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  • : Espacio Geográfico. Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • Espacio Geográfico.   Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri
  • : Espacio Terrestre: objeto de estudio de la Geografía. Bitácora de Geografía Teórica y otros campos de conocimiento del autor. Su objetivo es el conocimiento científico geográfico en el método de la modernidad.
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17 marzo 2013 7 17 /03 /marzo /2013 23:02

Siendo Malos por Buena Voluntad (aun cuando Sócrates diga que no, que al fin él nunca sabe nada).  Narrativa. (1/2).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

06 abr 12.

 

Recurramos a la analogía del Teatro Geográfico.  La geografía “posmodernista” no es el proscenio (espacio vacío), no es la escenografía (los fenómenos), no es el “ámbito” (el conjunto escenográfico incluyendo bastidores), no es el teatro en sí…, sino los actores y la obra.

 

Se le puede preguntar a un estudiante de cualquier ciencia, qué estudia (cuál es su objeto de estudio), y éste responderá seguro, con absoluta convicción y consistencia lógica.  Pero si de igual manera se le pregunta a un estudiante de geografía, ahora ya por lo menos responde con cierta seguridad que lo que estudia, es el espacio geográfico.  Antes de los años ochenta del siglo XX, o no sabía responder, o respondía que estudiaba todos los fenómenos naturales y sociales y sus relaciones (sic).  Era, pues, un conocimiento acerca de su propio objeto de estudio, aún instalado en lo empírico y concreto, sin ningún desarrollo teórico abstracto propio al despliegue de la ciencia.  Pero si bien en el objeto “espacio geográfico” ya hay seguridad, en cuanto a la definición del concepto; esto es, por cuanto a su esencia y contenido como un “espacio socialmente construido”; hay aún una absoluta inconsistencia lógica respecto de la ciencia como el necesario conocimiento objetivo del mundo.

 

_ Jóvenes –preguntaba alguien a unos estudiantes de geografía de la segunda década del siglo XXI–, ustedes, ¿qué es lo que estudian?...

_  El espacio geográfico –respondieron casi en coro.

_ Ah, bien, interesante –respondió contenido su interlocutor–, eso suena aparentemente muy lógicamente consistente en la historia de lo geográfico.

 

Y aquellos estudiantes se le quedaron viendo con extrañeza, pues, para ellos, qué tenía de sorprendente el hecho de la consistencia lógica del concepto de “espacio geográfico”, con la idea histórica de lo geográfico; para ellos eso era un asunto muy natural y lógico.  Y aquel personaje que les preguntaba, comprendiendo que en aquellos jóvenes posiblemente no hubiera la referencia histórica, agregó: “…y es que en mis tiempos de estudiante, allá por los años setenta del siglo XX, o no se sabía realmente qué se estudiaba, o se decía que se estudiaban los fenómenos y sus relaciones en la superficie terrestre.  Pero, díganme, ¿qué es eso del “espacio geográfico”?

 

_ Ah, pues es –respondió una estudiante con firmeza–, el “espacio socialmente construido”, es el “espacio humanizado”.

_   Ah, bien, es interesante, yo hubiera creído otra cosa –dijo aquel anciano–; es decir, yo hubiera pensado que fuese el espacio terrestre objetivamente dado, es decir, que para existir, no necesita de ser humanizado, ese que se muestra en los mapas, preexistente a la sociedad humana misma…

_   Es que ese espacio existe –dijo uno de ellos–, pero es el espacio físico…

_   ¿Entonces el “espacio geográfico” es algo –como ustedes dicen–, “socialmente construido” en ese espacio físico?

_   ¡Ajá!, sí, así es…

_   Pero entonces –les volvió a cuestionar el anciano– eso “socialmente construido” en tanto espacio, qué es.

_   Pues es el “ámbito” de las relaciones de la naturaleza y la sociedad –respondió una joven con sincero ánimo aclaratorio.

_   Pero, entonces –dijo pensativo el viejo– ustedes estudian ese “ámbito”, por sus propiedades y leyes, o estudian los fenómenos naturales y sociales mismos, o estudian las relaciones.

 

Los jóvenes se quedaron un tanto desconcertados, esa reflexión de viejo que haciéndoles platica parecía consultarles, hasta les parecía tonta, absurda, pues cómo separar por un lado el “ámbito”, por otro “los fenómenos” y por otro “las relaciones”, cuando éstas hacían aquello.  No, en este punto no lo podían entender, y más bien rieron con indulgencia considerando que el pobre viejo decía cosas disparatadas y no podía entender nada.

 

¡Ah, anciano!, bien sabía lo que hacía, a dónde iba y conducía con espontaneidad el pensamiento de esos jóvenes.

 

_   Es que veo –dijo el anciano acompañándoles en sus risas– que su mapa no es una representación de la realidad objetiva, sino la construcción mental de un pliego que se desenvuelve conforme “la sociedad lo construye” con arreglo a lo económico-social.

     El mapa, por sus simples coordenadas, aún sin representación alguna de nada que no sean esas magnitudes de latitud y longitud, es un “ámbito”…, ¿no es así?...

 

Entonces esos jóvenes aún con la sonrisa en los labios, se quedaron pensativos…; ¡ah, viejo ladino!, los tenía atrapados.

 

_   En ese mapa –continuó el anciano–, si bien sólo por su canevá, no hay más fenómeno que el vacío, el fenómeno de un “ámbito” o el fenómeno del espacio mismo.  Luego podemos poner una diversidad dada de fenómenos naturales y sociales particulares…, pero éstos vienen por separado, no?...  Y luego podemos estudiar, entre otras propiedades, sus relaciones.

     ¿Qué estudian, pues –y el viejo volvió al punto–, el “ámbito” (el vacío o espacio), las relaciones entre los fenómenos, o los fenómenos en sí mismos?

 

Ahora, lo que había parecido un absurdo y una tontería, dejaba de serlo, tenía una lógica; pero la respuesta en los jóvenes había involucrado todo a la vez, y de ahí que no vieran el armazón de las partes y su lógica; de modo que, nuevamente, su respuesta no podía ser sino que, lo que estudiaban, era todo ello: “ámbito”, fenómenos, y relaciones.

 

Y es que, para ellos, al “ámbito” por sí solo, qué le podían estudiar; y estudiar los fenómenos en sí mismos los hacía pasar por los diversos especialistas en dichos fenómenos; de modo que la identidad geográfica estaba en considerar las relaciones entre los fenómenos, mismos que hacen o construyen ese “ámbito”.

 

_   Pues veo que la geografía –comentó el viejo con aire reflexivo a la confirmación de la respuesta de los jóvenes–, adoptó finalmente las ideas del buen Kant…; creo que se estaba mejor con Comte, por lo menos esa “geografía fenomenista” conservaba la objetividad; pero, sí, si bien se “avanza hacia atrás”, ciertamente lo que dijo el buen Don Emmanuel, que bien tuvo que ver con la geografía, no fue cualquier cosa…

     Con que, entonces, finalmente, no estudian un espacio físico objetivamente dado; sino que, por espacio socialmente construido, ustedes estudian “la subjetividad de las relaciones”, como bien lo explica Nicola Abbagnano asentando el principio fundamental del kantismo.

 

Para esas afirmaciones los jóvenes no tenían ningún elemento de juicio.  El viejo los ubicaba como kantianos, y ellos no podían tener la más remota idea de lo que ello significaba; y que su “espacio socialmente construido” fuese una “subjetividad de relaciones”, resultaba confuso.  Esas relaciones económico-sociales, para ello, eran objetivas, ahí estaban, qué tenían de subjetivas.  Se hacía difícil que entendieran que en ese “espacio socialmente construido” por el cual se estudiaban esas relaciones, éstas eran, como lo contenido y no como lo dado, resultado de la trascendencia de las ideas kantianas.


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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 23:05

Editorial

  Trabajos Científicos Sobre el Valle de México, Joaquín V

 

En la segunda mitad del siglo XVIII, en la plenitud de la Ilustración en la que en Europa se desplegaban las ciencias particulares que habían iniciado su desarrollo moderno desde la segunda mitad del siglo anterior, en Nueva España, esa ciencia moderna, de la ilustración, apenas empezaba abrirse camino y a especializarse.

[Fuente: ]

 

Uno de aquellos ilustrados novohispanos (o en proceso de ilustración, diría Kant refiriéndose a lo que caracterizaba ese siglo), fue Joaquín Velázquez Cárdenas de León (1732-1786); descendiente de Diego Velázquez, el que fue gobernador de Cuba en los años de la conquista española en América; el cual hizo, por aportes a la ciencia de la geografía, particularmente un trabajo de posicionamiento astronómico de alta precisión.

