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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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8 septiembre 2013 7 08 /09 /septiembre /2013 22:01

Editorial

 

Aguila.jpg Bandera.jpg Partitura-Himno-Mexico.jpg

Símbolos Patrios.

 

*

 

Cada vez se nos está haciendo más difícil el ponernos a la escritura de los artículos de esta Bitácora, aun cuando el lector los encontrará en adelante quizá ya no tan rigurosamente secuenciados, lo tendremos que intentar en lo más posible.  Toca ahora hacer un paréntesis obligado por un acto de conciencia, que se fue formando de 2010 (cuando el Centenario y Bicentenario), a la fecha en 2013.

 

En 2010 nos, indignó que dichos festejos conmemorativos quedaran, aberrantemente, en manos del conservadurismo; un año después, en 2011, el problema ya no era el conservadurismo, sino nosotros mismos, el proletariado alienado en esos festejos, y ya menospreciamos a los mismos; el tercer paso llegó en el 2012; más aún, luego del fracaso de la democracia burguesa; y entonces ese menosprecio se transformó en rechazo, en negación de los “símbolos patrios”, de una patria que al proletariado nos ha sido total y absolutamente despojada; y símbolos, por lo tanto, de esa alienación.  Los mismos, en esa negación, no perdieron significado –incluso, por lo contrario, como nunca, los recuperamos–, pero sí se hicieron ya objetos de la historia, de una pasado patrio por el que luchó la misma burguesía revolucionaria con la alianza del campesinado y un proletariado vagamente naciente, pero pasado patrio éste, incluso, que ya no existe más.

 

La patria, el patrimonio, la heredad del proletariado, ya no es ni puede ser más un territorio de arbitrarias fronteras producto de otros despojos; la patria del proletariado no puede ser sino el mundo mismo en su totalidad, y a recuperarlo; y comprendimos en su viva esencia, ya no como asunto teórico, sino como producto del momento histórico, aquella histórica frase de Marx y Engels: “¡Proletarios del mundo, uníos!”.  Y entones entendimos que la primera condición para ello era la abolición, así fuese en abstracto, de toda frontera, y el desprendernos de los símbolos patrioteros que hoy nos mantienen sujetos a ellas en países convertidos en prisiones.  En suma, que ello significaba el renunciar al falso “sentimiento de orgullo nacionalista”, instrumento burgués de esa manipulación alienante.

 

A mediados de marzo de 2013, hasta donde lo comprobamos mediante una relación causal por concordancias y diferencias, sufrimos una perversa represión política indirecta en la que, reprimiendo el Estado a nuestra persona por nuestras asesorías al profesorado de Educación Básica, se aprovechó un accidente para hacerlo mediante la prisión política de nuestro hijo.  Y entonces resolvimos el acto moral de conciencia: lo primero que teníamos que hacer, era renunciar al embuste de la nacionalidad mexicana; y hoy ya no somos mexicanos, pero no hemos cambiado ello, vulgarmente dicho, por el ser “cosmopolitas”; ahora somos única y exclusivamente, proletarios del mundo.

 

Ahora, en un necesario ritual, hemos dispuesto por duplicado los “símbolos patrios”, y un tanto lo hemos depositado con honor y por el orgullo que en ello nos toca, en una urna, y el otro tanto lo hemos dispuesto para, heraclitianamente, depurarlo en el elemento fuego.

 

En los próximos días de esta misma semana subiremos aquí una serie de artículos al respecto de la actual situación, para, en la próxima semana, continuar con ello en la sección “Nuestra Pequeña Narrativa Proletaria”.

 

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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:05

Editorial

1978 La Naturaleza de las Nuevas Indias, 1978; Antonello Ge 

“La Naturaleza de las Indias Nuevas”, de Antonello Gerbi, 1978.

La “muchas geografías” descriptivas, generalizadas y sistematizadas luego como “Relaciones Geográficas”, que las hacían de la Geografía aparentemente todo, y realmente nada a la vez.

 

*

 

La Geografía ha sido tomada como una disciplina de conocimientos meramente descriptivos; es decir, de la enumeración empírica de las propiedades cualitativas del mundo que nos rodea, comparando y distinguiendo lo semejante de lo diferente y viceversa; y no sin razón.  De algún modo tiene que ver con todo cuanto existe (y por el sólo hecho de existir), pero ello, en el propósito del estudio de los fenómenos, la enfrenta a la disyuntiva de, o efectivamente abarcarlo todo no pudiendo por más, sino describirlo; o, a fin de poder ir más allá de la pura descripción pasando al rigor del análisis científico, “especializarse” en infinitas “geografías”.

 

El problema, históricamente en su origen queda al descubierto excelentemente bien planteado, en la obra “La Naturaleza de las Nuevas Indias”, 1978, de Antonello Gerbi, al relatar los antecedentes a lo aportado finalmente en el conocimiento de la naturaleza y sociedad de las Indias nuevas, por Gonzalo Fernández de Oviedo en su “Sumario de la Naturaleza de las Indias Nuevas”, 1525, y luego en su “Historia de la Naturaleza de las Indias Nuevas”, de 1535.; antecedentes dados desde Colón; un acompañante suyo en el segundo viaje, el Dr. Álvarez Chanca; de otro en su tercer viaje, Michele da Cuneo; del mismo Américo Vespucio; de Pedro Mártir de Anglería; como en la importante “Suma de Geographia” de Martín Fernández de Enciso; por lo dado en las propias “Cartas de Relación” de Hernán Cortés; en el trabajo de Antonio Pigaffeta (uno de los 18 sobrevivientes del viaje de Magallanes); y por Giovanni da Verrazzano.

