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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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5 junio 2011 7 05 /06 /junio /2011 23:02

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2Comentario a, “La Naturaleza de la Geografía”, de Richard Hartshorne.  Artículo, 2011 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

La Tierra, 1 (φN, λW); 13 jun 11.

 

Hartshorne, no obstante, incidiendo en el concepto de espacio, hace su propio aporte trascendente: “Las mayores diferencias de carácter dentro de la geografía –dice éste– se encuentran entre los métodos principales de organizar el conocimiento geográfico –geografía sistémica y geografía regional–…”[1].  Donde por “geografía sistémica”, ha de entenderse la geografía fenomenista, como por la “geografía regional”, la geografía espacista.  De modo que, dice Hartshorne: “La geografía sistemática se organiza en torno a los fenómenos particulares de significación geográfica general, estudiando cada uno de ellos en razón de las relaciones de diferenciación regional con la de los demás.  Su forma expositiva es, sin embargo, similar a la de las ciencia sistemáticas”[2].

 

En tanto que, por cuanto a la geografía regional, dice el mismo Hartshorne: “las unidades con las que trata no son ni fenómenos reales, ni unidades reales, sino, cualquiera que sea el nivel de división, representaciones distorsionadas de la realidad, la geografía regional no puede desarrollar ni conceptos ni principios generales de la realidad[3]. Y este será, tanto el límite máximo del desarrollo teórico de la Geografía para ese entonces de mediados del siglo XX, como el punto de rompimiento para avanzar a una teoría superior de la Geografía.

 

 Summum Genus, Hartshorne

El corpus de teoría en la ciencia de la Geografía, su summun genus o clasificación interna, según interpretación que hacemos del planteamiento de Richard Hartshorne.

 

Y esa limitación quedará dada por el fundamento gnoseológico de Hartshorne, en un idealismo subjetivo por el cual no ve en el espacio un reflejo objetivo de una realidad objetiva, sino un simple concepto abstracto en el cual, “cualquiera que sea el nivel de división, las unidades con que trata son representaciones distorsionadas de la realidad”.

 

Hartshorne no pudo, así, llevar consecuentemente la teoría geográfica a un nivel superior después de Hettner, y más bien propiciará una vuelta al fenomenismo, al concluir para la geografía espacista, representada en la geografía regional, que ésta “no puede desarrollar ni conceptos ni principios generales de la realidad”.

 

Y de ello derivará un esencial problema que incluso venía desde Kant: la región, como espacio terrestre, constituye para Hartshorne una unidad simple y de división arbitraria, de algo (el espacio) que –dice Hartshorne– es “único en su carácter total”.

 

“En consecuencia –continúa el autor–, los hallazgos de la geografía regional…, son, en gran parte, descriptivos”.  No obstante, nos dice Hartshorne a continuación: “El descubrimiento, análisis y síntesis de lo único no debe ser rechazado como “mera descripción”; por el contrario, representa una función esencial de la ciencia y la única función que puede realizar en el estudio de lo único”[4].

 

Evidentemente, aquí, a más de la excepcionalidad con que presenta el conocimiento geográfico, en esa propuesta del “estudio de lo único”, es que Hartshorne se vio sujeto al cuestionamiento, en cuanto a que, había que considerar si era posible ese estudio y conocimiento acerca de “lo único” (el espacio).

 

Con ello, Hartshorne no sólo había resuelto mal, en tanto de una manera muy limitada, la consecuencia de la geografía hettneriana, dando paso a una vuelta al fenomenismo, sino en su propia noción del espacio como “lo único en su carácter total”, anulaba, con ello, no sólo el objeto de estudio de la Geografía, sino a la Geografía misma.  Evidentemente, pues, porque a lo único no había nada que estudiarle.  Un ejemplo dado en un texto de Lógica, explica que si en el Universo todo fuera naranjas, no nos sería posible conocer ni siquiera qué es una naranja.  Así, Hartshorne, con su fundamento gnoseológico en el pragmatismo, antes que hacer un bien al desarrollo del pensamiento geográfico hettneriano que se había quedado limitado en la gnoseología empírico materialista, causó un grave daño en su lógica ulterior.

 

De ese modo, resultaba todo un contrasentido su última afirmación: “El objetivo último de la geografía, el estudio de la diferenciación de áreas sobre la tierra, se expresa de forma más clara en la geografía regional; sólo manteniendo constantemente su relación con la geografía regional puede la geografía sistemática alcanzar el objetivo de la geografía y no desaparecer, absorbida por las otras ciencias”[5].  Esto es, que, reinterpretando, el objetivo último de la geografía, se expresaría en “lo único” (el espacio), mismo que carece de principios y leyes generales y que por ello se reduce a lo descriptivo[**], pero que, a la vez, es la vía de la realización de la Geografía, entendida como geografía sistémica (fenomenista), sin desaparecer absorbida por las otras ciencias.

 

Y aquí es donde entró en escena Fred K. Schaefer, en la crítica a tal despropósito, de lo cual nos ocuparemos en otro ensayo.



[1] Ibid. p.362.

[2] Ibid. p.362.

[3] Ibid. p.363.

[4] Ibid. p.363.

[5] Ibid. p.364.

[**] En mucho, Hartshorne va a forzar esta solución, apegándose a su fundamento gnoseológico en el pragmatismo, para el cual, la ciencia no puede penetrar en la esencia de la realidad limitándose a describirla, metodología que en tal teoría del conocimiento se conoce como teorética.

 



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5 junio 2011 7 05 /06 /junio /2011 23:02

Eje del Mal, 2001 G. BushNueva Geoestratégica Político-Militar del Imperialismo.  Artículo, 2011 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 13 jun 11.

 

En el fondo –decíamos–, el problema es operar una nueva fase (la tercera fase) en la instalación del proyecto del “Nuevo Orden Mundial”, como estrategia para renovar el orden capitalista.

 

En ello, lo más complejo a entender, es cómo el capitalismo hará, o está haciendo ya, de su propia crisis, su solución:

 

“Así que, tras muchos años de preparar el plan maestro, la estratagema principal para llevarnos directamente a un nuevo orden mundial, las diabólicas e insensatas mentes tras los acontecimientos mundiales comienzan a ajustar la última crisis que nos sumirá en sus garras como esclavos e inmersos en su tiranía, bajo sus reglas, siguiendo sus órdenes y mandatos.  Veamos dos de los principales hechos cruciales que suceden en estos momentos en el mundo y que posibilitarán esta negra predicción: la toma de posesión de todos los países del orbe por parte de la 'elite' a través de las bancarrotas masivas de las naciones…”[1].

