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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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30 julio 2009 4 30 /07 /julio /2009 08:02
Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

El Concepto de “Espacio Geográfico”

en la Red Internacional.

Ensayo, 2009 (2/20)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 05 ago  09.

 

Introducción (2/6)

 

                              A lo largo de nuestros estudios profesionales en Geografía, pasamos de esa equívoca y confusa noción de la Geografía como “ciencia de los fenómenos”, a la Geografía “ciencia de la planificación geoeconómica regional”, al final, sobre la base de aquella misma concepción martonniana.  Hasta que en 1979, simplemente; al igual que todos los teóricos de la Geografía que hasta entonces habíamos consultado; nos detuvimos a preguntarnos: <<¿Qué es la Geografía?>>, para darnos a nosotros mismos una respuesta que no obteníamos con rigor científico de ninguna fuente.

 

                             Nuestros profesores simplemente no se ocupaban en discutir el punto, se partía en todo sin ninguna base de definición teórica de por qué y para qué se hacía todo ello.  Hasta que alguna vez (era el tercero de diez semestres de la carrera), por fin una profesora, a nuestra insistencia, se dio un tiempo en su clase para explicar su opinión con la más agradable sencillez y candor, que muy bien refleja aquel estado de cosas; empezó diciendo: <<Bien, les voy a comentar cómo me explico yo todo esto; en realidad uso un “truquito”, por el que entiendo a la Geografía...>>, y a continuación escuchamos por primera vez la definición de Emmanuel de Martonne; no venía como una definición formal, sino como un candoroso artilugio cuasi mágico, en calidad de recurso autoexplicativo, pero, ¡por fin había algo!  Y ese “algo” ya estudiado de muchas fuentes, fue por mucho tiempo, aun cuando insistentemente criticado por nuestra parte; hasta que a fines de ese 1980, inconformes con los resultados de nuestra tesis de Licenciatura; habiendo fallado ese intento de fundamento riguroso a todo ello; hicimos la siguiente reflexión sobre la definición de Emmanuel de Martonne:

 

                              “Geografía: ciencia del estudio de los fenómenos tanto naturales como sociales, considerados en su distribución en la superficie terrestre, de sus causas y sus relaciones”.  Ciertamente se planteaba como una ciencia del “estudio de los fenómenos”; pero el gran equívoco, estaba en no reflexionar que ello es condicional; esto es, que no es el estudio de los fenómenos como tales, sino únicamente en tanto “considerados en su distribución en la superficie terrestre”.  Pero disociar una cosa de la otra, ciertamente, no es evidente.  Pero con ello, dimos el paso esencial.

 

                             El factor que introducía el equívoco estaba precisamente en el concepto que define uno de los criterios esenciales del hacer científico: la causalidad.  Entendido que el asunto era la distribución en la superficie terrestre, la causalidad no sería del fenómeno, sino de esa distribución y relaciones físicas externas mismas.  Y en ese punto nos saltó la chispa.

 

                               Lo que estaba en consideración, según Emmanuel de Martonne, eran apenas tres propiedades espaciales: distribución, superficie, y relación; y este es el otro factor que, minimizado apenas como marco de referencia, contribuía a la confusión.

 

                               La lógica dialéctica nos había enseñado que, primero, definir algo es señalar sus propiedades más generales y esenciales; y segundo, que, en consecuencia, a lo limitado de esas propiedades espaciales, no había que hacer la enorme e interminable lista de propiedades particulares para completar a satisfacción la definición, sino, por lo contrario, generalizarlas en un concepto superior, en este caso: el espacio.  Infortunadamente no recordamos el día que por fin lo descubrimos, pero debió ser “un buen día, a fines del año del señor” de 1980.

 

                              La manera de considerar los fenómenos en geografía, no era en su causalidad como tales (para lo cual hay el especialista propio), sino era en la causalidad de sus propiedades espaciales.  O simplemente dicho, de lo que nos dimos cuenta que en esencia trataba la Geografía, era del estudio del espacio, en particular, el espacio terrestre.  Y todo dio un vuelco en 180º para siempre, habíamos encontrado lo que por mucho tiempo estuvimos buscando.  A partir de ahí; de haber definido claramente la categoría esencial del conocimiento geográfico y con ello el objeto de estudio que por un lado le daba una identidad propia a la ciencia de la Geografía, y por otro la deslindaba tajantemente sin lugar a confusión de toda otra ciencia; nos fue relativamente fácil aportar en nuestra tesis de Licenciatura, el fundamento teórico-metodológico científico de la Geografía; tesis que titulamos: “Geografía: Fundamento de su Teoría del Conocimiento” (Tesis, UNAM, México, 1983); la primera tesis de geografía teórica, en 135 años de vida institucional de la Geografía en México.

 

                             Por esos curiosos azares de la historia, en esas mismas fechas habíamos ingresado como docente a la Universidad Autónoma Chapingo (UACH); en donde durante el año 1981 estuvimos redactando nuestra tesis, y todo 1982 dudando en presentarla; porque simplemente nosotros mismos no creíamos en lo que habíamos descubierto dado el drástico giro que representaba, y que le daría un vuelco a todo lo hecho hasta entonces; y de ahí que, presionado por otras razones, la entregué a fines de ese año y se programó el examen para febrero de 1983.

 

                              En nuestra estancia en la Universidad de Chapingo, no obstante estudios superiores, compartimos la docencia en ese entonces con un profesor de Geografía para la educación básica, egresado de la Escuela Normal Superior, con el que, impensadamente, habríamos de compartir la caracterización de la Geografía en México años después; concretamente, de la década de los años noventa del siglo XX, a la primera década del siglo XXI: el Prof. Javier Castañeda Rincón, a quien, entre otros, no sólo tuve el gusto de comunicarle verbalmente todo lo que estaba haciendo de tiempo atrás, sino, finalmente, satisfecho y orgulloso, le obsequié un ejemplar de mi tesis de Licenciatura.  Y ese hecho, años después, cambió la historia.

 

                                   En su estricta cronología, en su momento, ya habrá lugar para volver a ello; pues, quod fecit quisque tuetur opus (cada uno defiende la obra que realizó, Ovidio).  De pronto (en nuestra siguiente entrega), caractericemos la Geografía en México en la década entre 1982 y 1992.

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30 julio 2009 4 30 /07 /julio /2009 08:01
Cliché Espacio Geográfico, Revista 2010

 

El Concepto de “Espacio Geográfico”

en la Red Internacional.  Ensayo, 2009 (1/20)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 30 jul 09

 

Introducción (1/6)

 

 

                              “Decíamos ayer...”; la Geografía es la ciencia del estudio del espacio, en particular, de ese meso-espacio entre el macro-espacio cósmico, y el micro-espacio cuántico: el espacio terrestre.

 

                              El estudio del espacio terrestre a lo largo de la historia, expuesto en sus hitos determinantes, parte desde el mapa de Anaximandro, a la medición de Eratóstenes y las representaciones rigurosas por Hiparco y Ptolomeo.  Su estudio en el México moderno, por su parte, se inicia en el siglo XVII con Carlos de Sigüenza y Góngora, el primer mexicano en hacer un mapa, en aquel entonces, de la extensa Nueva España; como así lo demostró Miguel Sánchez Lamego en 1955.  Evidentemente, el contenido de ninguno de esos mapas, pudo representarse sin los datos recogidos en las Relaciones Geográficas.

