica del proceso.  Entender el conjunto de elementos que componen esas operaciones del pensamiento y en qué consiste cada elemento, cuál es su función, pero; y esto es la clave de todo a nuestro juicio;  no en esos términos “funcionalistas” o “estructuralistas” rígidos de un elemento mecánico del sistema, que es en sí mismo, y sólo en sí mismo; sino que, dialécticamente, se intercambia por su opuesto una y otra vez, y comprende que ese intercambio no es, a la manera del “estructural-funcionalismo”, de cambio de posición en la jerarquía y función en el sistema; sino un intercambio en el cual la explicación como elemento metodológico, vuelve a ser observación en un grado superior; que la síntesis vuelve a ser, una y otra vez, antítesis y nueva condición de análisis en una comprensión más compleja  del fenómeno objeto de estudio, y en ese sentido, inversamente, que la observación, el análisis y la antítesis, son, en un momento dado, también, formas no desplegadas de la explicación, la tesis y la síntesis.

 

Son tres ejes básicos en torno a los cuales gira todo el engranaje de las operaciones mentales del conocimiento: 1) el eje empírico-teórico, 2) el eje abstracto-concreto, y 3) el eje hipotético-deductivo.

 

El eje central del proceso es el que lleva del paso de lo empírico a lo teórico; esto es, de lo eminentemente práctico dado a los órganos de los sentidos en el elemento conocido como observación (que habrá de entenderse que no se reduce a la vista); para, de ahí, en una primera y elemental forma del conocimiento, pasar a la descripción; y, finalmente, a eso observado y descrito darle una explicación racional, teórica.  Evidentemente ese proceso no discurre así, de manera simple; a él se engranan los procesos que ocurren en los otros ejes del pensamiento.

 

El eje abstracto-concreto es ese en el que las operaciones del pensamiento nos llevan del hecho observado a lo que se denomina como lo concreto real, o hecho abstraído en el pensamiento; es decir, al hecho del cual se ha separado las propiedades secundarias para considerarlo más en su esencia, de modo que en ello se obtenga el conocimiento de ese hecho como lo concreto pensado.

 

En esta operación del pensamiento se discurre en el proceso, primero, de observar el fenómeno, de donde lo inicial es compararlo; observar es distinguir lo que hay de diferente en lo semejante, como lo que hay de semejante en lo diferente; y ello da lugar a lo que se denomina como analogía; el empezar a entender las cosas por comparación, bajo esa consideración del “se parece a…”, y por lo tanto, puede estudiarse de manera semejante, pasando al análisis y a la síntesis; esto es, en el proceso en el cual, en segundo lugar, mentalmente, en el análisis, descomponemos el fenómeno dado como un todo, en sus partes integrantes, obteniendo un conocimiento más particular y específico, que hace precisamente ese nivel de mayor esencialidad; y, en tercer lugar, al volver integrar el todo reuniendo de nuevo mentalmente sus partes componentes, ya conocidas más en lo esencial, se da lugar a la síntesis.  Y la síntesis es pues, lo concreto pensado, lo cual constituye  una explicación del fenómeno.

 

Este discurrir pasando de unos elementos a otros en ambos ejes y entre ambos ejes, está en relación con un tercer eje, referido a las operaciones lógico-formales: los procesos de deducción e inducción.  Aquí es donde todos esos procesos se someten a ciertas reglas del pensamiento, las cuales violentadas, conducen al absurdo.  Didácticamente nos hemos referido a este “tercer eje”, pero es aquí en donde se hace más evidente que lo lógico no es algo que ocurre por separado a lo demás (si lo separamos para explicar y entender el fenómeno del método de la ciencia, es porque el método de la ciencia nos impone que para explicarlo y entenderlo, lo separemos).  A este eje pertenecen las operaciones de relación causal, que permiten deducir o inferir las causas posibles del fenómeno.

 

En el engranaje hay otros ejes secundarios, como el de los procesos cualitativo-cuantitativos, o de medición-experimentación, o de las hipótesis y teorías.  Una manera de exponer todo ello de conjunto, es mediante el siguiente diagrama de flujo:

Camino-de-la-Ciencia--Imagen-Diagrama-de-Flujo.jpg 

 

 

En él puede verse que una de las primeras cosas que destaca, es el planteamiento del problema a resolver en la investigación, al cual nos referiremos brevemente en particular.

 

 

a)      El inicio de la investigación: la búsqueda de un problema,

      o con el problema encima.

 

Brevemente, para terminar este tema, es necesario apuntar un hecho que raya hasta en lo curioso.  Cuando elaboramos nuestra tesis de grado en sus tres niveles, estrictamente nunca deberíamos vernos en la necesidad de buscar el problema a resolver, porque, si bien se ve, el problema ya lo teníamos encima: es esa preocupación que motiva la investigación misma, sólo que no siempre la tenemos bien definida.