 

Ello es algo así como montarse en la ola, en vez de enfrentarla, y tratar de controlar la dirección.  “Uno de los actuales dueños del mundo decía…, <<Estamos al borde de una transformación global. Solo se necesita la crisis correcta y la gente aceptará el nuevo orden mundial>>…, palabras dichas por el megamagnate David Rockefeller.  Para ellos es todo muy sencillo: atacar a las personas por dos bandos distintos. Las armas elegidas son la creación de catástrofes e inseguridades de todo orden y todo tipo”[2].

 

Para Francisco Luna, que juzga como falso el problema del calentamiento global, incluso la firma del Tratado de Copenhague acerca de las medidas contra el mismo, ha sido en realidad la firma por ese “Nuevo Orden Mundial”.  No obstante, para nosotros, tal calentamiento es real, no como producto del empleo de ciertas armas como es el caso del HAARP, sino en términos de que tecnógenamente está siendo inducido, en la medida del rechazo a la firma del Protocolo de Kioto, precisamente, por los Estados Unidos.

 

Es aquí en donde se presenta la principal dificultad: una gran cantidad de falsas asociaciones que pudieran resultar entre catástrofes naturales y catástrofes económicas.  Cierto es que la humanidad enfrenta ya un crisis ambiental que pone en riesgo su misma continuidad como especie; pero, a la vez, cierto es también, que el sistema capitalista enfrenta su propia y más profunda crisis económica, y se prepara para su desenlace hacia el 2012.

 

La crisis ambiental, esencialmente climática, es a su vez una ola sobre la que el capitalismo se está montando y aprovechando para encubrir su apocalíptico terrorismo de Estado empleando una alta tecnología de ciencia-ficción, como lo es precisamente el caso del HAARP, a lo que ha de acompañar esa otra parte religiosa en un elaborado escenario de hologramas en el cielo.

 

Entender todo ello, es de fundamental importancia para poder parar a esa élite de grandes potentados que, en el mundo de su riqueza, han perdido todo contacto con la realidad y, en su psicopatía, están dispuestos a llevar a la humanidad a su extinción.

 

El capitalismo llegó a su fin, pero el poder económico y tecnológico que generó en manos de quienes detentan esa riqueza y poder es tal, que con ello se pone en riesgo el fin mismo de la humanidad.  Por todas las razones; por el fin natural mismo del capitalismo, como por los efectos de su caída; se hace necesario y urgente enfrentar el problema con un proyecto económico-social alternativo: un régimen económico-social de planificación económica, que implica la estatización de los medios de producción social.

 



[1] Luna, Francisco; El Ataque Final Contra la Humanidad (Segunda Parte) Iluminando Conciencias, Blog RT 07 de abril 2011 | 00:05;  http://actualidad.rt.com/mas/blogs/iluminando_conciencias/blog_22639.html (el autor, Francisco Luna, agrega a este párrafo en su parte final un par de ideas, una que no compartimos, y otra en el contexto de aspectos que antes ha tratado pero que tampoco nos han parecido relevantes: “…y la falsa teoría del calentamiento global. Mensajes muy disímiles a aquellos entregados por Jesús”).

[2]      Ibid.

 


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5 junio 2011 7 05 /06 /junio /2011 23:02

 Ícono Filosofía-copia-1El Pragmatismo: un Sistema Filosófico, que No Quiere Serlo.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 6 jun 11.

 

 

                              El pragmatismo (del griego pragma, obra, acción), es una forma del idealismo subjetivo, es decir, de la interpretación del mundo por la cual, primero es la idea (de ahí lo del sistema filosófico idealista), el pensamiento del sujeto (y de ahí lo de idealismo subjetivo), y como consecuencia suya, es el mundo de los objetos materiales de la realidad que rodea al sujeto.  En ese sentido, dice Schiller: “…realmente transformamos las realidades por nuestros esfuerzos cognoscitivos, y por tanto, probamos que nuestros deseos e ideas son fuerzas reales en el proceso de darle forma al mundo”[1].

 

                              Este sistema filosófico se constituyó en la “filosofía oficial” de los Estados Unidos, a partir del “Club Metafísico”, en 1872.  Para el pragmatismo, un principio esencial, es que el conocimiento se determina por sus efectos prácticos; esto es, que un conocimiento real lo es, en tanto tiene un efecto práctico; y por supuesto, conforme al fundamento idealista subjetivo, ese efecto práctico ha de ser según los intereses del individuo.  En consecuencia, según ello, un conocimiento teórico, de un cierto nivel de abstracción, no tiene lugar en el marco teórico de este sistema filosófico.

 

                             En ese sentido, el pragmatismo, desarrollado entre 1878 y 1905 por Charles S. Peirce (1839-1914), es una continuación extrema del empirismo idealista, que ha seguido al empirocriticismo del siglo XIX.  En esa concepción empirista y subjetiva del conocimiento, lo esencial es el significado, entendido en general como las consecuencias futuras.  Es decir, que el pragmatismo, con un fundamento empirista subjetivo, no se propone el conocimiento verdadero, sino el conocimiento, por sus consecuencias futuras, práctico, o útil.

 

Luego de Pierce, tanto William James (1842-1910) como John Dewey (1859-1952), son sus desarrolladores. Con Dewey, el pragmatismo dio lugar a derivaciones tales como el instrumentalismo o el operacionalismo; pero es Dewey el que, afirmando que el pragmatismo se identifica con el método científico, aquel, en consecuencia, sería igual para un filósofo que para otro, de donde el pragmatismo estaría por encima de toda filosofía, pretendiendo negarse así como tal.

 

El empirismo en general, ha sido una limitación evidente, tanto más en su versión de un empirismo idealista subjetivo; al que el pragmatismo de los años sesenta y subsiguientes, se ocupara de darle un fundamento teórico tratando de no contravenir sus postulados empiristas, de donde surgió la llamada teorética, concepto que venía desde Kant, para designar “un pensamiento reflexivo sobre la cognición…, por oposición a la “razón práctica” (la intuición moral y religiosa)”[2].

 

Encontramos así, en Mario Bunge, un crítica verdaderamente sofística a ese empirismo pragmático, en la cual, el empirismo como tal, hecho teoría en la reflexión cognitiva en teorética, se deja incólume, y se introduce un “estado preteorético” o semiempírico, de donde citamos:

 

"La infancia de toda ciencia se caracteriza por su concentración sobre la búsqueda de variables relevantes, datos singulares, clasificaciones e hipótesis sueltas que establezcan relaciones entre esas variables y expliquen aquellos datos.  Mientras la ciencia permanece en este estadio semi-empírico carece de unidad lógica: una fórmula de cualquier rama de la ciencia es una idea autocontenida que no puede dejar de afectar a las demás.  Dicho brevemente: cualquiera de ellas puede dejar de afectar a las demás…, mientras se encuentran en el estadio semi-empírico –preteorético–, las ideas de una ciencia no se enriquecen ni controlan las unas a las otras"[3].

