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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:08

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”.

 La Geografía: ciencia natural.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 15 abr 10.

 

d)  La Geografía: ciencia natural

 

Toda la Geografía desde la Antigüedad, desde Anaximandro a Ptolomeo, con oposición de Posidonio y Estrabón principalmente, fue definida de acuerdo a su objeto de estudio, como ciencia natural.  Toda la Geografía de la Edad Media desde Anani Shirakatsi a Edrisi y de ésta a Toscanelli, con oposición de Al-Farabi, Ibn Rochd, y finalmente Ibn Khaldun principalmente, fue definida a su vez en función del objeto de estudio, como ciencia natural.  Toda la Geografía moderna y contemporánea, desde Varenio hasta Humboldt y de éste hasta nuestros días, con la oposición principalmente de Hettner, Chizov, Lukashevisch y Berg, a la cual se suma nuestro trabajo, ha sido definida, por lo contrario, ya como ciencia social, o bien en su variante como ciencia mixta.

 

Toda la geografía fenomenológico-historiográfica desde Homero o Herodoto, hasta Humboldt y la gran mayoría de los geógrafos contemporáneos, según hemos visto, carece de un sólido fundamento científico, y no sólo ello, sino en algunas ocasiones contiene un carácter declaradamente anticientífico.  Toda la geografía espacial-cartográfica desde Tales o Anaximandro, hasta Mercator y más tarde Hettner, Chizov, Lukashevich y Berg, como hasta aquí lo hemos venido demostrando, contiene un potencial fundamento científico, en el que “no se trata de crear un nuevo sistema, sino de conocerlo y perfeccionarlo en relación con el desarrollo de la ciencia dada, de generalizar en él las nuevas realizaciones del conocimiento y de la actividad práctica”[1], que se diferencia “de las demás ciencias no sólo por su contenido sino también por su estructura lógica, que engloba elementos no existentes en otras ciencias y que se deducen de las peculiaridades de su objeto”[2]: el estudio del espacio adyacente a la superficie terrestre.

 

Aún más, toda esta escuela de pensamiento geográfico, subordina en su concepción teórico-metodológica a la geografía fenomenológico-historiográfica misma, y, por tanto, en conclusión, de acuerdo al objeto de estudio y todos los antecedentes históricos, habremos de definir a la Geografía en tanto ciencia, en todo el contenido y extensión del concepto, como ciencia natural.

 

En ese sentido la geografía constituye un sistema históricamente formado de conocimientos ordenados que se comprueban en la práctica, acerca de una faceta de la naturaleza: del espacio, como atributo físico de la realidad objetiva.  De tal manera que se completa como ciencia natural de la naturaleza inorgánica.

 

La geografía como ciencia natural, no está relacionada con una forma especial de movimiento de la materia, sino a las condiciones generales que permiten la existencia de las diversas formas de movimiento de la misma.

 

En dicha lógica es donde radica la unidad de esta disciplina de conocimientos a estructurar en adelante como ciencia rigurosa y exacta.

 

Si la geografía tiene que ver con las diversas formas de movimiento de la materia (objetos, fenómenos o procesos de la naturaleza o sociedad), sólo lo es en tanto que determinantes de las propiedades espaciales como sistema escalar físico de referencia.

 

Por tal razón, la geografía es una ciencia única íntegra, indivisa como resultaba del intento de Varenio de encontrar una sistemática única.  Es así, que debe negarse la estructura vareniana de la geografía que, planteada de tal manera, implica su desmembración y pérdida de unidad.

 

Para considerar una división en las partes de un todo, primero hay que delimitar el todo, tanto en extensión como en propiedades, vínculos y relaciones internas.  Para considerar la división de las partes de la geografía, primero es necesario definir a ésta, delimitarla en su extensión, y pensar en sus propiedades internas.

 

La Geografía en su concepción fenomenológico-historiográfica, supuso haberse determinado bajo esas consideraciones, y en función de ello, estableció medianamente el principio subjetivo de clasificación, su división y sistemática en partes, donde cada una de ellas implica una disciplina de conocimientos, en las que el geógrafo partidario de esta escuela se “especializa” como resultado del “desarrollo” de la Geografía.

 

Pero las dificultades teórico-metodológicas con  que tropieza, evidencian lo incompleto, lo unilateral de esa determinación.

 

La Geografía en su concepción espacial-cartográfica, según se sostiene en esta tesis, plantea una determinación más multilateral, sobre una base objetiva; delimitándose como ciencia natural del estudio del espacio físico adyacente a la superficie terrestre, cuyas propiedades internas están dadas por la unidad e integridad de su objeto de estudio, pues tal división supone en principio dicha integridad única y objetiva.

 

Esta concepción no supone a priori divisiones, ni centra este hecho como una de sus preocupaciones, ya que su división, en tanto que bajo el principio de la objetividad, habrá de ser reflejo de su propia evolución concreta, es decir, multifacética; una necesidad objetiva del desarrollo de esta ciencia y no un recurso para justificar una sistemática pues su  sistemática estará dada por el análisis de las propiedades del espacio.

 

Por lo tanto, la geografía espacial-cartográfica que detuvo su desarrollo en la época de Mercator y se ha encontrado con Hettner, Chizov, Lukashevich, y Berg, casi tres siglos después, no puede plantearse de momento "especializaciones" particulares, pues apenas se está definiendo ella misma en general.

 

La geografía fenomenológico-historiográfica en cambio, ha estado presente en todo momento de la historia sin grandes lagunas (a excepción del medioevo y en el oscurantismo más profundo), ya por sí sola o ya subordinada en el pensamiento de los geógrafos de la escuela espacial-cartográfica, pero sin que ello signifique en lo sustancial, desarrollo; la geografía fenomenológico-historiográfica es en lo general, la misma hoy que hace dos mil quinientos años, a no ser por sus “especializaciones” particulares, las cuales han sido, y son, más bien, escapes o fugas del geógrafo ante la indefinición de su propia especialidad.  Por dicho camino, cuanto más se “especialice”, más se alejará de la misma Geografía.  El último enlace que tendrá con esta última y que lo hará decirse geógrafo, será el referir sus estudios descriptivos fenomenológicos a un espacio dado representado mediante la Carta Geográfica.



[1] Kopnin, P.V, Lógica Dialéctica; Grijalbo; México, 1966; p.117.

[2] Ibid. p.95.

 



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:07

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, Geografía: Fundamento...”

La geografía en el cuadro general

de la clasificación de las ciencias.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 abr 10.

 

 

En el momento de la Ilustración se están formando las ciencias especiales modernas, y la Geografía no podía escapar a esas determinaciones, y de ahí la necesidad esencial de ubicarlas en un cuadro general de su clasificación, tal que el mismo mostrara el orden entre ellas, como reflejo del orden del conocimiento humano sobre el mundo, fin último, precisamente, de la obra paradigmática de la Ilustración: la Enciclopedia.

 

El concepto de “ciencia mixta” del siglo XVII, por ejemplo, en Varenio, ya no significa lo mismo para el siglo XVIII.  En el primer caso significa lo que hoy denominamos “ciencia aplicada”; en el segundo caso, “puente” entre dos o más ciencias.

 

Hobbes, Diderot, D’Halloy, en sus clasificaciones durante el siglo XVIII, ubicaron a la Geografía, en general, como ciencia natural; incluso aún, en Hobbes y Diderot, con la idea renacentista de “ciencia mixta” en tanto “matemática aplicada”.  Pero D’Halloy significa una especie de transición conceptual que se definirá en una nueva versión con Cournot.  Luego de la clasificación de Cournot ya para la segunda mitad de dicho siglo, surge el problema de la Geografía como “ciencia mixta” en tanto, ahora, como “sistema de ciencias”, que poco a poco derivará a “ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias”.

