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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
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  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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11 agosto 2013 7 11 /08 /agosto /2013 22:03

Blas Balcárcel (1825-1899)Blas Balcárcel (1825-1899): un despliegue tardío de la "geografía espacista" moderna en México. (2/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

09 abr 12.

 

En lugar de Blas Balcárcel, a la muerte, por enfermedad, del que se había nombrado Director a pesar de haber sido repudiado por el estudiantado, regresó a la Dirección del Colegio de Minería, convertido ahora en el “Tercer Establecimiento, para Estudios de Física y Matemáticas”, Joaquín Velázquez de León Güiteras (nieto de Joaquín Velázquez de León, fundador del Colegio de Minería a fines del siglo XVIII).  Pero, nuevamente, al triunfo de la Revolución de Ayutla, luego de la presidencia de Juan Álvarez y estando ya Comonfort en la misma, éste “licencia por dos años” a Joaquín Velázquez de León (nieto), retirándolo de su cargo de Director y nombrando, otra vez, a Blas Balcárcel.  Sin embargo, dos días después, una revuelta de docentes conservadores impidió nuevamente a Balcárcel la toma de la Dirección.

 

Sin embargo, a dos años, poco duró el gobierno liberal.  En diciembre de 1857, Félix Zuloaga opera un golpe de Estado, bajo cuyo nuevo gobierno vuelve a la Dirección, otra vez como Colegio de Minería, Joaquín Velázquez de León, al cual Balcárcel el hace nuevamente entrega de la misma.  Pero, suscitándose una vez más una revuelta estudiantil, esta vez más grave, pues no sólo se anularon los estudios de Geografía, sino de 68 alumnos en total, tras la expulsión de cinco, se les solidarizaron cuarenta y nueve más, que decidieron retirarse del Colegio, lo cual causó su cierre oficial por diez días, para que se decidiese el que continuara operando así fuera con sólo catorce alumnos.

 

En ese lapso se inicia, con la Presidencia Itinerante de Benito Juárez, la Guerra de Reforma (1858-1861), con Blas Balcárcel del lado juarista; por lo que, al triunfo liberal, lo vuelven a nombrar Director del Colegio de Minería, y el cual convoca nuevamente a todos los alumnos que, apoyándolo, se habían separado del Colegio en 1858; al tiempo que, bajo su nueva dirección, se restablecen los estudios de Geografía.

 

Sin embargo, al año siguiente, tiene lugar la intervención francesa en México, y en tal hecho se dará el más vergonzoso pasaje de la historia de la ciencia en México, y en particular, involucrada en ello la Geografía: junto con Joaquín Velázquez de León, el primer titulado en Geografía como Ingeniero Geógrafo en México, José Salazar Ilarregui, Manuel Orozco y Berra, y Joaquín de Mier y Terán, entre otros personajes menos notables, se pasaron del lado colaboracionista del invasor francés.  Con ese hecho, nuevamente al triunfo de la República, terminó para siempre el linaje de la dinastía “Velázquez de León” y su influencia conservadora en la continuidad de la ciencia en México.

 

Restaurada la República ante el intento del Imperio Monárquico francés en México en 1867, con el liberalismo juarista nuevamente en el poder, Blas Balcárcel vuelve a hacerse cargo, ahora desde su posición como Ministro de Fomento, teniendo en una de sus primeras instrucciones, la transformación del Colegio de Minería, en la Escuela Especial de Ingenieros, adscrita a la Universidad Nacional, formado parte de dicha Escuela, la carrera de “Ingeniero en Geografía e Hidrografía”.

 

Finalmente, Balcárce, no estando de acuerdo con el levantamiento de Porfirio Díaz que pone fin al gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada en 1876, a sus cincuenta años de edad, se retira de sus actividades como funcionario.

 

De esa fecha, por los veintitrés años siguientes hasta su fallecimiento en 1899, no disponemos de datos que nos permita comentar lo que fue el lapso final de su vida; en todo caso, por lo menos en un aparte,, de diez a quince años, lo queremos suponer como profesor de la Escuela de Ingenieros por él fundada, incluso en la carrera que bajo su instrucción se creó, de Ingeniería en Geografía e Hidrografía.

 

Con él y con la muerte de sus cercanos colaboradores en el curso de la primera década del siglo XX, más el desencadenamiento de la Revolución Social de 1910-1917, terminó una época en la vida de la ciencia en México, y en particular, de la Geografía.

 

Mientras que en Europa la ciencia de la Geografía es debatida entre los postulados antropogeográficos de Ratzel, o geomorfologistas de Richtoffen; mientras allá se discutía si se separaba a la Cartografía como una ciencia aparte de la Geografía; acá, bajo la instrucción de Blas Balcárcel, la Geografía se consolidaba  en el ámbito de las ciencias físicas y matemáticas como un conocimiento cartográfico y “geognóstico” (en la terminología de la época para designar todo lo que abarcara la Relación Geográfica).  Todo ello, vinculado directa y profundamente con la solución de la problemática geográfica del país: el conocimiento de su espacio, su ordenamiento territorial en donde aquí aparecía, desde siglos atrás, la necesidad de soluciones a los problemas hidrográficos de la cuenca del Valle de México.

 

La Geografía en México, así, con su relativo retraso y desfasamiento respecto del Viejo Mundo, resultaba más avanzada que en Europa, en donde más bien aparecía ya decadente y en crisis.

 


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11 agosto 2013 7 11 /08 /agosto /2013 22:02

Mar--2-Grrr.jpg“Periquín Plumero”, o la ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.   Introducción (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 jul 13.