 

De lo anterior se sigue el por qué el diagrama de flujo anterior se inicia en una situación disyuntiva en la que, cuando se tiene el problema, éste determina el tema sin ambigüedad y se entra de firme directamente a la investigación.  Sin embargo, cuando el problema no está claro, o incluso no está, es necesario empezar por determinar el tema, y subordinado a él un posible problema dado.; el que en su imprecisión, por lo regular, apenas iniciada la investigación preliminar, encuentra variante y objeciones que nos devuelven a un replanteamiento.

 

Esto, que pareciera una situación circunstancial y efímera, se convierte en un asunto de tal naturaleza compleja, que bien se suele decir que en el planteamiento del problema, ya se tiene avanzado el cincuenta por ciento de la investigación.  No se extrañe de esto, pues, aquel que se inicia en la investigación.

 

Suele ser común que cuando estudiantes, en nuestros ensayos de investigación establezcamos como objetivos o problema a resolver, el “analizar y comprender” tal o cual fenómeno.  Ello parece lógico, pero resulta que, cuando ya hemos “analizado y comprendido”, y en consecuencia entendemos bien el fenómeno u objeto de estudio, es apenas hasta ese momento que la verdadera investigación ha de comenzar, ya que, como consecuencia de ese “análisis y comprensión”, estamos en posibilidad de plantearnos, ahora sí, el verdadero problema a resolver.

 

Esto es, ese proceso de “análisis y comprensión”, es apenas lo que se denomina como la Investigación Preliminar, que nos lleva a plantear correctamente el problema a resolver e incluso a determinar con suficientes elementos la hipótesis; pero dicha Investigación Preliminar no debe confundirse con el total de la investigación, ella es apenas el punto de partida de ésta.  Y algo que revela que ese es apenas el “punto de partida”, es el hecho de que, por lo regular, el problema se expresa con un verbo infinitivo, algo que habrá de ser de darse tales o cuales condiciones; pero el resultado del “análisis y comprensión”, o Investigación preliminar, tiene como verdadera consecuencia el que podamos convertir el planteamiento del problema como un juicio categórico universal afirmativo.

 

 

 

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1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:05

Editorial

 Explorer-1--EU--1958--color-.jpg

Satélite Artificial Explorer-1, de los Estados Unidos, 1958.  Los geógrafos hemos estado ausentes de la exploración del espacio en la misma “Era Espacial” (iniciada en 1957, con la puesta en órbita del Sputnik-1, de la Unión Soviética, 1957).  Pero la exploración del espacio terrestre en la “Mare Nostrum” de la “Mar Vacui”, ha requerido que los satélites artificiales, encarnen a los múltiples científicos de las más diversas especialidades (incluso a los geógrafos, aún cuando éstos, como tales, han estado ausentes).  El Explorer-1 en 1958, hizo el primer descubrimiento de una estructura del espacio terrestre más allá de lo hasta entonces conocido como tal, con los llamados “Anillos de Van Allen”.

 

*

 

Hoy, 2012, escribimos para el lector suscrito a esta Revista, que no se compone de las “grandes masas” de la comunidad internacional de geógrafos.  Hoy, este geógrafo lector suscrito, es, no obstante, el geógrafo del futuro; y el es tan sólo, un adelantado de lo que habrá de ser , necesariamente, por el desarrollo objetivo de las ciencia de la geografía.  Hoy, por lo pronto, estamos conscientes de que escribimos como un legado, como eso que como geógrafos nos tocó hacer, porque eso es lo que correspondía hacer de manera progresiva en el desarrollo científico objetivo de la geografía.  Ello ha estado no sólo en nuestro placer intelectual, sino nuestro placer en el deber ser de la objetividad moral y el arreglo estético del desarrollo humano.

 

Será hasta principios del 2018 que estos artículos se conocerán ampliamente, y sólo varias generaciones después, la fuerza de la objetividad los hará condición necesaria en el conocimiento científico geográfico.  Esencialmente escribimos, pues, para el futuro, para ese osado “geógrafo futuro de hoy”; pero, principalmente, para ese amplio geógrafo futuro del mañana.

 

La transición no será fácil, por más que el problema teórico a resolver sea muy simple; y es que, más que resolver un problema teórico-geográfico, antes el geógrafo habrá de resolver sus prejuicios y los dogmas.  Esto es que, para que esa geografía sea consumada en una teoría geográfica plena, antes habrá de consumarse como un verdadero conocedor del método de la ciencia.  De haí que, a la par que el desarrollo de la teoría geográfica (hoy en juego en la teoría del espacio geográfico como teoría de los estados de espacio), creemos que hay que hacer lo propio al rompimiento con los dogmas y prejuicios, incluso, más poderoso obstáculo.

 

En 1994, forzados por la crisis económico-social de entonces, abandonamos el trabajo intelectual geográfico, lo que se prolongó por quince años.  En 2009 nos involucramos en la tecnología de los blogs por Internet, y a paratir de ahó, volvimos al escenario geográfico.  Creamos este Blog, “Espacio Geográfico”, no casualmente con tal nombre, sino porque ese era nuestro principal logro intelectual hasta 1994: el haber descubierto, desde 1981, independientemente (entonces no había materiales de teoría geográfica, ni Hettner, ni Harvey estaban traducidos; y más aún, respecto del primero había un descrédito, calificado de kantiano), que el objeto de estudio de la Geografía era el espacio terrestre (y al respecto continuaremos comentando en la próxima editorial).

