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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:04

Qué es la Geografía; la Geografía y los Elementos de la Ciencia Moderna: la “Geografía General” de Bernardo Varenio, 1650. Primera Parte (27/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

5 oct 13.

 

Podrá parecer no-creíble, pero, por fin, luego de casi treinta años (27 para ser exactos), y en ese lapso a saber cuántas lecturas, hemos podido entender una obra fundamental para la ciencia de la geografía: la Geografía General, de 1650, de Bernardo Varenio.

 

Por una afortunada apostilla fechada, hecha en la página 92, ya casi al final de su Epístola dedicada a los Cónsules de Amsterdam y expuesta a manera de introducción, en la que escribimos: “¡Vaya, si lo hubiera leído en 1982, pero sólo lo he conseguido [este documento] hasta 1986”!, es que puedo hacer ese conteo de años de lectura.

 

Y es que Varenio divide a la Geografía en dos niveles de conocimiento: uno General (del estudio de la Tierra como planeta en su conjunto), y otro que él llama Especial (del estudio de la misma naturaleza que en lo general, pero restringido a las regiones del planeta), y en dicha cita a la que corresponde la apostilla, Varenio escribe: “…los jóvenes, mientras aprendían lo especial de esta disciplina, ignoraban, en su mayor parte, sus fundamentos, y a la misma Geografía apenas se le podía aplicar el calificativo de ciencia”[1].  Y es de ahí, dice Varenio, de donde se ocupó en elaborar su Geografía General.

 

Si esta cita la hubiéramos tenido en 1982, sin lugar a dudas habría ocupado un lugar preeminente en nuestra tesis de Licenciatura, y por dos razones: 1) el que una disciplina de conocimientos, sin fundamentos teóricos (lo cual fue todo el propósito de nuestra tesis), no puede calificarse de ciencia, por lo menos en el sentido riguroso del término, asunto que muy difícilmente entienden los geógrafos de todos los tiempos, en particular los fenomenistas; y 2) que una geografía de puras aplicaciones, meramente pragmática, tampoco es científica, tal como sigue sin entenderse aún hoy en pleno siglo XXI; y ya dicho por Varenio y no por mí, daba otro peso a lo que estaba afirmando en mi tesis.

 

Tardamos en entender esta obra, primero, paradójicamente, por la desconfianza en el Estudio Introductorio que elabora Horacio Capel en 1974 (un año antes de que ingresáramos a la Facultad para cursar los estudios de geografía).  Habíamos descubierto en nuestra investigación la contradicción histórica fundamental de la geografía dada entre una “geografía espacista” y una “geografía fenomenista”, y ubicábamos a Capel en esta última, tomando entonces con muchas reservas su interpretación de la obra de Varenio (empezando por el término “affectionis”, que él equivale a “propiedades”; cuando para nosotros, primero intuitivamente y luego de su traducción real, derivaba de “afecto”, “cariño”, y significaba, en consecuencia, “influencias”, “relaciones”, o “efectos”, e incluso “relaciones de causa-efecto”); en segundo lugar, porque en sí, el momento histórico que se abre precisamente tanto con Mercator (1569), como con Varenio (1650): el de la Modernidad Ilustrada (que deja atrás la Modernidad Renacentista de la ciencia clásica griega, para, a diferencia de la ciencia clásica de la Antigüedad, inaugurar ahora la ciencia de la modernidad), nos fue difícil entender por su suma complejidad que, ahora lo sabemos, confunde a no pocos y connotados estudiosos de los aportes de esta época.  Pero, en tercer lugar, esencialmente, porque no teníamos, ni existían, las herramientas teóricas en geografía como para poder entender el pensamiento geográfico en Varenio; dichas herramientas conceptuales las tuvimos incluso que elaborar, y en un muy largo proceso que ha comprendido nuestras elaboraciones teóricas hasta hace unos meses.

 

Entender las “affectionis” como “relaciones”, incluso de causa-efecto, alude, en cierto modo, a un atributo espacial en el vínculo entre dos cosas separadas; como “propiedades” de la Tierra, el concepto incide más directamente en la naturaleza de la cosa en sí misma.  Y lo que se explica en esta obra, a nuestro juicio, no son las “propiedades” de la Tierra a manera del estudio de los fenómenos de ésta en sí mismos; sino las “influencias”, o “relaciones de causa-efecto” entre ellos.

 

El aspecto que se plantea no es trivial, tiene qué ver con una interpretación ya fenomenista o bien espacista de esta obra fundamental en la historia del pensamiento geográfico, justo en un momento en que la geografía de la Ilustración tiene un contenido espacista, y la consideración de los fenómenos en esta ciencia, en ese momento, dice Varenio, no son más que “factores”[2] (celestes, terrestres, o humanos); esto es, dice el diccionario de la lengua: “elementos que contribuyen a causar un efecto”; y esos efectos que se estudian aquí, en la ciencia de la geografía, se refieren a aquello dado empíricamente a la vista, a las sensaciones, a la percepción, en cuanto a las propiedades del espacio: más aún, dice Varenio en la definición que él da de Geografía: se refieren a las propiedades del espacio, “…de las partes relativas a la cantidad, esto es, la figuras, situación, dimensiones, movimiento…”[3].

 



[1]        Varenio, Bernardo; Geografía General; Ediciones de la Universidad de Barcelona; Colección “Pensamiento y Método Geográfico N° 2”, Departamento de Geografía de la Universidad de Barcelona (edición parcial a cargo de Horaco Capel Saes); Barcelona, 1974.

[2]        Ibid. p.145.

[3]        Ibid. p.134.

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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:03

1894 Premio a los Apuntes para el Curso de Geografía, de MPrimera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía, por Miguel E. Schulz, 1892. (3/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

29 sep 13.