 

De ello resultó que, cuanto más se especializaban esas “muchas geografías” en sus múltiples fenómenos dados, tano más se asemejaban a las ciencias especiales cuyo objeto de estudio son dichos fenómenos, particularmente, diluyéndose cada vez más la idea de “lo geográfico” en ellas (lo que eso fuese, pero que vagamente se refería a la localización y distribución, a los límites y extensión, o a las conexiones y relaciones (todas propiedades espaciales); al punto que la pura descripción se superaba, sólo convirtiéndose en esa otra ciencia; de modo que, para pretender conservar algún residuo de la idea de “lo geográfico” (aquellas propiedades espaciales), tenía que evitar convertirse en otra ciencia; pero lo que, al mismo tiempo, la condenaba al mero hecho descriptivo de los fenómenos.  A tal punto llevó, pues, el surgimiento de esa contrariedad en el siglo XVI con el origen de la consideración de los fenómenos de la naturaleza y la sociedad, generalizados en la necesidad de las Relaciones Geográficas.

 

*

1978 La Naturaleza de las Nuevas Indias, 1978; Antonello GeFilosofía de la Geografía.

 

[____]  Qué es la Geografía; exploración y dominio de los nuevos territorios, y el surgimiento de la contrariedad de las Relaciones Geográficas.

 

 

Comisión Geográfico-Exploradora, Dr. Carlso Sáenz, 1969Historia de la Geografía en México.

 

[____]  La Comisión Geográfico Exploradora (1877-1918).  (3/…)

 

 

 

03 Periquín Plumero Esperando a MarFilosofía.

 

[____]  “Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  Introducción (5/…)

 

La ClóquideDivulgación Científico-Geográfica.

 

[____]  La Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa (5/…)

 

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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:04

1978-La-Naturaleza-de-las-Nuevas-Indias--1978--Antonello-Ge.jpgQué es la Geografía; la exploración y dominio de los nuevos territorios, y el surgimiento de la contrariedad dada en las Relaciones Geográficas. (22/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

31 jul 13.

 

Treinta años, a partir de 1492, y hasta 1522, implicaron el vencer el obstáculo con el que se encontró Cristóbal Colón, con la consumación de la expedición de Magallanes en la persona de Sebastián Elcano.  En ese lapso, otras expediciones, como las de Francisco Hernández de Córdoba (1517), Juan de Grijalba (1518), y Hernán Cortés (1519), incidieron en el dominio de los nuevos territorios conquistados.  Y ese dominio no sólo sería en el orden de lo militar o mediante la sumisión a la religión, sino, a su vez, con el conocimiento de todo lo existente que llenaba esa parte del espacio terrestre del “Nuevo Mundo”.  Los continentes empezaron a dejar de ser “espacios vacíos” en los mapas, para empezar a describir su contenido en calidad de “espacios plenos”.

 

Cuenta descriptiva de cadenas montañosas, de extensas llanuras, de ríos y lagos, de desiertos, de selvas y bosques, de poblaciones y de su producción y sus riquezas, comenzaron a dar las Relaciones Geográficas del siglo XVI, ya formalmente como levantamientos oficiales ordenados por el Estado español a partir de 1533, superando aquellas “Descripciones, Crónicas”, o “memorias” de Viajes”, como relatos de “Maravillas”, narradas por los primeros navegantes a las tierras del “Nuevo Mundo”.

 

La necesidad de las Relaciones Geográficas del siglo XVI, hizo surgir de nuevo, y con  mayor fuerza aún, el problema planteado por los historiadores, Estrabón, en  la Antigüedad, e Ibn Jaldún en la Edad Media (s.XIV), de la Geografía a manera informativo-narrativa, donde el mapa, si era el caso, constituía sólo un elemento gráfico-descriptivo de apoyo al relato, como un tipo de “lenguaje” adicional.  El replanteamiento del problema con mayor amplitud y profundidad, llevó a éste de la simple diferencia en el entendimiento de la razón de ser de la Geografía que se suscitó con  Estrabón, a la determinación de una real contrariedad en la manera de entender esta ciencia.  Esto es, que, o era una ciencia del espacio terrestre representado en los mapas, o era una ciencia de la narrativa histórica y descriptiva de los fenómenos tanto naturales como sociales; aun cuando ambos supuestos no se negaban entre sí, sino que, complementarios, el problema se centraba en el carácter principal de la Geografía determinado por uno u otro aspecto.

 

De hecho, surgieron  ahí, en el siglo XVI, las “muchas geografías” descriptivas de la diversidad de los fenómenos, que en su clasificación más generalizada, se expresa en una “geografía física” (o natural), y una “geografía humana” (o social).  Dos siglos antes, entre los geógrafos prerenacentistas, está la figura del historiador Ibn Jaldún (1332-1406), que reconociendo la importancia del medio natural en la vida social, incluye en su obra “Historia Universal”, capítulos relativos a lo denominado como “geografía física”, en un análisis abiertamente dado en el “determinismo geográfico” (es decir, en donde la causa de la manera de ser y de pensar de los pueblos, dependía del medio natural en que vivían); pero esa “geografía física” era tomada en sí como toda geografía, sin distinguirla propiamente de una “geografía humana”.  Es el caso mismo en el historiador Estrabón, a cuya Historia denomina “Geografía”, y esta pasa como una “geografía social” o “humana”.

 

Esas dos consideraciones generales en el Renacimiento, se van a convertir, con el tiempo, en “múltiples geografías”: entre los naturalistas en una “geografía física” ahora relativa exclusivamente a la descripción de los fenómenos inorgánicos (la geología, la meteorología, la hidrología), y entre los sociologístas (o “humanistas”), en una diversidad de “geografías” referidas a las actividades humanas: su “geografía histórica”, su “geografía económica”, o su “geografía política”.

 

La necesaria especialización del conocimiento, fue teniendo sus paralelas “geografías”: la “geografía biológica”, luego subdividida en “geografía botánica” y “geografía zoológica”; la “geografía de los suelos” (una “geografía” en la que se mezcla lo físico, lo químico y lo biológico), que luego toma el nombre directo de la especialidad como edafología; y en su forma contemporánea incluso, aparece la “geografía ambiental” o “geografía ecológica”.

