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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:07

Cuadrante SolarLa Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (7/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 19 may 11.

 

Finalmente, Hettner tiene que abordar un complejo problema en el que se ha de poner a prueba todo el sistema: el orden, o la estructura interna de la Geografía misma con arreglo a una lógica.

 

Examina lo que desde el primer momento él llama, “las ramas de la Geografía y su relación con las ciencias naturales”.  Y luego va enumerando la geografía matemática y geofísica; la geografía de la corteza terrestre y la geología; seguido de la geohidrografía en un concepto por sí solo, pero que contiene la idea de la “geografía de la hidrósfera”; y, siguiendo la misma idea, la geografía de la flora y de la fauna; e inmediatamente, sin hacer de ello un capítulo aparte (un aparente error de estructura del trabajo, pues el capítulo que trata lo ha titulado “en relación con las ciencias naturales”), en el mismo rasero, como si lo humano fuese parte de la naturaleza, pasa al tema de la geografía humana, y finalmente de la geografía histórica; para, ya como su V Capítulo, pasar al análisis de lo que él titula “La Geografía Estética…”.

 

Consecuente con su tesis central, dice Hettner: “Si la geografía es la ciencia corológica de la superficie terrestre, tiene relación tanto con todos los objetos posibles de la naturaleza orgánica como de la inorgánica, así como los de la vida humana; pero no por ellos mismos, sino sólo en cuanto a que sean partes constitutivas de los diferentes lugares de la tierra”[34].  Y esta es la explicación más esencial para entender a la Geografía, no como ciencia de los fenómenos, sino como ciencia del espacio.  Para Hettner, esto último consistirá en analizar, “los diversos espacios y lugares terrestres según el modo en que se desarrollan los tres dominios inorgánicos de la naturaleza y su equipamiento con plantas, animales, seres humanos y creaciones humanas.  Los hechos geográficos son las relaciones del espacio”[35].

 

Y aquí salta a la vista que no ha habido ningún error estructural en su trabajo al no poner capítulo aparte a lo humano, sino es que, precisamente, ello es para Hettner, uno de “los tres dominios inorgánicos de la naturaleza”[*].

 

No obstante no va ser ello la principal limitación que comentaríamos en el pensamiento geográfico de Hettner; al final, desde su punto de vista corológico por el que los fenómenos no son tratados como tales, sino sólo por cuanto son –dice Hettner–, “partes constitutivas de los diferentes lugares de la tierra”, ese es un problema totalmente secundario.  Lo esencial en esa crítica a Hettner, está en su noción de la estructura interna de la lógica de esta ciencia, puesta de manifiesto en cuanto éste pasa a examinar cada una de las ramas de la Geografía, lo cual, en una idea sintética, se expresa, respecto a la geografía matemática y geofísica, en cuanto a que: “La primera concepción de los objetos geográficos –que no obstante no proporciona un conocimiento independiente, sino que efectúa servicios auxiliares–, es la de sus relaciones espaciales como tales, o dicho de otra forma, en la pura concepción geométrica de la superficie terrestre sin tener en consideración el contenido…”[36].  Y si bien ello es cierto por cuanto a que sean ciencias auxiliares, la falla en la lógica de la idea, está en que, al mismo tiempo, sean “ramas de la Geografía”.  Hettner, al plantear la lógica interna de esta ciencia, hace nuevamente una concesión al pensamiento fenomenista.

 

Aquí Hettner consideró sólo dos ciencia antecedentes, o como él denomina, de “la antesala de la Geografía”; luego pasa a las ciencias derivadas, empezando por las relativas al aspecto litosférico de la corteza terrestre: la Geología y la Morfología (luego denominada Geomorfología).

 

Explica cómo la ciencia geográfica ha superado de dos manera esta  concepción geomorfológica como la esencia del ser de la Geografía: 1) a través de una extensión del contenido de la concepción, por lo cual, cuanto más el geógrafo profundiza en el fenómeno geomorfológico, más se aproxima a ser un geólogo y no un geógrafo; y 2) por medio del estudio causal, esto es, que cuanto más ahonda en el fenómeno y en la aplicación de la metodología para el conocimiento de sus causas, más se especializa en dicho fenómeno, perdiendo de vista el contexto corológico que implica la consideración de los demás fenómenos del espacio.  El problema en ello, y que justamente Hettner no logra resolver al haber hecho esta concesión fenomenista, es cuando, primero, el geógrafo ha de estudiar el fenómeno, pero entonces, precisamente, sin extenderse en el contenido, ni adentrarse en la investigación causal; y esa superficialidad la comenta Hettner trágica y contradictoriamente sin su solución cuando, refiriéndose a los geólogos, narra: “Han censurado diversas e innegables superficialidades existentes en el trabajo de los geógrafos, deficiencias que tiene su origen en la escasa preparación geológica de muchos geógrafos a la hora de consagrarse a dichas cuestiones”[37].  Y al respecto, narra cómo los geólogos acuñaron, a decir de él, “el no precisamente delicado chiste según el cual la geografía no sería la ciencia de la superficie terrestre, sino la ciencia superficial de la tierra”.  Pero he ahí, que tal ironía es aplicable a todos los casos de esa pretendida geografía fenomenista; y razón por la cual omitiremos el innecesario análisis de las restantes “ramas” de la Geografía según Hettner.

 

Así, Hettner estableció las bases para la solución del problema esencial de la Geografía como ciencia, pero no alcanzó a dar solución aún a aspectos esenciales, dada las limitaciones aún existentes en la noción del espacio mismo.

__________________

 

 

[34]    Ibid. p.47.

[35]    Ibid. p.47.

[*]    Subrayado nuestro; y esto, confiando en que la traducción sea correcta; para lo cual hay suficientes elementos para la duda, dado que antes Hettner a distinguido entre naturaleza inorgánica y naturaleza orgánica, y, en todo caso, pareciera ser que, para Hettner, lo humano caería dentro de la naturaleza orgánica.

[36]    Ibid. p.48.

[37]    Ibid. p.51. 

 


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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:06

Brújula MaderaLa Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (6/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 16 may 11.

 

Hettner no podía evadir, como es natural pensarlo en geografía, el problema no sólo de la naturaleza, sino del ser humano.  En cuanto a lo natural, narra cómo el geólogo Richthofen, involucrado en la geografía, aproximó una relación funcional, por la cual, el objeto de estudio de ésta era la corteza terrestre sólida, respecto de la cual los demás fenómenos tendrían que ser considerados según el grado de dependencia a aquella.  Pero, dice Hettner a ello, “esta concepción contradecía desde un principio al desarrollo histórico de la ciencia”[27].  Es decir, para Hettner que tenía muy presente la importancia de la objetividad rescatada del análisis histórico, el conocimiento geográfico, evidentemente, no empezó ni se ha desarrollado así.  Pero, más aún, esa es una consideración para el caso de su definición como ciencia social; de donde Hettner, va directo a una conclusión: “la geografía no puede limitarse a ningún dominio de la naturaleza o del espíritu en concreto, sino que debe extenderse a la vez sobre todos ellos”[28].

