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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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5 octubre 2015 1 05 /10 /octubre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Leyes, y Conclusiones (8/8)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

10 jun 14.

 

Entre Hiparco y Cosmas Indicopleustes transcurrieron siete siglos; entre Cosmas Indicopleustes y Philippe Bauche casi el doble de ese tiempo, trece siglos, tiempo que llevó el recuperar la coordenada de altura de un espacio geográfico tridimensional, con lo que puede referirse:

 

La ley de las isolíneas de nivel, de Phillipe Bauche.  Con la restitución de la coordenada de altura de un espacio tridimensional, más allá del caso metafísico de Indicopleustes, Bauche da continuidad a la geografía dimensional de Eratóstenes, como un caso particular en relación con el radio de la Tierra, como un fragmento de la proyección de éste, por lo que se puede referir en Bauche:

La ley del espacio isométrico relativo.

 

Otro tanto ocurrió con Alejandro de Humboldt con:

 

La ley de isolíneas de campos (térmico, magnético, gravimétrico), y

La ley del espacio geográfico relativo de simetría regular.

 

En el curso del siglo XIX, de fuera del ámbito geográfico, provinieron dos leyes teóricamente deducidas:

 

La ley centrífuga de superficie, de Gaspar Coriolis; y

La ley de la rotación de la Tierra, de León Foucault, como un hecho experimentalmente comprobado.

 

Y al final de ese siglo XIX, primero con Miguel E. Schulz, se da continuidad a la ley de las esfrágidas de Eratóstenes, con:

 

La ley de la regionalidad, de Schulz; y

La ley de la temporalidad de las morfoestructuras, de William Morrison Davis (que él estudia en el caso de la litósfera en la superficie terrestre, pero que es generalizable a las estructuras de la atmósfera, hidrósfera, biósfera y sociósfera); pero con quien se introduce la noción de la cuarta coordenada del espacio geográfico: el tiempo.

 

Y entre fines del siglo XIX y principios del XX, se puede rescatar lo que serían las leyes geográficas por excelencia, en su grado de generalidad y esencialidad, enunciadas incluso como principios (y con lo cual se inicia el debate de la naturaleza de la geografía en el siglo XX).  Por una parte, con E. Chizhov se rescata:

 

La ley del orden de coexistencias.  Y por otra parte se tiene:

La ley de localización, de Vidal de la Blache.  Y luego viene:

La ley corográfica de las unidades morfológicas en un espacio isométrico, de Alfred Hettner, que perfecciona la ley de regionalidad de Schulz.

 

A partir de allí se da un salto cualitativo; hacia mediados del siglo XX, Andrei Kósirev enuncia explícitamente como ley teóricamente deducida (escondida entre sutiles relaciones cuantitativas y descubierta a partir de medidas y registros geodésicos):

 

La ley de causalidad asimétrica, en donde expresa la asimetría del espacio como causalidad de ciertos fenómenos terrestres generales.

 

Supimos de esta ley en los años setenta por su solo enunciado, (sin saber a qué se refería exacta y ampliamente), a través de uno o dos libros de la época soviética sobre divulgación de la ciencia.

 

Pero a Kósirev siguió, a principios de los años sesenta, Genadi Nicolaevich Katterfeld, que desarrollando la teoría de aquel, enunció explícitamente a su vez como ley teóricamente deducida a partir de medidas y registros geofísicos y geodésicos:

 

La ley de triaxialidad asimétrica de rotación (o en su equivalente en nuestra teoría de la simetría geométrica dimensional, a la ley de simetría de una estructura dimensional rómbica del espacio), ya claramente entendida desde la disposición en nuestras manos de su obra.

 

Finalmente se llega a 1976, en que se tiene el aporte de Alexander Maxímovich Riábchikov, de la dinámica del espacio geográfico entendido como el continuum, a través de los balances de energía, que pudiera expresarse como:

 

La ley de continuidad entre los estados de espacio discretos.

 

A partir de allí, por los últimos cuarenta años, no se ha producido ningún aporte más en el campo del conocimiento de las causas esenciales necesarias del movimiento del espacio geográfico; ya sea en el movimiento de su naturaleza interna, ya en el de sus interconexiones, hasta el enunciado nuestro que exponemos a continuación, que se deriva, si bien no de relaciones cuantitativas, si de la necesaria dialéctica del movimiento del espacio geográfico en su naturaleza; esto es, no como un hecho de observación empírica, sino deductivamente descubierta como consecuencia necesaria en el orden de las relaciones físicas de la Tierra en su evolución, con las estructuras básicas de la simetría geométrica dimensional; de donde podemos enunciar:

 

La ley de las relaciones físicas de la Tierra en su evolución, con los sistemas básicos de la simetría geométrica dimensional.

 

 

Conclusión.