 

*

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la CalzaFilosofía de la Geografía.

 

[____]  “La Transformación de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórica esencial de la Geografía. (2/4).

 

 

009 Mapa de EstrabónHistoria General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón. (2/…).

 

 

Laboratorio Científico del s.XVIIFilosofía.

 

[____ La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo. Los Métodos de la Teoría del  Conocimiento.  (2/10).

 

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1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:04

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espcio-geografico.over-blog.es/

15 oct 12.

 

Redactamos este ensayo durante la semana de publicación, con fecha 15 de octubre de 2012, de una Edición Especial en la Bitácora, de “Espacio Geográfico”, en donde narramos la constante expansión de la “Mare Nostrum”, desde el Mar Egeo, hasta la “Mar Vacui” en un radio de 320,000 km desde el centro de la Tierra.  En las lecturas de apoyo que hicimos para tal redacción, nos encontramos con la fascinante hazaña cuasi-realidad, cuasi-mito, de la expedición de los Argonautas (por el nombre dado a su navío), y, en consecuencia, del mito de Argos, llamado el “Panoptes”, en cuyo homenaje se nombra el navío.  Y, pues, ahora, en la lectura de apoyo para hablar de la teoría de los elementos dada en La Alquimia, de Reinham Federmann, nos encontramos que éste también se remite, aun cuando con otro propósito, a la leyenda mítica del objetivo de la expedición de los argonautas: el vellocino de oro (justamente por el oro, propósito esencial de la alquimia, cuyo procedimiento de transmutación –según Federmann– estaba escrito en el reverso de la piel del Aries, el vellocino).  De todo ello, lo que ahora quedó en nuestro centro de interés, está el gigante Argos, llamado el “Panoptes”.  A nuestro parecer, si quisiéramos remitirnos al origen mítico, ya no hasta el de la Geografía como ciencia en la diosa Gea, sino en el posterior y práctico hacer mismo de la geografía, su simbolismo mítico está en la naturaleza del gigante Argos, dado en su pseudónimo: “el que todo lo ve”.  La Geografía es así, tiene esa cualidad panóptica que hace su propia complejidad.

 

Así, esa complejidad de “hacer una geografía basada en la teoría de los elementos”, no sólo estaba en el dictamen, sino en el reconocer el lugar del ápeiron en el conjunto de los mismos, en la insuficiencia de la generalización en la categoría de los “fenómenos”.

 

A ese respecto, dicho restringidamente a su área de especialización expuesta en su “Geografía Médica en México a Través de la Historia” (1971), al final de su Introducción, dice el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: “El problema no es fácil por las numerosas y tan variadas facetas que presenta; requiere, en consecuencia, aportaciones de muy distintas especialidades, y por tanto, será fácil objetar al geógrafo que (de) lo que trata, (es de) la intromisión en campos extraños a su especialidad”[1].

 

Y en 1971, justo una década antes de que el pensamiento geográfico diese un vuelco, Sáenz de la Calzada retoma un pasaje de Vidal de la Blache en el que, si por una parte pareciera justificar esa “geografía de los fenómenos”, por otra parte, más sutil, apenas visible en aquella primera abstracción y generalización teórica que De la Blache estaba haciendo en la categorización del espacio en geografía, éste –citado por Sáenz de la Calzada– asentaba: “En la complejidad de los fenómenos que se entrecruzan en la naturaleza, no debe haber una sola manera de abordar el estudio de los hechos; es conveniente que sean examinados desde ángulos distintos.  Y si la Geografía toma a su cargo ciertos datos que llevan otra estampilla, no hay nada en esta apropiación que se pueda tachar de anticientífico”[2].

 

Hasta 1980, nunca hubiéramos hecho esos subrayados en tal cita.  ¿A qué se referiría el examen de las cosas desde “ángulos distintos”?; ¿cuáles son esos “ciertos datos” a cargo del geógrafo?; ¿Cuál es la “estampilla” propia?  Hasta ese momento, esos conceptos nos representaban un vacío de contenido.  Sólo luego de 1981 estábamos en posibilidad de poder empezar a entender, y para 1987 esos conceptos tenían ya determinada una extensión y contenido propio: los “ángulos distintos” son los de los “cien ojos de Panóptes”; Argo observa incesantemente a Ío (en este caso los fenómenos), no por ellos mismos (no admirando la belleza, ni mucho menos desando a Ío, sino simplemente porque la tiene a su cargo por dictado de Hera), sino por su hacer, por sus movimientos, por su comportamiento, específicamente a instrucciones de Hera, para saber dónde está en cada momento; los “ciertos datos” a cargo del geógrafo son, pues, el lugar y los movimientos de Ío en la previsión de los riesgos de su acercamiento a Zeus y la toma de medidas del caso por Hera; la “estampilla” propia de la geografía, pues, es la dada por esas propiedades expuestas en lo mas general y esencial: el espacio.  No es que De la Blache nos estuviese revelando en un saber iniciático con conceptos crípticos, es que le mismo De la Blache, hace un siglo, no entendía, ni podía entender esto tal cual hoy, 2012, lo apuntamos.  No obstante ya era vislumbrado así por él y otros, incluso aún con más preclaridad, como Krásnov, Chizov, Lukashévich, y Hettner.

