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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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31 diciembre 2009 4 31 /12 /diciembre /2009 23:01

 

 

 

Diccionario Enciclopédico

de Geografía

 

Dr. Luis Ignacio 
Hernández Iriberri.

  

_______________

México; 2009

  

 

 

Diccionario Enciclopédico de Geografía, se elabora como compendio de términos en la teoría de la Geografía como ciencia del estudio de espacio terrestre.  Se conceptúa como Enciclopédico, en función de que incluye no sólo semblanzas biográficas, sino otros posibles materiales documentales, como mapas, diagramas, o instrumental.

 

Primera versión: noviembre, 2009.

 

Espacio Geográfico, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

htpp://espacio-geografico.over-blog.es/; México, 2009.

 

Reserva de Derechos.

RPDA: (en trámite)

 


Extracto de Términos.

Los conceptos vertidos están en posible permanente actualización.


Las palabras en cursivas en los artículos, son, a su vez, referencias de ese mismo artículo.


 
Presentación a la Primera Versión, 2009
 

El Diccionario Enciclopédico de Geografía que ahora ofrecemos, es un compendio de términos especializado en la temática de la geografía entendida como ciencia del estudio de espacio terrestre, y de ahí que la lexicología del mismo se distingua de todo otro diccionario considerado en la materia, dándonos una identidad propia.

 

Así, dado el estudio del espacio como una categoría en común tanto en la Filosofía como en la Física y Matemática, se identifica a la Geografía como una ciencia natural físico-matemática, donde la categoría de espacio no es sólo una más, sino, en tanto su objeto de estudio determinado por la esfera terrestre, es su categoría fundamental.

 

De manera consistente con lo anterior, es que se da el carácter especializado de este Diccionario, que denominamos como Enciclopédico, dado que incluimos en él las semblanzas biográficas de los autores del pensamiento geográfico en el decurso de la historia, así como otros posibles materiales de interés, como fotografías, mapas e instrumental. 

 

Esperamos que al lector le sea de utilidad, no sólo en la interpretación de esta teoría de la Geografía, por lo demás ya ampliamente aceptada en sus lineamientos generales, sino en la formación de un pensamiento crítico.

 

*

 

Presentación a la Segunda Versión, 2012

 

Un Diccionario especializado -lo hemos aprendido en el hacerlo- es más que un sencillo Diccionario de la Lengua.  En él no se trta de ofrecer el significado de las palabras a aquel que se está hacienco de conocimientos para el enriquecimiento de su léxico o la precisión de sus expresiones.  El Diccionario Enciclopédico, si bien en prinicpio como todo Diccionario puede tener esa función, es, en realidad, la expresión más amplia de lo que algún autor llamaba en el método científico como el "marco conceptual"; esto es, el conjunto de conceptos más o menos vastos, necesarios y suficientes, para expresar la teoría y la explicación del objeto de estudio.

 

En ese sentido es qe un Diccionario de Geografía es la expresión más directa de las contradicciones más fundamentales de esta discipina de conocimientos.  Uno puede tener la sencilla colección de diccionarios Rioduero para un conjunto de ciencias, ntre ellas la Geografía, y se encontrará con que nada habrá en el Diccionario de ésta, que no esté en cualquiera de los otros diccionarios según el tema.  En función de ello, la primera contradicción que se enfrenta, es la de la identidad propia.

 

La pregunta más racional que se puede hacer cualquiera, es: ¿para qué un Diccionario así, de conceptos entresacados de otros de las ciencias más diversas?  Los conceptos de cada Diccionario giran en torno a la explicación de un objeto general de estudio que hace la identidad propia de esa ciencia; pero, entonces, cuál es el objeto general de estudio que hace la identidad de la Geografía, a partir e ser el centro en torno al cual giren todos esos conceptos entresacados de otros diccionarios.  O pudiéramos expresar la misma idea, preguntándonos: ¿qué hay de común en todos esos conceptos, que justifiquen un pretendido conocimiento geográfico?

 

Si tomamos, por ejemplo, los 261 conceptos de la inicial "A" del Diciconario de Geografía de Ediciones Rioduero, 1972; lo que se observa, es que en la mayoría de los conceptos, se expresan las manifestaciones externas de un fenómeno (sin agregado de conceptos esenciales en el artículo); a diferencia del conjunto de conceptos de cualquier otro Diccionario de alguna otra especialidad, en los cuales se expresa peculiarmente (con otros conceptos especiales) una condición interna del fenómeno.  Si bien la bervación es muy sencilla, su demostración se hace enormemente laboriosa desbordando totalemte este apunte.

 

Concuerda todo ello, no obstante, con conclusiones obtenidas por otroa via; es decir, por ejemplo, el que cuando la geografía trata con los fenómenos, no lo hace por sus relaciones internas, sino por sus relaciones externas; o, esto es, por sus manifestaciones espaciales.  Pero, en este puntose llega a una de las conclusiones más notables: el geógrafo no estudia los fenómenos, sino la espacialidad de los mismos.

 

Sin embargo, esta condición estuvo oculta por mucho tiempo, no tanto a la vista, como a su entendimiento abstracto por el geógrafo.  Y esto lleva a la contradicción de pretender estudiar los fenómenos como tales, aún fuesen de las más diversas ciencias, bajo los conceptos esenciales de relación o de síntesis entre los fenómenos naturales y sociales; y por décadas se asumió que ellos expresaban el objeto de estudio de la Geografía.  Por más que se intentó por esas mismas décadas fundamentr lógicamente una ciencia de las relaciones heterogéneas o de síntesis combinatoria entre ellas, tantas veces como ello se fracasó.

 

Pero por donde se logró avanzar en el entendimiento del objeto de estudio a partir de esa práctica histórica del conocimiento geográfico, fue por donde sól podía serlo: por el proceso de abstracción y generalización de esos conceptos.

 

Dejó de tratarse de un geológico geosinclinal, ya no fue ni siquiera una montaña como una unidad morfológica del relieve del Elemento de la litósfera, sino pasó a ser, más simplificado y propiamente, un estado de espacio discreto, presicindiendo en él de otros atributos particulares.

 

No fue un asunto de palabras para describir una faceta de la realidad que se creía la propiamente geográfica, sino fue un proceso de sucesivo cambio de las categorías para abstraer y generalizar, y apropiarse de la verdadera faceta de la realidad objeto de nuestro estudio.  Si se toman los diccionarios de geografía de fines del soglo XIX y del primero y segundo tercio del siglo XX, y se cotejan con este nuestro de principios del siglo XXI, se podrá observar el registro de esos cambios en los que, `pr sólo referirnos al ejemplo dado, se pasó de la parte de un "Diccionario de Geología", a un "Diccionario de Geomorfología", y finalmente a un Diccionario de Geografía.

 

Hoy estamos en posibilidad de describir y exlicar con más precisión nuestro propio objeto de estudio; hay un vasto campo propio dado en un lenguae que, si bien conectado con una gran cantidad de términos de otras ciencias, éstas ya no son heterogéneas, sino teniendo en común una faceta de la realidad objetiva, conmo una categoría semejante que expresa relaciones diferentes; pero mas allá de ello, cuando antes sólo habia ambigüedad en lo que podía definirse como propio, hoy, una buena parte de los términos se constituyen como categorías fundamentales sin las cuales no es posible explicar el objeto propio: el espacio terrestre.

 

Así, nuestro Diccionario Enciclopédico de Geografía, no es hoy ya (logrado apenas en el curso de tres años), tan sólo esa idea del compendio de cultura con que lo empezamos, sino, esencialmente, un instrumento metodológico, también es cierto, ajeno no sólo a una vieja "geografía fenomenista" ya en desuso, sino más aún, a una "geografía literarira" en que aquella se transformó.  De ahí que lo hemos reestructurado en cuanto a hacerlo más efciente en su consulta, revisándolo en su contenido, completando ente los artículos sus hipervínculos, e incluyendo imágenes.

 

*

 

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21 diciembre 2009 1 21 /12 /diciembre /2009 09:00

Clich--Pol-tica--y-Geopol-tica

El Lugar de lo Geográfico en lo Geopolítico.
Artículo, 2009.
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 21 dic 09.
      

Si el principio esencial de la geopolítica -hemos dicho-, es la lo geográfico como determinación de lo político (o lo político como determinante o causal de lo geográfico), y en ello pareciera bastar para el análisis científico causal, en consecuencia, sólo lo político, ello nos problematizó, consecuentemente, sobre el lugar de lo geográfico en lo geopolítico; esto es, su función como razón suficiente para hablar de una geociencia, que, por lo tanto, bien implica la intervención, en algún sentido, del geógrafo.

 

La solución del problema tiene que ver, pues, con el factor del espacio terrestre y sus propiedades, en su determinación política.  Es decir, el por qué un lugar y no otro, en la consecución de los fines políticos que en su esencia, no es otra, más que el poder.

 

El lugar de lo geográfico en lo geopolítico, no es sino el de un medio, para un fin; y en ese sentido, es el de la función ya táctica (de objetivos inmediatos), o bien estratégicos (de objetivos a largo plazo), y por lo tanto, podemos decir que lo geográfico en lo geopolítico, es la función, generalizando, geoestratégico-política.

 

La geopolítca es, en consecuencia, la expresión del poder en extensión; y no, como la descalificaban los teóricos soviéticos por el empleo que así le daba el nazismo o aún le da el imperialismo norteamericano, una simple teoría burguesa reaccionaria y anticientífica.  De cómo se plantee el problema del poder, es que ello determinará el carácter reaccionario o progresista que, en su aspecto particular, fundamente una geociencia, en este caso, la teoría geopolítica.

 

De los ejemplos que hemos dado, en la película cinematográfica de “El Bueno, el Malo y el Feo”, en medio de tres posiciones frente al problema del poder: la del interés Yanqui y la del interés Confederado en el caso del filme, del poder expresado en la posesión del puente, y la del interés de los bandoleros, que finalmente era la omisión de todo poder político, sustituido por un interés personal; en ello se ironizó  la teoría geopolítica anticientífica, en la cual se juzga que lo geográfico (los puentes), es causa de lo político (la batalla), y, en consecuencia, eliminada “la causa”, se eliminó “el efecto”.  Ha sido, pues, un ejemplo didáctico.

 

Pero en el caso real del ejemplo de la Batalla de Stalingrado, donde el problema del poder se juzga entre el poder del proletariado en su propio país, o el poder de la burguesía invasora, en ello, no un puente volado, sino más de quince construidos, fueron sólo el factor táctico, en los fines estratégicos de la batalla; misma que en su conjunto era, a su vez, factor geoestratégico de la lucha por el poder expresado en extensión; o en su localización y distribución espacial a otra escala.

 

Aquí, inversamente al “ejemplo didáctico”, lo político (la batalla en la lucha por un poder ideológico y económico-político), es causa de lo geográfico (la construcción táctica de puentes, para retomar y conservar la Ciudad).  Y lo político se tradujo, además, en un resultado moral.  Eliminada la causa real (la acción político-militar nazi), se eliminó el efecto real (la toma de Stalingrado por éstos).

