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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 00:04

 Ícono Geografía Teórica (Brújula)-copia-2Revoluciones Científico-Técnicas y Geografía

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

07 feb 11.


                    Otras veces en la historia así ha ocurrido, no nos debe extrañar: a la invención de la máquina de vapor por Newcomen en 1712, se aceleró la industrialización y junto con ello el pensamiento ilustrado; y nuevamente hacia finales del siglo XVIII, con el perfeccionamiento de la misma máquina de vapor por James Watt, en 1772, se inició la Revolución Industrial que se propagó hasta el siglo XIX, consolidándose el pensamiento científico ilustrado.  Pero esa Era de la Energía del Vapor pasó a la historia con la introducción de la Energía del Carbón y del Lignito, acompañada de la locomotora; y ésta, a su vez, quedó atrás con la invención del automóvil, el avión y el refinamiento del petróleo entre fines del siglo XIX y principios del XX.  En cada uno de esos momentos, una profunda revolución económica, social, política, y de pensamiento.  Y hoy, justo en este preciso momento histórico del inicio de la segunda década del siglo XXI, nuevamente, esa Era de una vieja tecnología obsoleta y una energía ineficiente respecto de lo nuevo, ha de pasar a la historia con la introducción del automotor totalmente eléctrico y mas eficiente, y de la tecnología de levitación de los ahora llamados "drones"; incluso el automotor mismo perfeccionado con tecnologías alternativas del agua misma como combustible, purificando el ambiente con vapor y la descomposición del oxígeno e hidrógeno; y, en su extremo ya posible, del uso de la llamada "energía libre", la energía del vacío.  Y esto último ya tiene que ver más profundamente con los geógrafos del siglo XXI, pues esa es, indistintamente llamada, la "energía del espacio".

 

 
                    Pero luego, de un espacio terrestre (el determinado por el campo gravitatorio de la Tierra), que no sólo ofrece una estructura y movimiento, sino los estados de espacio más impensados; y más aún..., en el que al parecer está interviniendo otra civilización (esa vieja geografía de las "interrelaciones sociales", sería ahora la geografía de las "relaciones intercivilizaciones").  Y al geógrafo que le interese esta faceta del desarrollo de nuestra ciencia, lo invitamos muy especialmente a visitar el Blog: http://identificados.over-blog.com, donde cierta información se está precipitando consistentemente con lo que corresponde a todo momento revolucionario de la historia.

 



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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 00:03

Geopolítica del Eje del MalMaquiavelo, y la Ética Deontológica para su Acertada Interpretación.  Ensayo, 2010 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 20 dic 10.

 

El punto que tiene que ver ahora con la comprensión de Maquiavelo en su contexto, está en que, analizado lo anterior, ahora podrá entenderse que el “maquiavelismo” no tiene nada que ver con Maquiavelo, más allá de ser el derivado de una doctrina con su nombre.  El “maquiavelismo” es producto de un Maquiavelo total y absolutamente mal entendido, un Maquiavelo descontextualizado al ser interpretado en términos no deontológicos o de la ética profesional del político, sino exclusivamente en términos teleológicos o de la ética del ciudadano común, y de ahí que sea, en forma maniquea, por excelencia “el mal”, la perversidad moral exclusiva.

 

Es de esta descontextualización burda la tan manida frase: <<El fin justifica los medios>>.  Aquí nuevamente se va, por sorprendente que parezca bastando con leer el libro, desde los que niegan que tal frase esté en su obra, hasta los que reducen toda la obra de Maquiavelo a ella.

 

El punto medio está en los que, efectivamente, afirman que la frase existe, pero no expuesta así.  Y ciertamente, la frase está:

 

“Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado,

que los medios siempre serán honorables” (al final del Cap. XVIII).

 

Descontextualizada en el maquiavelismo, no pude ser sino expresión de máximo cinismo.  Pero dicha frase en su contexto, como parte real de la teoría del Estado en Maquiavelo, tiene que ser examinada desde el capítulo precedente en su obra: “Cap. XVII  De la Crueldad y la Clemencia; y si es Mejor Ser Amado que Temido, o Ser Temido que Amado”.  Dice ahí Maquiavelo: “…un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos…” (inicio del Cap. XVII).

 

Surge de esto una cuestión, dice Maquiavelo: el si vale más ser amado que temido…, y como el amor depende de la voluntad de los hombres, en tanto que el ser temido de la voluntad del príncipe, éste debe apoyarse en lo suyo, sin llegar al odio, dice Maquiavelo, y siendo siempre conveniente las dos cosas.

 

Y de ahí se pasa al “Cap. XVIII.  De qué Modo los Príncipes Deben Cumplir sus Promesas”.  Y Maquiavelo dice: “…un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer” (Cap. XVIII).  Y es la desigualdad social[d] lo que lo fundamenta, y para eso justamente Maquiavelo está teorizando sobre el nuevo Estado burgués.  El engaño se convierte en el arte de la política.

 

Maquiavelo expone entonces una idea básica: “Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuese necesario” (Cap. XVIII).  Y luego, el Cap. XVIII termina con la conocida frase aquí en cuestión.

 

En qué se resume el contexto: 1) en la esencia ética deontológica del político, el engaño, el encubrimiento de sus acciones, la crueldad, siempre y cuando que…, esto es, en función de una razón social superior; 2) en el depender de sí mismo; y 3) en el ser realmente lo que por añadidura deontológica se simula, y que no es mas que ser en los más altos valores morales (piadoso, fiel, humano, recto); pero, y he aquí la esencia de lo deontológico político, estar dispuesto a ir más allá de la norma.

 

En ese contexto, “el fin justifica los medios”, no puede ser sino siempre y cuando que…, en función de una razón social superior; dependiendo de sí mismo, no de medios arbitrarios; y con un fundamento moral por convicción y real, que más aún, ha de hiperbolizarse…; pero estando dispuestos a tomar decisiones más allá de lo moral normado.

 

Por ello Lenin, entendiendo perfectamente bien a Maquiavelo, en su obra equivalente, ahora para el fundamento de la teoría del Estado proletario socialista, El Estado y la Revolución, dice: “Es moral todo lo que contribuye a la destrucción de la antigua sociedad de explotadores y a la unión de todos los trabajadores alrededor del proletariado, constructor de la nueva sociedad comunista”.

 

Es moral, pues, todo aquello que, de frente a la sociedad, le le es un satisfactor que le produce un beneficio en su organización, en su desarrollo progresivo y en la evolución de sus costumbres en consonancia con la ciencia, erradicando todo prejuicio.



[d] El “si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos…” (Cap.XVIII), Maquiavelo, en el contexto de los tiempos en que el humanismo veía al individuo, y a la vez faltarían aún varios siglos para la aparición del concepto de las clases sociales, “los hombres” y “las clases sociales”, se identifican.