 

Junto con Alzate, ambos novohispanos, fueron contemporáneos de los ingenieros geógrafos militares españoles: Constanzó, Lafora, entre otros, mandados desde la metrópoli por Carlos III con motivo de todo el apoyo geográfico que requerían sus Reformas Borbonas, en particular para la delimitación de las Intendencias definidas por José de Gálvez en el levantamiento de sus Relaciones Geográficas (1765-1771).  Aquí estamos omitiendo a los geógrafos y al trabajo geográfico de quienes, como un Nicolás Sanson o un Lambert, o los mismos ingenieros militares españoles, provenían del exterior, para hacerlo sólo sobre la base de los geógrafos nacidos ya en Nueva España.

 

Pocos son, ciertamente, los geógrafos novohispanos de fines del siglo XVII a fines del siglo XVIII como consecuencia de una España y su virreinato hundidos aún en el mundo feudal del Medievo.  No será más prolífico el siglo XIX, no obstante, ya en un México independiente; sin embargo, ahora, por una incesante inestabilidad política de la nación, que impedía su desarrollo.

 

Continuando con la serie de “Qué es la Geografía”, nos acercamos al fin de la Antigüedad, y toca ahora revisar uno de los casos más relevantes en la historia del desarrollo de la geografía: el caso de Posidonio, que no sólo significó el inicio del rompimiento de la identidad de la Geografía mantenida por veinticinco siglos desde sus orígenes documentados, sino que, además, Posidonio hizo un nuevo intento de medición del perímetro de la Tierra, y como resultado no sólo desapareció una cuarta parte de la Tierra, sino que su discípulo Estrabón con su autoridad, lo difundió a la posteridad como un error que tuvo notables consecuencias históricas.  Y, de la misma manera, insertamos un artículo que se nos ha ido retrasando, pero que ya no puede rezagarse más, acerca de la contradicción dialéctica histórica esencial de la geografía, la cual ha sido la base para entender toda la interpretación marxista que hacemos en este Blog.

 

*

Cálculo de PosidonioFilosofía de la Geografía:

 

[____]  Qué es la Geografía: Posidonio; se Hace la Diferencia, en Medio de un Error Histórico.  (9/…)

[____]  La Contradicción Dialéctica Histórica Esencial de la Geografía.

 

Datos Colegio Minería, Santiago Ramírez, 1890Historia de la Geografía en México:

 

[____]  Joaquín Velázquez Cárdenas de León: La Institucionalización de la Ciencia en México, y la Geografía.

 

 

 

Nuestra Pequeña Narrativa de Lucha ProletariaHIstoria de la Ciencia.

 

[____]  Nuestra Pequeña Narrativa Revolucionaria: Introdu cción. 

 

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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 23:04

Qué es la Geografía: Crates y la Hipótesis, Propia a Toda Ciencia, en Geografía.  (9/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

La revolución del pensamiento geográfico dada entre Aristóteles-Eratóstenes-Hiparco, culminó con Crates de Malos (180-150?), quien construye el primer Globo Terráqueo, estableciendo en él la hipótesis por simetría, de la existencia de otros continentes más allá del Ecumene.  Esta hipótesis por simetría no responde al “horror vacui” que resultaba de la ubicación del Ecumene en la cartografía de Hiparco, aislado en una cuarta parte del planisferio o de la esfera terrestre, con el “vacío” de las otras tres cuartas partes, sino de algo, para los griegos, más elemental: se alteraba la simetría del espacio terrestre, y por lo tanto, “debían” existir necesariamente otros continentes de 2contrapeso” ante ese desbalance asimétrico.

 

Uno de esos continentes de “contrapeso” era ya conocido: África, denominado por Crates como el Antecos, esto es, contrapuesto al Ecumene en el hemisferio sur en la dirección meridiana; el Periecos, contrapuesto al Ecumene en el hemisferio occidental en dirección del mismo perímetro latitudinal, y de ahí la denominación de Periecos; y el Antípodas, diametralmente opuesto al Ecúmene.

 

Una “hipótesis”, que como tal (los “contrapesos”), es falsa desde su planteamiento, pero que abrió la imaginación hacia la estructura y composición del espacio geográfico.

 

Con el Globo Terráqueo de Crates se da algo más, que quedará ahí escondido para ser descubierto después y en tiempos muy lejanos; ese espacio terrestre concebido de Aristóteles a Crates, puesto en el modelo del Globo Terráqueo de éste, visualizaba un modelo tridimensional del espacio geográfico (entonces entendido aristotélicamente como la superficie terrestre).  Una superficie curva, o un espacio bidimensional curvo, posee, necesariamente, un parámetro más a la (x,y): es el poseer un radio de curvatura (x,y,r), en función de lo cual se resuelve que tan curvada es, y que la convierte en un hiperplano (un espacio bidimenisonal, con características de tridimensional).

 

El Globo de Crates consideraba a la Tierra como una esfera perfecta, por lo cual, el radio de curvatura de su superficie corresponderá al mismo radio de la esfera, el cual se deduce despejado de la fórmula del cálculo del perímetro de la Tierra (r = PT/2p); de este modo, la esfera misma de Crates se constituye como el espacio geográfico tridimensional con esas propiedades de simetría no sólo dadas por los ejes y planos mismos propios del espacio tridimensional, aun cuando ello no fuese reconocido así en su época, sino a su vez por la distribución de las masas continentales en la superficie terrestre, siendo ésta, por influencia aristotélica, la noción del espacio propiamente geográfico en la Antigüedad.

 

 

Plano bidimensional (x,y) curvo, en el cual el radio de curvatura (r), constituye una tercer magnitud que hace del plano un hiperplano con características tridimenisonales (x,y,r).

 

Paradójicamente, la importancia de este hecho no podía ser vista sino hasta el entendimiento cabal de la geografía como ciencia del estudio del espacio, y de que dicho espacio comenzara a teorizarse como tal; sin suplantarlo, como sucedió con la pretendida “geografía fenomenista” por veinte siglos desde Estrabón hasta fines del siglo XX, con el estudio de los fenómenos en el espacio; ni mucho menos aún, como sucede con la actual “geografía literaria posmoderna”, pretendiendo el estudio de un “espacio” metafísico; es decir, que no existe, pero que, subjetiva, particular y artificialmente, “la sociedad lo construye”, y que cuando lo ha construido ya no se entiende como espacio en tanto tal, sino como un conjunto de relaciones económico-sociales (esquizofrenia posmoderna sin ninguna duda).

 

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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 23:03

Trabajos-Cientificos-Sobre-el-Valle-de-Mexico--Joaquin-V.JPGJoaquín Velázquez Cárdenas de León (1732-1786): La Institucionalización de la Ciencia Moderna en México, y la Geografía.  Artículo, 2012.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

02 abr 12.

 

En una época en que, o se era sacerdote, o se era militar, o se era jurisconsulto, el único defecto en el que Joaquín Velázquez Cárdenas de León no incurrió, fue en el de militar.

 

El historiador Roberto Moreno, en un breve documento titulado Joaquín Velázquez de León: un Jurisconsulto del Siglo XVIII, narra pasajes de la vida de éste, principalmente como jurisconsulto; sin embargo, aporta un dato de enorme importancia para el entendimiento de la historia de la geografía, particularmente en su lado de la sociología de la ciencia: Joaquín Velázquez Cárdenas de León, trabó amistad con José de Gálvez, Visitador General con plenos poderes que arribó a Nueva España en 1765, para impulsar las Reformas Borbonas de Carlos III, con las cuales, entre otros aspectos, geográficamente reordenó el territorio dividido en Intendencias, y con el cual viajó a California en 1768 para la observación de paso de Venus.  El hecho interesante de tal pasaje, está en que José Antonio de Alzate y Ramírez, por lo contrario, fue acérrimo enemigo de José de Gálvez, al que le criticaba su proyecto de reordenamiento territorial; siendo José de Gálvez de consuno con el virrey marqués de Coix, quien dio instrucciones para terminar con la publicación del periódico de Alzate: “Diario Literario de México”, en 1768; y ello contribuye a explicar las desavenencias mismas entre Joaquín Velázquez y José Antonio de Alzate, por el reconocimiento de a quién de ellos atribuirle la primacía en la determinación de las coordenadas de la Ciudad de México.