 

Y para ese análisis causal, no sería suficiente el politólogo, el cual vería esencialmente las causas de la acción político-militar en lo exclusivamente político; se hace necesaria la intervención del geógrafo, que, por su parte, en ese acto político, verá esencialmente el espacio terrestre y sus propiedades, incluyendo en ellos, los movimientos mismos de las tropas, de una y otra parte.

 

Para terminar, ahora podemos entender las características de los actuales análisis geopolíticos, tan en boga nuevamente hoy en día.

 

En México tenemos un refrán popular en función de una bebida alcohólica tradicional: <<Para todo mal, mezcal; y para todo bien, también>>.

 

Los geopolíticos actuales –lo he podido vivir con ellos en foros de análisis–, de manera semejante a ese refrán (en una mala rima, sólo para enfatizar la ironía), dirían: <<Para todo lo político, lo petrolífico; y para todo lo que no lo es, pues, también lo es>>.

 

Todo análisis, del problema que sea, tiene como causa el factor físico geográfico llamado “yacimiento petrolero” (u otras variantes energéticas o de riqueza), es decir, finalmente, tienen como causa un hecho geográfico.  Es pues, una geopolítica “determinista geográfica” justificadora de los intereses del capital y de la guerra.  Y ese análisis es tan simplista (receta de merolico para todo mal), que para el caso, por ejemplo, del conflicto centro-asiático desde Tadjikistán hasta Irán, y desde Georgia y Armenia hasta kirguistán y Afganistán; toda causalidad del mismo es, básicamente, el petróleo.  Y si bien ello está en el juego del poder, en el fondo, hay razones causales realmente más evidentes, pero veladas precisamente por esas “obvias” elucubraciones “petrolíficas”, que nos impiden entender más claramente la explicación de ciertos hechos, aparente secundarios e indirectamente conectados, y con ello, la realidad misma.

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17 diciembre 2009 4 17 /12 /diciembre /2009 09:02

Clich--Literatura 

La Última Paradoja (2/2)
Luis Ignacio Hernández Iriberri
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 21 dic 09.

 

Comenzó a pensar en ello sin esperar mucho, sólo como para replantearse el problema a sí mismo.

 

Tomó unas hojas y trazó un sistema cartesiano:

 

01-Evolucion-de-Estados-de-Espacio-1.jpg

 

En la abscisa colocó el tiempo y en la ordenada el concepto bidimensional de espacio, en términos de localización geográfica 08-fi--lambda.jpg, e internamente moviéndose con respecto a esos parámetros, lo que él llamaba “estados de espacio”, y simbolizaba como 09 Edo Esp S; y que podía ser cualquier evento geográfico discreto.  Los fenómenos respecto del espacio.

 

Luego hizo desordenadamente otras anotaciones, otros símbolos y garabatos y una progresión de 10-Prograsion-de-Estados-de-espacio.jpg; es decir, según él, del espacio vacío, al espacio geográfico y a la naturaleza infinita del espacio.  Esto lo llevó a replantearse el problema y más abajo trazó otro sistema cartesiano:

 

02-Evolucion-de-Estados-de-Espacio-2.jpg

Ahora en la abscisa nuevamente tenía tiempo, de tiempo cero a tiempo infinito (t0...ta),pero en la ordenada modificó el concepto de localización en un espacio bidimensional; una propiedad del espacio; por el de “estado de espacio” (Ee), de Eec a Ees que según él significaría la transición del espacio de su estado vacuo continuo, a su estado corpóreo sustancial discreto.  E internamente puso en el vector resultante: egc0, egc1, egc2..., egc...a, que significaba el espacio geográfico mismo en evolución o desarrollo en función del tiempo y respecto de las distintas transiciones de los “estados de espacio”; además, este espacio geográfico tenía carácter continuo.  El espacio respecto de los fenómenos.

 

Es decir, invirtió el problema y ahora el espacio geográfico continuo estaba determinado por las transiciones de los “estados de espacio” en función del tiempo.

 

Él sabía que estaba haciendo una trampa kepleriana, pero también se daba cuenta que era válido.  La sola observación de la gráfica lo hizo pensar en que el espacio había ”iniciado” en un estado vacuo, se encaminaba a un estado superdenso, y actualmente vivimos en un estado de transición.

 

Bueno, pero su asunto no estaba en esas conjeturas, sino en la “medida geográfica de su propio fenómeno”: el espacio terrestre (¡qué bárbaro!).

 

Continuó pues en su labor kepleriana y antes de tener ningún cálculo, le buscó un nombre: <<Bien –pensó–, a esa medida geográfica, sea lo que fuere, le llamaré 1 Gea>>.

 

“1 Gea” pudiera ser igual a la interpretación de un espacio geográfico cero a un espacio geográfico uno, en el segmento convencional de una medida de cambio entre 0 y 1, según la integral siguiente:

 

03-1-Gea-igual-a.jpg

 

El siguiente paso era obtener esa medida concreta del espacio geográfico.  Por lo pronto consideró que un espacio geográfico cualquiera, era una función del producto de los “estados de espacio” por el tiempo, en las unidades en que transformaría constantemente sus valores.  Es decir:

 

04-1-eg-geas.jpg

 

Pasó un buen tiempo antes de que volviera a garabatear en otro lugar de la misma hoja, en completo desorden, otra consideración.  “¿Qué era 1 Gea? –se preguntaba; y se respondía–, 1 Gea es igual a un sistema de conexiones y relaciones”.  Sí sí, parecía que todo iba bien.

 

<<Pero, ese es el fenómeno; ahora, ¿qué diablos se le mide a ese fenómeno?  A ver, a ver, consideremos que sea lo más general, el movimiento, su grado de cambio...>>

 

Allí se acordó tanto de la ley de la gravitación de Einstein como del concepto de lo geográfico en Engels, y modificó la fórmula:

 

05-menos-egc.jpg

 

Donde el espacio geográfico, aparte de ser continuo, es “condicional”, una condición de existencia.

 

Su fiebre kepleriana empezó a elevarse rápidamente: <<...¿y si (-egc) o bien el espacio geográfico, es igual a la velocidad y ésta a la energización?  ¡Entonces los “estados de espacio” por el tiempo (Eesct), serían iguales a la sustanciación!; sí sí, -e = E/1, es decir, el espacio es directamente proporcional a la energía, por lo tanto, 1 Gea es igual a un sistema de distribuciones, conexiones y relaciones, equivalentes a la energía del sistema>>

 

No cabía pensar otra cosa, esta era una especie de “Ley de Titus-Bode”, él estaba loco, o “las órbitas planetarias se ajustaban a la circunscripción de los cinco sólidos perfectos” e iba por buen camino.

 

Resultaba que el espacio geográfico medido en geas a partir de factores medidos en nuts y mares, era energía del sistema, y cuando dicha energía del sistema fuese 0, el espacio era “abierto”, estable; y cuando fuese 1, el espacio sería “cerrado”, de cambio.

 

El problema por lo tanto, se reducía a la sumatoria de los valores de energía de los “estados de espacio”, como “energía del sistema”, y determinar el tipo de progresión que involucraba el tiempo geográfico (T).

 


 

Pasaron varias semanas antes de que él volviera a sus apuntes de “investigación fundamental”, y allí estaba otra vez, jugando con su fórmula como Kepler con sus cinco sólidos perfectos.  En eso estaba, cuando llegó Saúl saludándole en caló:

 

_ Qué hais, nais… –y  su vista de matemático se clavó en las hojas garabateadas con la fórmula: 05 menos egc    ¡Ohoo!, pues qué, muchos nervios de acero, mucho temple o qué.  La cosa está que arde y tú otra vez con la ciencia ficción.

_ Ja ja ja.  Sí pero ya mi locura aumentó a grados peligrosos.  He estado avanzando, aun cuando keplerianamente, en lo que discutíamos hace unas semanas: en lo de la “medida geográfica”.

_ Stch, ah…, y qué onda.

_ Pues conjeturo que lo que hay que medir es la sumatoria de la energía de los “estados de espacio” 06-Sumatoria-de-Estados-de-Espacio.jpg, es decir, la energía total del sistema.

_ Stch, ¡ah chi!…, pero bueno, sí sí está bien, se oye bonito; aunque me parece física…, para qué quiero la geografía, si eso lo puedo hacer con la física.

_ ¡Eso!  ¡Es física!, pero la geografía es una especie de física; una rama, una derivación, o como lo quieras llamar.

_ No, no no, ¡otra vez!…, ¡haz geografía!…

_ Bueno, el problema es nada más el tipo de magnitudes que se miden en geografía como ciencia natural.  Si en física se comparan las distintas propiedades de los cuerpos con diferentes unidades de magnitud, en geografía se comparan sobre la base de las propiedades de los cuerpos, las regularidades estudiadas por otras especialidades de los conjuntos de interacciones mismas como “estados de espacio”, que cualifican el espacio geográfico mismo.  Por ejemplo, va:

 

Un conjunto de interacciones de un Estado de espacio A (y hacía un dibujo).  Siempre que un conjunto de interacciones de un Estado de espacio B (y agregaba otra figura); entonces:07-mu-espacio.jpg(espacio); un conjunto de interacciones de un estado de espacio C.

 

El asunto de medir las variaciones del espacio geográfico, está en comparar las unidades de magnitud de los “estados de espacio” transformadas en unidades consistentes, en función de la progresión del tiempo geográfico (al estilo de las Eras en Geología).  ¿Cómo la ves?…

 

_ Uhmm… ahja já…, parece que va bien; es más creo que ya le diste…

_ Stch, ¡ahaa!, ja ja ja

_ Stch, qué, sí sí…, y sabes por qué lo creo…

_ ¿Por?

_ Porque a partir de aquí sólo tú te entiendes, ja ja ja

_ Ja ja ja

_ Pues sí ¿no?

_ Ajá…, es lo que tu decías del fenómeno y su propia lógica…

_ ¡Eso, exacto!

_ Bueno, pues mira lo que descubrí.  ¿Tú crees que el espacio existía antes de que apareciera el ser humano?

_ Mhmm, sip.

_ Entonces estarás de acuerdo en que si la especie humana se extingue, el espacio; incluso el espacio geográfico, el referido a la Tierra; seguirá existiendo…

_ Sí.

 

Él hizo un pequeño lapso, dejando el lápiz sobre el escritorio y reclinándose en su silla, continuó con cierto aire de solemnidad.

 

_ ¡Entonces la especie humana qué!

_ ¡Stch, ah chi!, ja ja, está bonito el problema.

_ Bueno, pues va –y él le garabateaba con símbolos más o menos grandes en una hoja:

 


 

Saúl bajó las comisuras de los labios, arqueó las cejas, abrió grandes ojos y parpadeó varias veces bruscamente.