 



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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 00:02

Geopolítica del Eje del MalMaquiavelo, y la Ética Deontológica para su Acertada Interpretación.  Ensayo, 2010 (2/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 20 dic 10.

 

Empezando por lo primero, el problema, pues, en la obra de Maquiavelo, es el juicio de valor acerca de lo bueno o lo malo, y en los extremos antes mencionados, hay un error en la absolutización maniquea de lo uno o de lo otro.  Ciertamente, El Príncipe no puede ser analizado sin una consideración moral, pues ésta está presente en todo acto social y político humano; pero ver inmoralidad en la obra de Maquiavelo, es no entender de política y lo que ésta implica como acto de gobierno, como función de Estado, y como ejercicio de poder.

 

El Príncipe, no es una obra cuasi literaria para el lego en política, e infinitamente menos, para el lego puritano que ha de juzgar el acto moral por sus consecuencias, en el marco estrecho de un código moral religioso.  El Príncipe, es una especie de manual para el político; para el entendido en la acción política en función de obtener el poder y saber cómo conservarlo.  Dicho en otras palabras, el que no sea un entendido en política a partir de haberla ejercido en la acción práctica, ¡absténgase!, no le es una lectura propia, no la entenderá…; a menos que cuente con una sólida teoría de la moral, es decir, a menos que cuente con un amplio conocimiento de la Ética.

 

Las elaboraciones sobre la teoría de la moral vienen desde la Ética de Aristóteles; particularmente en el desarrollo de la axiología o teoría ética de los valores, los cuales se determinan como un satisfactor social; pero en los tiempos de Maquiavelo, y aún varios siglos después, en la ciencia acerca de la moral, la Ética, en el marco axiológico, sólo se hacía la consideración teleológica o del juicio del acto moral normado sujeto a sus consecuencias; aún no se teorizaba sobre el juicio del acto moral complejo en que, a pesar de tener una parte normada, el sujeto pasa por alto la norma, omite las consecuencias, y actúa.  Y que en el error de sus actos, el cargo es enorme, inefable; pero que en el acierto de los mismos, cifra el desarrollo mismo de la sociedad, pues tiende a modificar la norma cambiando el juicio de valor.

 

Grave error de los teóricos burgueses idealistas en la interpretación de Maquiavelo, punto fundamental por lo cual no pueden resolverlo, es que, entendiendo que el momento histórico de Maquiavelo es también el de la separación de la Iglesia y el Estado, identifican con ello, equivalente y erróneamente, “separación de la moral y la política”; y la razón del equívoco, está en que se entiende, reduccionistamente, que la Iglesia es la Moral, y no que ella es, tan sólo la expresión de un código moral dado en el ámbito más general de la moral social.

 

La teoría ética de ello en la rama de la deontología, no ha sido sino hasta relativamente muy reciente, a partir de Bentham, en 1834.  De manera general, ello ha sido entendido desde siempre empírica o intuitivamente por aquel que se encuentra en ese límite, y cuyos conocimientos lo facultan, frente a la sociedad, para, en un momento dado, tomar decisiones más allá de la norma e independientemente de las consecuencias; esto es, por el profesional.  De ahí que la deontológica se conozca a su vez, como ética profesional.

 

El principio es que se aplica en aquel, y sólo en aquel, en el supuesto de que posee conocimientos, producto del estudio y de la práctica, por encima del común de la sociedad (incluso que por ello obtiene una Licencia).  En ese tipo de decisiones, unos profesionales se ven más comprometidos que otros por el tipo de su profesión; lo es, por ejemplo, en el caso extremo del médico, de cuya decisión inmediata depende la vida de un individuo; pero lo es, también, y más enfáticamente aún, para el profesional de la política, de cuya decisión depende incluso la situación de toda la sociedad.

 

Así, El Príncipe, analizado desde el campo de la axiología y teleología, no puede juzgarse sino inmoral.  Pero El Príncipe, como un tratado sobre política dirigido a los “príncipes”, ha de ser analizado en el marco estricto de las leyes de la deontología para poder entenderse y juzgarse acertadamente.  No se trata, pues, de un asunto de “dobles morales” ni de “egoísmo moral” o “relatividad moral” ni de “confrontación de códigos morales distintos”; es la misma y única teoría general de la moral, en el campo de sus casos complejos (a principios del siglo XIX, campo aún de la metaética, que con el desarrollo de las profesiones y su compromiso social, se fue esclareciendo).

 

En El Príncipe, Maquiavelo se mueve exclusivamente en el terreno de la ética deontológica (así en su tiempo no existiera teorizada), de ahí que el príncipe en todo momento ha de actuar conforme a los preceptos morales teleológicos y un buen hombre a la vista de la sociedad; pero en un momento dado, ha de tomar decisiones que contravienen toda buena norma moral, y habrá de estar dispuesto, incluso, a matar.  De ahí que no todos tengamos “la madera” de políticos[c].  Y es justo por ello, que el ciudadano común no pueda entender la manera de ser del político, el que con toda entereza le promete resolver su situación, pero que apenas da la vuelta hace todo lo contrario.  Y ese ciudadano común, acaba no pudiendo por más, que confiar en que el próximo, “ahora sí” actúe con honestidad moral.  Es decir, juzga al profesional de la política con el resero de su propia moral (independientemente de todo juicio de valor), y espera que el político haga lo que él haría, en un acto moral que obedece al deber ser y se atiene a las consecuencias.

 



[c] Entre 1974 y 1979, o en cierto modo hasta 1982 (entre nuestros 24 y 32 años de edad), fuimos militantes comunistas.  Lo fuimos producto del estudio, la convicción ideológica, y una cierta influencia y determinación social.  Y como yo, muchos otros jóvenes participaban igualmente.  Pero pertenecimos, y ahora entendemos por qué, a la militancia del “socialismo romanticista” de  los años setenta del siglo XX.  Una cosa era luchar románticamente por las ideas, y otra muy distinta estar dispuesto, y no como adoro, a enfundarse una escuadra al cinto.  Ello no es sólo un asunto exclusivo de valentía, sino también de consideraciones morales.  Cuando vaga, rudimentaria e intuitivamente fuimos entendiendo esto hacia principios de los años ochenta, optamos por continuar nuestra formación en el campo de la ciencia.

 



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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 00:01

Geopolítica del Eje del MalMaquiavelo, y la Ética Deontológica para su Acertada Interpretación.  Ensayo, 2010 (1/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 20 dic 10.

 

 

Introducción.