 

Hay en todo esto de la objetividad del espacio, dos cosas indubitables: 1) hacia el último cuarto del siglo XX, estaban dadas ya todas las condiciones teóricas para hacer de la geografía, finalmente, una ciencia sistemática rigurosa; y 2) el momento histórico comprendido en este lapso, ha sido exactamente el propio a la necesidad de una gran síntesis, de poner orden y una coherencia lógica consistente al cuerpo de teoría geográfica.  Así reconocimos nuestro tiempo y a ello nos aplicamos en toda nuestra vida profesional.

 

Las bases de la axiomatización del conocimiento son condición fundamental para elaborar una ciencia sistemática, que <<avanza a la luz del conocimiento y de la certidumbre de sus leyes>>, tal cual el principio de la ciencia y del método de la ciencia de la modernidad de la Ilustración; y estas bases no podían elaborarse sino como consecuencia de un análisis histórico objetivo, del cual abstraer y generalizar los fundamentos teóricos necesarios.

 

Si algo caracteriza a la ciencia, es el establecimiento de las leyes que rigen el orden y movimiento del Universo en todos sus aspectos, y en el aspecto geográfico, espacial, la ausencia de enunciados de ley en geografía, podría hacer dudar de la madurez de ésta para considerarse como ciencia sistemática, sin embargo, el que no haya sido enunciadas como tales, ello no quiere decir que tales leyes no existan.  Si estas leyes no han sido enunciadas antes, particularmente de la Ilustración a nuestros días, ha sido, como lo hemos hecho ver en reiteradas ocasiones, por la dificultad histórica que implicó determinar y definir su objeto de estudio; no obstante, resuelto lo cual, hoy podemos rescatar esas leyes objetiva e históricamente dadas, y de ellas hemos dado cuenta aquí en una treintena de las mismas.

 

En consecuencia, con ello estamos ya en posibilidad, en función de la formalización teórica de la teoría del espacio geográfico, de dar cuerpo de teoría a la geografía como ciencia sistemática.

 

 

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 22:05

Editorial

 

La historia (temporalidad) de la naturaleza, deja en segundo lugar las propiedades particulares de los fenómenos, para darle un tratamiento en las propiedades de la homogeneidad temporal; como la geografía (espacialidad) de la naturaleza, deja a su vez en segundo lugar esas propiedades particulares de los mismos, para darles un tratamiento en la homogeneidad propia de la espacialidad.

 

*

 

“Para las ciencias históricas la afinidad de contenido de sus objetos de estudio sólo tiene un valor secundario.  Estos unen en sus estudios una cantidad de objetos potenciales a diferentes sistemas y esos objetos reciben su homogeneidad (…) del desarrollo temporal de las cosas” (A. Hettner).  Si en esta idea se suple la historia  (la temporalidad), por la geografía (la espacialidad), nos enfrentamos al esencial problema de la abstracción, generalización y subsunción de los fenómenos en el espacio, que hace homogéneo el objeto de estudio de la geografía.

 

Es justo en ese sentido que Hettner enfatiza en el hecho de que: “únicamente cuando concibamos los fenómenos como propiedades del espacio terrestre, estaremos haciendo geografía”.  Pero el problema que nos legó Hettner, pues no hubo en ello una solución suficientemente teorizada (que a lo más se categorizó en las “unidades morfológicas”), fue, precisamente, el establecer de qué manera los fenómenos (tratados en todo caso como unidades morfológicas), habrían de ser entendidos como propiedades de espacio.

 

En el pensamiento dialéctico materialista de Hettner en esos años treinta del siglo XX, reinaba la misma idea acerca del concepto de espacio, que podía encontrarse en los diccionarios de filosofía marxista de la época (y que siguió siendo así hasta los años ochenta), esto es: que el espacio no era “un algo”, sino tan sólo el conjunto de propiedades espaciales de las cosas; el espacio, dice Eli de Gortari, no es sino la espacialidad de las cosas (el espacio sólo podía entenderse en forma plenista), como un concepto para entender las cosas mismas; a su vez, idea contenida en el continuum einsteniano (en todo lo cual, el vacío era negado como algo real objetivamente existente); y ello hizo que esa abstracción y generalización de Hettner, no fuera suficiente para elaborar la teoría geográfica científica, pero, sin duda, echó las bases para aproximarnos a ello.

 

*

Filosofía de la Geografía.

 

[____]  Elaboración de una Teoría Geográfica.  Los Fenómenos: Propiedades del Espacio  (9/)

 

Historia de la Geografìa en Mèxico.

 

[____]  La Geografía Operativa en México en el Siglo XVIII.

 

 

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. Los Fenómenos: Propiedades del Espacio (9/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http//:espacio-geografico.over-blog.es/

23 jun 12.

 

Ahora bien, no obstante que Hettner no rechaza las ideas de la geografía de la Totalidad del Cosmos de Humboldt, o de la Geografía de Ritter, el estudio de esa Totalidad la va a sustituir en su concepto de región.  “La geografía en sí, históricamente definida como el conocimiento del espacio terrestre, tiene que encontrar su justificación lógica dentro de un punto de vista distinto al de una ciencia de la tierra”.  Y no siendo entonces el estudio de la Totalidad, como tampoco del espacio como un todo indiviso, dice Hettner: “La geografía es más bien sólo la ciencia de la superficie terrestre según sus diferencias regionales”, a manera de –dice más adelante–, “la comprensión de la realidad terrestre bajo el punto de vista de la ordenación del espacio”.