 

La conclusión es interesante y profundamente trascendente: la geografía no puede referirse en exclusivo a lo natural, pero tampoco a lo social; y ello no quiere decir, en consecuencia, que no ha de tratar con los fenómenos en general, sino por lo contrario, que ha de tratar con todos por igual; “no es ni ciencia de la naturaleza ni ciencia del espíritu, sino ambas cosas a la vez”.  Pero justo eso, lo que hacía, era centrar el problema esencial de esta ciencia: cómo hacer tal tratamiento por igual de todos los fenómenos, sin incurrir en el viejo “dualismo”; y ello, por lo tanto, no podría ser con esa solución funcional ni de Kirchohoff, ni de Wagner, ni la muy original de Richthofen.

 

Estas consideraciones condujeron a Hettner al consiguiente más esencial de la historia del pensamiento geográfico hasta entonces: “Si concebimos  la naturaleza y el hombre desde el punto de vista corológico, resulta igual en todos sus puntos fundamentales, y no conduce en absoluto a dos corrientes distintas dentro de la geografía”[29].  Lo que Hettner estaba haciendo ahí, era dar una solución lógica por subsunción a dicho problema; esto es, que la contradicción entre geografía natural o geografía social, pasaba a ser totalmente secundaria, y subsumida o subordinada apenas como un opuesto en una nueva contradicción en que, de una parte se tenía ahora la relación naturaleza/sociedad, y de otra parte, lo corológico.

 

Y ya en 1927, Hettner ponía de relieve algo que aún hoy en el inicio de la segunda década del siglo XXI, tiene absoluta vigencia; lo cual revela el profundo atraso de esta ciencia: “La necesidad de considerar –dice Hettner– de forma igualitaria en la geografía a la naturaleza y el hombre sólo es puesta en duda, a decir verdad, por los profanos que nunca han profundizado en los problemas geográficos o que únicamente han cultivado una parte de la geografía.  Por lo contrario, por parte de los propios geógrafos –algunos a disgusto y otros con alegría– es reconocida en general esta necesidad”[30].  Y a dicha necesidad es que Hettner le ha dado, finalmente, solución, si bien con la limitación de la categoría de lo corológico.

 

La importancia de la categoría de lo corológico en Hettner, emerge como una reminiscencia kantiana de su propia noción del espacio: un concepto puramente abstracto, es decir, no elaborado como un reflejo de una faceta de la realidad, sino exclusivamente como una idea cómoda para manejar las cosas; expresa su esencia, o como él mismo lo dice, “las genuinas propiedades del espacio, es decir, la longitud y la distancia, la forma y el tamaño de las superficies en contradicción con la diversidad del contenido”[31]; no obstante, agrega: “El espacio como tal –redacta Hettner– es un concepto; significado real sólo lo adquiere a través de su contenido”[32].

 

La corología, como las destacadas propiedades espaciales de la distribución y extensión, expresa la descripción de la estructura del espacio, como eso abstracto entendido como lo concreto de la región, definida por el concepto mismo de paisaje; y éste como el contenido empírico objetivo y homogéneo de dicha región.  La corología es, pues, la concreción del espacio en una región definida por el paisaje como su contenido de fenómenos naturales y sociales.

 

Hettner, en la categoría de corología, ha elaborado un esencial proceso de abstracción que ha hecho avanzar el conocimiento geográfico; pero, al mismo tiempo, en su paso a la nueva síntesis en lo concreto pensado, ha tenido en ello su propia limitación, y no podía haber sido de otra manera.  Quedaba a las futuras generaciones, básicamente de la segunda mitad del siglo XX, el superar esa valiosa síntesis de su tiempo.

 

A partir de ahí, Hettner tiene que ser consecuente con su propio planteamiento, en la aplicación de lo que el mismo llama “la aplicación del enfoque corológico”.

 

Lo primero en señalar, es que lo esencial no es el conjunto de fenómenos, ya naturales o sociales, que integran el paisaje mismo, sino que lo esencial es la naturaleza interna de la región, que depende de dos relaciones: 1) la diversidad tanto temporal, como espacial, por la que ningún fenómeno puede ser entendido por sí mismo; y 2) la relación de causalidad que se da en un lugar.  “La esencia de la geografía depende solamente de la aceptación de estos dos puntos de vista, quien no los aplique, no habrá comprendido  el espíritu de la geografía”[33].

 

Hettner, así, estaba esencialmente en lo correcto; pero superar ese fino límite en el cual el fenómeno no puede ser entendido por sí mismo, cuando al mismo tiempo se imponía su estudio, si bien con un “enfoque corológico", constituyó, y constituye aún, el salto cualitativo de mayor complejidad en la mente del geógrafo contemporáneo.  En mucho, creemos, porque el “enfoque corológico” no fue, ni ha sido, lo suficientemente esencial, lo suficientemente drástico, como para romper con el viejo atavío, que permita reconceptualizar todas las cosas.

___________________

  

[27]    Ibid. p.40.

[28]    Ibid. p.40.

[29]    Ibid. p.41.

[30]    Ibid. p.41.

[31]    Ibid. p.42.

[32]    Ibid. p.42.

[33]    Ibid. p.44.


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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:05

Brújula con TelescopioLa Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (5/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 12 may 11.

 

Hettner va a criticar a un autor, llamado Marthe, quien, dice Hettner, “resaltó con énfasis el punto de vista corológico aunque en un sentido equivocado, denominando geografía a la ciencia que estudiaba dónde se ubicaban las cosas.  El dónde de las cosas es –al igual que su cuándo, que la distribución y la difusión local, y que la aparición temporal–, una característica, una cualidad de las cosas o fenómenos, es decir, de los grupos formados a partir de las relaciones de los objetos, y tiene que ser por fuerza abarcada por las ciencias sistemáticas, que tratan con esos grupos”[23].

 

Y ciertamente, nosotros reflexionamos sobre a qué pregunta responde la ciencia de la geografía, y no vemos, en esencia otra, sino el dónde.  Hettner apunta que ello es una característica o una cualidad de las cosas o fenómenos, y afirma, por ello, que: “tiene que ser por fuerza abarcada por las ciencias sistemáticas”.

 

Esto es sólo uno de esos detalles de las cosas nuevas que se van explorando.  El dónde, ciertamente, como dice Hettner, es una propiedad de las cosas o fenómenos, pero he ahí una propiedad espacial del fenómeno, correctamente, como dice Hettner, de su relaciones con las demás cosas.

 

Este pasaje es de trascendental importancia, pues muestra que su categoría, la corología, se refería más a la región como tal (lo que de momento se pueda entender por ello), que al espacio en sí.  O dicho de otro modo, que el concepto de región de Hettner, no alcanza a ser la abstracción general de espacio.  Y más aún, algo que va a ser determinante en Hettner, es que su noción de espacio, es el de un concepto abstracto que sólo tiene sus manifestaciones concretas en las propiedades espaciales de las cosas.  Pero, como se deduce de ese pasaje anterior, propiedades que excluye el de las relaciones de los objetos entre sí, que será objeto de las ciencias sistemáticas.