 

Lo anterior se explica por el hecho de que Joaquín Velázquez Cárdenas de León, fue catedrático de matemáticas, físico y astrónomo, además de construir él mismo buena parte de sus instrumentos, o adquiriéndolos de Europa, con su alto grado de precisión, habiendo tenido en sus manos el instrumental dejado aquí a la muerte de Chappe (que había venido a la observación del paso de Venus y murió en la misma California).  Y esto reviste otro aspecto importante en el mismo campo de la sociología de la ciencia: cuando Alejandro de Humboldt arribó a la Nueva España en 1804, alabó el trabajo de Joaquín Velázquez por sus altos grados de precisión en sus mediciones para determinar las coordenadas de los lugares; pero, al mismo tiempo, menospreció lo hecho por José Antonio de Alzate, criticando de él el dedicarse a muchas cosas simultáneamente (el hecho es que igual que él), sólo que acusándolo de hacerlo superficialmente, y no ser preciso en su mediciones.  Y la inconsecuencia de esa crítica es clara: Humboldt no sólo menospreciaba al clérigo regular que era Alzate por esa condición, sino omitiendo la diferencia de instrumental de que Velázquez y Alzate dispusieron.

 

 Hay aquí, la ancestral lucha entre el pensamiento independiente, libre, creativo, dirigido por la necesidad más absoluta, y el hacer de la ciencia bajo el cobijo institucional, dependiente de pleitesías y rutinario, como consecuencia de ser ajeno a toda necesidad.

 

Joaquín Velázquez Cárdenas de León acabó siendo Director del Real Seminario de Minería fundado a su iniciativa, en tanto que Alzate, acabó siendo el científico mexicano ilustrado por excelencia.

 

Un tercer pasaje interesante en la vida de Joaquín Velázquez Cárdenas de León, es el que, cuando éste estaba en California con motivo de la observación del paso de Venus, a este lugar arribaron los geógrafo franceses, Chappe y Pauly, con el mismo fin, trayendo consigo el instrumental más moderno.  A poco de su llegada, murió allí Chappe, teniendo Pauly y la comisión francesa que regresar precipitadamente a Europa, dejando su instrumental en manos de Joaquín Velázquez Cárdenas de León, con el cual éste efectuó las mediciones que más tarde alabó Humboldt.  Tiempo después, el gobierno de Francia reclamó dicho instrumental, y fue embarcado, pero, infortunadamente, perdiéndose en un naufragio apenas salía de Veracruz.

 

Joaquín Velázquez Cárdenas de León, fue descendiente de Diego Velázquez, el gobernador de Cuba tras los descubrimientos de estas tierras por Cristóbal Colón, y quien autorizó las sucesivas expediciones de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés.  Es decir, venía de una dinastía de alto rango en la formación de los virreinatos españoles en América, y más importante aún, dio continuidad a dicha dinastía en una nutrida sucesión de “Velázquez de León” a lo largo del siglo XIX, el último de cuyos sucesores de homónimo nombre, Joaquín Velázquez de León Güiteras (nieto), habría de desempeñar un triste papel.  Como dijera C. Marx, una historia que se repite, pero una vez como tragedia, y otra como farsa.  Joaquín Velázquez Cárdenas de León, vivió hacia el final del período de la ilustración, cuando el virreinato de Nueva España comenzaba a abrirse a la ciencia y al capitalismo, y al fundar el Real Seminario de Minería, fue consecuente con el Siglo de las Luces, dando origen, así, a institucionalización de la ciencia moderna en México; desgraciadamente, para él y quizá ciertamente, como lo lamenta Santiago Ramírez en su Datos para la Historia del Colegio de Minería, para la ciencia en México, murió en 1786, antes de que tal institución abriera sus puertas a los primeros estudiantes en 1792; y próximo al derrumbe mismo de la Colonia española.  He ahí la tragedia.  Pero en su nieto, el homónimo Joaquín Velázquez de León, de 1867, fue su repetición, pero como farsa: primero estuvo del lado de Félix Zuloaga en el golpe de Estado de 1857, y luego, al triunfo de la República sobre el fallido Imperio monárquico de Maximiliano, desde el primer momento, siendo de los primeros en hacerse presente en Miramar, se puso a las órdenes de Maximiliano, quien, desde ese momento, lo nombró “Ministro sin Cartera”, o lo que es equivalente, “Ministro Plenipotenciario” del Imperio francés en México.  Y ahí terminó la dinastía.

 

Si Joaquín Velázquez Cárdenas de León disfrutó del privilegio circunstancial de hacer esa mediciones con dicho instrumental; por su parte, José Antonio de Alzate y Ramírez disfrutó de la ocasión para, a través del geógrafo Pauly que regresaba a Europa, enviar su Mapa Geográfico de la América Septentrional de 1768, enviándolo con su persona a la Academia de Ciencias de París, y por lo cual obtuvo un reconocimiento.  Uno dio a la historia de la ciencia en México, la institucionalización de la ciencia moderna, el otro, los fundamentos de la Geografía como ciencia misma.

_____

 

Bibliografía.

 

Diccionario Enciclopédico Espasa; Espasa-Calpe, Tomo 24; Madrid, 1979.

Diccionario Porrúa; Historia, Biografía y Geografía de México; Editorial Porrúa, México, 1976.

Moreno, Roberto; Joaquín Velázquez de León: Un Jurisconsulto Mexicano del Siglo XVIII; http://biblio.jurídicas.unam.mx/libros/2/730/PDF

 


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10 marzo 2013 7 10 /03 /marzo /2013 23:01

Nuestra Pequeña Narrativa Revolucionaria: Introducción.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http//espacio-geografico.over-blog.es/

 

“Cuando no queda más qué hacer, que hacer la revolución”…

 

Esta frase, así, suelta, haría pensar en un sujeto que, sin la conciencia de que toda su vida no puede ser, ni podría ser, sino en el hacer la revolución, finalmente se decide a hacerla.  Pero el sentido de esta frase en realidad es otro, precisamente, el opuesto a la interpretación anterior; es decir: es el acto de conciencia de que todo cuanto se haga en la vida, debe tener un contenido revolucionario (cuando no queda más qué hacer, porque en esta vida no hay más qué hacer, que hacer la revolución).

 

Decidimos jugar con esta idea,  porque al abrir esta sección en nuestro Blog, pudiera parecer que, “no habiendo más qué hacer, finalmente nos decidimos a hacer la revolución”, cuando que, lo que vamos a explicar aquí, es la lucha revolucionaria en una muy extraña barricada desconocida por la gran mayoría; y más aún, en la que, los que combaten ahí, no son reconocidos propiamente como hacedores de la revolución, sino de cualquier otra mundana cosa.

 

Tal parecer es así, porque esa lucha es primero, prácticamente individual, segundo, silenciosa, y tercero, donde no hay paros, huelgas, ni marchas, ni hay protestas masivas; y no obstante, hay represión, rechazo, persecución, destierros y todas las adversidades que van con ello, h asta la muerte misma infringida en la más cruel y despiadada tortura, que no se le impone al más radical de los revolucionarios políticos.

 

Es pues, la Pequeña Narrativa que hace del sujeto transformador de la realidad, identidad y síntesis viva de la dialéctica entre la teoría y la práctica: el hacer de la vida, no es sino teoría en movimiento, como su capacidad de reflexión, de abstracción y generalización teórica, no es sino todo el hacer de su vida en forma concentrada.

 

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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 23:05

Editorial

 Construyendo el Espacio Fenomenológico Kant

Construyendo el Espacio.  El “espacio geográfico”, lo que como “espacio” eso sea, siendo “socialmente construido”, no es preexistente al ser humano, es decir, no existe objetivamente, sino que es, por lo tanto, una determinación subjetiva y algo artificial (manufacturado); más aún, parece ser que se reconoce la existencia del espacio real, objetivo, pero existiendo en él el “espacio geográfico”en particular, “socialmente construido”, cuyo fundamento teórico de todo lo cual, sólo puede radicarse en la metafísica: ya de un espacio inmanente (cuando todo lo es él), o bien de un espacio fenomenológico (cuando éste es algo artificialmente “construido” de manera particular en el espacio objetivo, real, físico).