 

Para el año 2000 nos movimos al ámbito de la Universidad privada, y en ella, pero ahora ya con fundamentos teóricos dados en la ética y estética, continuamos haciendo aquel ejercicio de enorme contrariedad entre los sexos.  Empezamos a notar que variaban las respuestas, y es que se daban varios factores en ello: se estaba ahora en un ámbito más pequeñoburgués que proletario, y poco más de un lustro después, era ya notoria la presencia de otro núcleo generacional de jóvenes de entre 18 y 28 años de edad, ya muy distinta (de hecho, era ya esa diferencia de las denominaciones insultantes que el Estado promovió, de las llamadas “generación x” de los noventa, y la “generación light” de los dos mil).  Pero ello, adicionalmente, nos permitió ver cómo evolucionaba el fenómeno, que no era otra cosa que entender cómo se agudizaba esa contradicción entre los sexos.  Algún último ejercicio lo habremos hecho quizá hacia el año 2006, entre jóvenes que ya mostraban un notable desconcierto.

 

Para entender cuál es la situación siete años después a aquel último ejercicio, o sea, hoy, en la fecha de la redacción de este artículo, basta ver cuáles fueron esas respuestas durante esos años y su tendencia, tanto en regresión, como en evolución.

 

Así, a la pregunta: 1) en nombre del amor (lo que se entienda por ello, que siempre será un máximo valor), ¿se estaría en la disposición de entregarse en esclavitud (lo que literalmente se entiende por ello) al ser amado?  Respuesta en la mujer: Sí (dicha de manera no inmediata, envuelta en un cierto rubor, con medido recato y contrariedad, pero explícito).  En el hombre: No (<<no profe, qué le pasa!>>).  Así, las mujeres respondían con un maravilloso halago del tamaño del Universo a la masculinidad.  Los hombres, en la misma magnitud, lo hacían en la más horrenda bestialidad.

 

Luego, a la segunda pregunta: en nombre del amor (lo que se entienda por ello, que siempre será un máximo valor), ¿se estaría en el deseo de que el ser que les ame se les entregue en esclavitud?  Respuesta en la mujer: No! (un no inmediato y tajante, envuelto en una actitud reprobatoria).  En el hombre: … ¡Sí! (<<¡Sí profe, pues claro!>>)… ¡Ah, bestias!

 

El asunto es que, desde un principio, acordaba con los estudiantes el que yo también les daría mis respuestas…; y heme ahí, casi como el “Rey de las Bestias”, a medias, porque: ¿me he de entregar a la mujer en esclavitud por amor?, para mi ya no era un problema teórico, sino un hecho práctico afirmativo, aun cuando en la inconsciencia absoluta.

 

Pero he ahí que: ¿desearía que la mujer que me amase se me entregara en esclavitud?: ¡Sí!  Sí, y en la más absoluta sumisión (¡¡Ah, ¿acaso una bestia inmunda de mi?!!).  No, no estamos hablando de relaciones económico-sociales, sino de relaciones biológico naturales entre los sexos, donde, más aún, esa entrega en esclavitud y absoluta sumisión no es impuesta (no es producto de relaciones económico-sociales), sino por propia voluntad (en el instinto biológico natural).

 

Este “sí” masculino del deseo de la esclavitud de la mujer, está en el deseo posesivo biológico-natural, como el correspondiente “sí” femenino de aceptación está en el biológico natural placer a esa entrega, que cuanto más sumisa, mayormente placentera.  Hasta aquí, esa actitud de la feminidad hace tanto más a la masculinidad, como ésta a aquella.

 

Pero el problema está en la no-correspondencia entre el otro para de respuestas: la mujer rechaza la idea de la esclavitud para sí del hombre, y con ello refrenda una actitud positiva hacia él (que aunada a la respuesta anterior, refrenda su actitud de entrega); por lo contrario, el hombre no está dispuesto a su esclavitud hacia ella, y ese acto unilateral hace aparecer el “machismo”.

 

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11 agosto 2013 7 11 /08 /agosto /2013 22:01

DeucaliónLa Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (2/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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03 nov 12.

 

 

Cualquier sujeto con un poco de cultura, tal como él daba muestras de tenerla, podría armar esa historia, pero lo que la llevaba hasta la fantasía demencial, era que él, con toda seriedad, no hacía como narrarla de sus cultas lecturas, sino aparentando que ello era de su viva experiencia.  Me afirmaba que él, con otro nombre que guardaría en secreto, cual viajero del tiempo, había participado entre el poco más de medio centenar de argonautas en la expedición a Colquis.

 

¡Imaginaos la escena!, alguien, ahí, de golpe, me soltaba todo eso.  Me recliné en mi silla y completamente enmudecido, me quedé viéndolo de frente a los ojos detrás de sus gruesos lentes, como esperando a que me revelara la broma.  A su vez se me quedó viendo fijamente a los ojos como clamando mi credibilidad a su historia.  De pronto no pensé más que el buen “Deu”, a loco me la ganaba, y con mucho.

 

Ya sea por el “instinto de sobrevivencia” o porque en las películas cinematográficas con sujetos así se acostumbra  “seguirles la corriente”, saliendo un tanto de mi desconcierto ante el hecho de que el no parecía revelar una broma, sino en que se obstinaba en que le creyera aquello como verdad, como autómata, solo me limité a responder preguntando: “…bueno…, y qué?

 

Entonces, Deuterio, a su vez reclinándose, echó un sonoro resoplido.  Sabía que cualquier otro, como él decía, con un “cerebro lineal”, dispuesto todo en él en un estricto “orden secuencial”, de inmediato hubiera recogido sus cosas y se hubiera marchado.  Sólo un cerebro capaz de operar en un palimpsesto de escritura anterior insuficientemente borrada en el que simultáneamente hay dos lecturas a la vez, podría entender su historia, y en ese “bueno, y qué?”, nuestro, obtenía esa oportunidad, y se tomó su tiempo tras el resoplido.

 

Rosaura, la hermosa Clío, por supuesto, era uno de esos “cerebros lineales de todo en su estricto orden secuencial”, y no tenía la menor idea de quién era realmente su amigo “Deu”, alguien extraño ya en calidad de loco, o peor aún si lo que decía era verdad, y al que había conocido de la Facultad donde ambos habían estudiado.