 

Será Humboldt la figura que represente toda esa concepción de la geografía entendida estrabonianamente como ciencia de las relaciones entre los fenómenos.  A él le seguirá, históricamente, Alfred Hettner, el cual representa ahora un nuevo viraje en el pensamiento geográfico; pudiéramos decir, una corrección a la desviación estraboniana dada con base en los fundamentos de Cournot.

 

Alfred Hettner va a hablar concretamente del objeto de estudio de la Geografía como el estudio del espacio.  Y ese solo hecho planteaba una reconsideración de la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias.  Va a ser este un momento histórico de la teoría de la Geografía nuevamente complejo, y no podía ser de otro modo, en tanto se vuelve al concepto de espacio.  Con él, se va a replantear en su forma contemporánea el problema histórico esencial y fundamental de la Geografía; y ahora ya no en sus soluciones prácticas, como en los siglos XV a XVII, sino en su generalización y abstracción teórica, que venía ya desde fines del siglo XVIII.  La complejidad es de tal naturaleza que ameritará un tratamiento aparte.

 

En su momento, por una parte, en la comunidad de geógrafos no se entendió el planteamiento de Hettner en la riqueza de su abstracción; pero, por otra parte, el momento histórico general de Hettner, la segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX, es la influencia de un sistema filosófico nuevo: el marxismo, que somete a crítica, en este caso, al kantismo, fundamento gnoseológico, se ha dicho, de Hettner.  Es pues, la crítica de la dialéctica materialista al idealismo subjetivo kantiano; la crítica de la gnoseología dada en la teoría del reflejo objetivo de la realidad objetiva del marxismo; a la teoría kantiana de la teoría –aquí sí, propiamente– fenomenológica, de la construcción subjetiva de la realidad.  Con ello, desde la marxología, principalmente del siglo XX, se criticará los planteamientos de Hettner como fundados en la metafísica kantiana, al pretender, según ello, separar el espacio de las cosas mismas; esto es, por lo que el espacio no podría ser algo independiente de las cosas, sino sólo un conjunto de propiedades de la cosa mismas.

 

En el segundo lustro de los años ochenta en que este problema lo discutíamos profusamente entre el compañero José Martínez Nava y yo, enfrentábamos una situación que nos rebasaba: precisamente, la inevitable dogmática (es decir, el conjunto de postulados y principios) de la marxología de nuestro momento histórico, a la que nos plegábamos; y no porque nosotros fuésemos “dogmáticos”, sino porque, para refutar esa marxología desde sus postulados y principios, aparte de haber sido toda una “blasfemia” y una “herejía”, en realidad era que no teníamos aún los elementos suficientes para ello.

 

Fue el compañero José Martínez Nava el que trató de interpretar las cosas según dicha dogmática: <<las cosas no existen en el espacio, sino que su existencia es espacial>> (Éli de Gortari).  Por nuestra parte, tímidamente, tratamos de imaginar la posible alternativa acusada de metafísica: <<el espacio es “algo”>>.  Con el tiempo, luego de 1993, ocurrieron dos grandes cosas: 1) la Unión Soviética se había derrumbado, y con ello la dogmática en este punto se hizo enteramente vulnerable; y, 2) los siguientes quince años, o sea, a partir de entonces, y en la práctica, para siempre, la situación económico-social y moral nos fue total y absolutamente adversa, limitando abrumadoramente nuestra producción intelectual, que en el campo de la geografía no hemos podido retomar sino hasta el año 2007 en que trabajábamos ya de fijo sobe nuestra tesis doctoral: Dialéctica y el Materialismo en <<El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla>>, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez; y de hecho, hasta que abrimos nuestro Blog: “Espacio Geográfico”, y con él, esta Revista Electrónica.

 



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:06

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento

de su Teoría del Conocimiento”.

La geografía en el cuadro general

de la clasificación de las ciencias.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 12 abr 10.

 

 

c)  La geografía en el cuadro general

de la clasificación de las ciencias

 

Subordinada la geografía como ciencia particular en el cuadro de la clasificación de las mismas, ha planteado desde la antigüedad hasta hoy, la dificultad de su ubicación dada su aparente diversidad interna.

 

Se le ha podido colocar lo mismo en el grupo de las ciencias naturales que en el de las sociales, así como simultáneamente en ambas, e incluso por encima de dichos grupos a manera de "puente", en calidad de "ciencia mixta".

 

Todo este problema a discutir, realmente es propio de la época posterior al Renacimiento (de mediados del siglo XVIII a nuestros días), como consecuencia del auge de las ciencias y su cada vez más alta especialización y diversificación.

 

Sólo Hobbes, un siglo antes había planteado a la geografía junto a la astronomía, y subordinadas a la cosmografía, la cual a su vez formaba parte de la filosofía natural.

 

Diderot en 1751, reproduce casi de igual manera esta idea, sólo que él incluye a la Geografía como parte de la astronomía geométrica, considerada como matemáticas mixtas, diferenciadas de las matemáticas puras, expresando la tendencia a la geodesia.

 

El geólogo belga D'Halloy (1838), siendo más exhaustivo, divide las ciencias naturales en inorgánicas, como teóricas y descriptivas, y orgánicas.  La "inorganomía" particular o descriptiva comprendía: astronomía, meteorología, mineralogía y geología, y a este grupo le denominó “fisiografía”, que más tarde suplió al concepto de “geografía física” no casualmente.

 

El concepto "fisiografía" tiene su origen en la especialidad del propio D'Halloy, la geología, significando la simple descripción de los aspectos físicos que sirven de apoyo a la interpretación geológica, y que Engels denomina como "premisa real de la naturaleza orgánica".   Hasta entonces, la geografía había sido definida como ciencia natural.

 

Un contemporáneo de D’Halloy, Cournot (1851), es el primero en iniciar la desmembración de la Geografía vareniana, al incorporar la Geografía Física a la Geología, en el grupo de las ciencias físicas, y separado de ella a la Geografía Política, completamente aislada en el grupo de las ciencias noológicas.  A Cournot le siguieron, en diferentes formas, Coleridge: la Geografía como ciencia histórica; Whewell: la Geografía como ciencia natural, formado parte de la Geología “dinámica” inorgánica (Geografía Físca), y orgánica (geografía de los vegetales y animales); y, en cierto modo, el mismo Engels, que a su vez subordinó la Geografía a la Geología; lo que es explicado por Kedrov con la siguiente argumentación: “...de la astronomía, como mecánica celeste, en Engels iba la sucesión de las ciencias, en orden de transición del cielo a la Tierra en su conjunto, de la Tierra en su conjunto a su Corteza (Geología), de su Corteza a su superficie (Geografía); y más adelante a los seres vivos sobre la superficie terrestre (Biología)...”[1].

 

Para entonces, como lo demostró el mismo Engels, la hipótesis cosmogónica de Kant había hecho lógicamente inevitable la penetración de la dialéctica en la geografía; y a su vez Humboldt es ya toda una autoridad en el conocimiento universal, y ejerce una gran influencia sobre la geografía fenomenológico-historiográfica posterior a él, como ciencia diversificada, y, por tanto, como ciencia de relaciones.

 

A pesar de la penetración de la dialéctica en la geografía y de la autoridad de Humboldt por sus trabajos, el problema de esta disciplina de conocimientos como ciencia no estaba resuelto por ese solo hecho; antes al contrario, ello sólo planteó el problema de manera más tajante.

 

Precisamente el año en que Humboldt murió (1859), nació Alfred Hettner (1859-1945), quien junto con geógrafos de su generación como Semionov, Krasnov, Chizov, Luckashevich y Berg, constituyen la simiente del resurgimiento de la escuela espacial-cartográfica de la geografía contemporánea.