 

Hay aquí, en la generalización del espacio, por una parte, la gran limitación teórica de Hettner: el que el espacio geográfico sea sólo la superficie terrestre, no obstante lo conceptúe como un hiperplano.  Pero, por otra parte, ha hecho también una generalización de los fenómenos, y en ello Hettner observó ya lo que quizá en De Martonne estaba impreciso, que, dice: “mientras nuestro fin sólo se oriente hacia los fenómenos, permaneceremos en el ámbito de las ciencias sistemáticas”.  Pero nuevamente aquí hemos desdoblado la cita, pues su continuación, en el fondo, va a expresar otra idea, y precisamente la de la abstracción y generalización de los fenómenos: “Únicamente –dice Hettner–, cuando concibamos los fenómenos como propiedades de los espacios terrestres, estaremos haciendo geografía”.

 

Sin embargo el enunciado queda ahí como un misterio, ¿En qué forma, de qué manera, los fenómenos habrían de ser entendidos sólo como propiedades del espacio?  Hettner repite enfáticamente: “la geografía es una ciencia del espacio” y la clave estaría en la idea del estudio de ese espacio, en tanto la organización del mismo.

 

Ciertamente, decíamos ya desde nuestra tesis de licenciatura: todo cuanto existe, existe en el espacio y determina sus propiedades.  La geografía como ciencia del espacio, en consecuencia, efectivamente, tendría que ver con todo cuanto existe, pero tendría que hacerlo de una manera diferente a la del especialista en cada cosa.

 

Una influencia kantiana real en Hettner, que no por ello lo hace un kantiano irredento, está en que Hettner no puede clasificar la Geografía como ciencia natural, aún a pesar de concebir “a la naturaleza y el hombre desde el punto de vista corológico, de donde resultan iguales en todos sus puntos fundamentales”, simplemente porque no ve en el espacio –y he ahí la influencia de Kant– “un algo” como atributo físico objetivo de la realidad, “un algo” realmente existente, sino “un aspecto de las cosas”, si bien no en el extremo de Kant de ese aspecto subjetivamente condicionado por el pensamiento, sí tan sólo como una propiedad objetiva de las cosas mismas.  “El espacio, como tal –expresa Hettner– es un concepto; su significado real sólo lo adquiere a través de su contenido”.  Esto es exactamente igual, a como lo entendía la dialéctica materialista en esos años (y realmente hasta la década de los ochenta).  De ahí que el espacio geográfico entendido como la superficie terrestre, sea, dice Hettner, su organización, que no puede ser sino por las cosas dadas en él.

 

Finalmente, Hettner vela unidad de la ciencia en aquello de donde deviene su homogeneidad, y, para la Geografía: “La homogeneidad es en el sentido de una ciencia corológica o regional; no puede, por consiguiente, basarse en la unidad del paisaje, sino que sólo puede ser establecida a partir de la naturaleza interna de la región”.  Y esa naturaleza interna de las regiones, está en su organización, la cual va a quedar dada, no por el paisaje en su conjunto, ni por sus elementos o fenómenos en tanto tales, sino en la abstracción y generalización de estos en las “unidades morfológicas”.

 

 

   Ibid. p.35.

   Ibid. p.36.

   Ibid. p.37.

   Ibid. p.38 (he ahí, como la condena de Sísifo, 85 años después, 2011, aún en los geógrafos actuales).

   Ibid. p.38.

   Ibid. p.41.

   Ibid. p.42 (subrayado nuestro).

   Ibid. p.44.

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 22:03

Trabajos Científicos Sobre el Valle de México, Joaquín VLa Geografía Operativa en México en el Siglo XVIII.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

23 abr 12.

 

El momento más esencial de la Geografía en México ha sido el siglo XVIII, particularmente en la segunda mitad del mismo.  Con la más absoluta sencillez, la Geografía se mostró como lo que es: el fenomenismo dado en la Relación Geográfica, y el espacismo dado en el Mapa.

 

Aún en la primera mitad de ese siglo, bajo una monarquía temerosa de todo cambio que amenazaba su orden establecido y asediada por las amenazas francesas e inglesas en sus posesiones, el Estado procuró un conocimiento del territorio, justo ante esas amenazas, pretendiendo la mayor protección del mismo, construyendo fortificaciones en lugares estratégicos, y adelantando las “maracas” o presidios de los límites del dominio colonial.  A este propósito respondió el trabajo del levantamiento de las Relaciones Geográficas, que, en esa primera mitad del siglo, llevó a cabo José Antonio Villaseñor y Sánchez.

