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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:02

 Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en Geografía.

  Curso, Universidad de Guadalajara, 1985 (2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 22 jul 2010.

 

El capítulo tercero: “Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en la Historia de la Geografía y la Relación con su Objeto de Estudios”, trata, toda vez que se ha discutido la importancia de la teoría del conocimiento, de las determinaciones gnoseológicas de cada momento de la historia en el pensamiento geográfico, en cada una de sus dos escuelas fundamentales, revisándose, en primer lugar, las formas del pensamiento geográfico fenomenista, que es el actualmente predominante, y por lo tanto, más familiar, como porque es de esta corriente de pensamiento sobre de la que más abunda, lógicamente, información; y en segundo lugar, la escuela espacista, para la cual hace falta aún rescatar una enormidad de logros y sus expresiones.

 

Finalmente, el capítulo cuarto: “Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en la Investigación y en la Enseñanza de la Geografía Contemporáneas”, trata de no olvidar estos dos aspectos conclusivos importantes que significan la continuidad del quehacer científico.

 

Se hace una revisión general de su problemática, sus manifestaciones y perspectivas en ambas corrientes o escuelas de pensamiento geográfico.

 

Por último, este ensayo hace un mínimo y general esfuerzo por mostrar las direcciones de la aplicación de la dialéctica materialista a la investigación como a la enseñanza.

 

En este documento se reclama de la necesidad de la conciencia acerca de las determinaciones cognoscitivas de una concepción filosófica del mundo, como parte intrínseca del método científico; y sostenemos que, en tanto el método científico tiene por finalidad aportar una visión de la unidad del mundo, la concepción filosófica que mejor nos explica dicha unidad del mundo en su materialidad, es precisamente el materialismo dialéctico, que considera que el mundo material –y no Dios– es el que hace conciencia de sí a través del cerebro humano, y en función de dicha concepción del mundo es que se analiza todo lo aquí expuesto, haciendo en lo posible un esfuerzo por no caer en la vulgarización de esta concepción filosófica, sin que creamos estar ajenos a ciertas limitaciones y deficiencias, mismas que nos motivarán a nuevas consideraciones al respecto.

 

Si nuestra tesis de Licenciatura nos aportó una definición general del objeto de estudio de la Geografía, este trabajo nos ha dejado a su vez una definición general del método científico y sus manifestaciones en el quehacer geográfico.

 

Nos proponemos en adelante, continuar sobre una definición particular y concreta de ese objeto de estudio, de tal modo que que mediante ello determinemos los supuestos metodológicos específicos del quehacer geográfico, aspirando a que en un plazo no lejano, podamos establecer una teoría unificada de la Geografía, y borremos para siempre las consideraciones  intuitivas subjetivas e idealistas, que mantienen a la Geografía en un estado precientífico.

 

Que ubiquemos bien las características del nivel de descripción en geografía, producto de un mero estudio enciclopédico, su importancia y su necesidad, pero distinguible diáfanamente de las características de su nivel explicativo, producto a su vez, de la investigación causal.

 

Que veamos la metodología de la Geografía no como una reelaboración de los métodos de todas las ciencias; o peor aún, como la mera conjunción de métodos de todas las ciencias; sino, ciertamente, como una reelaboración, pero sólo de aquellas ciencia subordinantes de la geografía, en los marcos de la teoría del desarrollo y subordinación de las ciencias.

 

Que erradiquemos la vana pretensión de encontrar la salida cognoscitiva de la Geografía mediante “modelos” que fuerzan a la Geografía como ciencia de planificación por excelencia, y paradigmas que se suceden unos a otros sin ninguna consistencia.

 

Que empecemos por desadjetivar y descalificar el espacio, para estudiarlo como lo que es, y no como lo que preestablezcamos que debe ser, en la faceta que a esta ciencia le corresponde estudiar: el espacio, entre otras ciencias que lo estudian, y de las que precisamente toma sus bases metodológicas.

 

En fin, para que hagamos de la Geografía una ciencia única, no dual; íntegra, no desmembradora; y en desarrollo, no estatizada en un viejo esquema subjetivo; una ciencia en la que se preste un servicio a la sociedad, como lo hace cualquier otra ciencia natural; mas no por ello la confundamos como ciencia social.

 

Si rechazamos otras tendencias de la Geografía, es porque estas han surgido y surgen de necesidades subjetivas con el deseo de superar las limitaciones de esta ciencia; pero en tanto no responden a un análisis objetivo del desarrollo de la ciencia, no hacen más que salir de una desviación, para entrar a otra, unas veces peor que la anterior.

 

Hablamos única y exclusivamente de unaGeografía, o de la Geografía, porque vemos artificiosas su pretendidas “ramas” de especialización, como sólo podía ser para una disciplina de conocimientos sobre la que se ha teorizado subjetivamente; y que de manera artificial y mecánica se le quiere sacar de su estado precientífico.

 

Creemos que sólo será prudente hablar de sus ramas de especialización, cuando su desarrollo objetivo reclame de manera natural tales especializaciones (que quizá sólo sean válidas en la escuela fenomenista; o que en otro contenido puedan denominarse como hoy; pero careciendo de sentido especular ahora sobre ello).  En el fondo, toda esta artificialidad está representada por el aparato de “ciencias conexas” y “ciencias geográficas” (ciencias auxiliares y ramas de la Geografía).

 

Todo esto, para terminar, no sucede de manera local en la “ciencia geográfica mexicana”; sino que en tanto son problemas de la Geografía como ciencia, es decir, con su carácter universal, todos estos problemas competen a la geografía en el ámbito internacional, tanto en la enseñanza como en la investigación.  De ahí sea ocioso y altamente pernicioso incluso, el plantearse la necesidad de una “Escuela Mexicana de Geografía”.  En todo caso ésta se definirá por otros, dados los aportes de los geógrafos mexicanos al saber geográfico universal; pero más que plantearnos la necesidad de esta “escuela”, debemos plantearnos la necesidad de la definición rigurosa de la Geografía como ciencia, que es precisamente en donde radica la posibilidad de dichos aportes a la ciencia geográfica universal.

 

Cuando iniciamos este estudio, lo hicimos con el único afán de esclarecer nuestras propias ideas; hoy se ha convertido en un fuerte compromiso que reclama nuestros mejores esfuerzos y de nuestra más profunda seriedad, para evitar trascender a lo Eróstrato; pero conscientes de que cualquier ser humano que ha trascendido, lo ha sido por asumir responsablemente un compromiso.  Por ello debo agradecer muy particularmente, a quienes, confiando en ello, han contribuido a formarme este reto: al Lic. Andrés López Díaz, Director de la Facultad de Geografía de la Universidad de Guadalajara; y al Dr. Andrzej Zeromski, distinguido colaborador suyo como Oficial Mayor Académico de dicha Facultad.

 

Así mismo, a todos los organizadores y asistentes al curso en que he expuesto este trabajo en la Facultad de Geografía, en noviembre de 1985, en el cual me dieron la oportunidad de comprobar que esto no es un delirio.

 

Y por último, a los profesores que se fueron, confiando en que algún día, alguien, no dejará caer sus esfuerzos, sabedores de que tendrían que ser traducidos a otro tiempo.

 



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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:01

 Los Métodos de la Teoría del Conocimiento

en Geografía.  Curso,

Universidad de Guadalajara, 1985 (1).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over.blog.es/;

México, 19 jul 10.

 

 

Comentario Preliminar.

 

Habíamos olvidado las objeciones del Dr. Ángel Bassols Batalla a nuestra ponencia en el IX Congreso Nacional de Geografía, en que ya afirmábamos la tesis de que la Geografía era una ciencia del espacio, y no de la relación entre los fenómenos; pero afortunadamente las recogimos en laIntroducción de este documento de 1985 (apenas dos años después), en el sentido de que nuestra ponencia: <<carecía de un conocimiento de filosofía y del método científico>>.

 

Una apreciación absolutamente subjetiva ya en ese momento; pero aún hubiese habido bases para afirmarlo –y a lo que no tendríamos ninguna objeción ni entonces ni ahora–, a treinta años de aquellos hechos históricos, la práctica histórico-social ha demostrado cuán faltos o no estuvimos de esos fundamentos.  El caso es que lo aceptamos entonces, como lo seguimos aceptando hoy…, y por ello es que, por lo menos nosotros, sí continuamos estudiando el problema.

 

Más aún, luego del Congreso en el cual presentamos como ponencia una síntesis de nuestra tesis de Licenciatura, sustentamos dicha tesis en Examen Profesional (24 de febrero de 1983); pero apenas seis meses después, la Unión de Geógrafos Progresistas de México (UGPM), presidida por el Dr. Bassols, publica su revista titulada Posición, y subtitulada, “revista de crítica y análisis espacial”.  Esto es, que en la práctica, y a muy corto plazo, la tesis que afirmábamos ya en síntesis en aquella ponencia, era verdadera y se aceptaba ampliamente, hasta por los que se opusieron en un principio, y si lo era así, ello lo fue simplemente porque estaba suficientemente fundada tanto en lo filosófico como en lo científico.  Evidentemente no aceptamos las objeciones del Dr. Bassols entonces, pero hoy no sólo no las aceptamos, sino lo que tenemos que decir, es que la práctica histórico-social de treinta años, ha demostrado que estábamos en lo correcto, y, por lo tanto, quien nos objetó, equivocado.

 

Pero en aquel entonces, preocupados por nuestra necesaria ignorancia, emprendimos esos estudios más a fondo de la filosofía y del método científico, plasmados en este documento y aplicados a la Geografía.

 

Este documento elaborado entre 1983 y 1985, lo habremos de transcribir tal cual, apenas corregidos los gazapos y con las siguientes únicas modificaciones que significan una actualización a 2010: 1) aún usábamos los conceptos de “escuela fenomenológico-historiográfica” y “escuela espacial-cartográfica”, que ahora sustituimos simplemente por “geografía fenomenista” y “geografía espacista” respectivamente; 2) igualmente, aún era insuficiente nuestro concepto de espacio, limitado al “espacio adyacente a la superficie terrestre”, lo cual también ahora suplimos por su noción esencial y general de todo el espacio determinado por el campo de gravedad de la Tierra; 3) teníamos entonces, una visión de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias, que hoy hemos actualizado; y 4) cambiamos nuestra idea del papel de Bernardo Varenio (o Kekerman, al que al parecer plagió..., viejo vicio de los geógrafos); que en un principio creímos seguidor de los criterios de la subjetivista clasificación de las ciencias, paradójicamente, de Francis Bacon; para entenderlo más bien, como antecesor mismo del criterio objetivista después expuesto por Diderot; y en ese sentido, reconsiderándolo en función de la revaloración respecto a su concepto de la Geografía, que define como “ciencia mixta”.  Lo mixto significa “lo mezclado”, pero en los siglos del Renacimiento a la Ilustración (ss.XVI a XVIII), esa mezcla no se entendía como actualmente lo hacemos; es decir, como la combinación proporcional, por decirlo así, entre las ciencias; sino como la aplicación de los conocimientos de una ciencia, al conocimiento de un fenómeno o conjunto de fenómenos, en el campo de otras ciencias.  Así, Varenio definía a la Geografía como “Matemática Mixta”; es decir, como una matemática aplicada al conocimiento del espacio terrestre.