 

En ellos puede apreciarse una definición clara del objeto de la geografía científica, a la vez que una inconsecuencia con dicha definición, dado el bajo nivel alcanzado precisamente por la física, en el concepto de espacio.

 

Hettner seguía directamente al Kant geógrafo, productor del trabajo: "Algunas Consideraciones Acerca de las Distribuciones en el Espacio", y su  idea de la geografía –según Kedrov– por la cual entendía que la misma no era la de una disciplina encerrada en sí misma, sino un cierto "punto de vista” general, aplicable a todo material y que forma una sucesión clasificadora independiente.

 

“Hettner separa metafísicamente la materia y las formas de su existencia, ante todo, la forma espacial”[2], radicando dicha separación metafísica, en el hecho de que indicaba por un lado, el estudio de las relaciones mutuas exteriores de los objetos que se hallan en la superficie de la Tierra, y de los fenómenos que se observan en ella; y por otro lado, el que no debía ocuparse ni de su desarrollo ni de su esencia

 

Hettner tenía razón al señalar que lo esencial en Geografía, era el estudio del espacio (el “punto de vista” general aplicable a todos los objetos, las relaciones mutuas exteriores de los objetos); pero no veía que las propiedades del espacio mismo quedaban determinadas por la existencia y desarrollo de los objetos.

 

El territorio y su generalización en superficie terrestre como concepto de espacio geográfico, fue incluso aportado por Ritter en su trabajo: “Estudio de la Tierras de Asia” (1856), de donde lo retomó Semionov Tin-Shanski, seguido por Krasnov en su libro “Fundamentos del Estudio de las Tierras” (1895).  Estos dos geógrafos eran propiamente miembros de la escuela fenomenológico-historiográfica, pero que representaban una corriente de convergencia hacia las ideas de la geografía espacial-cartográfica inconsecuente de Hettner.

 

No así Chizov, que en su “Clasificación de las Ciencias” (1896), caracterizaba a la Geografía como una ciencia “aspectiva”, es decir, estudiosa del aspecto o descripción, opinando igual que Hettner acerca de los objetos y fenómenos.

 

En Chizov destaca más la noción de espacio.  Kedrov explica en una parte la concepción de Chizov: “si la geografía se ocupa, no obstante, de la explicación de las causas interiores de algunos fenómenos, toma esta explicación de las ciencias especiales que estudian esos fenómenos.  La geografía estudia independientemente sólo un género de dependencia: la conexión y la dependencia de los fenómenos heterogéneos, que dimanan de las relaciones espaciales”[3].

 

Kedrov señala en esto, la base de un enfoque meramente estático y estructural, el que ciertamente se da como consecuencia del concepto no desarrollado de la dialéctica del espacio.

 

Este hecho al que llega como consecuencia de la concepción metafísica del espacio en geografía, más la autoridad de Humboldt, hicieron que continuara, no obstante, el predominio de la geografía fenomenológico-historiográfica.

 

Esta confusión que presentaba la Geografía en la clasificación de las ciencias, trató de ser salvada por sistemas subjetivos, en donde el agrupamiento no fue basado en el objeto de estudio, ya sobre una faceta de la naturaleza, ya sobre una faceta sobre la sociedad; sino, por ejemplo, con Chevreul, químico francés, que al clasificar las ciencias considera a la Geografía como ciencia pura concreta; o Pearson, machista inglés, siguiendo ese criterio, subdividía las ciencias concretas en inorgánicas y orgánicas; y estas últimas en sinópiticas y exactas, incluyendo en el grupo de las sinópticas a la Geografía Física; y por separado, en las concretas orgánicas, a la zoogeografía.  Otro clasificador, Carlos Sauder Peirce, uno de los fundadores del pragmatismo norteamericano, ubica a la Geografía indirectamente a través de la clasificación del “Cosmos” de Humboldt, como ciencia de la contemplación (descripción).  Sistemas semejantes, sin sustanciales diferencias, fueron a su vez planteados por Grot, Ampere, Pachoski, Gaschin.  Su aportación más importante está en enfatizar el carácter descriptivo, que será de fundamental importancia en dos sentidos: uno, como introducción del formalismo matemático en la geografía espacial-cartográfica; y dos, como obstáculo insalvable en la geografía fenomenológico-historiográfica, la cual debe encontrar una respuesta al cuestionamiento sobre la causalidad explicativa propia de su objeto de estudio.

 

No pocos pensadores geógrafos y filósofos se han detenido en este problema que, como hemos visto antes, se finca en el principio de relación, en este caso fenomenológico, que finalmente tiene su expresión en la infinita polémica del "determinismo geográfico" por un lado, o del "ecologismo" por  otro.  En si en el medio geográfico está la causalidad social, o si en la sociedad radica la causalidad de la situación del medio geográfico.  El primer caso se ha refutado por anticientífico inclusive, aun cuando es válido en cierto modo, para el caso del individuo como ser biológico y no como ser social, como se ha demostrado en los estudios de "geografía médica"; y por el segundo caso se ha afirmado una geografía como ciencia social, dado el determinante dominio del hombre sobre la naturaleza o "medio geográfico".

 

La Geografía como ciencia mixta, es tan sólo una variante de los partidarios de la Geografía como ciencia social, como puede deducirse del siguiente texto tomado de Kedrov: “El argumento principal de los partidarios de una manifiesta división de la geografía económica y física se apoya en que no se debía confundir los dos objetos cualitativamente diferentes del mundo material: la naturaleza y la sociedad.  A juicio de algunos representantes de la geografía económica, esta confusión se hace inevitable, si la geografía física y económica se consideran sólo como distintos aspectos de una misma ciencia geográfica.  En su opinión, para evitar esto es necesario reconocer la existencia de dos geografías distintas: una como ciencia social y otra como ciencia natural”[4].

 

La Geografía como ciencia mixta representa pues, en esencia, una corriente desmembradora, en donde a sus seguidores no importa en esencia el problema de la integridad de una Geografía única, pasando por ser geógrafos “sociales” no muy interesados en las rigurosidades físico-matemáticas o químico-biológicas.

 

El argumento central de éstos, se basa en postular que, así como pueden haber muchas ciencias estudiosas de un mismo objeto, así también pueden haber ciencias únicas estudiosas a la vez de muchos objetos, y que por lo tanto el objeto, y en consecuencia el método por él determinado, no son importantes en la definición de una ciencia; para estos geógrafos, la Geografía es un "punto de vista", un  "enfoque" aspectivo.



[1] Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Editorial Progreso, T.I; Moscú, 1974; p.437.

[2] Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Editorial Progreso, T.II; Moscú, 1974; p.60.

[3] Ibid. p.136.

[4] Ibid. p.476.

 



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:05

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, Geografía: Fundamento...”.

 Cuadro general de la clasificación de las ciencias.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 08 abr 10.

 

 

Un problema esencial de la geografía teórica: la ubicación de la Geografia en el cuadro de la calasificación de las ciencias.  Por siglos, literalmente dicho, la Geografía ha andado volando sin poder precisar su lugar.  Los estudiosos del tema, en su mayoría filósofos, en principio han tomado de los geógrafos su autoclasificación, pues, obviamente, nadie más autorizado que ellos mismos para juzgar acerca de su propia ciencia; pero, luego, ha sido difícil justificar por los clasificadores, tales consideraciones, por una sola, simple y sencilla razón: una clasificación objetiva, y por lo tanto sobe la base de un principio científico, parte de la consideración del objeto de estudio de cada ciencia; y eso ha sido, justo, lo que los geógrafos, por lo menos hasta antes de esta tesis, no se había podido definir sin ambigüedades y con histórico y lógico fundamento.  En ello consistió la trascendencia de la misma, y de ahí la importancia de este apartado.