 

Sin lugar a dudas, los hombres son lo que su momento histórico.  Y sin lugar a dudas, los momentos históricos son brillantemente explicados por algunos hombres.  Nicolás Maquiavelo fue uno de esos hombres, producto de finales del siglo XV y principios del siglo XVI con el cual se iniciaba una nueva Era para la humanidad, pues el capitalismo impulsado por la clase social emergente, la burguesía, que asumía una condición revolucionaria con lo que ello implica en poner en juego la libertad y la vida, iniciaría el proceso de su establecimiento dejando en la historia el feudalismo.  Pero ese momento del inicio del capitalismo y el surgimiento del Estado burgués mediante el cual dicha clase social ejercería su poder, necesitaba de una explicación teórica que determinara su consolidación y sus fines.

 

En ello fue el primero, sin antecedente alguno, pues nunca antes tal teoría del Estado había sido del todo necesaria; los señores esclavistas y feudales, gobernaron sin más ley que la de su espada, en la brutalidad más abierta y sin más objeción que el filo de otra espada.  Maquiavelo (1469-1527), vive en el Renacimiento siendo éste la consumación del pensamiento humanista por el cual el ser humano no sólo es ahora el centro (por oposición al teocentrismo), sino por el cual el destino del ser humano, está en las manos del ser humano mismo; entre el último tercio del siglo XV y el primero del XVI, es un renacentista por excelencia, tras el cual se iniciaron las grandes revoluciones burguesas; la primera de ellas la encabezada por Guillermo de Orange en la lucha por la independencia, en ese entonces de Holanda, hoy Países Bajos, de España en 1568; luego la segunda comandada por Oliverio Cromwell en Inglaterra en 1649; con ello vinieron los teóricos de los aspectos particulares del Estado, como Hobbes (1588-1679), Locke (1632-1704), Montesquieu (1689-1755), o Rousseau (1712-1788); tras todo lo cual brotó la tercera y definitiva gran revolución burguesa: la Revolución Francesa de 1789, con la cual el capitalismo quedó definitivamente establecido.

 

Lo que comienza a determinar la vida de Maquiavelo, es la ciudad en la que nace: en Florencia, a decir de algún autor, la Atenas de la Época Moderna, en el norte de Italia, a medio camino entre Roma y Génova, Milán y Venecia, distribuidas de poniente a oriente en las llanuras de Río Po, antesala de los Alpes.  Y será en las relaciones políticas de Florencia, que Maquiavelo adquirirá su formación y percepción del mundo.

 

La idea de este ensayo, obviamente, no es el estudio exhaustivo y profundo de la vida y obra de Maquiavelo, sino, por lo contrario, el estudio de lo más general y esencial de una sola de sus obras: El Príncipe, la cual es el ofrecimiento de un conjunto de consejas y de reglas prácticas en veintiséis capítulos para las funciones de Estado, obra misma que por excelencia lo define –se ha dicho así–, en el ser realista.

 

Su participación en las funciones de gobierno desde sus veintinueve años de edad como Secretario de la Señoría entre 1498 y 1512, y luego en la Cancillería cumpliendo veinticuatro misiones diplomáticas, y como Consejero entre 1502 y 1503, le permitió comprender la esencia de la política: las ambigüedades morales del poder.  Su realismo era, como se le ha llamado, un “realismo moral”, no sólo determinado por los fines que perseguía, que era la unificación italiana en el inicio de la creación de los Estados-Nación que sucedía a la organización social feudal, sino esencial y precisamente, por la doctrina del humanismo.  Y todo ello estará en función del poder, de cómo conseguirlo y conservarlo.

 

En 1494, cuando Maquiavelo tenía veintisiete años, los Medici son exiliados a la invasión de Italia y el obligado paso por Florencia de Carlos VIII de Francia.  La República de Florencia pasó a ser gobernada entonces por el retrógrada y oscurantista absoluto que era Girolamo Savonarola[a], luego él mismo, por sus excesos, y a la muerte de su protector Carlos VIII, quemado por la Iglesia en 1498.  El poder paso al gobierno republicano de Piero Soderini, del que ya entró a formar parte Nicolás Maquiavelo en el Comité de Defensa.  No obstante, una invasión española en 1512 le infringe una derrota, tras lo cual vuelven los Medici al poder, terminando con ello la carrera política de catorce años de Maquiavelo.

 

Para 1513 gobierna Julián de Medici, el cual es asesinado en un complot en el que participa el papa mismo, para derrocar el gobierno de los Medici; los participantes en el magnicidio son reprimidos y asesinados inmisericordemente.  A Maquiavelo se le relaciona con la conspiración y es puesto en prisión y torturado.  A Julián II le sucede, en 1516, Lorenzo de Medici, con lo que Maquiavelo es exonerado, pero proscrito.

 

Y, en su aislamiento, trabajando sobre una de sus obras: Los Discursos Sobre la Primera Década de Tito Livio, la deja de lado, y en su lugar, en tres meses durante la segunda mitad de 1513, escribe El Príncipe.

 

Circunstancialmente hemos analizado los Estudios Preliminares de cuatro ediciones distintas[b] de dicha obra fundamental; encontramos en todas ellas, en común, la consideración moral en el análisis, incluso como el aspecto esencial de la obra.  Y en esa consideración, se oscila desde el rechazo en la condena como una obra de perfidia y absolutamente inmoral, a su aceptación como una obra de teoría política en la que lo moral no está presente.  Tal abierta gama de interpretaciones sobre El Príncipe, a cinco siglos de su elaboración, evidentemente revela que Maquiavelo aún no ha sido entendido; por lo menos, en el ámbito de la teoría política burguesa (paradójicamente, siendo para ella para la que se escribió).

 

Pero para entender a Maquiavelo se requieren dos cosas fundamentales: 1) un claro contexto ético, y 2) un objetivo contexto, no sólo del escrito, sino del momento histórico.

 



[a] En esa situación demencial que se suscita cuando se ha dado ya la descomposición total de un antiguo régimen, y su condición esencial reductio ad absurdum, se convierte en una desconcertante locura descomunal en todos los aspectos, que en el uso de conceptos muy contemporáneos, identificaríamos como el más puro y kafkiano surrealismo.  Savonarola es la figura representativa en el siglo XVI, de lo que al arribar a la segunda década del siglo XXI es ya la burguesía y su régimen capitalista.

[b] Ello no ha sido por un interés erudito en la obra de Maquiavelo, sino porque las cuales, desafortunadamente no referiremos, porque la adquisición de una, fue simplemente producto del extravío de la otra, y ahora aquí, simultáneamente a nuestra escritura, saltamos a los documentos en Internet para hacernos de los datos de referencia.

 



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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:20

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (20/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

14 abr 11.

