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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:23

Ícono Filosofía-copia-1 Ser Humano y Complejidad del Espacio

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
 "Espacio Geográfico", Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
 http/espacio-geografico.over-blog.es/,
México, 07 dic 09.

El ser humano es el sujeto que piensa, el espacio es el objeto pensado, parte del mundo material de los objetos que denominamos como realidad.

 

Las posibles variantes más generales de la relación sujeto-objeto son: 1) la realidad no existe, es sólo un mundo aparente producto de nuestras ideas o pensamiento, y por lo tanto, esa realidad del mundo de los objetos está sólo en nuestro pensar (idealismo objetivo, metafísica); 2) la realidad existe fuera de nuestro pensamiento formando el mundo de los objetos materiales, pero como consecuencia de ser pensada (idealismo subjetivo, fenomenología); y, 3) la realidad existe fuera de nuestro pensamiento de manera preexistente e independiente al mismo (materialismo dialéctico).

 

Si en esas variantes de la relación sujeto-objeto exclusivamente nos referimos al espacio, esas relaciones se enunciarían, respectivamente, de la siguiente manera: 1) el espacio es sólo una idea en nuestro pensamiento, como recurso para entender el mundo; 2) el espacio existe fuera de nuestro pensamiento, pero sólo en tanto lo pensamos (y ya que éste se cree, o bien que adquiera significado), y del mismo modo, como elemento ordenador del mundo; y, 3) el espacio existe, preexistente e independientemente de nuestro pensamiento, el cual es sólo un reflejo del mismo.

 

En consecuencia, no hay una respuesta absoluta.  Pero, podemos decir que, 1) en el idealismo objetivo y metafísico, la complejidad del objeto espacio será en función directa del pensamiento del sujeto, y exclusivamente en su pensamiento; 2) que en el idealismo subjetivo fenomenológico, la complejidad del objeto espacio será en función del pensamiento del sujeto, trascendida a la realidad objetiva o mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento; y 3) que en el materialismo dialéctico, la complejidad del objeto espacio está dada en el objeto mismo, y ésta es reflejada en el pensamiento del sujeto.

 

De manera personal, para el que esto escribe, se adopta la tercera posición.  Pero cuando escuchamos que el espacio considerado como realmente existente fuera de nuestro pensamiento, es un producto social o humano, ahora podemos entender que ello se plantea desde los fundamentos gnoseológicos del idealismo subjetivo fenomenológico.

 

Así, la complejidad del espacio no es un agregado subjetivo que hacemos en él tan sólo con nuestra propia existencia, sino algo que poco a poco a lo largo de la historia hemos venido descubriendo objetivamente, en su propia realidad y naturaleza objetiva.


 

 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:22

 Leonardo de Vinci, Bernardino Telesio

y Giordano Bruno
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
http/espacio-geografico.over-blog.es/,
México, 07 dic 09.

 

Leonardo de Vinci (1452-1519); genio de vasto conocimiento enciclopédico al estilo aristotélico.  En lo que más destacó fue en el campo de las artes, en donde, con un sentido plenamente humanístico, de la pintura religiosa y eclesiástica dominante de la época, transitó a la representación del ser humano, expresándose al respecto en los mismos términos que Protágoras: <<el ser humano es la medida de todas las cosas>>; siendo él mismo expresión del sentir creativo del humanismo renacentista, que, con un principio ateísta, dejaba en segundo plano lo religioso y a Dios, para reivindicar al ser humano en su dignidad y carácter creativo.

 

Siendo Florencia su ciudad de origen, la abandona a sus treinta años de edad, y se va a radicar a Milán, en razón de que mientras en Florencia dominaba la escolástica neoplatónica en el ámbito cultural, en Milán se daba un ambiente más abierto al nuevo pensamiento del materialismo empirista.  Entender el momento histórico de Leonardo, es, en mucho, asociarlo al momento histórico de sus directos contemporáneos, Maquiavelo (1469-1527), y Copérnico (1473-1543); el momento histórico en que no sólo está naciendo la ciencia moderna, sino el mismo Estado burgués teorizado por este último.

 

En la secuencia de humanistas que marcan el proceso de rompimiento con el medioevo; que van de Dante aún moviéndose en los tiempos oscuros, a un Boccaccio irreverente, y de éste a un Petrarca plenamente crítico de lo religioso, finalmente, su contemporáneo Erasmo (1469-1536), representa la aceptación y asimilación del pensamiento humanista, con lo que el mundo teísta ha quedado atrás.  En ese sentido, Leonardo representa, a su vez, el inicio de las artes y técnicas de la época moderna.

 

*

 

Bernardino Telesio (1509-1588); filósofo materialista panteísta (de pan, todo; theos, Dios; “Dios está en todo”), del Renacimiento; uno de los más notables pensadores humanistas, precursor de las ideas de Tomás Campanella, Giordano Bruno y Francis Bacon.

 

Antecedió a Bacon en la propuesta del materialismo empirista de la investigación experimental, en tanto que es a través de la experimentación y percepción mediante los órganos de los sentidos, que se obtiene el conocimiento como reflejo objetivo de la realidad objetiva.

 

Refiriéndose al espacio, establecía que éste estaba lleno de las infinitas formas de la materia.  Y en el pensamiento dialéctico, veía en la relación Sol-Tierra, la relación dialéctica calor-frío como principios contrarios.

 

*

 

Giordano Bruno (1548-1600); filósofo materialista panteista (de pan, todo; theos, Dios; “Dios está en todo”), como recurso de un ateísmo disfrazado al estudiar científicamente la naturaleza, arguyendo con ello estudiar a Dios, en los momentos más extremos de la acción del Santo Oficio o Inquisición.  Ante la filosofía del dualismo de la escolástica de su tiempo (del dualismo filosófico en el que se reconoce como realmente existentes tanto el mundo de los objetos materiales, como el mundo del Espíritu), fue defensor de la idea copernicana de un Universo infinito y heliocéntrico; más aún, de mundos habitados como el nuestro.