 

Considerar a la Geografía, como se hacía hasta los años ochenta del siglo pasado, como un “sistema de ciencias”, o una “ciencia de síntesis de un sistema de ciencias”; o más aún, como una “ciencia social de síntesis de un sistema de ciencias”, arrojaba la paradoja, de que no había que buscar a la Geografía en el cuadro de la clasificación de las ciencias, sino al cuadro de dicha clasificación, en la organización interna de la Geografía.

 

Tan es así, que en la investigación inicial de nuestra tesis, queriendo encontrar y justificar el fundamento gnoselógico de la Geografía tal como nos la habian enseñado, precisamente quisimos encontrar en la clasificación de las ciencias la sistemática propia de la Geografia.  Ello nos empezó a llevar a una serie de absurdos: el que la Geografía resultase una “ciencia de ciencias”; el que la Geografía no se subordinaba al cuadro de las ciencias, sino las ciencias a la organización interna de dicha ciencia; la ambigüedad en la definición del objeto de estudio; y el tratamiento subjetivo, y no objetivo, de las determinaciones de nuestra ciencia.

 

Fue todo ello lo que llevó a la falsedad de la hipótesis inicial: la Geografía no era, ni podía ser, todo lo que se nos había dicho que era.  Y no satisfechos con un resultado negativo; si bien el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, director de la tesis, nos decía que con la demostración de la falsedad de la hipótesis, era suficiente para la validez de la tesis; deseando encontrar realmente los fundamentos gnoseológicos de la Geografía, nos decidimos a rehacer la investigación sobre la base de una categoría que estaba siempre presente en todos los vínculos y relaciones de los conocimientos de esta ciencia: el espacio.

 

Es en función del espacio, en particular en sus determinaciones terrestres, que, entonces sí, es posible clasificar a la Geografía en el cuadro de las ciencias (tema del siguiente apartado al que ahora se discute).

 

La Geografía entendida como un sistema de ciencias, por lo demás, a las que se daba en llamar “geográficas”, conducía directo a la caracterización de la Geografía como “ciencia mixta”, a fin de justificar su situación en el cuadro general de la clasificación de las mismas.

 

Por un momento creímos que podríamos demostrar la veracidad de nuestra hipótesis inicial, cuando leímos de Engels y Marx, la validadción de las “ciencias mixtas”; sólo que la dificultas se presentó, cuando dichos pensadores se referían a tales “ciencias mixtas”, como las “técnicas”.  Para justificar a la Geografía como una “ciencia mixta”, y como tal, como una ciencia “técnica”, tendríamos que aceptar la reducción de la Geografía, a no otra cosa, que la cartografía misma.

 

El problema de la Geografía como “ciencia mixta” viene ya desde la obra de Bernardo Varenio, que también así la definía, sólo que Varenio entendía por “ciencia mixta”, no las “técnicas”, sino el carácter aplicado de las ciencias básicas, y particularmente, tomando a la Matemática como una de esas ciencias básicas, la aplcación de la matemática, o sea, la “matemática mixta”, era lo que, para Varenio, daba lugar a la Geografía (de ahí que –hemos dicho ya en otros lugares– tal autor debe ser reestudiado más detenidamente).

 



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:04

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”.

  Cuadro general de la clasificación de las ciencias.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 08 abr 10.

 

 

b)  Cuadro general de la clasificación de las ciencias.

 

A pesar de lo contradictorio de la proposición de Varenio y los trabajos en ese camino de Humboldt, el análisis del cuadro general de las ciencias es necesario para que en dicho sistema general del conocimiento humano, sea ubicado el sistema particular del saber geográfico.  En esta  consideración, el cuadro de la clasificación de las ciencias no será una subordinación de la geografía, sino la geografía una subordinación del cuadro de la clasificación de las ciencias.  Esto romperá con el criterio de una geografía como sistema de ciencias, para encontrar en el sistema de las ciencias a la geografía.

 

En este inciso simplemente nos proponemos al respecto, el planteamiento del problema.

 

La más importante clasificación de las ciencias de la Antigüedad se encuentra en la obra de Plino el Viejo, reconocido como miembro de la escuela fenomenológico-historiográfico: en su historia natural en 37 libros, donde desarrolló la siguiente clasificación de las ciencias traducida a una nomenclatura actual.

 

1        Astronomía, Geofísica, Geología, Física y Química.

2        Geografía y Etnología.

3        Antropología, Anatomía y Fisiología del hombre, historia de la cultura, Etnografía y Economía.

4        Zoología, Ganadería y utilización de sus productos.

5        Botánica, Cultivo de plantas y utilización de sus productos.

6        Medicina, farmacia y medicamentos.

7        Metalografía (estudio de los metales), Metalurgia (elaboración).

8        Minería.

9        Pintura y Artes Plásticas.

10     Mineralogía (producción y tecnología mineral).

 

Sin grandes diferencias, esta misma idea se continuó a lo largo de toda la Edad Media; de hecho, hasta principios del siglo X en que uno de los dos geógrafos y más lejano antecesor a Varenio en esta idea, Abu Nasr Al-Farabi, miembro a su vez de la escuela fenomenológico-historiográfica, escribió un libro titulado precisamente "Clasificación de las Ciencias" en donde las dividía en cinco partes:

 

1     Lingüística

2     Lógica

3     Matemáticas

4     Ciencias Naturales

5     Política

 

Lo que evidenciaba un provechoso resumen general de todas las ciencias.

 

Cuatro siglos después, el segundo geógrafo y más inmediato antecesor a Varenio en estos trabajos, Ibn Khaldun miembro de la misma escuela geográfica, propuso una división aún más resumida, a la vez que exageradamente generalizada:

 

1     Ciencias religiosas o dogmáticas.

2     Ciencias racionales.

 

La inquietud de los geógrafos de esta escuela de pensamientos, por encontrar una explicación a la pretendida sistemática de la geografía era evidente y cristalizó dos siglos después con Verenio, aun cuando sin los resultados esperados, como se manifestaría más tarde hacia fines del siglo XIX.

 

Una cita muy significativa del derrotero seguido por esta escuela geográfica es la siguiente, tomada de la obra de Kedrov "Clasificación de la Ciencias": "El último siglo de la Edad Media en el Oriente fue, gracias a Ibn Khaldun, tan sintético –concluye Mouhaseb–, como el siglo XIX en Occidente gracias a Augusto Comte"[1].

 

Ni Mouhaseb al emitir este juicio, ni Kedrov al retomarlo, se equivocaron en lo más ínfimo al equiparar a Khaldun con Comte (1798-1897).

 

Lo que permitió que cristalizara en Varenio la idea de la sistemática de la Geografía como la sistemática de un conjunto de ciencias y sus conocimientos respectivos fue, más que nada, la influencia de Francis Bacon y su método inductivo-analítico; que, basándose en él, sería el llegar al objeto de la Geografía por la vía de la división o análisis de sus partes.  Método fundamental a lo largo de todo el siglo XVII y en el cual basó el mismo Bacon su clasificación de las ciencias, originando el principio subjetivo para determinar dicha clasificación, o sea, con base ya no en el objeto de la ciencia y su carácter más general o particular, sino a su nivel de desarrollo alcanzado; principio que más tarde, precisamente con el positivismo, aparece el principio de la coordinación de las ciencias.