 

Con la teorética, el pragmatismo trató de recuperar los elementos del método científico de la modernidad: la causalidad, la lógica, la hipótesis, y el conocimiento verdadero, evidentemente, de una manera deformada.

 

Durante las décadas de los años sesenta-setenta, fue un sistema filosófico muy divulgado, respondiendo a los propósitos de la burguesía, no interesada ya en la ciencia y lo que ésta trae consigo necesariamente: el cambio y el progreso.

 

Más recientemente, de los años noventa a lo que va de este principio del siglo XXI, ha recobrado un nuevo ímpetu, mezclado con otros sistemas filosóficos, entre ellos, principalmente la filosofía superestructuralista del denominado (plagiando banderas) “neomarxismo”, de la Escuela de Frankfurt, integrando, junto con otros sistemas filosóficos, como el existencialismo; la posición ideológica del llamado “posmodernismo” (en alusión a la superación del método científico de la modernidad).



[1] Runes, Dagoberto D; Diccionario de Filosofía; Grijalbo, México, 1981; v. Pragmatismo.

[2] Ibid. v. Teorética.

[3] Bunge, Mario; La Investigación Científica, su Estrategia y su Filosofía, Ariel, Barcelona, 1975; en el apartado 7.1 “El sistema nervioso de la ciencia” (subrayado suyo).

 



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5 junio 2011 7 05 /06 /junio /2011 23:01

Eje del Mal, 2001 G. BushNueva Geoestratégica Político-Militar del Imperialismo.  Artículo, 2011 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 06 jun 11.

 

De los artículos de geopolítica y geoestrategia que hemos dado a conocer en este Blog, hemos visto la sucesión de geoestrategias político-militares del imperialismo desde el inicio de la Guerra Fría.  Hemos analizado de ello su lógica, y podemos destacar ahora incluso una cierta periodicidad, ambas cosas por las cuales podemos entender la nueva propuesta de geoestrategia que piensa adoptar el imperialismo a partir del próximo año 2012: la “Geoestrategia Político-Militar de la Guerra Global Permanente”, una política militarista de empleo de las fuerzas armadas en un conflicto sin fin y sin frente o límite, y sin un enemigo claro.

 

De acuerdo con esa historia de la geoestrategia político-militar, esta nueva propuesta es una consecuencia lógica de un propósito de origen, tal como James Paul Warburg lo dijo en el Senado de los Estados Unidos ya en 1950, justo al inicia de la Guerra Fría: “Debemos tener un gobierno mundial sea que nos guste o no. La única pregunta es si este gobierno mundial se debe lograr por la fuerza o por consentimiento”[1], hecha en la Sección 1034 de la Autorización para la Defensa Nacional, para el 2012, en la que se argumenta que, a diez años del caso de las Torres Gemelas, el conflicto con Al-Qaeda y los talibanes, se ha potenciado; por lo cual se da la “Autorización para el Uso de la Fuerza Militar para hacer frente de manera continua a la evolución de la amenaza que representan esos grupos”[2].

 

Desde el 11 de septiembre de 1991, George Bush padre anunciaba en su discurso dirigido a la asamblea ante el Senado estadounidense la puesta en marcha de una nueva idea: un "Nuevo Orden Mundial".  Con la teoría geopolítica del “Eje del Mal” y el establecimiento de la Geoestrategia Político-Militar del “Ataque Preventivo” en un “Choque de Civilizaciones”, en 2001 se daba un paso más en esa dirección, lógicamente consistente con las geoestrategias desarrolladas durante la Guerra Fría.  Ahora, 2011, diez años después, esta nueva Declaración de Guerra, “actualiza” la que se aprobó en el 2001.  A diferencia del texto antiguo que, en nombre del derecho de legítima defensa, autorizó el uso de la fuerza militar “contra naciones, organizaciones y personas responsables de ataques lanzados contra los Estados Unidos (...) con el fin de prevenir nuevos actos de terrorismo”, el nuevo texto, redactado por el republicano Howard McKeon, describe una guerra sin fin, sin fronteras y sin un enemigo claro. “Los Estados Unidos –dice la propuesta en análisis– están empeñados en una guerra contra las naciones, las organizaciones y los individuos que forman parte o apoyan a Al-Qaeda, a los talibanes o a las fuerzas aliadas que participan en hostilidades contra los Estados Unidos, contra los miembros de la Coalición o a favor de las citadas naciones, organizaciones o personas”[3].

 

La nueva declaración de guerra –continúa la fuente, rebelión.org–, también autoriza la detención de los enemigos sin límites de tiempo: “El presidente tiene la autoridad para detener a combatientes hasta el final de las hostilidades”.

 

Esta geoestrategia se conjuga ahora con el proyecto del “Nuevo Orden Mundial”, por lo que sin restricción alguna, por encima del derecho de legítima defensa, los Estados Unidos pedirán a los países bajo su zona de influencia la plena sumisión a sus propósitos con la práctica anulación de las soberanías nacionales, y más allá de esta zona, como se deja ver en la autorización, presionará desde diplomática hasta militarmente, desencadenando el conflicto bélico contra aquellos países que a su libre criterio señale como enemigos bajo la acusación de cobijar al terrorismo talibán de Al Qaeda.

 

Podría decirse que tal política no es novedad, que ello ya ocurre e incluso que así ha sido siempre, por lo que, bajo autorización de una política oficial, hará de los Estados Unidos como a un verdadero psicópata arremetiendo contra todo y contra todos.  La táctica es infundir sistemáticamente miedo a la población, ya con “pandemias”, ya con “invasiones extraterrestres”.  Síntoma evidente del fin del sistema capitalista.  Tal geopolítica es pues, ya la situación actual, pero potenciada.  En el fondo, el problema es operar una nueva fase (la tercera fase) en la instalación del proyecto del “Nuevo Orden Mundial”, como estrategia para renovar el orden capitalista.

 



[1] Luna, Francisco; El Ataque Final Contra la Humanidad (Primera Parte) Iluminando Conciencias, Blog RT 07 de abril 2011 | 00:05;  http://actualidad.rt.com/mas/blogs/iluminando_conciencias/blog_22639.html

[2] Fiscal Year 2012 National Defense Authorization Bill.  Full Committee Issues Mark.  Section-by-section summary of the legislative Provisions, Section 1034, “Affirmation of Armed Conflict with Al-Qaeda, the Taliban, and Associated Forces”; p. 17-18.