 

Creemos que Hettner hacía esa apreciación dadas dos razones: 1) era normal, en su tiempo, entender las relaciones entre los fenómenos, como relaciones de causa-efecto; y, 2) no hacía la distinción entre relaciones cualitativas internas entre los fenómenos (esas de causa-efecto), de las relaciones cuantitativas externas entre los mismos (sus relaciones físicas externas).  De modo que ello, determinado por su noción de espacio, hacía que necesariamente el dónde fuese asunto de las propiedades mismas del fenómeno, y, por lo tanto, excluido como pregunta geográfica.

 

Hay aquí, pues, un punto en el cual Hettner habría de ser superado, pero más aún, que nos revela que la noción de espacio es lo que está determinando los avances en esta ciencia.  Así, para él, el espacio es un concepto abstracto, que se concretiza en la espacialidad o propiedades espaciales, en este caso, de la superficie terrestre, según el orden de la misma dada en la unidad y diversidad de sus regiones, y son los fenómenos los que caracterizan esas regiones.  De ahí ese enunciado esencial de Hettner de que: “Únicamente cuando concibamos los fenómenos como propiedades de los espacios terrestres, estaremos haciendo geografía”[24].  El espacio geográfico es eso concreto dado por los fenómenos.  Y ahí está ese ir y venir en la conceptualización del espacio.  Hettner realizó un avance determinante, particularmente en la precisión conceptual del espacio como objeto de estudio de la Geografía, pero no serían aún los fundamentos claros, cuando al mismo tiempo Hettner se tiene que deshacer de los fenómenos mismos, especificando que de lo que se trata, es de la organización del espacio dada en la diferenciación de las regiones por esos fenómenos, y no del estudio de los mismos para la caracterización de una región en sí.  “La geografía no debe ser la ciencia de la distribución local de los diversos objetos, sino la ciencia de la organización del espacio.  La geografía es una ciencia del espacio”[25].

 

Ese concepto de la organización del espacio, en Hettner, no debe entenderse en el sentido en el que normalmente se hace, de planificación, y en la idea de ponerle orden; sino en un sentido más profundo, de estructura del espacio, de cómo el espacio geográfico o terrestre dado por su superficie, está estructurado, dando ello su naturaleza, tal cual una red cristalina da lugar a una determinada gema.

 

Este grado de abstracción del problema planteado por Hettner, le permitió obtener una conclusión fundamental: “La geografía no puede limitarse a ningún dominio de la naturaleza o del espíritu en concreto, sino que debe extenderse a la vez sobre todos ellos”[26].  Esto es, que no puede ser ya natural o ya social, pero, al mismo tiempo, Hettner, ya en su tiempo, tuvo que criticar los planteamientos “funcionales” de un Kirchhoff, o de un Wagner, que la definían como “ciencia natural, con elementos históricos integrados”, esto es, a manera de una <<ciencia social, en función de lo natural>>, o inversamente, en lo cual se evadía el problema del espacio; y con ello, Hettner rechazaba así, el planteamiento “dualista” de la Geografía, sin prescindir de los fenómenos, que no obstante no son objeto de su estudio.  En oposición a ello, para Hettner, la Geografía será, entonces, una ciencia monista del espacio, del cual los fenómenos dan lugar a sus propiedades.

 

________________

 

[26]    Ibid. p.40.   
[23]    Ibid. p.37.

[24]    Ibid. p.38.

[25]    Ibid. p.39 (subrayado suyo).

  


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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:04

Astrolabio, Octante y Esfera Armilliar-copia-1La Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (4/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 09 may 11.

 

Hettner, superando las limitaciones del empirismo idealista tanto del neokantismo como del positivismo, que en la clasificación de las ciencias con un criterio nomotético e ideográfico en unos, o de lo abstracto y lo concreto en los otros, sólo separaban entre ciencias naturales y ciencias sociales, pero, dice Hettner, “La realidad no se deja englobar completamente en las ciencias sistemáticas o en las ciencias de las cosas…”[14].  A ello nuestro autor le llama, el entender la ciencia de una manera bidimensional, esto es, en donde no se percibe en su totalidad; a lo que hará falta, dice Hettner, un “tercer punto de vista: la distribución y disposición en el espacio”[15].

 

Es aquí donde Hettner recurre directamente a Kant.  Algún autor más avanzado que Kant, hubiera sido el mismo Hegel, pero el idealismo objetivo o metafísico de éste, hacía muy complejo entender el mundo.  Fuera de ellos, no había sino sus seguidores.  De las lecciones de geografía física de Kant, Hettner cita: “Podemos referirnos a nuestros conocimientos empíricos bien de acuerdo con conceptos, bien según el tiempo y el espacio en que se encuentran realmente”[16].  Y ahí estaba el salto cualitativo que Hettner daría en la Geografía.  De un lado, de conjunto, estaban las ciencias sistemáticas, del otro, dice Hettner, “lo mismo que el desarrollo en el tiempo, la ordenación de las cosas en el espacio tiene derecho a una consideración especial”[17].

 

En el marco teórico gnoseológico del neokantismo, que incluso dejaba de lado estas consideraciones sobre el tiempo y el espacio del mismo Kant, o en el marco gnoseológico del positivismo, limitados ambos por el idealismo subjetivo en el empirismo idealista, Hettner no podría haber resuelto el problema; tuvo que hacer la crítica de estos desde la posición del empirismo materialista (que, consciente o no de ello, lo ubicaba como materialista mecanicista), por el cual Hettner podía introducir una categoría distinta.  En el pensamiento materialista, la realidad objetiva no sólo es el mundo de los objetos materiales, sino que también forman parte de ella el tiempo, el movimiento, como el espacio.  Desde Newton, por cuya influencia se desarrolla el materialismo mecanicista, todo cuanto existe, sólo puede existir tanto en el tiempo como en el espacio.  De ahí que, para Hettner, dice éste: “Por lo tanto, deben aparecer ciencias corológicas o espaciales junto a las ciencias sistemáticas y cronológicas”[18].

 

Ahí estaba ya, por la fuerza de la deducción; es decir, más allá del empirismo, una nueva categoría: la corología, el “enfoque regional”, para identificar el espacio.  A Hettner le ocurrió lo mismo que ocurrió con nosotros independientemente: para Hettner, ese espacio geográfico habrá de ser propiamente la superficie terrestre, con el argumento de no poder conocerse el interior de la Tierra; cuando para nosotros (1981), el argumento fue que ese interior de la Tierra, era campo de estudio de la Geología.  En ambas consideraciones había insuficiencia; ese espacio “interior”, o esa parte del espacio geográfico, por su propia naturaleza sería parte del objeto de estudio de la Geografía, y su naturaleza sería conocida conforme el avance de las ciencias.  En Hettner ya no hubo ajuste, en nuestro caso, hacia 1985 reconocimos ya el espacio geográfico desde el centro mismo de la Tierra.