 

A nuestra actitud de estudiantes renuentes a hacer esta tarea ya desde 1978 y hasta ahora elaborada y expuesta, el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada nos obsequió su libro La Geografía Médica en México a Través de su Historia (1971), en el cual nos anotó una dedicatoria, en la que, en lo esencial, por supuesto referido al autor de estas líneas, se lee: “…con la esperanza de que no olvide los estudios históricos aplicados al campo geográfico”.

 

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza

 

Dedicatoria-de-Carlos-Saenz-de-la-Calzada--1980.jpg

Facsímil de la dedicatoria del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada a nuestra persona, en su libro La Geografía Médica en México a Través de su Historia (1971).

 

Cierto, ante nuestra necedad, qué le quedaba más, que recurrir a Élpiz.  Y ni Esquilo, ni Sófocles, ni Eurípides, ni los tres juntos, podrían haber urdido una trama con la elusión más clara del dictatum predestinado en la tarea asignada, que impensadamente, al final, ineluctablemente, se cumple.

 

Satisficimos sus esperanzas, nunca olvidamos los estudios históricos aplicados a lo geográfico, y sabiendo él de antemano las consecuencias de ello, lo que tenía que suceder, sucedió: no sólo “elaboramos una geografía sobre la base de la teoría de los elementos”, sino que ahora, en un proceso dialéctico de abstracción y generalización, estamos haciendo de ella a La Geografía misma.

 



[1]        Sáenz de la Calzada, Carlos; La Geografía Médica en México a Través de la Historia; Editorial Pax-México; México, 1971; p. 10.

[2]        Ibid. p.10 (subrayado nuestro).

 

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1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:02

Ícono Filosofía-copia-1La Ciencia, el Método General de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo: los métodos de la teoría del conocimiento. (2/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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9 dic 12.

 

a)      Los Métodos de la Teoría del Conocimiento.

 

Las teorías del conocimiento son diversas, constituyen los métodos más generales y esenciales para la interpretación de la realidad, y del más certero, derivará la mayor capacidad para comprender el mundo en su realidad y poder transformarlo racionalmente.

 

Suele decirse que “cada cabeza es un mundo”, pero la ciencia de la filosofía ha puesto en claro, ya desde Aristóteles, que todos los seres humanos, independientemente del lenguaje y cultura, tenemos una misma estructura de pensamiento (la cual es estudiada por la Lógica Formal o aristotélica), y esa estructura que establece una manera de pensar, conduce a diversas interpretaciones de la realidad que no rodea, pero que no son infinitas, y, ciertamente, más bien guardan determinados aspectos esenciales en común, que nos permite reducir toda esa aparente diversidad de interpretaciones del mundo, a dos formas esenciales: el idealismo y el materialismo.  Y en casi treinta siglos de historia del pensamiento filosófico, no ha sido posible reducir esas dos posiciones a una sola.

 

Filosóficamente, a un sujeto idealista no debe entendérsele como a un “sujeto siempre en las nubes”, “un soñador”, “todo sentimientos”, “sin apego a los bienes materiales”, etc; sino a un sujeto que considera que primero es la idea; Dios como la Idea Absoluta creadora de todo cuanto existe; y luego es la materia.  De igual manera, filosóficamente, a un sujeto materialista, no debe entendérsele como a “alguien que sólo está pensando en el dinero”, que sólo le interesan los bienes materiales”, “carente de sentimientos”, etc; sino a un sujeto que considera que primero existe la materia, el mundo de los objetos materiales fuera de nuestro pensamiento en constante transformación y evolución, y luego, producto de ésta, aparece la vida y con ella la facultad del pensamiento y las ideas (entre ellas, la idea misma de Dios).

 

Esa es la razón por la cual, así como el idealismo está estrechamente vinculado a la religión o teología, le es su fundamento filosófico o representa su teoría del conocimiento más general; así el materialismo está profundamente ligado a la ciencia, de la que es su fundamento filosófico y representa su teoría del conocimiento en su forma más general.

 

Pero estos sistemas filosóficos generales, a la vez, han generado a lo largo de la historia diversas teorías particulares del conocimiento para tratar de comprender cómo es que el ser humano es un sujeto de conocimiento.  En cualquier caso, el problema que se plantea, es el de la relación entre el sujeto (lo pensante), y el objeto (lo pensado); en ello siempre estarán presentes las sensaciones, ya la percepción del objeto o bien la trascendencia (lo que va más allá de la conciencia) de las ideas en objetos, la representación y las ideas o conceptos.

