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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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27 enero 2011 4 27 /01 /enero /2011 00:01

Ícono Cursos Crónica de la Experiencia

en la Impartición de los Cursos a Distancia (1).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es;

La Tierra ≈19ºφN, 99ºλW, 27 ene 11.

 

Decidimos incluir esta breve crónica que, en su caso, iremos actualizando.  Ello se funda en el hecho de que, por una parte, crear este Blog y obsequiar sin restricción alguna todos nuestros conocimientos al que los desee aprovechar, fue, en la información que este proceso ha significado, una manera de trasmitir el conocimiento y dar continuidad al conocimiento científico en nuestro campo de estudios.  Pero, por otra parte, vimos que podíamos hacer algo más que meramente informar de lo nuestro, ofreciendo la posibilidad de formar al otro, compartiéndole la metodología.

 

Ya se podrá digerir toda la información habida, que de no procesarse metodológicamente, ello será apenas el conocimiento empírico y descriptivo acerca de algo; el positivismo ha creído que esto es toda la ciencia, y con base en él así se nos ha formado en las instituciones educativas, haciéndonos meramente reproductores al infinito de ese conocimiento, pero sin capacidad de producir lo nuevo.

 

Pero ahora, aquí, en este “Espacio Geográfico”, estamos en posibilidad de darnos otra formación, tal que nos posibilite el ser realmente productores de conocimiento nuevo.  Y darnos otra formación, implica dotarnos de otra metodología, de una metodología distinta a la positivista (en cualquiera de sus variantes), y la propuesta es aquí, la metodología dialéctico materialista; misma con la cual hemos producido toda la información contenida en este Blog.

 

Así, antes que los quarks que nos integran se diluyan nuevamente en la sustancia material del Universo[*], sería bueno dejar en este mundo no sólo la información acerca de lo que produjimos, sino incluso la formación en aquellos capaces de desarrollar y de darle continuidad a ello.

 

La crónica de esta experiencia inicial se ha empezado a elaborar en geografía, donde la necesidad del método que nos permita ir más allá de la descripción empírica de lo dado, es particularmente evidente.  Ningún otro fundamento gnoseológico nos da estos elementos con tanto rigor, como las categorías y leyes de la dialéctica materialista; y hemos empezado ya a experimentar la explicación práctica de la formación en ello, a partir de la investigación concreta del propio interesado.  Esperamos ver pronto resultados que aquí narraremos.

 

Pero la experiencia no se reduce a esa formación en lo geográfico, sino a su vez a la enseñanza del método en el hacer práctico concreto, y más aún, mediante el recurso de hacerlo a distancia, y ello está resultando toda una experiencia totalmente nueva.  Aquí estamos invitando a ese curso especial de investigación compartida; esto es, a aquella persona que está en el mismo problema de investigación para resolver la didáctica de la enseñanza a distancia, intercambiando experiencias y resolviendo conjuntamente, en donde, por nuestra parte, ofrecemos la experiencia de la aplicación del método dialéctico materialista a la solución fenómeno.

 

Al respecto, por ahora, narraré sólo un anécdota interesante en ese asunto de “todo ocurre por algo”.

 

Nos preparamos a abandonar la Universidad privada en la que estábamos hacia mediados de 2010, reelaboramos nuevamente nuestro currículum y empezamos a presentarnos a una decena de otras instituciones.  Ello nos dio ocasión de platicar con los directivos de éstas, convirtiéndose ello en una exploración de la situación educativa del momento, en la que todo era una constante: alta deserción, disminución de la matrícula, y en consecuencia, cierre de licenciaturas o carreras, en un caso incluso del cierre de la institución misma; ajuste a la baja de salarios de los profesores y pérdida de la calidad profesional educativa; en general, cansancio, hartazgo, decepción, incapacidad para dar soluciones.  Se anuló la educación pública para favorecer a la educación privada, y tras veinte años, la escuela privada demostró su inviabilidad.  En suma, ese ámbito laboral no era ya más una opción.

 

Curiosamente, en la última institución en la que nos presentamos, nos encontramos con un compañero, excelente persona, con una apertura de criterio sorprendente en este medio; pudimos platicar ampliamente, por ello, de la problemática que se estaba experimentando.  Todos los directivos, incluyéndolo a él, se quejaban de que la “universidades grandes” estaban disminuyendo sus colegiaturas, y de ese modo sustrayéndoles la matrícula; pero resultaba que por la información que estaba recopilando en los hechos, la “universidades grandes” se quejaban de que ya era demasiada la competencia de las “universidades pequeñas” que con bajas colegiaturas les sustraían la matrícula.  Hacer conciencia de lo que estaba ocurriendo fue automático.  Había un mal diagnóstico por todos; la crisis, en consecuencia, era más profunda; no era una simple crisis de “competencia”, sino una real crisis educativa general, como reflejo de la crisis económico-social.

 

Buscando soluciones, empezamos a hacer propuestas (ahí nos dimos cuenta de que había ese factor adicional del cansancio, la decepción y el hartazgo), nada parecía funcionar como alternativa.  El ambiente en esta escuela se dibujaba con posibilidades de innovar con la alternativa de la educación abierta o semiescolarizada, e incluso a distancia.  De momento organizamos una conferencia, y un día, estando en ese proceso, llegué temprano disponiéndome a esperar.  Ese lapso fue suficiente para sacar un papel y pluma, y elaborar una propuesta sobre la posibilidad de la educación abierta, cuyo principal problema es el método, e incluyendo por lo tanto, también la propuesta de solución a ello, en algo que llamamos en ese momento: la didáctica de “La Tercera Reflexión”; con lo que de hecho empezamos planteando el problema a resolver y a teorizar en esta investigación.  Al final, el proyecto de enseñanza abierta tampoco se vio viable, y nos quedamos con nuestros garabateados apuntes del proyecto en un arrugado papel.

 

No funcionando nada, más allá de nuestra voluntad, a mediados de octubre dejamos de insistir en la posibilidad de la opción institucional, y luego de participar en unos dos proyectos colectivos, que precisamente en lo colectivo tenían su principal obstáculo, el 6 de diciembre de 2010 nos decidimos a darle un giro a lo que muy personalmente veníamos haciendo en este Blog, surgiendo así, de manera natural, el ofrecimiento de los cursos de formación en las asesorías aplicadas concretas mediante una necesaria y legítima cuota de inscripción que permita mantener este proyecto.

 

Esperamos que el lector vea la riqueza de la experiencia de una investigación educativa involuntaria, y con ella, lo que objetivamente está ocurriendo en el campo de la educación, entendiendo la oportunidad de darle un giro a su formación profesional.

 



[*] Bueno, en esto de la “mercadotecnia”, nunca está de más un poco de dramatismo, sin que ello deje de ser realidad.

 



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27 enero 2011 4 27 /01 /enero /2011 00:01

    Ser Social y Conciencia Social,

 en un Momento Histórico

Crucial para la Humanidad.

Ensayo, 2011[a] (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

    enero 2011.

 

Introducción.

 

El ser social: la naturaleza transformada de una manera dada en recursos materiales para la vida de la sociedad; y la conciencia social: el conocimiento científico; objetivo, causal, lógico, demostrable experimentalmente y en la práctica histórico-social, y por lo tanto conocimiento verdadero; como fundamento de la responsabilidad y el compromiso del individuo ante la sociedad; en uno de los momentos más críticos en la historia de la humanidad.  De ello es de lo que trata este ensayo.

 

La lógica del mismo tiene como premisa antecedente, pues, lo dado en el uso de los recursos naturales en la organización social del siglo XX, parte de la cual ha sido la experiencia de la organización social socialista; de modo que en una premisa de tesis, afirmamos para el siglo XXI una urgente nueva reorganización de la sociedad, para el uso diferente de esos recursos naturales.  Demostrar tal tesis pareciera quizá la fútil demostración de lo evidente, pero el panorama cambia cuando la hipótesis acerca de esa reorganización concreta de la sociedad, presupone esa sociedad socialista.

 

A partir de los años setenta del siglo XX, basándonos en nuestra experiencia personal empírica, como en el análisis teórico de ciertas obras, tales como el primer estudio global publicado bajo el título de “Los Límites del Crecimiento”, de 1972, entre otros, comenzó un proceso de deterioro generalizado[b], ambiental, económico, social, moral, político; a dos décadas a partir de entonces, la experiencia socialista del siglo XX había dado ya de sí todo lo que podía dar, y el sistema capitalista obtenía de ello menos que una magra victoria pírrica, en la que, pareciendo que había ganado así fuese una pobre victoria, el resultado es que también perdía, pues quedaba al descubierto su punto límite, como lo expresara Lenin, en ese capitalismo monopolista imperialista, al que los capitalistas “triunfantes” le dieron en llamar “globalizado”.  Han transcurrido desde aquel origen, entonces, cuarenta años, y es ya más que evidente, producto ya no sólo de la crítica marxista, sino en el pasmo del reconocimiento por la propia intelectualidad especialista en la materia ocupada en justificar al sistema capitalista, que dicho modo de producción, a su vez, ya ha dado de sí todo lo que podía dar.