 

Es considerado por Marx y Engels como un humanista, gigante del pensamiento, por su entereza en defender sus ideas frente a toda adversidad, luego de ocho años de prisión e incluso el ser quemado vivo en la Plaza di Fiore en Roma.  En nuestra opinión, junto con el seguidor de sus ideas, Julio Cesare Vanini, cruelmente torturado y asesinado por el Santo Oficio, los dos personajes más notables del Renacimiento en el campo del pensamiento científico.

 

La esencia del pensamiento filosófico materialista de Bruno, parte de la idea de la mónada (concepto retomado posteriormente por Leibniz (1646-1716) con un fundamento gnoseológico totalmente opuesto, en la metafísica), en la cual la materialidad del mundo encuentra su identidad.


 

 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:22
Ícono FilosofíaLa Gnoselogía Posmodernista
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
http/espacio-geografico.over-blog.es/,
México, 30 nov 09.
 

La gnoseología, o manera en que se establece la relación sujeto-objeto en el proceso del conocimiento, en el “posmodernismo”, es la composición de varios sistemas filosóficos, todos ellos, en el campo del idealismo, en particular subjetivo, aun cuando uno de sus principales teóricos contemporáneos, Edgar Morin, se aproxima mucho, y de hecho, desborda incluso, al idealismo objetivo o metafísica.

 

La teoría del conocimiento o gnoseología del idealismo subjetivo, se conoce con el nombre de “fenomenología”; en donde la relación sujeto-objeto se entiende por cuanto que es el sujeto el que determina (o es causa), de la realidad; esto es, que la realidad del mundo de los objetos materiales, es según el sujeto la piensa.  En la gnoseología del idealismo objetivo, la “metafísica”, en esa relación sujeto-objeto, el objeto sólo existe en forma aparente, de modo que la realidad existe sólo en el pensamiento, en el mundo de las ideas.

 

El posmodernismo es en sí una expresión ideológica, más que, como el nombre pareciera enunciarlo, expresión de una nueva época, por la cual se ha dejado atrás la época de la modernidad (surgida ésta en el siglo XV con el Renacimiento y el Humanismo, y caracterizada por la Ilustración y el Romanticismo).

 

Como ideología, el posmodernismo aparece hacia el último tercio del siglo XX, como parte de la lucha del capital contra el avance del comunismo, el cual, fundado en la dialéctica materialista, responde con ella a la ciencia, o método científico, de la modernidad (el método fundado por Galileo y Kepler, como por Bacon y Descartes), cuyo principio, textualmente establecido por Bacon, se enuncia como: <<Aprender a caminar a la luz del conocimiento, y en la certeza de sus leyes>>.

 

De ese modo, desde las corrientes de pensamiento autodenominadas como los “Nuevos Filósofos”, de principios de los años setenta; a Lyotard, prácticamente a principios de los años ochenta; y a Morin, entre otros, a principios de los años noventa; tal ideología del posmodernismo ha transitado desde posiciones disfrazadas de marxismo de las filosofías de la Escuela de Frankfurt; a posiciones del idealismo subjetivo, principalmente neokantiano, pero a su vez en una diversidad de otras corrientes como el pragmatismo de James y Dewey, el existencialismo –en particular de la “filosofía de la vida” de Nietzsche–, y versiones post-positivistas como la de la filosofía analítica o el racionalismo crítico de Popper.  Y, finalmente, arribando a las posiciones extremas de Edgar Morin, que, hemos dicho, desborda a la metafísica.

 

En ese proceso, su ataque al método científico de la modernidad, por oposición, fue configurando lo que los posmodernistas llaman, el “paradigma del método científico de la posmodernidad”, cuyo principio se enuncia precisamente por Morin, como. <<Aprender a caminar en la oscuridad y en la incerteza>>.

 

Sólo de Lyotard a Morin , en el lapso de veinte años, de una simulación condescendiente aún con la lógica, la hipótesis y los criterios de la verdad de la ciencia de la modernidad, se pasó al abandono de una, a la renuncia de la otra, y finalmente a la total relativización y subjetivación de los criterios de la verdad, y con ello, de la verdad misma.

 

Se conformó así el nuevo modelo de la “ciencia de la posmodernidad”; en el “método ensayístico” y “dialógico” del “pensamiento complejo”.

 

“Ensayístico”, en donde, con un estilo del ensayo literario, Morin propone redactar libremente (sin una estructura lógica necesaria propia del ensayo científico de la modernidad ilustrada), incluso en primera persona, y por lo tanto, dejando en un segundo plano las referencias documentales, si no es que de hecho omitiéndolas; recurriendo al estilo de referenciado bibliográfico de la Asociación Americana de Psicología (APA), que satisface esa menospreciación documental.

 

“Dialógico”, en donde lo esencial es, dice Morin, la expresión y comunicación del sujeto (sin importar como escriba o cómo redacte, que lo importante es hacerse entender), y en ese sentido, lo dialógico se refiere al diálogo.  Con todo lo cual, se sustituye la lógica y el método hipotético-deductivo, tanto en la investigación como en la exposición.

 

Y referido al “pensamiento complejo”, por el cual se sustituye el método analítico simplificador y de abstracción de la modernidad, para entenderlo, por oposición, como un método “holístico” o de comprensión de la totalidad concreta.

 

En conclusión, la gnoseología del posmodernismo, atribuye al sujeto la determinación de la realidad; es decir, que la realidad es, en tanto el sujeto la piensa (la realidad sólo es, en tanto su humanización, o algo socialmente construido; nunca una realidad objetiva, y como tal, dada independientemente en la historia de la naturaleza y preexistente al pensamiento); y es así, por lo tanto, una gnoseología subjetivista y relativista extrema, donde la verdad no es lo que corresponde a la realidad objetiva, sino a la determinación por el sujeto, en donde cada cual, tiene su verdad.