 

                             El estudio del espacio terrestre o geográfico en el siglo XVIII, estuvo caracterizado por los trabajos de José Antonio Villaseñor y Sánchez (hacia mediados del siglo), en donde el principal esfuerzo del trabajo geográfico se centró, dada su necesidad, más en la actualización de las Relaciones Geográficas del siglo XVI, que en el objetivo: la obtención de la Carta General de la Nueva España, como la representación de ese espacio geográfico.

 

                             En el curso de ese mismo siglo XVIII, aparece la persona del José Antonio de Alzate y Ramírez, quien, viéndose privado en lo exhaustivo de las Relaciones Geográficas levantadas apenas unas décadas atrás por Villaseñor y Sánchez, no obstante, se centró; a diferencia de éste; en la obtención de esa Carta General de la Nueva España.

 

                              En el curso de ese mismo siglo, vinieron a estas tierras, provenientes de España (nos dice la investigadora María del Carmen León García, del Colegio de México, en Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales; Universidad de Barcelona; Vol. X, núm. 218 (55), 1 de agosto de 2006; http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-218-55.htm); más de 70 Ingenieros Geógrafos Militares, la presencia de los cuales se dio, principalmente, con motivo del las reformas borbónicas para la modernización del reino, entre 1760 y 1790.

 

                             Al iniciar el siglo XIX se tiene la presencia de Alejandro de Humboldt y su trabajo sintetizado en su Ensayo Político del Reino de la Nueva España, una magna Relación Geográfica que nutrió el análisis del espacio geográfico en buena parte de ese siglo; lapso en el cual, ya en el México independiente, aparecen la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (1833; originalmente como “Instituto Nacional”), la cual elabora la Carta General de la República de 1850; se crea, una década después a la fundación de la SMGE, los estudios institucionalizados de la Ingeniería Geográfica en México; y con sus egresados, bajo la dirección de Pedro García Conde desde el Ministerio de Fomento, se impulsaron los trabajos cartográficos de Antonio García Cubas, e históricos de Manuel Orozco y Berra, que reúne los materiales para una historia de la Geografía en México; y, finalmente para este siglo, se forma la Comisión Geográfico Exploradora (1877-1914).

 

                             El siglo XX, más diverso y complejo, debe dividirse en varios períodos particulares: 1) el caracterizado por el Ing. Pedro C. Sánchez; fundador del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH); de una Geografía en el ámbito de la Facultad de Ciencias de la Universidad, con una influencia meteorologista, entre los años veinte y treinta; luego, 2) el período caracterizado por el Dr. Jorge A. Vivó, de una renovación de la Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM; con una herencia meteorologista-climatologista, y con un renovado énfasis demográfico-etnografista, retomado de fines de los cuarenta y principalmente ya en los años cincuenta; 3) el período de los años sesenta a setenta, caracterizado por los trabajos del Dr. Ángel Bassols Batalla en el campo de la Geografía Económica, y del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, en la Geografía de la Salud.

 

                              Dados los logros en la economía socialista basada en la planificación geoeconómica regional, ello fue lo que en ese momento caracterizó a la Geografía, ya en la segunda mitad de los setenta, como ciencia de la planificación geoeconómica.

 

                              En este estado de cosas estaba la Geografía en México, cuando ingresamos al Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, en 1975; heredando y retomando esa mezcla de la Geografía como “ciencia de los fenómenos tanto naturales como sociales considerados en su distribución en la superficie terrestre, de sus causas y relaciones” (Emmanuel de Martonne); y, diríamos, dirigida a la planificación geográfico-económica regional.  Que a poco sometimos a severa crítica ante la ausencia de un fundamento teórico-metodológico formal y rigurosos en tanto ciencia; comenzando así un largo proceso de su elaboración por nuestra parte, que intentó culminar en nuestra investigación de tesis de Licenciatura.

 

                                 Al iniciar nuestra investigación de tesis de Licenciatura en 1979 con todos los materiales de crítica, teóricos e históricos que habíamos reunido incluso desde un año antes de ingresar a la Facultad cuando y habíamos decidido estudiar tal carera, nuestra intención primera fue aportar el fundamento teórico científico formal de todo ello.

 

                                 Para 1980, habíamos llegado a la conclusión de que en la lógica del “estudio de los fenómenos”, ello daba un consiguiente falso.  Y en el deseo de un resultado positivo, tuvimos que replantearnos nuevamente la investigación de la tesis.  Y para ello, había que someter a crítica aquella definición clásica de Emmanuel de Martonne, que venía del siglo XIX; o, por lo menos, hacer una reflexión más detenida y profunda sobre ello...  Y esto último fue lo que hicimos... (lo cual analizaremos en la siguiente entrega).


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27 julio 2009 1 27 /07 /julio /2009 16:49

Clich--Filosof-a 
                                                    De la Relación Sexual Entre los Sexos,
                                                                              a su Relación Ético-Estética

      Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

 http://espacio-geografico.over-blog.es/;

México, 27 jul 09. 


 De la relación sexual de los sexos, a su relación social ético-estética; luego de mucho pensarlo, creemos que eso es, finalmente, lo que sintetiza el problema esencial que la lucha feminista ha enfrentado, entendiéndolo desde el punto de vista existencialista.  Aquí haremos una consideración acerca de lo mismo, pero desde un punto de vista marxista, dialéctico-materialista, y del que –a nuestro parecer– todos debemos y habremos de hacer conciencia.

 

Hace cerca de quince años planteaba a los estudiantes un ejercicio, y preguntaba primero a los hombres, y luego a las mujeres, lo siguiente: ¿En nombre del amor –lo que eso signifique, que siempre será lo más bello–, desearían que el ser que les ame se les entregue en esclavitud, lo que literalmente eso significa?  Ellos, en la plenitud de la barbarie, respondían: ¡Sí, claro que sí!..., y ellas, con una alta eticidad, respondían tajantes: ¡No!

 

Luego les hacía la segunda pregunta planteando las cosas al revez: ¿En nombre del amor –lo que eso signifique, que siempre será lo más bello–, estarían en la disposición de entregarse en esclavitud –lo que literalmente eso significa–, al ser amado?  Ellos, casi molestos: ¡No!  Y ellas..., ellas..., bajaban la vista, sonreían con pudor, y con timidez respondían final y suavemente: no, <<con ese “no” de todas las niñas>> (jóvenes veinteañeras).  Quince años después cambió drásticamente ese escenario, lo cual es motivo de un comentario aparte.

 

Luego, por supuesto, me hacían las mismas preguntas a mí, y yo, a que una mujer que me amase se me entregara en esclavitud, respondía “suavizando” la barbarie echando a volar su imaginación: ¡guauu, sí, claro que sí! (todos, hombres y mujeres, reían complacidos).  Y a la pregunta de mi entrega en esclavitud, decía yo con un dejo de exquisitez: ¡guauu, sí, claro que sí! (ellos, exclamaban incrédulos y desaprobando; ellas..., ellas..., se quedaban admiradas y complacidas).

