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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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16 octubre 2009 5 16 /10 /octubre /2009 08:02

  El “abc” de la Teoría

del Espacio Geográfico

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
 "Espacio Geográfico", Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
 http/espacio-geografico.over-blog.es/,
México, 20 oct 09.

 

                              Aprender el “abc...”, ciertamente es un poco más complejo que aprender el “aeiou”.  En esto último consideramos la noción de espacio entendido en su forma más elemental como distancia; y vimos que las distancia geográfica (el espacio geográfico), tiene su fundamento en un grado de abstracción cada vez mayor, en donde la concreta superficie física de la Tierra se nos desaparece en las nociones matemáticas abstractas de esfera o elipsoide.

 

                              Cabe preguntarnos ahora, dado que mucho se dice que el espacio geográfico es la superficie terrestre; bien, ¿pero, de cuál superficie?  El viejo geógrafo tricartiano no acertaría a decir más que: <<pues de cuál habría de ser, sino de la única superficie terrestre>> (y ya lo podemos imaginar golpeando con un pie el suelo que pisa, diciendo <<esta>>); y quizá, para el desconcierto no sólo nuestro, sino principalmente suyo, agregaría: <<...y de todo “esto”...>> (indicándonos con la mano y el brazo extendido girando en 360º hacia nuestro espacio tridimensional)...; y el desconcierto estaría en el hecho de que, entonces, el espacio geográfico como superficie, algo por definición bidimensional, resultaría ser una “superficie tridimensional”.  Es decir, en una noción compleja, el espacio geográfico como “la epidermis de la Tierra” (según Tricart); que hemos visto está muy en boga; no significaría “la superficie o extensión bidimensional exterior”, sino el “espesor o volumen mismo de esa epidermis”.  Lo que, dicho sin metonimias, no sería más que la pura y simple Troposfera (por demás, ese “espacio humanizado”).

 

                                Pero nuestro desconcierto aumentaría al empezar a reflexionar sobre el agujero de ozono, como la “humanización” de la estratósfera; y luego de pensar en el papel de los satélites artificiales y viajes a la Luna, entenderíamos que el espacio geográfico tricartiano iría más allá de la estratósfera; y más aún, las naves Voyager, o la capacidad de observación del Hobble, nos acabarían diciendo que el espacio geográfico, prácticamente, es el Universo mismo; con lo cual nos quedamos igual, y tenemos que volver al principio.

 

                                 ¿Cuál superficie terrestre?; más precisamente dicho aún, ¿cuál de todas las superficies terrestres?  Obviamente, aquí el geógrafo martoniano y tricartiano se quedó atorado en la historia preguntándose: <<¿pues qué acaso la Tierra tiene varias superficies?>>.

 

                                  Y vamos a tener que explicarle que sí; y más aún, que estudiar el espacio geográfico en la noción de “espacio como superficie”, nos plantea ahora un “abc” de la teoría del espacio, por la cual dejamos de entender a éste como una función simple lineal, para entenderlo como una función cuadrática, en donde su expresión más simple es:

 

S = 4πR2

 

                                   O que, si pensamos en el elipsoide, sería igual a:

 

S = 4π (ab)2

 

                                    Pero si tan sólo pensamos en la “epidermis tricartiana”, la magnitud del espacio geográfico se resolvería, ya no por una función cuadrática, sino cúbica, por:

 

V = [4/3 π(RT2)3] – (4/3 π(RT1)3]

 

                                   Esto es, en donde RT2 puede ser el radio, ya de los límites de la Troposfera, o bien del Universo mismo, según veíamos, menos el radio comúnmente considerado de la Tierra, de 6,369 Km (y esto no es mas que una bobería matemática que me la estoy “pirateando” de un libro de texto –porque no les voy a decir cuál; en todo caso después, para no pasar mal a la historia de la ciencia–, con una cierta adecuación de mi parte, que espero que esté bien).

 

                                   Ese es el espacio geográfico entendido como superficie (incluso en el singular concepto del espesor de la “epidermis de la Tierra”).  Cuando elaboramos nuestra tesis de Licenciatura, obviamente, no podíamos sino partir de esa misma noción martoniana, que, al poco tiempo, superamos.

 

                                   En lo personal consideramos a Eratóstenes como “el padre” de la Geografía, en razón de que fue éste el que finalmente pudo determinar la medida del perímetro de la Tierra, y con ello de todo lo demás; el valor de la extensión de su superficie y el volumen de la Tierra misma.  Antes de ello, el conocimiento geográfico no podía ser sino sólo algo puntual (dado que no se sabía qué había más allá), y a la vez indeterminado (dado que no podía saberse hasta dónde llegaban los límites o extensión).

 

                                  La determinación matemática en Geografía, es pues, una condición sine qua non; no sólo por principio general de la ciencia, sino por la naturaleza de la Geografía misma (y en esto no hay ningún “cientificismo” positivista, sino un elemental recurso de conocimiento cada vez más exacto de aquello que consideramos nuestro objeto de estudio).

 

                                   Así, pues, geográficamente, ¿cuántas superficies tiene la Tierra, y cuál de todas, o por que todas, es lo que se supone que estudia el geógrafo?


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16 octubre 2009 5 16 /10 /octubre /2009 08:01

El Por Qué del Dónde 7El “a e i o u” de la Teoría

del Espacio Geográfico

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri 

 "Espacio Geográfico", Revista Electrónica

 de Geografía Teórica; 

 http/espacio-geografico.over-blog.es/,  

 México, 01 oct 09.


 

En la historia de la ciencia suelen ocurrir ciertos errores o equívocos famosos que la van marcando.  En nuestra historia contemporánea de la Geografía en México nos ocurrió algo de eso.

 

A fines de los años setenta principios de los ochenta del siglo pasado, aportamos en México la definición del objeto de estudio de la Geografía, como el “espacio terrestre”, de manera independiente y en una propuesta más radical y consecuente –como parte de un proceso inconexo y natural que se estaba dando incluso de manera mundial–, pero en esos años en que no sólo no había aún Internet, sino que el acceso a las revistas científicas de geografía más importantes, era sumamente difícil, por decir lo menos.

 

Así, definimos el objeto de estudio, pero sólo entre otros posibles objetos propuestos; y acerca de él, únicamente relacionamos una serie de propiedades como pares de categorías dialécticas, sus postulados y principios más generales: la definición del objeto mismo, por uno de esos equívocos históricos, no la expusimos.

 

Y no se expuso, no porque no la pudiésemos enunciar, sino simplemente porque fue una falla nuestra, la cual incluso quedó ahí por décadas (tres décadas); en función de que en ese entonces lo esencial se centraba en redefinir el objeto de estudio entre otros varios posibles; pero perduró como una ausencia aún en posteriores trabajos nuestros.