 

“Bueno…, y qué?” –repitió en voz alta Deuterio para sí, ya repuesto; y agregó lentamente…–, pues, que hay un secreto en la misión del Argo a la Clóquide.

 

_     ¿De Argo, o de Jasón? –replique yo como empezando a desenmascarar la patraña de su historia.

_     De Argo –respondió él firmemente–, Jasón fue un medio –y bajando la voz, e incluso la cabeza como con cierta pena por Jasón, añadió a su dicho–, Jasón sólo fue una víctima propiciatoria, el pretexto para justificar la expedición.

 

Entonces me sorprendí, o estaba frente a alguien que en realidad parecía saber más de lo común de esa historia, o de un consumado fantasioso capaz de montar con enorme creatividad las variantes que fueran; y entonces lo dejé que continuara.

 

_     Argo, como ahora veo que sabes –me dijo Deuterio continuando parsimoniosamente con su narrativa–, fue el Piloto Mayor de la nave.  Al fin su nave, él la mandó construir en el astillero de Yolcos, en Tesalia, y le puso su nombre…, quién más podría estar a cargo de su conducción?

_     Sí, claro –dije indulgente con una sonrisa dado el risible hecho–, y lo sé porque, bueno, has de saber que soy geógrafo…

_     Sí, lo sé, y enredado en asuntos filosóficos –me confirmó interrumpiéndome–, Clío me ha platicado de ti.  Pero, bien, pues, el que fuese Piloto Mayor fue lo que me hizo llegar hasta Argo, que como tal, aún seis siglos antes de Anaximandro, ya ponía en práctica los conocimientos que mucho tiempo después serian llamados “geográficos”.  Jasón era una autoridad política y militar, pero Argo era alguien de ciencia.

 

Entonces, a sus palabras, me di cuenta que la misión secreta del Argo, debía referirse a lago en el campo de la ciencia, y particularmente en relación, quizá, a la geografía, y, en consecuencia, ya fuese realidad aquella extraña historia, o una simple variante fantástica al pasaje mitológico, me dispuse de buen grado a “seguirle la corriente”.

 

_     Pero, para más –continuó Deuterio–, la misión secreta del Argo no era personal, y había varios involucrados, aun cuando, ciertamente, no muchos…

_     Debo suponer –me atreví a decir, en el contexto de aquella locura, casi conteniéndome sintiendo como que ofendería o se tomaría como mofa de mi parte–, que tu, fuiste uno de esos involucrados…

_     Así es, en efecto –respondió Deuterio con entera naturalidad, a lo que sentí un descanso temiendo haber ofendido–, fuimos sólo cinco los que participábamos de esa conspiración secreta: 1) Argo (el Piloto Mayor), 2) Asclepio (el médico), 3) Zetes (el explorador), 4) Etálides (el mensajero), y 5) Deucalión (el hijo de Prometeo).  Tendrás que adivinar cuál de los cinco soy yo…

_     Mmm –me quedé pensando un momento–, en realidad -continué–, tendré que adivinar entre cuatro…, Argo no eres…; y él respondió con una sonora carcajada, aun cuando un instante después me volvió la duda incluso sobre él.

 

“Siguiéndole la corriente”, me preguntaba internamente quién, de entre ellos, podía ser un viajero del tiempo y ahora estar frente a mí.  Argo, por su ciencia, tenía las razones para ello; Asclepio, otro tanto, más aún quizá, pues había sido “fulminado” por un rayo de Zeus; Zetes, de suyo con la personalidad de explorador; Etálides, elegido como el mensajero por su excelente memoria…, como sólo la podría tener un viajero del tiempo testigo presencial de los hechos; o Deucalión, el Noé milenario de la mitología hebrea entre los griegos.  Realmente todos tenían méritos para ser identificados como viajeros en el tiempo.  Iba a necesitar que mi amigo Deuterio se expresara más en detalle para, en su lenguaje, identificar su oficio.  ¿Quién era?, y ¿por qué estaría interesado en narrarme a mí esa historia que parecía destinada a revelar un secreto?  ¿De qué naturaleza era el mismo y cuál podría ser su trascendencia?

 

Aquella historia iba para largo, y ciertamente no estaba para un cuento largo; lo dejaría explayarse dos o tres sesiones y le demandaría “ir al grano”.  Quedamos de vernos en uno de los restaurantes enfrente de la escuela para comer, en lo que platicábamos sobre su historia; y ya sólo me advirtió: Rosaura no sabe esta historia, no estará invitada a comer; y por lo demás –dijo con un cierto tono de importancia al caso–, ello me permitirá narrarla de manera “literariamente vivencial”.

 

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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 22:05

Editorial

Blas Balcárcel (1825-1899) 

Blas Balcárcel (1833-1899)

Lo más representativo de una burguesía intelectual progresista en México, en su época del capitalismo naciente.  Su vida pareciera haber quedado caracterizada por los acontecimientos políticos del mismo año en que nació, en el que los liberales (esa burguesía progresista revolucionaria), toman de trasmano el poder y resisten coexistiendo con la más vulgar burguesía conservadora de inextinguibles aspiraciones monárquico-virreinales.  Así lo hará Blas Balcárcel en relación con el último representante de la dinastía virreinal “Velázquez de León”, respecto de la Dirección del Colegio de Minería.  No poder, durante mucho tiempo, erradicar ese conservadurismo retrograda, tuvo, necesariamente, sus consecuencias: el despliegue tardío tanto del Estado moderno en México, como de la ciencia misma, y en ello, de la Geografía como una primigenia “geografía espacista”.

 

*

 

La independencia de México se consuma en un pacto entre la burguesía conservadora nacional, criolla, que desplazando a los españoles, tan sólo quería para sí el poder con aspiraciones monárquicas propias; y la burguesía progresista liberal que no sólo aspiraba al poder como condición de necesidad, sino que alentaba cambios a un orden económico capitalista de producción y distribución en una sociedad republicana.