 

Luego venía la explicación en que fundaba esas respuestas: una explicación gráfica, en caricaturas, del concepto dialéctico materialista de Libertad; esto es, de la conciencia de la necesidad.  En síntesis, que siendo el amor un sentimiento asociado a una necesidad tan esclavizante como la sexual, la conciencia que se tenga de lo que significa esa esclavitud: la entrega mutua que ello impone, total, plena, absoluta e incondicional al ser amado, y por propia voluntad, otorgará la libertad.  Que siendo mutua, otorgará la mutua libertad.

 

El planteamiento contrario es la definición de la filosofía existencialista del concepto de Libertad: la posibilidad en la voluntad, independientemente de los demás seres humanos.  De donde resulta, para esta filosofía, un total y absoluto contrasentido entender el esclavizante sentimiento de amor como la necesaria entrega total, absoluta e incondicional, sino más bien, justo, como lo contrario, es decir, como la más plena independencia de un ser al otro (y ello explica todo el planteamiento feminista, de origen existencialista, como una “relación afectivo-sexual”).

 

*

 

Ubicados en la filosofía dialéctico-materialista, lo que habremos de entender es, en consecuencia, que una cosa es la relación sexual entre los sexos;  dada por la más elemental y primaria necesidad, natural, instintiva, con toda “su barbarie”; y otra cosa es la relación social en su forma ya económica, política, o ético-estética entre los mismos, dada, y sólo dada ésta, como condición de la más plena conciencia social y moral.

 

Interpretar indiscriminadamente las relaciones entre los sexos sin apego a las leyes de correspondencia en cada caso, implica un doble error: de reduccionismo cuando la relación social se interpreta bajo patrones de relación sexual, o de falsa generalización, cuando lo sexual se interpreta bajo condiciones sociales.

 

Así, si interpretamos la relación sexual entre los sexos bajo sus propias leyes de correspondencia (las simples del instinto primario); como hombre no podría esperarse sino la más plena entrega de la mujer en esclavitud, es decir, con la más absoluta sumisión, para (en la más plena barbarie), poder poseerla, gozarla y disfrutarla sin restricción alguna.  Como mujer, cabría pensar que lo esperable de su entrega (misma que ha de darse por propia voluntad y como condición necesaria si no ha de entenderse una situación forzada), habría de ser la acción pasiva de ser poseída, gozada y disfrutada sin restricción alguna.  Apenas atenuado todo ello ya por los tabúes culturales, o bien por ciertos ineludibles prejuicios existentes en todos (o en lo inverso, llevado a extremos de lo no-común en lo que se conoce como sado-masoquismo, que calificaríamos socialmente de “perversión”).

 

Mas si interpretamos la relación social entre los sexos, por ejemplo, en el ámbito de lo económico, esa entrega sexual no podría interpretarse mas que como un asunto de comercio, esto es, prostitución; por lo tanto, la relación social económica entre los sexos, es en realidad, independiente de la condición del sexo mismo.  Cada sexo no es, económicamente, sino fuerza de trabajo cualificada, que dependiendo de las necesidades de la producción y la ganancia, habrá de ser considerada ya en mejores, o ya en peores condiciones.  Ese mundo económico-social que se aplica indistintamente al sexo, pero enfáticamente en relación con la cualificación de la fuerza de trabajo; particularmente dicho en nuestra sociedad capitalista de despiadada explotación; es liberación de la mujer respecto a su necesaria sumisión en la relación sexual, pero nueva esclavitud en la relación económica, incluso hacia otras mujeres que operan como mandos o en calidad patronal.

 

Otro tanto ocurrirá en otras formas de relación social; como en la relación política, donde la mujer alcanza aún mayor libertad; y ahora, de la esclavitud dada en la explotación asalariada, se convierte en dirigente, subordinada a un orden legal, pero potencialmente con la conciencia de la necesidad que le hará alcanzar en una participación social o de masas, mayores grados de libertad.

 

Pero la más elevada expresión de la relación social entre los sexos, ahí donde ambos alcanzan una más plena libertad (ese proceso de liberación no es, como el feminismo cree, exclusiva de la mujer, sino mutua), es en la relación moral entre éstos; más exactamente dicho aún, en la relación ético-estética entre los sexos.

 

En tanto la Ética, la ciencia de la moral, enseña los fundamentos de la obligatoriedad del deber ser en la relación moral, ciertamente, dada por las costumbres socioculturales; en donde el principio fundamental de toda moral es la existencia del otro que determina nuestro deber ser; en la relación moral entre los sexos, el hombre (la parte masculina, y dada su genética) no tiene más razón de ser que estar al servicio de la mujer (la parte femenina, y dada la genética de ésta, es decir, objetivamente por cómo nace, no subjetivamente por cómo se hace; así, si la mujer ha de ser un “producto sociocultural” lo es en este sentido, esto es, objetivamente por las razones naturales que obligan a su trato desigual, pero necesaria y moralmente equitativo, justo, en lo cual su ser sea humanamente digno; y no subjetivamente por una arbitrariedad de costumbre); al punto de sacrificar el hombre obligadamente su vida por ella; independientemente de cuál mujer sea; pero con mayor razón (aun cuando la obligatoriedad moral se la misma), cuando esa mujer, es la mujer amada.  En la relación moral entre los sexos, la mujer alcanza la más plena libertad e identidad como mujer en su condición de deidad venerada.

 

Pero si la relación moral aparentemente ya dio la condición más elevada en el proceso de identidad no sólo de lo masculino, sino principalmente de lo femenino que aquí interesa, la relación estética la hará sublime.  La Estética es la ciencia acerca de lo bello y el arte, enseña las leyes de la percepción sensible que enriquece la naturaleza humana; y así, en la relación estética entre los sexos, estará involucrada la percepción sensible de lo bello en dicha relación, y del acto creativo de la misma (en realidad así debería ser, pero nuestra sociedad aún no alcanza esos grados de desarrollo, y antes al contrario, en los últimos veinticinco a treinta años ha venido perdiendo precisamente en su condición humana); pero es en la relación estética de los sexos donde uno crea al otro, en donde ambos se crean mutuamente reconociendo en la belleza y perfección de la otra parte, la propia perfección y belleza.  El otro, respecto del hombre, ciertamente es la mujer; pero el otro, respecto de la mujer, lo es también, en ese segundo plano, el hombre.

 

En lo ético, toda la condición de la existencia y la vida se pone en función del otro en la más plena y absoluta entrega (del hombre a la mujer o de la mujer al hombre); en lo estético, no puede dejar de reconocerse al otro como a uno mismo, perfeccionado y realizado (es decir, en donde uno encuentra su ser humano real); el otro, la otredad o la alteridad, se convierte así en el alter ego, el “otro yo”.  Es por ello que en la relación ético-estética entre los sexos, no sólo la mujer (lo femenino), sino el hombre (lo masculino), alcanzan; en la conciencia de la necesidad de su mutua entrega por propia voluntad, total, plena, absoluta e incondicional; su más sublime libertad.

 

*

 

Así, en conclusión, no es siendo ajenos o “independientes” al otro como cifraremos nuestra propia libertad; por lo contrario, en ello está la más terrible esclavitud.  Un indicador de lo mal que nuestra sociedad está en este tema, es cuando al contraer matrimonio se suele decir, paradójicamente con feliz emoción, que con ello “se perderá la libertad”.  El matrimonio aparece así como un acto de “sublime sacrificio”, por no más que el placer sexual de la reproducción.  ¿Y quién puede soportar toda una vida, la eternidad misma que el sentimiento de amor supone, en esclavitud?  El amor debe entenderse como libertad, en la cual el ser humano se hace un ser humano real, no como esclavitud que justo le arrebata la más elemental condición humana.  ¿Cómo explicar entonces la dignificación humana en el matrimonio?