 

Y como suele ocurrir en esos equívocos, ello resultó enormemente afortunado.  La fortuna estuvo, no en que la definición de “espacio geográfico” inicialmente hubiese estado mal o deficiente, porque al final, esa definición sigue siendo la misma que en su origen; si acaso, ciertamente, hoy podamos precisarla y actualizarla:

 

“La dialéctica del estado material de la dimensionalidad continuo-discreta, determinada por la esfera terrestre” (Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri)*

 

Hoy, siendo ello lo primero en enunciarse no tanto por subsanar el error de omisión, sino dada la necesidad del nuevo momento histórico; y en ese sentido, lo afortunado estuvo en el hecho de que, con esa omisión, tal definición quedó ajena, involuntariamente protegida, al plagio de ideas.  Y el Profesor Normalista Javier Castañeda Rincón, de la Universidad Autónoma de Chapingo; nuestro falso Ossián, el Macpherson de nuestra geografía contemporánea que se animó a pasar a lo Eróstrato a la historia; por ese error nuestro, no tuvo el cuadro teórico completo; y en los últimos quince años de ese plagio, ni él, ni nadie, fue capaz de dar una definición consecuente, sino acaso el simplismo y tergiversación en una definición idealista subjetiva como “espacio humanizado”.

 

Gracias a ello, pues, hoy podemos rescatar en su forma pura, en una interpretación objetiva dialéctico materialista, aquel cuadro teórico; y sin tener que entrar en la discusión que aclarase la deformación de la definición, aquí la retomamos, pues, pura, para adentrarnos ya directamente en el estudio de sus propiedades.  La Geografía en la definición subjetiva del “espacio geográfico” como la “construcción social” del “espacio humanizado”, ya puede quedar, de conjunto, superada (y que se queden en ello, los que compartan la interpretación del mundo del idealismo subjetivo; en la práctica, esa es sólo una Geografía divulgativa al estilo de la revista “México Desconocido”, o para guionistas de vidodocumentales de National Geographic).

 

Así –retomado apenas lo que “decíamos ayer” y entrando ya en materia en esta nueva concepción de la Geografía; empezando por el “a, e, i, o, u” de la teoría del espacio, y en particular del espacio geográfico–, diremos que la noción empírica-intuitiva más elemental de espacio geográfico, aparece en el siglo VI ane con Anaximandro, en cuya cosmogonía, el espacio geográfico es una extensión plana o bidimensional.  Dos siglos después, en el siglo IV ane, el concepto de espacio entre los griegos se sintetiza en la reflexión más clásica de la filosofía de la naturaleza con Demócrito (460-370 ane), cuando éste se refiere al espacio como el vacío entre dos átomos; que matemáticamente se traduciría como la distancia entre dos puntos, y geográficamente como la distancia entre dos localizaciones o dos lugares, dicho ya en abstracto, o referidos en algún objeto concreto.

 

Esa propiedad más general y esencial del espacio llevada a las propiedades del espacio geográfico en la Antigüedad, quedaría resuelta con la matemática de su tiempo, el teorema de Pitágoras (572-497 ane): c2 = a2 + b2, donde siendo c esa distancia entre dos puntos AB o noción elemental de espacio, la misma se conocería por:


c =  a2 + b2

 

Sin embargo, esa fórmula es teórica, ya que conocer c, implica saber antes la longitud o distancia tanto de a, como de b, y hablando de espacio geográfico, esas distancias, si bien no pudieran ser inmedibles físicamente, si lo sería con mucha dificultad.  Ese conocimiento matemático de las propiedades del espacio geográfico sería el de Eratóstenes (siglo III ane), apoyado en Pitágoras (siglo V ane); con lo cual éste obtuvo el valor del perímetro de la Tierra como una relación de proporción entre dos triángulos rectángulos, donde el perímetro de la Tierra es la incógnita c, y los catetos, los valores proporcionales del triángulo dado por la sombra en un gnomon.

 

Por lo tanto, luego de la medición de la Tierra por Eratóstenes y la precisión de la gradícula por Hiparco, a sería igual a la diferencia de latitud entre sus puntos extremos, y b lo sería de la diferencia de longitud, con la limitación para una geometría plana euclidiana.  Luego entonces:

 

c = (2  1)2 + (λ2 - λ1)2

 

Finalmente, como 1º de arco sobre un meridiano (o sobre el ecuador) es igual 111.11 km, y el mismo, para calcularlo en la longitud, habría que precisarlo en función del valor de la latitud, y que aquí denominamos f, quedando la fórmula como sigue:

 

c = √ (2  1)2 + (λ2 - λ1)2 111.11 km + (λ2 - λ1)2 ɸ 

 

Ante una cierta dificultad con el valor f, que por lo demás ya presupone un espacio esférico, el recurso de cálculo podría ser trigonométrico.  Y como en este caso:

 

                 b2

 Sen A = -----

                 c2

                                                

Luego entonces, pudiéndose conocer el Sen A por medición mediante orientación magnética:

 

                            √(2  1)2 111.11 km

                                c = ______________________
                                                        Sen A
 

 

 

Esto representaría el conocimiento del espacio geográfico de Eratóstenes a Toscanelli, continuando con la limitación de una trigonometría plana en una geometría plana, pero sobre una esfera.  Con Eratóstenes, el espacio geográfico se curvó; o dicho de otro modo, éste demostró, con la esfericidad de la Tierra, la curvatura del espacio geográfico mismo.

 

Ya con Mercator (1512-1594), y los geógrafos renacentistas entre los siglos XVI a XVII, el conocimiento elemental de ese concepto de espacio como la distancia, ya se plantea como trigonometría esférica en una geometría esférica, pero ahora con la limitación de considerar la Tierra como una esfera perfecta.

 

Cos c = Cos a Cos b

O bien:  Cos c = Cot A Cot B

 

                            Con Newton (1642-1727), la Tierra, y el espacio terrestre determinado por ella, resulta que ya no se curva regularmente, donde cada punto tiene un valor de radio igual, sino por la física de dicho espacio, el espacio geográfico resultaba elipsoidal, donde cada punto tiene su propio radio de curvatura.  Los matemáticos aplicados al conocimiento del espacio geográfico, geodestas y geógrafos del siglo XVIII a nuestros días, superaron aquella limitación con la geometría elipsoidal; y conocer el espacio en calidad de distancia, implicaría ya, a partir de entonces, el empleo del cálculo diferencial e integral.

 

    Si tan sólo se considera la distancia o espacio en sentido meridional, tendríamos que la diferencial de esa distancia, sería igual al radio de curvatura, por la diferencial de latitud: ds = Rc df. , que quedaría expresado como:



 
      
2

   ds =        Rc df

    1

 

Pero, originalmente queriendo conocer c, a partir de aquí nos vamos a arriesgar a que algún estudiante de matemáticas de preparatoria nos corrija.  Acaso entonces esa propiedad más esencial del espacio, la distancia, en un espacio geográfico elipsoidal, pueda conocerse por:


                                            ᵠ2 

               √        Rc df

                                          ᵠ1

                              c   =   _____________________

                                                           Sen A

 


                                O bien incluso por su relación trigonométrica esférica, que ya omitiremos.
  Y esto no es geodesia (medición de la Tierra en sí), ni tampoco geofísica por sí misma; si bien es cierto que en la base del conocimiento científico geográfico; espacista, no del conocimiento geográfico de los videodcumentales de National Geographic o de la BBC; están aquellas dos ciencias.  Sino esto es sólo el “a, e, i, o, u” de la teoría del espacio, que habremos de aplicar al conocimiento particular del espacio geográfico; esto es, del estado material de la dimensionalidad continuo-discreta determinada por la esfera terrestre; lo que de momento eso sea, que ya lo iremos desentrañando en el infinito del tiempo; pero donde ahora ya podemos ver una cierta limitación en aquella vieja y omisa definición, pues en ella bien podemos prescindir del concepto “esfera terrestre”; suplible con más precisión por los conceptos de “geoide” o “telluroide”; asunto discutible que ya precisaremos.