 

Hettner ha criticado así, dice él, “las definiciones lógico-apriorísticas de la geografía…”[19].  Ello, lo que quiere decir, es que ha criticado el subjetivismo (lo lógico) de los conceptos o ideas antepuestos a la realidad objetiva (el a priori), y con ello ha criticado la pretendida simultaneidad del estudio de los fenómenos naturales y sociales por una sola especialidad, pero lo cual puede ser superado en una ciencia única como la Geografía.  “De acuerdo con ello, a la geografía únicamente le correspondería la distribución geográfica…, restricción que introduce un punto de vista corológico…, de la concepción de la geografía [en] el enfoque regional”[20].  Esto es, si en geografía es posible tratar simultáneamente tanto con los fenómenos naturales como sociales, no es porque tales fenómenos se estudien en sí mismo, sino sólo en su distribución, o, más ampliamente dicho, en su análisis corológico o regional.

 

Visto retrospectivamente, incluso en la definición de Emmanuel de Martonne de la “ciencia de las relaciones entre los fenómenos naturales y sociales, considerados en su distribución en la superficie terrestre”, está ya esa apreciación posterior de Hettner.  Tiempo después, ello se resolvió por nosotros de una manera ya explícita, que tácitamente ya estaba tanto en De Martonne como en Hettner: en la solución por subsunción en el desarrollo de las contradicción esencial de la Geografía.

 

“La geografía en sí –dice Hettner–, históricamente definida como el conocimiento del espacio terrestre, tiene que encontrar su justificación lógica dentro de un punto de vista distinto al de una ciencia de la tierra”[21].  Pero es quizá de esta afirmación que se ha desprendido esa falsa apreciación en Hettner, del “excepcionalismo” en Geografía.

 

Hettner, hasta donde nos da la lectura tanto del documento traducido por Geo Crítica, como del trabajo El Pensamiento Geográfico del colectivo de Josefina Gómez, Julio Muñoz y Nicolás Ortega, el concepto de “excepcionalidad” no aparece por ningún lado.  Y ni el concepto de la clasificación idiográfica que no asume para la Geografía, ni “su justificación lógica dentro de un punto de vista distinto”, significan ninguna excepcionalidad, a manera de una ciencia exclusiva respecto de todo el sistema de las ciencias.

 

Hettner no sólo va más allá de la descripción enumerativa del empirismo idealista en el empirismo materialista, de algún modo, en su visión materialista, abraza a su vez, intuitiva o espontáneamente, el pensamiento dialéctico de la explicación causal, deduciendo de la experiencia histórica una categoría nueva que le permite darle a la Geografía un lugar en el cuadro de la clasificación de las ciencias en función de su objeto de estudio.

 

Para Hettner, la corología no era método, sino el objeto de estudio, “corológico –dice Hettner– no es el camino, sino la meta, el objeto propio de la geografía.  Significa la comprensión de la realidad terrestre bajo el punto de vista de la ordenación del espacio”[22].

___________________

[14]    Ibid. p.28.

[15]    Ibid. p.28.

[16]    Ibid. p.28.

[17]    Ibid. p.30.

[18]    Ibid. p.30 (subrayado nuestro, de esa categoría introducida por Hettner).

[19]    Ibid. p.31.

[20]    Ibid. p.34.

[21]    Ibid. p.35.

[22]    Ibid. p.37.

 


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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:03

Brújula GnomónicaLa Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (3/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 05 may 11.

 

Al tratar de resolver el objeto de estudio y método de la Geografía, parte de ello es resolver el problema del lugar de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias, y Hettner no podía eludir esa consideración.

 

Luego de criticar a aquellos que consideran estériles estos propósitos, Hettner precisa que, “…la exposición y la enseñanza de cada ciencia ha departir de puntos de vista muy concretos, propios y distintos a los de otras ciencias, para no perderse en lo indefinido…”[2].  Él ve que se dan dos tipos de intentos clasificatorios: el lógico, por el cual realmente está dando a entender una posición subjetivista, de modo que, dice Hettner, “este camino les llevó, al carecer del conocimiento de causa de la geografía, a definiciones que se encontraban en contradicción con la evolución histórica de la disciplina…”[3].

 

Lo opuesto, por lo tanto, al intentar la definición a partir del análisis histórico, da lugar a la posición objetivista de la caracterización del problema.  Así, es de esa historia propia de la ciencia que ha de extraerse la consideración de su lugar en el sistema de las ciencias; y Hettner es partidario de la determinación a partir del “contenido del conocimiento”, es decir, de lo dado históricamente, y que se ha formado en esa práctica.

 

Hettner se apoya en dos filósofos neokantianos de la Escuela de Friburgo, cuya propuesta es la división de las ciencias entre nomotéticas e idiográficas, en correspondencia con la doctrina propuesta de Kant entre la razón teórica y la razón práctica.  Juzga la propuesta como “lógica” (entendiendo por ello “subjetivista”), y de ello concluye: “…si la distinción…, es en general acertada y si encuentra utilización en la geografía; aquí se trata sólo de preguntarse si puede ser determinante para la clasificación y delimitación de las ciencias.  Y esto lo tengo que negar”[4], y Hettner lo niega aduciendo que, justamente, por no corresponder al desarrollo histórico, afirmando, finalmente, que: “La verdadera distinción entre las ciencias se establece por los objetos de estudio”[5].

 

De modo que es falso que Hettner comparta la posición neokantiana de Windelband y Rickert, cuando es claro que la critica.  Y de la misma manera que Hettner ya en 1905 o bien en 1927, echa mano del neokantismo (con la tradición de Kant, que venía de un siglo antes, desde fines del siglo XVIII y principios del XIX), también lo hace con el positivismo de Comte (1798-1857), el cual sistematiza su filosofía como método, en su “Curso de Filosofía Positiva” impartido desde 1830; pero teniendo que dejarse claro aquí, que no podía ser de otra forma, porque no había más.  En realidad estaba presente ya, desde mediados del siglo XIX, el marxismo, pero ni Marx ni Engels elaboraron un documento específico sobre el método de la dialéctica materialista, sino que ésta tuvo que generalizarse posteriormente desde el Instituto Marx-Engels; y, como quiera que sea, Hettner no hacer referencia alguna a ello.

 

Si del neokantismo Hettner critica su subjetivismo en términos del subjetivismo racionalista fenomenológico idealista en la clasificación de las ciencias entre nomotéticas e idiográficas; del positivismo criticará su subjetivismo empirista fenomenológico idealista, dado en su propuesta dividiendo las ciencia entre abstractas y concretas.  “La primera distinción fundamental dentro de las ciencias empíricas –dice Hettner–, la que aquí tiene importancia, es la distinción establecida por Comte entre las ciencias abstractas y las ciencias concretas”[6].  Esta distinción, agrega Hettner más adelante, no es nítida, pues “más bien existe una gradación desde las ciencias completamente abstractas…, pasando por las ciencias que ya tienen en consideración ciertas características específicas, que se dan por su pertenencia a uno de los grandes dominios de la naturaleza o del espíritu…”[7].

 

Luego Hettenr no puede hacer sino algo trágico para su posición: apoyarse en Kant, para criticar a Comte.  Y es esto lo que final y falsamente lo identifica como kantiano, cuando que sólo está echando mano de las ideas más avanzadas de su tiempo; por lo menos en el campo del idealismo filosófico; y las está confrontando sopesando su validez en la solución del problema de la ubicación de la Geografía en el cuadro de las ciencias por su objeto de estudio.