 

Así, para referirnos a las teorías del conocimiento particulares y se entienda a partir de ello la propia manera de pensar, hagamos el siguiente ejercicio: identifíquese, en la serie de cuatro imágenes siguientes, cuál representa –a su juicio– el correcto proceso del conocimiento:

 

  Teoria-del-Conociminto--Metafisica.jpg

La realidad del mundo de los objetos materiales no existe, es sólo aparente, el mundo real (R), objetivo, está en nuestro propio pensamiento (de donde la realidad pensada (Rp), es igual a la realidad concreta (Rc); Rp = Rc).

 

Teoria-del-Conocimiento--Fenomenologia.jpg 

La realidad del mundo de los objetos materiales (R), existe fuera de nuestro pensamiento, pero sólo adquiere sentido cuando lo pensamos y le damos condición de existencia (lo objetivamos, de modo que la realidad concreta (Rp), es igual a la realidad pensada Rc = Rp).

 

  Teoria-del-Conocimiento--Mecanicismo.jpg

Con los órganos de los sentidos vamos a la realidad (R) y obtenemos las sensaciones de ésta; mediante ello la percibimos y nos la representamos en forma de ideas (donde la realidad pensada (Rc), es igual a la realidad concreta; Rp = Rc).

 

 Teoria-del-Conocimiento--Dialectica-copia-1.jpg

Con los órganos de los sentidos, tanto vamos a la realidad del mundo de los objetos materiales en constante movimiento y transformación (Rct), como las sensaciones de ésta las obtenemos inconscientemente, percibiendo la realidad objetiva fuera de nuestro pensamiento e independiente de nuestra voluntad, pero donde esta percepción nos da una representación incompleta en las ideas (de modo que la realidad pensada (rp), no es del todo igual a la realidad concreta (Rct), de donde rp =/ Rct).

 

             
 

Teorías del Conocimiento

 
 

Idealismo Filosófico

Imágenes

I

Metafísica

Platón, Leibniz, Hegel

 
 

II

Fenomenología

Kant, Fichte, Comte

 
 

Materialismo Filosófico

Imágenes

III

Mecanicismo

Los enciclopedistas y la gran mayoría de los pensadores de la Ilustración

 
 

IV

Dialéctica

Marx, Engels, Lenin

 
             

 

Sobre esta base puede ahora precisarse nuestra posición en la ciencia, o, incluso, la negación de la misma.  Y para ello hagamos ahora un ejercicio un tanto más elaborado por la cantidad de datos.

 

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1 marzo 2015 7 01 /03 /marzo /2015 23:00

009 Mapa de EstrabónEstudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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16 dic 12.

 

Estrabón, desde la Sección 1, comienza exponiendo que los primeros en tratar  con el conocimiento geográfico, fueron, Homero (s.VIII ane), y Anaximandro (s.VI ane).  Ciertamente, la diferencia de dos siglos entre uno y otro, hacen de Homero, según Estrabón, el iniciador absoluto del conocimiento geográfico.

 

Para Estrabón, el que el poeta Homero, al que se le atribuye ser el autor tanto de la Iliada como de la Odisea, sea el iniciador del conocimiento geográfico, es de esencial importancia: ese será el fundamento de una geografía no sólo esencialmente como expresión histórica, sino como fundamento de un conocimiento que, siendo científico, puede expresarse poéticamente con el mismo rigor de toda ciencia.

 

Estarbón menciona que Hiparco comparte la idea de Homero como el iniciador del conocimiento geográfico; no obstante, Ignacio Granero, quien hace un profundo compendio de notas, apunta que Homero es considerado como el iniciador de todas las ciencias, de modo que ello constituye una generalidad que se asume por extensión, y culturalmente nadie objetaría.

 

Asimismo, Estrabón declara la utilidad de la geografía, “ya sea para las actividades de orden civil y militar, como también para el conocimiento de los fenómenos celestes y de los que ocurren en la tierra y el mar, de los animales, plantas, frutos y de todo lo que se puede conocer en cada uno de los lugares[1].  Esto, que lo ha mencionado como una utilidad, deja entrever, a su vez, el concepto de objeto de estudio de la Geografía (justo eso por lo cual es útil): los fenómenos que pueden conocerse en cada uno de los lugares.

 

Esta definición de Estrabón, pareciera no diferir de la que ha asentado Hiparco, al cual cita, exponiendo la necesidad de la astronomía y la geometría para el conocimiento geográfico, a lo que Estrabón añade: “…como también el calor y el frío y en general la naturaleza del medio ambiente[2].

 

Para Estrabón, la parte física y matemática, pertenece a lo teórico en geografía, no son aspectos que se refieran al orden práctico, al igual que lo hace, por las mismas razones, con las fábulas.