 

El punto final esencial de esta posición reaccionaria extrema, está en que, no adquiriéndose el conocimiento en la interacción del sujeto con la realidad del mundo de los objetos materiales vía los órganos de los sentidos y en un proceso de abstracción, el conocimiento no sólo es innato, sino como tal, le es dado al sujeto por revelación.  He ahí, finalmente, la metafísica de Morin, que hace de su “pensamiento complejo”, no más que un asunto místico-esotérico, y como tal, oscurantista.


 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:21

Categorías Geográficas y Propiedades-copia-2Metodología de la Geografía

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
“Espacio Geográfico”, Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
http://espacio-geografico-over-blog.es/;
México, 30 nov 2009.
 

Aquí está, para efectos prácticos, todo el atolladero en el trabajo científico en Geografía.  Podemos ver –en artículos anteriores en esta revista, o en los artículos sobre los diversos tópicos tratados en este Blog, en particular en la página de “Metodología de Investigación Científica”–, que el punto de partida en la metodología, se desprende de la Metodología de la Teoría del Conocimiento, es decir, de un sistema filosófico dado respecto del cual se da toda nuestra interpretación geográfica del mundo.  Con él se integra el marco teórico gnoseológico, como fundamento de toda metodología.

 

El segundo paso está en la comprensión del trabajo científico general, dado en la Metodología de la Sistematización del Conocimiento; esto es, en este caso, del dominio de los procedimientos empíricos y teóricos en la investigación.

 

En ese sentido, en el campo de los métodos empíricos del conocimiento, pasando por la observación, la medición y la experimentación; y luego por los métodos teóricos del conocimiento pasando por el planteamiento de la hipótesis, el desarrollo de teorías y el establecimiento de leyes; se transita a un nivel más particular aún.

 

En el tercer paso se va al trabajo sobre las líneas de la observación-descripción-explicación, mediante el conjunto de los recursos empíricos; en el que se intercalan los métodos comparativos y los procedimientos de la lógica tanto con el silogismo como con los métodos de la relación causal, junto con la línea del análisis general a la explicación y al análisis crítico (o análisis de lo concreto), con lo cual, finalmente, se prepara la síntesis.

 

Pero justo es aquí, en el desarrollo de un cuarto nivel o cuarto paso en los procedimientos de investigación, que se pasa de los métodos generales, a aquellos que intervienen como métodos particulares de la ciencia de la Geografía: las bases cosmográficas, geodésicas, y geofísicas (y aquí ya estamos asumiendo que estudiamos el espacio terrestre como tal, y no esa pamplinería de “las relaciones entre los fenómenos”).

 

Vayamos al origen, que es la forma más elemental de explicarlo.  Ubiquémonos en la posición gnoseológica del sensualismo epicureísta, fundamento del origen teórico o ya sistemático de la Geografía científica, con Eratóstenes, Hiparco, Eudoxo, Crates, Ptolomeo…

 

O quizá nos pudiéramos remontar incluso al origen empírico del pensamiento geográfico, dado, como se suele decir, en la noche de los tiempos.  Aquí el fundamento gnoseológico será la dialéctica natural de la filosofía de la naturaleza.  Escojamos este momento de los tiempos para mayor simplificación a favor de la claridad explicativa.

 

Con nuestro pequeño grupo tribal nomádico hemos deambulado por las rutas migratorias tras la caza, recolectando y pescando ahí donde fuese posible.  Pero, en el despertar del pensamiento geográfico, hemos logrado asociar el movimiento de la bóveda celeste nocturna (la estructura del firmamento), a la bóveda celeste diurna; y hemos hecho el primer descubrimiento geográfico notable: el Sol, finalmente, no “sale” por donde se le ocurre, sino cada día por el mismo lugar del horizonte, igual que el movimiento de las estrellas.  Y con esa regularidad, nos formamos en el pensamiento la primera estructura teórica o abstracta del espacio terrestre.  Éste estaba formado de un lugar, como centro de giro de la esfera celeste, la cual le daba una orientación fija con un orines, o punto del Sol naciente; un occidens, o punto donde el Sol moría; un nor, lugar frío y oscuro del dios de la noche, y su opuesto, un sur.  Ahí está la cosmografía.

 

Y como buenos geógrafos empíricos primitivos, a lo largo de los días observamos que, finalmente, el Sol no siempre salía exactamente por el mismo punto del horizonte, sino que se movía, por un tiempo hacia el norte, y luego regresaba, pasaba sobre nuestras cabezas, y continuaba su camino día a día hacia un punto al sur en el horizonte, a partir del cual se devolvía.  Y, para observar el hecho con mayor precisión, transferimos esos movimientos al primer instrumento geográfico: una rectilínea vara perpendicularmente clavada en el suelo, o gnomon; y con ello, medimos, establecimos patrones de comparación, y andando el tiempo, determinamos ciertos elementos notables de la estructura del espacio geográfico: los Trópicos, y un punto medio entre ellos, el ecuador; y con ello hicimos un reloj, un calendario, y un medidor de ciertos ángulos que se extendían en sentido lato o amplio, de manera perpendicular al Eje del Mundo.  Y determinamos así, las latitudes; aumentando en nuestro conocimiento la complejidad del espacio terrestre.  Y ahí estuvo la geodesia, la medición sobre ciertos “cortes”, como el meridiano (en este caso asociado al Eje del Mundo), y las latitudes, con los Trópicos y el ecuador como casos especiales.

 

Con lo elementos de la cosmografía y la geodesia, geográficamente pudimos establecer lo nuestro: los puntos o localizaciones, las distancias, las superficies, y, finalmente, los volúmenes.  Con los elementos de lo que mucho tiempo después será llamada la Geodesia, particularmente fuimos más allá de la medida, estableciendo valores de magnitud para las localizaciones y las distribuciones.