 

Pero la segunda mitad del siglo XVIII marcó nuevas demandas al conocimiento geográfico: una mejor cartografía, y solución al problema de las inundaciones de la Ciudad e México, así como una reorganización administrativa regional limitando el monopolio del virrey.  Y esos trabajos fueron llevados a cabo por José Antonio de Alzate y Ramírez en la cartografía, y Joaquín Velázquez Cárdenas de León y José de Gálvez, en la reorganización político-administrativa en las Intendencias.

 

La geografía operativa en ese entonces, como se desprende de esos hechos relevantes, era la del servicio de hombres ilustres a las necesidades del Estado.

 

Era aquella una geografía definida por su propia práctica histórico-social: el levantamiento de la Relación Geográfica, como base para la elaboración de una nueva Cartografía; y todo ello como  condición necesaria para fines de administración y gobierno en la organización del territorio.

 

Era la Geografía naciendo como ciencia en México, aplicada por Villaseñor y Sánchez y Joaquín Velázquez de León, teorizada por Alzate y Ramírez, y sirviendo de conjunto operativamente a las necesidades del Estado y la sociedad.  No era pues aún, ni una geografía académica, ni mucho menos la ingeniería que sería más tarde, bien adentrado el siglo XIX.

 


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28 septiembre 2015 1 28 /09 /septiembre /2015 22:05

Editorial

 

<<Tirar de una masa (en la imagen M+m), implica una fuerza (F)>>

Ley empírica dada por un hecho de experiencia.  Pero he ahí que en ese orden, en esa regularidad, se esconde un secreto: la respuesta esencial a cuánta fuerza hay que aplicar, y cuánto es el valor de esa masa en peso; cuando esto se descubre como una cantidad de kg aplicada al tirar, en una distancia, en un tiempo dado; o por el valor de la magnitud de la masa; se tiene la misma ley (Fkg.m/seg = Mkg.am/seg; o, Mkg = Fkg.m/seg / am/seg), pero teóricamente deducida.

 

*

 

Durante los siglos XVI-XVIII se estaba produciendo el renacer de la ciencia clásica griega, esa ciencia dicha así como un saber en general; pero que pronto, siguiendo los principios euclidianos en la preocupación por el método de la nueva manera de pensar, conforme los conocimientos se consolidaban rápidamente en el conjunto de las ciencias particulares, especialmente en cuanto al descubrimiento de las leyes que rigen en su objeto de estudio, éstas iban echando las bases de su sistemática con los elementos de su axiomatización.  Y ello ocurrió básicamente con todas, menos una: la geografía, y la diferencia estuvo en que, mientras todas las ciencias resurgían y se desarrollaban a partir de deslindar nítidamente su objeto de estudio, en el conocimiento geográfico ese objeto de estudio, o bien quedaba velado en el concepto eratosténico de la “grafía” (el trazo en un dibujo), de la “descripción” (dada con ese trazo en el mapa), no bien entendido y tratándose literalmente como narrativa de lo empírico y concretamente dado; o bien se entendía de algún modo su implicación como consideración del espacio (el lugar, la distribución, los límites, la extensión, etc), y la dificultad se hacía en entender uno de los conceptos más difíciles en la historia del pensamiento humano; y ello hizo que se requiriese más tiempo para procesar las abstracciones y generalizaciones necesarias para determinar y definir su objeto de estudio.  Ello consumió prácticamente enteros los siglos XIX y XX; pero, en el amanecer del siglo XXI, la geografía quedó en posición de dar un salto cualitativo a su condición ilustrada de ciencia sistemática.

 

Ese ánimo de los geógrafos, por demás positivo, de pronunciarse a cada nueva propuesta como una “nueva geografía”, que “ahora sí” se constituía en una “geografía científica”, revela la dificultad de la elaboración del método de la ciencia en geografía, como consecuencia de la imprecisión en la determinación de su objeto de estudio, dada hasta fines del siglo XX.

 

Por lo tanto, fue necesario primero trabajar en ello (algo que logramos determinar en los inicios de los años ochenta), y luego, tras la abstracción y generalización de su definición, y en función de ello, procesar los elementos de su axiomatización; todo lo cual nos consumió los treinta años siguientes (entre nuestras pocas mientes, y el sortear adversidades de todo tipo), pero lo cual finalmente conseguimos; y ahora habremos de expresarnos como todos nuestros antecesores: “he aquí la geografía científica”.  La diferencia está en que antes esos pronunciamientos eran sólo respecto de algunas innovaciones en el ámbito de la investigación, o reacomodos conceptuales; ahora nos referimos a un asunto de fundamentos objetivos sistematizados en los protocolos del método de la ciencia.

 

*

Filosofía de la Geografía.

 

[____]  El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Leyes del Espacio  (7/).

 

 

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28 septiembre 2015 1 28 /09 /septiembre /2015 22:04

El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Leyes del Espacio (7/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

7 jun 14.