 

Luego, la enorme diversidad de facetas que cada fenómeno ofrece, condujo a la febril creatividad de denominaciones en geociencias (geobotánica, geozoología, geopolítica, geoeconomía, etc), produciendo en la Geografía el más grande enredo, en donde ésta acabó siendo aparentemente todo, y realmente nada a la vez.

 

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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:03

Comisión Geográfico-Exploradora, Dr. Carlso Sáenz, 1969La Comisión Geográfico-Exploradora (1877-1918). (3/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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abril 12.

 

 

 

Para los Ingenieros Geógrafos egresados de la Escuela de Ingeniería de la UNAM, podría estar claro que de lo que se trataba con aquellas “geografía e hidrografía”, o “geografía y climatología”, era de la aplicación de la geografía: pero, ciertamente, con  lugar a la confusión, cuando ello ocurría en un México en el que aún, el que sabía de algo, era requerido para entender de todo.

 

El geógrafo no estaba haciendo distinción de un verdadero objeto de estudio de la geografía, porque simplemente, desde fines del siglo XIX y durante todo el posterior tercio del siglo XX, ese fue,  primero, un problema dado por supuesto en la carrera de “Geografía e Hidrografía” de la Escuela Nacional de Ingeniería; y segundo, problema no resuelto en  la geografía de todo el mundo, hasta el trabajo de Hettner de 1927.  Pero para entonces, ya habían entrado en  escena escribiendo libros de texto de geografía, autores como los geógrafos Miguel E. Schultz (1851-1922), profesor de la Escuela Nacional Preparatoria desde 1882, y su hijo el Ing. Geóg. Enrique Schultz (1875-1938), Ricardo Toscano (1872-1938), con textos de Topografía y Geodesia, Hidráulica, y Meteorología, o del historiador Jesús Galindo y Villa (1867-1937), en cuyos textos, el énfasis está en el estudio de los fenómenos en su conjunto, y en el dejar de lado la cartografía, lo que fue siendo cada vez más patente, y, literalmente dicho, no sólo como la geografía evidente, sino como lo que daba créditos profesionales.

 

Esto ocurría en el saber geográfico, cuando la siguiente generación, de la que fue parte el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada, se formaba en ello, y el contenido de la ingeniería geográfica (tanto de México como de Europa), que venía desde el siglo XVIII, cada vez quedaba más lejana y ajena.  No por otra cosa se pregunta él cuarenta años después del trabajo de Hettner: “¿qué ha pasado con la geografía en México?  Su peso no se siente gravitar sobre el progreso científico del país”[1], a lo que sólo habría que agregar que no sólo era en la geografía en México, sino de manera mundial.

 

Pero la situación trágica de esa generación atrapada en su momento histórico, no podía ser sino en lo inverso: “la verdadera geografía –citamos de Sáenz de la Calzada–, empieza donde la cartografía acaba”[2].  Hoy nosotros lo expresamos justo al revés: <<la verdadera geografía empieza, justo en donde inicia la síntesis cartográfica>>; es decir, en el criterio que nos devuelve la idea espacista de la ingeniería geográfica, la cual es luego aplicada lo mismo a la solución de la minería (como lo fue en el siglo XIX en México), que a la hidrografía (como lo fue de 1867 a 1918 aquí mismo), o ya de la geología y geomorfología, o de la meteorología y climatología (como lo fue en los años veinte-treinta igualmente aquí), o de la flora y de la fauna.

 

Cuando un matemático auxilia a un biólogo a establecer la ecuación que describe el proceso con una enorme cantidad de variables del “efecto fotoeléctrico en el cerebro”, el matemático no se pierde en el fenómeno del efecto fotoeléctrico, lo suyo es la aplicación de la matemática al entendimiento de ese fenómeno; es decir, los suyo es la ecuación que describe el fenómeno; en tanto el fenómeno dado es lo es del biólogo.  Así, la ecuación que media en el ejemplo, entre el matemático como el biólogo, es semejante al mapa que media entre el geógrafo y cualquier otro fenómeno y sus estudiosos especiales.  Lo uno, la ecuación, describe en abstracto un proceso complejo concreto; lo otro, el mapa, describe a su vez en abstracto el análisis espacial concreto del comportamiento regional de los fenómenos (estados de espacio).

 

Por ello, cuando el Dr. Carlos Sáenz de la Calzada se vuelve a preguntar: “¿Qué se ha hecho acerca de la interrelación de los hechos espaciales y de la causalidad de los mismos…?”[3], para él, atrapado en su momento histórico, el objeto de estudio son las interrelaciones de los hechos en su causalidad, y en ese sentido, el objeto de estudio son los fenómenos, en el sustrato espacial.  Hoy el cuestionamiento es inverso: <<Qué se ha hecho acerca del estudio del espacio y su causalidad, en el sustrato de los estados de espacio (los fenómenos)>>.

 



[1]        Sáenz de la Calzada, Dr. Carlos; La Comisión Geográfico-Exploradora (1877-1918); en Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia de la Tecnología; México, 1969; p.60.

[2]        Ibid. p.60.

[3]        Ibid. p.60.

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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial. 1 El Amor y la Libertad (5/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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abril 13.

 

 

1        El Amor y la Libertad.

 

 

b)      El concepto de libertad en la relación biosocial.

 

Al partir del concepto de libertad entendido como la conciencia de la necesidad, que, como hemos visto, en Marx es la <<conciencia de lucha en la necesidad>>, consideremos, pues, la relación biosocial que supone el trato entre las dos grandes segmentaciones del ser humano, es decir, el trato entre mujeres y hombres.

 

Si hemos asentado el concepto de biosocial, es para especificar una relación compleja, de por lo menos dos componentes: la naturaleza biológica de los seres humanos, tratable en términos de su conducta en tal sentido: natural, y por la que debemos decir, sin reservas, en su conducta animal (en ese sentido aristotélico del “zoon politikon, o animal racional, pero en donde deliberadamente suprimimos precisamente la parte racional); y la naturaleza o esencia social de los mismos, tratable en términos de su conducta moral, que es la forma racional más elevada de las relaciones sociales.