 

Y cuales geógrafos consumados, a punto de erigirnos ya como geógrafos teóricamente determinados, comenzamos a asociar los lugares a las cosas, y las cosa al movimiento.  Para cada cosa fue apareciendo su propio especialista con su propia metodología; pero a nosotros sólo nos interesaron las cosas objetos concretos de espacio, o espacios plenistas, cuyas propiedades determinaban los atributos de un espacio vacuum.  Y ahí estuvo la geofísica.

 

                              Y eso ocurrió apenas en el período inicial del desarrollo del pensamiento geográfico; veinticinco siglos después…

 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:20
Ícono FilosofíaEl idealismo en Geografia
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica
de Geografía Teórica;
http/espacio-geografico.over-blog.es/,
México, 30 nov 09.
 

El “idealismo en geografía”… (quien buscaba tal concepto…, qué estaría entendiendo por ese “idealismo”.  Esta es una de las razones por las cuales estamos solicitando que las dudas se planteen de manera directa instalándola como un comentario).  El caso es que por ese “idealismo” hay dos acepciones posibles: 1) como categoría literaria por la cual se entiende popularmente a un individuo “siempre en las nubes”, todo sentimientos y desinterés sobre las cosas materiales; o, 2) como categoría filosófica por la cual se entiende estrictamente a aquel individuo que considera que el pensar antecede al ser, esto es, que las ideas (el pensar) son primero y preexistentes a los objetos materiales (el ser).

 

Evidentemente, partiremos del supuesto de que la búsqueda incidía en lo filosófico; y en consecuencia, nos referiremos aquí a esa geografía en la cual es el sujeto el que, con su pensamiento, determina el ser de los hechos de la realidad.

 

A lo largo de la historia se da esta línea de pensamiento, a la cual nos referiremos en sus grandes saltos más notables según algunos de los personajes más relevantes; y así, desde la Antigëdad, por ejemplo, Estrabón (58 ane-23 dne), en el estoicismo, por el cual la atención central del hacer científico desembocaba en la ética, a manera de entender el conocimiento para ser sabio y saber vivir en una actitud contemplativa e indiferente, en consonancia con la naturaleza.

 

En la Edad Media, hacia el final de ésta, destacó Ibn Jaldún (Abenjaldún, 1332-1406), en cuya Historia Universal, desarrolla pasajes de claro perfil geográfico fenomenista.  Jaldún, plenamente determinado por su tiempo, no podía adoptar sino una de tres corrientes filosóficas dominantes en la escolástica del medioevo: el conceptualismo, el realismo, y el nominalismo.  Un estudioso de su pensamiento y obra como Nassif Nasar, lo ubica como realista; no obstante, a nuestro juicio (dados argumentos filosóficos que aquí no vienen al caso), lo consideramos más bien, nominalista.

 

La afirmación del nominalismo, es que las cosas realmente existen con sus cualidades individuales (el realismo medieval afirmaba exactamente lo contrario, esto es, que, por lo contrario, eran los conceptos los realmente existentes, precediendo a las cosas singulares); no obstante el nominalismo es la posición más avanzada, que de algún modo representaba el pensamiento materialista, es aún una forma de la escolástica, en su esencia, idealista en el reino de la teología.

 

La Época Moderna, Humanista, ateísta, Renacentista, e ilustrada, es el origen de la ciencia contemporánea.  Mientras en el medioevo la ciencia era la “sierva de la teología”, en la Época Moderna, la teología, esencia del pensamiento idealista (Dios es la idea absoluta que preexiste a todo), sale de la escena.  No obstante debe haber expresiones de la geografía idealista, sin embargo de nuestra parte no lo tenemos investigado.

 

La geografía idealista, en general, renace con Kant (1724-1804), para quien el espacio no era mas que una forma del pensamiento para poder entender la realidad.

 

Luego de Kant, principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, es que tenemos que clasificar una amplia diversidad de pensadores en la denominación general de “geografía fenomenista”, cuyo común denominador se hace marcadamente idealista, desde los influjos del positivismo, a las corrientes actuales partidarias de la posmodernidad, en donde el idealismo en geografía desborda a la metafísica y al oscurantismo medieval.

 

Hoy, esa geografía en la que se habla del objeto de estudio como el “espacio humanizado”, o más aún, de un “espacio socialmente creado”, se da a entender que ese espacio existe, en tanto en él preexiste la impronta humana.  Un espacio sin esa impronta, carecería de importancia geográfica; sería, de hecho, un espacio inexistente en tanto carente de significado; y ello es exactamente igual al precepto estoicista estraboniano, por el cual <<sólo valía la pena hacer la geografía de aquellas cosas dignas de valor>>; y esa es una geografía eminentemente subjetivista, y por lo tanto, idealista.

 


 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:19

Ícono Filosofía-copia-1 Fundamentos Filosóficos de la Geografía
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http/espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 23 nov 09.


Toda ciencia, en tanto conocimiento y saber reflejo de una faceta de la realidad objetiva, tiene su fundamento en un sistema filosófico; o dicho en plural dadas las diversas interpretaciones de la ciencia, en ciertos fundamentos filosóficos dados histórico-socialmente.

 

Puede no tenerse conciencia de ello por el hacedor de la ciencia en una práctica de ella totalmente empírica, y por lo tanto irracionalista; mas ello no quiere decir que en un momento dado pueda prescindirse de tales fundamentos; pues éstos estarán presentes de manera necesaria, determinando, es decir, siendo causa, de las diversas interpretaciones del conocimiento y saber de una ciencia.  O, dicho al revez, las diversas interpretaciones posibles de una ciencia, no son producto de alguna genialidad de alguien ocurrente que brota de la nada, o de una febril creatividad intelectual; sino de una interpretación filosófica dada de la realidad; por lo demás, que todo el mundo tiene de manera más o menos vasta, o de manera más o menos coherente.  En ello consiste precisamente el fundamento de la teoría de conocimiento de una ciencia.