 

Y en ese límite de las cosas, la humanidad entera se debate entre una teoría del socialismo que perdió autoridad moral, y una profunda alienación social; de una humanidad sumida en el desconcierto de la necesidad y de alternativas impensables; en unos por intereses económicos y razones ideológico-políticas, y en otros, por los prejuicios, por la pérdida de la conciencia social, producto de la acientificidad y de la alienación.

 

Pero una cosa es la experiencia socialista del siglo XX, la aplicación de la teoría; como a su vez otra lo fue la experiencia socialista del siglo XIX; y otra cosa es la teoría misma del socialismo, dialécticamente renovada a la luz de sus experiencias, como alternativa a la reorganización y desarrollo social en la sociedad socialista, para el siglo XXI.  Así, parafraseando, pudiéramos decir que “una cosa es el marxismo, la aplicación práctica, el desarrollo siempre complejo; y otra cosa es Marx, el fundamento teórico general”; y en ese sentido, a veinte años de terminada abruptamente la experiencia del socialismo del siglo pasado, cabe preguntarnos ahora, “¿Y qué con Marx?”; esto es, veinte años después: ¿y qué con la teoría del socialismo dialécticamente renovada a la luz de sus experiencias?

 

Así pues, dadas esas experiencias; que se sintetizan por las condiciones históricas concretas en que se dieron, en una lógica contraria al principio teórico de extinción del Estado, así como en priorizar el principio político de razón de Estado de la dictadura del proletariado (reservado por lo tanto al político del Estado socialista), antes que exponerse ella como lo que en esencia es: la democracia socialista; se impone entonces la necesidad de la reafirmación de la tesis de que toda democracia socialista, es el Estado en su propio proceso de extinción, ya que ello es el poder del pueblo organizado en la igualdad y la planificación económico-social.

 

Lo esencial a demostrarse aquí, es, entonces, el que toda democracia socialista, es el poder del pueblo organizado en la igualdad y la planificación económico-social; no obstante, de ello tomaremos aquí sólo una faceta: la necesidad de la reorganización social, sobre la base de la experiencia positiva de la planificación económico-social, ante el deterioro del mundo por las caóticas y obsoletas relaciones capitalistas de producción.

 

*

 



[a] Documento base de la conferencia para la “Semana del Marxismo” organizada por Sociedad “Política Quántica”, 28-29 de enero de 2011.

[b] Recientemente, en el ámbito de la lingüística, se tomó el texto de miles de libros digitalizados y se les hizo una serie de búsquedas por palabras clave; algo que detectaron, fue precisamente que a partir de los años setenta, se presenta, expresado por el lenguaje, el reflejo de ese declinamiento generalizado (www.elcastellano.org).

 



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24 enero 2011 1 24 /01 /enero /2011 00:02

 “Discutamos México”…; Discutámoslo Entonces…

Tema: Desarrollo Sustentable (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/;

20 ene 11.

 

 

Biocombustibles: Demencialidad Absoluta del Capitalismo.

 

¿Acaso podrá tener futuro una humanidad en la que demencialmente sus alimentos básicos son usados como combustible para los automóviles?

 

En un reciente artículo, Fidel Castro también trata algo de estos asuntos, y como Julia Caravias, también se refiere a “la población de la Isla…, la cual vivía en equilibrio con la naturaleza”[1]; sólo que él está hablando, primero, de lo que era hace cinco siglos; y segundo, del modo de producción comunitario primitivo, sustituido a la conquista española por el sistema de producción esclavista.  Y no casualmente termina la exposición de estos antecedentes diciendo: “Para los que deseen entender no hace falta más”[2].

 

Luego del análisis histórico reciente, concluye, y dada su importancia, transcribimos en toda su extensión:

 

“En este momento la humanidad está enfrentando problemas serios y sin precedentes. Lo peor es que en gran parte las soluciones dependerán de los países más ricos y desarrollados, quienes llegarán a una situación que realmente no están en condiciones de enfrentar sin que se les derrumbe el mundo que han estado tratando de moldear en favor de sus intereses egoístas, y que inevitablemente conduce al desastre.

 

No hablo ya de guerras, cuyos riesgos y consecuencias han transmitido personas sabias y brillantes, incluidas muchas norteamericanas.

 

Me refiero a la crisis de los alimentos originada por hechos económicos y cambios climáticos que aparentemente son ya irreversibles como consecuencia de la acción del hombre, pero que de todas formas la mente humana está en el deber de enfrentar apresuradamente. Durante años, que en realidad fue tiempo perdido, se habló del asunto. Pero el mayor emisor de gases contaminantes del mundo, Estados Unidos, se negaba sistemáticamente a tomar en cuenta la opinión mundial. Dejando a un lado el protocolo y demás tonterías habituales en los hombres de Estado de las sociedades de consumo, que en su acceso al poder los suele atolondrar la influencia de los medios de información masiva, la realidad es que no prestaron atención al asunto. Un hombre alcoholizado, cuyos problemas eran conocidos, y no necesito nombrar, impuso su línea a la comunidad internacional.

 

Los problemas han tomado cuerpo ahora de súbito, a través de fenómenos que se están repitiendo en todos los continentes: calores, incendios de bosques, pérdidas de cosechas en Rusia, con numerosas víctimas; cambio climático en China, lluvias excesivas o sequías; pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan India, China, Pakistán y otros países; lluvias excesivas en Australia, que inundaron casi un millón de kilómetros cuadrados; olas de frío insólitas y extemporáneas en Europa, con afectaciones considerables en la agricultura; sequías en Canadá; olas inusuales de frío en ese país y en Estados Unidos; lluvias sin precedentes en Colombia, que afectaron millones de hectáreas cultivables; precipitaciones nunca vistas en Venezuela; catástrofes por lluvias excesivas en las grandes ciudades de Brasil y sequías en el Sur. Prácticamente no existe región en el mundo donde tales hechos no hayan tenido lugar.

 

Las producciones de trigo, soya, maíz, arroz, y otros numerosos cereales y leguminosas, que constituyen la base alimenticia del mundo —cuya población asciende hoy, según cálculos a casi 6 900 millones de habitantes, ya se acerca a la cifra inédita de 7 mil millones, y donde más de mil millones sufren hambre y desnutrición— están siendo afectadas seriamente por los cambios climáticos, creando un gravísimo problema en el mundo. Cuando las reservas no se han recuperado totalmente, o solo en parte para algunos renglones, una grave amenaza ya está creando problemas y desestabilización en numerosos Estados.

 

Más de 80 países, todos ellos del Tercer Mundo, ya de por sí con dificultades reales, están amenazados con verdaderas hambrunas.

 

Me limitaré a citar estas declaraciones e informes… [y, suprimiendo esta parte por nosotros que transcribimos, remitiremos al lector a la fuente para sus detalles].

 

Los problemas son dramáticamente serios. No todo sin embargo, está perdido.

 

La producción actual calculada de trigo alcanzó la cifra de casi 650 millones de toneladas.

 

La de maíz, rebasa esa cantidad, y se acerca a los 770 millones de toneladas.

 

La soya podría acercarse a los 260 millones, de los cuales Estados Unidos calcula 92 millones y Brasil 77. Son los dos mayores productores.

 

Los datos en general de gramíneas y leguminosas disponibles en el 2011 son conocidos.

 

El primer asunto a resolver por la comunidad mundial sería escoger entre alimentos y biocombustibles. Brasil, un país en desarrollo, desde luego tendría que ser compensado.

 

Si los millones de toneladas de soya y maíz que se invertirán en biocombustibles se destinan a la producción de alimentos, la elevación inusitada de los precios se pararía, y los científicos del mundo podrían proponer fórmulas que de alguna forma puedan detener e incluso, revertir la situación.

 

Se ha perdido demasiado tiempo. Es hora ya de hacer algo”.

 

<<Es hora ya, de hacer algo>>…, pero qué.  Qué, que ante la disyuntiva de la extinción de la especie humana en medio de hambrunas, no pueda ser mas que la insurrección mundial generalizada contra el capital.

 

Y tendremos que concluir con Fidel Castro: <<Para los que deseen entender, no hace falta más>>.

 



[1] Castro Ruz, Fidel; Es Hora de Hacer Algo; en la Serie “Reflexiones del Compañero Fidel”; Granma Internacional Digital, 20 de enero de 2011.

[2] Ibid.

 



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24 enero 2011 1 24 /01 /enero /2011 00:01

 “Discutamos México”…; Discutámoslo Entonces:

Desarrollo Sustentable.  Artículo (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/;

20 ene 11.

 

Prólogo.

 

En la segunda semana de enero de 2011, el Canal Televisivo del Instituto Politécnico Nacional en México, trasmitió, con motivo del Centenario de la Revolución Democrático-Social de 1910-1917 y el Bicentenario de la Independencia de 1810-1821, en la Serie “Discutamos México” (paneles de análisis del tema por especialistas), el programa con el tema: “Desarrollo Sustentable”.