 

De una parte critica la propuesta de la división de las ciencias entre nomotéticas e ideográficas del neokantismo, por su subjetivismo racionalista; de otra parte, critica la propuesta de dicha división de las ciencias entre abstractas y concretas del positivismo, por su subjetivismo empirista.  Independientemente de la posición filosófica en que ello deja a Hettner, de momento veamos cómo éste intenta lo que va más allá de aquellas propuestas que ha criticado.

 

“Lo mismo que el desarrollo en el tiempo –dice Hettner–, la ordenación de las cosas en el espacio tiene derecho a una consideración especial.  Por lo tanto, deben aparecer ciencias corológicas o espaciales junto a las ciencias sistemáticas o cronológicas”[8].  Esto es, Hettner se ha dado cuenta de que la clasificación neokantiana (particularmente de la Escuela de Friburgo), se centra en la caracterización de las ciencias entre naturales y culturales, y aludiendo al su fin generalizador en el caso de las nomotéticas, o su fin singular, como en el caso de las idiográficas.  “Así y todo –dice Hettner–, Rickert derivó de ello un dualismo de la geografía física y de la geografía humana”[9].  Y justo ello es lo que Hettner niega en esa propuesta, que resulta desmembradora de la unidad de la Geografía; “ni siquiera han reconocido a la geografía como ciencia unitaria, sino que la han distribuido entre diferentes divisiones de sus sistemas”[10].

 

Otro tanto ocurre con la propuesta de Comte: “Las ciencias concretas –hace ver Hettner– se reparten el conocimiento de la realidad.  Estas se refieren a ella en cuanto se ocupan de las características de las cosas y de su diversidad en el espacio y en el tiempo…”[11].  Y agrega lo que finalmente va a establecer su diferencia con esas propuestas: “…las ciencias concretas, que en su conjunto puede ser denominadas ciencias sistemáticas, renuncian a las condiciones espaciales y temporales y encuentran su unidad en la homogeneidad o semejanza de los objetos de los que se ocupan.  La distinción usual de las ciencia entre ciencias naturales y ciencias del espíritu es una de esas diferenciaciones sistemáticas”[12].

 

Para cuando Hettner analiza las propuestas de neokantismo y del positivismo en la clasificación de las ciencias, en el campo del materialismo filosófico, Engels ya había elaborado su propia propuesta del desarrollo y subordinación de las ciencias (Dialéctica de la Naturaleza, 1873-1886), pero publicada hasta 1925.  Engel, filosóficamente, ha clasificado esas “ciencias concretas” según las formas de movimiento de la materia que tratan, y de ello ha distinguido las formas de existencia de la materia, para ubicar a las ciencias como la Cosmografía, o la Geografía, logrando resolver lo que precisamente Hettner no ve resuelto en las propuestas del neokantismo y positivismo.  Pero, al parecer, Hettner no conoció ese trabajo de Engels.

 

Pero Hettner, como geógrafo, tiene esa necesidad específica, y elabora ese arreglo introduciendo otras categorías: las ciencias tanto cronológicas (relativas al tiempo, como las históricas); como las ciencias corológicas (relativas al espacio, como la Cosmografía o la Geografía).  “Lo mismo que el desarrollo en el tiempo, la ordenación de las cosas en el espacio tienen derecho a una consideración especial.  Por lo tanto, deben aparecer ciencias corológicas o espaciales junto a las ciencias sistemáticas y cronológicas”[13].

 

____________________

[2]      Hettne, Alfred; La Naturaleza y los Cometidos de la Geografía; Geo Crítica 70, julio 1987; Universidad de Barcelona, España; p.23.

[3]      Ibid. p.24.

[4]      Ibid. p.26.

[5]      Ibid. p.26.

[6]      Ibid. p.27.

[7]      Ibid. p.27.

[8]      Ibid. p.30.

[9]      Ibid. p.26.

[10]     Ibid. p.27.

[11]    Ibid. p.28.

[12]     Ibid. p.29.

[13]    Ibid. p.30.


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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:02

AstrolabioLa Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (2/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN, lW); 02 may 11.

 

En la principal fuente en que nos apoyamos para comentar el pensamiento de Hettner, la traducción publicada por la revista Geo Crítica, de la Introducción hecha por Gerardo Nahm, éste hace ver como Hettner pertenece a ese tiempo de la segunda mitad del siglo XIX en adelante, en el que, dada la segregación o especialización de las ciencias, a la Geografía se le planteó la necesidad de definir su propio objeto de estudio, de encontrar su lugar en el cuadro de la clasificación de las ciencias, y de precisar su método propio.

 

Un hecho crucial es entender los fundamentos gnoseológicos del propio Hettner, a partir de la fecha significativa en que le debieron influir, es decir, a partir de 1877.  Para esa fecha, dominaban la escena tanto el positivismo clásico comtiano, como la dialéctica materialista de Marx y Engels, y de manera un tanto secundaria, el neokantismo, particularmente de la escuela de Friburgo, de Windelband y Rickert, mencionados directamente por Hettner, cuya preocupación central estaba precisamente en la contraposición de las ciencias naturales y sociales, como lo era entre la razón teórica y la razón práctica de Kant.

 

Hettner no es filósofo, mucho menos está proponiendo alguna teoría del conocimiento distinta a las dadas, por lo tanto, no puede sino interpretar el mundo en función de los aportes gnoseológicos del momento, que queda claro que es una mezcla, un posición ecléctica, en tanto el mismo Hettner no antepone sus propios fundamentos gnoseológicos.

 

Incluso, como veremos, sorprendentemente, el estigmatizado Hettner como neokantiano, a nuestro parecer, no existe como tal, sino por el hecho de estar refiriendo autores y categorías tales, y que, en Alemania, no podía sino hacer ello.  Pero, por otra parte, ciertamente Hettner no comparte ni explícita ni implícitamente, el muy alemán marxismo, ya plenamente maduro para su tiempo.  Para 1905, cuando Hettner publica su obra aquí en análisis, Marx y Engels eran personajes desaparecidos hacía veinte años, y en el pensamiento marxista dominaba Lenin como dirigente de la revolución rusa al socialismo, ya desde una primera, dada justo en ese año de 1905.  Compartir las posiciones gnoseológicas de la dialéctica materialista, era, inobjetablemente, simpatizar, por lo menos, con el comunismo, y en Hettner no hay más rastro de ello, que una vaga teoría del conocimiento en el empirismo materialista con una difusa teoría del reflejo, que lo pone muy próximo al empirismo positivista, más cercano éste al empirismo idealista en la fenomenología.

 

Hettner, lo haremos ver, es esencialmente un empirista materialista, que echando mano de conceptos y categorías del positivismo, como del kantismo, parece identificarse más con el positivismo que con la fenomenología de Kant, en tanto el reconocimiento, de que el conocimiento deviene de la relación empírica con una realidad objetivamente existente.

 

El conocimiento geográfico decimonónico tomaba esa realidad objetivamente existente en su totalidad, pero dividida en el conjunto de fenómenos naturales por un lado, y el conjunto de fenómenos sociales, por otro.  Mientras la especialización de las ciencias no estaba dada, la solución teórica a la Geografía quedaba dada en el ejemplo del Cosmos de Humboldt, o el Erdkunde de Ritter.  Pero, inversamente, conforme la especialización de las ciencias, la Geografía en esa concepción fenomenista se desmembraba a cada paso, y se hacía evidente la necesidad de precisar su propio objeto de estudio y método.