 

Tal trabajo constituyó, además, el material de un curso al que fuimos invitados, impartido en la Universidad de Guadalajara en ese año, y pretendía ser, a su vez, los apuntes de base para el proyecto de tesis de Doctorado.

 

Ahora que a un cuarto de siglo hemos revisado tal documento, nos ha llamado poderosamente la atención un breve párrafo de la misma Introducción, en el cual afirmamos ya a los fenómenos como lo cualitativo del espacio, y tal afirmación tiene hoy más profundidad que la que entonces necesariamente pudimos haber imaginado, y que ha dado lugar, ahora, luego de ese vacío prácticamente de absoluta oscuridad de mediados de los años noventa a mediados de la primera década del siglo XXI, a la elaboración de un breve ensayo, que tiene por significado el ser el siguiente paso hacia delante, con el que empieza –así lo queremos creer– la geografía científica del siglo XXI.

 

Como un último comentario, debemos anticipar algo fatídico acerca de este documento: eran tiempos en que aún no había computadoras personales, por comodidad, al final se hacía la lista de referencias, y de este documento, justo lo que nos faltó mecanografiar, fue un par de índices: de conceptos y de nombres, y..., la relación de las referencias; y peor aún, nos quedó los manuscritos parciales de aquellos índices..., pero ni eso de la lista de las fuentes consultadas.  Hasta donde nos sea posible, trataremos de ir reponiendo dichas referencias.

 

 

 

Los Métodos de la Teoría del Conocimiento

en Geografía, 1985.

 

Introducción.

 

I     La Importancia de la Filosofía y la Historia de la Ciencia, en la Solución de las

Contradicciones Teórico-Metodológicas de la Geografía.

1          La importancia de la historia de la filosofía y la historia de la filosofía

en la ciencia.

2          La importancia de la historia, y de la historia de la ciencia.

3          Las contradicciones teórico-metodológicas de la geografía contemporánea

y las premisas de su solución.

 

II     Ciencia, Teoría del Conocimiento y Método.

1        Ciencia.

2        Teoría del conocimiento.

3        Método científico.

 

III     Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en la Historia de la Geografía.

1        La historia de la Geografía.

2        Los métodos de la teoría del conocimiento en la historia de la escuela

de la geografía fenomenista.

3        Los métodos de la teoría del conocimiento en la historia de la escuela de la

geografía espacista.

 

IV     Los Métodos de la teoría del Conocimiento en la Investigación Geográfica

 y en la Enseñanza de la Geografía Contemporáneas.

1        Las características de la investigación geográfica en nuestros días.

2        La aplicación de la dialéctica materialista en la investigación en geografía.

3        El materialismo dialéctico como método de la teoría del conocimiento

y fundamento de la enseñanza de la Geografía.

 

Bibliografía.

 

 

 

Introducción.

 

“Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en Geografía”, es un ensayo que surgió motivado por dos razones: primera, por la necesidad de ahondar más en la lógica de una interpretación muy propia nuestra de la historia de la Geografía y en la esencia de su pensamiento científico después de lo expuesto en nuestra tesis de Licenciatura; y segunda, por la necesidad de atender a la crítica que ya el Dr. Ángel Bassols Batalla había hecho a nuestro planteamiento en el IX Congreso Nacional de Geografía, como algo que carecía de un simple conocimiento de la filosofía y del método científico.

 

Es decir, en general, este ensayo se debe a la necesidad de verificar nuestros planteamientos interpretativos de la teoría geográfica, y de comprobar los mismos bajo un estudio más a fondo de la filosofía y del método científico.  Finalmente, creemos que así ha ocurrido.

 

En este documento se encierra un planteamiento sobre la situación teórica de la Geografía, que ya desde fines de los años setenta se empezó a esbozar en autores como Yves Lacoste, Alan Reinaud, Nicolás Ortega, Horacio Capel; quienes, al igual que nosotros, volvieron la mirada a la historia y a las determinaciones del pensamiento filosófico sobre el saber geográfico.

 

Nosotros sentimos una preocupación semejante ya desde 1974, año en que optamos en el Bachillerato por los estudios de la profesión de geógrafo, que culminamos en 1979, sin finalmente haber tenido claro qué era la Geografía, cuál era su verdadera historia, dónde su método científico.

 

Entre 1979 y 1983, tomamos ya en serio la tarea de abocarnos a aportar algo al respecto, proponiéndonos simplemente hacer una “Historia de la Geografía”.

 

Dicho estudio historiográfico se hizo bajo el esquema de encontrar la corriente de geógrafos materialistas, por un lado, distinguibles teórico-metodológicamente de una corriente de geógrafos idealistas.  Los primeros resultados arrojados por este análisis, mostraron una interpretación radicalmente distinta de cualquier otra, sobre la teoría cognoscitiva de la geografía; aun cuando nuestro pensamiento geográfico todavía respondía, en el fondo, a lo establecido, y de hecho, lo que nos planteábamos, era la fundamentación científica de esa geografía, que luego habríamos de negar.

 

De ahí que nuestra idea de la geografía, era aún la de una ciencia de las relación naturaleza-sociedad.  No obstante la interpretación limitada y defectuosa que surgía de esa base, nos condujo a la crítica de la categoría de relación, como falsa categoría fundamental de la Geografía, tras cuyo desentrañamiento pudiera descubrirse toda la teoría geográfica.

 

Así surgió, finalmente, como último recurso, el concepto fundamental de espacio, como lo que hay de común en todo planteamiento de esta especialidad.

 

Frente a todas las contradicciones que surgían partiendo de cualquier otra categoría como fundamental, a partir de la categoría de espacio, todo el fundamento cognoscitivo de la geografía encontraba una lógica precisa.

 

Así se convirtió la geografía en nuestro pensamiento, de ciencia de relación, a ciencia del espacio; de ciencia de supuesta causalidad de los fenómenos, a ciencia de la causalidad de un atributo físico de la realidad: el espacio; de ciencia social o mixta, a ciencia natural físico-matemática.

 

Se distinguió a partir de ese momento ya no sólo entre geógrafos materialistas e idealistas, sino entre geógrafos de dos escuelas fundamentales del saber geográfico: entre la corriente que llamamos espacista, y la corriente fenomenista, que incluso en términos generales, se corresponden a los geógrafos con una visión materialista e idealista del mundo, respectivamente.

 

A grandes rasgos, estos estudios a nosotros nos pueden parecer suficientes, pero de ninguna forma puede decirse que estén acabados; ello sólo puede decirse respecto a un determinado nivel de conocimientos.  En realidad hacen falta profundos estudios historiográficos, detallistas tanto de un momento dado de la historia, como de un autor dado y su obra.  Lo habido al respecto en realidad sólo responde a una visión unilateral de la historia, a una sucesión anecdótica y meramente cronológica de los autores  de la geografía.  Y ello es, creemos, porque a su vez falta un esquema interpretativo general, que es lo que mínimamente pudimos haber aportado ya desde nuestra tesis de Licenciatura, y que a su vez nos distingue de los planteamientos de Lacoste, Reynaud, Ortega, Capel; quienes, así nos parece, aun están inmersos en el viejo esquema.

 

A diferencia de estos últimos, de quienes no conocimos su obra sino hasta mucho tiempo después que fue traducida y exportada a México (1985), nosotros no disponemos incluso aún en nuestro país, de buena parte de los libros originales, de las fuentes primarias para la historia de la Geografía; hemos tenido que reconstruir el pensamiento geográfico del pasado, en su mayoría, de textos recogidos por otros autores, de citas sueltas, en fin, de fuentes de segundo y tercer orden, lo que evidencia lo inacabado de estos planteamientos, a los que tendremos que volver reiterativamente apenas dispongamos de las obras fundamentales, desde la de Ptolomeo a la de Hettner (est última incluso al parecer no traducida ni siquiera al inglés, y difícil de hallar en su propia edición en alemán).

 

Así, “Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en Geografía”, constituye una continuación de nuestra tesis de Licenciatura en el terreno de la filosofía e historia del pensamiento geográfico, en la cual “descubrimos” el verdadero objeto de estudio de la Geografía.

 

De este modo, este trabajo representa una continuidad de la definición del objeto de estudio de la Geografía a la definición del método de la misma.

 

Quizá su principal falla, sea su principal virtud: el ser repetitivo, redundante, reiterativo, pero que procura no dejar supuestos y lugar a falsas interpretaciones.

 

En el capitulo primero: “La Importancia de la Filosofía y la Historia de la Ciencia en las Contradicciones Teórico-Metodológicas de la Geografía”, se discute la fundamentalidad de los estudios de filosofía e historia de la ciencia por parte del geógrafo, para resolver aquello que nadie más que él tiene la responsabilidad y posibilidad de resolver: las contradicciones gnoseológicas de la Geografía.

 

Se trata de demostrar, pues, que tanto la filosofía como la historia de la ciencia constituyen parte importante del método científico.

 

El propósito de empezar este ensayo con la discusión un tanto abstracta de estos aspectos, es con el fin de plasmar ante la mirada de un geógrafo, la naturaleza de aquello de lo que hasta ahora, de manera general, ha prescindido.

 

La pretensión es que el lector (dirigiéndonos principalmente al geógrafo), evalúe su quehacer profesional considerando el uso o no de estos elementos que forman parte, de algún modo, del método científico.

 

Así, el capítulo segundo: “Ciencia, Teoría del Conocimiento y Método”, trata de plantear en su crudeza, qué es realmente la ciencia, que papel juega en ella la teoría del conocimiento y cómo se define así el método científico.  El afán enfila a que el geógrafo se cuestione acerca de si su disciplina de conocimientos responde a las determinaciones del concepto de ciencia; de hasta que punto se ha tenido o no conciencia de la fundamentalidad de una definición gnoseológica en el quehacer científico; y finalmente, si en realidad la geografía actual responde al empleo del método rigurosamente científico, tal como hoy en día se define.

 

En este capítulo se vierten los argumentos para ubicar a la geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias, definiéndola como ciencia natural; no porque se aboque al estudio de los fenómenos naturales, subordinando, o peor aún, excluyendo a los sociales; sino porque su objeto de estudio : el espacio, es un atributo físico de la realidad, a comprender mediante el recurso matemático y la cualificación de lo natural y lo social.

 



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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:01

Clich--Filosof-a

El Argumento de Certidumbre Científica.

  Ensayo, 2005.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over.blog.es/;

México, 19 jul 10.

 

<<El hecho es más que evidente, consta a todo mundo, hay pruebas testimoniales irrefutables..., y aun así, la ciencia lo niega...; y aun así, los científicos “en su soberbia” no aceptan lo fehacientemente dado, y creen que su verdad, es la única verdad>>

 

Y esto es dicho no sólo por no pocos, sino por quienes supuestamente poseen una formación científica.  El problema del argumento de certidumbre científica, es pues un problema complejo, y más aun, en este momento histórico de inmersión en el oscurantismo[*], el problema de la verdad científica, tiene que ser necesariamente discutido amplia y profundamente, por lo menos, en el ámbito académico.