 

No hubiera sido objeto de tratamiento aquí, de no ser por la invitación que se nos hizo a impartir una conferencia con el tema: ¿“Y Qué con Marx”?, para lo cual comenzamos a elaborar un ensayo previo a esos días con el título “Ser Social y Conciencia Social en un Momento Crucial para la Humanidad”; es decir, en lo cual, el medio natural, como base material del desarrollo de la sociedad, al ser transformada de una determinada manera o por un modo de producción, en recursos naturales, forma precisamente lo que Marx denominaba el ser social.  Y, en consecuencia, el chocoso tema en su análisis teórico burgués o capitalista, del “desarrollo sustentable”, quedaba subyacente.

 

Vimos el programa televisado dos veces (gracias a su repetición por la televisora), y la segunda vez, en función del ensayo que elaborábamos, ya se nos ocurrió grabarlo.

 

Hoy, 20 de enero, que nos disponíamos a redactar su análisis crítico, apareció en el periódico “Granma Internacional Digital” (tomado a su vez de “CubaDebate”), el artículo “Es Hora de Hacer Algo”, de la Serie “Reflexiones del Compañero Fidel”, del cual tomamos precisamente algunas reflexiones fundamentales vinculadas a nuestro mencionado ensayo en preparación.

 

 

El Imposible “Desarrollo Sustentable” Capitalista.

 

El imposible “Desarrollo Sustentable” que como planteamiento teórico de la intelectualidad de la sociedad capitalista se plantea como solución al desarrollo de este sistema económico-social, en su negación, no es un asunto teórico, sino una realidad práctica concreta.

 

En general, en este programa televisivo, el “Desarrollo Sustentable” fue definido por la funcionaria Julia Caravias muy elegantemente, como: <<La durabilidad de la matriz ambiental>>, que es complementado por el Moderador del panel, José Sarukhan, como “algo que debe derivar en un bienestar social, en un beneficio”; y sobre esa base, se debatió en el panel sobre el tema.

 

El primer panelista en intervenir fue el investigador Ricardo Pozas, que al considerar el problema del desarrollo y la modernización, ve el problema de que en esta sociedad se conciba el éxito como la acumulación de bienes y el inmediatismo, con su consecuente impacto en la naturaleza.

 

La lectura aquí es una: que, en el dejo de una solución moral al problema, el sistema capitalista de producción es, en su esencia, devastador de la naturaleza.

 

Luego intervino, a petición del Moderador, el investigador en economía Rolando Cordera, quien empezó explicando que el concepto de “sustentable”, económicamente, se refería al problema de los equilibrios macroeconómicos, y que, por lo tanto, el actual sistema económico no corresponde a la idea de “sustentabilidad” tal como se expresó inicialmente (es decir; la durabilidad de la matriz ambiental, que debe derivar en un bienestar beneficio y social).  La economíaa se separa de la sociedad y del ambiente.

 

Casi interrumpiéndolo, Sarukhan complementa la idea de Rolando Cordera con la expresión de que, en ese sentido, “la economía debe entenderse no como un fin, sino como un medio”.  Y este último concluye agregando a su intervención que “sin la naturaleza no hay economía y no hay sociedad”, dejándolo todo al asunto del “sentido común”.

 

La lectura ahora es más esencial: el discurso teórico ambientalista del “desarrollo sustentable”, es contradictorio con la realidad práctica del sistema económico-social.

 

Vuelve a tomar la palabra el investigador Ricardo Pozas, ahora para centrar su crítica al sistema, en el consumismo, como una causa del deterioro; y a ello agregó que, en esa condición, no habrá manera de responder a los problemas y a la inconformidad y los movimientos sociales.  Y con un “Bueno…” en un tono un tanto menospreciativo, Sarukhan cierra la intervención de Ricardo Pozas.

 

Lectura: la naturaleza del capitalismo hace imposible el llamado “desarrollo sustentable” (e incluso, por la forma en que se dijo, hace imposible ya todo desarrollo social), lo que habrá de derivar en conflictos sociales.  Luego, el problema es el orden capitalista en sí.

 

Toma la palabra ahora Julia Caravias, la cual, anteponiendo que el desarrollo adecuado y el bienestar social se hace difícil en la situación actual, de la que hace una breve relación estadística del deterioro ambiental: 30% de deforestación; 40% de degradación de los suelos; 90% de los suelos en riesgo; 70% de la cuencas acuíferas contaminadas, y el 25% de los acuíferos subterráneos sobreexplotados.

 

Siempre tales datos serán importantes para darnos una imagen más real de la situación, y de ellos se deduce, así sean unos muy escasos datos, por una simple media, que el deterioro alcanza ya casi el 50%.

 

Rolando Cordera hace una nueva intervención, que, a nuestro juicio, resultó ser la parte esencial de la discusión: es la pobreza, en particular la pobreza rural, la que presiona al medio natural (parque natural, le llamó en un tecnisísmo), en tanto que la riqueza, el bienestar, es igual a consumismo, resolver esa pobreza, bajo este sistema, será tanto como hacer a esa población consumista, y de cualquier manera presionarían sobre el medio; luego, lo que está mal, es el sistema…

 

Y aquí sí ya Sarukhan, en su calidad de Moderador, interrumpe a Rolando Cordera en un asalto a la palabra, interviniendo con su discurso eminentemente procapitalista: “…a menos que –dice Sarukhan– el medio natural sea visto como patrimonio, y aportándoles recursos, haga de los pobres empresarios”.

 

La intervención resultó en extremo interesante: el capitalismo produce pobreza, y la pobreza produce deterioro ambiental; pero luego, en el supuesto de poder resolver la pobreza en los marcos del capitalismo, esto produciría consumismo, el cual trae como consecuencia presión sobre el medio natural y deterioro ambiental.  Por un momento pareciera que los desdichados pobres son la causa del problema, pero lo que se está señalando, es que la causa real está en el orden de cosas capitalista.

 

Y Sarukhan, no entendiendo nada de lo expuesto tanto por Ricardo Pozas como por Rolando Cordera (o quizá justo porque lo entendía perfectamente bien), sale con el cuento fantástico de “los pobres como empresarios”, a partir del medio natural visto como patrimonio; es decir, como heredad; o dicho en otras palabras, del medio natural como propiedad privada capitalista.  Nuestra duda en que realmente haya entendido algo, está en que justo propone, lo que se ha estado señalando como causa del problema durante todo el debate.

 

Volvió a la palabra Ricardo Pozas con el punto del consumismo como política (viendo quizá que Sarukhan no entendía la “o” por lo redondo), y concluyendo con esa trivialidad mediadora del intelectual al servicio del sistema, de hacer la política, debiéndose tomar el desarrollo sustentable como demanda social prioritaria.

 

Lectura: el consumismo como política económica, es la esencia de la economía capitalista en que todo cuanto se produce, es mercancía a distribuirse y comerciarse en el mercado.  Cuando no se consume, el sistema se detiene forzadamente, provocándose el despido masivo de la fuerza de trabajo; y cuando no lo hace, crea la sobreproducción, de donde devienen las necesarias crisis económicas cíclicas del capital.  Insistir por los panelistas (por lo menos dos de ellos), en que el consumismo era la causa del deterioro ambiental, era una manera, un tanto frívola, de decir que la causa es el sistema capitalista mismo.

 

Terminó el panel con una última intervención por Julia Caravias, dando ejemplos de las comunidades oaxaqueñas en su vida sustentable, si bien, dice ella, a escala pequeña.

 

Pero, ¿qué deducir de esta última intervención?, ¿cuál es la lectura a hacer?  Pues, a nuestro juicio, no otra que argumentar el “proyecto hippie” de la vida social en comunidades autosustentables, pudiendo comerciar sus productos excedentes con otras comunidades; quizá incluso en calidad de trueque.  Y ya podremos todos tomarnos de las manos cantando el Himno a la Alegría.

 

Esto es, nada más alejado de la comprensión de la realidad económico-social, y mucho menos, entonces, de su solución.  Les aterra ese punto en el que todo converge: llegó el fin del capitalismo.  Porque lo que sigue, es, ciertamente como dice Sarukhan, tomar el medio natural como patrimonio; pero, a diferencia de su opinión, no como patrimonio de unos cuantos, sino de todos, de toda la humanidad indistintamente; o bien, lo que equivale a decir que el medio natural entendido como patrimonio, no sea de nadie, sino una propiedad social; o, como dice Julia Carvias; pero en la gran escala de la sociedad mundial; un medio de sustentación comunitario, de la comunidad (o de los comunistas), es decir, de los iguales.

 

Y ello no podrá ser, Marx dixit, sino por la vía de la expropiación de la propiedad privada de los medios de producción social; y jamás en la ingenuidad para el consumo de los perplejos expuesta por Sarukhan en las conclusiones del panel, de la educación, porque, al final, según él, el problema es de comportamiento.  Es decir, que el problema es moral, y no de leyes económicas.  Asignándole a los medios de comunicación de masas, en la más frívola candidez, esa educación moral (sic).