 

Paradójicamente, hemos visto, la libertad supone la conciencia de la necesidad de la más profunda entrega mutua.  En ese sentido, ese “rol inferiorizado” que el feminismo atribuye a la mujer, es en realidad la expresión de un alto sentido ético-estético en ella: ese aparente sacrificio en la esclavitud en que se entrega toda la voluntad propia al otro.  El rasgo más esencial del “machismo”, es precisamente la falta de correspondencia moral y estética del hombre hacia la mujer en esa entrega subordinada, dejando con ello el acto de sacrificio de manera unilateral, y por lo tanto, haciendo del mismo algo real que no anula en la reciprocidad.

 

La realización de la mujer (como la del hombre), no puede ser sino realización social humana (es decir, en sociedad, no de manera individual; y en la dignificación humana).  El que la mujer sea un ser humano real, no se reduce, pues, a su realización biológica en la procreación; esa es sólo su realización más básica.  Su realización más plena, es su realización ético-estética.  Y si alguien ha estado totalmente alejado de ello hasta ahora, ese ha sido precisamente el hombre; pero si alguien ha estado lo más cerca de ello, esa ha sido precisamente la mujer (el feminismo, impensadamente, ha hecho que se diera marcha atrás en ello; dicho desde el punto de vista marxista, o por o menos, desde el punto de vista de este análisis que se pretende en ello).  Es este sistema socioeconómico capitalista, otrora  en sus luchas contra las monarquías feudales, progresista y revolucionario, lo que nos oprime mutuamente a hombres y mujeres por igual.  Aun cuando, ciertamente, como individuos, preparando incluso las condiciones sociales del futuro, y concluyendo esta disertación, debemos recuperarnos (ahora ambos sexos), en ese desarrollo ético-estético.

 

Finalmente, pues, justo por esa razón ético-estética, a la pregunta de Sartre a Simone de Beauvoir de: ¿Qué significa ser mujer?...; obviamente, toca a ella decirlo; pero, fundado en el razonamiento filosófico aquí elaborado, por lo tanto más allá del sentido romántico literario que pueda tener nuestra opinión –que sin duda también lo tiene, no por nada la belleza estética del análisis filosófico–, reciban aquí la misma: la mujer significa..., todo.

 


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26 julio 2009 7 26 /07 /julio /2009 08:00

Clich--Educaci-n--Posgrado-Educaci-n

Círculo de Empatía en los Grupos Académicos
y sus Implicaciones.  Artículo, 2009.

 

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica de Geografía Teórica;

http://espacio-geográfico.over-blog.es/,

México, 26 jul 09.

 

 

Este artículo que hemos titulado el Círculo de Empatía en los Grupos Académicos y sus Implicaciones, es resultado de toda nuestra experiencia docente en educación superior universitaria (unos 20 años acumulados), en la observación del comportamiento de los subgrupos de estudiantes, al interior de un grupo académico.

 

Esto es, que, en todo grupo académico, hay, invariablemente, en primer lugar, un pequeño subgrupo de estudiantes que, en un lenguaje verbal, no-verbal, y de ubicación en el “espacio de poder” de un aula, expresa su más amplia simpatía con el docente.

 

De la misma manera y en aproximadas proporciones numéricas, hay un subgrupo que, por todo lo contrario, expresa su más profunda antipatía para con el docente.

 

Entre esos dos extremos existe el ámbito de estudiantes cuya actitud característica es la apatía.  Mas hay dos tipos de apatía que se expresan entre estos: 1) aquella simple de indiferencia e indolencia total; y 2) aquella compleja que en realidad representa una actitud critica hacia el docente; en ella, el estudiante está sometiendo a juicio al docente de manera callada y con una actitud a veces tan severa, que en ocasiones lo hace aparecer como el más conflictivo entre los del sector de antipatía, siendo en realidad todo lo contrario.

 

                     Círculo de Empatía                    

 

                             Docente                                        

 

 

                           Estudiante 


 

El Aula y sus Dominios Territoriales

            Salón de Clases Ideal

 


                                                  Toda esa empatía manifiesta en esas variantes, se expresa predispuesta desde el primer día de clases; es decir, se da en el estudiante, en principio, independientemente del docente; y queda explícita por el lugar que ocupa en el aula: en la simpatía, ya lo más posible cerca y de frente al docente; en la antipatía, ya lo diametralmente opuesto y más alejado; y en la apatía, en el espacio central que queda por exclusión; y dicho así, porque el poder que ejercen los otros dos sectores en enorme, y claramente “definen su territorio”.

 

                                                 Sobre la marcha es posible que se dé un reacomodo una vez que se da el trato con el docente, y así como unos podrán alejarse particularmente en esa clase, otros podrán acercarse; y a veces ese alejamiento o acercamiento no llega a ser necesariamente físico, sino muy sutil en la relación académica.

 

Y decimos “en esa clase”, que representa la presencia particular de un docente; pues apenas cambia el mismo, el escenario se modifica; al principio siendo ese arreglo en lo físico, pero conforme avanza el calendario escolar, los lugares se estabilizan y las modificaciones son sólo en lo más sutil, al punto que los estudiantes que suelen odiar a un docente “A”, luego muestran su mayor aprecio por “B”; pero justo al mismo tiempo que los que odian a “B”, aprecian a “A”.  De ahí la importancia de la primera sesión, y luego de la observación de las posteriores.

 

Es decir, que es muy difícil que haya un docente que sea igualmente apreciado por todos de manera absoluta, lo mismo que odiado por todos de manera absoluta (casos excepcionales extremos).  Y estas situaciones se hacen preocupantes para un docente, en tanto que pudiera darse el caso de ser interpretado como indicador de ser un “buen” o “mal” docente; y está claro que el odiado no necesariamente es “mal docente”, como el apreciado no por ello tampoco será “buen docente”; es decir, que sólo lo son de manera relativa, o dicho de otra manera, en relación con un determinado subgrupo de estudiantes y sus características; y así, preocúpese el docente que es apreciado y rodeado por los malos estudiantes; como satisfágase aquel que se ve rodeado de los buenos estudiantes.  Ambos serán juzgados simultáneamente como “buenos” y “malos” docentes, pero no en sí mismos, sino en relación con el tipo de estudiantes que los enjuician.

 

Ocurre que hay el “buen docente”, que hace pensar críticamente a sus estudiantes, y por definición, inevitablemente, los polariza; y en esa polarización en que unos se duelen, atrae sobre sí todo el odio más infinito de unos (pocos), que piden su desaparición de la faz de la Tierra; como todo el aprecio más infinito de otros (pocos), que reclaman que todos sus docentes deberían de ser así; en medio de un mar que en su confusión opta por la indiferencia.  Pero hay también el cual es juzgado a su vez “buen docente”, justo por todo lo contrario: porque no crea “conflicto en el aula”, no polariza a los estudiantes; al contrario, los estandariza sin causar dolor en nadie; juzgado así porque nadie dice no sólo nada mal de él, sino incluso no dice nada, y quizá más bien, en su caso, todos se expresan favorablemente.  El “buen docente” entonces, es un asunto relativo, a criterio de quien lo juzga, según prefiera, como en este ejemplo, el doloroso pensamiento crítico o la anodina estandarización.