 

Dirimir esa posesión última del poder que determinaba o no la posible transformación social, prácticamente consumió los tres cuartos del siglo XIX.

 

La lucha política de Estado tuvo como su principal escenario de combates el ámbito intelectual en el Colegio de Minería, en medio de una gran cantidad de escaramuzas, en las que no cambió drásticamente la correlación de fuerzas sino hasta la Revolución de Ayutla de 1854, que desencadenó la reacción del golpe de Estado de Félix Zuloaga de 1857 y la Guerra de Reforma, que a poco se enlazó con la intervención francesa, culminando en 1867.

 

Sustituido entonces el Colegio de Minería por la Escuela Nacional de Ingeniería (hoy Facultad de Ingeniería, UNAM), Blas Balcárcel funda en ella la carrera de “Geografía e Hidrografía”, con un contenido eminentemente de ingeniería y de expresión cartográfica; pero ello fue ya un despliegue tardío de una primigenia “geografía espacista” moderna en México.  En tres faces, por un lado las necesidades político-sociales del Estado expresadas en la utilidad de una geografía enciclopédica y descriptivista del positivismo, primero con Juárez, y luego especialmente con Porfirio Díaz; por otro lado, el avance en las especializaciones en las ciencias; y finalmente, en un lado más, la problemática teórica de la Geografía; se hizo aparecer a la Geografía como una ciencia insuficiente, tanto en el levantamiento cartográfico ahora en manos de la topografía y geodesia; como en los estudios fenomenistas, ahora a cargo de especialistas ya expresamente formados en ello; y la situación teórica de la geografía en México, comenzó a homologarse con la situación internacional de la misma, que por entonces celebraba sus primeros congresos internacionales, en cuyo seno se discutió especialmente el carácter cartográfico de la geografía, dictaminándose el resolutivo de la separación de la Cartografía como una ciencia aparte, integradora de la Geografía como un “sistema de ciencias”.  Posteriormente, los acontecimientos revolucionarios de 1905 y luego de la Revolución de 1910-1917, acabarían por definir su funesta suerte.

 

*

El IdrisiFilosofía de la Geografía.

 

[____]  Qué es la Geografía; el Resurgimiento de la Geografía Científica: la geografía árabe de Al-Juarizmi (s.X), hasta El Idrisi (s.XII).

 

 

Escuela-Nacional-de-Ingenieros--1867.jpgHistoria de la Geografía en México.

 

[____]  Blas Balcárcel: el despliegue tardío de la “geografía espacista” en México.  (1/2).

 

Periquin-Plumero-en-Prision.jpgFilosofía.

 

[____]  “Periquín Plumero”; o la ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.  (1/…).

 

 

 

Argo, ConstrucciónDivulgación Cientifico-Geográfica.

 

[____]  La Misión Secreta del Argo.  Ciencia-Ficción Sospechosa.  (1/…)

 

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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 22:04

El-Idrisi.jpgQué es la Geografía; el Resurgimiento de la Geografía Científica: la geografía árabe de Al-Juarizmi (s.X), a El Idrisi (s.XII). (19/)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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05 jul 13.

 

La  geografía con un fundamento idealista metafísico que se inició con Cosmas Indicopleustes en el siglo VI, pasó por Isidoro de Sevilla, y, a decir de Erwin Raiz, por la Cosmografía de Ravenato y los mapas de Albi y San Beato, en donde, en el primero, el mapa de Albi, literalmente dicho, se “orienta” teniendo al punto cardina Oriente en la parte “superior”, en dirección del Paraíso en la distribución del mapa, y al que le caracteriza una indefinición de marco o límites al océano mundial, ante la contradicción con las Sagradas Escrituras en que se ha apoyado Indicopleustes, respecto al punto en donde el “el cielo se fija con la Tierra”; y en donde el mapa de San Beato, un mapa del año 776, orientado de la misma manera, pero en una interesante distribución oval enmarcada que insinúa una combinación de una curvatura observada en la realidad, conciliada con la forma rectangular que le ha designado Indicopleustes en la fe cristiana.

 

En ese momento último tiene lugar el Renacimiento Carolingio (768-814), literalmente dicho, como una ascua en la más profunda oscuridad, pues ese siglo IX será el de mayor osurantismo medieval en geografía, pues, paradójicamente, el mapa oval, acabará transformado en la máxima expresión de la subjetividad, en el “Orbis Terrarum” medieval conocido mapa de “T en O”, en una alegoría de la Cruz Cristiana.

 

Pero justo en ese siglo IX de la máxima oscuridad en geografía en Europa, aparece Al-Juarizmi en el mundo árabe; más conocido como matemático, pero de importantes contribuciones a la geografía al aportar sus “Tablas de Latitudes y Longitudes”.  A éste le siguen Jafar de Jiva, Jacubi, Istajri, y Zarkala.  En Istajri, a mediados del siglo X, como nos lo presenta Raiz, está con él el “Orbis Terrarum” medieval entre los árabes, pero, por decirlo así, de regreso a la representación de la realidad objetiva.

 

Ese es el momento, a su vez, de la aparición del famoso “Mapa Cottoniano”, cuya irregularidad en su configuración ya no responde al absurdo de una representación subjetivista, sino, por lo contrario, al planteamiento complejo de la representación objetiva de la realidad objetiva, que volvía a los esfuerzos de representación cartográfica del espacio terrestre.

 

Para el siglo IX, Raiz menciona ya la aparición de un “Atlas de la escuela islámica”, y por si esa idea de una escuela de pensamiento geográfico del mundo del islam no fuese suficiente para ver la relevancia ya del momento histórico del desarrollo de la ciencia de la Geografía, Raiz agrega al punto, el que los mapas de tal Atlas, son nuevamente proyectivos (o de “mapas geométricos”, como él les llama).  Con ello se volverá a la ciencia clásica griega de la geografía, de un alto grado no sólo de matematización, sino de abstracción y generalización; y, finalmente, en el siglo XII, en el 1154, aparece el mapa de El Idrisi, con el que no se inicia una nueva etapa de la geografía como lo llegamos a considerar haciendo un traslado mecánico a Europa, sino con el cual culmina el desarrollo de la geografía árabe.