 

Pero que lo dicho por Marx no se puede, que eso nunca se va a aceptar por ninguna sociedad más; pues, en el caso de que así sea; ya podremos ir declarando el inicio del fin de la especie humana.  Y, nuevamente, ese enunciado no lo queremos atribuir a nosotros, sino es enunciado mismo del Dr. Sarukhan en este panel: “es el reto de la humanidad en esta generación, no en la otra”, sobreentendiéndose que si no se resuelve ahora, la humanidad no tiene ya futuro.

 


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17 enero 2011 1 17 /01 /enero /2011 00:00

Ícono Filosofía 

Determinismo,

“Determinismo Geográfico”,

e Indeterminismo.  Artículo, 2011.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 17 ene 10.

 

Preámbulo.

 

En noviembre de 2010, un interesado lector, no propiamente en el campo de la Geografía peo relacionado a ello y razón por la cual insertamos el artículo en la sección de Filosofía, nos solicitó comentar este tema, que por carga de trabajo diferimos y prometimos entregar para estas fechas de mediados de enero de 2011.

 

Es un tema esencial de la disertación científica.  La ciencia es el conocimiento acerca de la verdad, y uno de los cinco criterios esenciales de la verdad, lo es, precisamente el determinismo, esto es, la causalidad.  Más aún, podemos decir que el principio de causalidad, sobre la base del principio de objetividad, dirige los restantes criterios: la lógica, la verificación en la práctica histórico social, y la predictibilidad.  El argumento en contra del principio de causalidad, del filósofo del idealismo empirista David Hume, en el siglo XVIII, se fundaba en el hecho de que ello era algo aparente dado por la costumbre; para lo cual, visto detenidamente, no tendríamos objeción, pues justo de es actividad empírica reiterada, es que finalmente se entiende y generaliza teóricamente que en un fenómeno, algo es causa y algo es efecto.  Más recientemente, hacia los años treinta del siglo XX, el físico cuántico Heisemberg, introdujo el principio de incertidumbre (por el cual no puede precisarse o conocerse con certeza simultáneamente, la posición, y movimiento de una partícula), principio, entonces, a su vez, del “indeterminismo”, que resulta como el fundamento de una actitud filosófica por la cual no se acepta la necesidad de la relación causa-efecto, dejándolo todo al arbitrio del azar y la casualidad.  Sin embargo, una cosa es, por dadas razones, el no poder conocer con certeza dos aspectos simultáneos de algo; y otra, muy distinta, el que en ello rija el azar, una cosa no se sigue necesariamente de la otra.  Esto es, incertidumbre e indeterminismo, no son idénticas; una es la negación de un conocimiento cierto, y la otra es la negación de la causalidad, si bien se afirma que esa incerteza deviene de la indeterminación.

 

La lucha de la ciencia por el determinismo costó muchas vidas y prisiones, constituyó la parte medular del pensamiento renacentista en su lucha contra el oscurantismo medieval en el que todo se sometía al insondable designio divino por el que todo estaba predestinado; y fue, en consecuencia, la esencia del trabajo de la ciencia de la naciente Época Moderna en la ilustración.  El determinismo es pues, uno de los fundamentos esenciales del método científico de la modernidad; y hasta hace no mucho, no más de veinte años, se obviaba el referir que ese método científico, era el de la modernidad.  De entonces a la fecha se hace necesario precisarlo, dado el surgimiento del llamado “posmodernismo”, en el cual se sustenta la idea de que ahora ha de regir lo que ellos llaman “el paradigma del método científico de la posmodernidad”, esencialmente indeterminista.

 

El determinismo, como principio de causalidad necesaria (sin que por ello, fundados en la dialéctica materialista, se niegue lo casual, pues un acto puede ocurrir accidental o casualmente, pero ello habrá quedado determinado, al fin, por ciertas causas), ha desempeñado un papel especial en ciertas ciencias, particularmente en el campo de lo social, hablándose así lo mismo de un “determinismo geográfico", que de un “determinismo económico”, o bien de un “determinismo social”.  Esto es, el énfasis en la ocurrencia causal necesaria, de ciertos fenómenos geográficos, económicos o sociales.  O, dicho de otra manera, el querer ver ahora, por ese énfasis, inversamente, la necesaria causalidad, ahí donde no la hay.  Brevemente, pues, pasaremos ahora a dar cuenta de cada una de esas categorías y sus relaciones.

 

 

Determinismo.

 

El determinismo se refiere al condicionamiento causal de todos los fenómenos; esto es, que no hay fenómeno, o efecto, sin causa.  Es en esa universalidad en donde radica la condición de necesidad; es decir, que no es posible que haya fenómeno o efecto sin causa.

 

En el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración, dominaba el pensamiento filosófico materialista impregnado aún de las influencias aristotélicas por las cuales la causalidad se clasificaba en cinco tipos: 1) la causalidad material, referida a la naturaleza de las cosa; 2) la causalidad formal, o esencia de las cosas; 3) la causalidad eficiente, o fuerza o agente que produce el efecto; 4) la causalidad final, por la que el hecho respondía a un propósito; y 5) la causalidad primera, atribuida al designio de Dios.  Y, a la vez, ese pensamiento materialista estaba bajo las influencias del mecanicismo newtoniano y laplaceano, por el cual la causalidad universalmente necesaria, se absolutizó, se hizo exclusiva, descartándose con ello la posibilidad de lo casual; es decir, de hechos que podían ocurrir accidentalmente, si bien cada uno de los cuales tendría su propia causa.  La absolutización de la causalidad universalmente necesaria, ocurrió como consecuencia de justificar la aristotélica “causa final”, en donde parte de la esencia de un fenómeno, estaba en definir que nada ocurría de manera casual, sino por algo, por lo que se entendía más bien con ese sentido final, para algo.

 

Al superarse esa absolutización mecanicista y finalista ya con la dialéctica materialista luego de mediados del siglo XIX, la causa universalmente necesaria, dejó de contraponerse a la posibilidad del azar en la ocurrencia accidental de las cosas, cada una de las cuales se movería por sus propias causas, sin esa condición finalista fatal; y de ahí que a la ciencia moderna le caracterice, entonces, el ser determinista, bajo esas características: todo fenómeno tiene una causa, si bien las mismas, en sus efectos, pueden dar lugar a un acaecer accidental o casual.

 

 

“Determinismo Geográfico”.

 

El “determinismo geográfico”, pudiera parecer, a primera vista, como una categoría científica: <<en la ciencia de la Geografía, todo fenómeno responde a una causa>>.  Pero la Geografía, en tanto ciencia y de suyo causal, no necesitaría de tal énfasis.  Por lo tanto, dicho concepto no se refiere al principio de causalidad en general, sino a la posición filosófica por la cual, la causalidad se vuelve a absolutizar, en el caso de la relación causa-efecto particular de la sociedad y la naturaleza, de modo que la sociedad es lo que es, determinada por el medio natural.

 

En este concepto opera otro error: el llamado reduccionismo, por el cual, un fenómeno dado no se interpreta en el campo de sus propias leyes, sino por las leyes de otra ciencia; esto es, en donde el fenómeno biológico no se interpreta mediante la leyes de la ciencia de la biología, sino “reduciéndolo” a las leyes, por ejemplo, de la física; o de un fenómeno social que no se interpreta mediante las leyes económico-políticas, sino que se “reduce” y pretende explicarse, por ejemplo, mediante las leyes de la biología, o peor aún, de la misma física.

 

Dado el desconocimiento que se tenía en la antigüedad de las leyes de la sociedad, era común el que la sociedad se viera como parte de la naturaleza y sujeta a sus mismas determinaciones.  Ello explica un “determinismo geográfico” histórico, como el que pudiéramos encontrar en Hecateo o Estrabón; o el dado en Karl Ritter (1879-1859) en su trabajo, “Las Ciencias de la Tierra en Relación a la Naturaleza y la Historia de la Humanidad”, de 1817, desarrollando ya desde entonces las ideas organicistas del medio natural, en la explicación de las influencias del medio físico en la sociedad; bajo las sugestiones tardías del mecanicismo del siglo XVIII.

 

Pero ya en la segunda mitad del siglo XIX, aún con la misma teoría social y dialéctica hegeliana; y más aún con el surgimiento de la dialéctica materialista o marxismo; esa explicación de la sociedad como una determinación de la naturaleza ya no se justificaba, y se convirtió en algo totalmente acientífico.

 

Así surge, precisamente en ese momento histórico, el más notable de los “deterministas geográficos”: Friederich Ratzel (1844-1904), que en su Antropogeografía, de 1881, influido por esas ideas geográficas ritterianas y por la reciente teoría de la evolución de Darwin-Wallace que venía de 1858, omitiendo el conocimiento de las leyes de la sociedad ya ampliamente conocidas, tanto en la economía como en la política y en la problemática social general misma, no entendiendo las capacidades humanas y su independencia relativa del medio natural, pretendió explicar el fenómeno social como si explicara el condicionamiento natural absoluto de cualesquier otras especies animales a la naturaleza.  Y así como las distintas especies animales en el ámbito natural definen una territorialidad como condición necesaria de su sobrevivencia; así atribuyó Ratzel para la especie humana, en un grosero y absurdo reduccionismo ya para entonces, la necesidad del “espacio vital” enunciado antes por Karl Ritter, cuando incluso y apara los tiempos de éste se veía como algo acientífico que, por ejemplo, no compartió su directo contemporáneo Alejandro de Humboldt.  Más aún, sintetizando a la especie humana en la noción de Estado, como Ritter, veía en los distintos Estados nacionales a organismos vivos que en el proceso evolutivo de la selección natural, competían por ese “espacio vital” luchando entre sí.  No es de extrañar, entonces, que tales ideas acientíficas hayan sido el posterior fundamento del nazismo.