 

_ ¡Calma, calma!; esto sólo quiere decir que el espacio geográfico tendrá que ser abierto y estable, en la medida en que la suma de los “estados de espacio” se considere potencialmente al ser humano (la “c” sólo es para señalar determinadas condiciones).

_ ¡No, pues me quedé igual...!

_ Bien, dicho en otras palabras; ¿estás de acuerdo en que todo es espacio?...

_ Sí.

_ Entonces resulta que nosotros no somos más que la conciencia del espacio.  A través de nosotros es que el espacio hace conciencia de sí y se prepara para modificarse conscientemente a sí mismo.

_ Ah jijo –y Saúl hizo como que le daba “el patatús”.

_ Ja ja, pero lo más interesante está en que si esa fórmula se cumple para “c = lucha por el socialismo desde la democratización sindical”, entonces eso será garantía de Eeshc, es decir, de una sociedad humana con un gran futuro; pero desgraciadamente tendrá que ser después de que Eeshc haya terminado de tender a 1 y cambie revolucionariamente...

 

Se hizo un breve impás, Saúl hizo como que se mareaba y se rascaba la cabeza, y finalmente respondió...

 

_ ¡No!..., ya enloqueciste; mejor ya vámonos a luchar por “c positivo”, contra la hipocresía y su cinismo, por nuestro futuro, por un futuro más racional y humanista.

 

Fin

 

 

A principios de 1991 (13 de marzo), aquella lucha sindical fue derrotada, y en el curso de los ocho o nueve meses siguientes, tuvo lugar el despido masivo de los trabajadores.

 

Como consecuencia, el entretenimiento en problemas de ciencia básica fue eventualmente suspendido, mas, luego de la crisis económica de 1994-1995, el desarrollo profesional en su conjunto (incluso más que ello, el mismo proyecto de vida hasta entonces establecido), fue cancelado.

 

Cuando esta narrativa-cuento fue transcrita allá por mayo del año 2001 (¡trece años después!), en lo básico, se vio que él, su protagonista, no había hecho sino plantear en otros términos y en forma matematizada, el mismo problema que ya Riabchikov desde 1976 lo había planteado difusamente.

 

Ni los planteamientos de Riabchikov, ni los narrados en esta historia eran aun suficientes para resolver el problema del tratamiento del objeto de estudio de la Geografía.

 

Una reflexión involuntaria de nuestro protagonista, por simple formación profesional, entre 1994 y 2001, acerca de la naturaleza y propiedades del espacio, lo acercaron unas micras más a la solución del problema..., pero esa ya es otra historia...

 

“La última paradoja”, es decir, la última contradicción del sentido común con los hechos de la realidad, consistió, no tanto en una nueva comprensión de la naturaleza del espacio, como en el despertar social de aquella situación de “ciencia-ficción” en la que todos estaban sumergidos.


 

 

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17 diciembre 2009 4 17 /12 /diciembre /2009 09:01

Clich--Literatura

La Última Paradoja 
Luis Ignacio Hernández Iriberri 
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica 
de Geografía Teórica; 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 17 dic 09.

 

... un manuscrito que tenía desde 1988..., trata a manera de narrativa-cuento, acerca de los acontecimientos político-sindicales que se vivieron en esos días y la manera como los vivimos, particularmente yo, dialogando con un amigo; y salió una especie de cuento de ciencia-ficción tanto por lo que se habla en él, como por la manera que se vivieron aquellos días.

 

Fueron momentos políticos muy complejos y muy simples a la vez; el asunto está precisamente en entender cuándo y por qué fueron complejos, y cuándo y de qué manera fueron sencillos.  Hay en ello una gran lección que pocos saben..., más aun, en esa narración se recuerda cómo es que se originó uno de los documentos más importantes de aquel entonces, que analizaba el movimiento político-sindical en lo interno y en los aspectos a la vista de todos, y en sus conexiones externas ocultas casi a todos.  Y yo fui el único capaz de sintetizar aquellos datos.

 

Bueno, pensándola bien, a continuación voy a anexar ese cuento:

 

 

La Última Paradoja*

Luis Ignacio Hernández Iriberri**

 

¡Riiing, riiing, riiing...!; la secretaria contestó el teléfono; cuando ella no estaba, el más cercano para acudir a responder era él***, pero nada había que le molestara tanto, y de algún modo se había ganado su derecho a no contestar, dejando incluso que el mismo Jefe del Departamento se moviera para ello; lo que en tal circunstancia finalmente le incomodaba, era que la llamada entrara precisamente para él; pero esta vez había contestado la secretaria.

 

_ Es para usted Licenciado.

_ Ah, gracias.

 

Así era, cuando las llamadas se daban para cualquier otro de los ingenieros del Departamento, la secretaria decía: “¿De parte de quién?, pero cuando eran para él, simplemente le decía: “Es para usted”.  Él veía que así estaba mejor, aun cuando ello lo hacía pasar como un pobre mortal más; cuando pensaba en ello se carcajeaba para sus adentros.

 

_ ¡Bueno!..

_ Quiubo, qué pasó...

 

Era Adán****, que cuando llamaba, seguro se debía a algo importante.

 

_ Pues nada mano, qué hay...

_ Mira, te hablo para avisarte que hoy vamos a tener reunión, ya le estoy llamando a todos, pero tú por ahí avísale a quien puedas, no?

_ Sale, está bien.

_ Bueno, nos vemos, va a ser importante, no vayas a fallar, eh?

_ No no, ahí nos vemos.

 

Cuando él pensaba en su situación ahí, se imaginaba inmediatamente, con las debidas proporciones, al Einstein empleado de del Registro de Patentes, pues más importante que su trabajo burocrático casi inútil y bloqueado por todas partes, le parecía su propio quehacer intelectual de “investigación básica” acerca de su profesión: la Geografía.  A la salida pasó por Saúl*****.

 

_ Quiubo, va a haber reunión, ¿vas a ir?

_ Bueno, sí

 

Entonces ambos se encaminaron a la reunión.  Se congregaron en el local  entre cincuenta y setenta trabajadores sindicalizados, profesionistas y empleados; se discutiría sobre cómo finalmente los democráticos y progresistas organizarían la protesta ante las imposiciones de la burocracia sindical formada por los imposicionistas y retrógradas.

 

El ambiente era de febril actividad.  Unos hacían pancartas; otros pintaban mantas; unos más llegaban con los “tambaches” de volantes, y el grupo de los “teóricos” se reunía aparte para discutir las acciones no obstante el martilleo para armar pancartas y asegurar las mantas, y a pesar del bullicio de órdenes y alegatos que se daban al margen de la reunión.

 

_ Bueno compañeros, se trata de darle a esto una salida concreta –dijo Adán que actuaba como Presidente de Debates, y solicitaba propuestas sobre cómo le habríamos de hacer...

_  ¡Ehy!, mira –dijo alguien por ahí-, yo pienso que como estaba ya planteado, para no hacernos más líos, nada más que se nombren aquí las comisiones.

_ Bueno, miren –volvió Adán a la palabra-, el plan original era bloquear trece puntos importantes..., pero dudamos que haya suficiente gente para todo eso...

_ No, mira –dijo otro compañero–, yo propongo que concentremos las fuerzas en sólo estos cuatro puntos... –y el compañero se puso a dibujar en el pizarrón un plano del centro de trabajo y las avenidas que le rodeaban, señalando en ellas esos cuatro puntos para bloquear el tránsito, como protesta por las antidemocracia de los imposicionistas en la dirección sindical.

 

Ya sobre el plano se vino un mar de propuestas en la que unos se pronunciaban por ocho puntos, otros sólo dos, otros cuatro, etc., argumentándose sobre las ventajas y desventajas de cada estrategia

 

_ Yo no veo de dónde –dijo un compañero– se van a sacar a unos veinte pantalonudos que se atreva a parar el tránsito, cuando empiecen a echarles encima los carros, un camión...

 

Otra vez el revuelo; que sí, que no..., finalmente se impone nuevamente el orden...

 

_ Haber compañeros, pidan la palabra por favor...

_ Mira –y desde un rincón, sentado sobre un archivero, displicente levantaba la mano un compañero pidiendo la palabra al tiempo que se la tomaba–, cuál es el problema de que se necesite mucha gente para dislocar el tráfico, si luego yo he visto que sin ningún cristiano se hace ahí cada pelotera...

_ Ja ja ja ja –de todos se oyó una sonora y larga carcajada.

_ Haber, orden, orden; vamos a concluir esto compañeros.

_ Haber... –levantó la mano por fin “él”

_ Adelante compañero... –le conminó el Moderador.  Y él se levantó al pizarrón y empezó a analizar la situación.

_ Creo que no se necesita en última instancia mas que obstruir un solo punto –y señaló el crucero principal–, automáticamente todo lo demás se va a dislocar en menos de diez minutos.  El punto clave es éste –y subrayaba el sitio en la pizarra–, y allí debemos todos concentrarnos.

 

Finalmente el asunto se aprobó así, y una hora después se efectuó la protesta de manera muy sonada.  Así avanzaba la lucha.

 

Unos días después Saúl le comentaba sus apreciaciones de la situación.

 

_ ¿Tú no crees que esto se esté moviendo desde fuera?

_ Claro, no me parece que haya un control alámbrico directo –a lo mejor sí, pero eso no importa–, sino un control inalámbrico, de picar aquí o picar allá, para que las piezas se vayan acomodando; pero sí, a mí me parece que pesan más los factores externos que los internos.

_ Bueno, pero eso no está mal, no?

_ Pues no, no necesariamente.

_ Exacto, entonces lo que debemos analizar más, es a qué está respondiendo todo esto...

_ Bueno, pues sí, de acuerdo...

_ Pues entonces tú debes hacerte un documento de análisis de eso, que deje ver cómo está y cómo ha estado todo el juego.

 

Él se quedó pensando; a veces la identidad de las ideas entre ellos era tan evidente, que no gastaba esfuerzo en responder.  Él recordaba haber hecho ya algo así hacía ya unos años inclusive, pero todo eso estaba por ahí extraviado, perdería más tiempo en intentar buscarlo que en rehacerlo y actualizarlo, pero a la vez, como que quería darle a eso su tiempo; él ya sabía que Saúl siempre le andaba cargando “chambas”.

 

Pasó el tiempo y Saúl seguía esperando el documento de análisis; mientras tanto, después de aquellos actos de protesta todo cayó en la calma que precede la tormenta, pero que se alargaba en negociaciones entre los dirigentes hasta casi la desesperación.

 

Un día de tantos, como en tantas otras ocasiones, Saúl le cayó por ahí a él en su oficina.

 

Al parecer, tal vez habían encontrado inconscientemente un método para soportar el impás político, y éste consistía en charlar sobre aspectos de ciencia.