 

Ese tipo de estudiantes y su actitud empática, determinará su cualidad, ya de simple “cliente exigente” eternamente inconforme del “servicio” educativo, como de un eventual e independiente autodidacta; o de alumno que se admira y se complace de los conocimientos que se comparten; o como discípulo que incluso se convierte a las ideas de su maestro y lo toma como modelo a seguir.

 

El buen estudiante de un docente dado, por definición, será este último; necesariamente estará principalmente entre los que expresan simpatía; pero también, y soliendo ser los más avanzados, entre los que originalmente expresan cierta apatía crítica, pero que luego de convencerse, llevan su simpatía a la más estrecha relación de amistad con el docente.

 

Finalmente, algo de la mayor importancia pero que no suele ocurrir en nuestras universidades a falta de la comprensión, tanto por docentes como por estudiantes, de esta mística dada en la empatía, es el potencial que ello encierra para la formación, precisamente, discipular; esto es, del estudiante que abreva del docente más allá del aula, e incluso más allá de la escuela y de su misma graduación; lo cual ocurre principalmente en el trabajo de investigación, en donde ese discípulo retoma todos los conocimientos en ese largo proceso, y luego los continúa, llevando adelante las tareas de su viejo maestro.  Y así, no ocurre, no sólo a falta de comprensión de la mística de la empatía, sino también, y simplemente, porque hay una actitud formadora pragmática, utilitaria; de usar y desechar; con un abandono total al fomento a la actitud teórica investigadora.  Y con ello, como otro factor, el daño social aumenta, y nuestro desarrollo científico-técnico se anula, manteniéndonos eternamente en el atraso del subdesarrollo.


 

 
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9 julio 2009 4 09 /07 /julio /2009 22:12

Apuntes Curso:
Desarrollo Sustentable (12)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geogrñafico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica; 
http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 24 ago 09.

  

                                                De la keynesiana “economía regulada”, a la “economía planificada”, no hay mas que un paso..., pero un paso que significa la transición del capitalismo al socialismo; es decir, la desaparición paulatina, por socialmente innecesaria, de la inversión privada capitalista.  No obstante, es un paso y transición históricamente ineludible.

 

                                                No obstante, ello presupone una condición igualmente insoslayable: el paso de la democracia liberal, a una democracia popular.  La democracia liberal capitalista (de demos, pueblo; y kratos, poder; en este caso, literalmente, el poder del pueblo liberal; esto es, en la representación del capitalismo liberal); pero por muy “representativa” que parezca, no estará dispuesta nunca a ceder en sus privilegios.  La sociedad tendrá que ganar en su lucha por una democracia popular así sea capitalista (ahora literalmente, el poder del pueblo popular; en este caso, en una verdadera representación popular aún en el régimen capitalista; esto es, una democracia popular capitalista).  Ello no violenta el sistema capitalista, lo mantiene vivo; más aún, como se suele decir popularmente, lo oxigena; pero ciertamente, lo acerca más a su fin real como un sistema económico-social que ha dado de sí todo lo que podía dar, preparando el paso al socialismo en lo que ya en su momento se caracterizará como una democracia popular socialista.  Tras ésta, en su momento histórico, el socialismo mundial será.

 

                                                 Nuestro momento histórico es, precisamente entonces, el del paso de la democracia liberal representativa capitalista, a la democracia popular capitalista (que los grandes capitalistas suelen desacreditar a la vista del pueblo o sociedad, como el fantasma del “socialismo”; lo cual está muy lejos, histórica, económica y socialmente, de ser).

 

                                                  Sólo este régimen de democracia popular capitalista estará en disposición, y será capaz, de redistribuir la renta nacional con mayor beneficio social.  Como “buen capitalismo”, no obstante, la desigualdad social y las crisis continuarán, pero con menor impacto; debido precisamente, al mayor énfasis en la regulación económica llevada a formas de planeación o planificación.

 

                                                   La planeación en su origen (1920), fue económico-social; apareció como premisa necesaria del modo de producción socialista, en el cual, no produciéndose para el mercado, se hace para surtir, equitativa y armónicamente, de bienes materiales a la sociedad.

 

                                                   La planeación se funda en cinco principios básicos: 1) determinar un conjunto de indicadores básicos; 2) Compatibilizar los indicadores básicos en todos los niveles; 3) articular los planes por sectores, regiones y niveles; 4) armonizar los aspectos económicos y sociales; y, 5) prever alternativas.

 

                                                    A partir de ahí, mediante dichos planes quinquenales, la URSS obtuvo el desarrollo económico que la llevó a ser una gran potencia, y más aún, eludiendo en su economía las recurrentes crisis económicas inherentes al capitalismo; y, como consecuencia, casi de inmediato, a partir de los años treinta, se trató de emular tal sistema en la economía capitalista, mediante el modelo de economía regulada (o keynesiana).

 

                                                  Evidentemente, esa planeación económico-social en la economía capitalista es imposible (cada capitalista trabaja para sus propios fines), pero se exploró con ello la posibilidad de eludir la sobreproducción y las crisis cíclicas, que tampoco logró evitar.

 

                                                   Pronto a esa planeación distinta en la economía capitalista se le denominó planeación operativa (1940-1960),  cuyos fines eran los casos particulares de ciertos sectores de la producción.  Pero, a partir de los años sesenta (y hasta principios de los setenta en que aún se creía en su posibilidad), pasó a llamarse planeación estratégica, en función de proponerse fijar ciertos objetivos a corto y largo plazo.

 

                                                   De entonces a la fecha, la disciplina de la Administración reconoce el valor del concepto de planeación, y lo adopta exclusivamente para el desarrollo empresarial, a manera de prospectiva; es decir, no a partir de la toma de decisiones ni pronósticos, sino de expectativas estimadas.

 

                                                   En el siglo XXI, con ya casi 6,500 millones de habitantes, el deterioro ambiental que hemos visto en este curso, las crisis económicas y carencias de empleo, salud, educación, recreación, etc; la sociedad no puede seguir organizando su economía según los intereses de unos cuantos capitalistas, sino en función de los intereses mismos de la sociedad.


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9 julio 2009 4 09 /07 /julio /2009 22:11

Apuntes Curso:
Desarrollo Sustentable (11)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica; 

http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 24 ago 09.

  

                                                 Para terminar, veamos un poco la alternativa de la reorganización social bajo un modo de producir sus bienes materiales, determinado no por el mezquino interés de riqueza de unos cuantos que, en este caso, comercializan con los recursos naturales, sino por la distribución de la riqueza socialmente generada, en beneficio de la misma sociedad.