 

Esa situación es la que da lugar, en términos de un análisis marxista, al proceso de subsunción como solución de esa contradicción en la que en un opuesto está esa “dualidad” naturaleza-sociedad, y en el otro opuesto se tiene al espacio (lo corológico o regional hettneriano); proceso que explicaremos con detenimiento más adelante.

 

Una categoría va a ser esencial, no tanto para la caracterización de las cosas en su momento, que ello es una parte, como para entender la línea de continuidad del pensamiento hettneriano: el de la Geografía como una ciencia idiográfica.

 

Como hemos dicho antes, Hettner echa mano de esa categoría, no tanto por su identificación con el neokantismo de Windelband, neokantismo al que más bien va a criticar, sino simplemente porque no había más aparato teórico de qué asirse, o como en este caso, respecto al cual interpretar las cosas, que ese neokantismo particularmente influyente en la ciencia alemana (como del positivismo, influyente en la ciencia francesa).

 

Lo idiográfico se refiere a lo propio (de idios, propio, peculiar), por lo cual, se entendería a la Geografía como una ciencia de lo propio (en contraposición a la Geografía como una ciencia de lo ajeno, dado en el conjunto de las ciencias naturales y sociales).  Sin embargo, la idea de “lo propio”, se ha identificado con la idea de “lo excepcional” (de excepere, sacar, o lo que está fuera de un conjunto), de “lo único”, y de “lo singular” (de lo que es uno, e indivisible).  Y si bien “lo propio” tiene un carácter de excepcionalidad, de estar separado; de unicedad y singularidad, de ser lo uno perfectamente diferenciado de todo; ello no es algo necesariamente absoluto.  Es decir, que “lo propio”, puede ser algo, a su vez, compartido con un grupo, y algo, a su vez, divisible, y que guarda relaciones de semejanza con todo lo demás.

 

Lo que Hettner establece con el concepto de la Geografía como ciencia idiográfica, es el carácter de la Geografía como una ciencia especial, no sólo como cualquier otra ciencia clasificada como idiográfica (la Historia), sino tan especial como cualquier otra ciencia clasificada incluso como nomotética (idea dominante en la clasificación de la ciencias en ese entonces, particularmente en Alemania, frente a la clasificación de Comte de la rival Francia).  Esto es, que con ello, antes que excluir a la Geografía como algo diferente al resto de las ciencias, lo que está haciendo, es tratar de ubicarla lo más correctamente en el cuadro de la clasificación de las ciencias especializadas, como una ciencia especializada más.

 

Lo que daba a la Geografía ese carácter idiográfico, de lo propio –y he aquí el gran aporte de Hettner–, era un objeto de estudio en lo corográfico y regional, es decir, en el espacio, y en la diferenciación de las regiones en el espacio.  La variante de Hettner, es que éste encontró en esa clasificación, la base del argumento de subsunción; es decir, que la Geografía como ciencia corológica y regional, subsumía o subordinaba así, en ello, la multiplicidad de las preocupaciones de la geografía por los fenómenos tanto naturales como sociales, en tanto éstos no representaban ya, ahora, sino propiedades del espacio.

 

Un gran defecto en la interpretación equivocada del concepto de lo idiográfico en Geografía, fue el desprender de ello, primero, la excepcionalidad, no como lo separado e identificado con lo que le es propio, sino como lo absolutamente diferente y singular, y de ésta, como dice Gerardo Nahm en su análisis introductorio a la obra de Hettner, segundo, el “rechazar la búsqueda de leyes, ya que éstas no puede existir para lo singular”[1].  Y si bien el entimema de Nahm pudiera estar lógico formalmente en lo correcto, lógico dialécticamente el consiguiente no se sigue de sus premisas en tanto que, por lo menos en una, hay un error de falso antecedente o de “cuarto terminorum”: con lo idiográfico, Hettner no está refiriéndose a la Geografía como lo excepcional único e indiviso, sino a lo excepcional, con su carácter propio y universal.

 

Más adelante, este error lógico será la clave de las discusiones teóricas.

  ________________________

[1]      Nahm, Gerardo; Introducción.  La Figura de Hettner y la Geografía Alemana en el Siglo XIX y Principios del XX; en, “La Naturaleza y los Cometidos de la Geografía”; Geo Crítica 70, julio 1987; p.12.

 


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28 abril 2011 4 28 /04 /abril /2011 23:01

BrujulaLa Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (1/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (jN,lW); 28 abr 11.

 

Prefacio.

 

Hemos publicado ya, en lo básico, todos nuestros materiales, en lo posible, en su orden cronológico entre fines de los años setenta a mediados de los años noventa.  Por ello pudimos valorar, con el tiempo intercedido, lo que todo ello significó en su momento, y su trascendencia.  Ya el tercero juzgará lo que corresponda, tanto hoy, como con el tiempo más allá de nosotros mismos.

 

Luego de 1995, se hizo un vacío generalizado, salimos de la escena casi de manera absoluta por quince años, y se interrumpió todo trabajo.  Lo que estaba en perspectiva en aquel entonces, era, de manera natural, el desarrollo de la teoría del espacio geográfico; pero, a su vez, completar los huecos de nuestro conocimiento de la historia de la Geografía (particularmente el desentrañar en detalle la complejidad del hacer geográfico en el origen de la ciencia moderna entre los siglos XV y XIII; y completar el análisis de la secuencia histórica, con posterioridad a Hettner, e incluso un estudio más fino de los aportes del mismo Hettner).

 

Al recapitular históricamente, al paso detallamos un poco más en ese período complejo renacentista e ilustrado, y ahora toca llenar ese vacío de la historia del pensamiento geográfico hacia la segunda mitad del siglo XX, que básicamente es caracterizar, como necesaria referencia, desde el trabajo de Alfred Hettner (en su madurez de los años treinta), a Richard Hartshorne, y la crítica a éste por Fred K. Schaefer, del primer lustro de los años cincuenta, al surgimiento y desarrollo tanto de la llamada “Geografía Cuantitativa” desde entonces a mediados de los años setenta (particularmente refiriéndonos en su influencia en México), como de la “Geografía Económica Regional”, elaborada en ese mismo lapso.

 

Aquí es donde se hacen particularmente valiosos los apuntes hechos en los trabajos más recientes de “La Geografía como Ciencia” (especialmente este, en el que analizamos los cuadros de desarrollo del objeto de estudio, del desarrollo del método hipotético-deductivo, y del desarrollo de la metodología de la sistematización del conocimiento)  “El Aparato de Categorías Fundamentales en Geografía”, o “el Antropocentrismo en Geografía”, “El Último Requisito para una Geografía Científica”, y “De los Elementos a los Estados de Espacio”.

 

Estos trabajos fueron como “un poner al día” en una gran síntesis, las cosas teóricas luego de 1995, pero dejando aún ese vacío del análisis de lo que le antecedió y de lo que ahora es, de algún modo, su continuidad, entre los años cincuenta a setenta.