 

Saúl deseaba romper la barrera y limitaciones de su especialidad: la matemática, y abordar aspectos humanistas y sociales.  Todo eso le atraía como algo novedoso, tanto como a su interlocutor le interesaba asimilar la teoría matemática dejando un poco de lado los aspectos sociales y políticos en que los estudios geográficos profesionales estaban enfocados hacía ya unos treinta años, olvidando e incluso desconociendo, su contenido esencialmente físico-matemático.  De ahí que ambos teorizaran y cada uno tenía su momento.

 

_ He estado pensando en lo de tu “rollo” –dijo Saúl–, yo creo que ustedes –refiriéndose a los geógrafos–, deben hacer la geografía con su propia lógica, establecer su propia medida de su propio fenómeno...

 

Y allí se enfrascaban en un largo diálogo, en que al principio ambos empezaban sus argumentos con la frase “No no, no se trata de eso sino de esto otro”.

 

Saúl defendía el que se podía hacer una ciencia con su propia lógica independientemente de las demás y que históricamente podía haber muchos caminos para ello.  Él sostenía lo contrario, que había una subordinación de las ciencias y el desarrollo de unas a partir de las otras, y que históricamente sólo había habido un solo camino.

 

A media plática ya predominaba el empezar los argumentos con la frase: “Bueno, pero...” e inmediatamente: “Bueno, estoy de acuerdo, pero...”

 

Luego, entremezclado con momentos de desavenencia, ya se empezaba a oír más: “Sí, sí, de acuerdo”, o “Eso, exacto”; finalmente llegaban a la solución del problema o se aproximaban bastante por lo menos: la Geografía es una especie de físico-matemática aplicada a una faceta de la realidad objetiva, pero carece aún de la definición de la medida de su propio fenómeno: el espacio terrestre.

 

Pasaron unos días, él finalmente redactó el documento de análisis que Saúl le había sugerido y que finalmente también le pareció necesario: ¡una bomba!, rescataba y sintetizaba toda la experiencia del movimiento democrático sindical de los últimos treinta años y sus vinculaciones externas.  En dicho documento se mostraban los esfuerzos de los trabajadores democráticos por contener la ignominia, la lucha por no permitir que campeara impunemente la degeneración de la conciencia social, el cinismo, el envilecimiento y la ruindad.  La lucha contra los afanes mezquinos, y por una organización sindical democrática y progresista, que contribuyera a evitar la desigualdad social y la explotación.  Pero traía en la cabeza, además, el asunto de la “medida del propio fenómeno de la geografía, la medida del espacio” (ah!, bárbaro, al parecer desconocía la existencia de metro!).

 

Comenzó a pensar en ello sin esperar mucho, sólo como para replantearse el problema a sí mismo.

 

Tomó unas hojas y trazó un sistema cartesiano:



Narrativa-cuento redactado con fecha 27 de abril, acerca de un hecho absolutamente verídico hacia mediados de 1988, en los antecedentes inmediatos al conflicto vivido en la actividad laboral democrático-sindical y profesional en la Industria Petrolera en sus oficinas centrales, de la Sección 34 del entonces STPRM (Sindicato Petrolero de la República Mexicana); que fácilmente pasa por un cuento de ciencia-ficción..., quizás, porque esos años así fueron: ciencia-ficción.

** En aquel entonces, a sus 37 años, joven trabajador profesionista sindicalizado, miembro del sector democrático de “Técnicos y Profesionistas, del la Sección 34 del STPRM”.

*** “Él”, geógrafo, generalizador y sintetizador, se referirá al autor de esta narrativa, entonces dirigente sindical de los trabajadores profesionistas democráticos de la Delegación de Exploración.

**** “Adán”, uno de los dos dirigentes principales del “Movimiento de TyP”

***** “Saúl, matemático analista, segundo de abordo en la Delegación de la Gerencia de Exploración.


 
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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Literatura
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14 diciembre 2009 1 14 /12 /diciembre /2009 09:03

Clich--Filosof-a

Orígenes del Humanismo.  Ensayo, 2009 
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica; 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 14 dic 09.

 

Orígenes del Humanismo.

 

Empecemos reflexionando en el hecho de que, cuanto más nos remontamos en la historia hasta los orígenes de la humanidad, más nos vamos dando cuenta de la pérdida de la condición humana del ser humano, hasta que ésta se pierde, primero despreciado por la doctrina religiosa como la pura “prisión del alma”, y luego, en la Antigüedad, totalmente fundido con la naturaleza en calidad de cualquier otra especie animal, y en esa misma condición.

 

No es pues casual, el que la primera forma de la filosofía entre los griegos, el hilozoísmo, no separase al ser humano como algo distinto a la naturaleza.  La filosofía presocrática fue exclusivamente una “Filosofía de la Naturaleza”, y el ser humano estaba en ella como un elemento más de la misma.

 

Fue con Sócrates, entonces, que el pensamiento humano empieza a separar de la naturaleza el fenómeno de lo relativo al ser humano.  La célebre frase de éste: “Conócete a ti mismo”, como una forma de expresar: <<distingámonos de lo demás>>; o algo más fino quizá en: <<no confundamos más nuestra identidad>>, expresaba claramente esa intención.

 

En el Diálogo de Platón Alcibíades, Platón en la voz de Sócrates pregunta a Alcibiades qué es el hombre, a lo que éste responde que no lo sabe; mas Sócrates, diciéndole: ”pero tu sabes que es algo que se sirve del cuerpo”, le induce entonces a reconocer que el hombre es el alma, dicotomía de lo racional (donde reside lo divino según Sócrates; y en realidad Platón) y lo espiritual.  Así, conociendo lo racional, se conocerá mejor el alma, y conociendo el alma, se conocerá el hombre a sí mismo.  Platón ha mostrado con ello la preocupación por el ser humano, pero sin responder a qué es precisamente el ser humano, que no sea apenas haber establecido por toda respuesta una metonimia*: el ser humano es el alma.

 

Contemporáneo de Sócrates en el siglo V ane, fue Protágoras, al cual se debe la frase: “El hombre es la medida de todas las cosas”, base de toda reflexión de la escuela de los sofistas, que si bien pone al hombre en el centro, es claro que más que por una reflexión acerca del mismo, ello está principalmente enunciado como sistema de referencia, es decir, que toda reflexión filosófica, tendrá ahora como referencia ya no a la naturaleza, sino al ser humano.

 

Mas debemos dejar claro que hay aquí dos objetos de estudio distintos: uno, el del ser humano como algo distinto a la naturaleza; y otro, el que tal simple distinción pudiera ser ya de por sí una reflexión –y de hecho a ello conduce necesariamente– acerca de qué es el ser humano.  Desde Sócrates, pasando por Protágoras, por Platón y hasta Aristóteles quien ya escribe no sólo una Política, sino una Ética, bien pudiera pensarse que se avanza en esa reflexión.  Sin embargo, el problema real de qué es el ser humano, no se podrá plantear con toda su justedad, sino hasta quince siglos después, en el momento del Renacimiento.

 

Aún a Aristóteles le hubiera sido del todo imposible deslindarlo sumido en la creencia de la primacía de un Zeus o un Logos entendido como Dios metafísico; y aún por más heraclitiano que fuese dicho Logos, en tanto independiente éste del ser humano, o peor aún, del ser humano subordinado a aquel, difícilmente podría ser una reflexión acerca del ser humano como tal.

 

Después de Aristóteles vino la descomposición de las escuelas socráticas y surgieron los filósofos de Cirene, los cirenaicos, y los de la Plaza del Cánido, los llamados por ello como los cínicos, y nada relevante se aportó ya.  Prácticamente, por los primeros quince siglos de Nuestra Era, bajo el dominio absoluto de la religión, el ser humano como tal, en tanto material, fue despreciado y en su lugar fue privilegiada el alma y su salvación.  Demos pues un salto hasta el Renacimiento, y desde ahí consideremos lo que respecto del Humanismo, significó la Edad Media que le antecedió.

 

Así, en el proceso del movimiento renacentista que se puede considerar en sus orígenes más remotos hasta los ss.VIII-IX, cuando por un lado se refundan las escuelas en la llamada Escuela Palatina (“Escuela de Palacio”) por órdenes de Carlomagno (742-814); Emperador a partir del año 800 del Sacro Imperio Romano Germánico; y por otro lado, cuando Juan Escoto Eriugena (810-877), interviene entre los escolastas Gottschalk (819-868), que de una parte, afirmaba que había una doble predestinación**, o sea, un doble mandato divino, uno de las cuales era para los elegidos; e Hincmaro (776-856) y Maure (780-856), los cuales por su lado, afirmaban una única predestinación común; donde Eriugena, si bien coincidente con estos últimos, da aparte, una solución especial al problema teologal acerca de la predestinación (en el fondo, asociado al acto creativo de Dios), que se convierte en una nueva herejía; esto es, que la predestinación, es coincidente con la presencia divina misma sin que esta sea causa necesaria, sino libre determinación.

 

Lo anterior lo que quiere decir, es que Dios no está aparte, designando el destino de los seres fuera de Él, sino que el destino de éstos es el mismo que el Ser de Dios, dado que Dios está en todos ellos o ellos están o son en Dios, aun cuando ocurriendo todo ello libremente, sin que Dios intervenga.

 

Ello ocurre algo así como que Dios “crece”, se desborda a sí mismo, y genera los seres; los minerales serán los más alejados de Él y por lo tanto los más despreciables, luego estarán los seres biológicos –plantas y animales–, más cercanos a Dios, y finalmente estarán los seres humanos, entre Dios y la materia, unos humanos alejándose de él, otros esforzándose por acercársele.

 

A partir de aquí, es que se va a considerar realmente el surgimiento del problema de qué es el ser humano.

 

Ya antes, en el siglo IV, justo previo al comienzo de la Edad Media, el mismo problema se había planteado en cierto modo, pero en lo que constituyó la llamada primera herejía: la herejía arriana, por la cual se convocó al Concilio de Nicea del año 325, y de donde se estableció, argumentado por Atanasio, que Jesús no era el hombre divinizándose –supuesto de Arrio–, sino el hijo de Dios, la sustancia divina encarnada en él, humanizándose.  El dogma se estableció exponiendo que Dios descendió a los seres humanos, y no que los seres humanos en el ejemplo de Jesús, pudieran divinizarse.

 

A nuestro juicio el problema empieza cuando Juan Escoto Eriugena (o Erígena), pone en entredicho el planteamiento neoplatónico-escolasta; esa filosofía que pretende fundar el dogma en la razón; de la predestinación, donde dicha filosofía no da explicación al origen del mal; y plantea algo próximo al inmanentismo; o la emanación del espíritu; del siglo III de Plotino (205-270); o sea, que Eriugena critica esa filosofía que pretende fundar el dogma en la razón, en la que, en tanto dogmática, cree que Dios está fuera del mundo natural, predestinándolo todo; cuando que dicho mundo material, había dicho Plotino, es resultado de la emanación del espíritu, de la Idea Absoluta, o sea de Dios; por lo cual, Dios no es mas que causa necesaria o predestinación; emanando o desbordándose a sí mismo (lo que en sí significa “inmanecia”); siendo así el destino mismo del ser humano; de donde Juan Escoto Eriugena expuso, con sutil diferencia de Plotino apenas perceptible, la idea del Ser Humano-Dios: Dios; emanando o desbordándose a sí mismo; es causa o predestinación, pero libremente dada, del ser humano.