 

Luego el espacio geográfico, como tal, no sólo se curvará en una forma elipsoidal regular, sino se torcerá y quizá tenderá a adquirir una forma toroidal; y eso, sólo por referir el aspecto geométrico, pero lindando en la ciencia-ficción, no como asunto nuestro, sino como investigaciones y resultados de otros estudiosos del asunto que ya en su momento podremos comentar, se pudieran referir, incluso, aspectos físicos.  Más allá, por lo tanto, continúa ahora el “abc” de la teoría del espacio.  Hay ahí, un campo de investigación teórica avanzada esperando para los futuros geógrafos con una formación más sólida y consistente.

 

De momento, para los que habremos de ser justificados en nuestra ignorancia por la historia, bien nos las podremos arreglar incluso hasta con los conocimientos que en general tenemos, que difícilmente van más allá de lo hecho por Mercator (situación real, quizá en mucho, generalizable, del estado de la Geografía en México, aún al inicio del siglo XXI); por lo menos sí, de nuestra singular geografía personal.

 



*     Se aclara a los plagiarios abstenerse de la tentación; esto está aquí para ser “copiado y pegado”; en ese sentido, para ser apropiado en la idea de “hacerlo suyo”; pero no para “hacerlo pasar como suyo, no en la idea de “hacerlo pasar como propio”; sino en calidad de cita que debe ser referenciada con los créditos correpondientes al autor.  Por su bien, en serio (“de cuates”); el prestigio en la investigación está en la referencia de las fuentes documentales, más aún que hoy con una “palabra clave” en un buscador, dicha fuente puede ser localizada por más oculta e irrelevante que se crea.  Y lo expuesto aquí, hoy 1º de octubre de 2009, no ha sido dicho antes por nadie (acaso de una manera inconexa, y no en ese enunciado, por nosotros mismos en la diversidad de nuestros trabajos).  Internet parece el “paraíso de los plagiarios”, pero bien vistas las cosas, en mucho, es su ruina y su fin.  Lo primero que hoy en día ha de hacer un investigador, es revisar las fuentes documentales a través de Internet, entrando, en consecuencia, en conocimiento del original.



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8 octubre 2009 4 08 /10 /octubre /2009 08:02

Clich--Filosof-a

 Comentarios a Kant en su

Nueva Crítica de la Razón Pura

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

http://espacio-geografíaco.over-blog.es/;

México, 8 octubre 2009.

 

 

De Kant (1724-1804), Nueva Crítica de la Razón Pura (1791);

Sarpe, Los Grandes Pensadores Nº62; Madrid, 1984.

 

En el estudio preliminar a la obra hecho por la editorial, se dice: “Kant había llegado a la conclusión de que el conocimiento absoluto era imposible, dada la oposición entre un sujeto finito desde el punto de vista temporal y espacial, y una realidad infinita en ambas determinaciones” (p.12); esto es, elementos de dialéctica de la teoría del conocimiento precisamente en la diferenciación entre el sujeto que piensa una realidad objetiva, misma que está en permanente cambio y transformación.

 

Y más adelante se dice: “No hay otra razón, afirma Kant, que la que surge de una aplicación científica o experimental; toda metafísica teórica es, en ese sentido, una impostura.  Pensamiento y mundo son realidades heterogéneas” (p.13).  Esto es, que, para fines del siglo XVIII, le había llegado su fin a la metafísica especulativa.  Se dice en la editorial: “Pero en 1791 la respuesta de Kant a Eberhard apareció como una prueba definitiva de que la metafísica especulativa había pasado a mejor vida” (p.15); esto es, es el momento histórico mismo de la consumación del vínculo empírico-racionalista, y en ello Alzate había tenido su papel.

 

Así, se dice en el estudio preliminar: “De Kant se ha dicho que constituye la clave de la bóveda en la que convergen el racionalismo y el empirismo..., capaz de sintetizar las dos principales corrientes filosóficas que le anteceden en la historia del pensamiento occidental” (p.19).

 

Kant es, pues, dentro del idealismo subjetivo empírico-racionalista, una muestra evidente del estado del pensamiento científico y de su método hacia el último tercio del siglo XVIII.


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8 octubre 2009 4 08 /10 /octubre /2009 08:01

Clich--Filosof-a

Comentarios a D’Alembert en su

Discurso Preliminar de la Enciclopedia

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

http://espacio -geografico.over-blog.es/;

México, 8 octubre 2009.

 

 

Comentarios a D’Alembert (1717-1783);

Discurso Preliminar de la Enciclopedia (1751).

 

Sin duda, para cuando comienza a publicarse la Enciclopedia hacia mediados del siglo XVIII, el vínculo metodológico que D’Alembert llama “directo y reflexivo”, correspondiendo al vínculo empírico-racionalista en el proceso del conocimiento, estaba planteado ya desde Bacon, aun cuando ciertamente la idea se desarrolla con Locke, hasta llegar a D’Alembert, en quie es plenamente claro.

 

Se ha rescatado a su vez claramente, el papel de la Lógica; aun cuando la función de la hipótesis era aun confuso.

 

La posición de D’Alembert es claramente materialista, pero en “la clave para la interpretación del pensamiento ilustrado”, en que los mismos ilustrados, aparentando criticar las ideas ilustradas desde las posiciones de la religión, en realidad difundían las nuevas ideas; lo radical que se manifiesta D’Alembert por el materialismo, lo trata de encubrir –y ciertamente parece atenuarlo– con su pronunciamiento por la metafísica, y posiciones deístas y hasta teístas, de dualismo.

 

Concluyo estos comentarios con esta cita, que redondea esa “clave” para la interpretación: y como sucede con casi todos los que inician una revolución, D’Alembert, refiriéndose a Descartes como el que la ha encabezado, dice “Puede considerársele como un jefe de conjurados que han tenido el valor de sublevarse el primero contra un poder despótico y arbitrario, y que, preparando una revolución resonante, echó las bases de un gobierno más justo y más feliz que él no pudo ver instaurado” (Op. Cit. p.109; subrayado nuestro).  Y por ese subrayado, agregamos: <<y conjurados que han actuado en la clandestinidad>>, encubriéndose en toda suerte de posiciones teístas.


 

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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 22:09

Logotipo 05 AGCLos Remotos Antecedentes

de la Sociedad Mexicana de Teoría

e Historia de la Geografía

en la “Academia de Geografía y Ciencias”, 1979.

“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica

De Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

México, 05 jul 10

 

En 1975 ingresó al Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, una generación especial.  La Universidad sabía que así sería, y no sólo por cuanto a la cantidad de matriculados, sino, principalmente, por los aspectos cualitativos de que esa generación era portadora: era una de las primeras generaciones masivas de egresados del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH, creados en 1971), de la misma UNAM, tomados por estudiantes con una nueva actitud crítica y participativa; pero más aún, veníamos con ellos, aun cuando egresados de la antigua Escuela Nacional Preparatoria, UNAM, algunos estudiantes rezagados de dos o tres años atrás, como consecuencia de los acontecimientos del Movimiento Estudiantil-Popular de 1968, o que vivieron los acontecimientos de la represión de 1971 (el “Halconazo”), o experimentaban en esos años setentas indirectamente la llamada “guerra sucia”, de persecución y desaparición de luchadores sociales que participaban en los movimientos guerrilleros urbanos y rurales que entonces se desataron como consecuencia de las represiones a aquellos movimientos estudiantiles.