 

Nos hemos de referir, en consecuencia, a la conciencia de la lucha en la necesidad de nuestras relaciones sexuales (naturales, animales, irracionales), determinadas por nuestras relaciones morales (humanas, racionales).  Lo que ello establece, para decirlo en pocas palabras, es esa situación extraña (que suena a moralina pero que no tiene nada que ver con ello), en el deber ser en nuestras relaciones sexuales (eróticas).  Ese deber ser, es precisamente la conciencia de la necesidad que para superarla realmente en la libertad (para que verdaderamente se realice en la libertad), debe, como condición primera de toda condición, ser consciente de su naturaleza misma; esto es, racionalizar el hecho, pero para dejarlo ser en su naturaleza, en la naturaleza de su primitiva conducta animal, entendiendo, primero, que debe ser así, y segundo –en lo que aquí nos centraremos, en cómo debe ser, entrañando la paradoja desconcertante de la necesidad, para que se realice en su libertad.

 

Eso último es el problema de esencia (justo eso es lo tan escabroso en este asunto, como lo fundamentalmente necesario a entender); la paradoja desconcertante de la necesidad; pero no entendida ésta como el acto sexual en sí (que no tendría nada de paradójico ni desconcertante), sino algo que se presenta como necesario en él mismo, y que, no obstante, ningún sexo lo resuelve en consecuencia, cometiendo ambos el error de trasladar equívocamente, ya las relaciones sexuales (naturales, biológicas, irracionales, animales), a las relaciones sociales (morales, racionales, originando el “machismo”), o ya las relaciones sociales (de la conducta consciente), a las relaciones sexuales (de la conducta inconsciente, dando lugar al “feminismo”).

 

Digámoslo ahora desde aquí, en bruto, tal cual es esa paradoja, aun cuando por su crudeza se rechace –que justo es lo que socialmente está ocurriendo–, esperando que en la argumentación subsiguiente podamos elaborar la argumentación demostrativa, y convincente, más clara.

 

Así, de lo que se trata en la relación sexual erótica, es de la más brutal posesión masculina, que se apropia, que hace de su propiedad y su pertenencia, que se adueña, que domina; y que en contraparte se da la más bella y delicada entrega femenina, que se da, que se regala, que se obsequia a sí misma en la más absoluta sumisión y por voluntad propia, en una suma de erótica esclavitud.

 

Mientras ello es así en lo biológico natural, la libertad –y he ahí lo paradójico– se realiza.  El problema se presenta cuando a esa relación bilógica natural que es así, se traslada la relación social en donde la conducta moral impone la dignificación del individuo, y hace incluso inaceptable el acto sexual mismo expuesto así; pero que siendo una necesidad, este se efectúa en lo insatisfactorio de una normatividad que no le corresponde, cuando no, incluso, se vuelve mero acto de conveniencia y comercio.  Y todo ello, cuando antes, en el equívoco opuesto, se ha hecho lo inverso: se ha trasladado a la relación social (esencialmente de relaciones morales), las características de las relaciones sexuales (de posesión, de dominio).

 

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1 septiembre 2013 7 01 /09 /septiembre /2013 22:01

La ClóquideLa Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (5/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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03 nov 12.

 

 

Finalmente –continuó Deuterio– Frixo llegó a la Clóquide; ahí sacrificó al Carnero, y su piel la obsequió a Eetes, rey de la Clóquide, quien la colgó en un árbol exhibiéndola, custodiada por un dragón que nunca dormía.

 

¿Te das cuenta?, el Caduceo de Hermes, es el mismo Vellocino de Oro.

 

_     Según esto –intervine yo, entonces sí, contra lo que yo creía, la expedición de los argonautas fue con el fin de hacerse del poder, simbolizado en ese elemento que lo representa.  Había que volver otra vez esa Piel de Carnero a su forma de Caduceo.

 

Deuterio se me quedó viendo pensativo, como compadeciéndose de mí, en una actitud indulgente ante mi ignorancia, y al tiempo en que nos llegaba el servicio y éramos interrumpidos, él simplemente decía: “Pues no, no, el asunto todavía tiene otras complicaciones”.

 

Nuestra plática se detuvo para empezar a comer, y luego entre bocado y bocado, Deuterio intentó proseguir.

 

_     Hay un problema –dijo Deuterio–, ¿por qué Hermes haría tal cosa? (…hamm, mmm).  ¿Por qué con personas como Hele y Frixo, al parecer no destacadas, y sin embargo, Hele recordada y homenajeada en el Helesponto? (hammm, mmm).  ¿Por qué Frixo “sacrificó al Carnero”?, y más aún (hammm, mmm), ¿por qué Eetes colgó la piel en un árbol custodiada por un dragón que no dormía, a la vista de todos? (hammm, mmm)…

 

Y a todas sus preguntaqs yo no sólo no podía responder por estar comiendo, sino porque no tenía la menor idea; y por mi parte, entre bocado y bocado, sólo me concreté a responder al final con desdén, que: “si tú que estuviste ahí no sabes (hammm, mmm), pues yo menos (y este “pues yo menos” sonó entre el deglutido).

 

Rió Deuterio de mi idiotez como de mi pereza mental que no hacía el menor esfuerzo por intentar una respuesta a algo.  Pero otra vez fue indulgente, bien entendía que primero había que comer.  No dijo más, y en breve lapso dimos cuenta de todos los bocadillos.  Y sin embargo, en el inter, realmente pensaba yo en algunas posibilidades.

 

1)      “¿Por qué Hermes haría tal cosa?”  Lo primero que se me ocurrió, es que Hermes era el dios de los comerciantes y que algún negocio tendría con Eetes, al que le daba el Caduceo en forma de piel, que lo único que parecía mostrar era el vello de oro; de modo que Hermes habría permitido el poder con tal objeto, pero que Eetes no podía entender cómo usarlo (me parecía una idiotez, pero, que se le va a hacer, no se me ocurrió otra cosa, a pesar de que ya se había aclarado que lo del “Vellocino de Oro”, no era por su vellón de tal metal, sino porque en ello iba la idea de que “valía mucho”.