[Fuente: Autor de este Blog; Representación del “Espacio Socialmente Construido” en forma fenomenológica]

 

*

 

El “espacio geográfico socialmente construido”, pues, en nuestra inferencia (no está expuesto así en ninguna parte), hemos dicho, es, otra vez, la definición martonniana; con una agravante: lo natural queda excluido; lo geográfico es, para esta “geografía literaria” que así lo propone, únicamente el proceso económico-social, que como proceso económico productivo, subjetivamente es de suyo exclusivamente social y artificial.  Y hemos dicho, también, que esa restricción se diluye, cuando en la sociedad capitalista mundial actual, todo en la naturaleza es susceptible de ser mercancía (es decir, que forma parte del proceso económico-social mundial).

 

Pero hay algo más.  Al volverse a la vieja geografía de los fenómenos (si es que alguna vez realmente se superó), ahora entendidos exclusivamente en un proceso económico-social (en la terminología de aquella vieja escuela se diría, entendidos exclusivamente en forma de “geografía económica”), se vuelve, si no en lo teórico, sí en lo práctico, al error lógico de suplantación de tesis en la definición.

 

¿Qué es lo “socialmente construido”?: el mundo artificial de la sociedad, que incluye prácticamente la manipulación completa de la naturaleza; es, pues, hemos dicho, un continuum subjetivo, particular y artificial, y este es, en forma plenista absoluta, el espacio mismo.  Podremos estar en desacuerdo con dicho planteamiento idealista metafísico, pero el planteamiento teórico, en ese marco metafísico, es válido.  Sólo que tal posible acierto se queda en lo teórico, pues en la práctica, en lo geográfico, correctamente, estudiar ese espacio, está implicando –en la limitación teórica–, la permanencia en el pretendido estudio de los fenómenos, ahora exclusivamente inmersos en el proceso económico-social.

 

En la argumentación teórica (y nuestra, en tanto que no hay planteamiento teórico alguno en la “geografía literaria”), se salva el error lógico de suplantación de tesis; pero en la práctica, es la misma vieja geografía ya superada.

 

Hay una limitación teórica, no obstante, que hace la contradicción en la práctica: en el concepto de "espacio socialmente construido", se ha hecho una abstracción y generalización del espacio (a pesar de que no estamos de acuerdo en ello), pero el proceso es correcto, al final, dicho proceso arrojó el estudio del espacio, como el resultado de todo aquello por lo que propugnamos desde los años ochenta), pero ese proceso no fue así respecto de los fenómenos; y peor aún, de su grado de abstracción y generalización alcanzado con Hettner y Hartshorne en las "geoformas", y luego más aún (aun cuando menos estudiados), con Sáenz de la Calzada y Riábchikov en los "elementos genésicos"; se volvió al estado teórico de la geografía anterior a 1930.  En la práctica, sigue habiendo el error de suplantación de tesis, en que, diciendo estudiar el espacio (así sea en ese continuum artificial subjetivista), en realidad se acaba estudiando los fenómenos.  Esa contradicción histórica esencial de la geografía, no acabó por superarse (o deliberadamente no se quiso), cuando los elementos para ello estaban ya dados desde los años ochenta.

 

Con todo, debemos hacer ver que esta argumentación en su favor, en la parte que les es favorable, es nuestra; de parte de esa geografía que expone tales planteamientos, a más del error de suplantación de tesis, se agrega el grave error de tautología en su definición.  Si el espacio geográfico es algo objetivamente dado, una creación de Dios, o algo “socialmente construido”, en el entredicho ello es una propiedad secundaria que sobra en la definición; por lo tanto, dicha definición se reduce a que: “el espacio, es el espacio”, y luego, lo que eso sea, lo construye subjetiva y artificialmente la sociedad.  Tendremos que volver a este punto.

 

*

Globo Terráqueo de CratesFilosofía de la Geografía.

 

[____]  Qué es la Geografía: Crates, y la Hipótesis, como en Toda Ciencia, en Geografía.  (8/…)

 

1755 La Villa de México, 1755; grabadoHistoria de la Geografía en México.

 

[____]  José Antonio de Alzate y Ramírez: La Geografía Moderna en México (3/3)

 

 

La-Geografa.jpgDivulgación Científico-Geográfica.

 

[____]  ¿Por qué el geógrafo se convierte en cualquier otro especialista, y no en geógrafo?  (3/3)

 

 

Ícono Educación (enlace)Educación.

 

[____]  La Educación de Calidad que Queremos.

(Conferencia insertada de manera íntegra)

 

 

 


Promocional a la Revista Electrónica "Espacio Geográfico"; el siguiente artículo, por su nivel técnico, es el tipo de ellos publicados en esta Revista, dirigidos ya no a buscadores de información o a un conocimiento general de los tópicos de geografía dirigidos a un público amplio, como lo es en el caso de la Bitácorasino a geógrafos, ya en el proceso de su formación o bien ya formados, en el espíritu de la ciencia rigurosa; en el método de la ciencia de la modernidad; esa que, como lo dijeran Bacon y Descartes, <<avanza a la luz del conocimiento antecedente, y en la certidumbre de sus leyes descubiertas>>:

 

Globo-Terraqueo-de-Crates--Reconstruccion.jpg

Filosofía de la Geografía:

[____ El Espacio Geográfico Tridimensional, como un Hiperplano Bidimensional de Simetría Euclidiana Regular, en Crates de Malos.

  

 


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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 23:04

008 III ane Mapa de HiparcoQué es la Geografía: Hiparco, y el Canon del Estudio del Espacio Terrestre (8/…)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

01 nov 12.

 

La Geografía, hemos dicho, es la ciencia del estudio del espacio terrestre; luego, su historia, es la historia misma del estudio y conocimiento de ese espacio representado en los mapas; de ahí que sea el mapa lo más representativo del ser geográfico; y, en consecuencia, la historia de la Geografía, como la historia del conocimiento del espacio terrestre, es, a su vez, la historia de los mapas.

 

Hasta Eratóstenes (284-192), la historia del conocimiento del espacio terrestre mostrado en los mapas, había sido puramente empírico e intuitivo.  En realidad, fue entre Aristóteles (384-322), el primero en considerar a la Tierra esférica, y sus discípulos Eudemo (370-300) y Dicearco (355-285), hasta llegar a Eratóstenes, que se da la transición de esa geografía empírica espontánea, a una geografía cuyo conocimiento del espacio terrestre queda sometido a un conjunto de reglas (su canon).

 

La primera regla es la del perímetro mismo de la Tierra calculado por Eratóstenes primero, y con otro método corroborado después por Posidonio (135-51).  Bajo la influencia teórica de Aristóteles, para quien el espacio era “el límite que abraza un cuerpo”, su superficie; el espacio terrestre, entonces, era entendido como la superficie de la Tierra misma, y este espacio, en consecuencia, se había descubierto que no era mayor a un perímetro de la esfera terrestre, dado en 40,000 km.  De ello deriva conocer el radio de la Tierra y el valor total de su superficie (en este caso, del espacio geográfico como tal), que sería el valor total  de ese espacio geográfico aristotélico.

 

De Aristóteles a Eratóstenes, se pasó del estudio de un espacio geográfico  bidimensional plano en valores centesimales (estadiales) de longitud, a un espacio geográfico esférico del hiperplano bidimensional, en valores sexagesimales.  Fue el momento de una primera gran revolución del pensamiento geográfico.  En ella, Hiparco (190-120): 1) pudo calcular la distancia a la Luna (apenas con un error de 4%; 2) precisó la posición de los Trópicos, fijados antes por Eudemo en 24º, Hiparco los posiciona en los 23º27’, y en el punto intermedio, por definición, la posición del ecuador a 0º; 3) en función de lo anterior, pudo precisar el valor del año; no por el movimiento de traslación de la Tierra, que se descubriría hasta Copérnico; sino por el movimiento aparente de traslación, dado en el desplazamiento diario del Sol sobre el horizonte; y 4) descubrió –y esta es la parte más relevante–, que la Esfera Celeste tiene un lento movimiento más, de un ciclo de 26,000 años.  Ese movimiento aparente, correspondía al movimiento real de la Tierra (y en ese sentido a un movimiento real del espacio geográfico), por el cual el Polo norte pareciera trazar un círculo en el cosmos con puntos diametralmente opuestos entre las estrellas Vega y Polaris, en cuyo periodo se invierten en el tiempo las Estaciones del Año, a lo que se conoce como movimiento de Precesión de los Equinoccios.