 

Si uno lee sin más elementos de juicio la Observación Preliminar y Definición que Schulz expone en al dar inicio a sus Apuntes para el Curso de Geografía, uno no puede leer sino los fundamentos positivistas de una geografía fenomenista, claramente expuesta como “ciencia mixta” en tanto deslinda de de las ciencias especiales, pero no puede dejar de considerar a la vez, sus fenómenos objetos de estudio.  Y más aún, ello se corrobora al leer la definición que da de esta ciencia: la “Geografía es la ciencia de carácter descriptivo que se ocupa del estudio de la superficie terrestre en su estado actual”[1].

 

En esa lectura sin más antecedentes, el “hecho geográfico” se identifica plenamente con el fenómeno natural o social mismo, siendo apropiado por el geógrafo; y el concepto de “superficie terrestre”, luego de leerse: “todo estudio que se emprenda para adquirir el conocimiento del planeta en sí mismo, deberá dirigirse a los elementos físicos enunciados [cosmográficos, litosféricos, atmosféricos, hidrosféricos y biosféricos] que forman su expresa superficie[2], se hace difícil sin más elementos, no identificar tal noción de espacio, como el conjunto mismo de los fenómenos que la componen.

 

Tales identidades, primero, fuera del contexto de su marco teórico-filosófico (o gnoseológico) positivista-empirocriticista; y segundo, ajenos al proceso de varios momentos históricos de abstracción y generalización teórica de los conceptos de “espacio” y “fenómenos” que se dieron posteriormente a lo largo del siglo XX, y de los cuales ese momento de la obra de Schulz en 1892, viene a ser el primero de esos momentos históricos; hacen de la geografía de Schulz, sin más, una geografía fenomenista, en la que cuesta trabajo entender, incluso, el aporte que hizo merecedora a su obra del Premio otorgado por la Exposición Universal Colombina de Chicago en 1894.

 

La omisión explicativa de los fundamentos filosóficos que están en el pensamiento geográfico de Schulz, y los cuales determinan su categoría de “hecho geográfico percibido”, impidieron que la propia geografía fenomenista fundada gnoseológicamente  en el idealismo subjetivo, no sólo no pudiera entender del todo el aporte en su fondo, sino, más aún, que se confundiera en el real propósito del deslinde  de la geografía en el tratamiento de los fenómenos, haciendo de la categoría de “hecho geográfico”, tan sólo una burda y mecanicista variación entre los fenómenos mismos, por la cual se entendió a partir de ese momento al “fenómeno”, como algo dinámico, de movimiento apreciable en el ámbito de la vida humana; y al “hecho geográfico”, a su vez, como un “fenómeno”, pero el cual adquiría características estáticas relativas al ser más duradero en el tiempo con relación a la vida humana.  Y justo por un siglo entero, ese aporte quedó confundido y empobrecido; y el “hecho geográfico”, de haber sido la primera y más rica abstracción y generalización teórica del tratamiento de los fenómenos en geografía, se redujo al carácter estático relativo de los fenómenos mismos.

 

Justo en 1982, un siglo después, nosotros en nuestra tesis de grado de Licenciatura en Geografía, dejamos de considerar esa idea, no sólo por ser una idea mecanicista de origen positivista en el tratamiento de los fenómenos, sino precisamente, no obstante desconociendo entonces la obra de Schulz, respondiendo al espíritu de ésta en el deslinde de la geografía respecto de las demás ciencias, dando su identidad propia como tal.  Pero tendrían que transcurrir treinta años más  para que, entendiendo por nuestra parte que se habían dado varios momentos históricos  de abstracción y generalización teórica  de los conceptos de “espacio” y “fenómenos”, en el curso del siglo XX, pudimos releer a Schulz y entender a su vez, que de hecho en él se había dado el primero de esos momentos históricos, en particular, en el tratamiento de los fenómenos.



[1]       Schulz, Miguel E; Apuntes para el Curso de Geografía; Impresora “Joaquín Terrazas e Hijas”, 2ª edición, México, 1896; p. 3 (subrayado suyo).

[2]       Ibid. p.1 (subrayado nuestro).

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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:02

Mar--5-Uff.jpg“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  La emancipación de la feminidad. (10/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

3  Entrega y Posesión.

 

a) La emancipación de la feminidad.

 

En los términos en que hemos venido tratando este tema, si en general por emancipación femenina entendemos la conciencia que lleva a la liberación de la subordinación y sujeción.  Luego entonces, es algo que compete sólo a lasa relaciones sociales, pero se contrapone a los criterios que hemos dado acerca de las relaciones biosociales, en donde la subordinación (sumisión), como la sujeción (posesión), son naturales.

 

Dicha conciencia en las relaciones sociales que llevan a la liberación, está inmersa, entonces, en el asunto de la lucha de clases sociales (la lucha entre la burguesía y el proletariado, y para nada como conflicto de la feminidad contra la masculinidad, convertido en lucha del “feminismo” contra el “machismo”),  Nada de eso está aquí en discusión.

 

Por lo tanto, a lo que nos debemos referir aquí, es a la emancipación de la feminidad, en el ámbito de lo natural biosocial, que, como hemos visto, a su vez, alude a la conciencia que lleva a la liberación, pero, hemos visto, en donde se forma una paradoja dialéctica, en la que esa liberación se opera por su contrario: la entrega por propia voluntad, que cuanto menos restringida, y por lo tanto más expresada como esclavitud que deifica al alter ego, cuanto más esa conciencia de la necesidad, y, en consecuencia, tanto más liberadora.

 

En las relaciones biosociales, que como hemos expuesto presuponen la profunda conciencia ético-estética, esa emancipación ocurre por vía de todo aquello que mutuamente hace y afirma tanto la masculinidad como la feminidad.  En estas relaciones naturales, la emancipación es aquello que realiza, o hace real, en este caso, a la feminidad.