2)      “¿Por qué con los irrelevantes Hele y Frixo?”  Quizá porque en el mercadeo de algo tan valioso, la mejor manera ed no atraer la atención era así; pero, de algún modo, tan importante fue su misión, que la muerte de Hele fue homenajeada (quizá haya sido el propio Hermes el que propuso el nombre de Helesponto, aun cuando como que en el hecho hay un sentido de conciencia moral general del acto de Hele).

3)      ¿”Por qué Frixo sacrificó al Carnero con tales dotes?”  Ese sí era un punto difícil, las dotes mágicas del Carnero no lo harían víctima propiciatoria; debió haber habido, por lo tanto, otra razón.

4)      ¿”Por qué Eetes no atesoró el Vellocino de Oro, sino que en vez de ello lo cuelga en un árbol a la vista de todos (si bien vigilado por un dragón que no dormía)?”  Se ve en ello que Hermes ofreció algo valioso, con lo que se obtenía el poder, pero del que Eestes no entendía su real valor.

 

  Luego, entre sorbo y sorbo de alguna fresca levadura, salvando la pereza mental, le expuse a Deuterio lo que pensaba al respecto.  Él, pacientemente, había esperado, sentía que yo tenía que responder algo, alguna idiotez, cualquier cosa; pero que mi mente capaz de trabajar una secreta lectura en un palimpsesto, no podía dejara de interpretar algo.

 

Y se sorprendió de las cuatro respuestas.  Vivamente sorprendido, siguiendo pensativo, viéndome fijamente dibujando una sonrisa que dejaba ver su dentadura, de modo que sus labios quedaban a medio camino entre la sorpresa y la admiración, al final expresó su idea de conjunto ante todo lo dicho: “No necesitabas estar ahí para hacer deducciones bastante idiotas, pero algo es algo”.

 

Pero entonces ahora el sorprendido era yo, que había dicho un cúmulo de idioteces, y se obligaba exigirle a Deuterio una explicación más exacta, y sin embargo fue él el que se adelantó.

 

_     ¡Claro! –exclamó Deuterio–, el obsequio de Hermes quizá haya tenido más un carácter de tributo ante alguna amenaza de los Cochis, y como tributo: <<He ahí el poder, pero tienes que descifrarlo; nosotros no hemos podido, o de otro modo no te temeríamos>>.  Esa es la misma razón, podríamos suponer, por la cual la muerte de Hele significó un sacrificio social por el cual fue honrada.  Pero –cuestionándome, agregó– ¿cómo Hermes, un dios, no podría descifrar el Mensaje en el Vellocino?

       No; atención amigo, el “sacrificio del Carnero”, no era otra cosa que una nueva transformación del Caduceo.  Hasta ahí, volaba y hablaba, dejado en piel, parecería que ya no volaría, aun cuando, atención, mucha atención a esto, es la clave del secreto de la misión del Argo…: la piel “aún hablaba”…; y Eetes la cuelga no sólo para que todas la vean, sino para que “la oigan” y alguien pueda traducir lo que dice; que lo que diga, será la clave del poder.

       Luego, tiempo después, cuando la Clóquide ya era incluso súbdita tributaria de los persas, en la persona de los argonautas, los griegos volvieron por el Vellocino de Oro-Carnero-Caduceo.

 

Me quedé pensando, en efecto, la deducción había sido estúpida respecto de lo que se entendía por lo verdadero, pero, a pesar de que Deuterio hablaba de la “clave del secreto de la misión del Argo” en el hecho de que el Vellocino de Oro “aún hablaba”, y cosa que yo no sabía, el secreto seguía allí, en lo que dijera…; y entonces aguardé a que algo se insinuara por Deuterio al respecto.

 

Como no lo hiciera, lo inquirí a que “fuese al grano”; le mostré un cierto malestar cuestionándole acerca de a qué iba todo ello.  A lo que Deuterio se limitó a responder: “ese es el asunto, ahora es cuando voy a empezar a explicar…, pero es complejo y necesitamos ir por partes”.  Y quedamos de vernos en otra ocasión.

 

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25 agosto 2013 7 25 /08 /agosto /2013 22:05

Editorial

 La-Invension-de-America.jpg  Hemisferio-de-Masas-Terrestre.jpg  160---casi-18-000-km.jpg

“La Invención de América”: el “Cuarto Continente”, “la Cuarta Parte Faltante de la Tierra”.  O, 90° de navegación, 10,000 km recorridos (en las unidades de su tiempo), de un Perímetro de 40,000 km en sus 360°; “la Cuarta Parte Faltante de la Tierra”.   Si de España a las nuevas tierras descubiertas entre 0° y 90° había 10,000 km, como a Malasia había más de 120° o más de 15,000 km, sumados daban casi el Perímetro de Estrabón.  La distancia faltante al Asia por la Ruta de Occidente, entonces, era aún de 10,000 km más, “la Cuarta Parte Faltante de la Tierra”, en el Perímetro de Eratóstenes.

 

*

 

El Renacimiento, la revolución de pensamiento y la cultura del quattrocento, el siglo XV.  El pensamiento objetivo materialista penetrado de Humanismo, con la crítica de ésta a la escolástica y la metafísica, hace que la ciencia, como diría Engels, deje de ser sierva de la teología y de lugar al renacer de la misma.  La Geografía, entonces, estuvo a la vanguardia de este movimiento revolucionario del renacer de la ciencia.  Más, cabe hoy preguntarnos, ¿qué es lo que renace de la Geografía en tanto ciencia?  Y la respuesta no puede ser más incontrovertible: el conocimiento exacto de la forma y dimensiones del espacio terrestre, como la magnitud misma de la Tierra.