 

 

Indeterminismo.

 

De todo lo antes visto, resulta así que, entonces, el indeterminismo es la posición contraria a la ciencia, por lo menos, de la ciencia en el método científico de la modernidad ilustrada; pasando a ser, en consecuencia, el fundamento del “método científico de la posmodernidad”, que no casualmente nos devuelve a las nociones medievales de la predestinación.

 

En el indeterminismo, las cosas ocurren, o en el azar absoluto, y entonces el mundo es el caos total en el que no hay ningún orden; o bajo la predestinación divina en un orden insondable.  En todo lo cual, la mente humana, para entenderlo, para vivir en él, sólo hace esfuerzos para ver un orden aparente que proyecta sobre dicho mundo de una masa informe e indiferenciada.

 

La ya milenaria práctica histórico-social del conocimiento científico, demuestra que el mundo no es así, sino que por lo contrario, en él, objetivamente, hay orden, armonía, simetría, leyes acerca de sus regularidades fundamentales; con todo lo cual obtenemos un conocimiento de certidumbre y nos es posible predecir, dadas condiciones semejantes, los acontecimientos; y todo ello, fundado en la universal y necesaria relación determinista de causa-efecto.

 

Es por ello que el indeterminismo es una actitud filosófico-ideológica alentada por fuerzas conservadoras siempre temerosas del avance científico y del progreso social, que, en medio de la alienación, hace tender a la sociedad a lo contrario de la Ilustración: al oscurantismo.

 

Mientras que Francis Bacon en su Novum Organon, como René Descartes en su Recurso del Método, establecieron el principio ilustrado del método científico de la ciencia de la modernidad: <<Avanzar a la luz del conocimiento y en la certidumbre de sus leyes>>; hoy en día, uno de los principales autores defensores del indeterminismo, el “posmodernista” Edgar Morin, en su trabajo, Educar en la Era Planetaria, establece el principio oscurantista del método científico de la ciencia de la posmodernidad: “Aprender a caminar en la oscuridad y en la incerteza”[1].

 

Es, sin duda, un problema ideológico de lucha de clases, que cuanto más aguda, es reflejo de la misma agudeza de esa lucha social inmersa en un momento de grandes cambios obligados, precisamente, por una revolución científico-técnica, que determina el progreso social.

 

 

Conclusión.

 

La lucha ideológica entre el determinismo e indeterminismo, no es sino una expresión de la lucha ideológica más general entre las filosofías materialista e idealista, y, por lo tanto, de una lucha entre las interpretaciones del mundo, por una parte científica o, por otra parte, en última instancia, teológico-religiosa y metafísica, en correspondencia con los intereses históricos de las clases sociales en pugna.

 

En la marxología del siglo XX, abandonando la idea de la causalidad necesaria absoluta, se aceptó la relativización de la misma; es decir, que ésta, si bien universal, no tenía la condición de absoluta y necesaria.  Esa posición expuesta por los académicos del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS, nos parece no corresponder a la dialéctica, en la que, a semejanza de lo que ocurre con la verdad, es posible su condición de necesidad absoluta, sin que, al mismo tiempo, dado otro sistema de referencia, pueda tener, por ello, un carácter relativo; incluso, independientemente de lo accidental y del juego de las casualidades.

 



[1] Morin, Edgar; Educar en la Era Planetaria; Editorial Gedisa; Barcelona, 2002; pp.67-68.



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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:07

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (7/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 31 ene 11.

 

Luego, de 1948, venía el enunciado “Efecto Casimir” en la física cuántica de campos, del físico holandés Hendrik B.C. Casimir, consistente en que entre dos placas metálicas muy próximas entre sí, aparece una fuerza atractiva asociada al vacío cuántico, con la aparición de partículas llamadas virtuales.  Diez años después a fines de los años cincuenta se realiza el primer experimento para tratar de demostrar su existencia, pero es hasta 1997 que finalmente quedo plenamente demostrado; y ello ocurre justo a su vez cuando Townsend Broun realiza sus experimentos de “electrogravítica”, y Kósiriev expone su teoría de la “mecánica asimétrica”, a fines de los años cincuenta.

 

Y luego de 1995 tuvieron que transcurrir quince años más, para que, ahora, en el 2010, esa contradicción en la filosofía dialéctico materialista esté resuelta en los hechos gracias al avance en el conjunto de las otras ciencias.

 

El año 1997, es ya clave para entender el momento del inicio de la actual revolución científico-técnica, no sólo por la demostración de este efecto físico que demuestra que el vacío es “algo” que determina consecuencias sobre las demás cosas, sino porque allí, por ejemplo, se inicia el despliegue de los blogs por la recientemente creada Internet el año anterior.

 

Como dicen los físicos conocedores de esto, ese vacío, simplemente está vacío, pero ese vacío genera una energía (conocida como “energía de punto cero”, o “energía over-unity”, de la cual sólo se hablaba reservadamente entre los físico apenas en los años ochenta), que es esencialmente homogénea e Isotrópica, es decir, la misma en todas partes y e independiente del movimiento de los cuerpos en ella.  Ese vacío, según lo expone el Premio Nobel de Física Willis Lamb, interactúa por los intercambios de energía entre las partículas y el vacío (“Efecto Lamb”), dejando ver que la energía del vacío es extremadamente densa (1093 g/cm3) e intensa.

 

Pero, finalmente, de los avances de la Astronomía también se llegó a resultados semejantes, o se contribuyó a llegar al mismo punto.  En Astronomía el problema surgió de la consideración de la Constante Cosmológica.

 

En conclusión, el espacio no es sólo una forma de existencia de la materia y por lo tanto únicamente un concepto que expresa la espacialidad de las cosas, sino una compleja forma más de movimiento de la materia, cuyo sustrato portador es el vacío (en otro tiempo, por horror vacui, intentando suplirlo por el éter), y que se manifiesta como una energía de campo (identificada con la llamada “energía residual”, “energía de fondo”, y hoy conocida como “energía de punto cero” o, de manera profundamente significativa, como energía de “unidad total”, u “over-unity”, que, ahora como la quintaesencia, ya conocida, nos da, en el estado de espacio más general y esencial, no sólo el arké, o el ápeiron, sino, con ello, el lugar de la Geografía entre el estudio de los Elementos en tanto tales, tal y como lo plantearon el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada y el Lic. José C. Martínez Nava).  Ese vacío, originalmente se descubrió asociado a los experimentos de Torricelli sobre la presión atmosférica, a tal punto que las unidades de medida del vacío son precisamente en “Torr”, como la fracción de una atmósfera (1/760 mmHg, es decir, donde 1 Torr = 1 mmHg), y consistente, en consecuencia, en la ausencia de moléculas de aire.  Así, pues, el vacío fue entendido como la “ausencia de…”, que en el extremo metafísico implicó incluso la “ausencia misma de materia (erróneamente identificada con lo sustancial)”.  Lo que implicó, desde el punto de vista materialista (ciertamente con dejos de mecanicismo), que, entonces, “el vacío no existía”…; cuando ahí, en los “Hemisferios de Magdeburgo” o en las campanas de vacío de Torricelli, estaba (así no fuese absoluto, pero lo cual no es el problema).

 

Se ha dicho que la Esfera de Magdeburgo se mantiene unida debido a que la presión atmosférica exterior, es superior a la interior, pero en el Cosmos, donde la presión atmosférica no puede considerarse, lo que suple a los hemisferios del experimento de Magdeburgo, es la gravedad (cabe pensar si no lo será también en el caso del experimento de Guericke, pero en el que se está haciendo una falsa asociación por la condición terrena).  Más aún, podría pensarse al inversamente, y considerar incluso que lo que llamamos gravedad, no es sino acción de la densidad del vacío.  Si la gravedad es geometría del espacio, y el espacio es vacío, gravedad y vacío serían lo mismo; por ello, cuando Michu Kaku se refiere a que el “espacio aplasta o no”, lo que aplasta o no a su vez, es el vacío, la densidad o energía del vacío.  Así, la gravedad (las ondas gravitatorias o los gravitones, ambas cosas a la fecha no detectadas), no sería, como en tantos casos en la historia de la ciencia, sino un efecto aparente.