 

Sin embargo, en Varenio influyen a su vez más, de una parte, Hobbes, quien trató de vincular el principio subjetivo con el objetivo; y, de otra parte, Descartes, basado exclusivamente en el principio objetivo; influencia que puede descubrirse por el carácter utilitario que Varenio daba a su clasificación  "geográficocéntrica",  tal como el mismo Descartes, o Gassendi, Boyle y Locke, y posteriormente Comte, daban a su clasificación este carácter, relacionado con problemas de enseñanza o catalogación de libros, según lo refiere Kedrov.

 

La clasificación básica de Hobbes era:

 

1.- Historia

a)  Naturaleza

b)  Civilización


2.- Filosofía

a)  Matemáticas

b)  Cosmografía

c)  Mecánica

d)  Meteorología

e)  Botánica

f)  Zoología

 

En esta época renacentista en que a las matemáticas, la astronomía y la mecánica llegan como ciencias más acabadas, la física se separa de la química con Torricelli y Galileo, de una parte, y con Boyle de otra.

 

Las ciencias biológicas y la geología, siguieron siendo por el momento –según lo explica Engels en su “Dialéctica de la Naturaleza” al exponer los argumentos de su clasificación–, ciencias coleccionadoras de datos, hasta que apareció la paleontología con Couvier.

 

Lo que Bacón había sido para el siglo XVII, Diderot, D'Alembert, Holbach y otros, lo fueron para el siglo XVIII, así como para el siglo XIX, lo fueron Kant y Hegel.

 

La clasificación de Diderot, tomada como ejemplo de esta época, exactamente un siglo después de la de Hobbes, se plantea en tres grupos: I.- Historia, II.- Filosofía, III.- Poesía; donde parcialmente consideramos aquí la subdivisión del grupo II Filosofía, en: 1) sobre Dios, 2) sobre el Hombre, y 3) sobre la Naturaleza.

 

Contemporáneo de Kant y Hegel, en el siglo XIX, Comte elabora su clasificación de las ciencias.

 

Se apoyó en el orden de lo simple a lo complejo y de lo general a lo particular, así como en la separación de las ciencias  teóricas y prácticas, encontrando en la base de la clasificación, seiscientas fundamentales:

 

1     Matemáticas

2     Astronomía

3     Física

4     Química

5     Biología

6     Sociología

 

Es importante señalar que Comte no contempla los saltos cualitativos en el desarrollo, porque considera a la naturaleza, en principio, inmutable; y así, en semejante condición quedarán las ciencias respectivas, reflejo de los fenómenos de la naturaleza que estudian.  Ello permitirá entender por qué si un fenómeno no surge de otro (no se desarrolla de otro, según Comte), las ciencias tampoco pueden surgir o desarrollarse unas de otras.  Así queda planteada la teoría de la yuxtaposición y coordinación de las ciencias.

 

La profunda influencia de la filosofía comtiniana en la geografía fenomenológico-historiográfica contemporánea, conserva la misma línea de influencia de Parménides y de Zenón en la geografía fenomenológico-historiográfica de la Antigüedad.

 

La poderosa influencia de la filosofía de Comte sobre la geografía que parte de Humboldt a nuestros días, se hace tanto más clara, cuanto que Humboldt fue un asistente al curso de filosofía positivista de Comte en 1830 y un simpatizante de sus principios.

 

Federico Engels, quince años después de la muerte de Comte, estableció una nueva clasificación, semejante a la de éste pero sobre la base del principio del desarrollo y subordinación de las ciencias.

 

Esta clasificación bajo dicho principio, involucraba al problema de la transición de las ciencias naturales a las sociales, y la posibilidad de la definición de las ciencias mixtas.

 

“La tecnología –indicaba Marx en El Capital– nos descubre la actitud del hombre ante la naturaleza, el proceso directo de producción de su vida y, por tanto, de las condiciones de vida social y de las ideas y representaciones espirituales que de ellas se derivan”, cita de la que Kedrov interpreta: “la conexión directa entre los dos grupos o complejos de ciencias –naturales y sociales– (que) se establece por medio de la técnica”[2].

 

Según esto, las técnicas vienen a ser las ciencias mixtas, entre ellas, sutilmente quedan incluidas por ejemplo, la agronomía y la medicina.  Una como ciencia social sobre la naturaleza y la otra, como ciencia natural sobre el hombre.

 

Dicha concepción suscita el problema de la Geografía como ciencia técnica, por un lado; lo cual es claramente falso; y por otro lado, el entenderla ya como ciencia natural en función de lo social, o ya como ciencia social en función de lo natural.  Es del todo evidente que el primer caso, conduce al “ecologismo”, así como el segundo al “determinismo geográfico”, que con delicadeza y argucia es evadido en la geografía actual mediante el estructuralismo pseudocientífico.  No obstante, como lo discutiremos en el siguiente inciso, esta ubicación tiene tan sólidos argumentos como la definición de la Geografía ya como ciencia social o ya como ciencia natural.



[1] Kedrov, B.M; Clasificación de las Ciencias; Editorial Progreso, T.I; Moscú, 1974; p.63.

[2] Ibid; p.330.

 



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:03

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”

El contenido de la geografía como ciencia.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 05 abr 10.

 

 

En este apartado, queda demostrado que los temores en el comentario del Dr. Ángel Bassols hecho a nuestra ponencia en el IX Congreso Nacional de Geografía resumiendo nuestra tesis, era del todo falso.  No se trataba de olvidar todo lo hecho en función del nuevo planteamiento, sino de entender cómo todo lo hecho hasta entonces en eso que denominamos como geografía fenomenista, encajaba en un planteamiento más desarrollado.  No escucharon ni siquiera la respuesta en la que ya lo planteábamos así.

 

Más aún, en un planteamiento más de esencia, consideramos que entre esa geografía fenomenista y la versión espacista, lo que se tiene es precisamente la contradicción fundamental, históricamente dada, de la Geografía.  Esto es, dialécticamente, lo que le ha dado movimiento a lo largo de la historia, y de cuyo análisis se comprende no sólo el objeto de estudio, sino la metodología del conocimiento geográfico.

 

Está ahí, precisamente, el problema cardinal para comprender la geografía moderna, y por lo tanto, para entender los planteamientos teóricos de Varenio, que sin duda, debe ser estudiado más detenidamente, para descifrar lo que en realidad parece ser un planteamiento geográfico espacista.

 

Luego, aportamos ya desde ahí los argumentos demostrativos de la falsedad en la interpretación de la Geografía como un sistema de ciencias.  Y si ya desde el Liceo de Aristóteles se dio la división y estudio especial de las ciencias particulares, con mayor razón se dará ese énfasis con el renacer de la ciencia en la época moderna, por lo que la Geografía como ese sistema de ciencias se hacía más imposible de ser, no obstante así se sostuvo hasta el último cuarto del siglo XX, ya no tanto a pesar lo ilógico del planteamiento, sino simplemente porque no había surgido una propuesta alternativa lógicamente mejor fundada.

 



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:02

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento”.

  La geografía como ciencia natural.

 El contenido de la geografía como ciencia.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 05 abr 10.

 

 

2  La geografía como ciencia natural

 

 

a)  El contenido de la geografía como ciencia.

 

Ha quedado, pues, evidenciado el estado precientífico de la geografía en su concepción fenomenológico-historiográfica, e incluso la imposibilidad de ésta de alcanzar, por lo menos en un futuro próximo, la condición de ciencia.

 

Sin embargo, ello no quiere decir que, por oposición, la geografía espacial-cartográfica sea la que unilateralmente consiga determinar el estado particular de ciencia para la geografía.

 

Pensar así, sería tanto como negar la existencia real de la geografía fenomenológico-historiográfica misma; cerrar los ojos a una realidad milenaria y a sus trascendentes aportaciones en el terreno del conocimiento del sistema de referencia físico del espacio geográfico y como base en la organización del mismo a las escalas correspondieres en la planificación económico-social.