 

Como puede verse, entonces, el proceso de la llamada emancipación de la mujer, que por siempre se ha tomado en un solo aspecto, el de las relaciones sociales, no sólo expuesto así contribuye a confundir esa lucha, sino que ha creado otro problema de profunda gravedad: la fractura de las relaciones biosociales.  Se hacía necesario, pues, hacer una síntesis de esta teorización, tanto para entender las condiciones de necesidad que bajo el régimen capitalista actual, de profunda mezquindad, de egoísmo e individualismo que niega toda posible relación ético-estética, ya no se diga en las relaciones sociales, sino en las mismas relaciones naturales biosociales que se dan y quedan determinadas por aquellas; sino para poder entender la riqueza de las relaciones humanas que deparan a las futuras generaciones bajo un nuevo régimen económico-social.

 

Pero, más aún, para que, en la medida en que estas ideas estén en lo correcto, y si siendo así, puedan ser asimiladas por la juventud –y en el interés particular de los propósitos de un “Periquín Plumero” en esta ética nicomaqueana–, de modo que con ello, se contribuya a su vez, al próximo futuro.

 

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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:01

Nave Argos de Todos los TiemposLa Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (10/10).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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03 nov 12.

 

La Partida Final en el Tiempo.

 

Deucalión habría partido, para Rosaura Clío había terminado su Maestría y regresado a su país sin que hubiese vuelto a saber de él; incluso yo cambié de actividades y también de je de ver a dicha hermosa mujer.

 

Ahora estaba en un mundo de “terraplanos” que hacían oscuridad sobre mis ideas, y había que partir; conocía ya el secreto del viaje en el tiempo.  Comencé a organizar todas mis cosas para partir en el necesario total desapego; e incluso comencé a ir y venir –como prueba– en viajes cortos en el tiempo a futuro; quince años adelante, al 2017, cambios notables, pero aún no-mi tiempo; luego al 2022, unos redondeados cinco años más, y al 2030 como otra cifra redondeada…, al 2040…, y esos comenzaban a ser ya otros tiempos.

 

La ciencia y la tecnología favorecían que el mundo cambiara rápidamente.  Zetes tuvo que moverse casi veinte siglos; Asclepio, según Deucalión, unos treinta y cinco siglos; traté de ir a su tiempo, pero media centuria más para mí, y ese ya era un mundo indescifrable.  A todo viajero del tiempo, si no he de personalizar en mí, se le impone la necesidad de ubicar un máximo y un mínimo; en el mínimo empieza nuestro tiempo con una necesaria identidad; en el máximo comienza nuestro futuro, el futuro a nuestro tiempo, a nuestra época con una nueva identidad.

 

Veía ya en mi absurdo presente, a ciertos jóvenes presurosos por “llegar a ninguna parte” (mmm…, tal como era mi caso); de entre ellos, “terraplanos” comunes todos, podía ya distinguir, cual Deucalión, a los futuros Zetes y Etálides, y a los parecidos a mí ya en el proceso que los llevaría irremediablemente algún día, al salto en el tiempo.  En los más se dibujaba ya esa angustia y desesperación ante un mundo absurdo de “terraplanos”, señal de cambios notables próximos.  Esa observación es la que obtuve de probar ese “pequeño salto al futuro”…; ya no llevaba prisa, ahora era uno más de los “amos del tiempo”…

 

Esos “terraplanos” han de ser dejados en su triste condición…, en la cual son felices.  ¡Ah, si esto lo hubiera entendido hace tiempo!  Si escribo esta parte, es porque precisamente dicho, así, en crudo, es factible que los futuros viajeros del tiempo no consuman energías inútilmente queriendo “tridimensionalizar” a necios “terraplanos”.  Más aún, para que se vaya comprendiendo por éstos algo más importante: nuestra propia condición “tridimensional” como viajeros del tiempo, también podremos dejarla de lado; para viajar en el tiempo habrá que sustituir la coordenada “z” (si bien ésta no desaparece), por la coordenada “t”, lo importante en este caso; y entonces nos podremos mover en la magnitud del tiempo.  Implicará una energía.

 

Imaginemos el gasto de energía tan sólo para el ser adimensional que decide ponerse en marcha en el espacio unidimensional de las Rutas de la Seda o de las Especias, o cualquier otro periplo antiguo o moderno.  No será difícil entender entonces el gasto de energía para moverse en el espacio bidimensional; ese de los “terraplanos”…, ¡ahora puede entenderse cuán inútil gasto de energía en ellos!; y, en consecuencia, el enorme gasto de energía en el movimiento tridimensional, que implica la altura, el volumen.  Toda esa energía ha de concentrarse para el movimiento en el espacio-tiempo.  Algún día la humanidad tendrá capacidad para moverse, toda, en esa magnitud; ciertamente pasarán aún muchos siglos.  Por ahora, esa energía viene dada de otra fuente.

 

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20 octubre 2013 7 20 /10 /octubre /2013 22:00

Carta, “Correo No-Ilustrado”.

 

Si se envía una carta al “Correo Ilustrado” del periódico La Jornada y no se publica (por lo menos no en el lapso de una semana después, o a menos que se haya publicado un día después en domingo), luego entonces, es porque dicho correo se consideró como no-ilustrado (o de una ilustración dominguera).

 

Pero es justo de esa manera como las cosas van haciendo consonancia y se va entendiendo más cabalmente quién es quién o hasta dónde con cada cual.  He aquí, integro, el susodicho correo no-ilustrado objeto, por ello, de su discriminación y desprecio:

 

*

Cuernavaca, D.F; a 12 de octubre de 2013.

 

Correo Ilustrado, La Jornada.

Presente.