 

                                                 Hemos visto la ley que genera la riqueza social: la ley de plusvalía:

 

 D - M - D'

 

                                                Hemos visto cómo en función de ella, circula el capital dándose la acumulación del mismo:

 

 D1 - [MP+FT] - P - M - D' - Acumulación de Capital - D2

 

                                                 Y más aún, hemos correlacionado a ello la ley de distribución de capital o distribución de la renta:

 

D1 - [MP+FT] - P - M - D' - Acumulación de Capital - D2 - [%IC, %R]

 

                                                 Finalmente, considerando una elemental lógica de distribución de la inversión, hemos visto que, luego de un capital acumulado el cual representa el 100 %, de acuerdo a los estándares internacionales, suele asignarse en promedio un 30 % de ello a Reposición de Capital (maquinaria, equipo, nueva tecnología, instalaciones, plazas), quedando entonces un 70 %, que es finalmente lo que significa el concepto de “renta” o ganancia, de la cual, se distribuye un 30 % a salarios en el pago de la fuerza de trabajo, y el resto, el 40 %, queda como ganancia neta para el inversionista:

 

 D1 - [MP+FT] - P - M - D' - Acumulación de Capital - D2 - [%IC, %RN{FT, Dividendos]

 

                                                 Hasta ahí, sin más, dicha distribución pareciera ser razonablemente justa; pero sólo hasta que consideramos cuántos son unos, y cuántos son otros.  Es decir, que, por ejemplo, en el caso de la Renta Nacional, el 30 % sería para la clase trabajadora: dicen los economistas, 17 millones familias, que en total significarían unos 85 millones de habitantes.  En tanto que el 40 %, sería para la clase empresarial: unas 3 millones de familias, que representan unos 15 millones de habitantes.

 

                                                 Cuando ya se piensa en que el 30 % se reparte entre 85 millones, y el 40 % sólo entre 15 millones; entonces se ve la desproporción en la distribución de la riqueza, que aunado a la acumulación de capital, explica por qué los ricos son cada vez más ricos, y los pobres son cada vez más pobres.

 

                                                 Y, bajo el modelo económico neoliberal en que el Estado deja libre juego al capital y se desresponsabiliza de la suerte de la sociedad, vemos entonces que ese 40 % de riqueza socialmente generada, no tiene restricciones para salir del ámbito de la circulación de capital, yéndose a depositar en la Banca extranjera (por ejemplo, suiza), o invirtiéndose en los llamados “paraísos fiscales” (por ejemplo, las Islas Caimán).  La nación se sostendría entonces con la reinversión de un 30 % del capital; si es que en realidad esa fuese la inversión en reposición de capital, la cual al parecer, es apenas de un 10 %, para el mínimo de mantenimiento y reposición de maquinaria y equipo, lo que explica la falta de generación de empleo.

 

                                                 Por las leyes de plusvalía, de circulación de capital y de distribución de la renta, queda demostrado que el modelo neoliberal, si funciona, lo hace muy bien para beneficio de unos cuantos (3 millones de familias), pero en perjuicio de la gran mayoría (17 millones de familias).  ¿Hay alguna alternativa más racional y justa socialmente?

 

                                                 Pudiera pensarse en un modelo “neokeynesiano”, en donde nuevamente el Estado regule la economía a partir de una Banca Nacional y del control de los principales sectores de producción.  Pero el hecho es que el modelo también ya demostró su fracaso, dada la ley general de la tasa decreciente de ganancia; por la cual el capital compite adquiriendo nueva tecnología y optimizando el proceso productivo, con la generación de cada vez mayor producción y su monopolio, hasta el punto en que, justamente, tiene lugar la sobreproducción de mercancías, lo cual genera las crisis cíclicas del capital.

 

                                                 Sin embargo, el modelo tiene una ventaja: la acumulación de capital en manos del Estado, no puede salir de la esfera de circulación de capital, por lo que necesariamente se redistribuye, ya como real inversión de capital centrado en la generación de empleo, ya como beneficio en bienes materiales para la sociedad.  ¿Habrá, pues, alguna variante en este modelo, que de estabilidad en el desarrollo social?: Sí, la inserción de una economía planificada.


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9 julio 2009 4 09 /07 /julio /2009 22:10

Apuntes Curso:
Desarrollo Sustentable (10)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;  http://espacio-geografico.over-blog.es/.

México, 27 ago 09.

 

                                                El ejercicio de la Tabla de Concordancias (Apuntes.  Curso: Desarrollo Sustentable (5)), implicaba la consulta de documentos por Internet, para evaluar, a través de ellos, los resultados de dicha teoría desde que 1987 se planteó, instaurándose el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA); y que dos años después, en 1989, se tradujo en el “Programa 21” de la ONU, más conocido como “Agenda 21”.

 

                                                Paralelo a estos trabajos, la misma ONU emprendió, a partir de 1972, la realización de una serie de Conferencias Mundiales Sobre el Medio Ambiente (1ª Reunión, 1972; veinte años después, desaparecido el Bloque Socialista, 2ª Reunión, 1992; cinco años después, 3ª Reunión, 1997; tres años después, 4ª Reunión, 2000; dos años después, 5ª Reunión, 2002; y siete años después, 6ª Reunión, 2009); donde puede verse, por el intervalo entre ellas, al principio, la falta aún de conciencia acerca del problema (eran los años setenta ochenta, la segunda mitad del período de la Guerra Fría); luego, con resolutivos de buenos propósitos y reiteración de compromisos como el “Programa del Milenio” y demás demagogia, en el curso de los años noventa bajo el reino absoluto del capitalismo neoliberal, conforme se agudizaban los problemas económicos, sociales, políticos y ambientales en el mundo, se aprecia un acortamiento del lapso entre dichas reuniones hasta principios de este siglo; para luego volver a expandirse el período, quizá, en mucho, por la prioridad de otros acontecimientos político-militares dados en Medio Oriente y Centro de Asia, hasta que la crisis económica de 2008-2009, y los efectos climáticos ya evidentes, despierta nuevamente la alerta mundial.

 

                                                En cualesquiera de ambas líneas, Las Conferencias Mundiales de la ONU, o la llamada Agenda 21, ha sido evidente la inoperancia y la incapacidad, a poco más de veinte años, ya no se diga de dar solución a la problemática ambiental y todo lo que de ello deriva, sino ni siquiera para atenuar o contener el avance del mismo.

 

                                                Escribir “Agenda 21” en un buscador por Internet y enterarse de esta situación por cualesquiera de los documentos que se ofrecen, es un mismo acto instantáneo.

 

                                               La Agenda 21 está compuesta por casi cuarenta puntos (tareas de los países), en cuatro Secciones: I  Dimensión Social y Económica, II  Recursos Naturales, III  Fortalecimiento de Grupos Sociales, y, IV  Medios de Ejecución (de ellos, sólo recogimos 16 en la Tabla de Concordancias).

 

                                                El estado que guarda el avance de tales tareas es desolador.  El primer dato de ello, es la prácticamente nula posibilidad de medir y evaluar los posibles avances de las tareas; y lo propuesto al respecto, consiste en las centenares y burocráticas auditorias para considerar los “Programas 21 Locales”, que para el año 1996 se esperaba que pudiesen ser ya de 1 millón, y para el 2000 la totalidad.  Y, sin embargo –se nos dice en esos documentos– a poco más de quince años de iniciados los trabajos, las “Agendas 21 Locales” no llegan a 7 mil, de ese propósito de 1 millón ya para 1996), y el 65 % de ellas sólo han funcionado en Europa; y en ésta, no en el ámbito rural, en el ámbito proveedor de los recursos naturales, sino en las ciudades.