 

Surgieron entonces geógrafos, luego de Toscanelli, como Buón del Monte, Andreas Bianco, Andreas Walperger, Claudio Clavo, Fray Mauro, Marcelo Germano, Américo Vespucio, Matin Behaim, y Henrico Martellus, estos últimos, con quienes, entre 1492 y 1498, la “Cuarta Península” vuelve a aparecer, y no obstante, ello seguirá siendo un problema para Juan de la Cosa, Stabus y Werner, Cantino, Caneiro, Contarini, y el mismo Wadseemüller hasta 1507.

 

Cuando Vespucio y Magallanes avanzaban en su navegación, no iban “construyendo el espacio”, como hoy puerilmente afirman los “geógrafos literarios” metafísicos subjetivistas “posmodernos”.  Ese espacio ahí estaba, previsto por cálculo desde Eratóstenes, con la hipótesis de los continentes de “contrapeso” Periécos y Antípodas, de Crates, y había que corroborar o no su existencia; y tocó a Américo Vespucio el descubrir, y a Magallanes recorrerlo y explorarlo.

 

Del nuevo estudio del espacio terrestre, se ajustó su representación en los mapas y globos terráqueos, para descubrir en ello sus nuevas propiedades: la declinación magnética y el Meridiano de 0° de la misma, la ortodromia y loxodromia, la conformalidad, la nueva simetría y asimetría; y a no mucho, su propiedad de esfericidad se mutó en propiedad de elipsoidalidad, y luego la representación geoidal de ese espacio en los mapas, hizo necesario para el conocimiento geográfico una cartografía altamente matematizada.

 

*

Hemisferio de Masas TerrestreFilosofía de la Geografía.

 

[____]  Qué es la Geografía; En el Renacimiento de la Geografía como Ciencia: el descubrimiento de la “Cuarta Parte Faltante de la Tierra”.

 

 

 

Comision-Geografico-Exploradora--Dr.-Carlso-Saenz--1969.jpgHistoria de la Geografía en México.

 

[____]  La Comisión Geográfico Exploradora (1877-1918).  (2/…)

 

 

 

 

04-Periquin-Plumero-y-lo-etico-estetico.jpgFilosofía.

 

[____]  “Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  I Parte (4/…)

[____]  Comentario, al Primer Congreso del Centro de Estudios de la Complejidad, con el Tema: "Mitigando el Calentamiento Global". 

 

Argonautas-en-la-Expedicion.jpgDivulgación Científico-Geográfica.

 

[____]  La Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa (4/…)

 

 

NOTA: Registramos en nuestras estadísticas del Blog una abundante consulta sobre el concepto de "Hechos y Fenómenos Geográficos"; y en realidad, es un problema más profundo que el que tenemos expuesto hasta ahora, pero de ello no daremos cuenta sino hasta que en la temática del desarrollo de la HIstoria de la Geografía en México, lleguemos a la inserción de la figura del Dr. Jorge A. Vivó. 

 

 

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25 agosto 2013 7 25 /08 /agosto /2013 22:04
Hemisferio de Masas TerrestreQué es la Geografía; el Renacimiento de la Geografía como Ciencia: el descubrimiento de la “cuarta parte faltante de la Tierra”. (21/)
Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.
23 jul 13.
 
La Edad de las Grandes Exploraciones, se refiere a las exploraciones geográficas; pero por ellas no se va a explorar los climas o los ríos, o la flora y la fauna, o los grupos humanos de otras posibles tierras, sino antes algo más básico: que dado que el espacio terrestre es esférico, era posible el <<Viaje al Oriente por la Ruta de Occidente>>, y lo que se iba a explorar, era la estructura de ese espacio para corroborar tal posibilidad.
 
Los descubrimientos geográficos a fines del siglo XV y principios del siglo XVI que como tales no podían ser otros que descubrimientos de la naturaleza del espacio terrestre, el cual era representado en los mapas, fueron de tal descomunal proporción, que la solución a un gran descubrimiento, pronto quedaba menospreciado, y hasta olvidado, por la solución a otro descubrimiento inmediato aún mayor.
 
Ese es precisamente el caso de cómo en el intento de darle la vuelta por el extremo sur a lo que parecía ser la supuesta “Cuarta Península”, o el ahora desechado “Quersoneso Áureo” (de khersos, continente; y nesos, isla; la “isla-continente”[*] que se suponía inicialmente de existir el “Paso del Sur”), luego de que el famoso “Paso del Sur” narrado por Marco Polo, no se encontrara.
 
 
Cuarta-Peninsula-en-Martel-Germano--1498-y-Waldseemuller--.jpg
Tercera y Cuarta Penínsulas, Malaya y el “Continente-Isla” o “Quersoneso Áureo”, en la esquematización del mapa de Henrico Marcelo Germano de 1498, y el Moderna Indiae, de Waldseemüller, de 1513.
 [Fuente: O'Gorman, Edumnundo; La Invensión de América;]
 
1498-Henrico-Martellus--1498.jpg
Original del Mapa de Henrico Martel Germano, 1498.
 
De ello se descubrió, por el recorrido de 90° en sentido latitudinal realizado por Américo Vespucio (de Portugal a los 40° jN, a Bahía Grande, en el sur de la actual Argentina, a los 52° jS, equivalente a 10,000 km, restando 50° de Portugal al Polo Norte, más 40° de Bahía Grande al Polo Sur, sumando los otros 90° para completar los 180° de un hemisferio terrestre y con ello 20,000 km), que el planeta Tierra debería tener un perímetro más grande que el legado por Estrabón a la posteridad, de casi 30,000 km.
 
Y apenas descubierto este hecho de una enorme trascendencia, se dedujo entonces otro: esas tierras extendidas de extremo norte al extremo sur del planeta, no era ni Asia, ni la “Cuarta Península”, sino un nuevo continente, un “Nuevo Mundo”.  Se daba así, el redescubrimiento científico de la naturaleza de esas nuevas tierras.
 