 

3  Topografía.

 

El primer tipo de Carta Temática es aquella que se refiere a la representación de los rasgos más superficiales, indistintamente de su naturaleza física, biológica o social, y es conocida a su vez como: Carta Topográfica ( de topos, lugar, y graphé, describir), la cual va a amostrar de un lugar de la Tierra, la localización y distribución de la orografía (montañas), litología (rocas), vegetación, ríos, lagos y lagunas, e infraestructura urbana y rural.

 

Así, uno de los primeros problemas que se planteó a la geografía de los siglos XVI-XVII, fue, precisamente, superar la imprecisa representación de la orografía, hasta entonces representada ingenuamente en forma de vista oblicua, no obstante que en cierta cartografía moderna de temática turística o no técnica, se suele emplear dicha representación con técnicas de sombreado.

 

Philipp Bauche, en 1756, hemos visto, introduce el concepto de isolínea de Curva de Nivel, y con ello se logra una representación científica del relieve, en tanto de una imagen justa del mismo, pero, además, permite determinar valores precisos de elevación y pendiente. (fig.86).


86-Transecto-Oblicuo.jpg

 

Por otra parte, si bien desde la remota antigüedad sumerio-babilonia o egipcia se da un trabajo de deslinde de tierras, que crea socialmente al agrimensor, conocido también como geómetra, y más tarde llamado topógrafo, es hasta principios del siglo XVII, ya sea con Snellius o con Willeboard Shell de Royen, que se diseña un sistema de triangulación, formado cadenas que permiten referir a ellas las posiciones de las cosas mediante su medición con coordenadas polares; es decir, considerando un ángulo medido con la brújula, y una distancia en un lado base del triángulo, obtenido con una cinta métrica, o en grandes distancias mediante el tránsito, y dibujar así, con mayor precisión, la forma y contenido de los mapas. (fig.87).


87-Triangulacion-por-Coordenadas-Polares.jpg

 

El exhaustivo trabajo de triangulación y su verificación, fue optimizado mediante el uso de una nueva herramienta: la fotografía aérea; cuyo primera referencia de su empleo, data de 1904, en que los hermanos Wrigth, de los Estados Unidos, las tomaron de Alaska para su levantamiento topográfico, generalizándose a partir de 1934.

 

Las fotografías aéreas, de manera especialmente tomadas (incluyendo en una fotografía un 60% de la anterior, tomada en la línea de vuelo), permitieron desarrollar una nueva metodología de medición del espacio terrestre: la fotogrametría, puesto que con dichas fotografías tomadas así, y llamadas pares estereoscópicos (fig.88), es posible observar el terreno de manera natural en tercera dimensión, e incuso un par de instrumentos complementarios son el estereoscopio, y la barra de paralaje, que permitirán realizar mediciones de distancia y elevaciones directamente en la fotografía, método conocido como fotogrametría.


88-Fotointerpretacion.jpg

 

Finalmente, pasar de la fotografía aérea a la llamada imagen de satélite, dependió sólo de la puesta en órbita terrestre de éstos, lo que innovó los estudios del planeta.


89-Toma-de-Imagenes-de-Satelite.jpg

 

Y así como vemos que al topógrafo o geodesta, que miden el espacio terrestre para sus propios estudios acerca de la forma y dimensiones de la tierra, no les interesa por ese solo hecho el estudio de la multiplicidad de fenómenos que en ese espacio existen, así mismo al geógrafo, que se vale de esas mediadas y hace las propias en el estudio del espacio terrestre, ello no lo convierte, por ese solo hecho en estudioso de todo cuanto en dicho espacio existe (Fig.90).


90-Tridimenisonalidad-e-los-Campos-Fisicos.jpg 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:19

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (19/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

11 abr 11.

 

Dejemos a ese geógrafo fenomenista moderno y contemporáneo aún, limitado y embrollado allí con el pretendido estudio del os fenómenos, porque, a su entender acientífico, al conocimiento del espacio nada hay más qué hacerle; y adentrémonos aquí sí –para el tratamiento con los nuevos modelos del Globo Terráqueo–, al período hipotético-deductivo del desarrollo de la ciencia geográfica entendida como ciencia del estudio del espacio terrestre.

 

Distingamos primero otros posibles modelos de la esfera terrestre, que se fueron dando entre le siglo XV y nuestro tiempo.  Para ello continuaremos usando por comodidad las figuras literarias y de la historia de la cultura en la clasificación de estos globos terráqueos.

 

Al modelo de la esfera clasicista de los siglos XVI-XVIII que orgullosa mostraba sus logros, le siguió entre los siglos XVII-XVIII, el modelo barroquista de la esfera terrestre, es decir, pues, el Globo Terráqueo de adorno, porque en ella no había más qué hacer.

 

Subsecuentemente apareció, propio al siglo XIX, afín con los tiempos, el modelo romanticista-realista (fig.83), de la nueva fiel representación, surgida del mundo del aventurerismo colonialita.  Este Globo Terráqueo del siglo XIX que empezaba el rompimiento con los logros estáticos del clasicismo y la extravagancias insustanciales del barroco, para –en manos de los notables geógrafos de eses siglo–, ser usado con fines temáticos, hizo que la representación de la esfera terrestre dejara atrás una época de “objetivismo fosilizado”[a] de la representación de la realidad tal cual, sin más qué hacerle que no fuera “inventar”.  Con el nuevo subjetivismo propio del momento histórico que se vivía, se favoreció el rescate, nuevamente, el Globo Terráqueo como instrumento de estudio e investigación, traducido en la ciencia como el proceso de abstracción.


83-Globo-Terraqueo-Realista-Romanticista.jpg

 

El modelo realista del Globo Terráqueo fue usado para valorar la naturaleza, las zonas climáticas y su relación con las características regionales de los desiertos, vegetación y fauna, los rasgos etnográfico, etc.  Destacan, porque fueron los primeros en intentar la representación del técnica del relieve considerando la tridimensionalidad, con los mares azules en distintas tonalidades representando una pseudobatimetría o profundidades de los océanos.

 

Había ahí una mezcla de estudios fenoménicos de otro orden: de la Geografía como “ciencia de la localización”, de Vidal de la Blache, con estudios espacistas en el proceso del conocimiento de nuevas propiedades espaciales y sus representaciones cartográficas, por ejemplo, con la medición barométrica de las formas del relieve y su representación tridimensional a escala, o bien, combinando ello con el trazo de las isolíneas propuestas desde 1756 por Philipp Bauche, llamadas Curvas de Nivel, e incluso con la representación mediante la técnica de las isolíneas de ciertos eventos meteorológicos, como la distribución en la intensidad de las precipitaciones pluviales mediante las isoyetas; todo lo cual había sido introducido por los trabajos de Humboldt en la primera mitad del siglo XIX.