 

La idea de Eriugena de que el Ser Humano es Dios mismo, no parece diferir de la inmanentista idea de Plotino de que el ser humano no es sino “Dios desbordado de sí”.  Pero cuando Juan Escoto Eriugena dice que el Ser Humano es Dios, aparece el materialismo panteísta (de pan, todo; theos, Dios; por lo cual el filósofo panteísta decía estudiar ese inmanentismo, mas con ello lo que hacía era tan sólo eludir al Santo Oficio, para estudiar científicamente los fenómenos; en este caso, el qué es el Ser Humano), en el cual Dios desaparece como entidad metafísica; es decir, deja de existir como un ser “real” en un mundo sobrenatural denominado como el “Reino de los Cielos”, para convertirse en el ser humano mismo en el Reino de la Tierra.  El planteamiento de Eriugena, no es pues ya el inmanentismo, sino el ateismo.

 

Este desplazamiento de Dios para poner en el centro de la atención al ser humano, llevó poco a poco, con la formación misma de las universidades a partir del siglo XII, a la “glorificación” misma del propio ser humano; que con el güelfo*** Dante Alighieri (1265-1321), no sólo se centra en la mujer misma, antes totalmente despreciada y considerada “origen de todo mal”, sino centrándose en él como individuo frente a la injusticia y el desorden social; a él le siguen Boccaccio (1313-1375), que en su Decamerón hace mofa de los miembros del clero; y Petrarca (1304-1374), que ya abiertamente critica todo lo religioso como un vicio; hasta la glorificación que ya se lee en el siglo XV en los títulos mismos de ciertas obras, como la de Giannozzo Manetti (1396-1450): “De la Dignidad y Excelencia del Hombre”; o en la obra de Pico della Mirándola (1463-1494): “De la Dignidad del Hombre”.

 

Por su parte, Erasmo de Rótterdam (1469-1536), escribía su “Elogio de la Locura”, en el cual se burla de la ignorancia monacal.  Y de Tomás Campanella (1568-1639) tomamos el pasaje: “Oh, cuán inmenso poder.  El hombre piensa, piensa”[1].  Diciéndolo como rompimiento con la idea de la predestinación y el doma, y en el sentido de la luz que se contrapone a la oscuridad del medioevo.  Así, el sentido ateísta de que el ser humano es Dios mismo, se glorifica.

 

El Renacimiento va a tener entonces como fundamento filosófico; como concepción del mundo; al Humanismo, en tanto materialismo panteísta.  Como bien lo dejó asentado Ulrich Von Hutten (1488-1523), al calificar a los escolastas como “hombres incultos” (obscurorum virorum; hombres oscuros)[2], la lucha de los humanistas será contra la ignorancia, a lo cual se refirió con la idea del “oscurantismo”; pero con ello, contra el pensamiento religioso, metafísico y dogmático.  En esa lucha contra el oscurantismo metafísico religioso dogmático, en contraposición a éste, poco más tarde; durante los ss.XVII-XVIII; en el último momento del rompimiento con el medioevo y todos sus resabios; por la misma razón, tendrá lugar el período llamado de la “Ilustración”.

 

Y estos pensadores serán precisamente, miembros de esa burguesía naciente y revolucionaria luchando contra el sistema feudal poniendo en juego no sólo su libertad, sino su propia vida.  En la Italia renacentista, ya desde el siglo XIV se inicia el desarrollo del capitalismo, lo cual se evidencia por Josef Polisensky cuando nos da el dato de que “la primera rebelión de trabajadores asalariados conocida en la historia estalló en septiembre de 1343 en Florencia..., y dos años más tarde estalló en esa misma ciudad la primera huelga...”[3].  Poco después tiene lugar en Francia la sublevación campesina de la Jacquerie, en 1358, o el levantamiento de los artesanos y pequeños comerciantes de París en 1382; y un año antes, en 1381 en Inglaterra, se da el levantamiento campesino dirigido por Wat Tyler[4].  En este ambiente, los Humanistas eran los intelectuales de esa burguesía revolucionaria, frente a los clérigos, intelectuales por su parte, de la nobleza feudal.

 

Ejemplo notable de estos intelectuales de la burguesía revolucionaria que luchaba por establecer su propio régimen económico-social, son: Nicolás de Cusa (1401-1464), sosteniendo la misma idea de Eriugena; Leonardo de Vinci (1452-1519), que interesado en los problemas de la teoría del conocimiento, rechazaba la teoría de la “doble verdad” (teológica, y científica), afirmando que la verdad es una: la científica; y Nicolás Maquiavelo (1469-1527), que en El Príncipe, aporta en general la teoría del nuevo Estado.

 

Pero justo en el mismo año en que Maquiavelo nace, será el año de nacimiento de un personaje al que ya nos hemos referido antes, pero aquí muy importante: Erasmo de Rótterdam (1469-1536).

 

Hasta entonces, luego de ocho siglos si nos remontamos al Renacimiento Carolingio y a Eriugena, o por lo menos luego de tres siglos si sólo nos remitimos a Dante, el Humanismo, como una filosofía materialista y ateísta oculta en el panteísmo, había sido uno.  Con Erasmo ocurrirá un fenómeno extraordinariamente interesante: el Humanismo se desdobla, se hace en dos grandes teorías, pero con ello, al mismo tiempo, deja de ser condenado, y el mismo clero cristiano lo hace suyo y se asimila a él.

 

Erasmo, con su Philosophía Christi, con la que trata de renovar el cristianismo adaptándolo a los nuevos tiempos; ya no del dogma, sino de la racionalidad; funda el llamado “Humanismo Cristiano”, que se va a distinguir del Humanismo materialista y ateísta clásico renacentista único hasta entonces, denominándose a éste, por exclusión, “Humanismo Literario” (o en ocasiones también “Humanismo Erudito”), ya que, lo que le caracterizaba dados los tiempos de censura que corrían, era precisamente la exposición de sus ideas a través de la obra literaria.

 

Con ello, Erasmo hace pasar a la historia toda una larga Era del pensamiento teísta absoluto en el que –decía Engels, <<la ciencia fue sólo sierva de la teología>>, o como luego encontramos la misma idea expuesta por Pablo González Casanova con sentido literario: época en la que <<Agar era sólo la sierva de Sara>>; pero, al mismo tiempo, Ersmo con su “Humanismo Cristiano” que por su propia definición religiosa conserva un pensamiento filosóficamente idealista metafísico y dogmático, atenua la radicalidad original científica, materialista y ateísta, de la filosofía humanista.

 

A Erasmo le siguió en esa línea de pensamiento de un Humanismo religioso, Melanchthon (1497-1560), el principal colaborador de Lutero (1483-1546), y dirigente del movimiento de la Reforma a la muerte de éste.

 

Se formaron así, prácticamente a partir del siglo XVI, dos teorías del Humanismo: el Humanismo clásico renacentista, materialista, que evoluciona del panteísmo de los siglos IX-XVI, al deísmo de los siglos XVII-XVIII, y al franco ateismo del siglo XIX que nace, paradójicamente, con el mismo Hegel, al ser éste el primero en atreverse a declarar, en la teoría de la estética, que el ser humano, al igual que Dios, es un ser creador; retomado por Marx y Engels, que, más aún, ven en ello al ser humano socialmente realizado, al ser humano real; siguiendo de ellos, así, a nuestros días; todo ello, fundamento de la ciencia moderna; conocido este Humanismo a partir de entonces como “Humanismo Literario” (lo que lo desdibuja y pretende despojarlo de su esencia); verdadero Humanismo puesto que es el que realmente reivindica la condición de la dignidad humana, haciendo del ser humano, el Ser Humano-Dios.  Y el llamado “Humanismo Cristiano”, idealista metafísico, de vago y simulado panteísmo de real fondo teísta; fundamento del pensamiento religioso de la época de la Reforma a nuestros días; pero en esencia, falso “Humanismo”, hipócrita, que vuelve a poner al ser humano de rodillas ante el mito, humillado ante el ícono, tributario del ídolo; sumiso mediante el miedo frente a la imagen de un mundo sobrenatural; y que antes que reivindicar la dignidad humana, sólo piensa mezquinamente en la salvación de su alma, y más aún, no por sus propios méritos, sino por los “del otro”, es decir, por la redención de Cristo.

 

De tal modo, en tanto que el Humanismo clásico renacentista aporta los ideólogos burgueses con más entereza de espíritu, más osados y revolucionarios, que ante el oprobio humano no busca condolerse del pobre, sino erradicar la miseria; el “Humanismo” cristiano se desnaturaliza y se vuelve hipócrita misericordioso; anodinamente filantrópico.  Éste no busca erradicar la pobreza, sino sólo ayudar al pobre a sobrellevar sus penas.  Es el “humanismo” burgués de aquel que sale de misa a dar, con miseria de espíritu para salvar su conciencia, una migaja de limosna al pobre; a aquel que deshumanizado, despojado de toda dignidad y condición humana, es a su vez un miserable de espíritu que medra la limosna en los pórticos de las iglesias.  Es, pues, el “humanismo” de los miserables de espíritu.

 

Ya de lleno el siglo XVI, con sus contemporáneos, Jean Bodino (1530-1596) y sus Seis Libros Acerca de la República, así como Albérico Gentile (1551-1611), Hugo Grocio (1583-1645), y Thomas Hobbes (1588-1679), este último con su Leviatán; que le darán un particular lugar al Derecho y a la teoría del “Contrato Social”, como forma de coacción del ser humano, pues para este último por ejemplo, el ser humano en su estado natural está en permanente guerra de todos contra todos porque es “malo por naturaleza”.  John Locke (1632-1704), en su doctrina del Estado y el Derecho que emanaba de la experiencia de la segunda revolución burguesa; la revolución burguesa de Inglaterra de 1648, un siglo después de la primera revolución burguesa dirigida por Guillermo de Orange, que da lugar a la independencia de Holanda; establece la idea del paso del estado natural al estado cívico con la administración estatal dividida en tres poderes, para preservar la libertad y la propiedad; luego Charles de Montesquieu (1689-1755), basándose en el principio del “Derecho Natural” (de que el Derecho es inherente a la naturaleza humana, y de ahí su imperfección), establecerá en El Espíritu de las Leyes, de manera más elaborada que la idea de Locke acerca de la forma de gobierno en tres poderes; y Jean Jaques Rousseau (1712-1778); poco antes de la tercera y definitiva revolución burguesa que establece un nuevo orden de cosas, la Revolución Francesa de 1789; culminará para la burguesía esa teorización, en sus planteamientos del Discurso Sobre el Origen y los Fundamentos de la Desigualdad entre los Hombres (1755), y del Contrato Social (1762), pero ahora sobre la base de que el ser humano es “bueno por naturaleza”.