 

El proceso de axiomatización, que, como fundamento es elevarse deductivamente de lo más simple a lo más complejo, de lo más general a lo más particular, de lo más concreto a lo más abstracto, es, en consecuencia, ir del fenómeno a la esencia, y en ese sentido, al revelarse el orden de las cosas y mostrar las regularidades, ya de su movimiento interno o naturaleza, ya de su movimiento externo como traslación mecánica o interrelación entre las cosas, la axiomatización es condición de necesidad en el proceso de descubrimiento de las leyes que rigen en un objeto de estudio.

 

Cuando en la disciplina de conocimientos geográficos no se había hecho una reflexión de axiomatización, como hasta ahora aquí, ello explica el por qué la geografía no ha operado nunca sobre la base de sus propias leyes, condición más general y esencial de toda ciencia rigurosa.

 

Si bien la ley no se desprende directamente del proceso de axiomatización, el tratarla aquí es justo porque, en cuanto a la ley teóricamente deducida, no hay tal ley posible sin axiomatización.  No obstante hay regularidades observadas como hechos de experiencia; ello no quiere decir que en tal aspecto empírico no haya una axiomatización, sino, en todo caso, el que ésta queda dada por supuesta como razón evidente; y dichas regularidades evidencian las leyes empíricas.

 

La ley científica, es pues, una condición objetiva necesaria del movimiento de las cosas, si bien ésta se esconde siempre en el fondo de las mismas.  Mas es a través de tales ordenamientos y regularidades, que nos es posible descubrirlas.  De tal modo, la ley no es una uniformidad, dada por ese arreglo objetivo de orden en el espacio, ni por esa regularidad objetiva dada en el tiempo, sino una determinación causal necesaria en el orden y movimiento de las cosas.

 

Leyes empíricamente dadas en geografía, así no hayan sido enunciadas en su momento, en un orden cronológico, han sido:


La ley de la dimensionalidad isométrica, de Anaximandro, deducida de su modelo cosmogónico que por primera vez supone una simetría del espacio.

La ley de simetría latitudinal, de Eudemo-Dicearco, uno que la encuentra en general en las mediciones de latitud, y otro que la establece en particular con el “diafragma”, para la región del Ecumene.

La ley de isometría del espacio geográfico, de Eratóstenes, que generaliza la dimenisonalidad de Anaximandro.

La ley de las esfrágidas, que generaliza las consideraciones de Eudemo-Dicearco.

La ley de simetría del estado discreto de la Tierra, de Crates, que sobre la base de lo aportado por sus antecesores, hipotetiza sobre la existencia de “masas de contrapeso”.

La ley de la posición de los Trópicos, de Hiparco, por la cual Hiparco determina la posición de los Trópicos en 23°27’ j, sobre la base del movimiento aparente de traslación.

La ley de la precesión de los equinoccios, de Hiparco, por la cual, sobre la base de la posición de los Trópicos, se descubre dicho movimiento de la Tierra.

La ley de las Proyecciones Planas, de Hiparco, por la que se descubre la manera de transformar la esfera en un plano.

La ley de la Proyección Cilíndrica, de Marino.

La ley de las proyecciones cónicas (simple y modificadas), de Ptolomeo.

La ley de rotación de la Tierra, de Aristarco (implicada en su modelo cosmogónico heliocéntrico), por la cual se explicaba la esencialidad de los movimientos cosmográficos, si bien, aún simplificado el análisis cosmográfico, no se aceptó en su tiempo, particularmente por la autoridad de Ptolomeo.

 

En la Edad Media, en sus inicios, no obstante el modelo metafísico del espacio geográfico de Cosmas Indicopleustes, éste restablece la coordenada de altura en la dimensionalidad del espacio, que había sido eliminada desde Hiparco al trabajar éste ya propiamente con las proyecciones cartográficas.

 

La ley de la trigonalidad del espacio, de Cosmas Indicopleustes, para un espacio geográfico plano.

 

De esta época es el descubrimiento de las regularidades del comportamiento de la orientación magnética en cualquier punto de la Tierra; por lo menos de la conocida de ella hasta ese momento; de donde se puede enunciar:

 

La ley de la orientación magnética constante, que da lugar a la aparición de las Cartas Portulanas.

 

Propiciando el renacer de la ciencia clásica griega, está el fundamental rescate de la ley heliocéntrica de Aristárco por Nicolás Copérnico, con un carácter ya más astronómico que geográfico; no obstante de una naturaleza empírica, cuya demostración teórica aún tardaría tres siglos más.  Así, el Renacimiento en geografía se inicia desde mediados del siglo XV con la Carta Trapezoidal de Toscanelli, y este período se despliega con:

 

La ley de la Proyección de Husos, de Américo Vespucio, o ley de la conservación simultánea de la equivalencia y la conformalidad, por la cual se resuelve el caso inverso a la transformación de la esfera en un plano.

 

A esta importante ley de Vespucio le siguió, unas décadas después:

 

La ley de la Proyección Cilíndrica Tangente Conforme, de Gerardo Mercator; o ley de la conservación simultánea de la forma y la continuidad, de extraordinaria importancia en el ulterior desarrolla de la ciencia de la geografía.