 

Luego entonces –agregamos nosotros ahora sí lo que veíamos que se movía desde mucho tiempo atrás–, si la Geografía estudia el espacio, la Geografía estudia esas cualidades del vacío esencialmente dadas en una forma de energía como uno de los elementos o estados de espacio, como ese quinto elemento siempre sospechado.  Cuando al espacio lo hemos definido como “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta” (aún mucho antes de los conocimientos aquí expuestos con los que sólo nos hemos actualizado), ya generalizábamos en una intuición filosófica ese “Efecto Lamb”, que en 13 mil millones de años o más, se expresa no sólo en el problema de la Constante Cosmológica, sino en la relación continuo-discreta del espacio, que no es otra que la relación entre el vacío como estado de espacio más general, y los estados de espacio particulares; o, en los términos del Dr. Sáenz de la Calzada y el Lic. José C. Martínez Nava, de la relación entre el vacío y los elementos generalizados.  Asociado ello al tiempo, que como una coordenada más del espacio tetradimensional, no es sino una propiedad particular del mismo espacio, “la gravedad es un campo de curvatura en la geometría del espacio-tiempo.  No es nada excepto vacío distorsionado”[1]. la metodología para su estudio encuentra sus fundamentos en la teoría de la “mecánica asimétrica” de Kósiriev.  A lo que podemos decir junto con Paul Davis: “Afortunadamente, el Universo real tiene una simetría notable, la cual permite tratarlo matemáticamente con gran facilidad”[2].

 

Más aún, Davis sugiere una idea muy curiosa por analogía en cuanto a la metodología para el estudio del espacio: su investigador, entre otros, como lo hemos sostenido desde siempre (o casi, ya que en un principio éramos obligadamente geógrafos fenomenistas cuando estudiantes), el geógrafo mismo, ha de comportarse como el estudioso de las condiciones espaciales del trabajo de un “paleontólogo”, ante –como él les llama–, los “fósiles cósmicos”, entre ellos, por ejemplo, los “fósiles del primer segundo” (por no especializarnos en los fósiles del origen en la hora de 10-32 segundos).  Estos configuran, a su vez, hablando de los elementos en la raíz, los estados de espacio paleogeográficos de nuestro espacio terrestre tetradimensional.

 

El desarrollo de la Geografía hacia el siglo XXI, reclama del geógrafo “matemático mixto” del que ya hablaba Bernardo Varenio a mediados del siglo XVII, pero no de esa “mixtura” mal entendida fuera de su contexto histórico que la hace mezcla mecánica de conocimientos bajo el concepto de “relación”, sino una aplicación de un conocimiento dado en el de la faceta de lo otro; esto es, la aplicación del conocimiento matemático, en las “afecciones” o “relaciones de causalidad”, de la faceta espacial de la Tierra.

 

Ello reclama de un nuevo geógrafo.  Incluso nosotros no lo somos del todo, nosotros hemos sido sólo la transición, por la simple razón, además del momento histórico, por nuestra carencia en el conocimiento de un sólido aparato matemático, e incluso del razonamiento matemático mismo; apenas nos limitaremos a bosquejar el camino en un mapa trazado con una vara sobre la tierra.  En este claro al que hemos llegado en lo intrincado del bosque, el geógrafo fenomenista, guiado por lo concreto, en la analogía, continuará por la vía conocida de las coníferas que suponen un camino sin enramadas ni maleza.  Los geógrafos espacistas, como en nuestro caso, por lo contrario, guiándonos por la abstracción, hemos fijado un gnomon y establecido una dirección y una distancia, así sea que avanzar en ellas suponga desbrozar el valladar de la intrincada selva.

 

Una vez más, jóvenes geógrafos, como en los infinitos tiempos…, ¡echaos a la “Mar Oceana”!, y ventura en vuestra búsqueda.

 



[1] Davis, Paul; Superfuerza; Ediciones Salvat, Colección Biblioteca Científica Salvat; 1º edición en inglés, 1984; 1º edición en español, 1985; Barcelona; p.149.

[2] Davis, Paul; El Universo Desbocado; Ediciones Salvat, Colección Biblioteca Científica Salvat; 1º edición en inglés, 1978; 1º edición en español, 1985; Barcelona; p.171.

 



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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:06

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (6/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 27 ene 11.

 

Tocó a nuestra fortuna una combinación de cuatro hechos históricos que nos permitió conducirnos a salvo en esta contradicción: a) nuestra inmadurez, el que aún en los años ochenta estábamos aprendiendo cosas básicas, el que desconocíamos todo cuanto había al respecto del estudio del espacio, y el saberlo nos implicó un tiempo considerable; b) el que, para cuando ya teníamos esa crítica a la dialéctica materialista a fines de los años ochenta, el socialismo se derrumbaba, y con ello desaparecía el “revisionismo” como un argumento en un momento dado válido y necesario, que nos posibilitaba no incurrir en una falta a la teoría reconocida con mayor autoridad; c) la inquisitorial mazmorra virtual dada en la “proscripción” total de la vida “oficial” institucional en la Geografía en México, que nos dio tiempo y condiciones independientes para pensar; y d) el que, inmediatamente después, la crisis del capital de 1994-1995 estallada en México, nos echó encima el verdadero aherrojo que casi anula hasta nuestra capacidad de pensar, pero que nos permitió converger ahora en nuestra presente actualización, en las condiciones de la plena madurez de todo.

 

Esa explicación no es trivial, en ese segundo lustro de los años ochenta en que por nuestra parte elaborábamos la crítica a la contradicción en el materialismo dialéctico acerca del concepto de espacio en un posible herético revisionismo, el compañero José C. Martínez Nava, apegándose, como decíamos, a la teoría engelsiana-leninista del espacio como la espacialidad de las cosas, trataba de resolver por esa vía el tratamiento del objeto de estudio de la Geografía.

 

Así, en su libro Geografía Integral, 1995, luego de explicar el concepto de la descripción en geografía dado en forma gráfica y narrativa, añade: “Ambos métodos o procedimientos descriptivos, complementarios entre si [la descripción narrativa y la descripción gráfica en la cartografía], eran dos formas de estudiar los objetos y fenómenos terrestres y la Tierra en su conjunto, no en sus aspectos internos, sino, principalmente, en el aspecto espacial, común a todas las cosas materiales del planeta”[1].  Sin lugar a dudas, sobre la base del postulado engelsiano-leninista clásico del concepto de espacio, daba con ello una solución muy acertada al tratamiento de éste como objeto de estudio de la Geografía.  Pero lo que aún nos dejaba inconformes con ello, era esa limitación en que, si bien era cierto lo que él afirmaba ahí, ello estaba en términos de un nivel inferior de la investigación geográfica dada en la descripción.  El problema era entonces, resolver qué había más allá en el estudio del espacio, tras la investigación causal de qué; y hasta ahí, impensadamente dejaba entreabierta la ventana para la vuelta del estudio fenomenista en geografía, no obstante más adelante afirma: “…la forma superior de los conocimientos geográficos…, no sólo responde a la pregunta de dónde están las cosas…, sino, además de ello, contesta a la pregunta de por qué se localizan precisamente así y no de otro modo y cómo se localizarán o relacionarán en el futuro”[2].  Y ello en general está lógicamente correcto, el problema radica en que esa idea, luego de 1995, ya no sabemos si se desarrolló de algún modo.  En su trabajo aquí mencionado, giró en torno a lo que en ese momento nos era lo necesario: el fundamento teórico más general.

 

En consecuencia, afirmando el espacio exclusivamente como el espacio de la materia (la sustancialidad) en el continuum einsteniano (por lo tanto, negando en ello el vacío como una nada inmaterial (insustancial), útil sólo a la metafísica, y lógicamente consistente todo ello con los alcances de la dialéctica materialista de la época), necesariamente tenía que desembocar en lo que era motivo de nuestra preocupación, pues más adelante el compañero Martínez Nava afirma: “A la Geografía no le interesan por sí mismos todos los procesos naturales, sino sólo aquellos fenómenos complejos cuyas formaciones se producen en una escala de todo el planeta…, en donde entran todos los fenómenos geológicos…, los procesos de los ecosistemas…  Los fenómenos sociales…, la población…, los culturales…, pero, fundamentalmente, los fenómenos económicos…”[3].  Su propuesta, hasta donde habíamos avanzado, estaba bien fundada; y de nos ser porque ante esa negación del vacío, dado que los conocimientos en el conjunto de las ciencia en ese primer lustro de los años noventa no nos permitían ir a más, sólo quedaba murmurar el galileano, “e pur si muove”, seguros, en otra variante de la lógica dialéctica, de que en ese asunto del vacío había algo más, pendiente de descubrirse (y de hecho ya lo era desde los trabajos de Moray de 1920 y de Dirac de 1930; pero no ampliamente aceptado y difundido sino justo hasta los años ochenta, cuando nosotros mismos estábamos dilucidando el problema desde la filosofía dialéctica materialista), en función de lo cual dar un tratamiento distinto al concepto de espacio en Geografía.  Y en este punto límite está la geografía teórica.



[1] Ibid. p.5.

[2]      Ibid. p.7.

[3]      Ibid. p.46.

 



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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:05

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (5/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 24 ene 11.