 

A pesar de la presencia de El Idrisi en la corte de Roger II de Sicilia, la geografía en Europa va a vivir una sorprendente paradoja de la que no nos habíamos dado cuenta sino hasta ahora.  Si la representación de la superficie terrestre en la cartografía proyectiva árabe de la cual Idrisi es su culminación, un desarrollo tecnológico introducido en el instrumental geográfico, en contra del sentido común, volverá a cortar de tajo el resurgimiento de esa geografía científica de un espacio proyectivo: apareció la brújula en Europa, y con ello la cartografía proyectiva fue dejada de lado por la nueva Cartografía Portulana por rumbo y distancia.

 

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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 22:03

Blas Balcárcel (1825-1899)Blas Balcárcel (1825-1899): un despliegue tardío de la "geografía espacista" moderna en México.  (1/2).

 Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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09 abr 12.

 

La virreinal dinastía iniciada en Nueva España por Diego Velázquez, gobernador de Cuba, encargado de enviar las expediciones de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés, sólo como recaudadores de oro y no de conquista, lo cual Cortés se atrevió a violar, en las tierras continentales recién descubiertas por Cristóbal Colón a nombre de España; que proyectada hasta bien transcurrido el siglo XIX, en 1867, tiene su enhiesta contraparte en el hijo de uno más de los mineros de Guanajuato: Blas Balcárcel (1825-1899).

 

Ser hijo de minero era, por lo menos hasta antes de la Independencia, condición necesaria para ser admitido en el Colegio de Minería; no lo era ya para cuando Blas Balcárcel se inscribió en él.  Una segunda condición era tener, por lo menos, quince años de edad, de modo que Balcárcel inició sus estudios de minería en cuatro años que comprendía la carrera, entre 1840 y 1843.  El sistema educativo era entonces el llamado “Lancasteriano”, el cual resolvía la falta de docentes, echando mano de los estudiantes más avanzados, para, bajo la observación de los educadores experimentados, aquellos adiestraran a sus compañeros de menores niveles; y eso explica por qué en 1843, apenas egresado, quedara a cargo del curso de Matemáticas, a cargo de cuyo docente, por reglamento, estaba el impartir, a su vez, el curso de Geografía.

 

Para tratar de descifrar el posible contenido de tal curso de Geografía, hay que aclarar que existía, aparte, el curso de Delineación, que abarcaba los estudios de arquitectura de minas, como de la “elaboración de todo tipo de planos y mapas geográficos”.  Ello nos indica que, si por una parte estaba lo que hoy denominamos como Cartografía, a cargo del Arquitecto Estevan González, por otra parte estaba el curso de Geografía, a cargo de Blas Balcárcel como profesor de Matemáticas.  Ello nos induce a pensar que si bien la Geografía no se enseñaba como Cartografía, como en los siglos XVII y XVIII, tampoco sería su contenido completamente descriptivista de los fenómenos, como era entonces por influencia teórica de Karl Ritter, y quizá principalmente, de Alejandro de Humboldt, que a principios de siglo había estado haciendo estudios de geografía en México.

 

El que la Geografía estuviese por reglamento a cargo del profesor de Matemáticas, habla del contenido que se exigía para tal curso, es decir, de lo que se daría en llamar como “Geografía Matemática” hoy en día, o en otras palabras, del estudio del posicionamiento astronómico, del cálculo geodésico, y el levantamiento de mapas, a lo cual se agregaba una descripción de los lugares.  No obstante, ese mismo año en que Blas Balcárcel se hacía cargo del curso de Geografía (1843), ésta se abría como carrera, estudiándose en ella Geodesia, Uranografía (Cosmografía), y Delineación (Cartografía), entre otros cursos generales.

 

Así, por azares de la historia, tocó en suerte a Blas Balcárcel ser el primero en impartir la Geografía en su forma de enseñanza, como materia de estudio, ya institucionalmente en el México moderno.  Y eso que se inició en la casualidad, terminó en el bien pensado y necesario establecimiento de la carrera de “Ingeniería en Geografía e Hidrografía”, en la nueva Escuela  Especial de Ingeniería, ahora a cargo de él mismo, al triunfo de los liberales tras la guerra de intervención francesa, en 1867.

 

Volviendo a la fundación de los estudios profesionales de Geografía en México en 1843, a poco de egresada la primera generación en 1846, sobrevino la invasión norteamericana en la guerra de 1847-1848.  Las clases en el Colegio de Minería, no obstante, continuaron en medio de la guerra, siendo Blas Balcárcel uno de sus profesores, y José Joaquín de Herrera (1792-1854), uno de sus estudiantes en la carrera de Geografía no obstante sus 56 años de edad, el cual, al retiro del Ejército Norteamericano, se encargó interinamente de la Presidencia de la República (1848-1851).

 

Luego de un breve período más de retorno de Santa Anna al poder, finalmente es destituido por la Revolución de Ayutla.  Sin embargo, la resistencia del conservadurismo santaanista al interior del Colegio de Minería, impidió que Blas Balcárcel tomara la Dirección del mismo desde entonces, a pesar de contar con el apoyo del estudiantado.

 


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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 22:02

01-Atrapado-y-sin-Salida.jpg“Periquín Plumero”, o la ética nicomaqueana en su tema más escabroso, como más esencial.   Introducción (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

05 jul 13.

 

Introducción.