 

Sabían que íbamos a llegar…, pero, aun cuando lo creyesen, realmente no estaban preparados para ello.  Y no lo podían haber estado nunca, porque era una pequeña vieja planta de profesores que venía desde los años cincuenta y sesenta, total y absolutamente abstraídos del acontecer socio-político del país, y en consecuencia, con una vieja ideología; como entonces decíamos, “momificada”; esto es que, ideológica y políticamente, no estaban preparados para tratar con una generación de jóvenes que, por lo contrario, llegábamos a la Universidad con un alto grado de politización y de conciencia social, y algunos, entre ellos, con una formación marxista fraguada al calor de aquellas luchas sociales.

 

Sabían que íbamos a llegar…, pero, aun cuando lo creyesen, realmente no estaban preparados para ello.  Y no lo podían haber estado nunca, porque era una pequeña vieja planta de profesores que venía desde los años cincuenta y sesenta, total y absolutamente abstraídos del acontecer socio-político del país, y en consecuencia, con una vieja ideología; como entonces decíamos, “momificada”; esto es que, ideológica y políticamente, no estaban preparados para tratar con una generación de jóvenes que, por lo contrario, llegábamos a la Universidad con un alto grado de politización y de conciencia social, y algunos, entre ellos, con una formación marxista fraguada al calor de aquellas luchas sociales.

 

El Colegio de Geografía estaba habituado a recibir un ingreso, cuando muy grande, de no más de treinta estudiantes.  En 1975 la matrícula de todo él habrá sido de no más de unos 60 estudiantes; pero aquella generación, estaba formada por un ingreso de 100 nuevos aspirantes a profesionistas de la Geografía.  Por más que no llegáramos, ninguno, con un ánimo de “alborotar”, el choque era brutal en todos sus aspectos.  Luego entonces, un cambio radical, en todo, era obligado; y ahí es donde aquella planta de profesores, por más que mostraban una apertura a las nuevas condiciones, no entendieron del todo el momento histórico; no entendieron que el cambio implicaba no sólo mejorar las instalaciones y el equipo, o cambiar de actitud y adaptarse a las nuevas circunstancias; sino que implicaba también, y esencialmente, una apertura ideológica, que asumiera los planteamientos que crítica y necesariamente, pondría en entredicho todo lo hasta entonces hecho.

 

No necesitábamos de ningún fundamento teórico antecedente para cuestionar aquellas primeras clases de esa geografía fenomenista (como después la caracterizamos), que nos devolvía a los cursos de la escuela secundaria: exclusivamente memorísticos, y en el tedio acerca de las curiosidades de este mundo.  Y así se fueron, con un rechinar de dientes y en el más absoluto desconcierto, los dos primeros semestres; pero hacia el tercer semestre, comenzó la crítica: “algo” andaba mal.  Pronto aquel ingreso de cien estudiantes se redujo en un cincuenta por ciento; los que quedábamos, ciertamente teníamos un gusto por las curiosidades de este mundo, por eso estábamos ahí, eso fue lo que aprendimos de la Geografía desde nuestros cursos de la Secundaria, con los libros de texto que esos mismos profesores redactaban; pero, evidentemente, en la Universidad, esperábamos algo más; y ello era laciencia  que estaría detrás de aquella vastedad de conocimientos acerca de la naturaleza y la sociedad.

 

Nadie ponía en duda que la Geografía fuese una ciencia, pero entonces el problema que se planteó, fue: ¿y cuál es el aparato metodológico científico de tal ciencia?  Y lo sorprendente fue, que por nadie, incluyendo los libros recomendados, se definía ni siquiera con precisión el primer elemento de ese aparato metodológico: el objeto de estudio.  Cuando nos dimos cuenta que aquellos profesores, viejos o jóvenes, no tenían claro ni qué era lo que habían estudiado y pretendían enseñar, ipso facto, quedaron rebasados por una realidad objetiva que los abrumaba.  Ellos no lo sabían, pero mucho menos nosotros, y se formó una especie de interregno de autoridad moral e intelectual entre 1977 y 1979, en donde las cosas se movieron por su sola inercia.

 

El VII Congreso Nacional de Geografía en 1978, fue la última concesión (el Congreso en realidad aún fue convocado como “VII Congreso Nacional de Geografía Aplicada”; es decir, fueron los Congresos de la corriente de pensamiento geográfico del Dr. Jorge A. Vivó, fallecido en 1979), a él fuimos sólo como asistentes.  En el siguiente Congreso comenzó el viraje, éste fue ya convocado simplemente y en general, como VIII Congreso Nacional de Geografía, 1981; es decir, ahora cabía en él la posibilidad tanto de la geografía teórica, como de la geografía operativa, aun cuando no hubiesen, como no hubieron, trabajos específicos sobre ello.  Nosotros intentamos presentar nuestra primera ponencia: “El Determinante Papel de la Geografía en el Vínculo Directo con el Proceso Productivo” (hubiese sido la primera ponencia en que desde una geografía teórica incipiente, se proponía necesidad de una geografía operativa inexistente; ponencia ciertamente mala, la transcribiremos, particularmente por la intención manifestad en el título).  Pero las sesiones se hicieron altamente críticas, la trivialidad de buena parte de las ponencias quedaron evidenciadas en el desinterés.

 

Ese fue el contexto histórico general de los antecedentes de la SMTHG, en el surgimiento de la “Academia de Geografía y Ciencias” en 1979, justo en el momento en que nosotros egresábamos, y por ese motivo, del Colegio de Geografía.

 

El proceso de formación de la AGC como proyecto de Asociación Profesional, fue bastante lento, por no más que inexperiencia en ello.  Nos reunimos con los compañeros más cercanos, y de las fantasías estudiantiles, propusimos pasar a la formalidad de la vida profesional, creando una Asociación Profesional de geógrafos.  Nosotros no teníamos claro qué era eso, vislumbrábamos su importancia y necesidad, pero si nosotros que lo proponíamos no sabíamos, mucho menos aquellos a los que invitaba, que aceptaron la idea más por amistad (o no contrariar a loco peligroso), que por otra cosa.