[3] Piovesana, Enrico; Guerra Global Permanente; http://www.rebelion.org/ noticia.php?id=128373.

 


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5 junio 2011 7 05 /06 /junio /2011 23:01

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2Comentario a, “La Naturaleza de la Geografía”, de Richard Hartshorne.  Artículo, 2011 (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

La Tierra, 1 (φN, λW); 06 jun 11.

 

Para hacer este comentario, tomamos el texto: La Naturaleza de la Geografía.  Conclusión, antologado en El Pensamiento Geográfico, del colectivo de Josefina Gómez, et al[*], texto elaborado por Hartshorne en 1939.

 

Hartshorne comienza redactando su conclusión con la idea de que en el examen de la Geografía, se han seguido vías que conducen fuera de la geografía; y ante ello, se propone establecer conclusiones positivas en relación con la naturaleza de esta ciencia.

 

Y la primera y más general y esencial conclusión, dice Hartshorne, es que esta ciencia, “trata de considerar, no tipos particulares de objetos y fenómenos de la realidad, sino verdaderas secciones de la realidad, que trata de analizar y de sintetizar no procesos de fenómenos, sino asociaciones de fenómenos tal como se presentan en secciones de la realidad”[1], a manera de secciones espaciales de la superficie terrestre.

 

Con esto, Hartshorne está siguiendo la idea de Alfred Hettner de poco más de una década atrás, y enfatiza, con ello, ese arreglo fenomenista en la clasificación interna de la Geografía, no obstante, como puede apreciarse, sobre la base de una definición espacista de ésta.

 

Hartshorne está plenamente consciente de ello, y así, dice: “la geografía toma de las ciencias sistemáticas todo el conocimiento que puede utilizar eficazmente para realizar sus descripciones de los fenómenos… –y continúa–; este conocimiento tomado a préstamo puede incluir conceptos genéricos o clasificaciones de tipos desarrollados de las ciencias sistemáticas, pero cuando unas y otras demuestran ser inservibles para los propósitos geográficos, la geografía debe desarrollar sus propios conceptos genéricos y su sistemas de clasificación”[2].

 

Pero Hartshorne no da elementos acerca de esos conceptos genéricos propios, ni de clasificación interna propia de la Geografía, que no sea precisamente el arreglo clasificatorio de las ciencias, de modo que, al final, dice Hartshorne: “la geografía…, es, por su carácter, tan totalizadora, que el geógrafo completo real…, debería tener que saber todo acerca de cada ciencia que tenga que ver con el mundo, tanto de la naturaleza como del hombre”[3].  Y esto ponía en evidencia, que si bien lo aportado por Hettner había sido de una enorme importancia en el desarrollo teórico geográfico, no obstante no fue suficiente para resolver el problema esencial de esta ciencia: su identidad consigo misma.

 

Hartshorne no logra llevar más allá los planteamientos de Hettner, dado sus fundamentos teóricos gnoseológicos en el empirismo, muy propios a la filosofía del pragmatismo norteamericano.  Al igual que Hettner, ve las contradicciones esenciales, pero no se alcanza en ambos la abstracción teórica necesaria para superarlas, y ello, en esencia, como consecuencia del soslayo que se hace del espacio como objeto de estudio, al que, en vez de aplicarle el método científico de investigación para entrar en el conocimiento de su naturaleza, a éste se le sobrepone el postulado corológico.

 

Y es este postulado el que va a propiciar un punto de discusión más adelante, a partir del enunciado de Hartshorne, de que: “Aunque el punto de vista con el que la geografía trata de adquirir el conocimiento de la realidad es distinto, los ideales fundamentales que dirigen esa búsqueda de conocimientos son los mismos que los de todas las partes de este campo total de conocimiento para el que no tenemos otro nombre que ciencia”[4].  Esto es, que establece que la Geografía es una ciencia como todas las demás, pero que tiene un punto de vista diferente en el proceso de adquisición del conocimiento.  Y es aquí donde nace ese concepto de “excepcionalidad” de la Geografía, a partir de que el espacio, de ser objeto de estudio claramente en Hettner (aun cuando con la noción limitada de la espacialidad del paisaje), es suplido en esa noción corológica de paisaje por la interrelación de los fenómenos, a partir de que, dice Hartshorne, éstos adquieren un “significado geográfico”, es decir, una interrelación espacial, y entonces el espacio, de ser objeto de estudio, pasa a definirse como método; precisamente, como ese “punto de vista” como dice Hartshorne, o como ese “enfoque”, como antes lo habría dicho Hettner, para la obtención del conocimiento.

 



[*] Hartshorne, Richard; La Naturaleza de la Geografía.  Conclusión; en, Gómez Mendoza, Josefina; “El Pensamiento Geográfico”; Alianza, Madrid, 1982; pp. 355-365.

[1] Ibid. pp.355-356.

[2] Ibid. p.356.

[3] Ibid. p.357.

[4] Ibid. p.359.

 



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29 mayo 2011 7 29 /05 /mayo /2011 23:02

Ícono Filosofía-copia-1Las Categorías Dialécticas de lo Teórico y lo Práctico.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 23 may 11.

 

Al respecto de las categorías filosófico dialécticas de la teoría y la práctica, dice el Diccionario de Filosofía de Foroba: “Categorías filosóficas que designan los aspectos espiritual y material de la actividad objetiva socio-histórica de los hombres: conocimiento y transformación de la naturaleza y la sociedad”[1].

 

Por lo demás, dice el autor citado, la teoría es resultado de la producción espiritual social (donde el concepto “espiritual”, que para la gente común significa la idea del Espíritu en la religión, en filosofía, se refiere a la esencia de lo humano en cuanto a su pensamiento); y la práctica, la actividad que asegura la existencia y el desarrollo de la sociedad mediante su producción material.

 

La importancia de la teoría, entendida en su forma más “pura”, constituye el esfuerzo y la capacidad humana de abstracción, que le permite ir más allá de lo empíricamente dado por la práctica, y profundizar en el conocimiento de la esencia de la realidad.  La importancia de la práctica, hemos visto en artículo anterior, estriba en que es, incluso, uno de los criterios fundamentales de la verdad; allí donde toda abstracción ha de probarse como cierta, en tanto reflejo objetivo de la realidad objetiva.  Y es precisamente este papel esencial de cada actividad reflejada en dichas categorías, lo que hace su indisoluble dialéctica, por la cual, lo teórico y lo práctico, son inseparables; y ahí donde se comete el error de sacrificar una por la otra, ambas actividades se debilitan en el proceso del conocimiento de la realidad.