 

Durante los años setenta, al calor de aquellas luchas en que hombres y mujeres participábamos al unísono por la “igualdad”, la “liberación femenina”, o “la emancipación de la mujer”, etc; ya desde entonces definido como marxista sempiterno (palabra elegante que quiere decir, “eternos”), pero en aquellos tiempos, se entiende, de un marxismo, si no vulgar, sí bastante primigenio, buscaba los fundamentos teóricos de ello, correctamente por sus causas, en la economía política, es decir, en cómo el modo de producción económico-social, determina sobre la vida social y la historia misma; y entendíamos plenamente la justedad de esas luchas, pues la lucha por la emancipación de la mujer, es la lucha por la emancipación de la sociedad;  y diremos con Marx y Engels: “el proletariado no puede emanciparse, sino a condición de emancipar a todo la sociedad”[1].

 

Pero el problema real, de fondo, consistía en entender, aún en un nevo estado de cosas, bajo una nueva organización social: 1) en qué consistía en esencia (no por la revolución y una nueva sociedad efectiva y mucho menos por las manifestaciones del fenómeno dado en aquellas luchas como tales), esa emancipación, y 2) cómo lograrla (más allá de solazarnos con aquellas maravillosas minifaldas).

 

Por esos tiempos, éramos ya estudiantes de a Facultad, y aquello que para nosotros apenas unos años atrás, desde el 68, era sólo un problema teórico formal, pronto, con nuestro matrimonio, se nos transformó en un vivo problema de necesidad de solución práctica.  Y por más vuelta que le dimos a la economía-política e incluso a teoría social y política, todo ello resultó insuficiente para poder explicar ese aspecto esencial, de en qué consistía esa emancipación de la mujer y cómo lograrlo.

 

Una década después, ya a principios de los años noventa, resolver ese problema se hizo un asunto vital (y aquí le doy un trato personal, pero es evidente que ello era un problema generalizable a toda una época y una generación biosocial).  Mientras hubo el dinero suficiente como para disipar las contrariedades de la vida, ese problema estuvo ahí latente, inmerso en el marasmo de insuficiencias teóricas.  Pero bastó la crisis económica de 1994-1995, para que ello se sumara al descomunal desastre no sólo personal, sino social.

 

Dada la necesidad y su urgencia, no encontrando fuentes de donde abrevar una explicación a la situación, nos pusimos a teorizar por cuenta propia.

 

Por entonces, segundo lustro de los años noventa, impartíamos cursos  en la Escuela Particular Normal Superior del Estado de Morelos, en cuyos grupos dominaban numéricamente las mujeres.  Durante los años 95 y 96, nos elaboramos intuitiva y espontáneamente a partir de la experiencia propia, la posible explicación del problema centrado en la relación entre los sexos (palabra que quiere decir, “segmentos” o “separaciones”, en este caso, de la humanidad en dos seres con órganos biológicos y funciones distintas), relación sexual o entre los sexos, o sea, relación entre esos segmentos, por la cual no debe entenderse reducidamente el puro acto reproductivo, sino, rompiendo prejuicios, todas las relaciones de todo tipo entre la mujer y el hombre en tanto su condición biológica natural, y en donde las relaciones sociales constituyen un factor externo.

 

Dicho énfasis último no es un rebuscamiento del problema, sino, como la experiencia nos lo hacía ver, un aspecto esencial para la comprensión del fenómeno.  En otras palabras, para entender el problema de la emancipación de la mujer como parte de la emancipación del proletariado y de la sociedad, por un momento, didácticamente, omitamos ese factor externo de las determinaciones sociales, y analicemos y juzguemos el caso exclusivamente por las condiciones biológico-naturales entre la mujer y el hombre.

 

Hicimos pues, con aquellos grupos de estudiantes ya de los años 1997-1998; primero tímidamente, como es lógico suponer, y luego ya de manera muy explícita y directa, un ejercicio de reflexión sobre el punto esencial e todo esto, que en ese momento nosotros mismos entendíamos apenas vagamente de manera intuitiva.

 

Primero, en la presencia de todo el grupo académico, hacíamos a las mujeres dos preguntas: 1) si en nombre del amor (lo que entendiesen por ello, que sería un máximo valor), ¿estarían dispuestas a entregarse en esclavitud (por lo que ello exactamente debe entenderse), al hombre que amasen?; y, 2) si, en nombre del amor, ¿desearían en esclavitud al hombre que amasen?

 

Piénsese en ello, dese una respuesta, y confrontémoslo más adelante.  Debo decir que nuestra hipótesis se verificó tantas veces hicimos el ejercicio, por lo que, en general, esas respuestas pudiéramos anticiparlas de nuestra parte, incluso, aderezadas de los sentimientos y las causas de los mismos que les envuelven.

 

Luego, en las mismas condiciones, hacíamos exactamente las dos mismas preguntas a los hombres, ahora, respecto de la mujer.  En ambos casos se verificaba lo esperado (con lógicas excepciones), que respondían a nuestro intuitivo sentir.

 

En ese último año en que estuvimos en dicha institución, 1999, circunstancialmente se nos dejó un curso de Filosofía para estudiantes de Bachillerato.  El programa comprendía todos los temas generales de la filosofía: su historia, la teoría del conocimiento, la lógica, la ética y la estética.  Y he ahí que ese curso nos sirvió: primero, para acabar de entender la lógica; y segundo, sorprendentemente, para darnos cuenta de que ese problema esencial de la emancipación social que pasa por la emancipación de la mujer, si bien tenía una determinación económico-política, su solución, en esencia (que sólo podrá ser así en una nueva sociedad socialista), pertenecía al campo de lo ético-estético.

 



[1]        Marx-Engels; Manifiesto del Partido Comunista; Editorial

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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 22:01

Argo, ConstrucciónLa Misión Secreta del Argos.  Ciencia-Ficción Sospechosa  (1/…).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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03 nov 12.

 

 

 

Introducción.