 

El argumento de certidumbre científica, pasa por el riguroso establecimiento de la relación causal del fenómeno y las exigencias de la demostración, dadas en la lógica formal; y ambos aspectos, quedan a su vez determinados por los procedimientos racionales, y en su conjunto por la metodología de la sistematización del conocimiento.  No obstante, la sola metodología de la sistematización del conocimiento, no basta para definir lo que en general se denomina método científico; pues éste presupone, además, necesariamente, una metodología de la teoría del conocimiento; esto último que, por su propia naturaleza filosófica y su contenido ideológico, no es comúnmente reconocido, particularmente por los sistemas filosóficos subjetivistas.

 

Cada aspecto del proceso de la sistematización del conocimiento tiene sus propias peculiaridades de rigor metodológico.  En lo empírico, la observación, por ejemplo, no se refiere a la observación contemplativa, sino a cierta observación dirigida y analógica.  Con mayor razón, los procedimientos racionales que demanda de una mayor capacidad de abstracción a partir de la lógica.

 

En primer lugar, la hipótesis no debe entenderse como una suposición arbitraria establecida sin más antecedente.  Por lo contrario, la hipótesis es un supuesto hipotético-deductivo resultado de una investigación preliminar que aporta los elementos suficientes para plantear un problema y sobre su base, establecer el supuesto de su posible solución.

 

La hipótesis discurre así, por distintas fases de desarrollo: la conjetura, que viene acompañada de la observación empírica; la versión hipotética, como primera tentativa de explicación del fenómeno o problema a resolver; la hipótesis preliminar (que algunos autores denomina como hipótesis de trabajo), que acompaña el intento demostrativo inicial con no más finalidad que validar a la misma hipótesis; y la llamada hipótesis real, con la que finalmente se desarrolla la investigación formal.

 

La hipótesis real es la que da lugar al análisis de las relaciones causales del fenómeno; entendidas éstas como algo universal (a todo efecto –o fenómeno- corresponde una causa), necesario (todo efecto –o fenómeno- es producto de una causa), y unívoco (la causa precede siempre y necesariamente al efecto o fenómeno, y nunca es posible lo contrario); bajo cinco posibles métodos específicos de sistematización del conocimiento, dependiendo ya de la naturaleza del fenómeno, ya del procedimiento, sea éste demostrativo o refutativo: a) el método de concordancias (comparación de circunstancias repetidas en la aparición de un fenómeno), b) el método de diferencias (la ausencia de una circunstancia que anula la repetición del fenómeno), c) el método mixto de concordancias y diferencias simultáneas, d) el método de variaciones concomitantes (el establecimiento de la causa por ausencia de una circunstancia en la repetición del fenómeno –variante del método de diferencias), y e) el método de residuos (establecimiento de la causa por la exclusión de circunstancias).

 

El método de concordancias, la repetición del fenómeno en diversas circunstancias es la condición para establecer la relación causal, y puede caracterizarse según el siguiente procedimiento:

 

El fenómeno (fa) en una primera circunstancia (fa1), está determinado o tiene como causas posibles a los fenómenos ABCD: fa1     ABCD; luego, en una segunda circunstancia (fa2) el fenómeno se repite, pero en ausencia de los fenómenos (CD), no obstante con la posible presencia de otros fenómenos (KM), y entonces: fa2 ABKM; de donde se sigue que los fenómenos (CD) no son causales del fenómeno (fa); posteriormente, en una tercera circunstancia (fa3) el fenómeno se repite bajo la aparición de los fenómenos (AJKL), y puede entonces establecerse que el fenómeno (fa), es una determinación exclusiva de (A): fa3 A.

 


                                                       fa
1      ABCD


                                                       fa
2      ABKM


                                                       fa
3           AJKL


                                                       fa       A

 

Al igual que en el método de concordancias, en el método de diferencias, la repetición del fenómeno es condición indispensable para establecer la relación causal, en este caso caracterizado de la siguiente manera:

 

Un fenómeno (a), tiene como posibles causas a los fenómenos ABC; dicho fenómeno en una primera circunstancia se observa determinado así, pero en una segunda circunstancia, a la ausencia de uno o varios de los fenómenos causales posibles, dicho fenómeno (fa) no se presenta, de donde puede establecerse entonces que la causa estará en el fenómeno causal ausente (A).

 


                                                        fa        ABC


                                                        fa
1       ABC

                                                        (fa2)       BC

 

Por su parte, el método de variaciones concomitantes el fenómeno (fa) tiene como posibles causas los fenómenos (ABCDE).  Si el (fa) se examina variando los fenómenos conjuntos (la concomitancia), observando en dicha variación en qué caso el fenómeno (fa) no se presenta, dicho método se puede representar de la siguiente manera:

 


                                                                fa
0 = ABCD

                                                                fa1 = ABC d

                                             
                                     fa     ⎨ ABCD    fa
1 = AB c D


                                                                fa
1 = A b CD


                                                                fa
2   a BCD

 

De donde puede verse sin dificultad que la causa del fenómeno (fa), será el fenómeno (A).

 

Otra forma de expresar la relación causal, en términos matemáticos, es mediante la expresión de la relación funcional (con la dificultad de que no debe entenderse por ello como una causalidad producto de la explicación del método gnoseológico funcionalista):

 

 

 

 

       Proposición, Predicado                                 Sujeto

              (propiedades)                           (determinación arbitraria)

                                        ➘                   ↵

                                               x = f(y)

                                         ➚            ↑

        Variable Dependiente           Variable Independiente

                (Constante                               (Variable 

       o Variable Controlada)          o Variable Argumento)

 

 

En cuanto a la importancia de la metodología de la teoría del conocimiento, ello radica en que, mientras una posición materialista supone el ateismo; pues el solo reconocimiento de Dios dejaría lugar al mundo de lo sobrenatural, de lo metafísico, y al ámbito de lo no-cognocible y lo no-demostrable, cosas ambas que niegan a la ciencia, allí donde no hay ninguna verdad objetiva rigurosa posible de establecer; una posición idealista, que parte del necesario reconocimiento de la Idea Absoluta, se enfrenta, en cambio, contradictoriamente, al problema de la verdad; y de ahí que el idealista haga esfuerzos, ya por reconocer un mundo material objetivo de alguna manera (la inmanencia), ya minimizando o hasta desconociendo a la filosofía misma, o bien relativizando la verdad dejándola en el plano meramente de la verdad subjetiva; debilitando y falseando de cualquier manera, el conocimiento científico.

 

En cuanto a la importancia de la metodología de la sistematización del conocimiento, en la metodología empírica, juega un papel importante el reconocimiento de los procesos matematizados en la medición y experimentación, así como en la metodología racional, el conocimiento de la lógica –desde una posición materialista y dialéctica-, es fundamental para, en el proceso del conocimiento hipotético-deductivo, establecer el procedimiento de la relación causal de los fenómenos; es decir, del conocimiento de la esencia y la demostración de la verdad; tanto como lógica, como práctica, reflejo objetivo de la realidad objetiva; y con ello las regularidades o leyes de los mismos, de tal manera que sea posible plantear la predicción científica, con base en un conocimiento cierto del mundo.

 

El proceso hipotético-deductivo, es pues la base racional del conocimiento científico riguroso, esto es, a partir de lo cual, y sólo a partir de lo cual, es posible obtener un conocimiento nuevo.

 

La afirmación anterior se funda en que el método científico supone a su vez un constante paso dialéctico; es decir, lógico; de lo general a lo particular (deducción) y de lo particular a lo general (inducción), en un proceso inferencial constante e infinito.  Ello quiere decir que el cerebro humano está constantemente, haciendo silogismos a partir de los cuales obtiene en consiguientes lógicos a partir de ciertas premisas, los juicios que reflejan ese conocimiento nuevo.

 

De la misma manera, el método científico implica el proceso constante de análisis (descomposición del fenómeno en el paso de lo concreto a lo abstracto) y síntesis(recomposición mediada por lo subjetivo, pero nueva producto del paso de lo abstracto a lo concreto).

 

El paso de lo concreto a lo abstracto, significa el paso del todo complejo, multilateral; a la parte simplificada, mediada, unilateral; de ahí que el movimiento del análisis a la síntesis, no sea ajeno al movimiento inverso de lo abstracto a lo concreto ya mediado o transformado; y ello está vinculado simultáneamente, al movimiento de lo subjetivoy objetivo.

 

De ahí que puedan haber todas las evidencias y testimoniales que se quieran acerca de un fenómeno dado, de tal modo que el sentido común lo afirma sin mayor restricción; pero si no existe una hipótesis que de explicación (que aporte el conocimiento de las posibles causas y esencialidad), la ciencia -no obstante pudiendo reconocer la existencia del fenómeno como tal-, no pueda aceptar arbitrariamente cualquier especulación sobre sus causas, origen o implicación alguna (y de ahí que en la mayoría de los casos prefiera no hablar del asunto, para no dar lugar a dichas especulaciones[**]); el fenómeno quedará entonces, como un fenómeno aun sin explicación (lo cual no quiere decir que jamás lo explicará, sino que de momento, quizás debido a la escasa tecnología, no cuenta ni con la observación, ni experimentación, ni hipótesis suficientes); pero de ello no debe desprenderse; como ocurre ya entre quienes desconocen el método científico, o bien en el mundo del idealismo; que “la ciencia no puede conocer”, o que “la ciencia no da respuesta”, pues –por ingenuo que parezca-, la ciencia no tiene de antemano ni el conocimiento ni la respuesta para todo fenómeno, sino hasta en tanto lo ha investigado.

______

 

Bibliografía

 

De Gortari, Eli; La Metodología: una Discusión y Otros Ensayos Sobre el Método; Grijalbo, Tratados y manuales; México 1980.

Fedoséev, P.N, et al; Metodología del Conocimiento Científico; Presencia Latinoamericana, México 1981.

Ursul, Arkadi D, et al; La Dialéctica y los Métodos Científicos Generales de Investigación; en dos tomos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1985.



[*] Asunto aparentemente evidente que no requiere de mucho argumento demostrativo, sino tan sólo una explicación del proceso de su surgimiento; ante el hecho de que la potencia hegemónica mundial se lanza en Santa Cruzada contra el Mal, organizado incluso en un “Eje del Mal” Mundial, internacional, y condiciona a todo el mundo a la “lucha contra el terrorismo”; mas no siendo el oscurantismo fácilmente reconocible, dicha explicación presupone el argumento demostrativo de certidumbre científica.

[**] Aun cuando, ciertamente, no pocos científicos, particularmente en el ámbito de la ciencia institucional “oficial”, incurren en el exceso de negar la evidencia misma del fenómeno cayendo en lo ridículo, más aun, cuando ellos mismos pretenden ridiculizar dichas evidencias y testimonios.