 

No obstante, inimaginable para ese momento histórico el Globo Terráqueo en la analogía del Homúnculo[b] (fig.84), pues qué podía ser eso sino, para los geógrafos idealistas, no una subjetividad, sino un monstruoso exceso de abstracción, como para los geógrafos materialistas del mecanicismo de los tiempos, una aberración subjetivista.


84-Globoide.jpg

 

Ello es así, porque los objetivos históricos de esta ciencia en esa época eran otros.  Hoy nuevamente ha cambiado, sobre la base de lo logrado entonces (fig.85).


85-Barimagnetoide.jpg




[a] Por “objetivismo fosilizado”, nos referimos aquí al Globo Terráqueo en la exclusiva representación de lo concreto, y en el cual no hay más esfuerzo de abstracción que la dada por la generalización del modelo a escala; algo equivalente a una especie de “fotografía tridimensional” de un mundo estático.

[b] Históricamente, el Homúnculo es una especie de duendesillo que pretendían crear los brujos medievales.  Actualmente se ha utilizado como modelo anatómico para valorar, por ejemplo, la jerarquización en el tiempo de algunos de los órganos de los sentidos, y así, siendo el sentido del tacto labial en los infantes el que primero se manifiesta, el Homúnculo empezaría por ser un “monstruo” de gigantescos labios, enorme lengua, grandes orejas, y, finalmente, diminutos ojos.  Otra vez, como en tantos otros caos; como en el de la transformación de los metales en oro; lo que los brujos medievales no lograron hacer, la ciencia contemporánea “lo ha conseguido”.  Por analogía, dicho Globo Terráqueo podría denominarse “Globúnculo”.



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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:18

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (18/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

 07 abr 11.

 

Cuadriculado así nuestro mapa, lo siguiente será ir graficando la información acerca de lo que se encuentra en dicha área, obteniendo su localización, ya desde hacerlo con la cinta métrica y brújula, o hasta con el teodolito y distanciómetro.

 

Así, a partir del siglo XVI, habrá que llenar los continentes con todos los datos de todo cuanto existe en ellos, y en este punto interviene Bernardo Varenio (¿1622-1650?), tal como en su tiempo lo había hecho igualmente Estrabón para el Ecumene, sistematizando la geografía descriptiva los fenómenos mediante las Relaciones Geográficas, fenómenos que se habrán de graficar en el mapa y se reconocerán mediante una simbología determinada, tal como ahora lo hacemos respecto de una Carta de Área Local, que por la representación de ciertos datos específicos, se denomina también, Carta Temátia (fig. 78-81).


78-Carta-Topografica-de-Cuernavaca--Carta-Tematica-Basic.jpg 79-Carta-Geologica-de-Morelos.jpg


80-Carta-Climatica-de-Morelos.jpg 81-Carta-de-Uso-del-Suelo-de-Morelos.jpg

 

El espacio geográfico está determinado en sus propiedades por la existencia de las cosas, los objetos o los fenómenos, como se les quiera llamar, tanto naturales como sociales.  Estrictamente, la geografía podría hacerse prescindiendo del conocimiento de qué tipo de fenómeno es el que está determinando las propiedades del espacio.  Sin embargo, cuanto más sepamos acerca de dichos fenómenos, mejor comprenderemos las propiedades esenciales más complejas del espacio mismo.

 

No obstante, ese conocimiento más a fondo acerca de la causalidad de los fenómenos, no implica que el geógrafo sea un estudioso o investigador de los mismos, sino que los toma de los demás especialistas y los expone por su parte de forma descriptiva.  Esto es lo que se llama descripción calificada.  Referirnos a las cosas con propiedad, es a lo que se avoca la descripción calificada, con la cual se realiza la parte geográfica conocida como geografía descriptiva o de Relaciones Geográficas.

 

Se entiende por Relación Geográfica, entonces, a la descripción calificada de los procesos o fenómenos tanto naturales como sociales, mediante lo cual, posteriormente se construirá la Carta Geográfica y se estudiará el comportamiento y tendencias de desarrollo del espacio terrestre.

 

El estudio en Geografía de los fenómenos, tiene por objeto, entonces, no el conocimiento de los fenómenos en sí, sino mediante ellos, de las propiedades más complejas del espacio.

 

Nos referiremos entonces a la Relación Geográfica, para llamar así a las monografías geográficas generales o temáticas (referidas al tratamiento de un fenómeno o conjunto determinado de fenómenos), de todos los tiempos, que recogen principalmente la información estadística o de censo, y las descripciones de un lugar determinado de la Tierra.

 

La Relación Geográfica constituye el acopio de datos que permiten, como en toda ciencia, la investigación causal.  En este caso, esa acumulación previa de datos, tendrá la finalidad de preparar el estudio de las propiedades del espacio terrestre: dónde y cómo están las cosas, cuál es su lugar y situación; cómo se distribuyen, cuáles son sus límites y extensión, qué conexiones y relaciones se establecen entre ellas; así como, en ese orden de coexistencias y relaciones, investigar cuáles son sus propiedades de movimiento, y su comportamiento (isotrópico, homogéneo, uniforme, simétrico, o sus inversos).  Los fundamentos para el levantamiento de Relaciones Geográficas, son los conocimientos acerca de la explicación de las cosas y de la sistematicidad de su tratamiento.

 

A lo largo de este texto nos hemos referido escasas dos veces al Globo Terráqueo, pero las veces que lo hemos hecho ha sido para destacar aspectos relevantes del desarrollo de la ciencia geográfica: en el primer caso, conel Globo Terráqueo de Crates, en el que se conjetura acerca de otras tierras continentales; y en el segundo caso, con el Globo Terráqueo de Behaim, en el que se problematiza la hipótesis de las posibles dimensiones de la Tierra.

 

El Globo Terráqueo ha sido, en los buenos tiempos de la ciencia geográfica, un documento de especial valía en la investigación.  Hoy sólo se le ve reducido a un adorno cuasi nostálgico de esos tiempo.

 

En este capítulo trataremos de rescatar dicho documento en calidad de lo que siempre ha sido para esta ciencia: un modelo del objeto de estudio.  Es decir, rescataremos al Globo Terráqueo a la luz de la metodología contemporánea, como un documento de prueba, de análisis, es decir, como un elemento experimental, y, por lo mismo, de enorme importancia didáctica.

 

A partir aproximadamente del siglo XIX, en que básicamente los parajes más recónditos de nuestro planeta  habían sido ahoyados, un aspecto más vino a sumarse a la problemática del desarrollo de la Geografía como ciencia: los mapas estaban llenos, no había más espacios en blanco ni áreas ocupadas de mítica simbología que invitaba a la exploración y el descubrimiento.  En ello se había cifrado el desarrollo de esta ciencia por toda la era medieval y parte de la época moderna.  La Geografía parecía haber cumplido su cometido social y no había ya más nada qué hacer, que reproducir su historia una y otra vez.