 

En la siguiente serie de artículos, comentaremos, entonces, el trabajo de Alfred Hettner, y su sucesión en Richard Hartshorne; luego la crítica a éste de Fred K. Schaefer, y tras él, el desarrollo de la llamada “Geografía Cuantitativa” y de la “Geografía Económica Regional”, como balizas que marcan los momentos históricos significativos, y en cuyo ámbito ya podremos discutir muchas otras particularidades; entendiendo así, finalmente, la línea de continuidad de la Geografía contemporánea y la tendencia de su lógico desarrollo consecuente a futuro.

 

 

La Geografía en Alfred Hettner (1859-1941).

 

Cuando elaborábamos nuestra tesis de Licenciatura entre 1979 y 1982, sabíamos de Hettner, de algunas de sus ideas centrales en cuanto los fundamentos teóricos de la Geografía, pero eso poco reunido de fuentes de segundo y tercer orden, por supuesto que no eran, primero, suficientes para hacernos un cuadro lo más completo de su pensamiento, ni, segundo, en absoluto confiables en su interpretación por terceros; no pudimos hacernos de nada de su obra ni siquiera en alemán, en un encargo a un compañero de viaje a este país.  Pero por lo poco recopilado, nos fue suficiente para darnos cuenta de nuestra identidad con sus consideraciones teóricas, salvados los momentos históricos y las influencias filosóficas dadas en cada uno.

 

No pretendemos aquí, como jamás lo hemos pretendido en ninguno de nuestros trabajos, hacer lo que propiamente se llamaría historia de la ciencia, en este caso, de la Geografía, sino tan sólo el análisis histórico de lo aportado por diversas fuentes y, particularmente, la generalización teórica a partir de ese análisis histórico, entre ellas, los materiales aportados en el obra “Clasificación de las Ciencias” (T.I, 1974; T.II, 1976), de B.M. Kedrov; como en la obra de Josefina García, Julio Muñoz y Nicolás Ortega, <<La Naturaleza de la Geografía y sus Métodos>>; en, “El Pensamiento Geográfico.  Estudio Interpretativo y Antología de Textos” (1982); y finalmente, en el documento más tardío que obtuvimos, pero de la más valiosa traducción, de la revista Geo Crítica 70, con una Introducción de Gerardo Nahm, con el título traducido como “La Naturaleza y los Cometidos de la Geografía” (julio de 1987), y que, en consecuencia debimos hacernos de él entre ese 1987 y 1989.

 

Con estos escasos pero muy esenciales y valiosos materiales (y ya no teniendo tiempo para más), haremos esas consideraciones generales sobre la Geografía en Alfred Hettner, materiales, algunos de los cuales (y no en ediciones originales que en México aún no había, sino en copias fotostáticas que en una situación muy afortunada nos llegaron a trasmano desde los fondos de un compañero investigador en el Instituto de Geografía), los tuvimos en las manos tiempo después de haber presentado nuestra tesis de Licenciatura en examen profesional, y justo cuando hacíamos los estudios de posgrado en Geografía; y aún entonces, puestos ya en otra dinámica que nos hizo apenas revisarlos, corroborando nuestra razón, pero ya no usándolos, simplemente porque su contenido –que nos hubiera sido de un extraordinario valor en la argumentación demostrativa de aquella tesis–, ya no se aplicaba en lo que entonces ya hacíamos, que era, por un lado, la exploración del método propio al objeto de estudio ahora redefinido, y por otro lado, tratar de abordar ese objeto de estudio en una teoría del espacio geográfico.

 

De Hettner, en el campo de la geografía teórica, se tienen dos documentos muy comentados: 1) el libro, “La Naturaleza de la Geografía y sus Métodos”, 1905; y 2) el breve ensayo “La Naturaleza y Cometidos de la Geografía”, 1927.  En ellos, lo primero que destaca, es la necesidad del rompimiento con una definición “dualista” de la Geografía, que confunde su objeto de estudio y no sólo impide la correcta ubicación de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias, sino, peor aún, la desarma metodológicamente, no pudiendo precisarse claramente, entonces, acerca de qué es de lo que ha de aportar una explicación científica, que no esté dada ya en el campo de alguna otra de las diversas especialidades que forman esos dos campos de la “dualidad” desmembradora, en el conjunto de las ciencias naturales por un lado, y en el conjunto de las ciencias sociales, por otro.  Y cuando se ve que lo único que hay de diferente, dando integridad, unidad e identidad propia a la Geografía, es la “consideración de esos fenómenos en su distribución en el espacio”, entonces esto se desdeña, y cuando como lo propio debiera explorarse para su tratamiento como objeto de estudio, ello se deja apenas como marco de referencia.

 

La formación de lo que luego se llamará la “escuela alemana de la Geografía” por su definición particular del objeto de estudio de esta ciencia, se inició en 1870, y Hettner, de acuerdo con el documento de Geo Crítica, que es en el que esencialmente nos apoyaremos, llega a los estudios de Geografía en 1877, con el propósito específico de ser geógrafo.


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27 abril 2011 3 27 /04 /abril /2011 23:10

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2 Datos Sobre: La Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (10/10). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (ɸN, λW); 30 may 11.

 

Alfred Hettner concluye su trabajo con un VI Capítulo que titula: “La Geografía Práctica”.  No casualmente un punto obsesivo en la teoría geográfica, ya que realmente ello es lo que finalmente define la importancia en cuanto a la condición de ciencia de la Geografía.

 

El carácter práctico, como el carácter causal, entre las obsesiones más constantes, suelen reiterarse por los estudiosos de la Geografía elaborando este argumento teórico, comúnmente, sin más argumento que una afirmación con mucha fuerza de convicción.

 

En este artículo, mostramos los muy valiosos conceptos de Hettner acerca de lo téorico y lo práctico en geografía, y la manera lógicamente consistente en que él resuelve, no obstante su definición espacista de la geografía, el aspecto de la práctica en esta ciencia, a la cual le ha dado una clasificación fenomenista en su estructura interna.

 

Hettner hace ver que la Geografía ha estado dominantemente “al servicio de la vida”, esto es, que ha sido eminentemente práctica, y atribuye a Ritter el destacar la importancia de la “ciencia pura” frente a los intereses prácticos, salto cualitativo de donde viene, a decir de Hettner, el conocimiento de las relaciones causales de los fenómenos de una región.  Luego, “en base al conocimiento de las relaciones causales, la geografía puede precisar qué consecuencias tendrá una modificación promovida por el hombre.  Una vez adquirida esta aptitud, la geografía está capacitada para ser un instrumento provechoso de la política nacional, en el más amplio sentido de la palabra”[3].

 

Hettner aborda un problema capital en esta discusión: el atribuir ese resultado práctico en esta ciencia, al campo de la geografía humana.  Lo primero es la política nacional, dice enfatizadamente Hettner, y en ello, agrega, la investigación se basa en los diferentes hechos del terreno (agua, suelo, yacimientos minerales), lo cual compete a las ciencia especiales o sistemáticas, como él les llama, y de donde, concluye, “este es el motivo de que la valoración geográfica se encuentre generalmente en un segundo plano, frente a la valoración realizada por las diversas ciencias técnicas”[5].  Y esta es la tercera razón por la cual Hettner, viendo la desventaja de la Geografía en el campo de las ciencias naturales, va a atribuir a la geografía humana ese resultado práctico “al servicio de la vida”. 