 



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19 julio 2010 1 19 /07 /julio /2010 08:00

Emmanuel-Kant--avizora.com-.jpgEsencia de la Primera Diferencia

de las Regiones en el Espacio;

Kant, 1768.  Artículo, 2010.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 19 jul 10

 

 

“Desde el fondo de la primera diferencia de las regiones en el espacio”[1], podría entenderse como, “la esencia” de la primera diferencia de las regiones en el espacio.

 

En efecto, en este ensayo de 1768; del Kant conocido aún como el “Kant precrítico”, lo que es tanto como decir un Kant más próximo a un materialismo filosófico; el mismo va a disertar sobre el problema del espacio, no solo como su realidad y naturaleza, sino, esencialmente, con fundamento en su gnoseología fenomenológica, del origen y esencia del concepto por cuanto a la diferencia que se produce en las regiones del mismo, a partir de la simetría humana y hacia el exterior a nosotros.

 

Esas regiones del espacio de que va a hablar Kant, son precisamente las determinadas por la geometría tridimensional a partir de la creación superior (teológicamente hablando) de nuestra propia naturaleza humana.

 

Así, Kant va diferenciar, en principio, el espacio relativo en tanto el orden de coexistencias entre las cosas; del espacio absoluto, en tanto el espacio exterior a lo humano y a las cosas mismas.

 

En su sentido más abstracto, dice Kant, el espacio <<no es la zona en la relación de una cosa en coexistencia a la otra>> (a lo que Kant atribuye solo el concepto de “ubicación”, en relación a los planos de la tridimensionalidad del espacio absoluto); lo cual sólo resulta de, dice Kant, <<la dificultad para dar a la mayoría de las leyes generales del movimiento un significado específico, suponiendo que no hay otro concepto de espacio que el que resulta de la abstracción de la relación de las cosas reales>>.

 

Pero es así, dice nuestro autor, que de la tridimensionalidad del espacio absoluto dada por la intersección de tres planos, <<no es de extrañar –dice entonces Kant– que vamos a obtener de la relación de la superficie media de nuestro cuerpo a la primera razón, el concepto para crear zonas en el espacio>>.

 

El espacio, pues, según Kant, no es la mera relación de coexistencia de las cosas; ello es sólo una condición relativa, que aún presupone la condición de un espacio absoluto exterior; e independiente, afirmará Kant; a las cosas mismas, dado por una tridimensionalidad –y aquí aparece la determinación fenomenológica–, a manera de la “proyección” de los planos de la simetría del cuerpo humano.  El espacio es, podríamos decir así con esquisites kantiana, una determinación del “Hombre de Vitrubio”.

 

Kant se extenderá largamente en su ensayo sobre la esencia de las primeras diferencias de las regiones en el espacio, discutiendo sobre el orden de la simetría en la naturaleza, usando reiteradamente el ejemplo de la simetría, y a la vez asimetría, de las manos derecha e izquierda, para llegar, finalmente, dice Kant: <<a la aplicación filosófica de este artículo –en el que, continuando con la cita del autor–.  Se desprende de los ejemplos muy comunes de ambas manos, que la figura de un cuerpo a la figura de otro totalmente similar y el tamaño o la ampliación podría ser exactamente lo mismo, pero que una diferencia intrínseca sigue siendo, a saber: que la superficie de la que uno decide, el otro no la podría incluir>>.

 

Ambas manos, a pesar de su simetría, se diferencian de manera espacialmente relativa, en tanto coexistentes en el espacio absoluto.  Su superficie misma, dice Kant, es una restricción de ese espacio relativo, dado debido a una diferencia interna; lo que Kant describe de la siguiente manera: <<Debido a que esta superficie es el espacio físico de una licencia limitada, el otro no puede servir de frontera, se puede girar y torcer y cómo se quiera, tal diferencia se debe, a partir de una base interna>>. Por lo contrario, añade Kant, es ello lo que da la diversidad.

 

Por lo tanto, en su esencia, dirá Kant: <<existe solamente el espacio de las relaciones exteriores de las partes de la materia situada junto a la otra>>.  Esto es, que tal esencia es la primera diferencia de las regiones en el espacio.

 

Pero, volviendo Kant a su base gnoseológica, enfatizará por último, no obstante, que: <<El espacio absoluto no está sujeto a la sensación externa, sino que es un concepto básico que todos tenemos, y el mismo hace que sea posible, somos lo que en forma de un cuerpo, sólo en lo que la pura referencia al espacio toca, sólo por la actitud de oposición para ejercer con otros organismos>>.  Esto es, finalmente, que nuestro concepto de espacio es innato y, diría Kant, algo a priori, es decir, dado de antemano por la simetría misma de nuestro cuerpo que hace al espacio absoluto, en una serie de relaciones relativas en la coexistencia con otros cuerpos, que hace al espacio relativo.

 

Podemos decir, entonces, que con Kant, en términos del idealismo filosófico, aparece la discusión de la dialéctica del espacio, que hasta entonces, bajo la influencia de Newton, se mantenía en la condición mecánica del vacío como un sistema inercial.

 

Ahora, si invirtiendo a Kant decimos, por lo contrario, que “el espacio absolto sí está sujeto a las sensaciones externas”; y que por lo tanto, éste no es ni innato ni a priori; la esencia de la primera diferencia de las regiones en el espacio, será entonces, la simetría misma del espacio como un atributo del espacio mismo, y ya no una proyección de las propiedades del “Hombre de Vitrubio”.  Y en esa dialéctica materialista, ahora, el espacio absoluto será, simultáneamente, a su vez relativo, en tanto los atributos dados por el orden de coexistencias de las cosas.

 

Con esa esencia de la primera diferencia de las regiones en el espacio, Kant nos ha devuelto, a su vez, a la esencia de la teoría del espacio entre los cásicos griégos: a las sfrágidas de Eratóstenes, o a los hipotéticos “continentes de contrapeso” de Crates.

 

Este ensayo de Kant de 1768, es de fundamental importancia no sólo en la histórica discusión téorico-flosófica del concepto de espacio, sino, considerando al Kant geógrafo, podemos ver entonces, que la esencia de la primera diferencia de las regiones en el espacio, es la de la tridimensionalidad dada por los planos de coordenadas, que, en este caso, podemos referir como del espacio geográfico.

 

Cuando Alfred Hettner, poco más de un siglo y medio después (1927), al parecer toma la idea de Kant y habla de la Geografía como una ciencia del estudio de la diferencia de las regiones en el espacio; despojado de todo posible principio de subjetividad dado por la filosofía idealista de Kant, Hettner estaba en lo cierto.  El espacio, en consecuencia, no es lo único indiviso y homogeneo a lo que nada se le puede estudiar, sino, por lo contrario, el espacio es a la vez que simetría que le diferencia de suyo, asimetría que le da movimiento y propiedades particulares.

 

Al Renacimiento en Geografía de Toscanelli en el siglo XV, a Mercator en el siglo XVI, le sucede una etapa nuevamente compleja en la historia de la ciencia a partir del trabajo de Abraham Ortelio, contemporáneo mismo de Mercator, en cuyo Atlas realiza el vínculo de la Carta Geográfica, con la Relación Geográfica; crisis, por decirlo así, que durará los siglos XVII y XVIII, precisamente hasta Jean Baptiste D’Anville, Kant, José Antonio de Alzate y Ramírez, y Tomás López.

 

Consideramos a D’Anville como el primer geógrafo teórico, cuya condición aparece en escena no casualmente, sino de manera precisa por esa situación compleja en que se encontraba la Geografía moderna, en que, por una parte, con Jean Picard, La Condamine, Maupertuis, Goone y Lambert, se especializaba la Geodesia como ciencia, y por otra parte, en ese proceso de espacialización de los conocimientos; de la Meteorología con George Hardlay en 1735, de la Paleontología con Buffon en 1749, de la Geología con Werner y Hutton en esa misma segunda mitad del siglo XVIII, y solo un tanto posteriormente, de la Geofísica con Julius Fröbel en 1834, de la Edafología, que deriva de los mismos estudios geológico-geomorfológicos de Vassilievich Dokoutchaiev, en 1883, y de la Geomorfología con Albert Penk en 1894; en suma, que la Geografía, ya desde ese siglo XVIII y luego a lo largo del siglo XIX, como un saber enciclopédico, necesitaba, por lo menos, un fundamento propio como ciencia en ese deslinde de especializaciones generalizado.  Y a ello contribuyeron desde el primer momento, prácticamente de manera simultánea en el ultimo tercio del siglo XVIII, D’Anville, Kant, Alzate y Tomás López.  El primero rescatando la historia de la Geografía, el segundo aportando el fundamento filosófico, y tanto Alzate como Tomás López, dando coherencia y razón de ser de lo ya propuesto desde Ortelio dos siglos antes.

 

No obstante, lo hecho por dichos autores no fue suficiente para hacer claridad en el objeto de estudio de la Geografía y contribuir a su propia especialización.  Ni la física de Newton, ni la filsofia y teoría del espacio primero de Locke, luego de Spinoza, y finalmente de Kant; ni la geometría de la Ilustración o la teoría de la geografía de D’Anville, de Alzate o de Tomás López, todo ello atrapado en su momento histórico, no fue suficiente para dar el total fundamento de ciencia moderna a la Geografía, por una simple y sencilla razón: su objeto de estudio era más complejo para la ciencia de ese entonces; el camino humboldtiano-ritteriano a lo largo del siglo XIX que desembocó en Ratzel, fue un espejismo; y, situados en lo máximo logrado desde Alzate y Tomás López, hubo de esperar casi dos siglos más, para que, en el curso del siglo XX, se reunieran todas las condiciones que, finalmente, hicieran posible darle ese fundamento que aún en los inicios del siglo XXI, estamos tratando de entender.

 

[1] Kant, Emmanuel; Desde el fondo de la primera diferencia de las regiones en el espacio; http://gutenberg.spiegel.de/?id=5&xid=1364&kapitel=1#gb_found.

 



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15 julio 2010 4 15 /07 /julio /2010 08:02

Clich--Filosof-a

Ciencia Positiva y Ciencia Positivista.

  Ensayo, 2006 (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over.blog.es/;

México, 19 jul 10.

 

En consecuencia, “ciencia positiva” como categoría marxista, dialéctico materialista, es entonces: conocimiento científico acumulado a través de la historia y cuya vigencia es fundamento de su propio desarrollo, con base en la ley de la negación de la negación, expresada en la especialización de las ciencias particulares.

 

A ello se opone el concepto de “ciencia positiva” como categoría comtiana, de la filosofía positivista, por la cual se entiende que toda ciencia, como “único conocimiento posible y el método de la ciencia el único válido”[1], es saber válido sólo en la ciencia concebida por la filosofía positivista; y es esa absolutización y culto a la ciencia, lo que da lugar al “cientificismo positivista”; esto es, sólo aquel conocimiento producto de los métodos empíricos; la observación, la medición y el experimento, desde una posición agnosticista; esto es, de la negación de la posibilidad de conocer total o parcialmente el mundo, que, separando la esencia, del fenómeno, se queda sólo en la percepción empírica de éste sin poder conocer dicha esencia; entendiendo el conocimiento científico entonces, como un puro saber enciclopédico que será tanto más científico, cuanto más exhaustiva la descripción del fenómeno.