 

Con el mapa del Orbe completado, se avivó nuevamente la concepción estraboniana de la Geografía: ésta –a decir de esa corriente de pensamiento geográfico fenomenista estraboniano– no podía ser más la ciencia de los mapas, este no era si acaso, más que un medio para el estudio del os fenómenos.  La Geografía pasó a enfatizarse entonces más que nunca, como ciencia de los fenómenos.  Esa se veía como única salida a su desarrollo ulterior.

 

Redescubrir que en el mapa, en el fondo, el asunto no es el estudio de los fenómenos, sino el espacio, ha consumido prácticamente ya más de un siglo.  Pero esa situación teórica del geógrafo tuvo sus implicaciones en el Globo Terráqueo, a su vez completado: dejó de ser el modelo dinámico en constante cambio y búsquedad de explicación, para quedar como un modelo petrificado, estático, con el que no había más qué hacer, que usarlo como bella peza de adorno o de museo, para mostrar los logros de la humanidad.

 

Pero hasta allí, lo que había ocurrido, era sólo el cumplimento de los objetivos de una etapa en el proceso del conocimiento geográfico.  EL Globo Terráqueo renacentista no podía ser, justamente, mas que el acabado modelo que centró los esfuerzos de la investigación geográfica de muchos siglos, y en ese sentido, no podía ser, pues, mas que el modelo clasicista del Orbe, la expresión última del rescate del saber helénico llevado a su culminación. (fig.82).


Globo--1578


El mayor orgullo del Globo Terráqueo en el modelo clasicista, consistió, precisamente, en poder mostrar la completitud del conocimiento de la configuración del mundo, de su real forma y dimensiones, y de mostrar la existencia de todos los lugares posibles de conocerse.

 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:17

Ex-Libris Invertido  Geografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (17/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

04 abr 11.

 

Sucediendo a Hiparco, fue ahora Marino (s.I ane), quien propuso un nuevo modelo geométrico de proyección en lugar del plano, con base en un cilindro tangente en el ecuador (fig. 73).


73-Proyeccion-Cilindrica-de-Marino.jpg

 

La Proyección Cilíndrica de Marino, en última instancia, era una Gnomónica Ecuatorial de Hiparco, con la variante de que el plano de proyección envolvía ahora a la esfera terrestre tangente al ecuador.  Esta proyección arrojó enormes deformaciones hacia los polos en el sentido latitudinal, y movió ahora a Ptolomeo (90-168), a buscar y proponer el ajuste, mediante el cono como modelo geométrico de proyección. (fig.74).


74-Proyeccion-Conica-de-Ptolomeo--Construccion.jpg

 

La Proyección Cónica de Ptolomeo, ya del siglo II dne, ajustaba tanto las deformaciones de la Equirectangular de Hiparco, como las de la Cilíndirca de Marino, y, en todo caso, aumentaba la zona de representación correcta ya no reducida en torno a un punto como en las Geométricas Planas, sino en la zona a lo largo de un paralelo.  Su desventaja era la imposibilidad de la representación planisférica de todo el mundo, y una deformación en las zonas extremas, que, notadas por el mismo Ptolomeo, lo llevó a desarrollar la primera proyección ya no geométrica, sino modificada o calculada: la Proyección Homeótera (fig.75), que es la misma Proyección Cónica Simple, modificada por cálculo para ajustar las deformaciones extremas en los paralelos en su sentido longitudinal, y de ahí que la Proyección Homeótera, sea una Proyección Cónica Modificada, que representó el máximo perfeccionamiento del conocimiento y manejo del espacio terrestre hasta su tempo.


75-Proyeccion-Homeotera-de-Ptolomeo.jpg

 

En los siguientes siglos, principalmente entre el siglo VII y el XII posteriores al período de la patrística, el centro de producción geográfica se trasladó de Europa al mundo árabe, quienes viendo imposible la determinación de las longitudes en sus largas expediciones, dadas las condiciones tecnológicas de su tiempo, resolvieron los problemas de la configuración cartográfica y localización, valiéndose ahora ya  de un nuevo instrumento geográfico: la brújula, con la cual se trazan los llamados Mapas Portulanos (Mapas Náuticos o de Puertos), cuyo control está dado por los 32 rumbos magnéticos a partir de la “Rosa Náutica, o de los Vientos”, en combinación con la estimación de distancias.

 

La cartografía árabe fue, en consecuencia, más bien, de orden práctico (semejante a los Itineraria Picta, pero ahora en el ámbito náutico), o de solución del conocimiento del espacio terrestre en forma inductiva, es decir, reconstruyéndolo conforme se le iba conociendo (a diferencia del conocimiento del espacio terrestre por los griegos, que era deductivo, y avanzaba verificándolo).

 

Una vuelta al clasicismo griego que caracterizó el inicio del Renacimiento, fue iniciada con la Carta de Toscanelli (1397-1482), construida mediante un nuevo sistema de proyección: una Proyección Trapezoidal.  Esta proyección del espacio planisférico rescató la idea deductiva de su conocimiento y manejo, es decir, se establecía nuevamente una generalización teórica, y en función de ellas se iba integrando sus partes.

 

Esa generalización teórica tuvo una importancia fundamental: estimuló las expediciones de Cristóbal Colón al Oriente, por la Ruta de Occidente, simplemente porque se establecía efectivamente esa posibilidad teórica, en función de que se replanteaba nuevamente una Tierra esférica.  De acuerdo con la metodología árabe precedente, el recurso hubiera sido el tener que seguir integrando puerto por puerto de los litorales continentales, hasta bordearlos todos, y terminar de reconocer el mundo.

 

Así pues, el conocimiento de la esfera terrestre que se inicia con la determinanción de su magnitud por Eratóstenes, culmina entre los siglos XV y XVI, con la Carta de Toscanelli, el Globo Terráqueo de Behaim, y los viajes de Cristóbal Colón con las conclusiones de Américo Vespucio, que dajan una visión integrada del mundo hasta su tiempo.

 

El siglo XVI remata con la inclusión, por una parte, del sextante (evolucionado del astrolabio), con el cual era posible determinar con presión las posiciones de latitud; y, por otra parte, con la aparición del cronómetro, fundamental en la navegación de altura, mediante lo cual fue posible determinar ya las posiciones en longitud, perfeccionándose con ello las posiciones de los lugares y el delineamiento de los mapas.  Se aunó a ello la extraordinaria aportación de Gerardo Mercator (1512-1594): su Proyección Cilíndrica Tangente Conforme, que inica una nueva era en la náutica.