 

La tercera variable matemática básica de la transformación de la esfera en un plano, fue resuelta un siglo después por Nicolás Sanson D’Aveville, de donde:

 

La ley de la Proyección Equivalente de Sanson, o ley de la conservación simultánea de la equivalencia de superficie y la continuidad.

 

 

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23 septiembre 2015 3 23 /09 /septiembre /2015 22:05

Editorial

 

 El pensamiento científico en geografía, como en toda ciencia, se da como el más fiel reflejo objetivo de la realidad objetiva, en aquí, se da como el reflejo del espacio terrestre, generalizable en el concepto de “espacio geográfico”.

 

*

 

La no-difusión de la obra de Hettner (parte de lo cual es su no-traducción del difícil alemán), y una serie de traducciones con no más fin que distorsionar sus planteamientos y confundir, fue la política inquisitorial equivalente al medieval recogimiento y ocultamiento de libros.  Si el nazismo “no vio” el marxismo en Hettner, fue quizá porque este se expresaba en un debate técnico en el campo de una especialidad, y más aún, en el campo de su investigación teórica o básica, apenas asequible incluso para los propios especialistas.  Pero ello no escapó a la reacción oscurantista de posguerra en la pluma de la filosofía oficial norteamericana: el pragmatismo, precisamente en el geógrafo Fred K. Schaefer, que criticando el “kantismo” y “positivismo” de Richard Hartshorne, en el fondo era la distorsión de la dialéctica materialista en Hettner.  Se sembró la idea de un Hettner kantiano, y sin su obra original disponible, esa idea se difundió por mucho tiempo, incluso en la obra misma de Clasificación de las Ciencias de B.M. Kedrov.

 

El rescate del verdadero Hettner no ha sido posible sino luego de la publicación del trabajo de Gerardo Nahm: “La Figura de Hettner y la Geografía Alemana en el Siglo XIX y Principios del XX”, en 1987. Y la traducción del trabajo de Hettner “Los Métodos y los Cometidos de la Geografía”, de 1905.  Ello permitió descubrir no sólo la dolosa acción de Schaefer, sino principalmente, del pensamiento marxista de Hettner, esa dialéctica materialista por la cual respondió más esencialmente al pensamiento científico en geografía, y con lo cual, y sólo con lo cual, hace posible echar las bases de la teoría geográfica científica.

 

Nosotros, entre 1979 y 1983 (previo a aquella traducción de Gerardo Nahm de 1987), pudimos descubrir, en su objetividad, independientemente buena parte de losplanteamientos de Hettner, y más aún, desarrollarlos por un camino propio con los avances de la filosofía y la físico-matemática de fines del siglo.  La crisis económico-social de 1994-1995 y una agudización de la política oscurantista en nuestro ámbito, profundiza la “proscripción”, e impedirá nuestra crítica por los siguientes quince años, hasta que descubrimos la posibilidad tecnológica de los blogs por Internet.  Rompimos entonces con esa “proscripción”, y es por ello que no ha sido sino hasta ahora, la segunda década del siglo XXI, que retomamos a Hettner como base de la elaboración de la teoría científica en geografía.

 

*

Filosofía de la Geografía.

 

[____]  Elaboración de una Teoría Geográfica.  El Rescate de Hettner y la Esencia de su Pensamiento (8/)

 

Historia de la Geografìa en México.

 

[____]  Un Portafolios de Trabajos Geográficos: la geografía operativa, de la geografía teórica (8/8)

 

 

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23 septiembre 2015 3 23 /09 /septiembre /2015 22:04

Elaboración de una Teoría en Geografía. El Rescate de Hettner y la Esencia de su Pensamiento (8/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http//:espacio-geografico.over-blog.es/

23 jun 12.

 

Hettner explica cómo se diluyen las ciencias abstractas comtianas en una gradación difusa inasible.  Pero cuando se refiere a las ciencias concretas comtianas, cambia el análisis.  “Las ciencias concretas –dice Alfred Hettner tomando en forma positiva el concepto de Comte– se reparten el conocimiento de la realidad.  Estas se refieren a ella cuando se ocupan de las características de las cosas y su diversidad en el espacio y en el tiempo”.  Y de las cosas, el espacio y el tiempo, como tres magnitudes a considerar para comprender la realidad, Hettner estable un símil con el espacio tridimensional, y explica que la ciencia (aun cuando no la particulariza a la geografía), “permanece en cierto modo todavía bidimensional”: es decir, considera sólo las cosas y el tiempo; pero para acabar de comprender esa realidad que se refleja en la ciencia, se hace necesario considerar el espacio.