 

La teoría, pues, es esencial para el desarrollo del conocimiento, para, en la síntesis de cada momento histórico, poner orden en el proceso del pensamiento, haciendo ver las semejanzas ahí donde sólo se veían diferencias, o haciendo ver las diferencias, ahí donde sólo se veían semejanzas.  La función de la teoría, en consecuencia, es poner fin a todo tipo de confusiones que de manera natural en el proceso del avance del conocimiento se van arrastrando, haciendo avanzar, de esa manera, al conocimiento científico.

 

Aquel estudioso e investigador que pretenda hacer caso omiso de la teoría, reducirá su actividad a la empíria pura y a una descripción infértil de la realidad concreta, sin poder, jamás, llevar sus conocimientos a un estadio superior.  Es la teoría la que le dice en todo momento por qué, como causa, y para qué, como consecuencia, hace o deja de hacer tal o cual cosa; pero más aún, es la teoría la que le explica la dirección y sentido de lo que hace, el objetivo de lo que estudia e investiga.  Un estudioso de cualquier disciplina de conocimientos que sólo hace por hacer, que por pereza mental y el no querer hacer el esfuerzo de abstracción que todo ciencia reclama, no se documenta en la teoría de su ciencia y enfrenta el debate de las ideas, no pasará de ser como una abeja que cumple su función de juntar miel, sin saber exactamente por qué lo hace.  Más aún, en la empíria pura, con ello cree resolver problemas, cuando sólo los describe.

 

Pero, por otra parte, aquel estudioso e investigador que sólo se reduce a lo teórico sin verificar sus conocimientos en la práctica, será tanto o más infértil en su quehacer.  Y ello será así, porque la práctica significa producción, y ésta a su vez, significa transformación de la realidad.  Y algo que es inherente a la condición humana para su sobrevivencia y continuidad como especie, es su capacidad para producir sus bienes materiales, a partir de la transformación constante del mundo que le rodea.

 

Así, la ciencia se definirá en tanto tal, en la medida de su capacidad teórica para entender la realidad objetiva, empezando por entender la faceta de dicha realidad que le corresponde investigar, así como en la medida manifiesta de su capacidad práctica productiva y transformadora de esa realidad en su faceta correspondiente.

 

Otro problema, y ciertamente crucial, es el de la capacidad social para poner en práctica los avances teóricos, donde esa capacidad social no sólo se refiere a las disposiciones tecnológicas o de infraestructura, sino, esencialmente, a los intereses progresistas o retrógradas de los grupos de poder en sus posiciones avanzadas o conservadoras.

 

No obstante, el grado de desarrollo científico, ya de un individuo, ya de toda una especialidad, o bien incluso de la sociedad misma, queda determinado por esa capacidad del discernimiento teórico y de su práctica productiva y transformadora de nuestra realidad económico social.

 



[1] Foroba, T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso , Moscú, 1984; v. Teoría y Práctica.

 


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29 mayo 2011 7 29 /05 /mayo /2011 23:01

Eje del Mal, 2001 G. Bush "¡Salvemos a la Patria!"

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 27 may 11.

 

La palabra “Patria”,  a lo que se refiere, es al patrimonio, al legado del patriarca o padre, a la heredad, y en ese sentido, a la propiedad.  Así, “¡Salvemos a la Patria!”, dicho de manera semejante, es “¡Salvemos la Propiedad”!  Luego entonces, ese no es asunto de nosotros los desarrapados de estas tierras, que nada poseemos de ellas; ni sus mares, ni sus playas, ni sus bosques ni montañas, ni sus valles, ni lagos, ni ríos, ni aires ni cielos, nada, simplemente nada, ni en sueños.

 

La Patria, la propiedad de este país, es sólo de los que se la han apropiado; de los que pueden disfrutar de su magnificencia, de esos que hoy se apuran ya a ensayar la manera de no perder lo que ya se ve inevitable.  Y al llamado de “¡Salvemos la Propiedad!”, presurosos concurren priistas, panistas, y hasta buena parte de perrediatas y aliados incondicionales de cada uno. Pero, ¿quién ha lanzado tal llamado?  Al momento no estamos del todo seguros, pero hasta donde hay información –como tenía que ser–, tal llamamiento ha venido de los verdaderos y grandes dueños de estas tierras: los banqueros.

 

“¡Salvemos la Propiedad!”, claman los amos y señores de estas tierras, y piden la nominación de un gobierno por consenso para Michoacán; y no porque les interese una Entidad Federativa particular, sino por algo que por demás han hecho evidente: este sistema se acabó, no hay cómo imaginar ya un proceso electoral para el próximo año en las elecciones presidenciales del 2012, y ahora ensayan una posible solución para “salvar a la Patria”, temeroso de su propio y último recurso en el golpe de Estado diferido que llevan en práctica, que si hoy ya tiene en su haber 40,000 muertos, declarado formalmente el estado de excepción, a ello nos sumaremos, inevitablemente, varias decenas o centenas de miles más.

 

La patriótica propuesta, pues, nos ha revelado muchas cosas, sobre todo, el que, efectivamente, esto se acabó, y enhorabuena.  Por definición, entonces, el estallido social es inminente.  La sociedad carece de memoria histórica, era necesario, históricamente, que reviviera extraído del siglo XIX lo que es el conservadurismo déspota y retrógrada del PAN, y hoy su poder sólo es viable vía el golpe de Estado.  El PRI, viéndose nuevamente como alternativa, es sólo ya la ratificación del fracaso social; y el PRD, aún salvadas sus contradicciones, parece ser que resulta que ahora ya es tarde. El mensaje está siendo, el que, de no aceptar el consenso, no habrá más remedio que el golpe de Estado.

 

Y el problema no es ese, eso está en la naturaleza de los dueños de estas tierras, no podrían hacer otra cosa, no esperemos nada menos que ello.  El problema está en lo que debemos hacer los desarrapados y esos del PRD y otros que realmente respondan a sus intereses.  Y lo primero, sin rodeos, es disponerse a morir.  Luego, en esos que dicen representar sus intereses, en esos con verdadero sentido de estadistas, estará la enorme responsabilidad histórica de la Proclama, el llamamiento por lo que se quiere, por lo que se necesita, y el Plan de Insurrección.

 

Y todo esto, de aquí “a que deje de serlo”, será teoría, mera teoría sociopolítica; en todos los casos, la historia enseña que los procesos sociales se dan en estos pasos necesarios e inevitables, y estamos ya sobre los últimos.  Vayamos entendiendo ahora, que el problema tampoco es ya dejar de reconocer la validez del sistema, sino entender aquello con lo que lo sustituiremos.