 

En un momento dado tocará su turno a la publicación de nuestra inédita tesis para el Doctorado en Geografía, titulada precisamente: “Los Métodos de la Teoría del Conocimiento en Geografía”; es decir, sobre los diversos sistemas filosóficos que en cada momento histórico determinaron un forma de pensar la geografía.  Por ahora daremos aquí algunos ejemplos históricos, y nos concentraremos en los fundamentos filosóficos actuales.

 

Por ejemplo, con qué fundamento podría haber nacido la ciencia de la Geografía en el pensamiento de Eratóstenes entre fines del siglo III ane y principios de siglo II ane (284-192 ? ane, o 276-196 ane), siendo que el pensamiento filosófico más avanzado era precisamente la filosofía materialista de la naturaleza que venía de dos siglos atrás, de Leucipo (500-440 ane), de Demócrito (460-370 ane), y de Epicuro (341-270 ane); particularmente este último siendo su inmediato antecesor, que con su filosofía conocida en aquel entonces como sensualista, relativa al papel fundamental de las sensaciones en la obtención del conocimiento objetivista, Eratóstenes dejara de lado el método especulativo, para pasar al trabajo experimental directo en la medición de la Tierra.

 

Estrabón, al principio de Nuestra Era, un siglo y medio después de Eratóstenes, fundamentaba su pensamiento en la filosofía dominante del momento bajo el naciente Imperio Romano: el estoicismo, filosofía que, precisamente, por todo lo contrario, invitaba a la actitud contemplativa insensible (el “ser estóico”), que, subjetivista, se traducía directamente en especulativa.

 

De la misma manera, dando un enorme salto desde entonces hasta nuestro tiempo, la geografía espacista de origen eratosténico, está vinculada ahora al pensamiento filosófico dialéctico materialista; como la geografía fenomenista de origen estraboniano, está vinculada, en general, al pensamiento filosófico idealista subjetivo en diversas expresiones, ya desde el kantismo (renacido), el positivismo (en desuso), el estructural-funcionalismo (de tintes marxoides), o, principalmente, del llamado “neomarxismo”, o filosofía del análisis de la superestructura, de la Escuela de Frankfurt, fundamento esencial del oscurantista “posmodernismo”.

 

Evidentemente, aquí hay un mundo de cosas que decir; esta es la esencia de la geografía teórica, su campo de estudio.  Pero en otro lugar; que no este de respuestas breves; nos habremos de referir a ello con más detalle.


 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:18

Espacio Terrestre; Estructura La Causalidad del Espacio Geográfico

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http/espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 23 nov 09.


Problema clave, dado que es uno de los cinco criterios del conocimiento científico o conocimiento verdadero: 1) la objetividad, 2) la causalidad, 3) la demostración con arreglo a las leyes de la lógica, 4) la verificación en la práctica histórico-social, y 5) la predicción científica.

 

En la historia de la filosofía, sólo un autor ha puesto en entredicho la unívoca relación causa-efecto: David Hume (1711-1776), seguidor del empirismo idealista, negando la posibilidad de conocer la causa objetiva, y considerando que tal relación es convencional, dada por la costumbre; y de él se ha originado el indeterminismo actual.

 

Fuera de ello, aceptaremos que a todo efecto precede una causa objetivamente dada, y que tal causa, de la que Aristóteles hacía una clasificación muy elaborada, hoy en día, la causalidad se reduce a aquella directa e inmediata, o causa específica; y la indirecta y mediata, o causa completa.

 

El papel esencial de la causa es la determinación del efecto; es decir, que el efecto será, y sólo será, en función de la causa específica dada.  Ciertamente, por ejemplo, el calentamiento de algo como efecto, puede tener como causa, ya que lo aproximemos a una flama, ya que lo frotemos con otro objeto, e incluso, en un momento dado, el que lo sometamos a fuertes presiones; pero responder a cuál de todas esas causas posibles es la real, es establecer la causalidad específica.  O dicho de otro modo, que un fenómeno no podrá explicarse sino en función de su causa específica.

 

Hablar, entonces, de la causalidad del espacio geográfico, será hablar de las determinaciones del mismo y de sus propiedades; esto es, de por qué el espacio geográfico en función de sus propiedades, es lo que es.  Para explicar lo anterior, como ejemplo, tratemos de hacer la pregunta sobre la más elemental relación causal del espacio, en función de una de sus propiedades fundamentales, la localización: ¿Por qué, cuál es la causa de la localización?  He ahí una pregunta sobre una causalidad del espacio, de nuestro interés en particular, geográfico; pero proyéctese este ejemplo a la diversidad de propiedades espaciales, y se construirá una Geografía con un objeto de estudio propio y una identidad propia.

 

Otra forma de preguntarlo, es: ¿Qué determina una localización?  Y la respuesta es simple: una o más magnitudes, en función del origen de un sistema de referencia.  Un valor de magnitud en el caso de un espacio lineal o unidimensional; dos valores de magnitudes en el caso de un espacio plano o bidimensional; tres para un espacio tridimensional, y así sucesivamente.

 

Si la localización se refiere a un objeto o fenómeno concreto, por ejemplo, un árbol; la causa de la localización de un árbol, por lo tanto, causa espacial, será la determinación dada por una magnitud respecto a un origen, o la intersección de dos o más magnitudes según la referencia de espacio.  El geógrafo fenomenista, inequívocamente, atribuirá la causalidad de esa localización concreta, el árbol, no a la causalidad espacial, sino a la causalidad dada por la conexión y relación universal de los fenómenos: esto es, que el árbol está ahí, dada una relación clima-suelo-vegetación; pero, evidentemente, lo cual no es una causalidad del espacio propiamente dicha.