 

Finalmente, los mapas dejaron de ser los sistemas de proyección y su configuración planisférica, para empezar a ser lo que actualmente conocemos de ellos: 1) un sistema de proyección y de coordenadas geográficas, 2) un canevá cartesiano, 3) una escala, 4) una fecha de edición, 5) un título, 8) las leyendas o toponímios necesarios y suficientes, 9) un recuadro de localización del área que cubre la carta en una región más amplia, y 10) una clasificaciónn (fig.76).


76-El-Mapa-y-sus-Elementos-Principales.jpg

 

En las Cartas de Área Local actuales (por ejemplo, las Cartas de la Dirección General de Geografía, del Instituto Nacional de Esadística, Geografía e Informática), en las que la diferencia angular entre las coordenadas extremas puede ser tan sólo de segundos, se observa una cuadrícula especial (en línea azul).  Dicha cuadrícula no es más que eso, una cuadrícula que corresponde a un elemental sistema de coordenadas cartesianas (x,y).  Sus valores se observan en millones de metros, debido a que los orígenes del sistema se encuentran en la intersección del Antemeridiano y la latitud de 80º φS, conocida como “falsa abscisa”, de modo que todos los valores sean positivos (fig.77).


Proyeccion-de-Mercator

 

Ante el hecho de que un sistema de coordenadas geográficas deja de ser óptimo en una Carta de área local; mas no por ello inútil o innecesario; es suplido por dicho sistema de coordenadas cartesianas, más funcional al estar dado en valores ya no sexagesimales, sino centesimales, para determinar localizaciones y distancias.

 


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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:16

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (16/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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31 mar 11.

 

2  Cartografía.

 

Entre los griegos, conocedores ya de las propiedades espaciales de la esfericidad de la Tierra y de su simetríaa bipolar, se avanzó ahora sobre el problema de su magnitud.

 

Tocó a Eratóstenes en el siglo III ane, encontrar el método para determinar el perímetro de la esfera terestre.  En realidad, no podía partir más que del punto en que Diceraco le heredó los estudios del espacio terrestre: el conocimiento del punto de la Tierra de sombra cero in situ del gnomon y su valor angular de latitud correspondiente.

 

Eratóstenes reflexionó en que, siendo la Tierra una Esfera, un ángulo medido en el gnomon en algún punto de la Tierra, sería proporcional a una distancia de segmento de círculo sobre el mismo meridiano, entre ese punto, y el punto de sombra cero del gnomon en la fecha del solsticio; tanto como el ángulo total del círculo, lo sería a su perímetro.  Es decir, que habría una relación directamente proporcional entre el ángulo del gnomon, y una distancia; u los 360º del círculo, y su perímetro. (fig. 69).

 
69-C.alculo-Perimetro-de-Eraostenes.jpg

 

Se considera que el ángulo medido por Eratóstenes en el gnomon, fue de 7.2º, y que la distancia del arco de medido entre el lugar de la posición del gnomon y el Trópico ( sombra cero del solsticio), sobre el mismo meridiano, sería, en unidades actuales, de unos 800 km, de manera que si 7.2º correspondían a 800 km, 360º habrían de corresponder al perímetro de la Tierra, que, resolviendo la operación con los datos obtenidos, da un valor de 40,000 km.

 

Físicamente, hemos visto, la noción del espacio era de una naturaleza bidimensional; filosóficamente, de acuerdo con la autoridad de Aristóteles para ese entonces, el espacio terrestre era la superficie, en este caso, de la esfera terrestre.  Conocido el valor del perímetro de dicha esfera, la medida del espacio terrestre (el valor de su extensión superficial), era algo plenamente determinado.

 

Representar los rasgos de la Tierra en un Globo Terráqueo como lo hizo Crates en el siglo II ane, resultaba algo sin dificultad.  La incomodidad, era transportar el Globo Terráqueo mismo.  De ahí que se planteó el problema de representar los rasgos del Globo Terráqueo, en un plano o mapa, a su escala.

 

La transformación geométrica de la esfera en un plano no tiene una solución única: o el plano sufre cortaduras conservando los rasgos verdaeros de los continentes, o se conserva la continuidad en el plano, sacrificando la figura verdadera de los continentes con ciertas deformaciones.  Así empezó la búsqueda de un sistema de proyección cartográfica que fuese idóneo.

 

Hiparco (s.II ane), asumió por primera vez la tarea, construyendo una primera representación, mediante una Proyección Cartográfica No-Verdadera (fig. 70).  Es decir, simplemente trazó un semimeridiano central (la mitad del perímetro de la Tierra), a escala, dividiéndolo en partes iguales, por cuya parte central trazó enteramente el ecuador, a su vez, a escala (resultando del doble de longitud, por lo tanto, que el semimeridiano central), y trazó cada uno de los paralelos, como líneas de igual magnitud que el ecuador, y paralelas a este.


70-Proyeccion-Equirectangular--Hiparco.jpg

 

El ecuador lo dividió a su vez, proporcionalmente en las mismas partes que el semimeridiano central, quedando la red de paralelos y meridianos como una cuadrícula de rectángulos iguales; de donde dicha Proyección tomo su nombre como: Proyección Equirectangular.

 

Al configurar los continentes, puede apreciarse la enorme deformación que se produce en sentido longitudinal, siendo tanto mayor dicha deformación, cuanto más nos aproximamos hacia los polos, debido a que los círculos paralelos rectificados, cuanto más próximos a los polos, deberían tener cada vez una mayor extensión o longitud métrica.  Dichas deformaciones no significan que la Proyección o el mapa “estén mal”, sino simplemente que así es esa Proyección.

 

Poco después, el mismo Hiparco diseñó un modelo de proyecciones verdaderas, o proyecciones geométricas planas.  Imaginó proyectar la red de paralelos y meridianos, conocido también como canevá, sobre un plano tangente a la Tierra en tres posibles posiciones: 1) tangente al ecuador, 2) tangente a los polos, y 3) tangente en cualquier punto intermedio entre el ecuador y los polos, o posición oblicua o meridiana.

 

A la vez, cada una de esas tres posibles proyecciones de acuerdo al la posición del plano, se dividió en tres tipos de acuerdo con la posición, ahora, del foco de proyección: 1) en el centro, o gnomónico (fig. 71); 2) diametralmente opuesto al punto de tangencia, o estereográfico (fig. 72); y 3) en el infinito, opuesto al plano de proyección, u ortográfico.  De modo que se tendrá la siguiente serie de Proyecciones Cartográficas posibles:

 

1       Gnomónica Ecuatorial

2       Gnomónica Polar

3       Gnomónica Oblicua.
 

4       Estereográfica Ecuatorial

5       Estereográfica Polar

6       Estereográfica Oblicua.

 

7       Ortográfica Ecuatorial

8       Ortográfica Polar

9       Ortográfica Oblicua.


 71-Proyeccion-Gnomonica-Ecuatorial--Hiparco.jpg 72-Proyeccion-Estereografica-Polar--Hiparco.jpg

 

Con ello, en lo fundamental, la elaboración de los mapas estaba científicamente definida.  Si la primera Proyección, la Equirectangular, deformaba en las regiones polares en sentido longitudinal, ahora las Proyecciones Geométricas Planas eran justas sólo en las proximidades del punto de tangencia del plano de proyección.