 

Para tal efecto, redactamos un primer documento con el que invitamos a un primer grupo de compañeros: Proyecto para una Asociación Geográfica y de Ciencias Afines”, fechado en septiembre de 1979.  El documento fue firmado por un Consejo de Iniciativa, integrado por: Silvia Castro López, Jorge Luis Ramírez Hernández, y Luis Ignacio Hernández Iriberri; y con él, reunimos a los compañeros del grupo académico, y se hizo la invitación general, formándose entonces un Consejo de Iniciativa Ampliado, integrado ahora por:

 

1   Silvia Castro López.

2   Edgar Carpinteyro Iturbe.

3   Jorge Luis Ramírez Hernández.

4   Lydia Ortiz Condado.

5   Irma Garduño García.

6   Matías Huicochea.

7   José Manuel Espinoza Rodríguez.

8   Francisco Javier Mendoza.

9   Silvia Alcalá Tejeda.

10 Hilario Martínez Sánchez.

11 Arturo Figueroa.

12 Luis Ignacio Hernández Iriberri.

 

Más dos firmas ilegibles, al parecer:

 

13  Enrique Torres.

14  María Eugenia.

 

Luego se integraron algunos compañeros más, entre ellos cuyos nombres quedaron registrados:

 

15  Guillermo Adame Molina

16  Francisco R. Sánchez López.

 

E incluso compañeros de otras generaciones, como:

 

17  Vasthy López Vaca.

18  Elios Salgado Herrera.

 

Y así, un año después, finalmente, el 18 de octubre de 1980, reunidos en el Colegio de Geografía, en el Aula 306 de la Facultad, tuvo lugar, formalmente, la Asamblea Constitutiva de la “Academia de Geografía y Ciencias” (AGC).

 

Más que la posible continuidad de sus trabajos, que en la práctica no la hubo, el hecho significativo en realidad, fue el proceso de tres años (desde concebir el proyecto en 1978 y culminarlo en 1980), que nos llevó a ello.  Esos solos hechos hablan de una realidad objetiva y sus características, que se estaba viviendo intensamente.

 

Transcribimos, por lo tanto, aquí, ese histórico proceso compendiado en los documentos recogidos en el Boletín Nº 1 de la AGC, de febrero-mayo de 1981.


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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 22:08
Logotipo SMTHG sc

La Geografía en México Entre 1989 y 2009.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

http://espacio-geografico.over-blog.es/

México, agosto 2009

 

 

 

Después del XI Congreso dejamos de asistir a los mismos, que siguieron efectuándose regularmente cada dos años, hasta el XV Congreso de 1996.  Luego de éste, prácticamente se fue una década en el vacío; que si no fue absoluto, fue por el XVI Congreso de 2001 (había transcurrido cinco años y con ello, dos períodos sin Congreso); pero la regularidad de los mismos se retomaron sólo hasta otros cinco años después, con el XVII Congreso Nacional de Geografía, de 2006.

 

El infortunio personal sería suficiente para explicar nuestra situación, pero no así para la Geografía institucional con todos los recursos disponibles.  Diez años (1996-2006), que bien podemos elevar a quince (1992-2006), o incluso a veinte años (1987-2006), son responsabilidad histórica absoluta y exclusiva de esa camarilla oscurantista.

 

 El desarrollo de la Geografía en México de 1993 a incluso 2008, como consecuencia de esas actitudes retrógradas, quedó, para efectos prácticos, aniquilada (o estancada girando sobre lo mismo, lo que es igual).

 

Simultáneamente a los trabajos de la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía, impulsamos la creación y el desarrollo de una Consultoría de Estudios Geográficos, con interesantes y fundamentales experiencias que pusieron a prueba nuestro planteamiento acerca de la verdadera naturaleza de la Geografía.

 

Hasta que, sería quizá hacia 1997, tuvo lugar la Reunión de Capacitación de Profesores de Educación Básica, en Oaxtepec, Mor; con motivo de una Reforma Educativa más en la enseñanza básica, y a la que circunstancialmente fui comisionado (sin tener nada que ver con ese medio), por la institución de educación superior en que laboraba.  Y entonces, en esa circunstancialidad, nos enteramos de lo que venía ocurriendo de varios años atrás, y que, decíamos en una entrega anterior, dio la paradójica nueva caracterización de la Geografía para este período.  Allí nos encontramos con el compañero de la Universidad de Chapingo, el Prof. Javier Castañeda Rincón, que para más, dirigía los trabajos de tal evento, pues ahora ocupaba un cargo en alguna dependencia de la Secretará de Educación; y ya desde que nos saludamos, me extrañó su descontrol y nerviosismo.

 

Iniciaron los trabajos de la Mesa que él Coordinaba, se nos repartió el material, lo comenzamos a leer, y me sorprendí de que parecía haberlo escrito yo; sólo que los créditos a mi persona no aparecían por ningún lado.  Entendedor el compañero de que había ahí un problema, el mismo se adelantó a explicar que <<no nos había dado los créditos correspondientes, dado que no contaba con ninguna fuente que citar y referir>>.  Y mencionarle la tesis, y las Memorias de los Congresos, sólo lo contrarió más.  Aún aproveché la ocasión para distribuir unos ejemplares de un horrendo libro que recién habíamos escrito; muy mal terminado, con muchos errores; que titulé Geografía Básica, como una edición propia a nombre de la SMTHG, en que incluía algunas nuevas consideraciones sobre el aparato de categorías fundamentales de la Geografía como ciencia del estudio del espacio terrestre.  Tardé en asimilar la situación, se estaba dando una extraordinaria paradoja en la que todo cuanto yo había propuesto y me había costado la “proscripción”, ahora era oficial al más alto nivel.  Era todo yo, sin estar yo mismo en ello.

 

Y así, en medio del más cerrado ambiente retrógrada oscurantista en la Geografía Superior, resultaba que mi propuesta operaba, por lo menos, a nivel de la enseñanza básica.  Había en todo ello un sentir encontrado, agridulce; que en otro lugar examinaremos.

 

Aquello pasó, se fue en los oscuros años noventa.  Entre 2003 y 2007, nos decidimos a cursar una nueva Maestría, y un nuevo Doctorado, esta vez en Filosofía, por el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades en el Estado de Morelos: la tesis doctoral la trabajamos entre 2007 y 2009 con el tema: “Dialéctica y Materialismo en <<El Estado de la Geografía de la Nueva España y Modo de Perfeccionarla>>, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez”.  Una tesis de Doctorado con doble carácter: de Filosofía, y de Geografía, y en su esencia, de Geografía Teórica.

 

En lo personal en nuestra parte, todo ello tiende a reflejar una recuperación, por lo menos en lo intelectual; pero en lo institucional ha ocurrido a su vez algo semejante: en el año 2008, se efectúa el XVIII Congreso Nacional de Geografía, con la particularidad de que nuevamente se abre una Mesa de Teoría de la Geografía.

 

Finalmente, llegamos en esta brevísima historia, a la Geografía en México a partir de 2009; en la práctica, por lo antes dicho, muy posiblemente una nueva etapa para la próxima segunda década del siglo XXI.

 

Un primer hecho de esta nueva etapa quizá sea el haber abierto este Sitio Blog en la Red Internacional, por lo que, lo que se nos ha negado en la posibilidad de publicar, de improviso, se da aquí, sin restricciones y con alcances mundiales.

 

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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 22:07

Logotipo SMTHG sc La Geografía en México Entre 1979 y 1989:

El período entre 1985 y 1989.

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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México, agosto 2009

 

 

Un año después, en 1987, tuvo lugar el XI Congreso Nacional de Geografía; presentamos el trabajo de Geografía Teórica: La Unidad de la Geografía, como Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo (“Memoria del XI Congreso Nacional de Geografía”, Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, México, D.F; 1987; inédita, quizá producto del oscurantismo sin límites).  Con esa ponencia de Geografía Teórica, prácticamente estábamos concluyendo con rigor dialéctico materialista, marxista, nuestra propuesta.  Para nosotros pasaba a ser algo plenamente demostrado.  Pero, a partir de ahí, quedamos “oficialmente proscritos”.  Simultáneamente, desde que recabábamos datos para la historia de la Geografía, nos habíamos movido a la refundación de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y de la Tecnología (1982), y a la colaboración de la fundación Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y la Tecnología (1985); hasta que en 1989, fundamos la propia sociedad: la Sociedad Mexicana de Teoría e Historia de la Geografía (SMTHG).