 

Una relación causal geográfico-espacista más compleja, pudiera establecerse en la pregunta: ¿Cuál es la causa que determina las condiciones climáticas generales de la Tierra?

 

El geógrafo fenomenista, sin más, referirá el conjunto de los estados promedio de la atmósfera en la relación principal de los fenómenos de temperatura-precipitación.  Pero no es ese el camino de la geografía espacista.  En ésta, el “clima” no es un estado promedio de la atmósfera, sino un grado de inclinación del espacio geográfico con respecto al plano de la eclíptica, pues la palabra “clima” en griego, quiere decir precisamente eso: inclinación (de ahí derivan palabras como “clisímetro”, medidor de inclinaciones o pendientes).

 

Así estaba planteada la Geografía hasta la época de Eratóstenes, y continuada luego por Ptolomeo (100-170), quienes llamaban a esas determinaciones climáticas “esfrágidas”; lo que en la geografía fenomenista equivale a las zonas latitudinales tropical, templada, fría, y polar.  Ahí lo que importa en geografía en el estudio causal específico, es precisamente la determinación de las “esfrágidas” como espacios continuos (aquí ya no como lo discreto); y en el estudio de la causalidad completa, el conjunto complejo de relaciones de estados de espacio así determinados.

 

En la teoría del espacio, esa causalidad fenomenista de lo concreto, se refiere, por una parte, a la causalidad de lo discreto (o de los estados de espacio discretos o plenos); y por otra parte, a que ha de ocurrir en el estudio de la causalidad ya no específica, sino de la causalidad completa.  Sólo que, cuando el geógrafo desconoce u omite la causalidad específica, no establece la relación unívoca causa-efecto espacial; y razón por la cual, su análisis causal acaba identificándose con el análisis causal dado en las ciencias especiales del fenómeno dado.  Es decir, que la causa específica espacial elemental de la localización, acabará confundiéndola y suplantándola a su vez, por la causa específica de un fenómeno, determinado por otros.  Ahí, la causalidad completa espacial, omisa, quedará extraviada.

 

Una forma más de referirnos a este interesante problema de la geografía teórica, es que, mientras para el geógrafo fenomenista la causalidad específica dada en la relación causa-efecto entre los fenómenos lo es todo; la relación causa-efecto entre los fenómenos para el especialista en un fenómeno dado, es, apenas, a su vez, la determinación causal específica; sólo que para éste, queda aún por delante la investigación acerca de la causalidad completa.  Ahí donde el geógrafo fenomenista se detiene, es donde el especialista en los fenómenos empieza.  Pero ocurre que, cuando éste geógrafo pretende ir a más, por definición, abandona la geografía habilitándose en otro especialista (o aduciendo que el otro especialista es un”geógrafo superespecializado” en una rama de la Geografía o en una “ciencia geográfica”..., sólo que no lo sabe).

 

La investigación causal espacista, por su parte, a más de definir su causalidad específica con propiedad, está en posibilidad de desarrollar una investigación en la causalidad completa, precisamente en esa relación entre los fenómenos, pero en donde los mismos son tratados en términos de estados de espacio.  Y esto no es, como fácilmente pudiera confundirse si se ve con ligereza, lo que se conoce como “reduccionismo”; es decir, el querer estudiar los fenómenos mediante esas relaciones físico-matemáticas espacistas, cuando sus leyes reales son de otro orden, ya biológico o social, por decir algo.  Y no es reduccionismo, simplemente porque no se pretende el estudio del fenómeno dado en tanto tal, como lo abordaría su especialista con las propias leyes inherentes al fenómeno, sino tan sólo en una de sus facetas como objeto material de la realidad, en su causalidad, propiedades y leyes espaciales.

 

El fenómeno es de suyo, efecto, en tanto está determinado por la esencia, misma que, de suyo, es causa. Podemos decir que cuando definimos al espacio terrestre como objeto de estudio, éste se constituye en nuestro fenómeno propio de investigación acerca de sus causas y su esencia.  El fenómeno es forma, una manifestación secundaria.  La esencia es contenido, lo primario.  El fenómeno es lo histórico; la esencia, lo lógico.  Así, el geógrafo fenomenista, que no define un estudio de esencia, se confunde y toma los efectos por las causas; la forma por el contenido, lo histórico por lo lógico; y, en suma, el fenómeno por la esencia.

 

Cuando el objeto de estudio es el espacio (lo esencial, el contenido, lo lógico, la causa), y los fenómenos en calidad de estados de espacio sólo son atributos del espacio por los cuales se determinan sus propiedades (los fenómenos, la forma, lo histórico, el efecto); el geógrafo fenomenista que sólo trata con los fenómenos como tales, no trabaja ni con una causalidad específica, ni, mucho menos, con causas completas, sino sólo con efectos.  La causalidad en geografía, es la causalidad del espacio terrestre, y éste sólo puede ser tratado en las propias leyes y teorías del espacio.

 

Así, sin los estudios suficientes de la causalidad espacial específica, no será posible concebir los estudios de mayor grado de complejidad dados en la posible causalidad espacial completa.

 

Es en función de verdaderos estudios causales espaciales, que la Geografía hasta ahora aún entendida como un compendio de curiosidades acerca de este mundo, habrá de transitar, entonces, a la Geografía científica que el siglo XXI reclama.

 


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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:17

Esfrágida Triclínica Asimetría en el Espacio Geográfico
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri 

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http/espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 16 nov 09.


Si simetría (del griego sin, con; y metrón, medida), significa etimológicamente “con medida”; asimetría, lo opuesto, quiere decir, “sin medida”; pero ambos conceptos a lo que aluden, es, más propiamente dicho, a la distribución de las medidas.

 

Así, la simetría es una distribución proporcionada de las medidas, y por oposición, la asimetría será una distribución no-proporcionada de las medidas.