 

El espacio como forma de existencia de la materia, hacia el último tercio del siglo XIX identificado con el vacío y éste con la “nada”, no obstante teniendo una condición objetiva dada precisamente por sus propiedades; esa “nada”, sin ser entendido como “un algo” sino a consecuencia de identificarse a su vez con una posición metafísica, se redujo entonces a la espacialidad, o al conjunto de propiedades espaciales de la materia.  Y así, la filosofía del materialismo dialéctico se encontró en una situación límite, en un caso extremo en el ápice de la investigación de punta; en lo más fundamental o básico de la investigación fundamental o básica; en el límite mismo de la investigación de frontera, confrontada a la antigua contrariedad ya planteada por el mismo Demócrito de la necesidad del vacío (como “un algo”) para el movimiento de los átomos (entendidos éstos aquí en su sentido etimológico).  Y la filosofía dialéctico materialista en la oficialidad de sus textos durante el régimen socialista, no dio un paso más; se quedó en esa contradicción dialéctica en la que el espacio no podía existir fuera o independientemente de los objetos materiales, sino como un postulado metafísico; pero en donde a la vez, reducirlo a un conjunto de propiedades dadas en un concepto, hacía del espacio un concepto si bien objetivo, meramente cómodo para entender la realidad dada exclusivamente por los objetos materiales.

 

En esos años setenta nos hicimos de lo que para entonces ya era un “viejo libro”[b] que contaba con más de una década de editado: El Problema de lo Finito y lo Infinito, 1959 en ruso, 1960 en español, de Serafín T. Meliujin, profesor de Filosofía en Leningrado.

 

De él rescatamos un planteamiento dialéctico esencial: “…el espacio y el tiempo no son únicamente el conjunto de un número incontable de puntos y momentos; poseen, además, continuidad, y eso hace posible el movimiento”[1].  De ello se desprende una idea dialéctica esencial que supera el materialismo mecanicista del movimiento como el desplazamiento mecánico: el objeto se mueve, no bajo la condición democritiana de vacío, sino porque se transforma, y ese movimiento es una condición natural de ser, de modo que no podría dejar de moverse.  Este planteamiento, aún cuando cierto, no anuló tampoco, no obstante, lo que Meliujin en 1959 consideraba una idea metafísica: el vacío.

 

Meliujin atribuye a la teoría del éter la virtud que salva del horror vacui, en este caso, más que por el vacío mismo, por la consideración de su condición metafísica, y nuevamente, a pesar de todo, dice el autor, esta teoría resultaba íntimamente contradictoria, dado que: “El éter debía ser, asimismo, absolutamente continuo…”[2]

 

Ese planteamiento de Meliujin, no es, a su vez, sino el fundamento dialéctico del continuum, parte del cual, finalmente, también lo sería el vacío como una forma compleja más; y al parecer la básica; de las formas de movimiento de la materia.  Si bien se ve, finalmente, las cosas se transforman, gracias al vacío, que, en una intuición hacia la física cuántica, ya teorizaba el mismo Newton cuando explicaba la posibilidad de la divisibilidad infinita de la estructura de la materia, en función del principio de que <<el espacio vacío, equivale al de todos los cuerpos por su magnitud>>, de donde, siguiendo consistentemente la idea, Meliujin mismo llega a la conclusión de que, en consecuencia: “La esencia final de la materia es el espacio absolutamente vacío…”[3].  Esta idea Newton la califica como “el sensorio de Dios”, y a nuestro parecer, desafortunadamente, Meliujin no separa el planteamiento científico de Newton de la jerarquía en la estructura de la materia, de su conclusión metafísica, y desechando una, desecha la otra.  Por esos elementos teológicos en el atomismo de Newton, Meliujin, finalmente, en 1959 anota: “En última instancia llegamos a partículas que es imposible de fisionar por medio de ninguna fuerza natural; únicamente puede hacerlo la fuerza divina”[4].  Y ese “imposible”, cincuenta años después, es muy relativo; pero aún llegásemos a un punto en que lo fuera, ello no sería más que una limitante instrumental y no de la realidad objetiva.

 

Luego de pasar por la revisión de la teoría del electromagnetismo, de ahí Meliujin planteará la contradicción esencial: “…si el campo es espacio, volvemos a la teoría de las acciones a distancia, a la admisión del vacío”[5].  Y no habiendo ninguna objeción a ello según la teoría del continuum, luego entonces, el vacío es.

 

Por lo demás, refuta acertadamente la idea energitista de que el campo es “energía pura en que la materia desaparece”, dejando en claro que la energía no es una sustancia, sino una propiedad de la materia en movimiento; y el campo, a su vez, una forma de movimiento de la materia.  Luego el vacío concreto y su abstracción como espacio, constituyen un campo (aun cuando, a continuación, Meliujin discute la teoría de la discretización del campo).

 



[b] Una curiosa referencia a este hecho, se desprende de un pasaje mismo del texto de Meliujin, cuando éste dice: “Hoy día, el límite del conocimiento científico en el espacio se extiende desde un orden de 10-14 cm, que caracteriza la extensión de las partículas elementales, hasta 1027 cm de distancia, que es alcanzada en las profundidades del Cosmos…” (Op. Cit. Editorial Grijalbo, México, 1960; p.12).  Diez años después, estas cifras referidas por Paul Davies, eran ya de 10-32, y 1041 respectivamente (es decir, el libro era ya “dos veces mas viejo”).  Diríamos con Engels, citado por el mismo Meliujin en este maravilloso juego dialéctico, que reexaminando esta teoría científica, no sólo volvemos a estos autores del pasado por lo que nos han dejado, sino porque ello nos “proporciona la escala necesaria para enjuiciar las teorías que ella misma enuncia” (Engels, en Dialéctica de la Naturaleza, citado por Meliujin, Op. Cit. p.14).  Y que hoy, cincuenta años después, volvemos a examinar.

[1] Meliujin, Serafín T; El Problema de lo Finito y lo Infinito; Grijalbo, México, 1960: p.24.

[2] Ibid. p.32.

[3] Ibid. p.33.

[4] Ibid. p.34.

[5]      Ibid. p.39.

 



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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:04

Ex-Libris-3 

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (4/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 20 ene 11.

 

En su trabajo sobre la Superfuerza, Paul Davies sugestivamente titula un apartado como, “el vacío viviente”, y de las primeras tres líneas del mismo, citamos: “El espacio vacío no parece un tema de estudio muy prometedor.  Sin embargo, contiene la clave de la comprensión completa de las fuerzas de la naturaleza”[1].  Es un océano de partículas llamadas virtuales generadas por éste

 

Y treinta años después del trabajo de Kósiriev, aún nosotros no nos dimos la libertad de pensar la geografía con esas bases (en nuestra tesis de Licenciatura presentada en 1983, apenas citamos algunos aspectos, y en nuestra Geografía Básica de 1994, ya ciertamente esbozamos el problema del torcimiento de la esfera terrestre por el desplazamiento en una rotación diferencial entre sus hemisferios norte-sur).  Si hablar de la Geografía como ciencia del estudio del espacio sonaba extraño, explicar en qué consistía tal estudio parecía ciencia-ficción.

 

Mecanica-Asimetrica-en-Glaciaciones.jpg 

Aplicación de la teoría de la causalidad o mecánica asimétrica de Kósirieven el estudio de las glaciaciones.

[Fuente: Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Geografía Básica; Ediciones Especiales, Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc; México, 1994; p-105]

 

Así, mientras nosotros estructuramos nuestra Geografía Básica,1994, en función de la idea de las dimensiones del espacio y la búsqueda del tratamiento geográfico de la quintaesencia como una alternativa al desarrollo de esa geografía de los Elementos del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada; simultáneamente, nuestro compañero, el también geógrafo marxista José C. Martínez Nava; con el que tanto y tan profusamente discutimos todo esto en esos años; apegándose éste a la teoría engelsiana-leninista del espacio como la especialidad de las cosas, trataba de resolver –e independientemente no sólo de nosotros, sino incluso, quizá, del antecedente del mismo Dr. Carlos Sáenz de la Calzada; lo que, de ser así, simplemente mostraría la objetividad del proceso–, la continuidad de la idea de éste en una geografía de los elementos, que él, por su parte, exponía ya en su Geografía Integral, 1995, en su Tercera Unidad titulada: “El Espacio Terrestre como Sistema de Elementos”, y en su subtema titulado: “Los Elementos y Subsistemas del Espacio Terrestre”, haciendo una relación de seis elementos (o subsistemas, como él les llama): “1) tierra, 2) agua, 3) aire, 4) gravead, 5) organismos, y 6) hombre”[2].

 

 1995 Martínez Nava, José C; Geografía Integral

Geografía Integral; Ediciones Especiales, Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, sc; México, 1985; del Lic. José C. Martínez Nava.