 

Que el actual sistema ya no es válido, está en el hecho de que ya no satisface las necesidades más básicas de la sociedad, pues no produce, por no entrar en crisis (impide que la economía “se caliente”), pero, como consecuencia, no da empleo, y por ello, socialmente, se derrumba; pero su tragedia está en que, si produce, sólo genera sobreproducción y con ello las crisis económicas, que de cualquier manera producen su derrumbe.

 

En consecuencia, necesitamos un régimen económico-social en el cual se produzca y haya empleo y trabajo para todos.  Un régimen económico-social en el cual se cumpla el principio de que el que no trabaje no coma; pero donde la responsabilidad de que ese trabajo exista, recaiga en el Estado como su obligación básica; a la vez de que éste, de la oportunidad de que todo el mundo pueda prepararse y desarrollar sus capacidades, y así, donde cada cual obtenga un salario humanamente digno de acuerdo al trabajo que realice, y con arreglo a sus verdaderas capacidades.

 

Un régimen económico-social en el cual, por lo tanto, se produzca, pero que ello no implique sobreproducción y crisis económica.  Un régimen económico-social en el cual, por lo tanto, no exista una economía de mercado; es decir, una economía basada en la producción especulativa en el excedente de mercancías; sino una economía planificada, en la cual, en función de lo que se ha de distribuir, tanto para el consumo interno como externo, se produzca estrictamente lo necesario.  Un régimen económico-social en el cual, en consecuencia; y aquí es donde está el verdeado problema, más que por operatividad, por simple prejuicio de quien ha sido alienado por décadas; la propiedad, el patrimonio, la heredad de esta tierra de todos y de todo cuanto en ella produce para todos, no esté más en propiedad privada, sino que pase a ser social, en manos del Estado.

 

Un Estado que cuanto más esté allí en la plaza, en el “plantón” como le decimos en México, o en “la acampada” como le llaman en España, más realmente democrático será, en un pueblo realmente libre.  Por eso, quienes participamos en esas marchas populares y “plantones” o “acampadas”, no queremos que éstas acaben ya nunca.

 


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25 mayo 2011 3 25 /05 /mayo /2011 23:02

Ícono Filosofía-copia-1 La Estética y el Arte en la Ciencia.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 26 may 11.

 

La Estética (aisthetikos, sensible), una de las formas de la aprehensión del mundo, junto con el intelecto y la valoración moral, con arreglo a lo bello y la creatividad.

 

Como el intelecto y la valoración moral, la percepción sensible, evidentemente, es inherente al ser humano, pero como ciencia que empieza a teorizar acerca de esta forma de comprender el mundo, surge con los griegos como la poética, pero no se sistematiza como ciencia sino hasta 1750, a propuesta de Baumgarten, formándose en ella las dos interpretaciones del mundo, por las cuales, desde el punto de vista materialista, lo bello está en la dialéctica de la interacción del sujeto con realidad objetiva misma; como desde el punto de vista idealista, inversamente, lo bello está determinado solamente por la Idea, la subjetividad o el pensamiento del sujeto.  Siguiendo la idea de Schelling en su Idealismo Trascendental, de 1800; en el primer caso, la naturaleza es la regla de lo bello y el arte; en el segundo, inversamente, lo bello y el arte, son la regla de la naturaleza.

 

No obstante, en ese primer caso en donde la naturaleza es la regla de lo bello y el arte, esa regla no es unívoca o unidireccional, sino una dialéctica en la que entra en juego la creatividad del sujeto.

 

En la sensación, percepción y representación de la realidad, el proceso intelectivo tiene como base el reflejo objetivo de la realidad objetiva misma, en donde se trata de eliminar la valoración subjetiva y con ello la intervención del sujeto; pero, en el extremo opuesto, la sensación, percepción y representación de la realidad en el proceso estético o limitado meramente a la valoración sensible, si bien la base sigue siendo la realidad objetiva como fuente de esas sensaciones, en ello ahora, es determinante la actitud del sujeto sobre la realidad, actitud que no siendo nunca pasiva, tampoco ha de ser necesariamente consciente.  Es decir, que el sujeto percibe la realidad a través de sus sensaciones, ya sea inconsciente e independientemente de que se lo proponga, o bien conscientemente dependiendo de su actividad creativa, siendo esencial, en este caso ahora de la valoración estética, la intervención del sujeto mismo.

 

De ahí que el acto estético consciente tenga una importancia fundamental, en tanto actividad práctica creadora, en la conciencia social del sujeto, en donde no sólo se puede diferenciar lo bello de lo feo, lo sublime de vil, o lo cómico de lo trágico, sino, esencialmente, en donde, finalmente, el sujeto encuentra su propia realización social humana; es decir, en donde el sujeto, en esa actividad social creadora, se hace un ser humano real.

 

Tal hecho deviene del desarrollo histórico mismo del concepto del arte.  Así, en tanto que para Platón el arte no podía ser sino únicamente imitación; para Plotino, viendo que en el arte había algo de más que superaba la simple imitación de la naturaleza, éste agrega que eso de más, es tomado de una realidad superior (Dios), al que –dice Plotino– el arte dirige su mirada.

 

Esa limitación en el concepto del arte, devenía de que el único ser creador puede ser Dios, y el ser humano no podía tener tal pretensión.  De ahí que Kant propusiera un término medio: para Kant, el arte es construcción.  No obstante, si algo destacaba esencialmente en el arte, era precisamente el acto creador, y entonces Schelling, poco después de Kant, a principios del siglo XIX, definió el arte como la propia actividad creadora de lo Absoluto, por la cual, el arte humano, es una continuación de la actividad creadora de Dios.  Hegel retomó y perfeccionó la idea de Schelling.  Si el ser humano finalmente es creador, sólo lo es en tanto es el medio de la expresión del Espíritu (Dios).  No obstante, lo esencial aquí, es que, finalmente, se aceptaba al ser humano como un ser creador.

 

A partir de ahí, ya en la dialéctica materialista de Marx y Engels que invierte la dialéctica metafísica de Hegel, el arte se convirtió no sólo en pleno acto creativo del ser humano sin intervención divina alguna, sino un acto por el cual se reconoce a sí mismo; como humano, por sus capacidades como tal, y por la socialización que tal arte representa; y por lo tanto, un acto en el cual se produce la realización social humana, esto es, por el cual el ser humano se convierte en un ser humano real.

 

A partir de ahí, entender a la ciencia estéticamente y como arte, adquiere un profundo y enorme sentido: en ello el ser humano produce, crea, se reconoce cada vez más como el ser humano que es, y especialmente como el ser social humano que es.