 

El geógrafo ha de verlo todo, pero no por todo ha de interesarse por igual.  “Tampoco es necesario que investigue todo tan minuciosamente, que todo lo conozca, ya sea en cuanto afecte a la vista o bien en su misma naturaleza”[3].  Pero a lo que no se da respuesta, y más aún, ni siquiera se plantea, es el problema teórico planteado en el hecho de por qué el geógrafo, al mismo tiempo que todo lo ve, no pareciera tener que interesarse por nada en particular.  Dicho de otro modo, por qué si la geografía es una ciencia panóptica, a la vez ha de ser, por decirlo así, ataráxica, o apática (en ese término, en la misma filosofía estóica); es decir, sólo contemplativa.

 

 

Del Libro I, Cap. II.

 

Al pasar a su capítulo segundo, Estrabón inicia la crítica a Eratóstenes.  De ella se deja ver, en principio, que Eratóstenes no tenía una filiación filosófica, pero que si bien desdeñaba a los estóicos (la escuela de Estrabón), expresaba simpatías por platónicos como Arcecilao, o sofistas como Aristón; pero que él está lejos de hacer filosofía, y, en última instancia, no tendría por qué hacerlo, como, al fin, tampoco lo hace Estrabón, por más que guarde una filiación estóica en la madurez de su vida.

 

De ahí, Estrabón dice pasar a “enmendar” la geografía de Eratóstenes, y lo hace empezando por criticar la afirmación de éste, de que “el poeta pretende deleitar y no enseñar”[4].  Sobre este punto, Estrabón disertará en extenso por todo su segundo capítulo.  Y sin duda.  Y son duda prendió a Eratóstenes en una absolutización, pues, aún en el texto literario, algo se aprende, incluso, acerca de la ciencia, pero no por ello de la ciencia misma en forma rigurosa propia a ella.  La crítica de Eratóstenes es plenamente justa y correcta tanto más que, la ciencia, pretendida por esa vía, es más fácil que caiga en el subjetivismo que desvirtúa su verdadera naturaleza; como ocurre con la frase de Homero: “los ríos <<caen del cielo>>” (la lluvia), y basta entender cielo por el Paraíso en el Reino de los Cielos, para que tengamos la Topografía Cristiana de Cosmas Indicopleustes.  De modo que no tendría más explicación en su favor, que su proclividad por la ciencia, la cual no puede ser mas que lo más rigurosa, razón por la cual Eratóstenes llamó charlatanes a quienes dan crédito a la mitología, como es el caso en Evémero y los estóicos como el mismo Zenón, “y exhortó a no valorar los poemas de acuerdo con el razonamiento y a no buscar al verdad  base de ellos”[5], y desde este punto de vista, y sólo desde este punto de vista, Eratóstenes tiene la razón, por más que Estrabón afirme que el conocimiento verdadero es posible mediante la poesía.

 



[1]        Estrabón; Geografía, Prolegómenos; Editorial Aguilar; México, 1980; p. 5 (entre ellos mencionará más adelante, las necesidades del Estado y del orden de gobierno, §16,18)

[2]        Ibid. p.15 (subrayado nuestro, en función de que se nos hace extraño el concepto de “medio ambiente” ya en esa época, y sospechamos sea un asunto de traducción.

[3]        Ibid. p.24.

[4]        Ibid. p.30.

[5]        Ibid. p.47.

 

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22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:05

Editorial

Transiciones-Entre-los-Elementos.jpg 

Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras.

La Geografía, estaba claro para el Dr, Carlos Sáenz de la Calzada, no podía ser una “ciencia de las ciencias”, ni el geógrafo podía seguir sinedo –como lo era desde principios del sigloi XIX–, decía él, “un tránsfuga” de su propia disciplina de conocimientos; había pues, que simplificar, abstraer y generalizar, y su propuesta, elaborada desde los años cincuenta del siglo XX, era una geografía dela dialéctica de las transformaciones genésicas, es decir, de la litosfera (tierra), la atmosfera (aire), la hidrosfera (agua) y la biosfera (una transfomación y estado intermedio), movidas por el “fuego” de la energía solar.

[Fuente: http://espacio-geografico.over-blog.es]

 

*

 

Iniciamos un nuevo cil}clo (enero-junio, 2013), de la edición de “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.  No podemos sino retomar la continuidad de los antecedentes en este proceso de formalización de la teoría del espacio geográfico; y a la para que la teoiría del “balance de fases” de Riábchikov (1976), conocimos la teoría de “las transformaciones de los elementos genésicos” del Dr, Carlos Sáenz de la Calzada, que no obstante venía plantaeada desde los años cincuenta.  Nos invitó a desarrollarla, pero eludimos tal tarea intuitivamente, porque en esa “transformación de los elementos”, seguíamos viendo lo mismo estudio de los fenómenos, si bien en forma generalizada; pero en lo cual no veíamos la identidad propia de lo geográfico, que en esos años ello era todo el motivo de nuestra reflexión.