 

Hiparco, basado en ese canon elemental de la nueva geografía hasta ahí dada, elabora los nuevos desarrollos.  Lo primero que se plantea, en consecuencia, es la representación del espacio terrestre en sus verdaderas magnitudes a escala.  Traza, entonces, los 40,000 km del perímetro real de la Tierra, en una medida gráfica a escala, considerada por el ecuador, al que da un valor de 0º de latitud; y luego dibuja, entre 0º y 90º de latitud norte y sur, líneas paralelas representativas, en igual magnitud que el ecuador (es decir, cada una con un valor de longitud de 40,000 km).  Así, los 90º de latitud, que debería ser un puto (los polos de la Tierra), Hiparco los representó como una línea del mismo largo del ecuador.  Evidentemente, puede entenderse que del ecuador a los polos, se va dando cada vez una mayor deformación de la figura real de los continentes (se produce un anamorfismo).  Luego trazó, con el valor de un medio del ecuador y a lo largo de éste (en su longitud), un conjunto de líneas perpendiculares a éste entre cada línea representativa de los polos, con valor entre 0º y 180º de longitud tanto al este como al oeste, de la línea central.

 

Esa línea central, ubicada en el lugar extremo más al oriente entonces conocido: las Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar), se desplaza en dirección al este con la rotación de la Tierra, y cuando vuelve a quedar en el centro ante nuestros ojos que ocupan la posición del Sol, dicha línea central ocupa la posición del mediodía (meridiano), de donde el nombre de Meridiano Central o Meridiano de Origen.

 

Esa fue, históricamente, la primera transformación de la esfera terrestre en un plano o mapa.  En la figura de los continentes se produce una gran deformación hacia los polos, no obstante, ello no quiere decir que esa representación del espacio terrestre  “esté mal”, sino simplemente que, dado el procedimiento matemático de transformación de la esfera en un plano, éste es así.  Hiparco denominó a tal “proyección” de la esfera en un plano, como Proyección Equirrectangular; y hoy en día sigue siendo plenamente válido elaborar un mapa en dicha proyección, estableciendo que así es y teniendo presente las deformaciones que produce; precisamente por las cuales no se recomienda.  Si acaso, únicamente en Cartas de Área Local y de coordenadas extremas de alrededor quizá, de un grado, en donde esos errores de deformación, proporcionalmente consistentes, quedan minimizados.

 

A lasa condiciones de estudio de un nuevo espacio terrestre descubierto en un grado mayor de sus propiedades esenciales, tuvo que corresponderle un nuevo tipo de instrumental adecuado a él.  El metrón, el gnomon, la plomada, el nivel, ya no fueron suficientes para entenderlo; y entonces Hiparco inventó el astrolabio, un instrumento para “tomar valores angulares a los astros”, y principalmente a la Estrella Polar.

 

Ubicados en el ecuador, la Estrella Polar se verá al filo del horizonte hacia el polo norte a 0º en el astrolabio.  Conforme nos movamos en dirección al polo, la Estrella Polar ascenderá cada vez más hacia el cenit de la bóveda celeste; y ubicados ahora como observadores en el Polo Norte, la Estrella Polar quedará exactamente sobre nuestra cabeza, a 90º en el astrolabio.  De este modo, el astrolabio es un instrumento para determinar la latitud de un lugar (en el hemisferio sur se hace con respecto a la Constelación llamada “Cruz del Sur”), que es el nuevo dato de un espacio geográfico esférico.

 

Hiparco hizo todavía una contribución más al estudio y conocimientos rigurosos del espacio geográfico: ideo el sistema de Proyecciones Planas.

 

Al imaginar la Tierra como una “jaula de pájaros” esférica hecha por la red de paralelos y meridianos, y en su centro un foco luminoso, la sombra de esa red de paralelos y meridianos proyectada sobre un plano puesto en un punto tangente, ya sea sobre el polo, ya sobre el ecuador o en algún punto intermedio entre éstos, se obtendrán respectivamente las proyecciones Plana Polar, Plana Ecuatorial, y Plana Oblicua.

 

Luego se pueden hacer variaciones a la posición del Foco de Proyección llevándolo del centro de la esfera, de donde se produce la llamada Proyección Gnomónica, al punto diametralmente opuesto al punto de tangencia del Plano de Proyección, obteniéndose la llamada Proyección Estereográfica; y finalmente, el Foco de Proyección puede ser trasladado al infinito, produciéndose la llamada Proyección Ortográfica.

 

En el sistema de Proyecciones Planas de Hiparco, más allá del punto de tangencia del plano de proyección, se produce un aumento de la deformación en la figura; mayor en las proyecciones extremas, gnomónica y ortográfica, promediadas en la proyección Esterográfica.

 

Esas proyecciones producen el llamado Canevá, o simplemente la red de paralelos y meridianos, respecto de la cual, por las coordenadas obtenidas de los lugares, se construye la configuración del mapa.

 

Fue así como el mapa del mundo de Anaximandro en el que Europa, África y Asia, lo eran todo, se convirtieron en el mapa del mundo de Hiparco, en una cuarta parte de la esfera terrestre.  A la vista de los griegos de ese periodo heleno-romano, un espacio geográfico así, ciertamente extraño, desproporcionado, falto de simetría, y por ello, contrario a la naturaleza.  Y de ello brotó (aun cuando la hipótesis aún no existía metodológicamente en lo teórico, pero dándose en lo práctico) una de las hipótesis por intuición más sorprendentes de la historia del pensamiento geográfico: el Globo Terráqueo de Crates de Malos (180-150?).

 

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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 23:04

52 Mapa de AlzateJosé Antonio de Alzate y Ramírez (1737-1799): los Fundamentos de la Geografía Científica en México.  Ensayo, 2012 (3/3).

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

Espacio Geográfico, Revista Electrónica

de Geografía Teórica.

http://espacio-geografico.over-blog.es/

26 mar12.

 

 

Caracterización Novohispana

de la Filosofía y Ciencia Moderna.

 

La ciencia moderna novohispana, como tal, arranca en la segunda mitad del siglo XVII, así se reconoce ampliamente, con el pensamiento y trabajos tanto de Sor Juana Inés de la Cruz, como de Carlos de Sigüenza y Góngora*.

 

Y luego de la discontinuidad en el desarrollo de la Ilustración novohispana durante la primera mitad del siglo XVIII, es en la segunda mitad del mismo en donde esta Ilustración se despliega, no obstante conservando aún en forma disfrazada los adelantos mismos de su desarrollo en Europa.  Alzate es reconocido, por ello, como el Ilustrado Novohispano por excelencia.

 

Debido a esa caracterización y reconocimiento que ampliamente se hace de Alzate, nos costaba trabajo creer en la definición que dicho autor hacía de sí mismo, lo cual negaba su verdadero carácter de “Ilustrado por Excelencia”.  No casualmente ello suscitó el principal cuestionamiento del Dr. Ignacio Díaz de la Serna, asesor de esta tesis, al observar que, <<cómo era posible caracterizar a un autor en una posición filosófica, declarándose explícitamente por sí mismo en otra>>; esto es, nos observaba el Dr. de la Serna, como calificarlo de materialista y dialéctico <<a pesar suyo>>, <<contrariando lo que dice>>; e incidió con ello, en el punto esencial de esta tesis.  De proponerse inicialmente en la misma la pura y simple explicación del proceso fundacional de la Geografía como ciencia; tanto en función de los aspectos internos dados en el ensayo objeto de estudio en esta tesis; como en función de los factores externos dados por el momento cimero de la Ilustración en el desarrollo del pensamiento dialéctico y del materialismo; se pasó a la compleja situación de tener que demostrar, primero, tal entredicho antes enunciado.

 

Alzate “tenía que ser”, por definición ilustrada, empírico-materialista, y con ello, dialéctico (así fuese mecanicista), ateísta en su forma de deísmo, monista, fundado en los principios de objetividad y causalidad eficiente en el conocimiento.  Pero explícitamente, Alzate se definía por todo lo contrario, como racionalista cartesiano, y en consecuencia, filosóficamente en el idealismo subjetivo, enemigo furibundo de la dialéctica, teísta partidario del ocasionalismo de Melanchton, dualista, y reconocedor de la causa primera.  De la primera caracterización, y sólo de ella, es que podía surgir el pensamiento científico avanzado propio de la época; y justo, tal como lo expone, en los hechos, en su obra.  De la segunda caracterización, y precisamente por ella, es que quedaría inmerso en el escolasticismo, contra el que precisamente luchaba el pensamiento ilustrado.