 

Evidentemente Hettner establece aquí el antecedente del lugar de la Geografía en la clasificación de las ciencias; pero ahora aquí, a su vez, retoma en sentido positivo a Kant, y lo cita de la Geografía Física (1802) de éste: “Podemos referirnos a nuestros conocimientos empíricos bien de acuerdo con conceptos, bien según el tiempo y espacio en que se encuentran realmente”.  Si se hace abstracción del fundamento fenomenológico de Kant por el cual primero son los conceptos y luego las cosas que las enuncian, y el pasaje se rescata con fundamento dialéctico materialista, ello es perfectamente aceptable de Kant, sin que, por lo mismo, seamos kantianos. (es, en todo caso, que en cierto modo, “estamos haciendo a Kant marxista”), y más aún, cuando antes se ha deslindado explícitamente mediante enunciado y argumento.

 

Las ciencias concretas o sintéticas, dice Hettner, encuentran su unidad en la homogeneidad o semejanza de los objetos de los que se ocupan.  “Para las ciencias históricas la afinidad de contenido de sus objetos sólo tiene un valor secundario.  Estas unen en sus estudios una cantidad de objetos pertenecientes a diferentes sistemas y esos objetos reciben su homogeneidad (…) del desarrollo temporal de las cosas”.  Cita esencial en los propósitos de este ensayo, es el que estamos tratando sobre la manera en que Hettner elaboró la segunda abstracción y generalización teórica que nos llevó a la definición del espacio como el objeto de estudio de la geografía.  Es decir, que en el análisis de la temporalidad “de algo”, en principio podemos prescindir de la propiedad particular de “ese algo”.

 

Pero ese criterio, es el único a aplicar al espacio, en el análisis de la espacialidad de “ese algo”, en principio, podemos prescindir de las propiedades de “ese algo”.  La geografía –dice Hettner–, “es la ciencia de la ordenación del espacio terrestre o, como no conocemos el interior de la Tierra, podemos decir sin reparos de la superficie terrestre”.

 

Más aún, la continuación del mismo párrafo hace en realidad otra idea y la recogemos como otra cita, por demás, esencial, para refutar falsas aseveraciones en torno a Hettner (en este caso, como lo que más adelante discutiremos como el “excepcionalismo”): “Si no existiesen relaciones causales entre los diferentes puntos de la Tierra, y si los distintos fenómenos que se dan en un mismo lugar de la Tierra fueran diferentes entre sí, no sería necesaria ninguna concepción corológica”.  O dicho al revés, esa ciencia corológica existe, porque los distintos puntos de La Tierra no son singularidades únicas con causas únicas, ni los fenómenos de un lugar de la Tierra, son diferentes a los fenómenos de otro lugar de la misma.

 

 

    Nahm, Gerardo; La Figura de Hettner y la Geografía Alemana en el Siglo XIX y Principios del XX; en GeoCrítica N° 70, Barcelona, julio, 1987; p.28.

    Ibid. p.12.

    Ibid. p.13.

    Ibid. p.30 (una vieja apostilla nuestra en esta cita, dice: “no somos más que la reproducción de Hettner, pues esa idea del interior desconocido de la Tierra en él, en nosotros fue expresado como “campo de estudio de la geología”).

    Ibid. p.30.

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23 septiembre 2015 3 23 /09 /septiembre /2015 22:03

Ícono Filosofía-copia-1Un Portafolios de Trabajos Geográficos: la Geografía Operativa, de la Geografía Teórica.  Artículo, (8/8)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

02 abr 12.

 

Terminamos esta serie con una experiencia curiosa que se deja ver en el título mismo: “la geografía operativa de la geografía teórica”.  Si la geografía operativa se refiere al ingreso económico del profesional geógrafo en la solución de problemas prácticos concretos de su ciencia, una posibilidad de ingreso económico se nos presentó como el problema práctico y concreto de la difusión de la Revista Electrónica de Geografía Teórica, “Espacio Geográfico”, con una remuneración al trabajo intelectual en ella implicado; pues un problema práctico de toda ciencia lo constituye el resolver la difusión de sus conocimientos en distintos niveles, desde la divulgación científica, hasta lo altamente especializado.

 

La experiencia resultó enormemente interesante.  Creamos la revista a mediados de 2009, con no más conciencia que un desahogo a nuestros deseos de publicar nuestras ideas; y a poco, no más de tres meses, caímos en cuenta de que teníamos en las manos algo extraordinariamente importante como medio de difusión; y entonces, volviendo al escenario del hacer geográfico, empezamos a sistematizar, desde la publicación cronológica de nuestra producción intelectual, hasta nuestra actualización tras quince años de alejamiento.

 

Luego, editando la revista dos veces por semana, de 2010 a 2011 fue de un intenso trabajo de esa publicación cronológica de lo producido desde fines de los años setenta.  Pronto esa producción histórica lo fue ya de los documentos de factura reciente resultado de nuestra actualización, al momento que decidimos modificar la periodización de la revista una vez por semana, dándonos tiempo para la producción misma de las ideas.

 

En tal punto, mediados de 2011, ocurrió un virtuoso accidente: un relámpago nos destruyó nuestro equipo de trabajo.  Ello, dentro de lo trágico, resultó virtuoso, porque a partir de ahí, ello nos permitió conocer, no sólo “más”, sino reconociendo nuestro desconocimiento total, simplemente nos permitió conocer objetivamente la realidad de la situación en la difusión de las ideas entre la comunidad internacional de geógrafos.