 

Es en ese sentido, e identificándolo con el concepto dialéctico materialista, que lo entiende, por ejemplo, Pío X en el punto 18 de su Encíclica Communium Rerum, de 1909:  18. La ciencia positiva, el progreso material y el agnosticismo moderno:  “...por una deplorable aberración –dice Pío X en su Encíclica–, sucede que los progresos en las ciencias positivas y en la prosperidad material, buenos por su naturaleza, dan ocasión y pretexto a muchos ingenios débiles, dispuestos al error por las pasiones, para levantarse contra la verdad divina con una intolerable soberbia”[2].  Pero, así lo entenderá no sólo Pío X a principios del siglo XX, sino –por lo menos quizá en parte– la ideología posmodernista misma, hoy en día, principios del siglo XXI, al criticar a la ciencia de la modernidad, identificándola, en un error de falso antecedente, con la “ciencia positiva” entendida como “cientificismo filosófico-positivista agnóstico y mecanicista”. 

 

 

Conclusión.

 

                              No ha sido el propósito hacer esto esxrtenso, sino más bien breve.  Bastaba con establecer la diferencia entre ambos conceptos entendidos en dos sistemas filosóficos distintos.

 

                              Ciertamente, el ejercicio ha sido enormemente provechoso, no sólo por cuanto a la precisión de las categorías, sino porque una breve y rápida revisión documental, nos permitió corroborar no sólo lo dicho en el Preámbulo de este trabajo (el posmodernismo tiene aquí un error de falso antecedente); sino más aún, que ciertamente el "neomarxismo" (que podrá ser cualquier cosa menos marxismo), es en buena medida, fundamento, fundamento crítico del posmodernismo.

 

                              Una búsqueda por la Intrnet bajo el concepto de "ciencia positiva", arrojó, al 2 de junio de 2006, 3'650,000 ítems, de los cuales (buena parte de los primeros en el orden de consulta), constituyen documentos de crítica "neomarxista", destacando ese error por falso antedecente.  Una segunda búsqueda restringiendo el concepto a "marxismo y ciencia positiva", dio como resultado a la misma fecha, 2 de junio de 2006, apenas 132,000 ítems (3.6 % respecto de la cifra anterior; en cuyos documentos -parte de los cuales referimos en la Bibliografía-, por el contrario, se discute las categorías en cuestión, en general, en los términos en que aquí lo hemos hecho.

 

                              Así pues, dado que la categoría de "ciencia positiva" como toda <<especialización de las ciencias particulares>> en tanto sabe acumulado vigente con fundamento en la ley de la negación de la negación, es sustento del desarrollo positivo ulterior de la ciencia; y ello es totalmente distinto a la categoría de "ciencia positiva" como el concepto de "conexión de la totalidad" de la ciencia identificada con la filosofía positivista comtiana.  Y en tanto que la dialéctica materialista entiende la categoría de "ciencia positiva" como es <<especialización de las ciencias particulares>>; luego entonces, la categoría de "ciencia positiva" en la filosofía dialéctico materialista, es totalmente distinta a la categoría de "ciencia positiva" en la filosofía de Augusto Comte.  El concepto en que el el autor de estas líneas se mueve, es, entonces, por supuesto, el concepto dialéctico materialista engelsiano.

 


     _____

 

Bibliografía

 

Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Editorial FCE; v. Positivismo.

Claudín, Fernando; Tarea de Engels en el Anti-Dührin; www.filosofía.org/hem/dep/cri/rio3049.htm

Engels, Friederich; Dialéctica de la Naturaleza; Editorial Grijalbo, México, 1961.

_    Anti-Dühring.  La Subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring; Grijalbo, México, 1962.

Fernanez-Santos, Francisco; Marxismo y Filosofía; www.filosofía.org/hem/dep/cri/ri03003.htm

Rieznik, Pablo; Predicción, sujeto y objeto; artículo publicado en la revista: “En defensa del Marxismo”, 1995. Cuba s.XXI; www.nodo50.org/cubasigloXXI/política/malime2_310105.htm

Malime; Sobre la Interpretación de Manuel Sacristán de el Anti-Dühring; Rebelión.org, 2001; www.rebelion.org/izquierda/malime031201.htm

Martínez, Francisco José; El Marxismo; en “Nómadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas”; Madrid, 2002. www.ucm.es/infu/eurotheo/materiales/hismat/fjmarmar.htm

Roca, José M; Marxismo y Posmodernismo; en “Iniciativa Socialista N°16, 1991; www.inisoc.org/marxypos.htm

Sacristán, Manuel; Sobre el Anti-Dühring; La Insignia, 2005. www.lainsignia.org/2005/agosto/dial_002.htm

Wood, Alan-Grant, Ted; Razón y Revolución; Filosofía Marxista y Ciencia Moderna; www.engels.org/libr/razón/raz_4_18b.htm

Sobre Cambiar el Mundo..., de John Holloway.  Antipoder vs Poder; www.herramienta.com.org/modulos

La Escuela de Franfurt y el Marxismo; www.escuela-frankfurt.pais-global.com.ar/index.php/4312

 



[1]     Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Editorial FCE; v. Positivismo.

[2]     Op. Cit.

          www.uc.cl/facteo/magisterio/ plano/html/listados/PioX.html.

 



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15 julio 2010 4 15 /07 /julio /2010 08:01

Clich--Filosof-a

Ciencia Positiva y Ciencia Positivista.

  Ensayo, 2006 (1/2)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over-blog.es/;

México, 15 jul 10.

 

Preámbulo.

 

No sólo la necesidad en el rigor de la definición de las categorías, sino la necesidad de un intercambio de ideas conociendo del contenido de los conceptos del otro, ha propiciado estas notas sobre el concepto de “Ciencia Positiva”.  Un vistazo al concepto a través de un “buscador” aprovechando la nueva tecnología por la Internet, para reforzar o someter a crítica nuestro propio pensamiento, nos ha corroborado lo que sólo teníamos en general considerado: el error en el fundamento del posmodernismo es su crítica a la ciencia de la modernidad, consistente en acusarla precisamente de “ciencia positiva”, pero donde lo que debe entenderse por ello, es más bien “ciencia positivista” o mejor dicho, “cientificismo positivista”.  Esto es, que son dos conceptos semejantes en su homonimia, pero distintos por su contenido; uno se refiere al conocimiento científico acumulado a través de la historia y cuya vigencia es fundamento de su propio desarrollo, y otro alude al concepto de “ciencia” en la filosofía positivista de Augusto Comte.

 

 

Marxismo y Ciencia Positiva.

 

Al respecto del marxismo y la ciencia positiva, la referencia más notable es la cita de Engels en la cual éste dice:  “Solamente cuando la ciencia de la naturaleza y de la historia hayan asimilado la dialéctica, saldrá sobrando y desaparecerá, absorbida por la ciencia positiva, toda la quincalla filosófica, con la excepción pura del pensamiento”[1].  Esta cita, ligeramente transformada, se encuentra repetida por el mismo Engels en su Anti-Dühring, expuesta de esta otra manera: “Desde el momento en que se presenta a cada ciencia la exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas, se hace precisamente superflua toda ciencia de la conexión total.  De toda la anterior filosofía no subsiste al final con independencia mas que la doctrina del pensamiento y de sus leyes, la lógica formal y la dialéctica.  Todo lo demás queda absorbido por la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”[2].  Y todo ello no es, finalmente, más que el concepto de ciencia dialéctico materialista, en la ciencia de la modernidad.

 

La Dialéctica de la Naturaleza, constituye un proyecto de Engels desde 1873, pero continuado por largo tiempo, lapso en el cual intercaló la redacción del Anti-Dühring, publicado en tres ediciones entre 1878 y 1894.  Puede asumirse que la cita de éste segundo texto haya sido primero, y la insertada en la Dialéctica..., apenas una nota sintética posterior en su vasto proyecto.  Como quiera que sea, nos quedaremos con la cita más completa del Anti-Dühringa propósito de explicar la relación entre el marxismo y la ciencia positiva.

 

La idea más general es esta por la cual –a decir de Engels– se entendía a la filosofía (y no pocos, llamándola la “madre de todas las ciencias”, aun así la juzgan), como la pretendida “ciencia de la conexión total”.  Particularmente para el sistema filosófico de Augusto Comte, la filosofía positivista, así se considera a la filosofía; quedando esto como uno de esos dos conceptos de ciencia, en la ciencia de la modernidad.

 

Mas, conforme a la especialización de las ciencias que tiende a la aparente separación y desvinculación del conocimiento y por lo tanto la necesidad de establecer sus relaciones; o como dice Engels, esa “exigencia de ponerse en claro acerca de su posición en la conexión total de las cosas y del conocimiento de las cosas” –necesidad ya muy clara para las ciencias básicas de la modernidad a fines del siglo XIX–, se da ese sentido del concepto de la “ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”, por la cual, si bien la especialización de las ciencias parece fragmentar el conocimiento, éste en realidad se hace –y he ahí precisamente el aspecto de lo positivo– tanto más profundo como más amplio simultáneamente.  Es decir, en principio, por “ciencia positiva” en Engels, debe entenderse, desarrollo de las ciencias, en tanto <<especialización de las ciencias>>.  Y ello no ocurre sino trayendo como consecuencia la terminación de la filosofía en su concepción totalizadora, y por el contrario, tomándola como la asimilación o la síntesis en la dialéctica, como doctrina del pensamiento y de sus leyes.

 

Ciertamente el planteamiento de Engels (1820-1895) respecto de la filosofía, es muy semejante al de Augusto Comte (1798-1857); la diferencia quedará dada en el contexto de las doctrinas del pensamiento entre la dialéctica y el positivismo: en Engels, la filosofía desaparece como “conexión total” y es asimilada a la dialéctica; en Comte, la filosofía es la “conexión total” misma del conocimiento, en el sistema filosófico denominado positivismo.

 

La crítica que se ha hecho al marxismo en cuanto al concepto de “ciencia positiva”, ha sido el que Marx planteó sus ideas en sentido negativo, (en una dialéctica negativa); esto es –dicen tales cuestionadores–, como crítica.  A lo que habría que aclarar que, primero, la crítica –vulgarmente– no necesariamente debe verse como lo negativo; y segundo, que esa dialéctica negativa, no es sino en términos de la ley dialéctica de la negación de la negación, que en la afirmación, da el sentido positivo de la crítica.  Esa doble negación es precisamente la esencia del concepto marxista de la “ciencia positiva”, lógica de la ciencia de la modernidad.

 



[1] Engels, Friederich; Dialéctica de la Naturaleza; Editorial Grijalbo, México, 1961; p.177 (subrayado nuestro)

[2] Engels, Friederich; Anti-Dühring.  La Subversión de la Ciencia por el Señor Eugen Dühring; Grijalbo, México, 1962; p.11 (subrayado nuestro).

 


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5 julio 2010 1 05 /07 /julio /2010 08:04

    Las Experiencias Socialistas en el siglo XX.