 

Hace poco más de treinta años eludimos la tarea, pero no podíamos escapar al dictamen de cumplir con ella; y de manera sintetizada hemos tenido que resolver los alcances de su planteamiento, de donde descubrimos lo trascendente de su teoría en el proceso histórico de abstracción y generalización de los conceptos de esapcio y fenómenos; es decir, descubrimos la dialéctica de los elementos genésicos, que nos aproximaron a la dialéctica de una abstracción y generalización mayor: la dialéctica de los estados de espacio.  Iniciamos, pues, una serie acerca de tal rica discusión teórico-geográfica.

 

Por otra parte , publicando en la Bitácor al serie “Qué es la Geografía”, ello nos oblkigó a reestudiar los Prolegómenos de la Geografía, de Estrabón, lo que, con mayor experiencia y conocimientos acumulados, ese estudio se tradujo en la serie que ahora publicamos aquí, acerca de la valiosa obra de Estrabón, básica para todo aquel que pretenda la ciencia de la Geografía.

 

Se inicia el año 2013, los cambios ya no “urgen”, simplemente porque su transición debió haberse operado hace veinte años, y esa “urgencia” está más que rebasada; pero el caso es que ese rezago, conforme transcurre el tiempo, se traduce cada vez más en un franco oscurantismo generalizado.  Para resolver el oscurantismo medieval había un futuro (la población no era tanta, el desarrollo tecnológico aún era manufacturero, y aún quedaba más de la mitad del mundo por descubri), pero para una nueva edad oscurantista, simpolemente ya no hay salida al futuro, y su significado es otro.

 

*

Los Cuatro Elementos y su TransformaciónFilosofía de la Geografía.

 

[____]  “Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: una síntesis teórico-geográfica de la contradicción histórico esencial de la geografía, del Dr, Carlos Sáenz de la Calzada (1/…)

. 

 

Estrabón; Geografía

 

Historia General de la Geografía.

 

[____]  Estudio a los Prolegómenos de la Geografía, de Estrbón (1/…)

 

 

 

Laboratorio Científico del s.XVIIFilosofía.

 

[____]  La Ciencia, el Método de la Ciencia, y la Formación del Geógrafo. Introducción (1/10) 

 

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22 febrero 2015 7 22 /02 /febrero /2015 23:04

La Geografía Médica en México, Carlos Sáenz de la Calza“Las Transformaciones de unas Sustancias en Otras”: Dialéctica de los elementos genésicos en la teoría geográfica del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, 1954. (1/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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15 oct 12.

 

 

Introducción.

 

En alguno de los días de aquellos años de 1977 o 1978, viendo el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada el que nosotros estábamos presentes en sus cursos aún sin estar inscritos en ellos, entendiendo que en ello había un interés especial de nuestra parte, nos invitó a dedicarnos al área de su espacialidad, la Nosonoctonología, como él la denominaba, o la “Geografía Médica”, como más comúnmente se aceptaba; y nos habló con particular énfasis de la teoría de los elementos de Empédocles de Agrigento (490-430), en el desarrollo de la geografía misma en general, en una frase que nos quedó grabada: “Sería interesante hacer una geografía basada en los cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego, <<contrariamente unidos>>…”  Acostumbrados a sus inflexiones cuando insertaba entre sus ideas –como solía hacerlo– de algún pasaje literario, apenas percibimos que esa última idea era uno de esos pasajes, que invitaba al análisis dialéctico de dicha teoría.  Poco después nos obsequió unas copias en separta del “Cap. I  Historia”, de sus Fundamentos de la Geografía Médica, y pudimos ver, en efecto, el origen de esa última idea: del auto sacramental La Vida es Sueño, del renacentista Calderón de la Barca, quien, junto con Sor Juana Inés de la Cruz, eran a nuestro parecer, sus autores literarios predilectos.

 

Y fue precisamente esa manera de impartir sus clases insertando en su discurso pasajes ya de Calderón de la Barca, ya de Sor Juan Inés de la Cruz principalmente, lo que nos movía a estar en el aula escuchándolo disertar.  No era, pues, contra su frustración, nuestro interés por la “geografía médica”, sino su sola erudición.

 

En La Vida es Sueño (más que la comedia, el auto sacramental del mismo título), de Calderón de la Barca, su personaje protagónico, Segismundo, es la representación del ser humano que, como humano, goza del razonamiento, tanto como del don divino del libre albedrío.  El mundo que le rodea está a sus pies, y ese mundo no es otro que el de los elementos: “tierra, aire, agua y fuego/ que contrariamente unidos/ y unidamente contrarios/ en lucha están, dividíos”, escribe De la Barca.  Pero Segismundo, cual Adán, es tentado y peca, y ese paradisiaco reino sobre la naturaleza se vuelca sobre él; sólo el Amor, la Sabiduría y el Poder le salvarán.  A más elementos geográficos, en la obra, Segismundo se destaca salvando a Ulises vulnerado por los encantos de Cirse (la Culpa); al final, no obstante, se reconcilia con Dios, ante quien la vida es sueño, y el despertar la muerte.