Luego entonces, se sabía que por el este, hasta Cipango, había 130° e longitud, así como que las nuevas tierras estaban a 90° de longitud oeste (justo donde Toscanelli situaba a Cipango), dando en total, un conocimiento del espacio terrestre, hasta entonces, de 210° de longitud, restando por conocerse, entonces, 150° más de longitud.  De ello, no le fue complicado a Vespucio cerrar a 180° poco más allá de Cipango, refutando así la Carta de Toscanelli, y entender que la diferencia para completar 360°, era de 90° o 10,000 km, y de ahí la exclamación: “¡he encontrado la cuarta parte faltante de la tierra”!; precisamente aquella que se había perdido en la Geografía de Estrabón, al modificar a casi 30,000 km los cálculos de Eratóstenes, que daban 40,000 km al perímetro de la Tierra.  Y de inmediato, el descubrimiento de aquel nuevo continente o “Nuevo Mundo”, quedó disminuido por la nueva noticia.
 
Pero más aún, la conciencia del nuevo perímetro de la esfericidad de la Tierra (1502), más la conciencia de la naturaleza de aquella tierra y el poderío sobre ella (1521), se sumaron al poco tiempo con la presencia de los portugueses en las Molucas (desde 1513), que urgió la descomunal travesía de Magallanes (1522)…, y de la “Cuarta Península”, en aquella vorágine de descubrimientos que le pusieron en el escenario de los mapas de la época, ya nadie más se acordó; y por varios siglos nadie reparó en que las tierras de Cattigara, habían sido en realidad las tierras de América del Sur reportadas por los chinos y mal ubicadas, como el Océano Pacífico todo, había sido confundido con la representación del pequeño golfo llamado, paradójicamente, “Sinus Magnus”, que también desapareció como “mágicamente”.
 
Y otra hazaña más sería consumada con la decisión de Sebastián Elcano de arrojarse a cruzar el Océano Índico por su centro con una de las dos últimas naves sobrevivientes, hasta alcanzar los cabos de Agujas y de Buena Esperanza, y de ahí arribando luego a España, para completar la primera circunnavegación al mundo iniciada por Magallanes.
 
En el renacer de la Geografía, su problema esencial como ciencia y en tanto tal, no podía ser otro que el conocimiento objetivo y concreto del espacio terrestre; de la distribución de las mares y océanos, de los continentes (hasta ahí, independientemente de su contenido), y de la correcta localización y configuración en los mapas, que, completado su conocimiento por cuanto a su forma y dimensiones, la ciencia de la geografía pasaría ahora a la investigación de las propiedades más complejas del espacio terrestre, dando inicio, con ello, a una nueva etapa: la de la ciencia de la geografía en el período de la Ilustración.


[*]      En nuestra opinión este es el caso, aun cuando otros autores suelen identificar al “Quersoneso Áureo” con la Península de Malaya, en un contrasentido etimológico.
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25 agosto 2013 7 25 /08 /agosto /2013 22:03

Mapoteca-Manuel-Orozco-y-Berra.jpgLa Comisión Geográfico-Exploradora (1877-1918). (2/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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abril 12.

 

Respecto de la labor de la Comisión Geográfico-Exploradora, citamos las palabras del Dr. Carlos Sáenz de la Calzada: la Comisión Geográfico-Exploradora realizó “una labor cartográfica digna de encomio y extendió sus actividades a otros campos con verdadera fortuna”[1]; y sin duda, ello fue así, y con tato éxito, que sus resultados mismos, paradójicamente, de conjunto, cuestionaron en adelante la labor geográfica, como los hechos históricos lo muestran, y a lo que el mismo Dr. Sáenz alude al final de su disertación, cuando concluye afirmando que, “los geógrafos nacionales que actualmente están desunidos desarticulados y empequeñecidos”[2].

 

Ello amerita una explicación, tanto más, que a casi cuarenta años de aquella conferencia, las conclusiones del Dr. Sáenz acerca de la situación de la Geografía en México en 1969, no sólo son, en términos relativos, iguales a los de la actualidad, sino en términos absolutos, peores, pues se supone que la situación en todo este tiempo no sólo debería haberse superado, sino debería haber dado lugar al despliegue de una nueva labor científica.  Pudiéramos decir, con ello, que el siglo XX es para la Geografía, todo un “siglo de crisis”.

 

Ciertamente, la geografía decimonónica concluye al concluir el primer quinto del siglo XX.  Su metodología cartográfica, que finalmente había superado la cartografía alzatiana del siglo XVIII (como ésta a la cartografía de Carlos de Sigüenza y Góngora del siglo XVII), a su vez, era ya superada por la cartografía propia del siglo XX.  Pero el primer problema está en que ésta no se superó en manos del geógrafo mismo haciendo uso de la metodología geodésica, sino en el ámbito de la geodesia misma, en donde la cartografía pareció ser el resultado final de sus estudios, que no en sí la medición de la Tierra.  Este pudiera decirse que es un problema práctico, en su momento, cada cosa ocupará su lugar.  Pero hay un segundo problema, este de orden teórico, que en aquel año de 1969 escapaba a toda observación por perspicaz que fuera, y tuvieron que transcurrir veinte años para poder observarlo, y aún así, su complejidad es tal y la situación social tan adversa, que a ello se han tenido que sumar otros veinte años más, para poder exponer el contenido de este trabajo y esta conclusión teórica.

 

El Dr. Sáenz de la Calzada, en los cometarios conclusivos a su conferencia, a partir de donde expone que los trabajos de la Comisión Geográfico-Exploradora se extienden a otros campos con verdadera fortuna, dice a continuación: “Era necesario volver los ojos a Humboldt y a Ritter, a Vidal de la Blanch…”[3]; es decir, en el contexto de la época (los años sesenta), volver los ojos a lo que hemos denominado después como la “geografía fenomenista”.  Y la paradoja está en que, cuanto más éxito tuvo la Comisión Geográfico-Exploradora en extenderse a otros campos, más encontró el geógrafo en ello, confusamente, la identidad de su propio hacer de conocimientos.