 

La explicación de ello en la filosofía ecléctica no la aceptábamos en principio, porque de ello resultaba una filosofía novohispana; e incluso generalizadamente, latinoamericana; más que influida, abiertamente dependiente de la filosofía europea, y por lo tanto, de un pensamiento filosófico no propio e improductivo por sí mismo.  Esto es, de un subdesarrollo que nos vendría desde entonces, y que nos sería incluso, cuasi innato.  Pero cuya interpretación resultaba de un análisis limitado de las condiciones del momento histórico, que para una misma Ilustración, era ciertamente desigual entre Europa y Nueva España.

 

Por otra parte, en cuanto a la ciencia, dominaba por entero el método baconiano experimental, y si bien Alzate; ya por razones tanto inquisitoriales como por la enemistad política entre España e Inglaterra; no menciona jamás a Bacon, la influencia de éste es por completo reconocible en sus trabajos.  Una frase que lo demuestra y que inevitablemente repetimos insistentemente en nuestra tesis, es aquella en que, tanto en otros documentos como en el que es objeto de estudio en esta tesis, Alzate mismo a su vez repite, casi, pudiéramos decir, sacada del Novum Organum de Bacon: “La dificultad en el acierto, cuando no se camina con los instrumentos en mano...”[1].

 

Que, citando a Bacon, se enuncia de la siguiente manera: “ni la mano desnuda ni el entendimiento abandonado a sí mismo pueden mucho; la cosa se lleva a cabo con instrumentos y auxilios de los que precisa tanto la inteligencia como la mano”[2].

 

De la misma manera, el reconocimiento de la causa primera era sólo para inmediatamente dejarla de lado, procediendo entonces con la aristotélica noción de la causalidad eficiente.  “La estrategia del dualismo –asentamos en la tesis– se debate entre la teología con la metafísica causa primera, y la empirista, materialista y spinociana causa sui.  Alzate, de palabra escrita reconoce, diciendo que lo hace, la causa primera; pero apenas la ha reconocido de dicho, la abandona en los hechos tratados en sus escritos, donde los fenómenos son por causa sui, y las relaciones o afecciones entre ellos, son en función de la aristotélica causa eficiente[3].

 

Y con el mismo artilugio panteísta de Spinoza; en donde, primero, dice éste: “No puede darse ni concebirse ninguna sustancia fuera de Dios”[4], y luego más adelante asienta: “una idea verdadera debe estar de acuerdo con el objeto de que es idea...  El orden y conexión de las ideas son las mismas que el orden y conexión de las cosas”[5]; Alzate procederá, de igual manera, en sus exposiciones; como en su artículo Observaciones físicas sobre el terremoto, en donde escribe: “Muchas personas tendrán a impiedad el ver que asigno causa física al terremoto; a los que advierto reconozcan primero las obras del señor Benedicto XIV..., allí reconocerán si hay terremotos naturales”[6].

 

Así, el reconocimiento del mundo de los objetos materiales fuera del pensamiento, la aceptación del principio de objetividad como condición sine qua non del empirismo materialista, quedaba expuesto allí donde Alzate, en las primeras líneas del documento objeto de estudio en esta tesis, afirma: “La descripción Geográfica e Hidrográfica del Globo Terráqueo; aquella viva representación que en poco papel presenta a la vista los dilatados espacios de su superficie, instruyéndonos de la situación de las Ciudades..., Puertos...”[7]; evidencia, primero, el reconocimiento de la realidad objetiva en aquella “viva representación”; luego, la cognoscibilidad de la misma en “la presentación a la vista”; y en tercer lugar, del reflejo de la misma en el pensamiento (en este caso mediado a través de los mapas), “instruyéndonos de la situación”.

 

 

Conclusión.

 

Afirmamos, finalmente, que José Antonio de Alzate y Ramírez, antes que responder a una filosofía ecléctica dada por las apariencias “a valores entendidos” en el “doble lenguaje” muy propio de la época en su pensamiento y obra; es, por lo contrario, eminentemente un ilustrado enciclopedista que, como tal, responde más bien a una filosofía materialista empírico-mecanicista, y a una dialéctica apodíctica cuya lógica implicaba no sólo la deducción cartesiana, sino la inducción baconiana, propia a la consumación del vínculo empírico-racionalista en el método científico moderno de su momento histórico.

 

Su explícito dualismo, en el fondo no es sino la expresión dialéctica de la contradicción, por la que la identidad dada en el monismo, se expresa reconocible en la diferencia de sus contrarios.  El real deísmo en Alzate, no llevará a más el conflicto de los opuestos en esa reconocible contrariedad; la contradicción no será tratada en su pleno despliegue al punto en que ésta se resuelva por la subsunción de su metafísica en su física.  No era, pues, tampoco, ateísta en la solución de la misma.

 

Y, concluimos en la tesis volviendo al punto clave para la interpretación del pensamiento de la Ilustración: Alzate defendía encubiertamente, contra lo que anatematizaba, solvuntur objecciones*; como esencialmente es caracterizada esta manera de ser del sujeto de la Ilustración por Alfredo Chavero en su trabajo El Virreinato...[8]; las posiciones más avanzadas del pensamiento materialista y dialéctico.

 

Finalmente, con ello a su vez, se explica de manera lógica y consistente, concordante con el momento histórico y la filosofía avanzada del mismo, la fundación de la Geografía científica moderna en México, con el trabajo de Alzate examinado en esta tesis.

__________

 

Bibliografía

 

Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, Nº 7; artículo G; 7 de diciembre de 1772, Impresa en México en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana del Lic. D. Josef de Jáuregui, en la calle de San Bernardo; México, 1772.

Bacon, Francis; Novum Organum; Editorial Lozada, Col. Obras Maestras de Pensamiento Nº 27; Buenos Aires, 2003.

Chavero, Alfredo; El Vireinato, Historia de la Dominación Española Desde 1521 a 1808; “México a Través de los Siglos”, Tomo II; Editorial Cumbre, sexta edición; México, 1967.

Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Dialéctica y Materialismo en el “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez; Tesis, Centro de Investigación y Docencia del Estado de Morelos (CIDHEM); México, 2009.

Moreno de los Arcos, Roberto; Obras, José Antonio de Alzate y Ramírez; Obras, V.1, Periódicos; UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas; Nueva Biblioteca Mexicana Nº 76; México, 1980.

Spinoza, Baruch; Ética; Sarpe, Col. Grandes Pensadores Nº 31; España, 1984.

 



*       Cuyo mapa, reconocido como “el primer mapa hecho por un mexicano”, fue utilizado todavía por Alzate en un original manuscrito, perdiéndose poco después, sin que llegara ya a la colección de Manuel Orozco y Berra de la segunda mitad del siglo XIX.  Mas dicho mapa fue reproducido y conservado en España por la Real Academia de Historia de Madrid, de donde fue rescatado por Miguel Sánchez Lamego en 1951.  Sin embargo, dicho mapa quedó en su reproducción facsimilar en el trabajo donde Sánchez Lamego lo comenta, en una publicación del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH), y nuevamente, en la práctica, perdido, en tanto no localizable en ninguna mapoteca o biblioteca, ni reproducido en ningún Atlas de Historia de la Cartografía en México.  El mapa lo conocimos a fines de los años setenta siendo aún estudiantes de la Facultad; pero así como lo localizamos, ahí se volvió a quedar sin que le diéramos importancia al hecho –ya los investigadores profesionales le darían su lugar–; y transcurrieron otros treinta años más sin que nadie se ocupara del asunto, hasta que con motivo de la investigación de esta tesis volvimos a buscarlo; pero esta vez, siendo nosotros ese investigador profesional, rescatándolo y entregándolo, en diciembre de 2007, a la “Mapoteca Nacional <<Manuel Orozco y Berra>>”, en donde ahora, ese “primer mapa hecho por un mexicano”, se encuentra allí en forma digitalizada.

[1]       Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, Nº 7; artículo G; 7 de diciembre de 1772, Impresa en México en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana del Lic. D. Josef de Jáuregui, en la calle de San Bernardo; México, 1772; p.50 (subrayado nuestro).

[2]       Bacon, Francis; Novum Organum; Editorial Lozada, Col. Obras Maestras de Pensamiento Nº 27; Buenos Aires, 2003; p.74.

[3]       Hernández Iriberri, Luis Ignacio; Dialéctica y Materialismo en el “Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla”, de 1772, de José Antonio de Alzate y Ramírez; Tesis, Centro de Investigación y Docencia del Estado de Morelos (CIDHEM); México, 2009; p.143.

[4]       Spinoza, Baruch; Ética; Sarpe, Col. Grandes Pensadores Nº 31; España, 1984; p. 36.

[5]       Ibid. p.72.