 

                                               Todo esto deriva en “verticalidad y burocracia”; en “política de marketing” en la conciencia, y no en una comprensión científica de la problemática y las acciones reales de compromiso; y al final, todo no es sino simulación*; y en ella, las Organizaciones No-Gubernamentales (ONG) de la supuesta participación ciudadana (si bien algo hay de eso), no son, en mucho –habrá sus excepciones como siempre– sino fuentes de ingresos, un “modus vivendi” de sus organizadores, más interesados en la administración del problema, que en su verdadera solución.  Al final, no otra cosa que los vicios naturales del sistema económico-social, en el fondo, la causa real del problema.

 

                                               Una situación desesperanzadora, de ignorancia trágica; pero al fin, parte del proceso de descomposición del capitalismo que ya ha dado de sí todo lo que podía dar.  Ahora preparemos los conocimientos para la transición.  Es en la capacidad de los intelectuales, de los profesionistas, en quienes recaerá, ha recaído siempre necesariamente, la responsabilidad de dar no sólo explicaciones, sino soluciones, frente a la sociedad.  Ya las masas, en su iniciativa histórica, harán lo suyo; tanto más pacífica o violentamente, cuanto más pacífica o violentamente sea la resistencia al cambio. 


*       Al respecto, con las reservas de siempre y del particular caso, simplemente léase “Programa 21”, en es.wikipedia.org/wiki/Programa_21.  Y para más precisión, voltéese a ver alrededor.

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9 julio 2009 4 09 /07 /julio /2009 22:09

Apuntes Curso:
Desarrollo Sustentable (9)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;  http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 17 ago  09

 

Resumen y Conclusiones

a la III Unidad (2).

 

 

                                                   Al revisar a los teóricos del desarrollo sustentable, vimos que, frente al problema real de sus resultados y de su validez o no, se concluye en dos grandes posiciones: 1) recuperar el estado promedio del ambiente habido hasta antes de los años setenta del siglo pasado; y 2) echar mano de la tecnología para “adaptarnos a los nuevos equilibrios”.

 

                                                   En el caso de Albert Gore, se muestra que, con voluntad social y política, es posible recuperar el anterior estado ambiental; sin embargo, observamos que la causa real del problema queda intacto: el uso económico de los recursos naturales en calidad de mercancías (incluso de manera especulativa).  Luego, en el caso de la supuesta solución tecnológica para adaptarnos a las nuevas condiciones; aparte de que en sí misma es y un reconocimiento del fracaso de la teoría del desarrollo sustentable; vimos que si bien ello habrá de ser un recurso necesario, no es, ni con mucho, la solución social real, ni mucho menos en su carácter mundial, dada la enorme desigualdad.

 

                                                     La conclusión, de nuestra parte, es volver a las condiciones ambientales promedio dadas hasta la primera mitad del siglo XX, con independencia de lo que tecnológicamente se pueda hacer; y para ello, más que mera “voluntad” o “disposiciones de ley”, se hace necesario ir a la causa real a fin de modificar ésta, dando lugar a efectos en el sentido deseado.

 

                                                       Tal causa real, hemos visto en el curso, no es otra, en su esencia, que el uso y consumo de los recursos naturales no-renovables en calidad de mercancías.

 

                                                      Para ello, no será suficiente un cambio de “modelo económico” del mismo sistema capitalista, que por su naturaleza esencial mantendrá el problema vivo; sino que será necesario enfilar a una nueva organización social basada en un modo de producir y organizar la economía, de manera muy distinta a la actual.

 

                                                      Esa solución no depende de buenas voluntades ni de complejas elaboraciones tecnológicas; tampoco la misma es una utopía (entendida como un bello anhelo por un mundo ideal, si bien no “irrealizable”, si difícil, casi aparentemente hasta lo imposible, de alcanzar), sino la reelaboración de la experiencia social real dada en el último siglo y medio: un modo de producción, que pone en el centro el interés social, y organiza planificadamente la economía.  Aquí el recurso natural deja de ser mercancía, para ser sólo eso, un recurso natural necesario y suficiente, administrado para el bienestar material de la sociedad.

 

                                                       Suele decirse que esto “se oye bien”, que “difícilmente alguien no podría estar de acuerdo”; pero, al mismo tiempo, que “tal idea no funciona”, que “es inviable”.  Y la paradoja es entonces, por qué si antes llamamos a la buena voluntad social y política y creemos en ella, a pesar del desacuerdo con los intereses económicos de los grandes monopolios internacionales, ahora que aquí “todos estaríamos de acuerdo”, por qué resulta “inviable”.  Acaso porque por el bien de todos (ya casi 6,500 millones de seres humanos) hay que decirles basta, a los grandes intereses monopólicos internacionales de una ínfima minoría (de 100?, 500?, ó acaso en una exageración descomunal, 1000 millones) de seres humanos en el planeta?

 

                                                       Para terminar este Curso, en las próximas clases conclusivas, brevemente examinaremos los datos de esta opción, tal como lo hemos hecho en los casos anteriores.


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9 julio 2009 4 09 /07 /julio /2009 22:08

Apuntes Curso:
Desarrollo Sustentable (8)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica;

  http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 17 ago 09.

 

Resumen y Conclusiones

a la III Unidad (1).

 

                                                   Ha sido este un curso sencillo, quizá hasta lo simple, armado con otra didáctica por cuanto a su planteamiento teórico: la aplicación rigurosa de un silogismo en la exposición y demostración; y, por cuanto a lo práctico, disponiendo por primera vez, como docente, de otro recurso tecnológico para la misma: el empleo de un Sitio Blog por Internet.

 

                                                  Desconcierto para el estudiante acostumbrado a que se le den apuntes; experiencia extraordinariamente interesante como docente, cuya dosificación y contenido de clase se expone, literalmente dicho, a la vista del mundo, quedando expuesto a ser juzgado por quien sea.  Como docente, hay en ello, abiertamente –a reserva de la posible crítica–, un compromiso cumplido.

 

                                                  Puede ser que a los estudiantes de este curso no les haya gustado, que lo desaprueben; se entiende, como futuros Licenciados en Administración de Empresas, su formación es eminentemente pragmática, y este curso quizá no sea para ellos sino elucubración teórica inasible e inútil (de ahí, en parte, un curso simple).  Se impone por ello, un resumen que retoma los orígenes, a fin de que haya una valoración de conjunto más acabada.

 

                                                  Así, ante el tema a tratar: la teoría del desarrollo sustentable (o sostenible, como prefiere la ONU); por la cual definimos la “posibilidad del crecimiento económico-social del mercado (esencia del sistema capitalista), sintetizado en la permanente disponibilidad de recursos naturales no renovables”; nos abocamos inicialmente a una revisión de datos en una investigación preliminar, a fin de informarnos al respecto; y con ello, plantear el problema que encierra dicha teoría, en este caso, definido entonces, como <<la determinación de los límites del “desarrollo sustentable”>>.

 

                                                   Con la información de que disponíamos en ese momento (didácticamente), teníamos que establecer un supuesto previsible a corroborar; esto es, una posible hipótesis, la que, a su vez, de algún modo, contendría la idea central a argumentar en el proceso demostrativo, a lo que se conoce como tesis.  El que la hipótesis contenga a la tesis, es la razón por la cual a este método de demostración se le conoce como hipotético-deductivo; es decir, por el cual, la hipótesis se deriva o se deduce de la tesis, y por lo tanto, la contiene.  Y esa deducción es, de suyo, un procedimiento lógico.