 

Se plantean tres hechos fundamentales: 1) que el sistema jurídico, refiere su justicia (la “justicia legal”), al ámbito en donde los sujetos no son seres humanos, sino entes abstractos en un absurdo y limitado mundo dado en los estatutos de ley; 2) que la CDH, por su sola existencia, es denuncia de la injusticia real, y refiere su justicia al respeto al derecho de los sujetos como seres humanos, pero sin llegar a la “justicia social” misma; y 3) que el ético retiro del Dr. Luis González Plasencia de su reelección al no darse el consenso, ha dejado al descubierto la politización (el botín), de la CDHDF en manos de los políticos.

 

Una “justicia legal” (jurídica), ajena a la realidad social, y más aún, que atenta en contra de ésta; una CDH que no alcanza a hacer la necesaria “justicia social” (moral); y una rebatinga de políticos por el botín de la CDHDF, nos vuelve a la simple y exacta sabiduría popular: en esas condiciones, recurrir a la CDH…, <<¡¿Para qué, si sólo es lo mismo?!>>.

 

La CDHDF pues, está en un grave riesgo (la tragedia misma del IFE), y la manera más racional de resolverlo es, ahora, solicitar al Dr. Luis González Plasencia, se vuelva a hacer cargo, y 2) decirle a los políticos que se vayan…, hasta allá.

 

La credibilidad de la última institución que ha dado muestras de ser creíble, está en riesgo.  Lo que ocurra en la CDHDF, repercutirá en todo el país.  Lo que está en juego, no es mucho, lo es todo.  Suerte!

 

Luis Ignacio Hernández Iriberri.

*

 

Nos sumábamos con ello, y así lo dijimos en texto aparte dirigido a la CDHDF, a las voces que abiertamente han reclamado la reelección del Dr. Luis González Plasencia como lo más adecuado.

 

Pero más allá de ello, lo esencial está en que descubrimos por qué no hay justicia en México: porque, dicho desde Aristóteles, ésta tiene que ser preeminentemente moral; esto es, que la “justicia legal”, debe aproximarse a ser idéntica a “lo justo moral” que la sociedad espera.  Y aquí no sólo se diverge, sino desde el ámbito jurídico, de “lo justo legal”, se atenta contra el ámbito social de “lo justo moral”; y en esa medida no sólo no hay justicia, sino no puede haberla, y antes al contrario, cada vez se torna en mayor impunidad que agravia a la sociedad.  Luego entonces, todo el sistema jurídico, por definición enmarcado en “lo justo legal”, si bien tendrá su razón de ser, por sí solo no puede ni podrá hacer real justicia (“lo justo moral” a satisfacción de la sociedad), jamás.  Una prueba simple es que no se toma la menor molestia para ni siquiera acusar recibo ed nuestros correos solicitando a la PGJ información de porqué no se elimina la acción penal en nuesro caso, apesar de todas las pruebas de inocencia ofrecidas, y que no puede no-conocer.

 

La sola existencia de la CDH es denuncia de esa injusticia real, pero, a la vez, un índice que apunta en dirección hacia “lo justo moral”, aun cuando no llegue a cristalizar en ello.  Pero, en consecuencia, bien en lo que se debería trabajar hasta el punto de equipararla como institución en defensa de “lo justo moral” (social), con la misma jerarquía a todo el aparato de “lo justo legal” (jurídico).

 

Dicho en otras palabras, que no sólo la CDH en su conjunto está en riesgo de depreciarse al ponerse en evidencia estos hechos, sino que justo encuentra en las mismas circunstancias la necesidad de erigirse como una institución de la mayor importancia social e histórica.  Y precisamente esa decisión es lo que está en juego.

 

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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:05

Editorial

  1894-Premio-a-los-Apuntes-para-el-Curso-de-Geografia--de-M.jpg

Premiode la Exposición Universal Colombina (1894), a los Apuntes para el Curso de Geografía, 1892; de Miguel E. Schulz, obra que se constituye como primer documento histórico en el que se hace, vía las influencias del idealismo filosófico del positivismo empirocriticista, la primera abstracción y generalización teórica de los fenómenos en geografía: primer paso histórico esencial en dirección a la solución correcta del objeto de estudio de la geografía: el espacio geográfico.

 

*

 

La “experiencia pura”, decía Avenarius al dar el principio esencial de su filosofía empirocriticista en su “Crítica de la Experiencia Pura” (1888), por la cual, es sólo a través de las sensaciones a partir del objeto o fenómeno dado concreto, que la percepción de la realidad se da, constituyendo ello por sí solo el conocimiento; es decir, sin que intervenga en ello una elaboración subjetiva conceptual o de juicio; de ahí que, sólo la mitad de lo que afirma, en cierto modo (el de sus reelaboración dialéctica), es correcto, y razón por la cual fue una filosofía bien acogida entre los intelectuales en el campo de la ciencia de su tiempo, entre ellos, Miguel E. Schulz, para quien, tales principios resolvían adecuadamente la contradicción histórica esencial de la geografía, en cuanto a cómo considerar los fenómenos en ella, cuando cada uno es objeto de estudio de otra especialidad.

 

Así, el fenómeno, de elaborada percepción, debía, en geografía, simplificarse en una categoría más general y esencial de “lo dado” a las sensaciones, a manera sólo del “hecho geográfico percibido”.  Para Schulz, así, la geografía no estudiaría los fenómenos como tales (asunto de otras ciencias), sino tan sólo como el concreto “hecho geográfico percibido”.  Y éste fue el primer paso históricamente dado, en la solución correcta de la determinación del objeto de estudio del a Geografía: el espacio de la Tierra.

 

*

Laboratorio Científico del s.XVIIFilosofía de la Geografía.

 

[____]  Qué es la Geografía; la Geografía y los Elementos de la Ciencia Moderna: la hipótesis.

 

1894 Premio a los Apuntes para el Curso de Geografía, de MHistoria de la Geografía en México.

 

[____]  Primera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía: Miguel E. Schultz, 1892. (2)

 

 

03 Periquín Plumero Esperando a MarFilosofía.

 

[____]  “Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.   (9/…)

 

El Vellocino de OroDivulgación Científico-Geográfica.