 


 

 

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3 febrero 2011 4 03 /02 /febrero /2011 00:15

Ex-Libris InvertidoGeografía Básica.  Libro Básico de Consulta, 1994 (15/).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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28 mar 11.

 

El menhir, es el equivalente pétreo, fijo y permanente, del gnomon, una vara encajada en el suelo en posición vertical, de cuya sombra se podía establecer el círculo horario, y su equivalente sexagesimal en grados (de grada o escalón, dispositivo que de algún modo debió haber sido complemento del gnomon).  De manera que el menhir o gnomon, constituye el primer instrumento geográfico, tal que, incluso, permite determinar una propiedad especial del espacio: el tiempo.

 

Se considera que el valor de distancia de 0.83 cm, conocido como “Yarda Megalítica”, es la unidad de espacio más antigua conocida.  Determinar este valor en ciertas mediciones prácticas, supuso el empleo de un instrumento, el segundo instrumento geográfico: la cinta métrica.

 

Se le empleó necesariamente para levantar los emplazamientos megalíticos de menhires conocidos como Alineamientos, con la exactitud que requerían para su función.  Pero con la cinta métrica, debió aparecer lo que actualmente conocemos como compás, dispositivo sin el cual no hubiera sido posible construir el cromlech.

 

Es decir, el menhir en forma de cromlech o henge, o el gnomon con una escala, formarán otro instrumento de observación y medición, que permitió desentrañar propiedades del espacio aún más complejas vinculadas al tiempo: las Estaciones del Año y sus Solsticios y Equinoccios.

 

Hasta aquí, hacer un mapa sólo requería de una correcta orientación, y una buena estimación de distancias.  Todas esas observaciones cosmográficas en que se apoyó la construcción de esos mapas, apenas eran el inicio del conocimiento de la estructura del espacio terrestre; el siguiente paso, sería discurrir de la “mecánica celeste”, a la “mecánica terrestre”, y ese paso le tocaría darlo a los griegos.

 

El último elemento preparatorio en ese sentido, consistió en la observación de la altura de la Polar, conforme el desplazamiento del observador, ya en dirección Norte o Sur (fig. 66).  Cuando el observador se desplaza al Norte, la altura de la Polar aumenta, al moverse hacia el Sur , la Polar deciende hacia el horizonte.


66-La-Altura-de-la-Polar.jpg

 

Si bien los cromlech fueron el medio de observación de los equinoccios y solsticios; levantados así, megalíticamente para mostrar de ese modo la eternidad de una regularidad y la solidez de una ley natural; no quedó, sin embargo, registro de mediciones.  Esta última fue, por lo tanto, la contribución específica de los griegos como Eudemo y Dicearco, quienes finalmente, uno, aproximó las medidas de los trópicos, y otro las determinó con precisión.

 

Desconocemos el procedimiento que emplearon, pero entre Anaximandro (610-547 ane) y Dicearco (326-296 ane), es decir, entre los siglos VI a III ane, se produjo un enorme salto en el intelecto: se pasó de la concepción plana del mundo, a su concepción esférica (fig. 67); en todo caso, por la especulativa conjetura de Pitágoras (580-500 ane) acerca de la figura geométrica perfecta, y luego, principalmente por la conjetura evidenciada de manera práctica por Aristóteles (384-322 ane), al señalar la curvatura de la Tierra sobre el disco de la Luna, y la esfericidad de la Luna misma, considerada por las sombras de su propio relieve; esto es, justo en el siglo IV ane.


67-Espacio-Geografico-Aristotelico.jpg

 

Es decir, muy probablemente el recurso para determinar los 23º 27’ de latitud para los trópicos; que ya suponía de por sí la concepción de la Tierra como una esfera seccionada por una serie de líneas imaginarias; un ecuador o línea de círculo máximo que divide a la Tierra en dos hemisferios con centro en los polos norte y sur; por los paralelos que definen los valores angulares de latitud (anchura) entre 0º y 90º entre el ecuador y los polos en una serie de círculos paralelos al ecuador; y los meridianos (de “medio día”), que a su vez definen los valores angulares de longitud (largura) entre 0º y 180º tanto al Este como al Oeste a partir de un Meridiano de Origen convencional; o líneas imaginarias que a su constituyen círculos máximos que seccionan la Tierra pasando por sus polos; se logró con la determinación de la sombra cero del gnomon, en relación con la altura de la Polar; que hacía de dichas conjeturas una verdad científica demostrada: la Polar se elevaba, porque el plano por el que se movía el observador hacia ella, no era recto, sino curvo: precisamente el correspondiente a una esfera.

 

Así, no sería difícil concluir que la determinación de la latitud de los trópicos se haya definido con el ángulo de la altura de la Polar medido con el astrolabio, en el punto de sombra cero del gnomon in situ.

 

Si al cuadrante de 90º de una esfera se le restan los 23º 27’ de la latitud de los trópicos, el resultado de 66º 33’, corresponderá a la latitud de los círculos polares; línea paralela al ecuador en la cual los rayos solares tocan tangencialmente la superficie terrestre en el momento de cada solsticio.

 

En cuanto a la medición de esa propiedad especial del espacio: el tiempo, no fue, sin embargo, sino hasta 1882 en que quedó determinado por una distribución regular de valores longitudinales de 15º cada uno, conocidos como Husos; resultado de dividir los 360º del círculo ecuatorial, entre 24 partes u horas.

 

El origen de su medición a partir de un Meridiano Central, ha cambiado en distintos momentos de la historia.  El primero de ellos en el período heleno-romano, se estableció en el Meridiano de Rodas.  Más tarde, en el período del Imperio Español, en las llamadas “Columnas de Hércules” o Estrecho de Gibraltar; y, finalmente, en nuestra época, en el Observatorio de Greenwich, en Inglaterra.  A partir de allí y en dirección hacia el Este (Oriente o Levante), cada 15º se cuenta progresivamente una hora, y en el Antemeridiano, a los 180º, pasando por el Estrecho de Bering y prolongándose por el centro del Océano Pacífico, se establece la Línea Internacional del Cambio del Tiempo (o cambio de día) [fig. 68].


68-Husos-Horarios.jpg

 


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