 

Una de las leyes más generales del espacio terrestre, es: la Ley de la bipolaridad del mismo, y a partir de ella, todo apunta a la existencia de una primera asimetría de dicho espacio.  Esto es, por la cual, la distribución proporcional de las medidas de uno u otro hemisferio a partir de un plano axial (el ecuador), no son las mismas.

 

La simetría y asimetría, es pues, una relación dialéctica de la dimensionalidad continuo-discreta.  El espacio terrestre, de acuerdo con Einstein, se curva en un pozo según la masa de la Tierra (por demás tridimensional, abstracción más compleja que la clásica representación bidimensional que se suele mostrar); esa curvatura muestra esa relación continuo-discreta (espacio-Tierra), mediada por el campo de gravedad terrestre.

 

Las categorías de simetría y asimetría, significan un importante elemento de la metodología geográfica, ya que nos permite descubrir las relaciones estables del espacio (un equilibrio simétrico), como sus relaciones asimétricas inestables por las cuales el espacio se transforma bajo el principio de invariancia.

 

Un segundo nivel en el estudio de las relaciones simetría-asimetría, se tiene, por ejemplo, en la famosa conjetura representada en el Globo Terráqueo de Crates, en el que el Ecúmene no podría explicarse en la esfera terrestre (en el espacio terrestre) sino por simetría con el Periécos, el Antecos, y las Antípodas.  O, en esta misma época, los rasgos geográficos (espaciales) norteafricanos, explicados por simetría con los rasgos del Ecúmene mediterráneo.  Hay, en uno u otro caso, evidentes asimetrías que hablan del movimiento del espacio.

 

De manera contemporánea, esas simetrías y asimetrías determinan las propiedades tanto en la ley planetaria de la zonalidad, como en la ley de la distribución sectorial.

 

La asimetría es pues, particularmente importante, porque se vincula al movimiento y transformación del espacio terrestre.


 

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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:16

La Síntesis Combinatoria y la Unidad de la Geografía (Gro La Unidad de la Geografía

  Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri 

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http/espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 16 nov 09.

 

La unidad de la Geografía, pudiéramos decir, que con mucho, es el problema más esencial que ha de abordar la geografía teórica.  Así ha sido, por lo menos, en los últimos veinte siglos.

 

Esto es, porque fue con Estrabón (58 ane-22 dne), que tal problema fue establecido al criticar la Geografía de Eratóstenes (284-192 ane).  De la geografía de Eratóstenes destaca su mapa del Ecúmene, y su procedimiento correcto para determinar el perímetro de la Tierra.  Estrabón la criticó de “matematicista”, como cuando dice de él: <<…con frecuencia procede con un criterio más científico del que corresponde a esta disciplina…, y en cierta manera en la geografía procede como matemático, y en las matemáticas como geógrafo>>(1); revelando en realidad la esencia del saber geográfico, como ese saber al que el mismo Eratóstenes le dio el nombre.

 

Estrabón por su parte, al servicio oficial de Imperio, insistirá: “…la mayor parte de la geografía se refiere a las necesidades del Estado…”(2), y en ese sentido se propone, luego de escribir, dice, sus Memorias Históricas, una “historia en los lugares”, a lo que llama “Geografía”.

 

Mientras Eratóstenes se ocupará del estudio de la Tierra, tal como lo critica Estrabón, “no de la Tierra habitada, que era lo más apropiado para el estudio de la misma, sino de toda la Tierra”(3); para Estrabón, lo único digno de importancia era la tierra habitada.

 

Mientras Eratóstenes criticará el evemerismo, el mito como fondo de la historia, Estrabón lo ponderará.  Así se inició una lucha de ideas ya de dos milenios.

 

Cuando estudiamos este problema fundamental al elaborar nuestra tesis de Licenciatura, se hizo evidente la división de la Geografía a partir de Estrabón, por una parte, en una “geografía espacista”, con Eratóstenes; y por otra parte, una “geografía fenomenista”(4), precisamente con Estrabón.

 

La unidad de la Geografía es el problema de la unidad de la interpretación dada hasta ahora ya en forma espacista, o bien fenomenista, de la faceta geográfica de la realidad: esto es, donde hasta ahora esa faceta geográfica ha sido considerada ya el “espacio terrestre”, o bien “los fenómenos en el lugar”.

 

En tanto que ambas cosas, cada una de algún modo, tienen que ver con el conocimiento geográfico (ello es lo que representa la dialéctica de la dimensionalidad material continuo-discreta), nosotros creemos haber resuelto este problema ab antiquo, sobre la base de la dialéctica de la teoría del espacio, mediante el proceso de subsunción del fenomenismo (caso particular del espacio a manera de estados de espacio), en el espacismo (caso general del espacio); por lo que la “geografía espacista” erigida como toda geografía, no excluye la “geografía fenomenista”, sino la reelabora en el estudio de los fenómenos como estados de espacio, y ya no del estudio de los fenómenos como tales, cada uno de los cuales cuenta con su propio especialista.

 

En ese sentido, nosotros creemos haber resuelto esa fragmentación de la Geografía, dando lugar a su unidad y propia identidad, no como un artificio mecánico ni como un convencionalismo subjetivo, sino con un fundamento teórico objetivo.

 

                        Para nosotros, los demás especialistas no son geógrafos superespecializados (sin saberlo), ni los geógrafos han de ser habilitados aprendices de esas especialidades, en donde la Geografía o se identifica como “ciencia de ciencias”, o pierde toda identidad.


1  Roig, Arturo A; Introducción; en Estrabón; “Geografía, Polegómenos”; Aguilar, Biblioteca Aguilar de Iniciación al Humanismo; Madrid, 1980; p.XXVII.  y en cita textual, Op. Cit; p.174 (y ya Estrabón dirá respecto al geógrafo que no ha de proceder “tan científicamente”: <<No es necesario que investigue todo tan minuciosamente>>; p.24).