 

Voy a contarles aquí, a manera de una narrativa mitológica, en forma de cuento de ciencia-ficción, algo sumamente extraño, a partir de algo más extraño aún, fuente de los datos aquí narrados.  Justo esa combinación de extrañezas es lo que nos hace volver a esa incisiva idea, que expresada en el sentido del latín clásico se refiere a una causa; pero que expresada en su difusión en el sentido del latín vulgar (forma usada en el momento especial actual), todo se inicia aludiendo a un efecto; y que sólo resulta de invertir la posición de dos letras en la preposición pro (en su sentido causal, a favor de), por la forma por (en su sentido de efecto, como consecuencia de); es decir, el volver a la incisiva idea de que, <<todo ocurre por algo>>.

 

En los comienzos del siglo XXI conocí a una agradable mujer: Rosaura Clío, bueno, no le gustaba que uno se refiriese a ella con el “vulgar” nombre de “Rosaura”.  Cuando lo hacía yo por molestarla (ya saben, atributos de macho dominante), ella se molestaba, no sólo no me hablaba, sino que, con ese ademán despectivo muy femenino de desviar su mirada a otro lado, no volteaba ni a verme (¡ay de mi!); luego no bastaba que le llamara Clío, sino tenía que anteponerle el “precisa Clío”, “belleza de Clío”, etc; y entonces con desenfado y secamente empezaba por responder con un seco “qué!”, y a dos o tres palabras después, su carácter se suavizaba como una gatita de angora y me dibujaba una sonrisa con sus bellos labios (y entonces todo quedaba listo para volverla a moler en cualquier momento, ya saben, esa necesaria reafirmación…).  Pero, bueno, el hecho es que ella me presentó a un compañero suyo, extraño desde su nombre: Deuterio.  Como es lógico pensarlo, todo el mundo confundía el nombre y volvía a preguntar haciendo el eterno suplicio de aquel condenado a la tragedia de tener que repetir dos o tres veces su nombre cada vez que ello salía a relucir.  Y lo peor del caso, es que él mismo no sabía por qué le habían puesto tal esperpento de nombre, y prefería no tocar el tema.  En realidad, cuando Clío me lo presentó y pronunció su nombre, por supuesto lo confundí, pero no le di importancia al hecho; luego escuché que Clío le llamaba con la contracción de “Deu”, y cuando yo tenía que pronunciar su nombre, se extrañó de que, sin más, me refiriera a él por Deuterio con mucha familiaridad.  Eso reconfortó mucho su ego y nos brindó su amistad.

 

No nos frecuentábamos, pero entre lo que Rosaura le platicara acerca de mi, y él apreciara de las pocas veces que nos encontrábamos, lo fue animando a revelarme algo verdaderamente misterioso.  Y quizá nunca lo hubiera hecho, hasta que un día me encontró en la pequeña biblioteca de la escuela,  viendo que tenía esparcidas varias hojas sobre la mesa con un manuscrito en forma de “Árbol Genealógico” hecho con el claro carboncillo  de un lapicero, pero que ya sobre dos de ellas llevaba escrito a tinta, a manera de un palimpsesto, otra escritura.

 

_     Ahorrando papel? –preguntó haciendo la observación al saludar.

_     Mmm, en parte –respondí un tanto contrariado ante lo inusual de mi acción, y luego de una pausa en que lo saludé, expliqué la “otra parte” del hecho–.  Es que, lo que estoy escribiendo se apoya en los datos del diagrama a lápiz, pero de los que tampoco necesito ya mucho, lo hice sólo para entender, por si los requiero, con cierto trabajo para releerlos, pero –y riendo un poco agregué– ahí están, sin que se me desperdiguen en hojas aparte.

 

El hecho por sí solo del clásico palimpsesto para ahorrar papel hubiera sido suficiente y dejado el acto como irrelevante; pero esa explicación adicional, hizo de ese palimpsesto a su entender, una especie de cábala: algo que permanecía oculto y precisaba descifrase para poder entender lo que aparecía a la vista.

 

Cualquiera me hubiera tomado como un excéntrico por hacer mis apuntes así… (mmm, bueno, cualquiera hubiera reconocido que así era), pero Deuterio  fue más allá, y lo que apreció, fue un complejo cerebro por cuya forma de trabajo podría estar en capacidad de entender algo que él tría de tiempo atrás…, créanme, al parecer, de mucho, mucho tiempo atrás.  Es más, para que vayan comprendiendo lo complejo de esta historia, no sólo era que traía su misterio de mucho tiempo atrás, sino, a la vez…, de mucho tiempo adelante.  Y ahora entenderán por qué necesitaba de un cerebro excéntrico para explicarse.  Y si a ello agregan que Clío le había platicado que yo era un geógrafo enredado en asuntos filosóficos, el buen “Deu” ya no pudo contener más lo que traía, y empezó a narrarme la historia más extraña que haya escuchado: “a tinta”, un pasaje mitológico; por debajo, “a la tenue carboncilla”: la misión secreta del Argos.

 

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21 julio 2013 7 21 /07 /julio /2013 22:05

Editorial

 Mar (28 may 13) 

Marduk Chimalli Hernández Castro: 28 de mayo de 2013.

Una viva fotografía…

["Clik" en la imagen para amplificar]

 

*

 

La perversidad de una pandilla de rufianes: desde la inmoralidad inefable de una tipa que mintió consciente y deliberadamente sin más prueba que su vulgar dicho, para causar un inmenso daño sobre quien –como quedó objetivamente comprobado por la Comisión de Derechos Humanos–, era absolutamente ajeno a esa situación que se le imputaba; una cuadrilla de policías, que como tales carecen de valor alguno, fabricantes de delitos por un “bono de productividad”; de la inmundicia de corrupción de Ministerios Públicos (lo más nefasto de esta sociedad); hasta la negligencia profesional, del prejuicio, del dolo de la actuación por consigna de un mentiroso y abúlico juez; y hasta el encubrimiento de tanta trapacería por la Procuraduría General de Justicia al no desistirse de la acusación a pesar de la más objetiva evidencia, pues con tal desistimiento, quien mintió en su testimonio bajo protesta de decir verdad, se iría automáticamente a prisión por varios años; nos puso a la vista con toda su crudeza el estercolero en que acabó este país; pero más aún, nos mostró su verdadero carácter de simulación, y lo que en realidad se está preparando por el Estado con repercusiones sociales bastante graves.