  Ensayo 2005 (4/4)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico-over-blog.es/;

México, 15 jul 10.

 

 

Así pues, dada la docena de parámetros anteriores (relacionados ahora al pie de la tabla mostrada a continuación), podemos, entonces, valorar tanto las concordancias que confirman el sistema socialista y a la vez, respecto de la teoría, nos muestra las posibles causas de las fallas de dicho sistema económico-social en su experiencia en el siglo XX; y a su vez, nos permite ver el grado en que una u otra experiencia fue o no consecuente con dicha teoría socialista.

 


Experiencia Socialista

Condiciones Esenciales del Socialismo

Grado de Socialismo

1

1

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

 

1

URSS

1

1

 

1

1

1

1

1

1

1

1

1

11

2

China

1

1

 

1

 

1

1

 

1

 

1

 

7

3

Corea del Norte

1

1

 

1

1

1

1

1

1

1

 

 

9

4

Cuba

1

1

1

1

1

1

1

1

1

1

1

1

12

5

Viet Nam

1

1

 

1

 

1

1

1

1

 

1

1

9

6

Camboya

1

1

 

 

 

1

 

 

 

 

1

 

4

7

Angola

1

1

 

 

 

1

 

 

1

 

1

1

6

8

Europa del Este

1

1

 

1

1

1

1

1

1

1

 

1

10

9

Yugoslavia

1

1

 

1

 

1

1

1

1

1

 

1

9

10

Albania

1

1

 

1

1

1

1

1

1

 

 

1

9

 

Concordancias:

10

10

1

8

5

10

8

7

9

5

6

7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

Abolición de la propiedad privada

 

2

Extinción de las clases sociales

 

3

Extinción del Estado

 

4

Industrialización con nueva tecnología

 

5

Planificación Geoeconómica

 

6

Socialización de la tierra agropecuaria

 

7

Elevación del bienestar material y cultural de los trabajadores

 

8

Elevación constante de la productividad del trabajo

 

9

Distribución de la riqueza socialmente generada con arreglo a las capacidades individuales y al trabajo de cada cual

 

10

Movimiento obrero como dirección

 

11

Movimiento revolucionario de origen

 

12

No “Reeducación” forzada

 

 

 

Entonces, según el análisis de la Tabla de Concordancias, considerada la experiencia socialista por país, resulta que Cuba, la URSS, y los países de Europa del Este, en ese orden, fueron los más consecuentes en la aplicación del socialismo en su forma teórica ortodoxa; si bien es cierto que aquí podría exceptuarse a los países de Europa del Este, liberados en la II Guerra Mundial.  Y que países como Camboya, Angola o China, en donde incluso pudiera exceptuarse a Angola afectada por sus condiciones de guerra civil permanente; fueron los menos consecuentes en la ortodoxia teórica socialista.

 

Pero, considerada la aplicación de las condiciones esenciales del socialismo, se tiene ahora que la abolición de la propiedad privada, el proceso de extinción de las clases sociales, y la socialización de la tierra agropecuaria, fueron las condiciones aplicadas más consecuentemente, quizá se pudiese decir, necesariamente por definición.  Sin embargo, la aplicación de la planificación geoeconómica, el movimiento obrero como dirección del proceso socialista, y la consideración de un movimiento revolucionario de origen (no como resultado de las consecuencias de la II Guerra Mundial), fueron los aspectos menos considerados.  Y ello corrobora la ortodoxia de los fundamentos teóricos de la instauración del socialismo.

 

 

Pero el punto clave en la aplicación de las condiciones esenciales del socialismo, estuvo en el necesario proceso de extinción del Estado.  El Estado, antes que entrar en un proceso de sustitución por una acción de mayor extensión y contenido democrático, de autogestividad, el proceso ocurrió a la inversa: el Estado se fortaleció, y una consecuencia de ello fue su necesaria burocratización; incluso en Cuba, en donde, no obstante, ese proceso de participación democrática fue (o sigue siendo) más amplia y consecuente.  Y si en un caso se corroboraba la ortodoxia de los fundamentos teóricos de la instauración del socialismo, en este otro caso se explica la gran autoridad moral de Cuba ante los pueblos del mundo, y su resistencia frente al imperialismo norteamericano.

 

Los casos de Cuba y la URSS habrán de ser profusamente estudiados para extraer las lecciones para las futuras experiencias socialistas del siglo XXI (como por defecto, lo habrán de ser los casos de Camboya y China); y, por lo demás, con el gran significado de Cuba para los países de América Latina.

 

El error esencial del fortalecimiento del Estado, podemos decirlo ahora, fue algo que no podía dejar de ocurrir, y no como consecuencia de la agresión imperialista, sino como resultado de un equívoco teórico.

 

El colectivo de autores del Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, anotan al respecto: “El Estado es necesario como órgano para defender a los países del socialismo contra las agresiones imperialistas de los países del campo capitalista, como órgano para salvaguardar al régimen socialista contra cualquier clase de intentos de restauración del capitalismo por parte del imperialismo y de sus agentes” (Op. Cit. p.449).

 

Esto es, que en vez de confiar en el pueblo, en el verdadero Estado socialista de las masas organizadas del proletariado para todo efecto de defensa, a estas se les sobrepuso el aparato del Estado, fueron desplazadas y se les puso bajo su tutela; de donde la burocratización de Estado se daba por definición.

 

Hacer del proletariado organizado el verdadero Estado socialista, en nada significará el “debilitamiento del Estado” socialista, sino todo lo contrario: pero en ese proceso, lo suplantará por la organización autogestiva.  Cierto es que una idea de Estado no sólo se debilitará, sino entrará en franca agonía.

 

Pero aquí vino una definición esencial; en el Manual… se afirma: “El Estado sólo agonizará con el triunfo total del comunismo” (Op. Cit. p.449).  O dicho de otra manera: el Estado estará ahí hasta que triunfe el comunismo, y sólo en el curso de éste, el Estado agonizará.  Hay ahí una evidente contradicción.  Y podemos preguntarnos: ¿acaso no será que el proceso que encamine al triunfo total del comunismo; o sea el socialismo; hará agonizar, en ese proceso al Estado, de modo que el comunismo se definirá, precisamente, por la no-existencia de éste, por la suplantación autogestiva de la sociedad?  Es decir, exactamente lo contrario a lo dicho en el Manual…  No es que el Estado agonizará con el triunfo del comunismo, sino que el triunfo del comunismo, será como resultado de la agonía del Estado.  He ahí, pues, una de las causas de la derrota de la experiencia socialista del siglo XX.  Cuando hubo que defender la revolución socialista en la URSS, el pueblo sólo estuvo expectante, y el Estado socialista en esas condiciones, desligado del pueblo, se aniquiló a sí mismo.

 

 


 

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5 julio 2010 1 05 /07 /julio /2010 08:03

    Las Experiencias Socialistas en el siglo XX.

  Ensayo 2005 (3/4)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 jul 10.

 

 

8)     Europa del Este, (1945-1991)

 

La experiencia socialista de los países de Europa del Este en su conjunto (Alemania, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Checoeslovaquia, Hungría, Rumania, y Bulgaria); es producto, no tanto de la lucha revolucionaria de su proletariado previa a la II Guerra Mundial, como de la liberación producida por el avance soviético en su camino a la Alemania nazi, apoyándose en los grupos comunistas existentes que encabezaban la lucha clandestina contra el nazismo.

 

Varios de esos países albergaban incluso cierto resentimiento histórico contra Rusia por su pasado anexionista imperial zarista.  El Tratado de No-Agresión de 1939, denominado “Molotov-Ribentrop”, entre la Alemania nazi de Hitler y la URSS comunista de Stalin, que políticamente es apenas un lapso para ganar espacios de seguridad y contención previos a la guerra; evidentemente no es entendido como una condición de necesidad por la población común de estos países víctimas de la agresión, y por ambas partes, que de manera natural, no podían ver a la URSS sino como una potencia invasora o intervensionista.  En el fondo, como quiera que sea, el socialismo les llegó prácticamente “de fuera”, no en el contexto de una guerra revolucionaria local, sino como parte de una guerra mundial de liberación de una potencia imperial.

 

En este panorama, dos países tienen una situación particular especial: Yugoslavia, y Albania.

 

 

9)     Yugoslavia, (1945-1991).

 

La experiencia socialista escenificada en los Balcanes en estos dos países, tiene una marcada particularidad de lucha revolucionaria antecedente a la II Guerra Mundial, lo que le da a su dirigente Tito, no sólo la autoridad moral que permite unificar las seis repúblicas de la federación (1945), sino pronto, deslindarse de su filiación prosoviética distanciándose de Stalin (1948); reconciliada en 1956 con Kruchov; marcando una línea independiente.

 

La experiencia socialista yugoeslava se destaca y diferencia de la experiencia soviética, por mantener la propiedad privada del campo, y dar una amplia autogestión a la industria.

 

 

10)  Albania, (1944-1985).

 

Por su parte, la experiencia socialista de Albania parte de la expulsión de los alemanes nazis, y la toma del poder por los comunistas en 1944, bajo el liderazgo de Enver Hoxa.  Al apoyar éste a Stalin en su conflicto con Tito, Albania y Yugoeslavia también se distancian.  Pero a la muerte de Stalin en 1953, Albania rompe con la URSS y toma partido por China, con la cual también rompe en 1978, criticando su acercamiento con Estados Unidos.  La vida de Hoxa caracteriza la experiencia socialista de Albania, pues éste la dirigió desde 1944 hasta su muerte en 1985; justo cuando empezaba la reforma gorvachoviana, a la cual se sumó el sucesor de Hoxa, Ramiz Alia, que promueve la apertura al exterior y el proceso electoral multipartidario, con lo que los comunistas pierden el poder terminando así la experiencia socialista, e incluso, siendo luego el propio Alia, acusado de corrupción y condenado a prisión en 1994.

 

 

Las variables que en un primer ejercicio se pudieron extraer nada más de estos breves textos, fueron 26; pero la idea es ahora el sistematizarlas de acuerdo con las propiedades esenciales del socialismo, tanto por lo económico, como por lo político y social.  Estas variables hasta ahora están consideradas en la Tabla de Relación Causal por Concordancias que se anexa.  Lo que se busca con esa Tabla, es precisamente determinar las posibles causas esenciales, en este caso, del socialismo, tratando de entender la más completa y la mejor expresión de éste, tanto por sus fundamentos teóricos, como por sus resultados prácticos concretos.  Al pie de la Tabla se relacionan las variables ideales o teóricas esenciales del socialismo.

 

La experiencia del establecimiento del Estado socialista en el siglo XX, desde la Unión Soviética (la unión de Consejos) de Rusia, hasta Cuba, ha de evaluarse necesariamente, a partir de la situación ideal, o del planteamiento teórico, de lo que debe ser la sociedad localista, más precisamente dicho aún lo que debe ser en el proceso de su construcción de principio a fin.