 

Hacíamos las cosas, sin poder ver en ese momento de manera cabal la trascendencia de las mismas; y la fundación de la SMTHG fue uno de esos hechos que marcan las etapas de la historia: la historia de la Geografía en México, es una de 1989 a nuestros días, 2009.  No sólo nosotros, sino una generación de estudiantes y nuevos profesionistas de esta ciencia nos lanzamos a caracterizarla.  Paralelamente se formó otra sociedad profesional importante: la Asociación de Geógrafos Progresistas de México (AGPM); y mientras la SMTHG se debatía en el ámbito de la ciencia no-oficial ni institucional; la AGPM contó con todas las facilidades de la vida “oficial institucional”.

 

Como SMTHG, organizamos nuestros eventos por separado, avanzamos enormemente por el lapso de cuatro años, apenas entre ese 1989 y 1993.  Pero las cosas en el ambiente estaban cambiando (particularmente, dada la influencia oscurantista del llamado “posmodernismo”); y hacia fines de 1990, al cierre de los trabajos de la SMTHG de ese año, simultáneamente tuvo lugar el IX Encuentro de Estudiantes de Geografía en México, en donde, en su Mesa de Teoría de la Geografía, los estudiantes resolvieron abandonar, en lo subsiguiente, las discusiones teóricas, con el argumento de que, ello sólo “los confundía más”.

 

Un evento más tuvo lugar, participamos en él: el III Encuentro de Geógrafos de América Latina, marzo de 1991; y en el cual presentamos el trabajo: La Evolución del Concepto de Espacio en el Pensamiento Materialista Contemporáneo (Memoria del III Encuentro de Geógrafos de América Latina; Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática-Universidad Autónoma del Estado de México; México, marzo 1991; Tomo I, pp.97-109).

 

Ante el reconocimiento a nuestro trabajo presentado en aquel III Encuentro de Geógrafos de América Latina, por la principal autoridad de la Geografía, pero ahora en América Latina: el brasileño Dr. Milton Santos, hubo un intento de darle un giro al conflicto por parte de la Dra. Mª Teresa Gutiérrez McGregor, en aquel entonces, Directora del Instituto de Geografía de la UNAM; pero, finalmente, pudo más esa camarilla oscurantista (al parecer, en lo que recordamos, comandada por una tal Isabel Lorenzo.  Ese grupúsculo oscurantista era conocido en la comunidad, como “El Matriarcado”), que siempre controló y manipuló todo.

 

Por último, un año después, habiendo un ambiente de malestar generalizado (ciertamente por un sentir de crisis en el pensamiento geográfico; pero más aún, por un sentir de crisis económico-social real), de un sentimiento en todos de estar en ese evento más por el compromiso histórico con motivo de V Centenario de la hazaña de Colón, que por el deseo de avanzar en el desarrollo de la Geografía; se efectuó el llamado: “Encuentro de la Geografía de Dos Mundos” (organizado por el Sistema de Universidad Abierta, Coordinación de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México; México, 1992; allí mismo, dada la crisis económica mundial, se descartó la propuesta de hacerlo un evento seriado; y al parecer no hubo Memoria, nunca lo supimos); foro en el cual ya tuvimos un rechazo abierto en lo personal, y en el cual (producto de la pereza ya de aportar algo nuevo), volvimos a presentar el trabajo conclusivo del XI Congreso Nacional de Geografía: La Unidad de la Geografía, como Reflejo de la Unidad Espacial del Mundo.

 

Luego de él, nunca más, y por propia decisión, volvimos a participar en ningún evento de esa geografía “oficial institucional”.  Durante ese bienio de 1991 a 1993, la SMTHG, teniendo ahora como Presidente al compañero José Carmen Martínez Nava, realizó algunas actividades más...; pero los años noventa, fueron los años noventa.  Se había derrumbado el Bloque Socialista, y con ello las camarillas conservadoras y oscurantistas acrecentaron su influencia, hasta que finalmente, luego de 1993, toda actividad científica e intelectual nuestra, “proscrita”, cesó; y cinco años después, agotadas las ideas, la actividad “oficial institucional”, también.

 

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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 22:06

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La Geografía en México Entre 1979 y 1989:

El período entre 1982 y 1985.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

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México,  agosto 2009

 

 

A fines de los años setenta, aún siendo estudiantes, participamos, en simple calidad de asistentes observadores, en los VII y VIII Congresos Nacionales de Geografía.

 

En 1982, un año antes de presentar nuestro Examen de Titulación, participamos ya en calidad de conferencista, en el I Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, con la ponencia: La Enseñanza de la Geografía como Ciencia del Estudio del Espacio, (“Memoria del I Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, Dirección General de Geografía del Territorio Nacional. SPP-Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; México, mayo 1982; pp-216-226).  Esa fue la primera vez que se escuchó el concepto de “Espacio Geográfico” con tal importancia; precisamente, la de ser el objeto de estudio.

 

En febrero de 1983, apenas unos días antes de nuestro Examen de Titulación, participamos ya en el IX Congreso Nacional de Geografía, con la ponencia titulada prácticamente igual que la tesis, siendo una síntesis de ella: Fundamento de la Teoría del Conocimiento Geográfico (“Memorias del IX Congreso Nacional de Geografía”, Tomo II, Guadalajara, Jal; febrero 1983, pp.573-582).  El Dr. Ángel Bassols Batalla, la máxima autoridad en la Geografía en México en ese momento, disintió de nuestro trabajo y propuesta no obstante las aclaraciones, y ella quedó, así, “condenada”.  Siendo el último en exponer, al terminar la sesión de esa Mesa de Trabajo con la que por primera vez se planteaban los problemas teóricos en Geografía, nos levantamos de la mesa desde la que había leído el trabajo, salimos al corredor y aguardamos, solos, apoyados en un barandal con la vista en el horizonte.  Tras nosotros, una avalancha de gente haciendo comentarios siguió los pasos del Dr. Bassols que se alejaba rápidamente: así comenzó la lucha de pensamiento, y esta revolución.

 

Continuamos nuestros estudios haciendo la Maestría en Geografía (1982-1984), en la División de Estudios de Posgrado de la Misma Facultad; entregamos nuestra tesis (una investigación aplicada como requisito, sobre la interpretación cartográfica, algo sin la mayor relevancia), y se nos dieron cuatro de cinco votos aprobatorios, y el quinto (de un tal Alberto López Santoyo), muy seguramente por consigna, nos fue sistemáticamente negado a partir de un absurdo: el tener que remitir a nota al pie de página, toda la definición de nuestro marco teórico (la dialéctica materialista), a lo cual nos resistimos hasta sacrificar la titulación misma.  En ese lapso de revisión, habíamos iniciado los estudios de Doctorado en Geografía en la misma sede (1985), para el que preparábamos la tesis con el título: “Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en Geografía”, que obviamente, ya no pudo culminar, quedando por ahí los manuscritos.