[6]       Moreno de los Arcos, Roberto; Obras, José Antonio de Alzate y Ramírez; Obras, V.1, Periódicos; UNAM, Instituto de Investigaciones Bibliográficas; Nueva Biblioteca Mexicana Nº 76; México, 1980; pp.40-41.

[7]       Alzate y Ramírez, José Antonio de; Estado de la Geografía de la Nueva España, y Modo de Perfeccionarla; Asuntos Varios Sobre Ciencias y Artes, Nº 7; artículo G; 7 de diciembre de 1772, Impresa en México en la Imprenta de la Biblioteca Mexicana del Lic. D. Josef de Jáuregui, en la calle de San Bernardo; México, 1772; p.49 (subrayado nuestro).

*       Solvuntur Objecciones (solventando objeciones, u objeción y solución), procedimiento mediante el cual, anota el historiador Alfredo Chavero, “encargándose de refutar los escritos heréticos, daban publicidad a las prohibidas doctrinas..., y sin temor de incurrir en las censuras”.

[8]       Chavero, Alfredo; El Vireinato, Historia de la Dominación Española Desde 1521 a 1808; “México a Través de los Siglos”, Tomo II; Editorial Cumbre, sexta edición; México, 1967; p.880.


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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 23:02

La Geógrafa¿Por qué el geógrafo se hace cualquier especialista, y no geógrafo? (3/3)

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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Febrero 12.

 

La primera conclusión evidente, esperada, es que, entre las ciencias derivadas y las de “empalme”, resultan más importantes que las concordancias, las diferencias; pero, en segundo lugar, que tales diferencias son del doble o hasta en cinco veces más en su mayoría; lo que hace evidente la identidad propia de las “ciencias de empalme”.  Pero la conclusión más importante, es la que tiene que ver, ya no con la cantidad de concordancias entre las “ciencias de empalme” en sí, sino con las cualidades de las mismas; esto es, que todas se refieren (en la lista de las diferencias dadas), al estudio de: 1) las transformaciones (o el movimiento); 2) la morfología; 3) la superficie terrestre; 4) la zonificación; y 5) la distribución.  Es decir, categorías geográficas que muestran la forma en que están los conocimientos geográficos en las “ciencias de empalme” o de intersección.

 

Así, lo que hay de común en ellas, son las propiedades de la forma de existencia, en particular, de la forma de existencia espacial, lo cual constituye el conocimiento propiamente geográfico.

 

De este modo, si finalmente en las “ciencias de empalme” se separa lo que hay de las ciencias derivadas por un lado, y lo que hay de la geografía, por otro (que, por demás, en ellas es dominante); lo que podemos rescatar como lo propiamente geográfico, son entonces, esos atributos espaciales.  Dicho a la inversa, lo que la geografía aporta a las “ciencias de empalme”, son los atributos espaciales.

 

_  ¿Entonces por qué los geógrafos no hacen esa geografía de los atributos espaciales –volvió la nena a sus preguntas.

_  Pues, como te dije, porque no saben…

_  ¿¡Cómo que no saben!?

_  No; lo que te estoy diciendo a ti, es algo que ellos, hasta ahora, no saben (¡os lo juro!).  Es decir, no entienden científicamente qué es y cómo estudiar el espacio terrestre.  Y, te digo, creen que la geografía, es el contenido de los modelos de sus aplicaciones, parte de los cuales, han originado esas “ciencias de empalme”.

_  Bueno, pues en cierto modo ello ha sido geografía, no?

_  ¡Claro!, fueron los resultados de una etapa histórica de la geografía, dada principalmente durante el siglo XIX.  Pero esas “ciencias de empalme”, como tenía que ser, alcanzaron un alto grado de desarrollo y especialización al avanzar el siglo XX, y sus estudiosos con una formación más especializada ahora provienen más que de la geografía, de las llamadas geociencias: la geofísica, la geoquímica, la geobiología y la geoeconomía.  Como consecuencia, a la geografía le ha tocado ya su turno, no sólo en determinar su objeto de estudio propio; lo que ya ha logrado en el curso del siglo XX en cuanto al espacio terrestre; sino ahora, cuando pareciera que sería de suyo evidente, resulta que también ese espacio terrestre tiene que ser definido para poder abordarlo conscientemente.

 

De ahí que, el que el geógrafo sea geógrafo y haga geografía, no es algo simple.

 

_  ¿Y por qué?...

_  Y por qué, qué?

_  Pues eso, ¿por qué no es simple?

_  Pues, porque, si haber aceptado que el objeto de estudio era el espacio le llevó tanto tiempo, ahora aceptar su realidad y naturaleza parece imposible.

_  ¿Y por qué?

_  Pues porque el concepto de espacio ha sido uno de los más complejos conceptos para el pensamiento humano en toda su historia.

_  ¿Y por qué?

_  ¡Demonios!, ¿cómo que por qué?, pues porque sí, porque ha sido complejo…

_  ¿Y por qué?

_  (¡glup, ay mamá…!)…  A ver, pues espérame tantito…, mientras ponte a ver caricaturas en la televisión…

 

Y me escapé, salí a tomar aire fresco, sin poder dejar de pensar en por qué la definición de espacio había sido algo complejo; y es que, en esencia, cuando se preguntaba qué había entre dos cosas aisladas, normalmente, en el sentido común, se decía, “nada”; pero con la idea de que, efectivamente, lo que había era una “ausencia de cosas”, sólo que ello se identificó con el concepto de vacío, y luego metafísicamente el vacío se hizo “la nada”; y como “la nada” no existe, entonces se decretó que el vacío tampoco.

 

Sólo que, por más vueltas que históricamente se le dio al asunto, el concepto del vacío, así fuese relativo, ahí siempre estaba; y por más que se llenara de lo que se llenara, así fuese en última instancia sólo de campos, los campos resultaban en una identidad con el vacío al que plenamente determinaban.

 

Al final, en un experimento teórico ideal, los campos (térmico, electromagnético, lumínico), también pueden ser anulados, excepto uno: el gravitacional (lo que da el peso de una masa), pero de él, ya Einstein había explicado que éste no era en sí un campo (esto es, una “misteriosa fuerza” o energía), sino el grado de curvatura del espacio (o, en última instancia, un campo cuya fuerza o energía queda dada por la cantidad del espacio).  El resultado, por último, fue, otra vez, la identidad del espacio con un grado de curvatura y el vacío relativo.  Ahí donde el vacío es mayor, el espacio disminuye su grado de curvatura; inversamente, ahí donde el vacío se llena, el espacio aumenta su grado de curvatura (la gravedad, como el peso, sólo son medidas equivalentes de ello).  Así que volví para explicarle esto de algún modo a la pequeña, y apenas me acomodé y…

 

_  ¡¿Y por qué?!...

_  ¡Diablos!; bueno, pues mira, está este objeto aquí, y este otro acá, ¿qué hay entre…?

_  ¡No!..., ¿por qué ver caricaturas?...

_  Ah chispas, pues era mientras volvía…

_  ¿Y por qué?

_  ¡Rayos!..., ¿y por qué, qué?

_  Pues por qué no mejor salir a jugar…

_  Ah!..., pues, pues…, pues…

 

Y la nena dio media vuelta y se fue dando esos infantiles y graciosos saltitos dobles deslizados y alternados sobre cada pie…; ¡uff!  Ya sólo me quedé pensando en lo que seguiría en la investigación geográfica…, y en que, para hacerse geógrafo, había que empezar por dejar de hacerse en cualquier otra cosa de” lo otro”, y luego, adentrarse en lo propio: la teoría del espacio terrestre, siguiendo el riguroso método de la ciencia.

 

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3 marzo 2013 7 03 /03 /marzo /2013 23:01

Base del Espacio Tridimensional en CratesEl Espacio Geográfico Tridimensional como un Hiperplano Bidimensional de Simetría Euclidiana Regular, en Crates de Malos.

Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri.

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17 dic 12.

 

Los orígenes documentados del conocimiento geográfico hace unos cincuenta siglos (treinta antes de nuestra Era), con los mapas registrados en las tablillas de barro de Babilonia, vivió una revolución de pensamiento de mediados del siglo IV ane, con Aristóteles (384-322), al siglo II ane, con Crates de Malos (180-130).  Aristóteles fue el primero en afirmar que la Tierra debía ser una esfera (como una afirmación empírica y no como un principio teológico como lo fue en el caso de Pitágoras), y aportó algunas pruebas empíricas de ello; pero no fue sino hasta Eratóstenes (284-192) que se obtuvo la prueba teórica necesaria e incluso la determinación métrica.