2   Estrabón; Geografía, Polegómenos; Aguilar, Biblioteca Aguilar de Iniciación al Humanismo; Madrid, 1980; p.18.

3   Ibid. p.91.

4  En el origen denominamos a una como “espacial-cartográfica”, y a la otra como “fenomenológico-historiográfica”, siendo esencialmente lo que les caracterizaba, entendiendo nosotros por “fenomenología”, literalmente, el “tratado de los fenómenos”; produciendo una confusión con la fenomenología como teoría del conocimiento; lo cual aún desconocíamos en el fondo, y de ahí la corrección a la  terminología actual.


 
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17 septiembre 2009 4 17 /09 /septiembre /2009 08:15

Emmanuel-de-Martone Emmanuel de Martonne

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

http/espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 13 nov 09.


 
 

Emmanuel de Martone (o también Martonne; 1873-1955), [Fuente: Terán Álvarez, Manuel de; Enciclopedia Labor T. IV.], geógrafo francés de la Sorbona.  En 1909 publicó su Tratado de Geografía Física, obra principal en la cual expone su definición de Geografía, como “Ciencia del estudio de los fenómenos tanto naturales como sociales, considerados en su distribución en la superficie terrestre, de sus causas y relaciones”; definición satisfactoria en su momento, por lo cual ha sido denominado como “padre de la Geografía moderna”; lo cual sería válido, en todo caso, para el ámbito francés.

 

De él es la clasificación misma en “hechos” (aquello relativamente estable del llamado “paisaje geográfico”), y en “fenómenos” gráficos (aquello característicamente dinámico en la superficie terrestre), como consecuencia del fundamento gnoseológico positivista, en el llamado “segundo positivismo”, o más propiamente, “empirocriticismo” (o crítica de la experiencia); en el cual los “hechos” son algo en la experiencia dado a priori, es decir, subjetivamente como producto del pensamiento; en tanto los “fenómenos” son dados como lo posteriori, en tanto que efectos subsecuentes de los “hechos”, los cuales obran como factores perturbadores.

 

Alumno de Vidal de la Blache, colaboró con este en su obra Geografía Universal (1930-1931).  Se “especializó” en las “ciencias geográficas” de la geomorfología y climatología, e inmediatamente a su colaboración con Vidal de la Blache, presidió la Unión Geográfica Internacional (1931-1949).

 

Con el desarrollo de otros fundamentos gnoseológicos en el seno mismo del post-positivismo, como el empirismo lógico o filosofía analítica, hasta particularmente el llamado racionalismo crítico o empirismo crítico que tanto se ocupó por la interdisciplina; su definición de Geografía como “ciencia del estudio de los fenómenos tanto naturales como sociales, considerados en su distribución en la superficie terrestre, de sus causas y relaciones”, empezó a verse insuficiente; e incluso con la Escuela de Frankfurt, y más aún con la dialéctica materialista o marxismo, su definición se hizo contradictoria, pues la Geografía aparecía como una especie de “ciencia de ciencias”.  La Geografía en las escuelas inglesa, norteamericana, alemana o soviética, exploraron otras posibles definiciones, pero sin mayor éxito, que, quizá, la escuela alemana con Hettner.

 

La definición de Geografía de Emmanuel de Martone, como punto de partida de las reflexiones en geografía teórica del autor de esta semblanza, nos condujo a la crítica por la cual nosotros propusimos, ya desde 1982-1983, otra definición de esta ciencia en función de su objeto de estudio.

 

Cuando De Martone expone en su definición que el estudio de los fenómenos es <<considerándolos en su distribución en la superficie terrestre..., y de sus relaciones>>, lo que nosotros vimos ahí, dado apenas en dos propiedades, fue el estudio de esos fenómenos en sus atributos espaciales.  La distribución y las relaciones son esas dos propiedades espaciales, y el concepto de “superficie terrestre”, era el concepto mismo de espacio geográfico.  Luego nos bastó hacer, por una parte, una generalización a toda propiedad de espacio; y por otra parte un estudio de la realidad objetiva y la naturaleza del espacio, para que surgiera nuestra definición de Geografía, simplemente, como: “Ciencia del estudio del espacio terrestre”, donde los fenómenos mismos, son “estados de espacio”, ya discretos (las montañas, los ríos), o bien continuos (el clima, el campo geomagnético)..

 

En un primer momento, entre 1982 y 1985, nuestro concepto de espacio se limitó al hiperplano hettneriano; pero entre 1985 y 1986, simultáneamente incluso a las reflexiones al respecto del compañero José C. Martínez Nava, concluimos que tal noción de espacio geográfico era aún limitado; y nuestra noción del espacio geográfico saltó a la del volumen tridimensional, primero necesariamente en el vacuum newtoniano, y luego, de manera natural en el continuum einsteniano del espacio-tiempo.  Se fue el año 1992, y no pudimos avanzar más en nuestro trabajo intelectual ante un panorama económico-social que rápidamente se fue haciendo cada vez más adverso; hasta que arribamos al año 2009, y nuevamente estamos en estas líneas.

 

No obstante, del modo azaroso más inimaginable*, aquel concepto del objeto de estudio de la Geografía definido por Emmanuel de Martone desde principios del siglo XX, y vigente hasta los años sesenta-setenta del mismo, fue superado, no sólo teóricamente, sino en los hechos, por nuestra propuesta; por lo menos, ocurrido como se narra, en México.



*    Vía los falsos poemas de Osián escritos por James Macpherson en el siglo XVIII, en una tergiversación como intento de plagio, incluso, de fuentes de la cultura.  En nuestro caso, reproducidas a hurtadillas las ideas de nuestra tesis, sin dársenos ningún crédito, sin consultársenos siquiera, no sólo se arrastró esa limitación conceptual de la noción de espacio geográfico por los últimos quince años, sino, más aún, cual falso poema escrito por el falso Ossián, se derivó a la tergiversación fenomenista en geografía, criticada por nosotros.


 
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