 

En ello hay tres condiciones esenciales: 1) la abolición de la propiedad privada de los medios de producción social (fábricas, tierras de cultivo, extensiones ganaderas, transportes y medios de distribución y comunicación social, centros de distribución, la Banca; esto es, no debe confundirse la “propiedad privada”, con la “propiedad personal”, representada ésta por la casa-habitación, los bienes materiales en ella para la comodidad, esparcimiento o desarrollo del individuo, o el automóvil; una es fruto del despojo a la sociedad de los bienes materiales de producción social, es decir, de los medios que producen para la sociedad mediante el trabajo y la riqueza socialmente generada, que pasan a manos de unos cuantos; y la otra es fruto del trabajo y ahorros de cada cual); 2) el proceso de extinción de las clases sociales; y, 3) el proceso de la extinción del Estado.  Una cosa es condición de necesidad de la otra.  El Estado no tendrá razón de ser cuando no haya una clase social (el proletarado) que tenga que reprimir a la otra (la burguesía); y la burguesía se extinguirá (y con ella a su vez el proletariado mismo), a partir de que deje de existir la propiedad privada de los medios de producción social.  Entonces reinará un mundo de una sociedad igualitaria, una sociedad en comunidad, y entonces aparecerá la sociedad comunista.  Se ve distante, pero ello ocurrirá necesariamente; esa es la tendencia histórica del desarrollo de la humanidad: alcanzar, en la conciencia de la necesidad, cada vez mayores estadios de libertad.

 

Entre esa sociedad comunista como un gran anhelo humanista, y la actual sociedad capitalista como una gran tragedia humana, mediará una etapa de organización social de transición: la sociedad socialista.  Eso es lo que se ha venido ensayando a lo largo de un siglo, desde la insurrección de la Comuna de París en 1871, hasta el triunfo de Vietnam en su guerra antiimperialista, y la Revolución de Angola, en 1975.

 

Hace 35 años el proceso de la transformación socialista de la sociedad se detuvo; más aún, hace 20 años comenzó a revertirse con la derrota de la URSS en la llamada Guerra Fría, y la vuelta al capitalismo de prácticamente todos los países del campo socialista.

 

Ello, por una parte, necesita explicaciones; pero, por otra parte, necesita esa revisión de las experiencias socialista del siglo XX, por la sencilla razón de que aquí la historia no se ha detenido; mientras haya desigualdad, explotación de una ser humano por otro, pobresa, hambre, guerra; seguirá siendo legítimo anhelo aspirar a una sociedad mejor, y todo ser humano pensante, no podrá sino luchar tenazmente por ello.  Luego entonces, la lucha por una sociedad socialista aún continúa, de momento, en la forma de la revisión de su experiencia para retomar los nuevos avances.

 

En otro momento intentaremos la explicación de la derrota del socialismo en la Guerra Fría; por ahora, pasemos a esa revisión de la experiencia del siglo XX.

 

Esa sociedad de transición que ha de suceder a la actual sociedad capitalista: el socialismo, ha de ser necesariamente más simple que la misma sociedad esclavista de emperadores hijos de dioses y una organización social regida por la mitología; que la sociedad feudal de complejos rituales monárquicos y una organización social profundamente estamentada; que la misma sociedad capitalista de simulación de complejidad en el proceso de producción económico-social y pantomimas políticas.  Así, la sociedad socialista, en su esencia, tan sólo es:

 

1      Abolición de la propiedad privada

2      Extinción de las clases sociales

3      Extinción del Estado

4      Industrialización con nueva tecnología

5      Planificación Geoeconómica

6      Socialización de la tierra agropecuaria

7      Elevación del bienestar material y cultural de los trabajadores

8      Elevación constante de la productividad del trabajo

9      Distribución de la riqueza socialmente generada con arreglo a las    capacidades individuales y al trabajo

10   Movimiento obrero como dirección

11   Movimiento revolucionario de origen

12   No “reeducación” forzada (respeto a la dignidad humana).

 



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5 julio 2010 1 05 /07 /julio /2010 08:02

    Las Experiencias Socialistas del Siglo XX.

  Ensayo, 2005 (2/4)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografíco.over-blog.es/;

México, 08 jul 10.

 

 

5)  Cuba, (1959 al presente).

 

La experiencia socialista de Cuba, es quizá, a nuestro juicio, no sólo una de las más ricas, sino la experiencia más rica de todas las variantes de la experiencia socialista internacional.

 

Dicha experiencia atraviesa por los siguientes períodos: 1) de 1959 a 1960, lapso en el cual, el Estado se establece no como socialista, sino como una democracia popular capitalista, que realiza una amplia y profunda reforma agraria con el reparto de la tierra en pequeña propiedad privada, y promueve la industrialización.

 

Parte esencial en esa democracia popular, es, en esta política de industrialización, la nacionalización de los principales sectores de la economía: la producción alimenticia, los ingenios azucareros, y la industria petrolera.  Es como consecuencia de ello que se producirá el rompimiento con los Estados Unidos; 2) el siguiente período, de 1961 a 1965, está caracterizado ahora por la crisis bélica; primero, de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, y de lo cual derivará la declaración abierta de la instauración del socialismo en Cuba pasándose entonces de la democracia popular capitalista, al Estado socialista; y luego, por la “Crisis de los Misiles”, de 1962; 3) un siguiente largo período, va de 1965 a 1990; le caracteriza la política de internacionalismo proletario, y la integración al Mercado Común Comunista (CAMECOM); hasta que con el derrumbe del Bloque Socialista tras la disolución de la URSS en 1991, Cuba se ve sometida a mayores presiones por los Estados Unidos, que incrementan el bloqueo económico; y 4) un período más, que va de 1991 al presente, caracterizado por una reconversión de su economía, que, antes basada en la exportación de azúcar de caña, apenas saboteada por la producción de azúcar de remolacha en los E.U; en los años noventa, con la producción de endulzante a partir de la fructosa (derivado de la abundante y económica producción de maíz de los mismos E.U) acaparando el mercado internacional, la industria azucarera de Cuba tiene que reconvertirse[*], y la base de la economía pasa al sector turístico, incluso con administración privada.  La “Enmienda Torricelli” (1992), o la “Ley Helms-Burton” (1996), pretenden reforzar el bloqueo a Cuba, pero sin que ello sea acatado por los demás Estados aliados de E:U.  A fines de los años noventa, disminuye el aislamiento económico internacional, y el PIB de Cuba tiene un crecimiento más alto que el resto de los países de América Latina.  Finalmente, en este lapso, ya en los años dos mil, Cuba firma convenios con Venezuela y Brasil (2003), ambos de la “Nueva Izquierda”, uno de Hugo Chávez, y el oto, de Inacio da Silva; y produce un millón de dosis de vacunas contra la meningitis y neumonía, y comercializará otra contra el cáncer, siendo ahora ésta, una perspectiva de la base de sus fuentes de ingresos.

 

 

6)     Viet Nam, (1975-1992).

 

La experiencia socialista de Viet Nam, tiene por su parte un único período: el período de 1975-1985; lapso que se caracteriza por la no-aplicación de la planificación geoeconómica, el bloqueo económico de Estados Unidos, la nacionalización, la colectivización de la tierra, y la instauración de lo que se da en llamar “Campos de Reeducación”, en lo que fue Viet Nam del Sur; en ese sentido, se sigue un lineamiento muy próximo al de China, no obstante Viet Nam tomará partido por la URSS, lo que provocará que en su conflicto con Camboya (1978), se vea invadido punitivamente por China en 1979, aliado de ésta.  En 1986, el Partido Comunista de Viet Nam decide aplicar reformas  hacia una economía liberal de mercado, siguiendo y extremizando la política reformista iniciada en la URSS por Gorvachov, y en 1994, Estados Unidos levanta el embargo.  Es decir, la experiencia socialista de Viet Nam, uno de los últimos países en intentar instaurar un régimen socialista, habrá de durar apenas una década.

 

 

 

7)    Camboya, (1975-1999).

 

La experiencia socialista de Camboya es singularmente interesante; esta experiencia puede dividirse en los siguientes dos períodos: 1) el breve período de 1975-1977, en el cual existe una fuerte influencia del antiguo rey Sihanouk, que aparentemente convertido, organiza el Partido de la Comunidad Socialista Popular y se alía al Jemer Rojo, formando el Gobierno Real de la Unión Nacional de Camboya, que toma el poder en 1975.  En 1976 el Jemer Rojo disuelve el Gobierno Real de Unión Nacional de Camboya, y Pol Pot asume el poder; y en 1977 éste declara prácticamente el Estado socialista en manos del Partido Comunista de Kampuchea, tomando partido por China; y 2) el período de 1978 a 1999; caracterizado inicialmente por la invasión de Viet Nam, que derroca al gobierno de Pol Pot, y coloca en él a otro líder disidente del Jemer Rojo, que en 1980 es desconocido por la ONU, y en 1982, una nueva alianza opositora pone al frente a Shianouk, apoyado por Estados Unidos y China.  A principio de los años noventa, el gobierno de transición propuesto por la ONU convoca a elecciones, saliendo ganador Shianouk (1993), que se nombra rey, poniendo al Jemer Rojo fuera de la ley (1994), con la persecución de Pol Pot hasta su muerte, en 1998; y que para el año siguiente, 1999, con la captura y de su nuevo líder y la rendición de su ejército, termina esta experiencia.

 

 

8)    Angola, (1975 al presente).

 

La experiencia socialista de Angola es básicamente la última en el s.XX.  Le va a caracterizar : 1) el período de 1975-1992; caracterizado por la toma del poder por el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), tras la larga lucha anticolonial contra Portugal, que ha escenificado la llamada Revolución de los Claveles; e implantando un régimen socialista de corte soviético; se oponen a ello el Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), y la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), mismos que son apoyados no sólo por Estados Unidos, Francia y Suráfrica, sino, en el caso de la UNITA, luego profundamente anticomunista, por China; hasta que en 1992, tras una acuerdo nacional, Cuba sale con sus tropas y se convoca a elecciones, de las cuales termina ganador el MPLA, legitimando su posición; y 2) el período de 1992 al presente, caracterizado por la derrota final de la UNITA, y el logro de la paz en 2002.



[*] No nada más en Cuba la Industria Azucarera va a la ruina; en México, quiebran todos los Ingenios Azucareros, ya sea que estén en manos del Estado o privatizados (e incluso afectando a empresas refresqueras nacionales, a las que les era más económico el uso de la azúcar de caña, que ahora el endulzante de fructosa).

 



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5 julio 2010 1 05 /07 /julio /2010 08:01

    Las Experiencias Socialistas del Siglo XX.

  Ensayo, 2005 (1/4).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 05 jul 10.

 

 

Como una idea general, como un esquema, con una argumentación muy en el aire dado que se hace por primera vez y sin mayor reflexión ni documentación que la dada en el apoyo en el Almanaque Mundial, para establecer sólo eso: una idea general, acerca de una síntesis de las experiencias socialistas en el siglo XX.

 

Sin duda, la experiencia socialista es vasta; en un momento dado, entre los años sesenta y setenta de ese siglo XX en que tal experiencia tiene lugar, se considera que dos terceras partes de la humanidad vivieron en un régimen socialista.