 

[____]  La Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa (9/…)

     

 

 

Nuestra Pequeña Narrativa de Lucha ProletariaNuestra Pequeña Narrativa de Lucha Proletaria.

 

[____]  ¡¿Dónde Quedó la "Bolita" de la Justicia?! 

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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:04

Laboratorio Científico del s.XVIIQué es la Geografía; la Geografía y los Elementos de la Ciencia Moderna: la Hipótesis. (26/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

28 sep 13.

 

Hipotesis non fingo”, “no imagino, o hago, hipótesis”, decía Newton a principios del siglo XVIII; y si Newton decía que no hacía hipótesis, Bacon y Descartes ni siquiera le mencionan como elemento  necesario y fundamental del conocimiento.  Hassta mediados del siglo XVIII haubo un descrédito de la hipótesis como consecuencia de su corrupción en la escolástica medieval, dada en la llamada lógica erística, la cual operaba el silogismo, no como juicios que requerían ser intrínsecamente verdaderos reflejo objetivo de la realidad, o juicios necesarios; sino como los llamados “juicios problemáticos”, es decir, como la elaboración ad hoc al consiguiente deseado, creyéndose, en el subjetivismo propio de la metafíscia de la época, que bastaba una esrtucturación correcta del silogismo con apego a sus leyes, para que de ello derivara un conocimiento verdadero.

 

No es sino hasta esos mismos momentos de Newton (fines del siglo XVII, que en el Monasterio de Port-Royal, Frncia, se está depurando esa lógica, a la que ahora se le denominará lógica apodíctica (de los juicios necesarios o que han de ser intrínsecamente verdaderos, como condición de un consiguiente realmente verdadero), pero que tardará aún poco más de medio siglo, sólo después de los trabajos de Spinoza y Locke, en determnar una revaloración de la hipótesis en el proceso del conocimiento.

 

En consecuencia, en geografía; como en las demás ciencias; entre Mercator y Nicolás Sanson, la hipótesis, como a decir de Newton, no estará presente de manera destacada como recurso de método en el hacer de la ciencia.  Sin embargo, ese hacer en el conocimiento científico, de manera natural, objetiva, implicaba “ciertos supuestos” que el propio Newton no podía evitar.  Esto hace un tanto más complejo rescatar el razonamiento hipotético en los autores de la Ilustración o Época Moderna, en tanto que en ellos es algo negado y no obstante existente muy a su pesar.

 

Aún en José Antonio de Alzate y Ramírez en los años setenta del siglo XVIII, eoso “ciertos supuestos” pueden apreciarse como las necesarias asociaciones de hechos en una posible relación cuasal hipotética, no obstante, dadas no en el ámbito propio de lo que se entendió como geografía durante la Ilustración, sino en un Alzate polifacético abordando diversos campos de las ciencias.

 

Una vez rescatado el justo valor de la hipótesis en el rigor del silogismo, es donde ésta corresponde al consiguiente deducido, el conjunto de las ciencias pudo ya desarrollarse de manera certera a lo largo de los siglos XIX y X, pero, a excepción de la geografía, que aún se limitó a la “descripción de los hechos”.  El rescate de la hipótesis en la Ilustración en el campo de la geografía, es un hecho adicional nada estudiado.  Nosotros mismos sólo hemos estudiado el caso de Gerardo Mercator, analizado en un artículo anterior de esta serie.

 

De ahí que la no-consolidación de la geografía como ciencia rigurosa, como ocurría con todas las demás en ese período, no sólo fue determinado en particular por la falta de precisión en cuanto al objeto de estdio, sino, en general, por la aparente ausencia del desarrollo de la hipótesis propiamente geográfica (espacista), a diferencia de las demás ciencias en que la hipótesis se fue haciendo cada vez más evidente como una necesidad en el método de investigación y del conocimiento científico.

 

A la complejidad de la determinación completa de la geografía como ciencia rigurosa (que en su base lo era), se sumó algo que de antiguo, había estado ahí siem´re confundiendo el verdadero objeto de estudio: el tratamiento e los fenómenos naturales y sociales (onjeto de estudio cada uno, de cada una de las ciencias especiales), que finalmente en este período de la Ilustración, se hicieron condición necesaria del conocimiento geográfico, implicando el tener que determinar la manera propia en que ello habría de ser en esta ciencia.

 

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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:03

1892 Apuntes para el Curso de Geografía, 1892; Miguel E ScPrimera Abstracción y Generalización Teórica de los Fenómenos en Geografía, por Miguel E. Schulz, 1892. (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

16 sep 13.

 

 

Para entender el trascendental aporte de Miguel E. Schulz a la Geografía (aporte que nosotros mismos no habíamos visto en un primer análisis de su obra a falta de la elaboración, por nuestra parte, de esa categorización del “proceso de los momentos históricos de abstracción y generalización teórica de los conceptos de espacio y fenómenos”), se hace necesario ubicar la dominante influencia filosófica de su tiempo: el positivismo, adentrado en su segunda etapa en forma de empirocriticismo.

 

Si el fundamento positivista en general en el hacer de la ciencia en México en la expresión de Gabino Barreda, reduce a ésta a un hecho descriptivo a partir de lo concreto empíricamente dado y sistematizado enciclopedistamente, ese positivismo luego de 1882 en el pensar de Justo Sierra en sus influencias donde el empirocriticismo impactó en ciencias como la Geografía en ese entonces en el campo eminentemente práctico de la Ingeniería, no tanto por sus expresiones idealistas subjetivas de origen kantiano en el conocimiento apriorístico o independiente de la experiencia, como por la expresión de ciertos principios en el conocimiento tales como el de la “experiencia pura”, de Avenarius, o el de la “economía del pensar” de Ernest Mach, por los cuales la representación del mundo se da como conjunto de “elementos naturales” de la percepción (de las sensaciones); lo cual contribuyó, sin lugar a dudas, a ese resultado de abstracción y generalización teórica en donde los fenómenos constituyen, en una “experiencia pura” y en esa “economía del pensar”, “elementos naturales” de la percepción, o como lo expresara específicamente Schulz: como el “fisiográfico” “hecho geográfico percibido”; esto es, el “elemento natural” (lo fisiográfico), en el “hecho geográfico” (el fenómeno), como lo concretamente percibido en ese marco teórico empirocriticista.