 

La burguesía anglo-sajona del norte de Europa, más progresista que la burguesía latina conservadora de la parte sur, va a romper el control papal feudal con el movimiento de la Reforma de Martín Lutero, no obstante este último un antihumanista.  Tal Reforma tuvo sus antecedentes en la revolución husita, en los años veinte del siglo XV en Bohemia; revolución cuyo nombre se tomaba de su dirigente Jan Hus (1369-1415), muerto en la hoguera; y las luchas campesinas dirigidas por Tomas Müntzer (1490-1525) que favorecieron a su vez esos avances del nuevo régimen económico-social, tuvieron en su momento su Contrarreforma y su intento de “vuelta al oscurantismo” con el religioso Concilio de Trento de 1545 a 1563 (en los tiempos de Bodino y Hobbes)

 

Pero a la par, incontenible, la ciencia acerca de la naturaleza se abría paso desde Paolo del Pozzo Toscanelli (1397-1482), Gutemberg (1400-1468), Leonardo Da Vinci (1452-1519), Pietro Pomponazzi (1462-1524), Nicolás Copérnico (1473-1543), Paracelso (1493-1541), Bernardino Telesio (1509-1588), Patrizzi (1529-1597), Servet (1511-1533); éste condenado a la hoguera ya no por los católicos, sino por los protestantes calvinistas; Vesalio (1514-1564), Tycho Brhae (1546-1601), y Johann Krpler (1571-1630), como los más famosos entre otros muchos (como Peurbach, Regiomontano, Tartaglia, Cardano, et sig) en un explosivo desarrollo científico-tecnológico, hasta Galileo (1564-1642), entre otros muchos como, Helmont (1577-1644), Harvey (1578-1657) o Torricelli (1608-1647), y más en esos siglos XVII y XVIII de la Ilustración, ya más lejanos en el tiempo al acoso de la Santa Inquisición y la intolerancia calvinista.

 

Así nació y se desarrolló el Humanismo, los renacentistas y estos últimos son los verdaderos Humanistas; ellos, con el materialismo filosófico y el ateismo en una mano, y la ciencia en la otra, lucharon contra el mundo teológico medieval oscurantista que en su misticismo (en su idea del “misterioso” camino para llegar a Dios), que despreciaba al ser humano; simple cuerpo hecho carne, para sacar de él en calidad de prisión, al alma, “la verdaderamente digna de Dios”.

 

Es ello lo que explica moralmente; en esa moral cristiana medieval; los actos de la Inquisición, pues quemar vivos a los seres humanos, no se hacía exactamente por castigo a sus “pecados” o “faltas por herejía” (que “herejía quiere decir, “búsqueda de la verdad”, en contra del dogma establecido por acto de fe, por mera creencia sin fundamento alguno), sino, cometido el pecado, se hacía para salvar al alma purificando en las llamas al cuerpo.

 

El Humanismo, nos dice Ruggiero en su Historia de la Filosofía: “en su ropaje exterior, es un movimiento predominantemente literario...”[5].

 

El Humanismo; en una especie de vuelta al ateísta materialismo hilozoísta y al cobijo del estoicismo de Marco Tulio Cicerón o Marco Aurelio –entre los ss.I ane a II dne–, frente un mundo adverso de barbarie e ignorancia oscurantista; es decir, de ignorancia no por que se desconozca, sino porque no se quiere conocer; el Humanismo como ese pensamiento panteísta filosófico-literario, científico, y sociopolítico; tiene su expresión más acabada y sintética en personajes y sus soñadoras, esperanzadoras y anhelantes obras acerca de un mundo ideal, como Tomás Moro (1478-1535) y su Utopía; Giordano Bruno (1548-1600) y su copernicana obra Acerca de lo Infinito, el Universo y los Mundos; Tomás Campanella (1568-1639) en su Ciudad del Sol; o Francis Bacon (1561-1626) en La Nueva Atlántida.

 

Y en este punto, para la continuidad de ese Humanismo renacentista en el nuevo materialismo, el materialismo dialéctico, a su vez ateísta (y marxista, fundamento del comunismo, acaso, otra vez, vuelto a la necesidad del cobijo de un dintel como el del antiguo Pórtico de la Estoa)****, se presenta un problema de la más profunda sutileza filosófica: el de un ateismo que sólo lo es, respecto de la pretendida realidad de un Dios metafísico; es decir, más allá de nuestra realidad física; de un Dios como “entidad real” en un mundo sobrenatural denominado “Reino de los Cielos”; pero no de un “Dios” como concepto, y de ese concepto, como mera contribución histórico-cultural.

 

Esto es, Dios, para sus creyentes como una “entidad real” en el sobrenatural “Reino de los Cielos”, no es sólo descanso espiritual –independientemente de que estemos o no de acuerdo con ello–, sino es; por lo menos teologalmente debe serlo; anhelo de perfección de sí mismo, así sea que jamás se alcance tal condición de omnipresencia en la deidad, pero que en tanto ésta lo ha creado “a su imagen y semejanza”, el ser humano debe aspirar a ser como Él, debe aproximarse al ejemplo del Todo Bondad, del Todo Justicia, del Todo Amor.  Dios no puede ser como es el ser humano, sino que el ser humano debe ser como Dios; esto es lo que estaría en su gracia.  Dios –en la mitología hebrea– arrojó del Paraíso a su deífica creatura convirtiéndose ésta en un ser humano, y desde entonces éste viene luchando por perfeccionarse en esa dirección; y cuanto más alejado del Edén, en consecuencia más humano; pero cuanto más humano, más cerca de Dios, tanto por lo que Dios es, como por lo que Dios esperaba de él a su imagen, como su semejanza misma.  De otro modo –a nuestro juicio– no tendría lógica.

 

Veremos luego las implicaciones de ello.  Pero desde el punto de vista ateísta, del no-creyente en un mundo sobrenatural ni en ninguna entidad metafísica (desde el punto de vista del filósofo materialista y del científico), debemos reconocer que el concepto de Dios está ahí.  El concepto, no Dios como entidad “real”.  Esto es, el concepto como un aporte de la historia de la cultura; y, en tanto tal, como algo que ha servido a la humanidad para sobrevivir.  El concepto no como la abstracción producto del reflejo de Dios como una realidad objetiva, sino el concepto como una abstracción producto del reflejo de una realidad objetiva no asimilada, no comprendida, y que por lo tanto, sin fundamentos científicos, se atribuye a Dios.

 

En consecuencia, en este caso, no ha sido Dios el creador del ser humano, sino el ser humano, el creador de Dios.

 

Y el ser humano ha creado la idea o concepto de Dios, no sólo para, metafísicamente, él en lo individual, depositar en “Dios” sus máximas esperanzas; sino para deber aspirar a Él, en tanto ser Él mismo.

 

Es así, que en este punto, dicho en términos filosóficos dialéctico-materialistas, en el Ser Humano-Dios de Eriugena o de Nicolás de Cusa, no somos sino nosotros mismos como individuos humanos con el destino en nuestras manos aspirando a nuestra propia perfección.  Mas esa es la solución, válida, pero individualista del problema.  Muy lejos a su vez, de ser confundida con el esfuerzo que luego de la Ilustración se hizo para adaptar las ideas burguesas conservadoras a los nuevos tiempos, en que ya “todo el mundo” se decía a sí mismo “humanista”, entendiendo por ello el simple humanitarismo altruista, individualista y misericordioso.

 

De este modo, lo que el concepto de Dios es para el individuo, el concepto de Utopía lo es para la sociedad: la máxima aspiración a la perfección, la esperanza por un mundo ideal de plena paz y armonía; el más eudemónico de los sueños; es decir, aquel sueño en el cual la máxima valoración moral es la felicidad de todos.  Que el creyente no diga que aspirar a ser Dios mismo no se puede, “que eso no es posible”, pues entonces podrá “creer en Dios”, pero no “creerle a Dios”.  Que el ateísta no diga que la sociedad ideal no será nunca, “que eso no es posible”, pues no hará sino revelar que en esta sociedad de oprobio, de enajenación y alienación extremas, ha sido despojado incluso hasta de su capacidad de soñar y anhelar.  Que el Ser Humano no diga que ser Dios no es posible, pues será incapaz de reconocerse y se negará a sí mismo.

 

En la mitología griega, Prometeo, desacatando a Zeuz, el dios de los dioses, y por lo tanto obrando en el mal, roba el fuego, la luz, símbolo del conocimiento, de la ciencia, de la sabiduría de Zeus; para entregarlo a los seres humanos.  La intención de Prometeo es que éstos lleguen a ser como Zeus y “Zeus” mismos.  Prometeo es castigado, pero el ser humano comienza a ser como los dioses y a rivalizar con el mismo Zeus.

 

En la mitología hebrea, obrando en el mal por desacato divino, Eva desobedece y toma el Fruto del Árbol Prohibido, el Fruto de la Sabiduría, atributo de Dios.  Lo comparte con Adán y son castigados; pero echados del Paraíso, el ser humano en ellos comienza a ser y a perfeccionarse para corresponder a la semejanza divina.  Cuanto más avanza en la historia más se humaniza, y cuanto más se humaniza, más es a la semejanza de su imagen de perfección en Dios.

 

En el idealismo filosófico subjetivista de Augusto Comte (1758-1857), éste hace del Ser Humano, en la tríada de su filosofía positivista, el “Gran Ser”, el Grand Étre; junto con el Gran Ídolo, la Tierra, y el Gran Medio, el espacio.

 

En nuestra realidad objetiva, en los castigos de la tragedia ya por nuestro desconocimiento o bien por nuestra subversión, debemos concebirnos individualmente como dioses (ya sea por nuestro origen divino; para el que así lo quiera creer; o bien por nuestro destino prometéico); esto es, con el Sapere aude! ilustrado de Kant, con las facultades para tomar en nuestras manos nuestro propio destino; y para llegar a ser, al fin, socialmente “Zeus”, el ser humano realizado, el dios de los dioses: el Ser Humano real.



*    Metonimia es cuando por toda definición, en lugar de enunciar las propiedades esenciales de aquello que se quiere definir, lo que se aporta es apenas una comparación con otra cosa (como cuando pretendiendo definir al instrumento musical del violín, se dice que es “el rey de los instrumentos”); así aquí, el ser humano, es el alma.

**  Filosóficamente se tiene por una parte, el Destino (al que el propio Zeus no puede gobernar), pero que a su vez, el cual entre los mortales, no es otra cosa que la conciencia de la necesidad, la conciencia o comprensión y compromiso, con aquello a lo que estamos obligados ineludiblemente.  De este modo, la predestinación viene a ser el mandato divino, que entre los mortales, es la ausencia de toda conciencia sobre los propios hechos, los que ocurren simplemente porque “así Dios lo quiso”.