 

Por el contrario, si bien es cierto que la geografía espacial-cartográfica ha de ser determinante en la definición del estado particular de ciencia para la geografía, ello sólo podrá ser en tanto que sólo dominante en la indisoluble unidad de contrarios dada entre estas dos escuelas de pensamiento geográfico, y, por consiguiente, determinante en una forma multilateralizada.

 

Esto que puede ser explicado de una manera tan sencilla, representa, sin embargo, el problema fundamental de la geografía, presente en todo momento a lo largo de su historia: el problema del logro de una teoría unificada de la ciencia geográfica.

 

No pocas veces los geógrafos se han visto confundidos y auto confundidos con este problema, ya Estrabón mismo en la temprana edad de esta disciplina de conocimientos, pretendió haber conseguido resolver este problema, por el solo hecho de su autoridad respaldada en el imperio Romano y su áspera e inconsecuente crítica a Eratóstenes e Hiparco.

 

Más tarde, hacia 1650, fue Bernardo Varenio quien pensó en la solución de la teoría unificada de la geografía, en una división y subdivisión de ésta, de acuerdo a las  "afecciones" o relaciones entre los distintos campos que la misma parecía abarcar.

 

Finalmente no pocos teóricos de la geografía han atribuido a Humboldt haber conseguido el logro de una teoría única, por la que la geografía había alcanzado la madurez de una ciencia bien cimentada.

 

Esta "dualidad" dada por dos escuelas de pensamiento geográfico, a pesar de todo, sigue aun vigente.

 

De estos tres momentos para resolver el problema de la unidad de la geografía, el más serio, consecuente e importante, es precisamente el intento del renacentista holandés Bernardo Varenio.

 

Varenio concibió la unidad de la geografía ya hace tres siglos en un sistema de ciencias; es decir, en una formación íntegra, determinada por un conjunto de disciplinas entre sí.

 

Esto conduce obligadamente, a tratar de encontrar un orden en el conjunto de relaciones entre las ciencias y, por consiguiente, al problema de la clasificación de las mismas.

 

Varenio, al igual que otros clasificadores importantes de su tiempo, dividió en dos grandes grupos los conocimientos, que él concebía como geográficos, entre los de ciencias naturales y los de ciencias sociales.

 

Esta noción se trasmitió hasta nuestros días y es el fundamento del actual orden o sistemática tanto de la "investigación" como de la exposición geográfica, de carácter fenomenológico-historiográfica.

 

Concebida así la geografía, como un sistema de ciencias, quedó plateado el problema subsiguiente de las relaciones entre la geografía general y una geografía particular o espacial.  La primera comprendía el conjunto total del sistema y la segunda una determinada parte del mismo.

 

Dado el progreso de las ciencias particulares, hacia el último tercio del siglo XIX, el conocimiento universal en la sola mente de un hombre ya no fue posible.  Así, el último geógrafo general en esa concepción fenomenológico-historiográfica, fue Elisé Reclús; sus más inmediatos contemporáneos, Ratzel, de la Blache, Hettner, Davis, Vallaux, De Martone, Mackinder, Bruñes, Huntington; desarrollaron la Geografía de acuerdo a sólo una de sus partes, desde el momento mismo en que Hettner preguntaba –según narra Manuel de Terán Álvarez[1]–, si era posible una geografía general.

 

La incomodidad que los geógrafos han sentido desde entonces, y su reiterada justificación, tiene sus raíces en el problema metodológico que se deriva del concepto o categoría filosófica de "Sistema".

 

Resulta interesante destacar de Kant-geógrafo, la definición de sistema del Kant-filósofo: "la unidad de múltiples conocimientos reunidos en una única idea”[2].

 

Nicola Abbagnano explica cómo Kant subordinó la noción de sistema a una condición ulterior: “la unidad del principio que es fundamento del sistema”[3].  Concebido geográficamente, dicho principio no es otro que el principio de relación.  La unidad en torno al principio de relación es fundamento de la geografía como sistema de ciencias, así como de la geografía como sistema de conocimientos acerca el espacio adyacente a la superficie terrestre.

 

Solamente que en el primer caso, el objeto de dicho sistema consiste en una síntesis de las conexiones de una realidad muy amplia pero bien determinada, y en las relaciones entre sus diversos elementos, cada uno de los cuales constituye un sistema en sí mismo.  Y esto es precisamente lo que ocasiona la incomodidad entre los teóricos de la Geografía, pues, en primera instancia, “el objeto de un sistema (una interdependencia de conexiones), no puede descomponerse en elementos diversos ni en relaciones entre ellos”[4]; a menos que este sistema sea del tipo de integridad de un sistema no-organizado, simplemente sumario como una acumulación de objetos que se yuxtaponen y coordinan; donde, según G. Kursánov, “en el todo no-organizado, la conexión entre las partes es puramente exterior y mecánica.  Las propiedades de ese todo coinciden por completo con la suma de las partes que lo integran”[5]; es decir, donde la Geografía como sistema de ciencias es ese todo, reflejo de una realidad de partes muy amplia pero bien determinada, cuya suma de propiedades coinciden, corroborándose el carácter no-organizado del sustrato de esa Geografía.  Y en tal caso no puede haber una investigación y análisis científico especial.

 

Y en segunda instancia, en un sistema como el anteriormente expuesto "no es posible entrar en conocimiento de él si sólo se determina una conexión de las que en él dan..."[6]  Así, habría que responder a Hettner con otra pregunta equivalente, en el sentido de si es posible una geografía que no sea general, pues esta geografía fenomenológico-historiográfica como sistema de ciencias, no puede ser comprensible si sólo se delimita una geografía física, una geográfica biológica, una geografía económica o una geografía política.

 

El serio pero fallido intento de Varenio, con esto último  llegó a su reducción al absurdo.



[1] Terán Álvarez, Manuel de; El Hombre y la Tierra; Editorial Labor, T.IV; Barcelona, 1958; p.XXXIII.

[2] Abbagnano, Nicola; Diccionario de Filosofía; Fondo de Cultura Económica; México, 1966; (v. Sistema).

[3] Ibid. (v. Sistema)

[4] Rosental, M.M-Iudin, F.P, Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Sistema).

[5] Kursánov, G; Problemas Fundamentales del Materialismo Dialéctico; Ediciones Palomar; México, 1966; p.226.

[6]      Rosental, M.M-Iudin, F.P, Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Sistema).



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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:01

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”.
Crítica a la escuela fenomenológico-historiográfica
de la geografía.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 01 abr 10.

 

 

Lo que entonces llamamos “escuela fenomenológico-historiográfica”, enfatizando las preocupaciones centrales de esta interpretación de la geografía, es lo que hoy reducimos simplemente a “geografía fenomenista”; esto es, una manera de pensar la geografía como doctrina de los fenómenos; supliendo el concepto de “fenomenología”, por su carácter ambiguo en la interpretación, si bien como “tratado de los fenómenos” –como originalmente lo planteamos–, también, induciendo a confusión, como una de las teorías del conocimiento por la cual la realidad dada por el mundo de los objetos materiales fuera de nuestro pensamiento, o no existe y es construida por el sujeto; o bien, se reconoce su existencia objetiva, pero carente de significado de existencia real, hasta en tanto no reconocida o “nombrada” por el sujeto.  Siendo eso lo que explica las afirmaciones de Estrabón, de que la geografía sólo se ocupa de las cosas digna de memoria, o útiles a las formas de gobierno.  O, como se afirma en la actualidad, en el hecho de que la geografía estudia el espacio “socialmente construido”, o el “espacio humanizado”; desconociéndose un espacio físico, material, objetivamente existente.