 

                                                  Ese procedimiento lógico (la didáctica de este curso), parte de lo que se conocen lógica como el entimema: un juicio abreviado en el que queda omitida la premisa antecedente del silogismo.  A saber, como quedó planteado:

 

                                                  <<El desarrollo sustentable tiene como límite el desbalance entre la renovación de los recursos naturales y su consumo, lo cual ocurrirá necesariamente en el capitalismo; ya que ello es consecuencia de ser usados como mercancía>>

 

                                                  A partir de ahí, aprendimos cómo reconstruir la premisa antecedente, en este caso: <<En el capitalismo, los recursos naturales son mercancía>>.

 

                                                  Y ello nos dio el esquema del programa del curso: 1) Antecedentes: <<En el capitalismo, los recursos naturales son mercancía>>; 2) Tesis: <<El desarrollo sustentable tiene como límite el desbalance entre la renovación de los recursos naturales y su consumo, lo cual ocurrirá necesariamente en el capitalismo>>; 3) <<Los recursos naturales y su consumo, como consecuencia de ser usados como mercancía>>.  El siguiente paso, fue ir aportando los argumentos de cada premisa dándole cuerpo a la demostración.

 

                                                   Todo lo anterior, incluyendo la premisa antecedente, fue tratado en la I Unidad del Curso.  En la II Unidad, se trató sobre la argumentación de la premisa de tesis, y para tratar de corroborar los límites en el desbalance entre los recursos no-renovables y su consumo, empezamos a considerar un panorama general del estado de los recursos naturales*, en relación, principalmente, con el crecimiento de población; y en segundo lugar, con el problema del deterioro ambiental, como índice de ese desbalance con los recursos no-renovables..

 

                                                    Finalmente, en la III Unidad que aquí concluye, echamos mano de las Tablas de Relación Causal por Concordancias en dos ejercicios, a manera de mera estimación subjetiva, e intentamos la aplicación de las misma para una información más real, a partir de la consulta de datos por Internet, acerca del estado de los criterios empleados en la “Agenda 21” desde fines de los años noventa**.


*       Aspecto en el cual, ciertamente, nos faltó investigación y el recabar datos de una manera más fidedigna y completa.

**       Aquí ya se dependía por entero de la disposición del estudiante para realizar el trabajo (o de otro modo no tendría sentido la didáctica empleada), lo cual no siempre es una expectativa positiva; razón por la cual, en otro artículo haremos unilateralmente nosotros el ejercicio.


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9 julio 2009 4 09 /07 /julio /2009 22:07

Apuntes Curso:
Desarrollo Sustentable (7)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri

"Espacio Geográfico", Revista Electrónica

de Geografía Teórica; http://espacio-geografico.over-blog.es/,

México, 09.

 

 

                                                   De 1960 al año 2000, la superficie cultivada creció en 1’720,000 Km2, pero de ese punto que le representa, al mismo tiempo cada año se pierden 100,000 Km2; tanto por desertificación como por deforestación.  El balance para mantener la producción al ritmo del crecimiento de población, es de un crecimiento que, aparte de recuperar las tierras perdidas, añada 37,500 Km2/año.  Este balance no sólo no se refleja en el Almanaque, sino que en la realidad no hay recuperación real, y mucho menos el necesario a agregar.  De ahí que la tendencia se haya dado en la manipulación genética de los granos, que en breve permitirá incluso hacerlos florecer en el desierto.  Y lo cual quiere decir: 1) que la opción de la “adaptación científico-tecnológica a los nuevos equilibrios”; en vez de la “recuperación del ambiente promedio”; se está haciendo la viable; y 2) que, como lógica consecuencia, en conclusión, tiene que aceptarse entonces que la teoría del desarrollo sustentable no es válida, no funciona, porque de hecho, no ha funcionado.

 

                                                  Y lo mismo se concluiría del análisis de los datos en el caso de los bosques, los cuales representan a la fecha, 40’000,000 Km2 (30% de la superficie total continental); y de ellos, sólo en cinco países se concentra el 50% de los mismos (Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos, y China).

 

                                                  Pero, en su caso, se reporta una tasa de pérdida por deforestación para fines mercantiles madereros, de 130,000 Km2/año.  Ello se compensa por políticas de reforestación de 53,000 Km2/año, que deja una deforestación neta de 73,000 Km2/año  Este aspecto mercantilizado del uso, por lo menos de este recurso, se muestra por la FAO en la siguiente gráfica:

 

 

Fuente: Situación de los Bosques en el Mundo, 2007; Depósito de Documentos de la FAO, Departamento de Montes; ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/009/a0773s/a0773s08.pdf

(autorizado por la FAO al ser usada aquí esta información para fines educativos)

 

 

                                                   Esta situación está asociada a su vez, al régimen de propiedad de los bosques, conforme se aprecia en el siguiente cuadro.

 

 

Fuente: Situación de los Bosques en el Mundo, 2007; Depósito de Documentos de la FAO, Departamento de Montes; ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/009/a0773s/a0773s08.pdf

(autorizado por la FAO al ser usada aquí esta información para fines educativos)

 

                                                  Al relacionar el gráfico anterior (figura 75 en el documento de la FAO), con este último cuadro, salta a la vista la paradójica situación, por demás interesante para explicar, de que a mayor propiedad pública de los bosques, mayor mercantilización de los mismos; e inversa y paradójicamente, a mayor privatización, menor mercantilización.

 

                                                   Lo anterior pudiera ser desconcertante ante lo que hemos afirmado, pero no debe perderse de vista que la “propiedad pública” en los países capitalistas, es propiedad administrada por un Estado burgués, es decir, a su vez, “propiedad capitalista” del Estado.  Ello explica el saqueo de los bosques en las regiones más subdesarrolladas, de África y Asia.

 

                                                   En la siguiente gráfica, en particular del caso del sureste asiático (todo el sur de China), puede verse la tenencia de los bosques en manos de esa abstracción que es el Estado (en este caso de un capitalismo subdesarrollado, por definición, corrupto), en su expresión concreta en la forma de los gobiernos locales a distintos niveles; y en lo cual destaca el hecho de que los grupos comunitarios, o la población indígena, ese pueblo que se supone es representado por el Estado, está despojado de toda propiedad real.

 

 

Fuente: Situación de los Bosques en el Mundo, 2007; Depósito de Documentos de la FAO, Departamento de Montes; ftp://ftp.fao.org/docrep/fao/009/a0773s/a0773s08.pdf

(autorizado por la FAO al ser usada aquí esta información para fines educativos)

 

                                                    Otra vez, tiene que aceptarse ante los hechos, los buenos deseos de las políticas del desarrollo sustentable, son sólo eso: y como tales, como buenos deseos, una justificación de conciencia del sistema capitalista.

 

                                                    Va siendo el momento, pues, de que vayamos sometiendo a crítica lo que históricamente se ha planteado como alternativa.  Lo plantearemos desde la utopía con esos fines ideales máximos: así, si el capitalismo en todos sus aspectos es el causante del deterioro del hábitat mundial, planteémonos por un momento, entonces, cómo podría ser el mundo, el mundo en su totalidad, sin tan horrendo sistema económico-social.  Imaginemos por un momento, un mundo sin capitalismo... ¡Oh, horror vacui...!


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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Educación
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