 

Seguimos siendo afectados, el daño es continuado, y nuestra demanda al Estado por el resarcimiento de daños se incrementa.

 

Nos alteró toda nuestra existencia, por más, ya nada será igual, y dado su proceder que nos obliga a responder, nos puso en la más absoluta disposición a morir baleado en cualquier instante por esta satrapía despótica en el poder, en tanto que, como nadie, afectamos ahora sus intereses.

 

Quizá sólo como Arquímides solicitando al soldado romano que lo iba a asesinar le permitiera terminar los cálculos que realizaba, nosotros tendríamos que demandar, si bien, mucho más tiempo para terminar nuestra aportación profesional, para lo cual nos queda, como quiera, poco por hacer: la historia de la Geografía en México, de lo cual nos adentramos ya en el siglo XX; la historia general de la Geografía, en donde aún estamos por adentrarnos en el Renacimiento; y principalmente, el terminar de elaborar la formalización de la teoría del espacio geográfico, que aún nos llevaría varios meses.  Y si se puede, que si no, da lo mismo.

 

Y con esta entrega, terminamos el ciclo de esta Bitácora de enero a junio de 2013 (desplazado a julio por el problema narrado).

 

*

El Libro de Mis Recuerdos; Antonio García Cubas, 1905Historia de la Geografía en México.

 

[____]  Antonio García Cubas: una geografía al servicio de la Restauración de la República, como una geografía positiva del Estado.

 

 

Mar (28 may 13)Filosofía.

 

[____]  Descifrando en Prisión las Características del Período Histórico Social Actual (o lo que es lo mismo, descifrando todo un  mundo de garabatos).  (5/5).

 

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21 julio 2013 7 21 /07 /julio /2013 22:03

El-Libro-de-Mis-Recuerdos--Antonio-Garcia-Cubas--1905.jpgAntonio García Cubas: una geografía al servicio de la Restauración de la República, como una geografía positivista del Estado.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

03 jul 13.

 

 

El momento histórico de Antonio García Cubas (1822-1912), es particularmente importante para poder entender el significado de su obra.

 

Sus años de juventud son los años cincuenta del siglo XIX en México; de las consecuencias de la invasión norteamericana, de la Revolución de Ayutla, del golpe de Estado de Félix Zuloaga, y de la Guerra de Reforma.  Es hasta 1865, en medio de la intervención francesa, que Sergio Ramírez da cuenta de él entre los alumnos del Colegio de Minería.  Fueron estas circunstancias históricas las que causaron que la obra de García Cubas y sus aportaciones se difirieran prácticamente dos décadas.

 

A la caída en 1867 de la intentona del Imperio Francés en México y con ello dada la Restauración de la República, un factor más, determinante, se sumó a la caracterización de la obra de Antonio García Cubas: el médico mexicano Gabino Barreda, por demás, emparentado con la familia Díaz Covarrubias, años atrás haciendo estudios de especialización en Francia y aprovechando su estancia ahí, tomó el “Curso de Filosofía Positiva” (1830-1847), con el mismo Augusto Comte, el cual refirió de él el ser uno de sus mejores discípulos, luego llamado a México por Benito Juárez para que se hiciese cargo el Ministerio de Instrucción Pública.  Lo que derivó de ello, fue la instauración, desde el ámbito educativo, de la filosofía positivista como la filosofía o forma de pensamiento “oficial” en México, y por lo tanto, como fundamento de la educación y del hacer de la ciencia aquí.

 

Para entender la obra geográfica y aportación de García Cubas, se hace necesario comprender, entonces, su fundamento gnoseológico: la fenomenología de la filosofía positivista.

 

A la filosofía positivista, que venía, como hemos visto, desde los inicios del segundo tercio del siglo XIX, le caracterizó el ser una filosofía idealista subjetiva, y el proponer que el conocimiento no puede penetrar en la esencia de la realidad objetiva, teniendo que limitarse a describirla metódicamente en forma enciclopédica, de modo que tanto más vasta y detallada esa descripción, tanto más se tendría con ello una disciplina de conocimientos ascendente al estado positivo de la humanidad, y la cual se considerará como ciencia, si en su argumentación involucra el aparato de la matemática.

 

Para cuando García Cubas publicaba su obra en México, en Europa el marxismo, la dialéctica materialista, alcanzaba su plena madurez con la fundación de la Internacional Comunista y desplazaba sin problema la influencia del positivismo sometiéndolo a tajante crítica.  No obstante, el positivismo en México prevaleció dado su carácter “oficial”, en tanto que, sin incidir en una formación realmente científica en las masas, sí resolvía exitosamente un conocimiento amplio, enciclopédico, suficiente para que el capital aprovechara esa mano de obra así calificada, en una época en que en México aún hacía falta de todo: cultura, conocimientos técnicos, especialistas, educadores; y el saber enciclopédico positivista que particularmente parecía encontrar en la geografía su mejor expresión, sirvió a la medida al Estado capitalista mexicano naciente.

 

De ahí la geografía de un “México pintoresco” de García Cubas, que lo mismo daba a conocer descriptivamente la identidad nacional en la riqueza de su diversidad, que hacía una geografía que el capitalismo naciente en México necesitaba: la capacitación cultural y amplia, de la fuerza laboral de la nueva industria.

 

Como veremos, esta necesidad del Estado resuelta en una geografía anecdótica, de lo “pintoresco” (narrativa, fenomenista), fue, como necesidad, superior a la de una ingeniería geográfica (cartográfica, espacista), que andando el tiempo, a no mucho, se dejaría en manos de la topografía y geodesia.

 

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