 

Así, el arte en la ciencia no se refiere únicamente a alguna elegancia poética, sino, principal y esencialmente, a esa simple actividad creativa puramente científica.  La estética en la ciencia se expresa en el reconocimiento de lo bello en el conocimiento nuevo, pero en donde éste no emerge sino, precisamente, de su propio arte, entendido como su propia actividad creadora.  De ello se sigue que habrá tanto más valoración estética en el arte realizado en la ciencia, cuanto más productiva sea ésta, en tanto más contribuya a la transformación de la realidad en beneficio social, y cuanto más aporte ésta tanto al desarrollo de conocimiento humano, como a su progreso social.

 



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22 mayo 2011 7 22 /05 /mayo /2011 23:01

Ícono Filosofía-copia-1La Ley de Identidad en la Geografía.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 23 may 11.

 

Durante el IX Encuentro Nacional de Estudiantes de Geografía en México a principios de los años noventa, que tuvo lugar en las instalaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, siendo nosotros ya egresados hacía un década, nos interesó, no obstante, escuchar los trabajos de la nueva generación en la Mesa de Trabajo sobre “Teoría de la Geografía”.  Escuchamos seis ponencias, y en una tras otra, se expuso una idea constante: la propuesta era abandonar este campo de estudios, dado que –se dijo textualmente– “sólo los confundía más” (sic).

 

Es decir, que un campo de estudios destinado a esclarecer, resultaba que sólo los confundía más.  He ahí el problema esencial de la Geografía desde entonces; es decir, ya no es el de su objeto de estudio, sino el de una asimilación racional de lo que es la ciencia.  Y no es que el geógrafo requiera de un profundo conocimiento de filosofía para resolver esa problemática teórica; es que el geógrafo desconoce incluso, de la lógica formal más elemental.

 

Hace ya casi dos años, cuando “volvimos a las andadas”, lo primero que hicimos fue revisar el estado del concepto de espacio geográfico luego de quince años[*], e hicimos ver, primero, que se aceptaba ya, sin más, aquello que veinte años atrás había sido resultado de un enorme trabajo teórico, sobre el cual se decía que “confundía”; y, segundo, que en esos enunciados se argumentaba el absurdo de la conceptualización del espacio geográfico, por errores elementales de lógica.

 

Comentaremos ahora aquí, una ley esencial de la filosofía, aplicada a la teoría de la Geografía: la Ley de Identidad.  Ábrase cualquier libro de Lógica Formal, de ser un buen libro de Lógica, invariablemente traerá un capítulo acerca de ésta.

 

En el libro de Lógica que disponemos, dice ahí: “La ley de identidad puede expresarse por medio de la fórmula “A es A”, en la cual, la variable lógica A denota un pensamiento cualquiera”[1].  Esto es, entonces, por la cual podemos decir que: “la Geografía es la Geografía” (aguárdese un poco, hay una razón de ello en esta explicación).

 

El texto continúa: “En la ley de identidad se expresa que un pensamiento es idéntico a sí mismo si los objetos que refleja no se transforman en el momento en que lo utilicemos o si podemos abstraernos de sus cambios”[2].  Esto es, que ahí donde dice condicionalmente que: <<si los objetos que refleja no se transforman en el momento en que utilicemos ese pensamiento>>, es decir, si la extensión sobre los objetos que dicho pensamiento abarca, se mantiene la misma.  O dicho de otra forma, si la extensión del concepto se mantiene el mismo.

 

Pero es justo esto último, lo que nos permite ver en la ley de identidad que, en tanto no se modifiquen la extensión, pueden usarse pensamientos de distinto contenido, esto es, por lo que: <<A es A’>> (por representarlo convencionalmente así).

 

Volviendo al caso de la Geografía, ciencia del estudio del espacio, podemos decir entonces en apego a la ley de identidad, que: “La Geografía es el espacio”; más estrictamente aún, para saltar de la pura igualdad a la identidad como tal: “la Geografía es el espacio, y sólo es el espacio” (a manera de A es A y sólo A).  La condición ha sido, pues, que la extensión se mantenga invariable, y el contenido no se transforme al establecer esa identidad; y la historia del pensamiento geográfico, nos corrobora, en este caso, que así es.

 

Con esos elementos podemos hacer ya la crítica, entonces, a ese pensamiento geográfico perezoso de aquellos años noventa y anteriores, que “se confundía más” con la teoría.

 

La ley de identidad aplicada entonces al pensamiento geográfico fenomenista, implicaría que: “La Geografía es los fenómenos, y sólo los fenómenos” (y da lo mismo no obstante las vueltas que le demos al asunto con el concepto de relación o elaborándolo en términos funcionales); y desplegada la idea, se enfatiza el absurdo al observarse la alteración en extensión y contenido entre el concepto “Geografía”, y el concepto “fenómenos”; es decir: “la Geografía es la Geología, y la Geomorfología, y la Meteorología, y la Climatología, y la Hidrografía, y la Oceanografía, y la Edafología, y la Loxenografía, y la Ecología, y la Antropología, y la Historia, y la Economía, y la Sociología, y la Polítología, y sólo es… (idem…)”, y por sólo referir esas ciencias básicas, relativas a esos fenómenos básicos, pero la lista acaba siendo el Todo.

 

Dicho en otras palabras, al aplicar la ley de identidad en la geografía concebida como ciencia de los fenómenos, esa identidad de esta ciencia se altera totalmente, de modo que la Geografía acaba siendo cualquier cosa, menos, precisamente, Geografía.  O, dicho también de otro modo, ciertamente un tanto más filosóficamente, en donde la Geografía acaba siendo el Todo, equivalente a ser la Nada.

 

En la geografía fenomenista, su clasificación interna de conocimientos está dada por las clases de fenómenos que integrarían su cuerpo de teoría, los cuales son todos de distinta extensión y contenido, razón esencial por la cual esta vieja idea de la Geografía estaba equivocada, resultando un absurdo en el pensamiento científico, incapaz de conducir al conocimiento nuevo acerca de algo.

 

Por lo contrario, en la geografía espacista, hoy ya simplemente geografía, su clasificación interna de conocimientos está dada por las clases de conocimientos relativos a su objeto propio de estudio, el espacio, integrando éstos su cuerpo de teoría, siendo los cuales, todos, de igual extensión, y de categorías semejantes al espacio terrestre por su contenido.

 



[*] Ver en este mismo Blog el artículo seriado en veinte fascículos: “El Concepto de Espacio Geográfico en la Red Internacional”.

[1] Goski, D.P-Tavants, P.V; Lógica; Editorial Grijalbo, México, 1968; p.307.