[Fuente: “Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica; http://espacio-geografico.over-blog.es/]

 

Esta idea de los elementos ya no la discutimos en su momento, pero aún a quince años después, no deja de ser maravillosa, y antes al contrario, se hace exquisita.  El compañero José C. Martínez Nava, entre ese listado de los elementos, omite como tal al fuego, que representa la energía; pero, en su lugar, ubica su equivalente, la gravedad.  Y ahí estaba la proyección al futuro de la propuesta geografía del Dr. Sáenz.  La gravedad, como veremos, está profundamente asociada al vacío como su contraparte en la Constante Cosmológica.  Con la inclusión de la gravedad como un elemento más de la materia (independientemente de que para 1995 el intento expresado así haya sido acertado o no), ello ponía a la geografía dialéctica del compañero José C. Martínez Nava en la dirección, más que de una geografía de la espacialidad de los fenómenos, de una geografía de los estados de espacio.

 

Cuarenta y cincuenta años después de los trabajos de Kósiriev, o sea hoy, 2010, éstos están ya en el plano de la posibilidad de los viajes en el tiempo y el uso de la llamada “energía libre”; esto es, del “Mar de Energía” de Moray, justo cuando hacia 1930 a ese Mar se le conocería también como el “Mar de Dirac”.

 

Finalmente, ese complejo concepto que es el espacio; más complejo aún teniendo que entenderse ahora como el espacio-tiempo; que tanto atormentó lo mismo a Kant entre fines del siglo XVIII y principios del XIX con su solución de una Geografía como ciencia idiográfica, que a Hettner alrededor del primer tercio del siglo XX con el espacio como el estudio de la diferenciación regional, y a Hartshorne o Schaefer hacia mediados de este último siglo, en su discusión en la traducción kantiana de lo idiográfico en el excepcionalismo, impensadamente pasó a nuestras manos transcurridos otros treinta años, a partir de 1979, en que nos dimos cuenta de que tal concepto era realmente el reflejo del objeto de estudio de la Geografía.

 

A partir de allí, todo el problema se redujo a obtener una definición objetiva de dicho concepto, por lo que comenzamos su estudio estando involucrada en ello las ciencias de la Filosofía, la Astronomía, la Matemática, y la Física.  Y ya desde la Filosofía nos encontramos con una poderosa limitante.  El naciente materialismo dialéctico desde mediados del siglo XIX, a su vez, tuvo que ofrecer una definición del espacio, y entonces Engels la dio, entendiéndolo en lo más general y esencial, como una forma de existencia de la materia, distinguible de las formas de movimiento de la misma, así como de los sustratos portadores.



[1]      Ibid. p.108.

[2] Martínez Nava, José C; Geografía Integral; libro de texto para la enseñanza en bachillerato; Ediciones Especiales de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG); México, 1995; p. 47.

 



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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 00:03

Ex-Libris-3

De los Elementos,

a los Estados de Espacio.

  Ensayo, 2010 (3/7).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 17 ene 11.

 

La objeción lógica a tal planteamiento, surgió del hecho de que no hay una sola ley que, en función de la dirección del tiempo, sea absurda al cambiar el signo de “t”; a lo que Kósiriev, considerando al tiempo tanto un pseudoescalar como un pseudovector, ya que siendo la dirección del tiempo siempre la misma, como pseudovector, matemáticamente tiene un rango nulo, pasando a ser entonces un pseudoescalar; en las palabras de Tomilin, Kósiriev respondió:

 

“Nosotros sabemos que el tiempo está relacionado con el espacio como una forma de existencia de la materia con otra.  Probablemente sus propiedades deberán determinar en algo unas a otras.

 

Una propiedad importante del espacio es su isotropía.  Es decir, la independencia de sus propiedades con respecto a la dirección.  Con esto se relaciona la simetría de nuestro mundo.  Sin embargo, el estudio detallado de las propiedades de los átomos y moléculas en los cristales e incluso en los seres vivos, nos convence de que una cierta diferencia absoluta en principio en la naturaleza entre lo izquierdo y lo derecho, debe existir.  A qué se debe esto, no se sabe.  Ya que ambas nociones: izquierdo y derecho, son de por sí condicionales.  En toda la física, no se puede, por el momento, encontrar ninguna indicación sobre la diferencia interna entre lo derecho y lo izquierdo.

 

La misma asimetría, seguramente, debe existir también entre el pasado y el futuro.  La causa y la consecuencia, al retornar “la flecha del tiempo” no debe dar identidad absoluta, y esta asimetría del tiempo, según N. Kósiriev, puede ser la fuente potente de energía”[1].

 

En ese año de 1959 de la reunión de la Sociedad Geográfica de la URSS, dicho planteamiento no se quedó ahí en la teoría.  Kósiriev llevó a cabo un sencillo experimento.  Como la velocidad de cualquier punto en la superficie, por ejemplo, de la Tierra en rotación, tiene su dimensión igual a la dimensión de la marcha del tiempo, de ello resulta que sumando y restando ambas dimensiones según la dirección del giro de un cuerpo en la superficie terrestre, la diferencia se identificará en fuerzas complementarias, como en las cantidades de movimiento o impulso; es decir, en el producto de la masa de un cuerpo por su velocidad.  Así, haciendo rotar un giróscopo en las dos direcciones opuestas al movimiento de rotación de la Tierra, de ser correcta la teoría, dado el momento angular, en un caso el giróscopo deberá ser más ligero, y en el otro más pesado.  Y tras el experimento con un giróscopo de 90 gr., se obtuvo una diferencia de +- 4 mgr: luego entonces, la “marcha del tiempo”, es fuente de fuerzas especiales (energía).

 

De ello, Kósiriev obtuvo, además, tanto el valor de la magnitud absoluta de la “marcha del tiempo” (que designó como C2), igual a 700 km/h (u 11.6 km/seg; valor ligeramente superior a la velocidad de escape del campo gravitacional de la Tierra que es igual a 11.2 km/seg), como la dirección de ésta, siendo positiva hacia la izquierda del sistema de coordenadas, y negativa a la derecha, dando con ello una noción ya no convencional, sino objetiva, de la simetría izquierda/derecha de espacio en función del tiempo.

 

Más aún, Kósiriev, con su teoría de la “mecánica asimétrica”, da una posible explicación a la diferencia de 200 m en que el Polo Norte está más cerca del centro de gravedad de la Tierra, que el Polo Sur; y ella es base para considerar la tendencia general de la deriva continental, como el efecto de Coriolis, y la diferencia de temperatura entre los hemisferios norte y sur.  Al final del comentario acerca del trabajo de Kósiriev de 1959, Tomilin anota veinte años después, en 1979: “Las ciencias exactas, por ahora, trataban de eludir esta cúspide fingiendo no verla, como si no existiera.  Pero, al parecer le llegó su tiempo.  Pues, sea para bien: feliz ascenso, como suelen decir los alpinistas”[2].

 

Un año antes a la obra de Tomilin se había publicado también, en inglés, el libro, El Universo Desbocado, 1978, de Paul Davies, el cual conocimos en la edición de la Colección de la Biblioteca Científica de Salvat, de 1985; en donde el autor, hablando de la estructura del Universo donde el espacio mismo, como un “algo”, es lo que se agita, dice: “Los cálculos indican que los movimientos del espacio habrían creado materia directamente del espacio <<vacío>>”[3].

 

Muestra el diagrama de un pistón haciendo vacío, representando con ello la expansión del espacio, provocando con ello el movimiento de alejamiento de la galaxias, como lo es en las moléculas en el interior del cilindro.  En ese sentido, el efecto de vacío tiene un comportamiento antigravitatorio.

 

Un lustro después, el mismo Davies publica ahora su libro titulado simplemente: Superfuerza, en el cual explica el <<tensor cósmico>> (expresión algebraica que vincula y generaliza los conceptos de vector, escalar y matriz), del Universo, “que le permitió generar enormes cantidades de energía a partir de la nada”[4].

 

Por lo demás, de la idea newtoniana venía el que las cosas existe en el espacio, haciendo de éste una especie de recipiente respecto del cual las cosas se movían, pero, explica Davies, el hecho es que el espacio mismo surgió con todo lo demás en el momento del big-bang, literalmente, de la nada.  “Asociamos –dice Davis– el espacio con el vacío, y el vacío curvado es un obstáculo mental que muy pocos puede superar”[5].  Y si los planteamientos de Kósiriev como avanzada metodológica para adentrarnos en el estudio del espacio ya es sorprendente, Davies agrega a ello lo suyo cuando dice: “El efecto de rotación en el espacio-tiempo es proyectar alguna longitud espacial en el tiempo y viceversa”[6].  ¿Cómo decirle a los geógrafos en los años ochenta, que en ello consistía el estudio del espacio?, entonces no podía verse sino como absoluta ciencia-ficción.

 



[1] Ibid. pp.263-264.

[2] Ibid. p.268.

[3] Davis, Paul; El Universo Desbocado; Ediciones Salvat, Colección Biblioteca Científica Salvat; 1º edición en inglés, 1978; 1º edición en español, 1985; Barcelona; p.39.

[4] Davis, Paul; Superfuerza; Ediciones Salvat, Colección Biblioteca Científica Salvat; 1º edición en inglés, 1984; 1º edición en español, 1985; Barcelona; pp.4-5.

[5] Ibid. p.36.

[6] Ibid. p.61.

 



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