 

En su Momento, el profesor, Lic. Francisco Hernández, sinodal en el examen de esta tesis, nos hizo la observación de esa ambigüedad, que ya desde entonces explicábamos –en un verdadero malabarismo–, en el que implicaba las dos cosas.  Es decir, no había duda en cuanto a su acepción como “tratado de los fenómenos”, pero se presentaba una cierta dificultad en cuanto a aceptarlo como teoría del conocimiento, esencialmente, por la dificultad de la generalización a todos los geógrafos fenomenistas, como fenomenológicos.

 

No obstante, examinado el asunto con el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, éste convino en que no había problema; y así se quedó, sin preocuparnos por buscar otro concepto, que hubiera sido lo propio.  En ese momento, más que estar de acuerdo con la conclusión del Dr. Sáenz de la Calzada porque entendíamos cabalmente a qué se refería, lo estuvimos sólo intuitivamente y por comodidad (el no tener que cambiar el escrito, pues debe tenerse presente que en ese entonces no aparecían aún las computadoras personales en el mercado).  Posteriormente, cuando continuamos estudiando filosofía como base necesaria para la geografía teórica, fuimos haciendo conciencia real de la dificultad.

 

Cierto es, no todos los geógrafos fenomenistas han de ser fenomenológicos, necesariamente; pero resulta, que de ello sólo se excluyen los que se fundamentan en la dialéctica materialista, o escapan aquellos que se sustentan en el estructuralismo, y en tanto de éste se desprenda un análisis dialéctico marxista, pues aún el estructural-funcionalismo, cae dentro de las posiciones gnoseológicas de la fenomenología.

 

Esto es, entendimos entonces ya cabalmente, por qué el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada tenía razón en decir que no había mucho problema; el concepto, en última instancia, procedía en su ambivalencia; no obstante, por defecto.  Y andando el tiempo le dimos la razón al profesor Francisco Hernández, y es así que lo modificamos.

 

En este apartado de la tesis, hacemos la crítica al carácter no-sistemático propio de la geografía fenomenista, y como lo decimos ahí, no lo puede tener, pues de principio carece de una definición no contradictoria de su objeto de estudio.

 

Los fundamentos gnoseológicos históricamente dados en la geografía fenomenista, han sido, ciertamente, de manera destacada, la ecléctica, el estoicismo, el neoplatonismo escolástico, el empirismo enciclopedista, el positivismo y neopositivismo, y el estructural-funcionalismo.  Pero también, ciertamente, hay que extraer de esa lista a Varenio, y, aparte de que es necesario revisar sus planteamientos con más detenimiento, hay que extraerlo, justo por ese humanismo clásico renacentista preilustrado en que estaba inmerso.  Dicho en otras palabras, históricamente, los fundamentos gnoselógicos de la geografía fenomenista han sido dados en el idealismo filosófico; en particular, el idealismo subjetivo y la fenomenología.  Y, en todo ello, dado el papel preeminente del sujeto, siempre se ha tenido laxitud en el planteamiento de una sistemática rigurosa determinada por la objetividad del conocimiento, pues lo determinante aquí, ha sido el principio de subjetividad.


 

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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 10:00

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Geografía: Fundamento
de su Teoría del Conocimiento”
.
  Crítica a la escuela
fenomenológico-historiográfica
 de la geografía.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 01 abr 10.

 

 

d)  Crítica a la escuela fenomenológico-historiográfica

de la geografía

 

A lo largo de esta tesis se plantean tres críticas a la escuela de pensamiento geográfico fenomenológico-historiográfico: la primera de ella, en cuanto se pretende como sistemática; la segunda, por lo que respecta a su estructura y sistemática; y la tercera, en cuanto a su expresión de la teoría del conocimiento geográfico.  En este inciso habremos de plantear la primera de dichas críticas.

 

En cierto modo, parte de ella se ha discutido ya anteriormente, al analizar el carácter ambiguo y contradictorio de las definiciones de geografía y la determinación de su objeto de estudio.

 

Aquí se amplía el cuestionamiento a esta concepción geográfica al revisar su planteamiento de fundamentos teórico-metodológicos.

 

La geografía en su concepción fenomenológico-historiográfico, es una geografía poco o nada consecuente con sus postulados, e incluso diríamos que inconsciente de los mismos, pues afirmamos –siguiendo a Daus, a Lacoste y a otros– que la gran mayoría de geógrafos de esta escuela de pensamiento conciben que la geografía poco o nada tiene que ver con la filosofía, la política, y en consecuencia, cómo conciliar esta geografía con sus postulados económico-sociales.

 

Cabría preguntarse a qué concepciones filosóficas, económicas y sociales ha respondido la geografía fenomenológico-historiográfica predominante en la actualidad, para darse cuenta de que ha sido a la filosofía ecléctica de Parménides, al aristotelismo ético-antropocentrísta de Posidonio, al estoicismo de Estrabón, al neoplatonismo y escolástica de Ibn Rochd, al humanismo renacentista de Varenio, a la ilustración y al enciclopedismo de Humboldt, para acabar en su filiación al positivismo comtiano, al neopositivismo del Círculo de Viena, y al estructuralismo pseudomarxista de corte althusseriano.

 

El lógico y evidente resultado de esta secuencia, es el de una geografía no sólo no-científica, sino la más de las veces, anticientífica (en la metafísica eleática, estóica y neopositivista, en el sofismo escolástico, en el enciclopedismo, y en el sutil estructural-funcionalismo contemporáneos).

 

A esto y a su predominio desde hace casi tres siglos y no a otra cosa, debe atribuirse la falta de fundamento científico de la Geografía, o de su definición ambigua e insostenible por contradictoria, requiriendo una predominante justificación en la mente de estos geógrafos.

 

El “principio“ de la causalidad en geografía tiene más precisamente un carácter justificador de esta disciplina de conocimientos como ciencia, que verdaderamente de sus fundamentos; pues por un lado, es difícil, si no es que imposible, responder acerca de qué causas investiga el geógrafo, que no investiguen con su propia metodología o instrumental, otros especialistas; y por otro lado, ninguna ciencia de investigación verdaderamente causal y altamente especializada, requiere enunciar el “principio de causalidad”, simplemente porque la causalidad es principio universal de toda ciencia.

 

Por otra parte, los filósofos definen en su forma contemporánea el cuerpo de la ciencia, como un sistema de teorías.

 

En Geografía, prácticamente no existe una sola teoría propia.  Dos razones para ello son muy claras: una, porque no existe una definición contundente, sin ambigüedades, de su objeto de estudio, metodología y sistemática propia; y porque, como consecuencia de lo anterior, la geografía fenomenológico-historiográfica simplemente toma de las ciencias restantes dichas teorías para elaborar una descripción explicativa (precientífica), bajo el argumento del principio de relación.

 

Asimismo, en esta geografía fenomenológico-historiográfica prodominante, no existe, ni siquiera mencionada su necesidad, un aparato de categorías fundamentales.  Y no es que dichas categorías no existan, sino que su indefinición teórico-metodológica y su carácter no-científico es tal, que dichas categorías están dispersas, sin integrar una unidad lógica, y, sobre todo, perdidas en un mar de categorías no-geográficas; es decir, pertenecientes como conceptos fundamentales, a otras ciencias, que esta escuela llama “ciencias geográficas”.

 

Finalmente, no es posible considerar a esta geografía como ciencia, cuando en ella no existe, ni remotamente, la definición de un carácter teórico-hipotético, sino que por el contrario, es una disciplina de conocimientos que pretende avanzar exclusivamente a base de la descripción explicativa, o con especialitas (geógrafos) especializados en otras especialidades; poniendo en peligro, como bien lo explica Daus, la unidad, integridad y existencia misma de la geografía.