[2] Ibid. p.307.

 



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18 mayo 2011 3 18 /05 /mayo /2011 23:01

Ícono Filosofía-copia-1 Geografía: Summum Genus.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (φN, λW); 19 may 11.

 

La Geografía, necesariamente, como todo, es un summum genus…, pero, de qué.  Pero para empezar, qué es summum genus.  Por ello se entiende el todo de algo, dado por todas las clases, especies y géneros lógicamente ordenados por subordinación, y el desarrollo en sí mismo desde su origen, y que finalmente le integran, y le hacen ser lo que es; independientemente de que ese todo sea siempre algo más que la suma de sus partes.

 

Y esa no es más que una manera elegante, filosófica, de referirnos a la división y clasificación interna, en este caso, de la Geografía; es decir, a entenderla por aquello que la integra por el desarrollo de algo que está en su origen, y que se despliega en una subordinación de géneros, especies, y clases, dando el orden lógico interno de conocimientos de esta ciencia.  El súmmum genus, es pues, en este caso, el contenido y extensión del concepto, Geografía.

 

Este es un problema ab antiquo en esta disciplina de conocimientos, que había permanecido irresoluble hasta en tanto no había sido precisado el objeto de estudio.  El objeto de estudio es el genus (en latín), el origen, lo que determinará todo lo demás conforme se despliega y se precisa.

 

En el conjunto de las ciencias más antiguas, o básicas, la Geografía ha sido de las últimas en precisar su objeto de estudio; y se vio en esa necesidad ineludible ya en la segunda mitad del siglo XIX, justo cuando las demás ciencias deslindaban con precisión su objeto de estudio y método.  Vaga y dificultosamente se fue elaborando el concepto que esencialmente era el reflejo objetivo de esa faceta de la realidad objetiva estudiada específicamente por esta ciencia, por autores que fueron haciendo hito en esta tarea: De la Blache, Martonne, Hettner; hasta quedar precisado el concepto de espacio, entendido como el espacio terrestre.  Luego, en la segunda mitad del siglo XX, vino el proceso de definir la realidad y naturaleza de ese espacio a la luz de los avances de los conocimientos aportados por otras ciencias, como la Filosofía, la Matemática, Astrofísica, y la Física.

 

Mientras la Geografía se definió, de uno u otro modo, como una ciencia del estudio de los fenómenos; incluso como una corología en función de éstos; ello determinó su propuesta de organización interna, de modo que las clases de conocimientos que definían su contenido y extensión, resultaban ser el conjunto mismo de las ciencias especializadas en esos fenómenos.  En esa medida, la Geografía resultaba ser una “ciencia de ciencias”.  Evidentemente, había en ello una insuficiencia lógica que daba lugar a ese absurdo.

 

Pero en cuanto esta ciencia se definió consecuentemente como ciencia del estudio del espacio, discriminando no sólo el estudio de los fenómenos, sino los fenómenos mismos como tales, ello impuso la necesidad de definir otro conjunto posible de calases de conocimientos, y no otros, que los propios o inherentes al objeto de estudio.  Y en la segunda mitad del siglo XX, particularmente en México, de la geografía del paisaje del Dr. Jorge A. Vivó, la geografía hettneriana corológica y de las regiones del Dr. Ángel Bassols Batlla, y de la geografía de los Elementos del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, nos formamos los geógrafo José C. Martínez Nava y Luis Ignacio Hernández Iriberri, que propusimos como clases integrantes del contenido y extensión del conocimiento geográfico, en el caso del compañero Martínez Nava, el desarrollo de los Elementos en un marco regional, propuestos por el Dr. Sáenz; en tanto por nuestra parte, propusimos los elementos mismos de la naturaleza del espacio, tales como el desarrollo de su dimensionalidad determinada en sus propiedades por la dialéctica de los estados de espacio continuo-discretos.

 

De acuerdo con Aristóteles, el génos (en griego) el género, o lo que está en el origen o esencia de algo y se subordina al ser contenido parcialmente en la especie, forma finalmente esas clases que integran y definen el objeto.  Referido ello a la Geografía como ciencia del espacio, el génos no podría ser otro que los elementos esenciales mismos del espacio, tales como su dimensionalidad en sus distintos movimiento posibles (E1, E2, E3, E4…, En); y ello está contenido en los atributos dados por los estados de espacio, formando así las clases de elementos que integran el conocimiento geográfico.

 

El despliegue particular del estudio de tales clases, dará la división y clasificación lógica interna de esta ciencia; sus verdaderas “ramas”, dadas ya no por las ciencias de los fenómenos, sino por las clases de conocimientos acerca del espacio mismo.

 

Géneros, especies y clases, son conjuntos homogéneos dialécticos (es decir, que están contenidos unos en otros, y no separados mecánicamente entre sí; a tal punto que a veces se prefiere hablar sólo de grupos de clases), de modo que de un conjunto de géneros se forman, en este caso, los conocimientos de las especies; y del conjunto de éstas, se forman los conjuntos de conocimientos de las clases; en consecuencia, del conjunto de los conocimientos en sus respectivas clases, se formará el conjunto de conocimientos del summum genus.

 

El conocimiento geográfico no nació del por qué de los fenómenos, sino, en el origen, lo que estuvo, fue la preocupación por el dónde de todas las cosas.  Incidir en el por qué de esas cosas, ha constituido en la historia, una y otra vez, una reiterada desviación del verdadero objeto de estudio.  A esta desviación o desvirtuación de los verdaderos conocimientos geográficos, que no pueden ser otros que espacisitas, es a lo que hemos denominado geografía fenomenista.

 

De acuerdo con esta posición, esos géneros, especies y clases bien podrían ser los diversos conjuntos homogéneos de conocimientos dados por las ciencias y sus especializaciones, obvia y dialécticamente conectadas entre sí; pero, como hemos visto, la clasificación aquí, no arroja un orden de conocimientos homogéneo, sino, por lo contrario, absolutamente heterogéneo, y el summum genus resultante ha sido una “ciencia de ciencias”, que, por un principio lógico, es igual a nada.

 

Si, por lo contrario, en esa dialéctica del conjunto homogéneo de clases, todas referidas a la múltiples facetas de una sola cosa, es el espacio, la clasificación se refiere entonces así, al orden de un conocimiento homogéneo mismo, y el summum genus resultante es, en este caso, la ciencia de la Geografía.

 

Acerca de cuáles son esas clases, y en función de ellas cuál es ese orden o clasificación lógica o hipotético deductiva del desarrollo interno o propio del conocimiento geográfico que da cuerpo de teoría a la Geografía, ya nos referiremos aquí en otros artículos posteriores.

 


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