 

En realidad, el problema había comenzado desde 1867 al establecerse por Blas Balcárcel la creación de la carrera de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”.  Había entonces la imperiosa necesidad –inacabable desde el asentamiento mexica en Tenochtitlan hasta nuestros días–, de las inundaciones en el Valle de México; la Geografía, en calidad de ingeniería, dirigida a aplicarse a la hidrografía, tendría por fin atender ese problema como algo necesario inaplazable…; pero de ello, el geógrafo acabó creyendo que el objeto de su estudio sería el fenómeno hidrográfico.

 

Luego, bajo la influencia de otro notable personaje, como lo fue el geólogo Ezequiel Ordoñez (1867-1950), al aplicar la geografía a la exploración petrolera, del necesario estudio de la geología, acabó induciéndose la idea en el geógrafo poco atento, de que lo geológico también era su objeto de estudio.  Luego, con el Ingeniero Geógrafo Pedro C. Sánchez (1871-1956), que no sólo elaboraba trabajos en el campo de la geología, sino en el catastro y la geodesia, contribuye con el Ing. Geog. Pastor Rouaix, a la creación de la “Dirección de Estudios de Geografía y Climatología”, de la Secretaria de Fomento.  Y es que el problema hidrográfico, tenía como antecedente causal el fenómeno meteorológico-climático.  A ello contribuyó, como el propio Dr. Sáenz de la Calzada nos lo refirió alguna vez, el propio profesor Pedro Carrasco Garrorena (1843-1966), astrónomo, matemático, quien con esas bases matemáticas hizo estudios meteorológicos.  Y otro tanto, de la misma manera, se hizo por el Ing. Geóg. Joaquín Gallo (1882-1965), astrónomo y matemático, que ya elaboró incluso, unos “Apuntes de Meteorología” (1928).

 


[1]       Ibid. p.59.

[2]       Ibid. p.61.

[3]       Ibid. p.60.

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25 agosto 2013 7 25 /08 /agosto /2013 22:02

Mar; 3 Valiendo la Pena“Periquín Plumero”: una ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial. 1 El Amor y la Libertad (4/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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abril 13.

 

 

1        El Amor y la Libertad.

 

a)      El problema del amor y la libertad.

 

El amor (de ad, hasta; y morem, muerte; <<contigo hasta la muerte>>), es, sin duda, uno de los sentimientos más poderosos del ser humano.  Su experiencia real no es transferible, y de ahí que las formas de su expresión sean infinitas.

 

Para los efectos de esta exposición, identificaremos ese poderoso sentimiento con el máximo valor moral humano: la libertad.

 

Si bien el amor puede referirnos a varios aspectos, como el amor filial (a la familia), el amor fraterno (a las amistades), el amor propio (la autoestima),el amor a Dios (la mística), o el amor erótico (el amor entre los sexos), de todos ellos nos limitaremos a hablar aquí de de ese último, referido a la finalidad reproductiva, y, por lo tanto, al aspecto biosocial y el más irracional de las variantes de ese sentimiento.  En todas esas formas del amor, el fin último es la libertad.  El amor a los  hijos se consuma en su libertad, el amor a las amistades se cifra en su libertad, el amor propio cristaliza en la decisión de luchar por ser libres, el amor a Dios es precisamente el amor a la libertad misma; y así, el amor erótico debe entenderse, en su placer, como o una expresión de la libertad; pero más aún, el amor erótico como el pasional amor al otro, se constituye en esencia como el otorgamiento mutuo de la libertad.

 

Si se reflexiona en el hecho de cómo entender qué es la libertad, se derivará necesariamente a una de tres opciones que se han dado en la historia de la filosofía: 1) en que libertad es autodeterminación, es decir, el que cada cual pueda hacer lo que quiera y como quiera; 2) en que la libertad es posibilidad de la voluntad, esto es, el que si nos proponemos ser libres lo seremos, bastando para ello la voluntad suficiente, de modo que mi libertad sea hasta ahí donde es la libertad del otro; y 3) en que la libertad es conciencia de la necesidad, es decir, entendiendo por esa condición de necesidad, la solución de los problemas que la obstaculizan e impiden su realización, ganándose cada vez más, incluso históricamente, en grados de libertad.

 

En la primera solución existen dos objeciones: el que  el único ser con capacidad autodeterminativa absoluta en su libertad, será Dios (lo que hace a esta opción una solución metafísica teísta),; y que esa autodeterminación entre los humanos, se equipararía al caos.

 

En cuanto a la segunda opción, más allá del fundamento filosófico existencialista, esa es la base del derecho en el ejercicio de la libertad de nuestra sociedad actual.  Pero la objeción que encuentra, en el orden filosófico, es que, dada su expresión jurídica, cómo puede hablarse de libertad, ahí donde reina el principio de coerción; de ello resulta, pues, en los hechos, una “libertad a medias”.  Aquí la libertad no es absoluta, sino relativa, en tanto bajo coerción, que por definición niega la idea misma de la libertad.

 

Así, existe la tercera opción de la libertad como conciencia de la necesidad, que surge en el pensamiento materialista de la época de la Ilustración, con B. Spinosa, es retomado en su sentido idealista filosófico por Hegel, y replanteado en forma dialéctico-materialista por Marx.  Para Espinosa, bastaba el acto de conciencia de la necesidad para alcanzar la libertad, pero Marx observó que por más conciencia que  el esclavo tuviera de aquello que lo sometía, seguiría siendo esclavo en tanto no luchara por romper sus cadenas.  En consecuencia, para Marx, el acto de conciencia supone, incluso, la lucha por la libertad, superando lo que se le  opone.

 

Por supuesto, en este ensayo, compartimos esta tercera opción; y si en ella equiparamos el amor a la libertad, tendremos que entender, a su vez, el amor, como esa conciencia de la necesidad.  O, dicho de otra forma, para que el amor sea como libertad, no basta que se exprese como sentimiento (en el ideal platónico), sino que, para realmente ser, tiene que luchar para derribar todo cuanto le niega y se le opone.

 

En las otras opciones, el amor como libertad, o no pasa de ser una idea irrealizable, o se convierte en un asunto de negocio y de convenio de derechos.

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