 

Y aun cuando el avance de pensamiento geográfico emanaba del idealismo filosófico, la paradoja es que el idealismo filosófico mismo no comprendió la naturaleza de ese aporte en geografía; de hecho, es hasta ahora, en estas notas, que, desde el fundamento del materialismo filosófico dialéctico, podemos rescatar su importancia y trascendencia.

 

Con esos fundamentos se produce históricamente aquí, en los Apuntes para el Curso de Geografía, 1892; de Miguel E. Schulz, históricamente la primera abstracción y generalización teórica del concepto de los fenómenos en geografía.

 

Schulz comienza por especificar que: “todo estudio que se emprenda para adquirir el conocimiento del planeta en sí mismo, deberá dirigirse al examen de los elementos físicos [litosfera, atmosfera, hidrosfera, biosfera] que forman su expresada superficie”[1].  Un punto a observar aquí, es que se refiere explícitamente al “conocimiento del planeta en sí mismo”, esto es, no en su espacialidad, lo que ha dejado aparte en la jerarquización del paso del estudio de toda la superficie del mismo, a sus artes continentales y luego por países.

 

El “planeta en sí mismo” es un fenómeno complejo que ha de descomponerse en esos “elementos físicos” para su estudio, siendo “objeto de las ciencias Geognosia y Geología[2].  Y para Schulz, esa superficie terrestre, si bien es una noción de espacio que incluso ha dividido y clasificado, su estudio como tal no lo desarrollará por las propiedades mismas de la categoría de espacio. Sino en la medida en que procederá a abstraer y generalizar los fenómenos como “elementos físicos” (fisiográficos), en la categoría de “hechos geográficos percibidos”.

 

Eso que Schulz estaba haciendo en ese momento por vía de los preceptos del empirocriticismo, es lo que hoy hemos denominado nosotros como “espacio plenista” o “espacio discreto”.

 

Él dejará a la astronomía el estudio de la Tierra como planeta (en cuanto a su lugar en el Universo), y asignará a la geografía el estudio de la Tierra, “como cuerpo material”[3], y agregara al final: “residencia de la Humanidad”, y campo este, como él lo expresará, de la Geografía social o política.  Y se hace evidente que la Tierra estudiada ya no en sí misma como fenómeno complejo, sino “la Tierra como cuerpo material”, es, entonces, la primera forma de abstracción y generalización teórica de los fenómenos en geografía.  Es ese “cuerpo material” en su estudio físico actual (y en superficie), el que será el objeto de estudio de lo que él denomina como Geografía física o natural, distinguiéndolo de lo que antes ha referido como objeto de la Geognosia y Geología; pero, a la vez, deslindando de esa Geografía física o natural, el estudio de la atmósfera e hidrósfera, “dejada a ciencias especiales como la Meteorología e Hidrografía[4].

 

“La Geografía –pues, concluirá Miguel E. Schulz– toma las características de una ciencia descriptiva…”[5], de donde, finalmente define a ésta como: “ciencia de carácter descriptivo que se ocupa del territorio de la superficie terrestre en su estado actual[6].



[1]       Schulz, Miguel E; Apuntes para el Curso de Geografía; Impresora “José Joaquín Terrazas e Hijas”, 2ª edición, México, 1896; p. 1.

[2]       Ibid. pp. 1-2 (subrayado suyo)

[3]       Ibid. p.2.

[4]       Ibid. p.3 (subrayado suyo).

[5]       Ibid. p.3.

[6]       Ibid. p.3 (subrrayado suyo).

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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:02

Periquín Plumero en Prisión“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  El problema: la naturaleza de los sexos. (9/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geogrfico.over-blog.es/

abril 13.

 

3  Entrega y Posesión.

 

a)  El acto que hace a la masculinidad.

 

Si en la relación social ético-estética, todo debe ir dirigido a través del principio universal de igualdad y el acto justo en el principio de equidad, al principio de identidad en la realización social humana; es decir, allí donde mujer y hombre dejan de reconocerse como tales para ser idénticos como uno solo en la condición de ser humano; en la relación natural biosocial, hemos dicho, ello es punto aparte, que no obstante condiciona dicha relación biosocial particular, y sin embargo, lo hace como una necesidad en lo contrario, afirmando, por un lado la feminidad, y por otro la masculinidad.

 

Así, el acto que hace la masculinidad –considerada esta ética nicomaqueana de “Periquín Plumero”– es aquel en el cual ésta reconoce para sí, en su posesión, la entrega de la feminidad, que cuanto más en la actitud de sumisión, tanto más hace ello en esa afirmación de la masculinidad.

 

Ahora, digámoslo en general, si esa entrega-posesión es, dicho con un sentido gráfico, acercamiento mutuo fundado en el amor y en la conciencia de la necesidad (tal que libera), dialécticamente, tanto por un lado afirma la feminidad como por otro la masculinidad en la diferencia; como a la vez, simultáneamente afirma la identidad en la semejanza de la condición humana.

 

Ello, considerando primero sus aspectos negativos para luego mostrar el deber ser en la relación ético-estética, puede representarse gráficamente en el siguiente escenario, en el cual partimos del profundo sentido ético-estético de la feminidad en su iniciativa en el acto representado:

 

01-Acto-Unilateral-de-Machismo.jpg    La relación natural biosocial debe ser entrega mutua, representada aquí en el acercamiento, pero cuando esa entrega es unilateral, en este primer caso, se convierte en lo que se denomina el “machismo”, el culto al carácter dominante de la masculinidad en dicha relación.