*** Güelfo, partido burgués aliado de Papa en contra de los gibelinos, señores feudales.  Los Güelfos se dividían a su vez en “güelfos negros”, los más radicales en contra de la nobleza, y los “güelfos blancos” o moderados.

[1]   Otahalova, Jirina; et al; El Humanismo; en, Chadraba, Rudolf; “Renacimiento y Humanismo”; Editorial Cartago, Enciclopedia Popular Nº10; Buenos Aires, 1965; p. 77.

[2]  Ibid. p.86-87

[3]  Polisensky, Josef; et al; La Italia del Renacimiento y la Europa de esa Época; en, Chadraba, Rudolf; “Renacimiento y Humanismo”; Editorial Cartago, Enciclopedia Popular Nº10; Buenos Aires, 1965; p. 24.

[4]  Dynnik, M.A, et al; Historia de la Filosofía; Academia de Ciencias de la URSS, Instituto de Filosofía, Editorial Grijalbo, México, 1968; t.I, p.261.

[5]  Ruggiero, Guido De; Sumario de Historia de la Filosofía; Editorial Claridad, Buenos Aires, 1948; p.165.

**** Todo lo cual, ahí elegantemente dicho, no quiere decir otra cosa que, dado el revez al socialismo (Polonia, 1987; Alemania, 1989), y con ello otras secuelas entre las cuales la más significativa ha sido la disolución de la URSS (1991), consumándose con todo ello la derrota del Bloque  Socialista en la Guerra Fría (cuyo final formal a nuestro juicio fue con la disolución del Pacto de Varsovia en 1996); se dio lugar al reflujo del movimiento proletario internacional y a la pérdida de la confianza en la teoría del comunismo.  Si a todo ello se contrapone el capitalismo guerrerista de la mayor barbarie y el más irracional oscurantismo dado en la “nueva cruzada” de la “lucha del Bien contra el Mal” (y el Mal organizado incluso en un “Eje del Mal”); a lo que se suma toda esa situación del posmodernismo a lo que nos referiremos más adelante; la verdad se antoja refugiarse intelectualmente en nuevas posiciones panteísta-estoicístas.
La escuela de pensamiento del estoicismo se origina con Zenón entre los ss.IV-III ane en un edificio conocido como la Estoa, en cuya arcada: el “Pórtico de la Estoa”, tienen lugar sus disertaciones; una de las cuales, la que aquí pretendidamente compartiríamos, es la de la “impasibilidad ante la adversidad”.

 


 
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14 diciembre 2009 1 14 /12 /diciembre /2009 09:02

 Clich--Pol-tica--y-Geopol-tica

Principio Esencial de la Geopolítica (2/2).
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 14 dic 09.

 

En esta segunda parte, a diferencia del reductio ad absurdum al que recurrimos con la ironización dada en la primera parte, nos referiremos a una situación semejante, dada en la Batalla de Stalingrado durante la II Guerra Mundial, a través de la cual nuevamente pondremos en evidencia el principio esencial de la geopolítica.

 

La II Guerra Mundial estaba en desarrollo, las fuerzas nazis habían ido avanzando en su invasión a la Unión Soviética, y, mientras Leningrado en la parte norte a Moscú se encontraba sitiada; desde la parte sur el frente ruso retrocedía hacia Stalingrado; ubicada en la rivera oeste del río Volga; hasta la ofensiva nazi del 13 de septiembre de1942 sobre la ciudad, en que la situación se sostenía en un último reducto, razón por la cual Stalin envió refuerzos.

 

01-Batalla-de-Stalingrado--Situacion-previa-a-Septiembre-d.jpg

 

Entonces se envió una primera avanzada de 10,000 soldados, que, para dar apoyo, tenían que cruzar, desde el este, el Volga, fuertemente patrullado por la aviación alemana.

 

Stalingrado era la última ciudad importante antes de llegar a Moscú, y tanto su captura por el ejército nazi, o el impedirlo en su defensa por el ejército soviético, significaba un fuerte impacto moral para ambas partes.  De modo que, con el costo de 3,000 muertes, el refuerzo de 7,000 combatientes logró cruzar el río en una táctica “hormiga” de unos cuántos por vez en una serie de pequeños botes inflables (paquebotes).

 

Eso bastó para la resistencia en una relación desventajosa de 4:1 para el ejército soviético, que se sostuvo dos meses en la defensa.  El 11 de noviembre, una nueva ofensiva alemana concentrando sus tropas, casi se apodera de todo Stalingrado.  No obstante, esta operación descuidó los flancos nazis, lo que, ante la aparente victoria final, carecía de importancia.

 

02-Mapa-Tactico-de-Stalingrado--Ofensiva-Nazi.jpg

 

Mientras tanto, secretamente Stalin concentró 750,000 reservas para atacar los flancos, operación que requirió de una táctica distractora sorprendente: la construcción de ocho puentes sobre el Volga en cada flanco, y la simulación de la construcción de otos en la parte central (aquí, a falta de puentes, no se abandonó la lucha como en la ironía de la película).  El efecto fue el de la llamada psicología inversa: pretender hacerle creer al ejército nazi un ataque por los flancos, para supuestamente hacerlo por el centro, con tal evidencia, que el Estado Mayor alemán no creyó la estratagema y mantuvo la concentración de sus tropas, actuando exactamente como los estrategas soviéticos querían.

 

03-Mapa-Tactico-de-Stalingrado--Contraofensiva-1.jpg

  

Pero entonces, el 19 de noviembre, el ejército soviético lanza su ofensiva cruzando el Volga por los puentes de los flancos con acciones distractoras en el centro, y en tres días, tendió un cerco a todo Stalingrado con sus 250,000 soldados nazis invasores, de los cuales fueron aniquilados dos tercios, con la rendición final de 90,000.

 

04-Mapa-Tactico-de-Stalingrado--Contraofensiva-2.jpg

  

Como se esperaba, más que el triunfo o la derrota física por cada parte, fue el triunfo y la derrota moral respectiva, tal, que a partir de ahí comenzó el repliegue alemán que ya no se detuvo hasta 1945 con el asalto soviético al bunker de Hitler.

 

Evidentemente, la causa de la guerra, no era la toma de Stalingrado, o Leningrado y Moscú, o todo ello junto; no es ese hecho geográfico el determinante del conflicto; ello es sólo circunstancial en una guerra dada por causas ideológicas y económico-políticas reales determinantes de todo conflicto bélico.

 

Por lo contrario, Hitler justificó toda su acción militarista invasora precisamente en la teoría geopolítica “determinista geográfica” (a la que, en particular, nos referiremos en otro artículo), con lo cual, por supuesto, pretendía ocultar las causas reales, y entre ellas, principalmente, la derrota del comunismo.

 

Así, el principio esencial de una geopolítica científica, como una verdadera geociencia, es el principio de lo político, como causa y determinación de lo geográfico.  Fue la derrota del comunismo de la URSS, la causa real; Leningrado y Stalingrado como enclaves geográficos estratégicos, fueron, con todo, situaciones circunstanciales.

 

En su fundamento geopolítico “determinista geográfico”, Hitler; por lo demás, demencialmente; aducía ir más allá, el que su fin último estaba más allá de Moscú: en el espacio geográfico centro asiático, el “corazón del mundo”, dueño del cual, dominaría a éste; esto es, que, para él, la causa real de la guerra, era un hecho geográfico que determinaba lo político.

 

Hasta aquí, hemos establecido pues, el principio científico de la geopolítica: el que lo político, es lo que determina lo geográfico.  Pero lo geográfico aquí, en la definición de este principio esencial, ocupa un lugar secundario; y ello nos pone en la tarea de explicar su papel, tal que explique la razón de ser de la geopolítica, ante el argumento de, <<para qué el geopolítico, si el fenómeno que trata, con causas políticas, puede ser explicado, en consecuencia, por el especialista de la política>>.  Y a ello nos referiremos en artículos posteriores.


 

 

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14 diciembre 2009 1 14 /12 /diciembre /2009 09:01

Clich--Pol-tica--y-Geopol-tica

Principio Esencial de la Geopolítica (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica; 
http://espacio-geografico.over-blog.es/; 
México, 10 dic 09.

 

Al plantear las geociencias en el ámbito de las ciencias sociales, se enfrenta una seria dificultad, conocida como “determinismo geográfico”; esto es, que será en lo geográfico (lo que de momento se quiera entender por ello), donde radicará la causa de lo social; de donde lo social ya no se rige por sus propias leyes, sino que es algo determinado por lo externo a ella (lo geográfico, lo que ello sea).

 

Eludir el error del “determinismo geográfico”, por otra parte, y centrar la causalidad específicamente en las leyes del fenómeno social, en este caso que nos referimos a ello, dará, correctamente, una sociología científica, pero entonces se hace complejo ubicar el lugar de las geociencias y en general, de la geografía, en ello.

 

Y si ya es complicado el problema para lo que tendríamos que denominar como “geosociología”, para el caso particular de lo social dado en lo político, que vinculado a la Geografía es denominado como “geopolítica”, el problema se hace, obviamente, particularmente complejo.

 

Para explicarlo, recurramos en un primer caso, a un ejemplo que ironiza esta situación: la película cinematográfica, “El Bueno, el Malo, y el Feo”.

 

En un momento dado de esa historia, los ejércitos Yanqui y Confederado durante la guerra civil de los Estados Unidos, se enfrentan en batalla por un puente en algún río, y un tercero en la escena lo representan un par de bandoleros (el Bueno y el Feo), que aparecen en el apostamiento Yanqui con otros intereses, centrados en un tesoro escondido en un panteón, pero el cual está precisamente del lado en donde se aposta el ejército Confederado (entre los cuales se oculta el Malo).  Tras uno y otro enfrentamiento, lo único que queda es un reguero de muertos, sin una solución visible para ninguna de las partes.  Entonces los malosos bandoleros del Bueno y el Feo, toman la decisión de volar el puente, consumado lo cual, ambos ejércitos, sin tener ya más por qué pelear, se retiran.  He ahí, una ironización de la geopolítica “determinista-geográfica” no-científica.

 

 00 Escena geográfica El Bueno, el Malo y el Feo

 

Para entender esa última afirmación, basta preguntarnos, primero, sobre las causas del conflicto armado; y segundo, analizar el fenómeno de acuerdo con sus propias leyes.

 

¿Es el punte la causa de la batalla?, o acaso el punte, y la batalla misma por apoderarse de él, no es sino una situación geográfica fortuita, circunstancial.  Y según la respuesta que se de, se optará por una geopolítica determinístico-geográfica, en el primer caso; o bien una geopolítica científica, para el segundo caso.

 

La ironía a la geopolítica determinista geográfica, está en que, volado el puente por los bandoleros, los ejércitos se retiran, como si todo el objetivo de su guerra, como si la causa que determinaba el conflicto, hubiese sido eso.  Pero, evidentemente, eso es lo chusco o la ironía del filme, en donde lo importante era dejar el campo despejado a los malosos.