 

Curiosamente, de manera simultánea, el compañero José C. Martínez Nava, en ese mismo año se titulaba en la Licenciatura en Geografía.  Y realmente no recuerdo ni cuándo ni cómo nos conocimos, pero debió se en algún momento entre ese 1985 y antes de 1989.  Otro tanto me pasa con respecto a Vasthy López Vaca y Elios Salgado Herrera.

 

Y luego vino el X Congreso Nacional de Geografía en 1985.  A la Mesa de Teoría de la Geografía se le asignó el Auditorio Principal del Centro de Convenciones de Morelia.  Presentamos el trabajo: La Filosofía y el Método Científico en Geografía (“Memoria del X Congreso Nacional de Geografía”; Tomo II, Morelia, Mich; marzo 1985, pp.567-576).  El principal cuestionamiento, y muy natural, se refirió a que con ello hacíamos un planteamiento reduccionista (supuestamente, entender los fenómenos, particularmente los sociales, con las leyes de la física); lo cual reflejaba la enorme dificultad de comprensión del problema, que en esencia era el tener que despojarse de la pretensión del estudio de todo fenómeno, cada uno de los cuales tiene su propio especialista que lo estudia bajo sus propias leyes; y que lo geográfico, es el estudio del espacio como tal, estudiado éste, a su vez, bajo sus propias leyes.  O dicho de otra forma, que el único fenómeno que el geógrafo estudia porque ese le es propio, es el fenómeno espacio terrestre.

 

En el evento del VI Aniversario del fallecimiento del Dr. Jorge A. Vivó (hasta donde supimos, al parecer no hubo Memoria del evento), presentamos un trabajo en el que ubicamos la obra del Dr. Bassols, no el marxismo, como se jactaba, sino en el estructural-funcionalismo.  Y él, en términos relativos, salió de la escena; pero a poco, y en términos absolutos, nosotros también; multo quam ferro lingua atrócior ferit (la lengua hiere mucho más atrozmente que el hierro).

 

En 1986, tiene lugar el II Simposio de Enseñanza de la Geografía en México, y en él presentamos dos trabajos: Aspectos Concretos de la Enseñanza Geográfico-Espacial para la Enseñanza Media Superior (“Memoria del II Simposio de Enseñanza de la Geografía en México”, Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; México, agosto 1986, pp.95-98; mutilado, pues el cual incluía unos mapas de ejemplo, mismos que fueron retirados), y, Construcción de Representaciones Cartográficas y Análisis Espacial para la Enseñanza Media Superior (“Memoria del II Simposio de Enseñanza de la Geografía en México”; 1986; pp.105-110).

 

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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 22:05

Logotipo SMTHG sc La Geografía en México Entre 1979 y 1989:

El Período de 1979 a 1982.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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México, agosto 2009

 

 

A lo largo de nuestros estudios profesionales en Geografía, pasamos de esa equívoca y confusa noción de la Geografía como “ciencia de los fenómenos”, a la Geografía “ciencia de la planificación geoeconómica regional”, al final, sobre la base de aquella misma concepción martonniana.  Hasta que en 1979, simplemente; al igual que todos los teóricos de la Geografía que hasta entonces habíamos consultado; nos detuvimos a preguntarnos: <<¿Qué es la Geografía?>>, para darnos a nosotros mismos una respuesta que no obteníamos con rigor científico de ninguna fuente.

 

Nuestros profesores simplemente no se ocupaban en discutir el punto, se partía en todo sin ninguna base de definición teórica de por qué y para qué se hacía todo ello.  Hasta que alguna vez (era el tercero de diez semestres de la carrera), por fin una profesora, a nuestra insistencia, se dio un tiempo en su clase para explicar su opinión con la más agradable sencillez y candor, que muy bien refleja aquel estado de cosas; empezó diciendo: <<Bien, les voy a comentar cómo me explico yo todo esto; en realidad uso un “truquito”, por el que entiendo a la Geografía...>>, y a continuación escuchamos por primera vez la definición de Emmanuel de Martonne; no venía como una definición formal, sino como un candoroso artilugio cuasi mágico, en calidad de recurso autoexplicativo, pero, ¡por fin había algo!  Y ese “algo” ya estudiado de muchas fuentes, fue por mucho tiempo, aun cuando insistentemente criticado por nuestra parte; hasta que a fines de ese 1980, inconformes con los resultados de nuestra tesis de Licenciatura; habiendo fallado ese intento de fundamento riguroso a todo ello; hicimos la siguiente reflexión sobre la definición de Emmanuel de Martonne:

 

“Geografía: ciencia del estudio de los fenómenos tanto naturales como sociales, considerados en su distribución en la superficie terrestre, de sus causas y sus relaciones”.  Ciertamente se planteaba como una ciencia del “estudio de los fenómenos”; pero el gran equívoco, estaba en no reflexionar que ello es condicional; esto es, que no es el estudio de los fenómenos como tales, sino únicamente en tanto “considerados en su distribución en la superficie terrestre”.  Pero disociar una cosa de la otra, ciertamente, no es evidente.  Pero con ello, dimos el paso esencial.

 

El factor que introducía el equívoco estaba precisamente en el concepto que define uno de los criterios esenciales del hacer científico: la causalidad.  Entendido que el asunto era la distribución en la superficie terrestre, la causalidad no sería del fenómeno, sino de esa distribución y relaciones físicas externas mismas.  Y en ese punto nos saltó la chispa.

 

Lo que estaba en consideración, según Emmanuel de Martonne, eran apenas tres propiedades espaciales: distribución, superficie, y relación; y este es el otro factor que, minimizado apenas como marco de referencia, contribuía a la confusión.

 

La lógica dialéctica nos había enseñado que, primero, definir algo es señalar sus propiedades más generales y esenciales; y segundo, que, en consecuencia, a lo limitado de esas propiedades espaciales, no había que hacer la enorme e interminable lista de propiedades particulares para completar a satisfacción la definición, sino, por lo contrario, generalizarlas en un concepto superior, en este caso: el espacio.  Infortunadamente no recordamos el día que por fin lo descubrimos, pero debió ser “un buen día, a fines del año del señor” de 1980.

 

La manera de considerar los fenómenos en geografía, no era en su causalidad como tales (para lo cual hay el especialista propio), sino era en la causalidad de sus propiedades espaciales.  O simplemente dicho, de lo que nos dimos cuenta que en esencia trataba la Geografía, era del estudio del espacio, en particular, el espacio terrestre.  Y todo dio un vuelco en 180º para siempre, habíamos encontrado lo que por mucho tiempo estuvimos buscando.  A partir de ahí; de haber definido claramente la categoría esencial del conocimiento geográfico y con ello el objeto de estudio que por un lado le daba una identidad propia a la ciencia de la Geografía, y por otro la deslindaba tajantemente sin lugar a confusión de toda otra ciencia; nos fue relativamente fácil aportar en nuestra tesis de Licenciatura, el fundamento teórico-metodológico científico de la Geografía; tesis que titulamos: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento” (Tesis, UNAM, México, 1983).