   

  02-Acto-Unilateral-de-Feminismo.jpg

Pero, considerado este segundo caso, una entrega unilateral de la masculinidad ante una actitud negativa de la feminidad (de rechazo a su condición natural de sumisión y con ello de reclamo de “igualdad”), se convierte en lo que se denomina el “feminismo”, el culto a la reivindicación de “igualdad” en el acto natural biosocial.

   

  03-Entrega-en-la-Conciencia-de-la-Necesidad.jpg

Está claro que esa entrega, y por propia voluntad; que evidentemente pareciera ser negación misma de la propia libertad; para ser fundada en el amor, ha de ser plena, absoluta e incondicional; de otro modo será puro acto de conveniencia e incluso de comercio.  Y así, tal entrega se convierte en conciencia de la necesidad, es decir, en aquello que es obligado para alcanzar la libertad, en este caso, dada en el amor.

     

 

04 La Libertad en la Conciencia de la Esclavitud

    La libertad en la conciencia de la esclavitud, aquí esa esclavitud mutua que deifica mutuamente, otorga la libertad mutua, que humaniza mutuamente.

 

  05-LaMutua-Esclavitud--Hace-la-Mutua-Libertad.jpg

El otorgamiento mutuo de la libertad, allí donde cada cual en la conciencia de la necesidad se reconoce como esclavo del otro al que incluso deifica, quedará dado en el otorgamiento del amor mutuo, que hace la identidad en el reconocimiento mutuo de la condición humana del alter ego, o sea, del “otro yo”; allí en donde “yo” reconozco mi propia condición humana, en la humanización del “otro”.

     

    06-El-Alter-Ego-y-la-Dignidad-Humana.jpg  Al final, en el reconocimiento ético-estético propio en el alter ego, hace la dignidad en el ser humano, como realización en la humanización del ser humano por el ser humano mismo

 

 

Esa paradójica situación dialéctica es la que hace la dignificación humana en el reconocimiento ético-estético de la condición humana mutua.  Pero ello no puede ocurrir, sino, primero, como condición de haber disociado la relación social, de la relación natural o biosocial; y segundo, de entender que si en la relación social el acto moral de igualdad y equidad hace la condición humana, en la relación natural o biosocial, es el acto moral y de belleza (ético-estético mismo), dado en la sumisa entrega que deifica al otro, como en la dominante posesión que rinde tributo a la deidad, lo que ahora hace aquí a la condición humana.

 

 
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13 octubre 2013 7 13 /10 /octubre /2013 22:01

El-Vellocino-de-Oro.jpgLa Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (9/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

03 nov 12

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La Exposición del Secreto del Vellocino de Oro.

 

Deucalión justificó ese largo pasaje para hacer notar que Asclepio tuvo el suficiente tiempo para descifrar el secreto del Vellocino; y más aún, que aún no lo hubiera logrado en la travesía, con el Vellocino en su posesión, con toda calma y tiempo en su clínica de Epidauro, finalmente lo podría haber descifrado.  El caso es que, lo que Deucalión daba a entender, era que Asclepio, finalmente, habría descifrado el secreto, porque tuvo tiempo para ello.

 

_     El Vellocino de Oro –continuó Deucalión–, era el Caduceo transformado; pero aquí hay dos cosas: 1) no es que necesariamente fuese de oro, sino que ello daba a entender que, “tenía un gran valor”.  Era el Caduceo en la piel simple del carnero; pero, 2) el Caduceo no es, a la vez, una Vara física (por lo menos no lo es ya, fuera de las manos de Hermes), sino el poder de los dioses máximos, Hera y Zeus, para transformar las cosas a voluntad.

       Ese poder, en manos de Asclepio, iba plenamente dirigido a aquello que representa la serpiente en sus manos: lo que le permite conocer las plantas para la salud.

       Asclepio se fue en un destello en medio de una luz azul, así, sin más; seguramente volvió a su tiempo; y Asclepio y las generaciones de humanos del tiempo de éste en el futuro, amigo…, son inmortales…

       Debo decirte una cosa más.  Ese “poder de los dioses” trasladado a la piel del valioso Vellocino, es, entonces, un procedimiento escrito al reverso del Vellocino, seguramente incluso pirograbado en  el cuero y escrito en forma cabalística (Eetes la exhibe para ver quién lo entiende).  Asclepio descifró el procedimiento secreto en un aspecto.

       Tiempo después, la prodigiosa memoria de Etálides, reprodujo y me entregó esto… -y Deucalión sacó un pergamino muy bien cuidado, que desenvolvió y extendió frente a mi vista: ¡ese era, ni más ni menos, el secreto del Vellocino de Oro!  Un texto al que acompañaba una figura en la que se reconocía la transformación de los Elementos.  El Caduceo con una serpiente, el Caduceo con dos serpientes, uno de ellos alado; otro, un tercero, coronado del Sol y la Luna con las dos serpientes.  No entendía el texto, pero quizá podría traducirse con un experto; no obstante los dibujos lo explicaban con suficiencia…: Asclepio había tomado su propio Caduceo…, ¡y yo no tenía ninguna dificultad en reconocer el mío!

_     Copia tu parte y tradúcela –dijo Deucalión sobreentendiendo lo mismo de lo que yo me daba cuenta; y así lo hice con todo y dibujos.


_     Hace unas décadas –le dije– desprecié esta alquimia; hace unas décadas esto no me hubiera significado nada.  Lo que he descubierto acerca del espacio y su unidad material no supone el Caduceo en esa forma en que me corresponde, sino inversamente, es el Caduceo en esa forma, el que supone lo que he descubierto.  Luego, ¿qué sentido  tiene?