 

                              Pero pudiera haber varias situaciones semejantes de la historia real, y en una segunda parte echaremos mano sólo de un ejemplo.


 

 

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1 diciembre 2009 2 01 /12 /diciembre /2009 09:00

    Internacionalismo.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 7 dic 09.
 

El internacionalismo (de inter, entre; y natio, nación, “nacimiento”, relativo a “los nacidos en...”), es un principio fundamental de la teoría del comunismo, entendiéndose por ello la fraternidad entre los pueblos del mundo; entre las etnias de los nacidos en un lugar, y los nacidos en otro.  Así, no debe confundirse el internacionalismo como la relación entre los Estados, mismos que, aunque aparentemente se entienden como entidades representativas de los pueblos, son en realidad, apenas, entidades representativas exclusivamente de una clase social de un pueblo dado; que, aun cuando ésta pudiese ser la mayoría de la población, considerarlo así, excluiría, así fuese una minoría, a una parte de los seres humanos.

 

El internacionalismo como la fraternidad entre los pueblos del mundo, no puede entenderse sino con fundamento en la teoría del humanismo clásico renacentista; el cual, en su esencia, significa la reivindicación de la dignidad del ser humano (de todos los seres humanos, independientemente de su pertenencia a una clase social, de su ideología, o de profesar cualquier credo religioso), y su capacidad creativa.  Toca al Estado imponer a las clases sociales egoístas, mezquinas; las antiguas clases sociales explotadoras del trabajo social; la obligación para con las condiciones de igualdad y fraternidad.

 

Se opone al internacionalismo; en su esencia, propósito de la clase proletaria; el nacionalismo, en particular el nacionalismo burgués, como forma en que se divide a los pueblos del mundo atendiendo a los mezquinos intereses de los Estados capitalistas y proimperialistas.

 

Por su parte, el nacionalismo proletario se refiere al sentimiento patriótico (de pater, y de ello patrimonio o legado), de la defensa del patrimonio y legado de un pueblo.

 

Otros aspectos esenciales contrarios al internacionalismo, son el racismo y la discriminación de unos seres humanos por otros, entre los pueblos o etnias, entre unos miembros de la sociedad por otros, o entre los sexos; el colonialismo y las formas de sometimiento de los pueblos en manos de otros Estados; y el cosmopolitismo, que pretendiendo un sentimiento internacionalista, omite las contradicciones de la lucha entre las clases sociales.

 

El principio internacionalista fue establecido ya por Marx y Engels desde el texto del Manifiesto Comunista en 1847 en la consigna: “¡Proletarios del mundo, unios!”.

 

Así, el comunismo adoptó como himno del proletariado mundial, precisamente el canto denominado “La Internacional”, una de cuyas estrofas más conocida dice: “¡A la lucha proletarios, al combate final, y cantemos todos con valor, La Internacional!”.

 

Más aún, la forma fundamental de la nueva organización del proletariado mundial, a iniciativa de Marx y Engels, fue la creación de la “Asociación Internacional de los Trabajadores”, o, simplemente, como “La Internacional”; fundada el 28 de septiembre de 1864, y la cual, desde entonces, ha atravesado por cuatro grandes etapas: de la I a la IV Internacional; la primera de las cuales fue dirigida directamente por Marx y Engels, desde su fundación, al momento inmediatamente posterior a los acontecimientos de la insurrección de la Comuna de París, en 1871, en su VI Congreso de 1875, en que es declarada disuelta; formándose en 1889, diecisiete año después de su escisión durante las sesiones de su V Congreso de 1872, la II Internacional, la cual pasó a ser dirigida por el grupo de los anarquistas de Miguel Bakunin.

 

La II Internacional, ya no comunista, sino anarquista y socialdemócrata, tuvo la dirección del movimiento proletario internacional, justo hasta 1916, a la mitad de la I Guerra Mundial (1914-1918), en donde los bolcheviques, dirigidos por Lenin, consuman la primera revolución socialista de la historia en octubre de 1917; y ya con Lenin en el poder, a partir de 1919, se funda la III Internacional, a la que le caracterizará ahora la lucha de partidos comunistas (la propiamente conocida como “La Internacional Comunista”, para distinguirla de la nueva Internacional anarquista fundada en 1922), que durará hasta 1935.  A partir de entonces la lucha proletaria se caracterizará centralmente por la participación de los frentes populares.

 

En 1938, bajo la influencia de Trotsky, se funda la IV Internacional, que dirige los movimientos de la izquierda internacional hasta la fecha.

__

 

Bibliografía

 

Foroba, T; Diccionario de Filosofía; Editorial Progreso; Moscú, 1984.

Ivanov, N; et al; Carlos Marx, Vida y Actividad; Editorial Progreso; URSS, 1988.

Sobolev, A; et al; La Internacional Comunista; Instituto de Marxismo-Leninismo, Anexo al CC del PCUS; Editorial Progreso; Moscú, s/f.


 

 

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1 diciembre 2009 2 01 /12 /diciembre /2009 09:00

Clich--Literatura

El Crimen del Cadáver Muerto Suicidado
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 30 nov 09.

 

Preámbulo.

 

Sangronsísimo cuento corto por pura ociosidad.  Redactado quizá entre 2002 y 2005, sin que recordemos exactamente asociado a qué, pero muy seguramente con motivo de darle clases de “Lógica Jurídica” a estudiantes de la Licenciatura en Derecho, y no aplicar éstos correctamente los métodos de relación causal.

 

*

 

Estaba ahí tendido, hecho un cadáver bien muerto, completito.  Ah! desdichado estudiante, a saber sobre las causas de su terrible muerte.

 

Ciertamente, había razones suficientes para presumir un cruel crimen; ah!, quién le mandó a estudiar la Licenciatura en Derecho; ahora a saber si quien lo mató, fue un raterillo de mala muerte, el novio de la chica con la que andaba, una ejecución del narcotráfico..., a saber, ¡en la que andan esos abogados!

 

Mucho se ha especulado acerca de las verdaderas causas de su muerte; algunos creen que fue producto de la desesperación de su profesor Iriberri que no se conformó con reprobarlo, sino se dice que incluso lo mató, “para que no lo volviera a hacer”.  Ah!, pero también se rumora que no fue un crimen de ningún tipo, sino..., un puritito suicidio.

 

Al respecto, unos dicen que fue por decepción de su novia que lo traicionó con el novio de la chica con la que andaba –el muy pillo–; otros dicen que el asunto fue ese, pero porque la chica que pretendía ni lo “fumó”, porque el desdichado no tenía dinero ni para el pasaje; incluso hay quien dice que se suicidó por estar cansado de regresarse caminado de la escuela bajo el Sol.

 

Era un estudiante ya mayor de edad, que la mayoría de sus compañeros, incluso, lo apodaban “el viejo”; y no ha faltado el que afirme que, bien que se baleó, pegándose un tiro en la cien (porque su cerebro no daba para más en las clases del Prof. Iriberri), y otro tiro en el corazón (para que ya no sufriera por tanta decepción amorosa), frustrado por su “vejez”.

 

La verdad yo digo que la culpa fue del Prof. Iriberri por haberlo reprobado, ¡tanto que le prometió que lo iba a pasar nada más por hacerle al cuento, y ahí está, que lo “truena” nada más que por faltar más de la cuenta a clases!, bien que el malvado lo indujo a quitarse la vida.

 

Lo que sí está complicado, es que no se sabe aún bien a bien cómo es que se suicidó, por eso se especula sobre un crimen.  Y es que, aparte de los tiros, se colgó con un mecate del techo, y ahora no se entiende qué fue primero...


 

 

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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:29

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”.

Resumen y Perspectivas

de la Investigación Geográfica.

  Conclusiones.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 20 may 10.

 

 

Titulamos nuestra tesis: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”, y luego de apuntar todos sus elementos más esenciales y generales, la concluimos diciendo: “Este fundamento de la teoría del conocimiento geográfico, sobre la base de la posibilidad del conocimiento esencial de la realidad objetiva en su faceta espacial, y en oposición al fundamento de la teoría del conocimiento que se limita a la descripción pura de los hechos dando lugar a un saber enciclopédico; habrá de posibilitar la construcción de una geografía auténticamente científica”.  De haberse aplicado consecuentemente en todos sus aspectos, hoy, treinta años después, legítimamente estaríamos revisando qué tanto, realmente, habría posibilitado la construcción de una geografía auténticamente científica.  Pero de ella, consecuentemente en esencia, sólo se tomó el planteamiento del verdadero objeto de estudio de la Geografía: el espacio terrestre; pero él mismo únicamente se tomó de nombre, porque en los hechos, el objeto de estudio de la Geografía siguió siendo el mismo: la relación entre los fenómenos naturaleza-sociedad.

 

Esa geografía fenomenista, acientífica, obstinada en sus obsoletos planteamientos, volvió con ello a las metáforas de un José Antonio Villaseñor y Sánchez cuando éste titulaba su geografía como “Tehatro…”; esto es, donde en un escenario, el objeto de estudio es la relación naturaleza-sociedad, siendo la naturaleza una tramoya, y la sociedad lo representado por un conjunto de actores.  Y esta geografía fenomenista, sin un fundamento científico, se define como estudiosa de la relación en lo representado entre la tramoya y la historia desarrollada por los actores, por lo que la tramoya y la historia son en sí mismas; identificándose simultáneamente tanto con los estudiosos propios de las características de la tramoya, como con los estudiosos propios de las carcterísticas de la historia representada.

 

Todo ello es como consecuencia de que el geógrafo fenomenista, falto de ciencia, vive temeroso de una especie de “horror vacui”: que el objeto de estudio sea el escenario mismo.  <<¡Pero que se le estudia al escenario!>>, suelen exclamar aterrados; y, faltos de ciencia, no se atreven, porque no saben, investigar científicamente eso: qué es ese escenario, de donde entenderían que por sí solo es “algo”, y en la medida que “se llena” (con una tramoya y los actores, sin que deba importarnos ello a nosotros en calidad ni de “tramoyistas”, ni de “analistas literarios”, ni “directores de la obra” representada), entender que todo ello sigue siendo el espacio, en sus distintos estados y sus propiedades; un espacio en movimiento y transformación.

 

Treinta años después, qué tanto nuestra tesis y su influencia generada, realmente, ha posibilitado la construcción de una geografía auténticamente científica, es algo que podemos estimar, cuantitativamente, en muy poco, debido a la dominancia de la geografía fenomenista y a la tergiversación hecha por ésta; si bien, cualitativamente, en la redefinición del objeto de estudio, significó un salto enorme.

 

Pero justo esto último, aunado a la posibilidad de poder publicar nuestras ideas en nuestra revista electrónica de geografía teórica, estamos ahora en posibilidad de llevar dicho objeto de estudio, el espacio terrestre; en calidad de ese “escenario” estudiado como tal; a su estudio científico, consecuentemente, con la metodología propiamente geográfica expuesta en esta tesis.

 



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