 

Por esos curiosos azares de la historia, en esas mismas fechas habíamos ingresado como docente a la Universidad Autónoma Chapingo (UACH); en donde durante el año 1981 estuvimos redactando nuestra tesis, y todo 1982 dudando en presentarla; porque simplemente nosotros mismos no creíamos en lo que habíamos descubierto dado el drástico giro que representaba, y que le daría un vuelco a todo lo hecho hasta entonces; y de ahí que, presionado por otras razones, la entregué a fines de ese año y se programó el examen para febrero de 1983.

 

En nuestra estancia en la Universidad de Chapingo, no obstante estudios superiores, compartimos la docencia en ese entonces con un profesor de Geografía para la educación básica, egresado de la Escuela Normal Superior, con el que, impensadamente, habríamos de compartir la caracterización de la Geografía en México años después; concretamente, de la década de los años noventa del siglo XX, a la primera década del siglo XXI: el Prof. Javier Castañeda Rincón, a quien, entre otros, no sólo tuve el gusto de comunicarle verbalmente todo lo que estaba haciendo de tiempo atrás, sino, finalmente, satisfecho y orgulloso, le obsequié un ejemplar de mi tesis de Licenciatura.  Y ese hecho, años después, cambió la historia.

 

En su estricta cronología, en su momento, ya habrá lugar para volver a ello; pues, quod fecit quisque tuetur opus (cada uno defiende la obra que realizó, Ovidio).  De pronto (en nuestra siguiente entrega), caractericemos la Geografía en México en la década entre 1982 y 1989.

 

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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 22:04

Logotipo SMTHG sc La Geografía en México Hasta 1979.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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México, agosto 2009

 

 

 

“Decíamos ayer...”; la Geografía es la ciencia del estudio del espacio, en particular, de ese meso-espacio entre el macro-espacio cósmico, y el micro-espacio cuántico: el espacio terrestre.  Haremos a continuación un muy rápido recorrido desde los orígenes hasta la fecha clave de 1979, y en su momento iremos notificando las pertinentes y necesarias actualizaciones a esta historia, armando un cuadro cada vez más completo.

 

La Geografía, el estudio del espacio terrestre a lo largo de la historia, expuesto en sus hitos determinantes, parte desde el mapa de Anaximandro, a la medición de Eratóstenes y las representaciones rigurosas por Hiparco y Ptolomeo.  Su estudio en el México moderno, por su parte, se inicia en el siglo XVII con Carlos de Sigüenza y Góngora, el primer mexicano en hacer un mapa, en aquel entonces, de la extensa Nueva España; como así lo demostró Miguel Sánchez Lamego en 1955.  Evidentemente, el contenido de ninguno de esos mapas, pudo representarse sin los datos recogidos en las Relaciones Geográficas.

 

El estudio del espacio terrestre o geográfico en el siglo XVIII, estuvo caracterizado por los trabajos de José Antonio Villaseñor y Sánchez (hacia mediados del siglo), en donde el principal esfuerzo del trabajo geográfico se centró, dada su necesidad, más en la actualización de las Relaciones Geográficas del siglo XVI, que en el objetivo: la obtención de la Carta General de la Nueva España, como la representación de ese espacio geográfico.

 

En el curso de ese mismo siglo XVIII, aparece la persona del José Antonio de Alzate y Ramírez, quien, viéndose privado en lo exhaustivo de las Relaciones Geográficas levantadas apenas unas décadas atrás por Villaseñor y Sánchez, no obstante, se centró; a diferencia de éste; en la obtención de esa Carta General de la Nueva España.

 

En el curso de ese mismo siglo, vinieron a estas tierras, provenientes de España (nos dice la investigadora María del Carmen León García, del Colegio de México, en Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales; Universidad de Barcelona; Vol. X, núm. 218 (55), 1 de agosto de 2006; http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-218-55.htm); más de 70 Ingenieros Geógrafos Militares, la presencia de los cuales se dio, principalmente, para el levantamiento cartográfico con fines militares, con motivo del las reformas borbónicas para la modernización del reino, siendo su principal estanca en Nueva España, entre 1760 y 1790.

 

Al iniciar el siglo XIX se tiene la presencia de Alejandro de Humboldt y su trabajo sintetizado en su Ensayo Político del Reino de la Nueva España, una magna Relación Geográfica que nutrió el análisis del espacio geográfico en buena parte de ese siglo; lapso en el cual, ya en el México independiente, aparecen la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (1833; originalmente como “Instituto Nacional”), la cual elabora la Carta General de la República de 1850; se crea, una década después a la fundación de la SMGE, los estudios institucionalizados de la Ingeniería Geográfica en México; y con sus egresados, bajo la dirección de Pedro García Conde desde el Ministerio de Fomento, se impulsaron los trabajos cartográficos de Antonio García Cubas, e históricos de Manuel Orozco y Berra, que reúne los materiales para una historia de la Geografía en México; y, finalmente para este siglo, se forma la Comisión Geográfico Exploradora (1877-1914).

 

El siglo XX, más diverso y complejo, debe dividirse en varios períodos particulares: 1) el caracterizado por el Ing. Pedro C. Sánchez; fundador del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH); de una Geografía en el ámbito de la Facultad de Ciencias de la Universidad, con una influencia meteorologista, entre los años veinte y treinta; luego, 2) el período caracterizado por el Dr. Jorge A. Vivó, de una renovación de la Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM; con una herencia meteorologista-climatologista, y con un renovado énfasis demográfico-etnografista, retomado de fine de los cuarenta y principalmente ya en los años cincuenta; 3) el período de los años sesenta a setenta, caracterizado por los trabajos del Dr. Ángel Bassols Batalla en el campo de la Geografía Económica, y del Dr. Carlos Sáenz de la calzada, en la Geografía de la Salud.

 

Dados los logros en la economía socialista basada en la planificación geoeconómica regional, ello fue lo que en ese momento caracterizó a la Geografía, ya en la segunda mitad de los setenta, como ciencia de la planificación geoeconómica.

 

En este estado de cosas estaba la Geografía en México, cuando ingresamos al Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, en 1975; heredando y retomando esa mezcla de la Geografía como “ciencia de los fenómenos tanto naturales como sociales considerados en su distribución en la superficie terrestre, de sus causas y relaciones” (Emmanuel de Martonne); y, diríamos, dirigida a la planificación geográfico-económica regional.  Que a poco sometimos a severa crítica ante la ausencia de un fundamento teórico-metodológico formal y rigurosos en tanto ciencia; comenzando así un largo proceso de su elaboración por nuestra parte, que culminó en nuestra investigación de tesis de Licenciatura.

 

Al iniciar nuestra investigación de tesis de Licenciatura en 1979 con todos los materiales de crítica, teóricos e históricos que habíamos reunido incluso desde un año antes de ingresar a la Facultad cuando ya habíamos decidido estudiar tal carrera, nuestra intención primera fue aportar el fundamento teórico científico formal de todo ello.

 

Para 1980, habíamos llegado a la conclusión de que en la lógica del “estudio de los fenómenos”, ello daba un consiguiente falso.  Y en el deseo de un resultado positivo, tuvimos que replantearnos nuevamente la investigación de la tesis.  Y para ello, había que someter a crítica aquella definición clásica de Emmanuel de Martonne, que venía del siglo XIX; o, por lo menos, hacer una reflexión más detenida y profunda sobre ello...  Y esto último fue lo que hicimos... (lo cual analizaremos en la siguiente entrega).

 

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