 

Pero ciertamente también, por lo menos un tercio de ello, correspondió a una experiencia efímera e incompleta en todo sentido; razón por la cual, para evaluar la experiencia socialista, será suficiente con el establecimiento y relativa consolidación de aquellos Estados más representativos; ya por lo duradero de la experiencia, ya por lo políticamente significativo.  Antepondremos por su significado histórico, la experiencia de la Comuna de París, de 1871.

 

Entre esos Estados en que tiene lugar la experiencia que propiamente podemos llamar socialista, a partir de la primera experiencia histórica en el siglo XIX, están como más representativos: 1) la URSS (1917-1991); 2) China (1949-1995); 3) Corea del Norte (1945 al presente); 4) Cuba (1959 al presente); 5) Viet Nam (1975-1986); 6) Camboya (1975-1999); y 7) Angola (1975 al presente).

 

En todos estos casos, la experiencia del establecimiento del Estado socialista es producto del movimiento revolucionario del proletariado.  Pero, sin duda, habrá que incluir, por lo menos de conjunto, una visión de la experiencia socialista en, 8) los Estados de Europa del Este (1945-1991), y 9) los casos especiales de Yugoeslavia (1945-1991), y 10) Albania (1945-1991), resultado de su liberación en el curso de la II Guerra Mundial, lo cual no deviene necesariamente de la exclusiva lucha revolucionaria del proletariado de estos países, pero que, sin duda, ello es un componente necesario en mayor o en menor medida.

 

A la luz de la distancia histórica ya de quince años[*] del derrumbe del llamado Bloque Socialista, intentaremos esta primera síntesis esquemática, casi a manera de plantear el problema, de su experiencia a manera como ocurre con la síntesis dialéctica del desarrollo de la ciencia positiva; esto es, por lo históricamente dado, lo cual vigente, es fundamento de su propio desarrollo.

 

Juzgamos que lo que ello nos ofrece, es precisamente el necesario análisis por lo más general y esencial, a fin de poder plantear su síntesis como experiencia positiva; no obstante, todo ello requiera obligadamente de una investigación más en detalle que profundice, y ya corrobore el acierto, o bien nos descubra otra situación.  En esa experiencia positiva, por lo tanto, lo fundamental está en lo vigente históricamente dado.  A nuestro juicio, es de la reflexión acerca de ello, lo que nos dará, dialécticamente, el fundamento del nuevo desarrollo de la experiencia socialista.

 

Debemos empezar pues, por establecer para todo fin de criterio, la definición del socialismo: “Régimen social que surge como resultado de la revolución socialista que caracteriza el tránsito del capitalismo al comunismo.  El socialismo se basa en la propiedad social de los medios de producción, que determina la ausencia de clases explotadoras y de la explotación del hombre por el hombre...”[1].  O bien: “Fase primera e inferior de la sociedad comunista.  La base económica del socialismo radica en la propiedad social sobre los medios de producción en sus dos formas –la estatal (de todo el pueblo) y la cooperativo-koljosiana [colectiva]–..., en la supresión de la explotación de hombre por el hombre”[2].

 

Los extractos de cada monografía descriptiva, se han hecho considerando: 1) el origen, momentos que definen diferentes etapas, y fin del régimen socialista en esa experiencia; 2) los aspectos teóricos esenciales que definen al socialismo, y 3) las peculiaridades específicas de cada experiencia.  Ya en otra oportunidad intentaremos ampliar y profundizar el estudio de cada experiencia socialista, recurriendo no sólo a Enciclopedias con más datos, sino fuentes de la historia moderna de cada país.

 

 

1)     La Comuna de París, (1871).

 

Qué mejor síntesis de esta experiencia, que la expuesta por el propio Marx: el establecimiento del Estado socialista, requería de una teoría del Estado socialista, y esta teoría se sintetizó por Marx, en la dictadura del proletariado.

 

El fenómeno de la experiencia de la Comuna por casi tres meses, es lo históricamente dado; lo vigente históricamente dado de esa experiencia, es la teoría del Estado socialista como la más amplia democracia en la razón de Estado definida como la dictadura del proletariado.  Más aun, ello es el fundamento retomado por Lenin, del propio desarrollo de la experiencia socialista dado ahora, medio siglo después, en la URSS.

 

 

2)     La Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas, (1917-1991).

 

Guardando ese paralelismo, el establecimiento del Estado socialista de la URSS (estrictamente como tal a partir de 1922), que ya disponía de una teoría propia que expresa la más amplia democracia, se consolida bajo la dictadura del proletariado y se mantendrá en el poder por setenta años.

 

La experiencia socialista de la URSS pasa por cuatro etapas: 1) el período de Lenin (desde el origen hasta donde se quiera remontar, hasta su muerte en 1924), donde destaca, en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción social: a) la distribución de tierras a los campesinos con una colectivización parcial, b) la entrega del control de las industrias a los obreros, y c) la efectividad del planteamiento teórico del modo de producción socialista mediante la planificación geoeconómica, para el desarrollo proporcional y armónico de la sociedad; 2) el período de Stalin (1924-1953), particularmente difícil en los años de la aparición de nazismo y del fascismo, la crisis económica del capitalismo y de la II Guerra Mundial, que pinta “terrible” a la figura de Stalin con sus medidas de colectivización forzada de la tierra (dada la necesidad de producción que le garantizara independencia de las importaciones del extranjero; y la represión autonomista de los pueblos no-rusos, en tanto factor desestabilizador), pero sin cuyo ejercicio de Estado en las condiciones extremas de la necesidad de la dictadura del proletariado (independientemente de la realidad incluso, de algunos o quizá muchos excesos), la URSS no hubiera sobrevivido; de ahí que la experiencia a rescatar de este período, sea la práctica necesaria del ejercicio de Estado o “razón de Estado”, de la dictadura del proletariado; 3) el período de Kruchov-Brezhnev (1953-1985), período en el cual la figura de Brezhnev tiene como extensión las personalidades de Andropov y Chernenko; pero período al que le caracteriza la apertura reformista, la modernización de la URSS y la práctica de un internacionalismo proletario (casos de Checoeslovaquia, 1968; y Afganistán 1979-1989, particularmente) bajo las condiciones bélicas de la Guerra Fría agudizada tras la llamada “Crisis de los Misiles”, de 1962, en Cuba; y 4) finalmente, el período de Gorvachov (1985-1991), que se caracteriza por la ampliación y profundización de las reformas hacia una apertura económica y política democrático-burguesa, que lleva inexorablemente a la disolución de la URSS y el fin de esa experiencia socialista.

 

Ciertamente, quizá más conveniente a la generalización y esencialidad, esa periodización de la experiencia socialista en la URSS, podría reducirse de cuatro a tres grandes períodos: Lenin, Stalin, y Kruchov-Gorvachov.

 

 

3)     China, (1949-1995).

 

La larga revolución China triunfa en 1949, y con ello se establece un nuevo Estado socialista.  La experiencia socialista en China, pasa por tres grandes períodos: 1) el período de 1949 a 1966; que pudiéramos denominar, del internacionalismo proletario (Guerra de Corea, 1950-1953) y las “Campañas” (la denominada “de las Cien Flores” y “el Gran Salto Adelante”, entre 1956 y 1960), caracterizado internamente, tanto por el peculiar ejercicio de la dictadura proletaria, con el exceso desde el Estado asumiendo la mentalidad del campesinado pequeñoburgués; como por el aventurerismo económico en el que se abandona la política de planificación neoeconómica (diez años) por del “gran salto”, que, tras su fracaso, lleva a la destitución de Mao; en China no se habla, en consecuencia, de planificación geoeconómica; 2) el período de la “Gran Revolución Cultural” (1966-1976), caracterizado por la fracasada colectivización forzada de la tierra, bajo la dirección del movimiento maoísta de la atrasada mentalidad campesina, fracaso que da lugar a su destitución de Mao poder supremo; pero que con la movilización de la “Revolución Cultura”, éste se restituye en el poder supremo hasta su muerte en 1976; y, finalmente, con el rompimiento de China con la URSS luego de diez años de diferencias, y la aceptación de China en 1971 en la Organización de Naciones Unidas (ONU) sustituyendo a Taiwan, se da a su vez, inicio a su acercamiento a los E.U; y 3) el período reformista (1977-1995), caracterizado por las luchas interna del Partido; el desfiguro, por primera vez, del internacionalismo proletario en la guerra con Viet Nam en 1979, y el triunfo de los moderados reformistas, que impulsan un movimiento en ese sentido a la apertura económica y política a la democracia burguesa, con la quimera de modelo de “economía de mercado socialista” (reformas de 1992), que, como modelo económico dominante, formalmente opera y vuelve a China a la economía de mercado capitalista, a partir de 1995.

 

 

4)     Corea del Norte, (1945 al presente).

 

Como país, es resultado de la división, en 1948, de la Corea bajo “Zona de Ocupación” desde 1945, tanto por la URSS, como por los E.U, tras el fin de la II Guerra Mundial.  La Guerra de Corea de 1950 a 1953, es como consecuencia de la búsqueda, por parte de los comunistas, de la reunificación de Corea, lo cual fracasa.

 

La experiencia del socialismo en Corea pasa por tres períodos: 1) el muy breve período de 1945 a 1950, en el que, bajo la protección e influencia de la URSS, se instituye el Estado socialista (este será un caso semejante a la situación de los países de Europa del Este); la característica fundamental de este período, no es otra que la reproducción por el Partido Comunista Coreano, de la experiencia socialista de la URSS bajo el momento stalinista que ésta vivía, y de ahí las características, incluso exacerbadas, de Kim Il-Sung, que en tanto gobierna hasta su muerte en 1994, caracterizará a Corea hasta ese entonces, como el ejercicio de Estado en una férrea dictadura proletaria, con el defecto de hacerse en medio de un exacerbado “culto a la personalidad”, que pasa la dictadura del proletariado, a la dictadura de su representante unipersonal; 2) el largo período de 1950 a 1994, con todo el apoyo de la URSS y alineado a las políticas de Kruchov a Brzhnev, e incluso hasta los inmediatos seguidores de éste en el poder; asumiendo una economía de Estado centralizada absoluta mediante la planificación neoeconómica, todo ello bajo bloqueo económico y político de los E.U, que va desde la Guerra de Corea (1950-1953), hasta 1999.  Su toma de posición respecto al reformismo y apertura propuesto por Gorvachov desde la URSS, a partir de 1985 y hasta 1991, le lleva a romper su amistad con la URSS; no obstante, este período se cerrará en 1994, con la muerte de Kim Il-Sung, que en ese último lapso obtuvo el apoyo de China; y 3) el período que va de 1994 al presente, cuyos aspectos importantes, por su parte, se dan en el apoyo de China y Rusia, centrándose las características esenciales en la “política de nuclearización y negociación”.



[*]    Escribimos este artículo en el año 2005.

[1]  Foroba, N.T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso, URSS, 1984. (v. Socialismo).

[2]  Libman, G.I; et al; Diccionario Marxista de Economía; Ediciones de Cultura Popular; México,    1977. (v. Socialismo).

 



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