 

Luego de Eratóstenes, Aristarco (310-230), Apolodoro e Hiparco (190-120), precisaron los datos de sus antecesores; Eudemo (370-300) y Dicearco (355-285), en la posición real de los Trópicos, de los Círculos Polares, y de la oblicuidad de la eclíptica; de modo que todos estos conocimientos acumulados llegaron a Crates, con quien culmina esa revolución del conocimiento científico geográfico; culminación misma que se expresa en la construcción del primer Globo Terráqueo.

 

Si reconstruimos su esfera basándonos en el cúmulo de conocimientos y en lo que consta por lo dicho por Ignacio Granero, traductor de la obra de Estrabón, la esfera de Crates era ya, en la práctica, una esfera moderna, aun cuando en lo teórico aún permanecía fija y las esferas celestes girando en torno a ella.

 

Ya en otro artículo hemos hecho tal reconstrucción de la esfera de Crates [Qué es la Geografía: Crates… (8)].  Aquí lo que nos interesa ahora, es entender a esa esfera como la base tridimensionalidad de la representación de un espacio geográfico que, aristotélico, se reducía a la superficie de dicha esfera, pero que, siendo precisamente una superficie esférica, adquiere ciertos principios de tridimensionalidad que hace de la superficie bidimensional un hiperplano.  Nació con ello la conciencia de una determinación métrica de las coordenada de altura.

 

Ignacio Granero, en el Apéndice de Términos al final de los Prolegómenos de la Geografía de Estrabón; apunta que el término eucrasia, eucratos, designaba ya un “espacio atmosférico”, esto es, un espacio ya no en superficie, sino en volumen; a diferencia del ahr o espacio vacío, entendido éste a partir de la incidencia de los rayos solares sobre la superficie terrestre, que determinan las latitudes o “inclinaciones”; asimismo, el que, al mismo tiempo, en la medición de la altura de las montañas Eratóstenes no considerara ni el nivel del mar, ni mucho menos el radio de la Tierra, hacía pasar por absoluto un valor relativo, que más bien quedaba referido a la deformación de la superficie terrestre, pues respecto de la esfericidad total esas definiciones se hacen despreciables.

 

En ese nivel de conocimientos subyacentes acerca de la teoría del espacio terrestre (y subyacentes, porque no se estaba consciente en ese entonces de que lo que se estaba estudiando era precisamente el espacio terrestre), la esfera de Crates representó un espacio geográfico tridimensional, como un hiperplano bidimensional, pero, además, dada la métrica de dicha esfera a escala, de un radio único, esa base del espacio geográfico tridimensional, resulta ser de simetría euclidiana regular (en donde a = b = g = 90°; y a = b = c; dado que los ejes de simetría r1 = r2 =r3).

 

Base del Espacio Tridimensional en Crates  Espacio Geográfico como la Superficie Bidimensional (Hiper

Base del Espacio Geográfico Tridimensional de Simetría Euclidiana Regular (en donde a = b = g = 90°; y a = b = c; dado que los ejes de simetría r1 = r2 =r3); pero para el espacio geográfico entendido como una superficie esférica subtendida (S), por, (r1, r2, r3).

 

El estudio de ese espacio geográfico o terrestre en tanto superficie tridimensional o esférica, que por lo tanto tenía ciertas “inclinaciones” (latitudes), llevó de manera natural y objetiva a la consideración de las afiscias, las heteroscias, y las periscias, denominaciones dadas a las “zonas climáticas” (donde por “clima” se entiende “inclinación”, que es igual a ángulo de latitud, y no como en la actualidad, el estado promedio de las condiciones meteorológicas o atmósfera).  Es decir, a las zonas latitudinales en las que, derivadas de los valores de los ángulos de inclinación de los rayos solares, se registraba un tipo de efecto en el gnomon, a saber: las afiscias (entre los trópicos), en donde el gnomon, en el lapso de un día, hacia sombra sólo de un lado en una época del año, o del otro lado en otra época del año; las heteroscias (entre los trópicos y círculos polares), donde el gnomon hace sombra siempre de un solo lado; y las periscias (al interior de los círculos polares), en donde la sombra en el gnomon en el curso de un día, gira completamente en torno a él.

 

Y más aún, el estudio del espacio terrestre se profundizó ya en el caso de Eratóstenes, al estudio del espacio terrestre o geográfico, mediante la primera división regional, con las esfrágidas: 1) india (la península de la India; 2) ariana (la región persa); 3) asiria (la región medo-asiria); y 4) la arabia (no propiamente la península de Arabia, sino la región de Palestina); que son secciones regulares de una “zona climática” (latitudinal); que, por lo demás, como se deduce por los nombres que Eratóstenes les asigna, caracterizan regiones determinadas corográficamente en razón étnica (pero sin que, ni para Eratóstenes, Hiparco o Crates, tal hecho significara desviar el conocimiento geográfico al conocimiento etnográfico; sino sólo registrar una propiedad relevante de una sección de ese espacio geográfico).

 

Ese límite entre registrar corográficamente la existencia de los pueblos (en tanto su condición objetiva en el espacio y determinante de sus propiedades), y entrar al estudio etnográfico de los mismos, se hace muy fino y sutil, tanto más que esto último supone aquello.  Pero eso que para el historiador, el antropólogo o el etnólogo (o en general el estudioso de las ciencias sociales), se convierte en objeto de estudio; para el geógrafo representa tan sólo un elemento del espacio que determina las propiedades del mismo.  De modo que el estudio geográfico, por un lado, se delimita del estudio del fenómeno propio, en este caso, a las ciencias sociales; y por otro lado, se delimita del estudio de las ciencias afines como la geodesia y la geofísica.

 

Con Crates, pues, culmina el máximo desarrollo alcanzado en la Antigüedad en el conocimiento del objeto de estudio subyacente: el espacio terrestre.  Autores en esta línea de pensamiento, como Marino de Tiro y Ptolomeo, si bien con aportes enormemente importantes, éstos ya no arrojaron nuevos fundamentos teóricos a esa teoría general del espacio terrestre, sino sólo acerca de las propiedades particulares abstractas del mismo, dadas en sus proyecciones cartográficas.

 

En ese sentido, Marino y Ptolomeo son ya como un par de efímeras ascuas en las que, apagándose, se pierde toda esperanza de reanimar el fuego de esa portentosa revolución del pensamiento geográfico dada en su tiempo.  A ellos les anteceden Posidonio y Estrabón, con quienes se desvirtúa el conocimiento geográfico, confundiéndose el objeto de estudio, en ese entonces subyacente: la extensión del espacio terrestre, con lo extendido, u objetos existentes en él.  Y así, del estudio de la extensión de un espacio terrestre con propiedades físico-matemáticas, se pasó al estudio de lo extendido en los fenómenos naturales y sociales necesariamente distribuidos en dicho espacio.

 

Y esa contrariedad entre el estudio de la extensión o el estudio de lo extendido, con el paso del tiempo y la evolución del conocimiento que fue dando lugar a la especialización cada vez mayor de las ciencias, acabó por evidenciar una contradicción plena entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, en la que la geografía  de lo extendido, se convirtió en negación absoluta, en un momento dado antagónica (fines del siglo XIX y principios del siglo XX, en los primeros cinco congresos internacionales de geografía), de la geografía de la extensión.  Y consumió todo el siglo XX resolver la misma*, en una nueva síntesis del conocimiento geográfico, en donde, ahora, esa “geografía de los fenómenos y sus relaciones”, esa geografía del “espacio humanizado” como en la Antigüedad lo fue a propuesta de Estrabón de “la tierra habitada”, ha quedado ya exclusivamente como un subproducto para el consumo divulgativo, e incluso de la educación formal no sólo básica, sino de la educación superior universitaria de los estudios de la especialidad de geografía de esa “oficialidad” institucional, como expresión enciclopédica, de un cuadro ya enormemente diversificado de las ciencias; y así, esta nueva “geografía literaria” de lo extendido (los fenómenos), es un la geografía verdaderamente científica, estados de espacio a estudiarse bajo las leyes de sus propiedades físico-matemáticas, como formas discretas o continuas particulares de la extensión (el espacio mismo).



*        En ese proceso, a nosotros nos correspondió la discusión en los últimos treinta años (1980-2010), tocándonos, en ese azar de la historia, dar su solución.

 

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Published by Dr. Luis Ignacio Hernández Iriberri - en Filosofía de la Geografía
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