[1]      Ibid. p.72.

[2] Ibid. p.72.

[3] Ibid. p.73.

[4]      Ibid. p.74.

[5] Ibid. p.74.

 



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27 abril 2011 3 27 /04 /abril /2011 23:09

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2 Datos Sobre: La Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (9/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (ɸN, λW); 26 may 11. 

 

La teoría de la estética es un ámbito de conocimientos en el cual se ha avanzado enormemente y muy rápido, apenas hacia el último tercio del siglo XX; hecho que nos lo hace saber un connotado autor en la materia, como lo es el Dr. Adolfo Sánchez Vázquez.

 

Aún en los tiempos en que Hettner produce el material aquí analizado, en la Unión Soviética se elabora apenas esa teoría en el marco del movimiento cultural del llamado Realismo Socialista, que, por supuesto, choca en una posición diametralmente opuesta con el ámbito intelectual de Hettner de la Alemania de fines de los años veinte y principios de los treinta, en que, por lo opuesto, se encamina vertiginosamente al movimiento cultural del Suprematismo nazi.

 

En ese contexto es que Hettner inicia este capítulo diciendo: “Además de una geografía teórica existe una geografía estética, junto a una geografía entendida como ciencia existe una geografía entendida como arte”[1].  Y, en una sutileza que fácilmente pasa desapercibida, en el concepto positivista de  que “una cosa existe junto a la otra”, Hettner se distingue del concepto de la estética dialéctico materialista, por el cual una geografía teórica y una geografía estética, son indisolublemente lo mismo, pues en una geografía entendida como ciencia, está, al mismo tiempo, en ella misma, un geografía entendida como arte.

 

Esta sutileza pudiera parecer irrelevante, pero, no obstante, dará toda la diferencia de concepción sobre el espacio geográfico.  Hettner, desde el análisis de la estética, va a hacer una crítica a un doble defecto teórico en la geografía, que forman la parte central de su análisis, en el cual, distinguiendo brillantemente entre la estética y el arte en la geografía y más aún al referirse en qué se debe entender por ello, muestra la esencia de la importancia de la estética y el arte en la ciencia y en particular en la Geografía.  No obstante, inmerso en la teoría del paisaje, muy afín a su planteamiento corográfico, resuelve la estética en algo muy próximo, a pesar de todo, a la poiética.

 

Así, su acertado análisis de la estética y el arte en Geografía, aún en el marco de su tesis corológica, lo conduce necesariamente a la discusión del problema esencial de la relación entre la teoría y la práctica en esta ciencia, problema para el que abre su último capítulo.




[1] Ibid. p.68.

[2] Ibid. p.68 (Op. Cit. p.225)

[3] Ibid. p.68.

[4] Ibid. p.69.

 



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27 abril 2011 3 27 /04 /abril /2011 23:08

Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2 Datos Sobre: La Geografía en Alfred Hettner.  Ensayo, 2011 (8/). [*]

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

La Tierra, 1 (ɸN, λW); 23 may 11.

 

La geografía humana en Hettner merece un comentario en páginas aparte, y más que por alguna consideración especial, simplemente por ser ese asidero incandescente último del geógrafo de fines del siglo XX, antes de caer en el abismo.

 

Esta “rama de la Geografía” pasa por el estudio de diversas ciencias de la sociedad, de las cuales Hettner menciona la antropología, la etnología, la política y geopolítica, y la economía; y se le plantea el mismo problema que para las ciencias naturales: estudiarlas de tal modo que por ello, ni se derive en el especialista en ellas, ni los conocimientos se queden en la superficialidad; es decir, de un modo corológico.

 

El razonamiento de Hettner, en general, es correcto; el problema ha estado en la concesión que ha hecho al estudio fenomenista, mismo que le ha llevado a la lógica interna de la Geografía entendida como el conjunto de las ciencia sistemáticas, como él les llama.

 

Un falso problema es si el ser humano, lo social, debe considerase o no en los estudios geográficos; y Hettner lo resuelve de manera brillante en lo geográfico esencial, cuando a ello impone el que su tratamiento ha de ser desde el punto de vista corológico.

 

El planteamiento, en general, hemos dicho, está en lo correcto; pero, a su vez, también lo hemos mencionado, la limitación en su concepto de espacio, hizo que dicho planteamiento fuera incompleto; es decir, llevado hasta sus últimas consecuencias.  Y al ceder en el estudio de los fenómenos, aun cuando con un “enfoque corológico” no siempre más claro que el hacer el análisis regional, no alcanzó a darse el salto cualitativo de pensamiento, y su planteamiento quedó apenas como una propuesta metodológica.

 

Hettner atribuye a Ratzel la vuelta de la geografía al interés por lo humano en forma de geografía política; pero, de ahí pasa a la crítica a Rudolph Kjellen, aclarando que en ello no se trataba de hacer de la Geografía la “ciencia de los Estados”, tal como este autor la presenta de manera particular en su Geopolítica.

 

Más allá de ello, Hettner comienza a hablar de las diferentes geografías involucradas en la Geografía Humana: la geografía del poblamiento, la geografía de los asentamientos humanos, la geografía del transporte, la geografía militar, e incluso, surgida de la geografía del comercio, la geografía económica, a la cual, dice Hettner, comenzaba a prestársele mayor atención.  La vastedad de aspectos particulares del fenómeno social, como es evidente pensarlo, es tal, que Hettner engloba todo ello finalmente en una geografía cultural.  Esos géneros y especies de conocimientos, dando una clasificación y estructura interna a esta ciencia, integraban así, ciertas clases de especializaciones en el conocimiento geográfico, según Hettner.  La solución final, el summum genus hettneriano, era nuevamente una geografía fenomenista, con una novedosa metodología: la corología y el análisis regional.

 

Después de Hettner, lo único quedaba en la esencial identidad de la Geografía, era ya, por lo menos, eso que él había rescatado en la fundamental abstracción de lo corológico-regional.

 

Nuestro autor va a abordar dos capítulos más en la traducción de su trabajo aquí analizado: 1) la geografía estética, una “rama” más, consecuente con toda esa clasificación; y, 2) la geografía práctica.  Acerca de lo primero, nunca más –hasta donde manejamos información del desarrollo teórico geográfico– se ha vuelto a tocar, y ello, por sí solo, amerita su consideración en estas notas.  Respecto de lo segundo, ello está involucrado en la división de los campos de investigación y el papel social de la Geografía.  Ambas cosas, los campos de investigación y la función práctica, en su limitación conceptual y sobre la base de esa falta de identidad de la Geografía como ciencia en sí misma, se han sido desde entonces obsesión permanente en la mente del geógrafo, como un necesidad en su propia identidad profesional; y, por ello, a todo eso nos referiremos en el apartado final de este ensayo acerca de la obra de Hettner aquí en cuestión.

 



[1] Ibid. p.58.

[2] Ibid. p.66.

[3] Ibid. pp.67-68.

 



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