 

Hasta ese momento se nos había formado una confusión, en cierto modo lógica: asociábamos el interés sistemático del 100% los lectores de esta revista, a la simpatía y valoración positiva para con ella.  La solicitud de un eventual apoyo fundado meramente en una ética profesional y en la moralidad de la solidaridad entre la comunidad de geógrafos para recuperar nuestro equipo, nos fue introduciendo en esa realidad objetiva: encontramos que a ese interés sistemático, correspondía, simultáneamente, una indiferencia 100% absoluta por la suerte de esta revista, que bien podía dejar de publicarse sin que ello significara nada.

 

Así, de la solicitud de apoyo fundado en la conciencia, pasamos, obligados por la necesidad, al acto de comercio con ciertos documentos.  Luego de dos a tres meses de observar la posible respuesta, una indiferencia prácticamente total, y una incongruencia moral que sentíamos en ese acto de comercio, nos devolvió a la solicitud de apoyo por acto de conciencia, sin resultado ostensible alguno.  Se hizo evidente, pues, que ese lector (en su mayoría necesariamente geógrafo), que vivamente interesado parecía hacerse un geógrafo concreto; en su indiferencia prácticamente absoluta, se hacía un geógrafo abstracto.  Y hacia fines de 2011, la realidad objetiva nos hizo ver que nuestra revista trataba sólo con lectores abstractos, en su mayoría absoluta necesariamente geógrafos, para con los cuales decidimos tratar en abstracto, obligados por las circunstancias objetivas, sólo como geógrafos, por lo que el geógrafo históricamente es.

 

Y entonces todo se medió: el orden mercantil capitalista, con eticidad profesional, y la moralidad de una comunidad de lectores.  Se produjo la alquimia objetiva de este orden socioeconómico de cosas, y decidimos publicar la revista dando satisfacción a todos esos aspectos, sin detrimentum res nata; es decir, sin pérdida de nada.

 

Y como en las escasas como inversamente frustrantes experiencias anteriores en el campo de lo operativo, nos quedamos, como experiencia, con algo extraordinariamente valioso, y, de la misma manera…, a otra cosa.

 



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21 septiembre 2015 1 21 /09 /septiembre /2015 22:05

Editorial

 Cristalografía

La estructura del espacio, como analogía de la teoría de la cristalografía.

Surgieron las bases métricas de la teoría del espacio geográfico así, por esta fructífera analogía con la cristalografía, que bien ya estaba en la sencilla matemática dela geometría euclidiana del espacio, pero que, no obstante, esa abstracción matemática, por objetiva que fuese, , requería en nosotros de su visualización física objetiva a partir de lo cual deducir los fundamentos axiomáticos del espacio, particularmente en los enunciados de sus teoremas.

 

*

 

El teorema, enunciado que ya no responde de manera sencilla a un hecho de experiencia, es la base inmediata de la axiomatización de la teoría, en una serie de deducciones lógicas sobre la sistemática de mediciones y registros.

 

Así, por analogía, encontramos en los siete sistemas básicos de la teoría cristalográfica, no estructuras únicas ni fijas del espacio, sino momentos de variaciones del espacio u}ya como desviación, ya como tendencia, respecto de la estructura  más simple, pero que supone la mayor energía.

 

La muy propia y exacta manera de explicar este hecho con un ejemplo, es el caso de los primeros experimentos hechos en la navegación espacial en el estado de ingravidez, del agua contenida en un recipiente, que luego se deja gravitar libremente.  Esta gran gota de agua adquiere inicialmente una forma irregular inestable que alterna sucesivas deformaciones hacia uno y otro lado, hasta que poco a poco va adquiriendo mayor estabilidad y la forma regular o isométrica de una esfera.  Eso es exactamente lo que ha venido ocurriendo con el planeta Tierra, de una enorme plasticidad, en sus cinco mil millones de años de existencia; y esas estructuras físico-matemáticas del espacio, para el espacio geográfico, refiere los distintos momentos de ese proceso inestable.

 

Y, como lo demuestra Katterfeld y otros autores que éste refiere, y a la vez lo explica ampliamente Riábchikov, esas estructuras de la dimensionalidad del espacio, no sólo refieren los movimientos asociados a la espacialidad de la masa discreta, sino que ello explica, además, y directamente, los diversos fenómenos de la estructura geológica misma de la Tierra, y de particular interés geográfico, de su superficie.

 

Nos referimos en este número, a los teoremas que se deducen de las siete estructuras básicas, si bien es posible un análisis más exhaustivo de esa dimensionalidad del espacio, que discutiremos ya en la formalización teórica dela teoría del espacio geográfico.

 

*

CristalografíaFilosofía de la Geografía.

 

[____]  El Fenómeno Objetivo del Espacio.  Preliminares de la axiomatización de la geografía en tanto ciencia rigurosa.  Teoremas del Espacio  (6/).

 

 

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