 

La respuesta a todo lo anterior, se intenta finalmente en el argumento del principio de relación, por lo que por último, no referiremos a él.

 

El principio de la relación es, ciertamente, un principio geográfico, que en la escuela espacial-cartográfica se entiende como la conexión e interacción física externa en la dialéctica del modo, multiplicidad o cualidad transitoria de la forma de existencia espacial de la materia.  Es decir, el principio de relación se entiende aquí como principio de la espacialidad.

 

Por el contrario, en la escuela fenomenológica historiográfica, el principio de la relación se entiende como la conexión e interacción de la mutua interpenetración de los fenómenos y, por tanto, como interacción y conexión interna de la materia misma, es decir, propiamente como interrelación.

 

Por lo tanto, el principio de relación en la concepción fenomenológico-historiográfica, conduce necesariamente al enciclopedismo y al fenomenalismo positivista, que encuentra en el desarrollo de dicho principio, el nivel más alto de expresión de la ciencia positiva comtiana; pues esta geografía parece querer ver en el principio de relación, “borrarse las diferencias entre las ciencias particulares, tanto por el tipo de contenido de los conceptos, como por el procedimiento de su formulación”.  Todo lo cual, no es más que parte del conjunto de propiedades esenciales que definen al positivismo lógico mismo.

 

La geografía fenomenológico-historiográfica definida a su vez como un sistema de ciencias o “sistema de disciplinas que estudian tanto los fenómenos naturales como sociales”, y como ciencia de síntesis, parece a su vez, cifrar su fin último “en la reorganización del saber científico en una “ciencia única”, proporcionadora de la descripción de lo dado”, tal como se concibe en la actualidad precisamente en el seno del positivismo lógico (fig.26).

 

En conclusión, la geografía fenomenológico-historiográfica, que es exactamente la escuela de la geografía actual, se encuentra cuando más, en un franco estado precientífico, si no es que muchas de las veces en abierta negación a la ciencia.



Rosental, M.M-Iudin, F.P, Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Positivismo).

Guerásimov, I; El Hombre la Sociedad y el Medio Ambiente; Academia de Ciencias de la URSS-Instituto de Geografía de la URSS; Editorial Progreso; Moscú, 1976; p.12.

Rosental, M.M-Iudin, F.P, Diccionario Filosófico; Editorial Pueblos Unidos; Montevideo, 1965; (v. Positivismo Lógico).


 
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13 noviembre 2009 5 13 /11 /noviembre /2009 09:59

Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

Comentario a, “Geografía: Fundamento...”.
 
Fundamentos de la ciencia.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico.over-blog.es/;
México, 29 mar 10.

 

En general ciencia es “conocimiento acerca de…”   Así, hay una enorme diferencia entre la Geografía como ciencia, meramente descriptiva que le reduce a un saber estadístico, censal, enumerativo; a la Geografía como ciencia explicativa, en la que ya la descripción implica el conocimiento causal, y con ello se eleva a un saber divulgativo.  Pero una Geografía que siendo explicativa, es a la vez analítica, en tanto dirige su observación y descripción al análisis cualitativo o estable de un objeto de estudio, e incluso al análisis cuantitativo o de las transformaciones de ese objeto de estudio, se eleva ya al rango de ciencia en términos de un saber riguroso.

 

Si por análisis entendemos la descomposición de un todo en sus partes componentes, lo primero a definir para caracterizar a la Geografía como una ciencia moderna, es, precisamente, ese “todo”; esto es, su objeto propio de estudio.

 

De ese modo, cuando en Geografía se ha definido su objeto de estudio como las relaciones naturaleza-sociedad, ese “todo” ya no es una faceta de la realidad, sino el todo de la realidad misma, entonces las partes componentes son todo lo estudiado por todas las ciencias, y en consecuencia, la Geografía se convierte en “ciencia de ciencias”, y en un absurdo.

 

Una variante de lo mismo, es cuando a esas relaciones naturaleza-sociedad se les ha denominado como “espacio”.  Si nos basamos en el continuum, no habrá contradicción; pero sólo en tanto lo estudiado del continuum sea su espacialidad, y no la sumatoria de sus fenómenos (esta es la teoría del plenuum del espacio).

 

Esa teoría del espacio como un plenuum, se convierte a su vez en un absurdo, cuando su condición espacial se reduce a ser, estraboniana, idealista y subjetivamente, el “espacio socialmente construido”, o, el “espacio humanizado”; restricción que, por lo demás, rompe con la objetividad del continuum, como con la condición del plenuum.

 

Pero cuando el objeto de estudio de la Geografía se define, eratosténica, materialista y objetivamente, como el espacio terrestre, entonces tenemos que detenernos a considerar, en el siguiente paso, las partes componentes del mismo, sobre cuya base se hará el análisis.

 

Analizar el espacio geográfico, ha de empezar entonces por definir al mismo como el “todo” a estudiar, dadas sus propiedades esenciales.  Y, en ese sentido, ese “todo” objeto de estudio de la Geografía es, hemos dicho: “la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta”.

 

Ese espacio geográfico o terrestre tiene una estructura; es decir, constituye un sistema de referencia en sí mismo, y es, según lo aportado por los estudios de la física, un espacio, o propiamente dicho, una dimensionalidad, curva.  Lo cual quiere decir que es un espacio cuya curvatura, o linealidad elemental, aumenta; en el caso ideal general; inversamente proporcional al radio, en este caso, del campo de gravedad de la Tierra (no obstante, habrá de considerarse la diferencia en la distribución de masas que lo hacen un campo anómalo).

 

Luego entonces, los elementos básicos componentes de esa estructura dimensional material continuo-discreta, son: 1) los puntos, 2) las líneas, 3) los planos, 4) los volúmenes (y sus hipertransiciones), 5) el tiempo, y 6) los estados de espacio; y luego, todo ello, en 7) la escalaridad, u, 8) la vectorialidad, ya en la estereometría o axonometría.

 

Para que el análisis de esa estructura y sus elementos componentes no se quede en el puro análisis estructural (o peor aún, en una mero análisis estructural-funcionalista), el hecho de destacar tal definición y elementos componentes, es para considerar, en ello, la contradicción principal y las contradicciones secundarias.

 

Hemos hablado, por ejemplo, de la contradicción principal que aborda el “todo” de la geografía teórica: la unidad indisoluble de los opuestos “espacio, en un extremo, y naturaleza-sociedad en el otro”.  Pero la contradicción, ahora, del “todo” espacio geográfico: es “la relación dimensional continuo-discreta de los estados de espacio”; o bien, “las transiciones cualitativo-cuantitativas de los estados de espacio”; o, a su vez, “las relaciones vacuum-plenuum”.  Otra forma de expresarlo sería: “los movimientos o transiciones estereométricas continuo-discretas, o del vacuum-plenum”.

 

Lo que la Geografía estudia, es eso (siempre lo ha sido, confundido en una terminología limitada en la teoría del espacio, y suplida en lo empírico de los hechos observables); ese es su objeto de estudio, esa es la estructura (más general y esencial), del objeto de estudio, y esos son los elementos componentes motivo del análisis del mismo.  Es en ellos en los que se ha de efectuar la relación causal, se han de ver las regularidades de los procesos, y se han de generalizar las mismas en leyes, dando, con todo ello, la síntesis del conocimiento del espacio geográfico; esto es, el conocimiento del espacio geográfico real, dado en el pensamiento; lo concreto pensado.  Entonces, y sólo entonces, la Geografía avanzará como ciencia.


 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Tesis y Monografías
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