Caduceo-Geografico.jpg

 

 

_     El mismo de Asclepio –respondió seco–; el que tú también habrás de desaparecer en un destello en medio de un halo azul.  Es decir, que este no es tu tiempo, estuviste aquí para lo que has hecho; ahora no cabes más entre los “terraplanos”, y has de partir a tu tiempo.

       Así, habrás de traducir el texto, interpretar y sacar conclusiones, y hacer lo que os toque…; y entonces habrás de partir.  Lo demás, será tu plena vida propia, plenamente sincrónica.  Así se le concedió tanto a Eetes como a Etálides, que reflexionando acerca de todo lo ocurrido sobre el absurdo de la expedición de la Argo, entendieron más que los “terraplanos” de su tiempo…; en realidad, qizá alguno de ellos, ocho o nueve siglos después, sea Aristóteles, o Dicearco, o Eratóstenes.  Zetes era un tipo rústico, quizá no encuadraba ni entre los de la denominada escolástica, y no dudaría que acabara siendo Cosmas Indicopleustes.  Etálides sí era de familia más refinada, culta, no dudaría que fuese Aristóteles; no importa, estaba claro que su vida ya no encajaba en el mundo de la vida indiferente de los “terraplanos” que por la eternidad podrían seguir siempre igual; acabaron haciendo en algún momento del tiempo su vida plenamente sincrónica.

 

Por supuesto, no debo dar a conocer el texto, que es eterno secreto del tiempo; sin las mientes de Etálides, ese texto permaneció, físicamente, por un lapso prudente.  Bien comprendido y radicado en la memoria no existe más que en esa forma; solo debo dar a conocer el dibujo del Caduceo propio, en la forma que al geógrafo corresponde.  Ya Hermes no tuvo reserva en darlo a conocer, para que lo comprendiera el que pudiera en el momento correspondiente.  Y de ello sabría qué hacer; cuál habría de ser el paso siguiente.

 

Al fin, habrá de entenderse en todo ello no más que un mensaje, lo propio al kerjax o heraldo Hermes.  El Caduceo, el kerykeion, transformado en Caduceo, y ello es el secreto que lo hace el valioso “Vellocino de Oro”; piel, pues, que no es más que un pergamino en el cual el poderoso mensaje está inscrito.

 

Hermes (Mercurio), puesto de puntas sobre un pie y el brazo diagonalmente opuesto extendido al cielo con el índice apuntando al infinito y sosteniendo en la otra mano el Caduceo, es el inicio del mensaje, su introducción: <<Esto es para volar al infinito; allá donde mora Cronos, el Dios del Tiempo>>.

 

A pesar de todo, por más que yo escriba y me explique con bastedad, por más que me extienda en palabras, esto no lo pueden ver los ojos jóvenes, llenos de vida, de energía, ávidos de verlo todo, y en ello su mirada parece vibrar con intensidad.  Esto no lo pueden ver por más que su vista pase por encima de estas letras…, sólo serán trazos informes en una mancha de tinta.  Esto sólo es para en la agonía de la vida, esos que “ya lo han visto todo”, esos que saben que la selva llena de vida, no da sus frutos sino en medio de desgarradora zarza.  Esos que saben, por experiencia de vida, que todo es dialéctica contradicción, y que serenos y apacibles fijan la vista en un punto, y si su mirada se mueve a otro punto, lentamente, primero, su vista pasa por una solazadora mirada al infinito.  El mensaje, aún colgado de un árbol y a la vista de todos, no es para todos; sólo unos cuantos notan que hay algo pirograbado en la piel, al reverso de un vellocino en el que todos se afanan para ver el oro.

 

Sólo en esa agonía, Zetes obtiene el conocimiento a partir de su actitud inquisitiva (y acaso Etálides saque provecho de ello por sí mismo).  Todo lo demás queda indiferente en la vida común ajena a contraposiciones.  Así les es posible moverse en el tiempo.  Nadie, como ello, va a atrás en la historia por ir, se mueven hacia adelante, al futuro; ese futuro previsible (y en el ir y venir, comprobable), de la realización de sus ideas, de su pensamiento haciéndose de los comunes.  Ese futuro del reino de aquellos a los que  uno más se parece en su condición ideológica, económica y social.  Por ello, cuanto más avanzado en pensamiento, tanto más fuera de su momento histórico y más lejano su viaje en el tiempo.

 

Allí, en las ideas realizadas en el dominio de los comunes, uno se volverá, a su vez, un “terraplano”, uno más, pero no como inconsciencia, sino como descanso en la satisfacción plena.

 

El Caduceo de Apolo obsequiado a Hermes (y ésta dado a Eetes, hijo de Apolo).  Helo ahí tal como me fue trasmitido.  La Tierra en el Lirio de la Flor de Liz haciendo su espacio en el Cosmos, el espacio terrestre o geográfico, con la Luna que delimita con la influencia de su propio espacio; todo ello afectado poderosamente por el Sol, generando la vida, y en particular, la vida humana, significado en la hoja de laurel que brota desde el humus de la tierra, no sin ser en su cruce, con sus propias contradicciones dialécticas, proyectándose al infinito en el tiempo en tanto esa vida humana es las propias alas que han de volar a las estrellas, al infinito, simbolizado en una estrella en la punta superior.  Una vuelta y un tercio por cada serpiente: un conocimiento dialéctico del mundo un poco más allá de su unidad en el espacio como su unidad material; y un poco más allá de sus transformaciones materiales mismas como transformaciones objetivas enraizadas en las ciencias, en las nueve musas del arte, de la ética y en particular de la ciencias de la tierra, reflejo objetivo de sus más diversos fenómenos “trasmutados”, primero en unas limitadas propiedades de espacio, luego en unidades morfológicas, posteriormente en los elementos de Empédocles, o “fases”, y en ese tercio de más en las espirales de las serpientes, representando lo nuestro trasmitido hasta los estados de espacio.

 

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