 

Más allá de la belleza estética literaria en la expresión de la ciencia, esa tarea sutilmente asignada de hacer una geografía basada en la teoría de los elementos, cual clásicos estudiantes reacios, ante lo ineluctable cual trágica condición, no sujetos a su curso y “libres de coacción alguna”…, tardamos poco más de treinta años en aplicarnos en esa tarea inevitable.  Hela aquí.

 

 

La Fructífera Antítesis: una geografía basada

en la dialéctica de los elementos de Empédocles de Agrigento.

 

Dos cosas destacan de manera extraordinariamente esencial y notable: 1) la abstracción y generalización teórica del conjunto de los fenómenos de medio natural, “vueltos” a la antigua teoría de los elementos de Empédocles; y 2) el estudio necesariamente dialéctico de lo que no puede ser sino “contrariamente unido”, como lo canta Calderón de la Barca en su auto sacramental La Vida es Sueño.

 

De principio, para cualquiera que ni fuese geógrafo, podría criticarse la “vuelta” a los elementos agrigentinos de la más antigua alquimia; pero he aquí que para el geógrafo, tal propuesta, en lo espontáneo e intuitivo de su aceptación, no tendría más dificultad e inconveniente que, precisamente, el desprenderlo de la esotérica alquimia; pero para ninguno sería objeción el capitular la sistemática de la exposición geográfica, bajo los títulos de “Tierra”, “Aire”, “Agua” y “Fuego” (remitido lo mismo a la energía solar, como a la energía tectónica).

 

Sin embargo, muy en lo particular para nosotros en 1977 o 1978 en que el Dr, Sáenz de la Calzada nos lo propuso, realmente el problema no estaba en superar los supuestos de la alquimia (asunto de mero contexto histórico), sino en que, hasta ahí, digamos 1978, los cuatro elementos, no obstante la provechosa abstracción y generalización teórica que aún en su momento difícilmente tendríamos que comprender, ello nos seguía reduciendo a una “geografía de los fenómenos”, que en ese entonces intuitivamente rechazábamos no viendo en ello la identidad geográfica, la cual no descubrimos sino hasta 1981.

 

Cuán difícil se presentaba el problema de superar el tratamiento de los fenómenos desde la misma teoría de los elementos, que, cuando toda historia de la ciencia nos narra que Empédocles conjuntó los tres elementos dados históricamente, uno de Tales de Mileto: el agua; otro de Heráclito: el fuego; y uno más, de Anaxímenes: el aire; a los que el mismo Empédocles agregó el cuarto elemento: la tierra; sin embargo, entendidos del tema como Reinhard Federman, que en su Alquimia, se remonta en el estudio hasta los tiempos míticos, o el propio Carlos Sáenz de la Calzada; en los cuatro elementos fundamentales –hay que ponerlo entre signos de admiración– ¡omitieron la tierra, propuesta del mismo Empédocles, y mencionaron en su lugar el ápeiron, de Anaximandro.

 

Entre las cuatro esencias o elementos, tanto Federman como Sáenz dela Calzada, mencionan la propuesta de Anaximandro: el ápeiron (lo indefinido); y ciertamente, de manera histórica es incluso la segunda propuesta, pero se hace evidente que el mismo no fue plenamente aceptado desde el primer momento, sino hasta mucho después, incluso, de la conjunción que elabora Empédocles, comenzándosele a reconocer, entonces, como el quinto elemento, o como la quintaesencia; a la que a su vez se le empezó a denominar como el éter, lo que nos permite entender que ese áperion, como “lo indefinido”, se refería al espacio, e incluso, a la propiedad más relevante de éste: el vacío.  Y sin embargo, ni Federman ni Sáenz de la Calzada, identifican de esa manera la propuesta de Anaximandro, y nosotros mismos no lo vimos sino hasta luego de 1981 cuando ya estudiábamos con atención el concepto de espacio.

 

Como ahora, 2012, cualquiera lo podrá entender, la teoría de los elementos, incluyendo la quintaesencia, redondea aún más la posibilidad real de “hacer una geografía con base en la teoría de los elementos”.  Pero, al mismo tiempo, lleva ella a su vez, la contradicción histórica esencial de la geografía; esto es, el que se estudie en geografía ya los fenómenos (ahora generalizados en los cuatro elementos agrigentinos); o el espacio (la quintaesencia).

 

Cuando redactamos este ensayo (octubre de 2012), hemos resuelto ya la teoría unificada de la geografía introduciendo la categoría de estados de espacio, como una abstracción y generalización teórica superior aún, incluso, a la categoría de los elementos; y es desde ello que nos es posible no sólo, finalmente, hacer la tarea encomendada hace poco más de treinta años por el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada en la sugerencia de que “sería interesante hacer una geografía basada en la teoría de los cuatro elementos, <<contradictoriamente unidos>>…”; sino el establecerla como una condición necesaria en ese proceso científico de abstracción y generalización del pensamiento geográfico que permitiese resolver su contradicción histórica esencial.

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